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sábado, 1 de julio de 2017

El mes de julio y la serotonina


EL VERANO
El calor, el bochorno, las vacaciones para algunos, el granizado, las terracitas, la playa, los turistas, en general: el verano ya está aquí. De hecho, ya hace un par de semanas que oficialmente estamos en verano, aunque este año la temporada estival empujaba con fuerza y se ha colado antes de tiempo. El calor ha hecho acto de presencia antes de su inauguración oficial el 21 de junio. Hemos pasado un junio digno de un julio, ¿será por el cambio climático? Sea por lo que sea, todos hemos notado que el Sol apretada de lo lindo.

ME GUSTA JULIO
Julio es un mes que siempre me ha gustado, y no solamente porque yo naciera en ese mes, que también. Si no porque no es el típico mes que todo el mundo esté de vacaciones, aún hay gente que trabaja, pero se nota que los niños ya no tienen cole, empiezan los horarios de verano para algunos, la vacaciones para otros, la época de estar en las terracitas, porque se está de maravilla, y la temporada de playas.
Las terracitas en los bares pueden estar todo el año, pero no se disfrutan de igual manera. La playa y su temporada de baño empieza antes, pero no te torras igual, ni se disfruta de igual manera en un mes que en otro. Hay mucha más aglomeración de gente, pero sin que sea un agosto en el que no cabe ni una sombrilla.

VENTAJAS DE TRABAJAR EN VERANO
Este año no tenemos vacaciones en julio, de hecho ya hace unos cuantos años que no elegimos ni julio, ni agosto, para disfrutarlas. Sin embargo, a pesar de que el Sol acompañe, también hay muchas otras ventajas para no hacerlas durante el verano. Mientras muchos están de vacaciones, nosotros aprovechamos el horario de verano, que alguna ventaja tiene que tener trabajar en verano. Es un horario reducido, en mi caso, no es que sea una gran diferencia, pero sí que es notable. Además, teniendo en cuenta que la luz solar dura más, parece que la tarde se aproveche mucho más. Además el transporte público va mucho menos lleno que en otras épocas del año, y eso es un alivio, sobre todo en según qué horas. 
Además pudidendo elegir realizar vacaciones en otro mes que no sea verano, depende el destino que elijas,no está nada mal, porque si vas en temporada baja, todo sale mejor e precio, y te lo puedes organizar con tiempo. Y, mientas algunos han vuelto y han  olvidado  sus vacaciones, tú las disfrutas en otro mes que nada tiene que ver con lo convencional, al menos pienso eso, no sé si para consolarme los meses que aún quedan hasta que lleguen las vacaciones, pero realmente es cierto. 

LA INAUGURACIÓN DE JULIO
Sea como sea, hoy 1 de julio quería dar la bienvenida al mes que me vio nacer, al  de los san fermines, al del apóstol, al del verano oficial y al del calor. ¡Bienvenido julio! A disfrutar del mes, como todos los meses, pero beneficiándonos un poquito más de la serotonina: la hormona de la felicidad. Según estudios la luz solar hace que tengamos más niveles de serotonina, por tanto que estemos más felices.

CARPE DIEM
Como dice mi tío Joaquín: “Que seas feliz hoy y todos los días del año” bueno, y si no es esa frase es otra similar, pero siempre nos quiere trasmitir que seamos felices.     

Os dejo con dos canciones, algo antiguas, pero que seguro que reconocéis. Una me recuerda, sin duda al verano: “Hace calor” y otra hace mención a la felicidad.


¡Disfrutad del verano!

jueves, 22 de junio de 2017

Un día japonés en Barcelona

UN DÍA DE MATSURI CON WASABI EN BARCELONA

Al llegar el buen tiempo muchos habréis escuchado  que Japón se llena de celebraciones, ya que tienen el Matsuri: Festivales tradicionales, en los que danza, gastronomía y cultura se dan la mano. Imaginaros que una cultura tan lejana y en forma de festival llega a vuestra ciudad, ¿Sí? ¿Os lo imagináis? Pues, no hace falta forzar mucho la imaginación, ya que por fortuna, gracias a una Asociación cultural japonesa acerca la cultura nipona a Barcelona.

Barcelona durante un fin de semana se llena de actividades, música, danza, obsequios y gastronomía japonesa. Esta asociación ya lleva más de cinco ediciones celebrándolo. Este año 2017 no queríamos perder la oportunidad de visitar este festival por nosotros mismos y disfrutar del V Festival Matsuri en Barcelona.

No sabíamos lo que nos íbamos a encontrar, no sabíamos cómo sería, qué harían. A pesar de que leas el programa de actividades, de escuchar comentarios, de saber que habrá carpas y espectáculo, hasta que no llegas no sabes qué es. Cuando llegamos al Moll de la Fusta nos dimos cuenta que ese sábado 10 de junio, a pesar de no estar en verano era como si lo fuera, y Kenzie no estaba por la labor, con toda la razón del mundo en que nos parasemos a cada momento  a contemplar como tontos las tiendecitas que habían colocado, ni mucho menos a que nos parásemos a escuchar la música tradicional. No es que no le gustase el ambiente japonés, ni le molestase la música, ni tampoco las personas que paseaban envolviéndose del ambiente nipón, sino que con altas temperaturas Kenzie deja de ser un perro guía, para ser un perro jadeante, y si a eso le sumas que el suelo quemaba como el mismísimo infierno, ella solamente estaba pendiente en hacer un baile, para no quemarse las almohadillas, y buscaba con ansiedad una sombra.

Finalmente, después de dar un paseo rápido con el fin de que Kenzie aguantase lo mejor posible, buscamos un lugar donde sentarnos, por supuesto ella eligió sombra. Allí Kenzie y yo esperábamos a que Carlos viniera con exquisitos manjares del lejano oriente, mientras ella y yo nos intentábamos relajar y sofocar esos calores con un abanico que nos habían regalado.    

Matsuri: japonesa riendo
Programa de actividades



Probamos algunas cosas, pero, sinceramente, con un calor tan agobiante no apetece comer nada, pero me gustaron algunos sabores que jugaban con los contrastes. No duramos mucho, porque ni nuestro cuerpo, ni el de nuestra peluda estaba para nada más. Así que nos fuimos para casa, para retomar fuerzas y sobre todo para refrescarnos.

Con las pilas cargadas y sin rendirnos en nuestra aventura de adentrarnos en Japón estando en Barcelona, volvimos por la tarde noche a la andadas, volviendo al lugar donde se celebraba todo el festival cultural: Moll de la Fusta de Barcelona. En esta ocasión dejamos a Kenzie a buen recaudo, bien cuidada por los pajaritos, en casa descansando y con la tele. Nosotros nos fuimos a descubrir qué era eso del Matsuri, cuando nos íbamos acercando ya se escuchaba la música de fondo, una música que jamás hubieras pensado escuchar, japonesa, tradicional, alegre y divertida. A todo eso hay que sumarle toda la cantidad de gente que como nosotros se había animado a acercarse al festival, casi era imposible moverse, pero sin llegar al agobio. Pudimos pararnos tiendecita por tiendecita, viendo lo que vendían: kimonos, abanicos, figuritas, monederos, llaveros. Esas paraditas era de tiendas ubicadas en diferentes puestos de Barcelona, habían salido para mostrar sus obsequios, ya que están centrados en la cultura japonesa. 

Llegamos al escenario, donde pudimos escuchar en directos algunas canciones tradicionales, cantadas por japoneses. Al lado del escenario, japoneses, y gente afín bailaba un especie de coreografía, no sé si serían de alguna escuela, pero lo que no cabía duda era de lo bien que se lo estaban pasando, y cuando la gente se lo pasa bien es contagioso y da muy buen rollo.

Paseamos por las mismas mesas que habíamos estado al mediodía con Kenzie, y seguían estando a tope. Sin ningún sitio para sentarse, tampoco pretendíamos hacerlo, así que nos dedicamos a ver todas las paraditas de comida que había, fijándonos a qué se dedicaban cada una de ellas. Una estaba especializada en helados, otra en té, otra en tallarines, otra en sushi, otra en ramen, y así sucesivamente hasta ver todas. Nos entró ganas de algo dulce, Carlos de un helado ya que estaba sediento y a mí de un mochi, ya que lo he descubierto hace poco gracias a una compañera de trabajo.

Después de hacer algo de cola en una de las paradas que vendían lo que ambos queríamos, nos dimos cuenta que habíamos estado perdiendo el tiempo, porque se necesitaba primero hacer cola en otro sitio para conseguir un ticket y poder después hacer la cola para pedir. Nos desanimamos después de ese funesto descubrimiento, pero con ganas de comer algo japonés.

La noche era calurosa, pero apetecible para pasear por el centro de Barcelona. Recorrimos calles y callejuelas hasta llegar a un restaurante japonés: Machiroku muy pequeñito, pero acogedor y con un trato muy agradable, además japonés, japonés, no de esos que hay ahora que son medio chinos y tienen poco de cultura nipona. Después de degustar unos cuantos sushis, sobre todo de los que más me gustan a mí, los de salmón y de comer otras cosas que soy incapaz de recordar, llegó el momento del postre y pedí mi ansiado mochi, mi gozo en un pozo, no tenían.

Sin embargo, rematamos el día japonés en Barcelona de la mejor manera, dejándonos llevar por los olores de esa comida tan sabrosa, escuchando música alegre, tocando detalles con forma de totoros, viendo un ambiente mágico y degustando platos provenientes del Sol naciente. Un día redondo, con un toque de wasabi, como a mí me gusta. Esos son los días diferentes en la ciudad, esos que por muy pequeños detalles que haya, hacen grande y diferente un día.  





lunes, 5 de junio de 2017

ESTRENANDO LA PLAYA PARA PERROS EN BARCELONA

PLAYA DE PERROS EN BARCELONA Y MÁS ZONAS PARA PERROS
 
   
Este fin de semana ha sido el primer baño de la temporada de la pequeña peluda Kenzie. Desde el año pasado hay una playa para perros en Barcelona, bastante cerca de casa. Crearon una playa para perros, en la misma playa del Llevant en Barcelona.  A pesar de que la inauguraron el año pasado, 2016,  aún no habíamos tenido  la oportunidad de ir, ya que el año pasado fuimos en pleno verano y con el éxito que tuvo, la novedad y lo pequeña que es, no pudimos ni ientrar. Estuvimos haciendo cola durante quince minutos, pero hacía mucho calor y no puede ser que los perros estén muriéndose de ganas por entrar, estando atados y además con un calor insoportable, sin ninguna sombra, así que nos fuimos, y Kenzie se quedó con su gozo en un pozo, sin entender por qué estando tan cerca del mar no la habíamos podido soltar.  



Este año se ha vuelto a abrir en las mismas condiciones, el mismo espacio cercado, con una capacidad máxima de cien perros, con controles antes de entrar, le miran con un aparato que lleve el microchip y una vez comprobado te dejan acceder al recinto. Sin embargo, se abrió al público, y en  especial a los canes el pasado 1 de junio, así que como hace poco que se ha abierto y como ya no es tan novedoso, y teniendo en cuenta que el día estaba medio nublado, tuvimos suerte y no tuvimos que hacer nada de cola para poder entrar.   

Distintivo de playa para perro: huella de perro


La verdad es que a simple vista puede  resultar un recinto bastante pequeño para todos los canes que hay en Barcelona ciudad, sin embargo nos sorprendió gratamente. Primero, porque tuvimos la suerte de no tener que hacer esperas a la hora de entrar, segundo porque estaba todo muy limpio, y tercero porque todos los dueños se hacían responsables en todo momento de sus peludos, tal y como debe ser.  Eso sí, sigo considerando que el espacio no es lo suficientemente amplio para todos los peludos que hay censados en la ciudad. Además todo el espacio está cercado al estilo  de vallas como si fuera una área para perros, con su puerta que se tiene que cerrar y todo eso, sin embargo una vez van al mar cabe la posibilidad que se vayan hacia la zona de bañistas, ya que solamente hay una cuerda para delimitar la zona y como que los perros no saben para qué es eesa cuerda.
En más de una ocasión Carlos se tuvo que levantar para ir a buscar a Kenzie y que volvierá a su zona.  Salvando esos pequeños contratiempos, se lo pasó como una cacchorra, aunque ya no esté para tantos trotes, más de un remojón se dio  e incluso nos deleitó con su croqueta habitual de cuándo va a la playa.   

Sigo pensando que la zona no debería ser tan limitada, a pesar de que esté muy bien para llevar controles, para su limpieza e higiene. Sin embargo, teniendo el éxito que tuvo el año pasado deberían pensar en ampliar el área, para que cupieran más canes y pudieran disfrutar todos  de esa zona sin molestar a nadie. Eso sí, esta vez no  me puedo quejar de nuestra experiencia, porque pudimos entrar sin esperas, no estaba a tope y me gustó el control a la hora de acceder y lo  limpio que estaba. Además de contar con  servicios de duchas para perros, fuentes  y tener la seguridad que no se pueden escapar del recinto, al no ser que lo hagan nadando. 

No me queda otra que esperar a que el Ayuntamiento en vistas del gran éxito que tuvo esta iniciativa canina se ponga las pilas y haga más zonas como estas, además de si es posible ampliarla, porque se merecen un área más grande para que corran a sus anchas. Cada vez hay perros censados en la ciudad, y  hay que tener en cuenta que en verano es cuando más calor pasan, así que también necesitan un lugar para darse un  baño y refrescarse junto a sus dueños. Eso sí, hay que recordar  que no es aconsejable ir  en las peores horas de calor sofocante, porque los perros, por muy nadadores que sean, por mucha agua que beban también se pueden deshidratar, así que evitemos las horas punta de calor máximo, entre las 12 del mediodía y las 16h para que no lo pasen tan mal, que si vamos a lugares como la playa con ellos es para que disfruten un rato con nosotros.



MÁS ÁREAS PARA PERROS


Ahora ya sabemos un lugar más donde llevar a Kenzie, a pesar de que sus achaques de la edad no le permitan correr y nadar como lo haría unos años atrás, también tiene derecho a divertirse aunque sea un ratito. Nos encanta verla disfrutar, como a cualquier dueño le gusta ver correr libremente a su can. Es por ello que me gustaría que en Barcelona, a pesar de que haya creado esta playera para perros, también hiciera más zonas para nuestros peludos. Por ejemplo, en mi barrio no hay ninguna zona para  perros, una zona cercada, limpia y exclusivamente para perros. Cuando puse una queja en el Ayuntamiento me empezaron a enumerar las que había en el distrito, pero no es lo mismo, porque cerca de casa no tengo ninguna área donde poder soltar a Kenzie con la seguridad de que no se va a escapar, se va a perder, le van a atropellar, ni nos van a multar por tenerla suelta  y estando  a sus anchas. Reclamo más zonas para perros porque se lo merecen, como ya hice en su día redactando esta entrada: Área para perros.    

martes, 16 de agosto de 2016

Pañuelo refrescante

El gran invento del verano para nuestros peludos: el pañuelo  refrescante 


El verano para los perros es peor que para nosotros, pasan mucho calor. No estoy contando nada nuevo, porque es obvio que entre la manta de pelo que llevan no encuentren un respiro en las épocas de más calor. Empiezan a jadear con más frecuencia, se queman las patitas, sueltan más pelo para liberarse y lo pasan francamente mal.

Este año gracias a un grupo de Facebook que se llama: Usuarios y amigos del perrro guía, donde usuarios, familias educadoras y simpatizantes compartimos experiencias, ví que habían publicado un post sobre un pañuelo refrescante. Alguien le había comprado a su perro un pañuelito refrescante. A pesar de las explicaciones, las fotos y la buena acogida que tenía, me llamaba mucho la atención, porque seguía sin saber cómo era eso de un pañuelo refrescante. Me surgían muchas dudas, y empecé a preguntar sobre el pañuelo en cuestión, sobre todo si era eficaz. Toda la gente que lo tenía respondía de forma muy positiva a este nuevo accesorio para nuestros peludos. Así que me puse a investigar por internet en los diferentes links donde lo habían comprado, para saber el precio y cómo funcionaba, a pesar de que ya me habían contestado, y muchos me decían que hasta que no lo pruebas no sabes cómo es, porque es más complicado explicarlo que llevarlo a cabo.

A finales de julio me lancé y compré el pañuelo a través de internet. La verdad es que me gustó mucho esta página web, ya que fueron muy rápidos en hacer la entrega. Aquí os dejo el enlace:

En este enlace encontrarás el precio, el modelo y una descripción del pañuelo. Lo malo es que no puedes elegir talla, es talla única, pero al ser de tela no pasa nada, porque siempre tiene solución.

Cuando me llegó el pañuelo, que como digo no tardó ni dos días, me hizo mucha ilusión, más que nada por mi peluda. Cuando lo ví, pensé que qué era ese trozo de tela sin más. Pero, seguí las instrucciones que ya me habían recomendado por el grupo, lo dejé sumergido en agua en la nevera, para que estuviera fresquita, y al cabo de una noche, eso había crecido una barbaridad. El pañuelo de tela, dentro tiene unas bolitas, tipo las bolitas de silicona que te vienen en algunos aparatos, y eso hace que crezca, como si el agua se quedase acumulada dentro. Y todo lo del alrededor del cuello se convierte en unos chorizos refrescantes. No chorrea agua, tal y como yo pensaba, un tema que me preocupaba. Ya que una vez lo sacas de la nevera, lo secas un poco y ya se lo puedes poner, no le deja el cuello mojado, como mucho algo húmedo y fresquito.

Se lo compré de color rojo con huellas, ya que la otra opción era color negro, y preferí que fuera un color vivo y que resaltase. Aunque el color es lo de menos, siempre pienso que el negro atrae más el calor, además mi peluda y el color negro no se llevan muy bien, más que nada, porque lo deja su rastro, al ser de color blanquita.

¿Cómo funciona?
Como digo no hay más que dejarlo en agua un par de horas y ya se hincha de tal manera, que el agua debe quedar acumulada dentro de las bolitas del pañuelo, y ya está. Te dura más de un par de días, supongo que en función del calor que haga y del tiempo que lo lleve encima, pero en mi caso, como se lo he ido quitando, pues lo ha ido durando bastante la humedad.

¿De qué material es?
Es de tela, como un pañuelo normal, acabado en pico. Sin embargo, todo lo del alrededor del cuello tiene unas bolitas por dentro, que no sé de qué material es, pero es lo que hace que se hinche. Además tiene un belcro para poder  sujetárselo en su cuello. Como he comentado, le iba muy grande, pero, de todas maneras, se lo iba poniendo. Hasta que su abuela, mi madre, le añadió más belcro, para que le fuera más ajustadito y le refrescase más.

¿Funcionalidad?
Funciona, sí. Yo se lo pongo cuando salimos a la calle, pero cuando llegamos, por ejemplo: al trabajo, al haber aire acondicionado se lo quito, porque sé que no le va a hacer falta. Lo guardo en una bolsita, y cuando volvemos a salir se lo vuelvo a poner, para que vaya preparada ante las altas temperaturas del verano, o el bochorno que tenemos por aquí. 

¿Le gusta?
Creo que sí, y es lo que más ilusión me hace. A parte de que veo que jadea menos. Sigue jadeando cuando hace calor, porque no es algo milagroso y aunque le reduzca el calor,  sigue haciendo mucho para ellos.
El otro día lo llevaba en la bolsa, no pensaba ponérselo porque estaba medio nublado y yo creía que no hacía tanto calor (aunque yo y el pronóstico del tiempo es un caso aparte), pero sí que hacía mucho bochorno. Así que pensé que para llevarlo en el bolso, mejor ponérselo, total, daño no le iba a hacer. Me paré y busqué en el bolso en el pañuelo, ella se quedó atenta, seguro que pensando a ver si sacaba algún premio. Pero cuando le rodeé el cuello con el pañuelo, se puso muy contenta, porque debió notar el fresquito y empezó a mover la cola y a caminar más animada.

Os dejo una foto de Kenzie con el pañuelo rojo. Está muy guapa, pero qué voy a decir yo, si siempre lo está, pero creo que le favorece mucho. Eso sí, ya actualizaré, porque aquí se ve que le queda un poco grande aún. Tendré que poner otra con el pañuelo más ajustadito. 

Kenzie mirando con su pañuelo rojo
Kenzie posando con su pañuelo rojo, ponendo cara de interesante, hacia  un lado. Guapa!



Creo que es una buena opción para sofocar el calor que padecen nuestros peludos en esta época del año. Ya me contaréis qué más trucos y más accesorios conocéis para ellos. Gracias y ahí queda mi experiencia con el gran descubrimiento veraniego.  

lunes, 8 de agosto de 2016

Microcuentos Veraniegos

CREATIVIDAD EN VERANO


El mes de agosto ya está aquí, vacaciones para algunos, trabajos temporales para otros, y algunos ya de vuelta, otros esperando ansiosos las suyas, pero todos estamos en el mismo mes (disfrutándolo, sufriéndolo, aguantándolo, pero ahí estamos). De lo que no cabe duda es que es un mes caluroso, es por ello que estamos en verano, a pesar de que hoy día no se noten los cambios estacionales, ya que con el calentamiento global, parece que estemos en un continuo verano.

Para amenizar un poco los ratos libres, para entretenerme y porque siempre me gusta compartir trocitos de creatividad con vosotros, y, por supuesto, que compartáis los vuestros, os dejo algunos microcuentos, que sean veraniegos o no, están tejidos con los mejores materiales: cariño, improvisación, palabras y creatividad. Espero que os gusten. Si tenéis la oportunidad de leerlo y os gusta alguno, decidme cuál es el que más os ha gustado y por qué, además de tener la oportunidad de demostrar vuestra creatividad… Os espero.

15 MICROCUENTOS VERANIEGOS   

1-     Rozaba las estrellas, pero no las alcanzaba, hasta que se dio cuenta que eran simples agujeros y jamás podría tocarlas. 
2-     Despertares dulces, cuando al abrir los ojos veo que estás a mi lado y el sueño continua.  
3-      Pasos silenciosos que llegan a ti, no se oyen, pero retumban en el corazón, ¿o acaso son mis latidos?4-     En cada amanecer encontró la oportunidad de decir lo que no dijo, no lo decía pero lo sentía, eran palabras mudas.
5-     Con el paso del tiempo, las huellas de aquel camino que recorrió, se borraron, pero podría recordarlo, sabía dónde había llegado.
6-     La oscuridad no le daba miedo, era su fondo de pantalla y estaba más que acostumbrado a ver los iconos tras ese fondo.
7-     Aquella promesa, a pesar de ser muy seria, siempre se la tomaban a broma, hasta que un día la pudo cumplir, y borró risas.
8-     En el desierto, si tenía sed, sabías ser el agua que anhelaba Gracias por estar en el desierto y en el paraíso. Siempre a tu lado.
9-     Quiso contar todas las estrellas que brillaban en el cielo, pero su propia luz impedía que las viera.  
10-  El Sol calentaba sus ideas, hasta que se puso protector solar y empezaron a surgir nuevas y refrescantes ideas.  
11-  Los sueños son como los granitos de arena, a veces aunque los agarres con fuerza, se escurren entre los dedos. No intentes aferrarte a ellos, vívelos.
12-  A pesar de estar a miles de kilómetros, las estrellas observaban las noches de verano. Sin saber que desde la tierra también eran observadas.  
13-  Aquellas palabras fueron un bálsamo para aquella alma silenciosa y solitaria que necesitaba caricias.  
14-  Los pasos pesaban más sobre el asfalto de agosto, pero sabía que al cruzar abría una puerta al mar. 
15-  Érase una vez, una historia sin final, el inicio aún estaba por empezar.       

sábado, 9 de julio de 2016

Saborea libros este verano

Lecturas en común para este verano 2016


Hace más de un año que os presentaba Saboreando Libros, un grupo de facebook, donde poder recomendar o buscar sugerencias de libros, hablar sobre noticias relacionadas sobre literatura y hacer lecturas en común. Aquí está la entrada que creé en 2015, justamente el día internacional del libro, para presentar el gurpo.
Seguro que más de una vez te has empezado a leer un libro, y te encantaría poder ir comentándolo con alguien a la vez que te lo lees, sobre qué te parece tal personaje, o qué acciones más macabras comete, o incluso sobre qué paisaje tan idílico describe el autor, ¿verdad? Pues, en este grupo de facebook, de vez en cuando, después de sugerir libros para la lectura en común, hacemos una lista con las reseñas de cada libro propuesto y después se hace una votación, para elegir el que será el libro de la lectura en común. Creamos un evento y en ese evento se habla, se comenta, la historia del libro, qué es lo que más te ha gustado, qué es lo que te llama la atención, qué resaltarías o cualquier cosa  relacionada con el libro. En muchas ocasiones, para no hacer spoiler, hemos ido dejando un margen para leerlo, y a partir de tal día lo comentamos.
Pero, en esta ocasión y para que el grupo sea más dinámico, la idea es ir comentándolo a la vez que lo vamos leyendo. Sin duda, es un reto, porque cada uno lleva un ritmo de lectura diferente, y ya se sabe que con los avatares del día a día, a veces es un poco complicado extraer algo de tiempo para leer algún capítulo. La idea era ir leyendo por capítulos, pero hay veces que en según qué libros, no te dicen  por qué capítulo vas, así que a modo de que todo sea más interactivo: se irán lanzando preguntas, o de alguna manera lo haremos, para ir tanteando por dónde va cada uno e ir comentando.

Para este verano 2016 estamos cargaditos de libros y lecturas en común, ya que en la última votación ocurrió algo insólito: hubo un triple empate, la cual cosa ha hecho que ya tengamos lecturas en común para este verano.
Hemos empezado por: “La víspera de casi todo” de Víctor del Árbol, aquí el enlace para apuntarse al evento: 

Los siguientes libros que están pendientes para las próximas lecturas en común de este verano son:
“Yo antes de ti” de Jojo Moyes
“El regalo” de Eloy Moreno   

Las dos reseñas y todas las de los libros sugeridos se pueden encontrar en el grupo de facebook: Saboreando libros 


Os invito a participar y a formar parte de la comunidad de saboreadores de libros, sed más que bienvenidos y sobre todo: ¡Feliz lectura! 

domingo, 3 de julio de 2016

Ilusiones que vuelan, vuelos que no despegan

Julio:Vacaciones con vuelos cancelados 

Que nada, ni nadie, te arruine tus vacaciones. Tus escapadas son tuyas, y aunque el destino haga de las suyas, tiene solución y hay alternativas. No dejes que se salgan  con la suya y sé feliz. 


El verano ya está aquí, se nota porque el calor aprieta de lo lindo, los niños ya tienen vacaciones y julio ya ha sido inaugurado. La operación salida de las vacaciones del mes de julio ya ha empezado, muchos con viajes programados desde hace bastante tiempo y los aeropuertos a rebosar de gente. Y, la noticia de la semana ha sido que Vueling ha vuelto a hacer de las suyas cancelando y retrasando vuelos, por lo tanto arruinando los primeros días de vacaciones de muchos clientes.

Cuando llegas al aeropuerto con las maletas, los billetes y las ganas de llegar al destino, lo que menos te esperas es que vas a tener que estar atento de cuándo va a salir tu vuelo. Tienes una hora programada, la hora de salida que compraste, a veces incluso con conexiones, y todo se va al traste cuando te enteras que la compañía aérea no ha tenido previsión, no tiene suficiente personal y tu vuelo no puede despegar. Aquí, algunos enlaces de lo que ha ocurrido estos días:


Todo esto me recuerda a lo que vivimos en Semana Santa, aunque no fue realmente culpa de Vueling, ya que afectaba a todas las aerolíneas la huelga de los controladores franceses, nosotros teníamos que viajar con Vueling y se convirtió en un Viaje Frustrado
Como digo esos días no fueron culpa de Vueling, sino de Francia y sus huelgas, pero nos afectó de mala manera. La compañía no nos daba ninguna explicación, quizás porque ni ellos mismos sabían darla, pero nosotros estábamos hartos de esperar, sin saber si volaríamos o no, sin sitio para sentarnos, ya que estaba todo a tope, y teníamos que hacer uso del suelo  para sentarnos y esperar. Visitando las pantallas del aeropuerto, para ver si había alguna novedad o previsión de hora de salida, pero de cancelado no se movía, hasta que de repente y sin previo aviso, y por supuesto sin notificarlo acústicamente, el vuelo se puso en marcha con una hora de salida. Carreras para llegar al mostrador, para embarcar, para subir al avión y después de esperar y esperar dentro del avión nos sacan a todos con unas leves disculpas, sin más explicaciones que no pueden volar, y de nuevo a esperar en la terminal. Sí, me recordaba un poco a la película de Tom Hanks La Terminal, ya me veía viviendo allí….  Fuera bromas, lo pasamos bastante mal, y no solamente por la espera que agota a cualquiera, sino porque nos quedamos sin vacaciones: en tierra sin ilusión, agotados y sin poder viajar.

Después de ponerme en contacto con @VuelingClients  a través de Twitter, me indicaron cómo proceder para hacer la reclamación y que nos reembolsaran el dinero. A través de esta web puedes hacer reclamaciones, quejas, sugerencias: https://tickets.vueling.com/RetrieveBooking.aspx?culture=es-ES&event=change 
En esa web dejamos por escrito todo lo que nos había ocurrido, adjuntando los billetes y explicando todas las horas que habíamos estado en el aeropuerto, para después no poder volar. Nos contestaron, dándonos un número, código, para saber de qué incidencia se trataba, nos dijeron que en breve nos dirían algo. Pero, pasaban los días, y sé que debían estar desbordados, que no éramos los únicos afectados, pero queríamos cancelar el vuelo de vuelta antes de que llegase el día y no había manera. Nos contestaron, nos reembolsaron el vuelo de ida hasta Pisa, el cual fue afectado por la huelga de controladores aéreos, y por el cual estuvimos más de doce horas en el aeropuerto de El Prat. Sin embargo, hacían caso omiso al pago de un hotel de nuestra estancia en Italia, viaje que no pudimos realizar. Afortunadamente, todo lo demás fueron reservas sin pago. Llegaba el día en el que teníamos que regresar y no había manera de que contestasen, finalmente lo hicieron y alegaban que al ser un billete de vuelo independiente no podían hacerse caro de él, al no haberlo comprado en un pack: ida-vuelta.
No lo compramos de esa manera, porque nuestra idea era ir a Pisa, Forencia y terminar la aventura italiana en Nápoles, cogiendo el vuelo de vuelta a casa allí. En la web de vueling no te dan la opción de comprar ida desde un sitio y vuelta desde otro, siempre tienes que ir y volver desde el mismo lugar. Así que la cosa no quedó así, consultamos con varios abogados y respondieron que sintiéndolo mucho no había nada que hacer, porque el vuelo de vuelta desde Nápoles no se había visto afectado por ninguna complicación. A pesar de que contamos que nuestra idea era hacer una ruta por Italia no les servía.

No pudimos recuperar el dinero de los billetes de vuelta, pero como no hay mal que por bien no venga, nos sirvió para aprender que siempre que podamos haremos ida y vuelta desde el mismo punto, así evitaremos que ocurran este tipo de cosas.

Después de esa mala experiencia me entró mucho miedo a volar, más que nada por si volvía a suceder algo así, y estos días me he quedado alucinada. Sé que muchos viajeros, familias y turistas lo habrán pasado francamente mal, sin saber si vuelo despegaría, cansados de esperar, desesperados y sin ganas de nada. No se puede jugar así con la gente y menos con la ilusión, sin explicaciones y sin detalles. Llevamos todo el año esperando escaparnos y poder volar, para que nos toque una situación tan desagradable. Espero que todos los que están todavía esperando en el aeropuerto despeguen pronto y les esperen unos días formidables, para compensar todo el mal trago por el que habrán pasado.

Este año nos vamos de vacaciones en Septiembre y no sabíamos si ir en avión o en barco, ya que vamos a una isla. Nos hemos arriesgado y  volaremos. Ya tenemos los billetes y solamente espero que no volvamos a pasar por una situación como la que está pasando estos días en el aeropuerto de Barcelona. Por si  acaso:  hemos comprado billete de ida y vuelta desde el mismo destino origen y salida. Hemos comprado un seguro de cancelación, en el que incluye todas estas incidencias. Además de que cruzaremos muy, muy, muy fuerte los dedos, para que todo salga bien. No siempre va salir todo mal, además por el miedo de si vuelve a suceder o no, no pensamos quedarnos en casa. Se tomarán más precauciones, iremos preparados y  ya está, pero esta vez pensamos volar.

Espero, como he dicho, como he leído en las noticias que los gobiernos se pongan en contacto con esta aerolínea y resuelvan los problemas que han provocado y que no vuelvan a suceder, porque no es un mal para la empresa, sobre todo lo es para los pasajeros que se ven sin explicaciones, con una espera que no se resuelve y una incertidumbre que desespera.


A pesar de todo esto, espero que voléis o no paséis un feliz verano, y que nada ni nadie os arruine las  vacaciones. Todo, todo y todo tiene solución en esta vida.      

jueves, 3 de septiembre de 2015

Septiembre

Septiembre: Inicios y finales

Septiembre ha llegado, y parece que, después del parón estival, todo vuelva a la normalidad. ¿A la normalidad? Bueno, digamos, que después de que agosto haya vuelto a hacer de las suyas y haya paralizado casi todo, ya que la mayoría de gente estaba de vacaciones, muchos vuelven a la rutina del trabajo. Pero, no es una normalidad entendida como tal, porque después de más de dos meses de vacaciones los más pequeños y no tan pequeños vuelven al colegio, a la guardería, a los institutos, a la universidad. En definitiva, los estudios empiezan y todo aquel estudiante que haya estado desconectado de los libros, se tienen que acercar a ellos, aunque les cueste abrir la primera página para ponerse a leer.  Para algunos, los más pequeños de la casa, incluso puede ser la primera vez que se adentren en el mundo escolar y es cuando veremos en las noticias las típicas imágenes de esos días, días en los que lloros y no querer entrar a clase se hacen presentes. Días de inicio, de separación y de una nueva rutina desconocida para ellos, horarios, compañeros y mucho más les espera.

Septiembre es una época rara, una época en la que más que empezar mes, parece que iniciemos un nuevo año. Tanto un año escolar, universitario  o incluso de trabajo. Muchos de los que ya tienen trabajo, no por empezar septiembre van a iniciar nuevos proyectos, al no ser que sean profesores e inicien nuevo curso, simplemente siguen en su puesto de trabajo. Sin embargo, si  han tenido vacaciones durante todo el mes ó al menos dos semanas, el hecho de incorporarse de nuevo a su puesto, puede generar ansiedad, estrés y puede frenar el ritmo habitual. Cuesta mucho volver a la rutina generada durante el año. Por supuesto, que está muy bien, incluso es necesario desconectar de vez en cuando, para poder disfrutar de unos días de descanso, incluso quien pueda, un mes, pero después la vuelta, sin duda, es más dura. Después del descontrol llevado durante semanas y haberte olvidado del sonido del despertador, ahora lo vuelves a escuchar día tras día, pero no solamente el despertador y los horario hacen de las suyas, sino que tienes que estar al cien por cien, porque aunque tú hayas estado ausente la empresa tiene que seguir con la productividad con la que contaba. Lo mejor es no darle muchas vueltas y ponerse al día lo antes posible, para que pase lo antes posible los primeros días, los más agotadores. En breve seguro que coges el ritmo habitual y te haces con todo en un momento, porque solamente es habituarte de nuevo. Además, si has tenido la oportunidad de cambiar de aires, seguro que vienes renovado y con otra perspectiva de las cosas, con ganas e ilusión de tirar para adelante día a día.  

Por otro lado, hay personas que no han tenido vacaciones, sino que han aprovechado el verano para trabajar y cuando llega septiembre el contrato se les termina. Para ellos el hecho de que llegue septiembre es una pena, porque se tienen que volver a poner las pilas, los contratos estivales, de sustituciones y demás han terminado y tienen que iniciar una nueva temporada de búsqueda laboral.  En busca de un trabajo más estable, si es que hoy día se puede usar eso de más estable. Aunque como es un mes en el que parece que se reactiva todo y quizás ahora salen más ofertas laborales. Así que, para quiénes estéis en esa situación, ánimo y mucha suerte.  

Y, luego están quiénes eligen el mes de septiembre para hacer vacaciones. Sí, esas personas que ven que van llegando a cuenta gotas sus compañeros y ellos que han pasado todo el mes trabajando cuando ellos no estaban, se les escapa una sonrisa, porque saben que su momento para escapar ha llegado. Cada vez son más quienes no se rinden tras los rayos de Sol de julio y agosto y prefieren esperar un poco para hacer las maletas. Así que, mientras la mayoría, sobre todo quienes tienen hijos, no tienen otro remedio que incorporarse a la cruda realidad, otros empiezan las vacaciones. Es un mes que no está nada mal para hacer vacaciones, aún hace buen tiempo: a medias entre los últimos vestigios del verano y el inicio del otoño.  Mucho más tranquilo, sin tantas aglomeraciones como puedes encontrar en pleno agosto. 

Sea como sea, este mes es un inicio para todos: de la rutina, de las vacaciones, de nuevos cursos. Parece que hay mucha gente que ya no espera a Enero para agarrar por los cuernos esos propósitos de nuevo año, sino que esperan a septiembre para iniciar el gimnasio y bajar esos kilitos de más que el verano y las terracitas les han regalado, para mejorar ó introducirse en un nuevo idioma, para sumergirse en esa carrera o master que siempre habían deseado hacer. No pueden hacerlo en el primer mes del año, porque la mayoría de cursos inician el calendario académico en septiembre.  Así que, sea como sea, en todos los sentidos, toca ponerse las pilas, ahora que parece que las ciudades que antes tenían miles de sitios para aparcar, y parecían casi ciudades fantasma,  ahora vuelven a estar ocupadas por el trajín del día a día.

Mucha suerte a todos quienes iniciáis una nueva etapa, para quienes continuáis, para quienes seguís en una búsqueda activa de trabajo, para quienes con pena os despedís de un verano inolvidable, para quienes empezáis las ansiadas vacaciones y sobre todo para quienes sea el mes que sea seguís adelante, luchando y con una sonrisa. 


¡Bienvenidos a septiembre!

miércoles, 19 de agosto de 2015

Las maletas: tipos y situaciones vividas con ellas

Tipos de maleta...   


¡Qué me llevo! 

      No sé si muchos de vosotros ya os habéis ido de vacaciones, habéis hecho alguna escapadita o aún estáis por hacerlo. Pero, de todas maneras, sea este año u otro, seguro que en alguna que otra ocasión habéis tenido que hacer y deshacer maletas. Pero, ¿Qué tipo de maleta utilizáis? Imagino que depende el viaje que vayáis a hacer:  
-        - Dependerá del tiempo que vayas a estar fuera. Si te vas para muchos días , para meses, o para una semana...
-     -  La época del año en la que vayas. No es lo mismo irte en verano, donde la ropa que tengas que llevarte ocupe menos que en invierno que con que pongas algún jersey gordo, ya ocupará toda la maleta.
-      -  Si facturas o no. De vital importancia para viajes. Sobre todo si son compañías de bajo coste, que miran con lupa los pesos y las medidas de tu equipaje de mano.
-        - Si eres previsor y quieres llevar un montón de “por si acaso” como si donde fueras a estar no hubiera tiendas y no pudieras comprar lo que se te ha olvidado.   
-       -  Si prefieres una bolsa de equipaje, porque tan solo es una escapada de fin de semana.
-        - Si vas a hacer rutas, prefieres no facturar, o vas a hacer el Camino de Santiago, entonces te irá bien una de esas mochilas ergonómicas y gigantonas.
-      -   Si la prefieres con ruedes. Ahora incluso las hay con cuatro ruedas que son muy cómodas de llevar.
-        - Si la quieres de tela, con muchos bolsillos y poder poner algo que se te ha olvidado en el último minuto y colocarlo en el bolsillo de fuera. Además de tela, hasta puedes sentarte encima para cerrarla, con el riesgo de que te quedes con la cremallera en la mano.
-        - Si la prefieres de click antes  que de cremallera.
-       -  Si la prefieres con códigos de seguridad, recuérdalos bien, para luego poder abrirla, ó en cambio prefieres poner un candado y listos.

Será por tipos de maletas! Hay para todos los gustos y colores.. Todas ellas diferentes. Aunque hay veces que son tan similares unas de otras, que cuando estás  esperando a que salga tu maleta, siempre coges dos o tres, con las ansias de que sea la tuya y poder salir ya del aeropuerto. Evitar las maletas oscuras, esas que llevan todos, y si lo haces, al menos ponle una etiqueta o algo diferenciador, porque no será la primera vez que alguien se haya llevado una maleta que no es la suya. Eso sí, un consejo, que a veces aún hay gente que no lo hace, poner el nombre, teléfono y dirección. No, ya por si alguien se lleva la tuya por confusión, sino porque si se extravía en otro vuelo o lo que sea, siempre podrás decir que es la tuya. Pero, por otro lado, por si alguien se lleva la tuya y tú la suya, siempre os podéis en contacto. Esto último le paso a un familiar mío, y cuando abrió la mochila y vió que todo lo que había dentro era ropa de bebé fue un show, suerte que estaban los datos de contacto y pudieron hacer el cambio.

Las mejores maletas para mí gusto son esas que son

De policarbonato, rígida. Con cremallera. Con cuatro ruedas, fácil de llevar, sumándole un mango periscópico que no se vaya bajando cuando caminas y sea cómodo y fácil de llevar. Esa es una de las últimas que me he comprado y espero que me dure mucho.  Porque a decir verdad, creo que he utilizado todo tipo de maletas, desde mochilas,  bolsos de viaje, maletas de tela y esta última, rígida. 

Aunque tuve una muy chula, en principio también rígida, aunque era más bien de plástico, que cuando me dí cuenta. Cuando llegue al destino, noté una manga de un polar. Pensé que cómo había viajado así, con la maleta tan mal cerrada, era de cremallera, y pensé que  no la habría cerrado del todo. Sin embargo, cuando fui a abrirla estaba perfectamente cerrada. Sin embargo, lo que pasaba era que una de las cuatro ruedas había desparecido, ya me parecía a mí, que no andaba muy fina, pero como no  la había estado llevando yo, pues no había notado tanto su cojera. Pero, cuando vi que no tenía rueda, que mucha de la ropa estaba asomando por ahí, suerte que era algo gordo y fue solamente eso, al no ser que fuera algo más que se cayera por el agujero y desapareciera tanto de la maleta como de mi recuerdo.  Esto significa que, a veces, por muy buena que te parezca la maleta, casi que es mejor una de tela, que sabes que al no ser que casi la revientes de ropa, no le va a pasar nada, o sí… nunca se sabe. Hay que tener en cuenta que si hacer un viaje largo en avión y si encima haces escalas, la maleta pasa por un montón de manos que trabajan a destajo y no me quiero ni imaginar, aunque lo hago por los ruidos que se escuchan cuando aparecen las maletas, como las deben tratar. Por eso a veces aparecen como la mía, otras veces se caen por ahí y ni aparecen y  en otras ocasiones es cuando alguien se confunde y se deja la suya para llevarse la tuya.

Sin embargo, qué maleta llevarte o qué llevarte en ella, no tiene por qué ser una preocupación vital para tu viaje. Lo importante es llevarte lo esencial, lo que creas que te puede ser  útil. A veces, casi que es mejor, depende el destino y  el tipo de turismo que vayas a hacer, llevarla casi vacía para traerla llena de compras realizadas en el destino vacacional. Todo depende.


Si no quieres facturar…  

Si por el contrario vas a hacer un viaje, pero no quieres facturar. Recuerda mirar las medidas aceptadas por la aerolínea. Hay compañías aéreas que son muy extrictos con este aspecto, y sé de gente que ha tenido problemas. Les han llegado a hacer facturar con el tiempo límite de hacerlo y pagando unas cifras desorbitadas. Las medias son de: 55x40x20cm y el peso máximo es de 10kg.
Recuerdo que un taxista me contó la mala experiencia que había tenido con RyanAir, una compañía que suele ser bastante exigente con estos requisitos. Su maleta era un poco más grande y pesaba más de lo permitido. Así que, al no entrar en una especie de armarito que tienen para comprobar que la maleta cumple las medidas exactas. Le dijeron que no podía volar con esa maleta, que podía facturar con una cantidad , que ahora mismo no recuerdo, pero que el pobre hombre no llevaba encima. Así que, si no quería perder el vuelo, no le quedó otra que dejar la maleta ahí, dejar la ropa que menos iba utilizar o que no le importaba desprenderse y salir corriendo con la ropa en mano para coger el vuelo. Suerte que se encontró una señora de la limpieza que le prestó una bolsa de basura, para poder meter su ropa. Se sintió humillado y desde entonces, no es que tenga en cuenta las medidas a rajatabla, sino que después de tan funesta experiencia, prefiere pagar más y viajar cómodamente que viajar en compañías de bajo coste, porque después lo barato sale caro. 
Aunque no tiene porqué salir todo mal, si compras un maleta con las medidas exactas, si no la llenas de “por si acaso” y llevas lo justo y necesario. Yo más que una trolley, una maleta de ruedas, prefiero llevar como equipaje de mano alguna mochila, porque al ser de tela, siempre puedo apurar más, hasta casi deformarla y casi a punto de explotar, corriendo el riesgo que he comentado antes de quedarme con la cremallera en la mano. Bueno, tampoco hace falta exagerar.

Además,  esto de hacer maletas se aprende a medida que vas viajando. Por mucho que toda tu vida hayas sido de los que te llevabas algo por si llovía, por si nevaba o por si cualquier situación, a media que viajas y si lo haces a menudo más, aprendes que vayas donde vayas  casi con toda seguridad podrás comprar lo que te haga falta y no lleves. No hay que cargarla de masiado, porque después la mayoría de las cosas ni te las pones, a veces  si el viaje no es muy largo, no te da ni tiempo a deshacerla del todo, y aquello que habías puesto “por si acaso” queda abajo del todo, arrugado y listo para planchar a la vuelta.

Ya me contaréis qué tipo de maleta utilizáis vosotros. Qué anécdotas tenéis con maletas: pérdidas, confusiones, acabar destrozada, etcétera… Espero vuestras anécdotas. Porque aunque este sea  mi maleta, también me gusta saber de quién está al otro lado de la pantalla y lee estas líneas. 


¡Feliz verano! ¡No pierdas las maletas y a seguir volando, viajando y disfrutando! 

Os dejo con un monólogo de Luis Piedrahíta sobre justamente este tema las maletas y los por si acaso. Espero que os guste.    

domingo, 9 de agosto de 2015

Relato veraniego

EL INTRUSO  

Lo maté. Sí, lo maté, lo confieso. Lo asesiné con alevosía, con ganas, y lo mejor, dormí muy a gusto, sin remordimientos, simplemente dormí como no había hecho desde hacía tiempo. Después de matarle fue como si me hubiera sacado un peso de encima. Dormí de maravilla.

El verano había llegado y hacía tanto calor por las noches, que tenía que dejar las ventanas abiertas, para que entrase algo de aire. Era algo insoportable, un calor pegajoso y el aire de la calle era casi inexistente, pero mucho mejor que estar encerrado entre cuatro paredes sí que se estaba. El calor  no me dejaba dormir a gusto, lo único que conseguía era sudar y dar vueltas y más vueltas en la cama, hasta acabar deshaciéndola. Esa noche, más bien, esa madrugada, ya estaba medio adormilado, había ganado la batalla al insomnio y al calor, y de repente, lo escuché. Tenía un intruso en casa, concretamente, en mi habitación. No me asusté,  para nada. Simplemente, con mi mal despertar, se iba a enterar de quién era yo. Tengo muy mal despertar, muy mala leche, y encima si me desvelo ya no puedo volver a dormir. Así que, no me quedó otra que hacer guardia. Sabía que el intruso, por mucho que se escondiese seguía ahí, así que, a riesgo de volverme paranoico estaba haciendo guardia, alerta, esperando un falso movimiento de éste para actuar. Sabía que continuaba en mi alcoba, porque no había podido escapar. Me puse la almohada en la espalda y me senté en la cama, con las piernas cruzadas, como si estuviera haciendo meditación, aunque precisamente relajado no estaba. Me quedé esperándole, como un pasmarote, en esa posición tan extraña para la hora que era, pero sabía que tarde o temprano caería, solamente tenía que estar muy atento. No encendí la luz, porque con la luz que se colaba de la farola ya estaba suficientemente iluminado, una luz tenue, pero perfecta, para hacer lo que estaba deseando realizar, sí, matarle. En cuanto tuviera la oportunidad lo haría, en silencio, con el único testigo de esa farola, que sé que no diría nada y si lo hacía me daba igual, solamente estaba cegado por conseguir mi objetivo: acabar con él. 

No estaba loco, estaba cabreado, enfurecido, y todo empezó a cuadrarme: entendí que ese intruso no era la primera vez que me visitaba, estaba convencido que otras noches había estado ahí al acecho. Entendí el porqué de mi cansancio por las mañanas, yo no es que durmiera mal por culpa del calor, que también, sino que, estaba siendo acosado, atacado, irrumpiendo mi sueño y mi intimidad. Ahora que sabía todo, sabía que él era el culpable de todos mis males se iba a enterar, era yo quien estaba tras él. Aunque ahora se hiciera el silencioso,  el invisible, cuando menos se lo esperase, acabaría con él.  Recordé que tampoco tenía que ser muy cruel, que no tenía que mancharme las manos de sangre. No quería ensuciarme, ni gastar mucha energía, simplemente acabar con él. Recordé que había una solución más directa, silenciosa como él, pero efectiva. A los cuatro vientos grité: “ ¡Quién avisa no es traidor!” Alertando al intruso para que se fuera, más bien como un pequeño acto de compasión, aunque sabía que por mucho que le dijera, aunque le hubiera dicho que sería su última noche con vida, no me hubiera creído y hubiera seguido ahí, ajeno a mis voces y persistiendo en su afán de ser lo que era, un intruso. 
Rápidamente, después de mi grito, salté de la cama y con una risa maquiavélica, abrí el cajón, saqué mi arma letal y la conecté a la corriente. Enseguida empecé a notar el suave y dulce olor a la muerte. Nunca más volvería a picarme, ni ese, ni otros de su calaña. Me sentí tonto por no haber recordado hacerlo antes de abrir la ventana, pero ahora me reía muy a gusto y estaba listo para descansar sin interrupciones. 

lunes, 27 de julio de 2015

Para esos abuelos

Un homenaje a los abuelos


Hoy 26 de julio es el día de los abuelos. Se conmemora este día, porque es el santo de Santa Ana y San Joaquín, y así se llamaban los padres de la Virgen María, madre de Jesucristo. En otros países se celebra en otras fechas. Pero, aquí, en España, se celebra después de la gran fiesta del Apóstol. ¡Uy! Me está quedando una entrada muy santoral y no es que yo sepa mucho del tema.

Así que, vamos al tema: Sé que el día 26 es el día de los abuelos, porque cuando era adolescente y pasaba el verano con mis abuelos, un día mi abuela que era su día, que le tenía que felicitar y me explicó el porqué. Al enterarme, por supuesto que les felicité, y además de eso les obsequié comprándoles unos merengues. Sabía de su paladar por el dulce, y cuando pasé por una pastelería fue la ocasión perfecta para comprarles ese dulce, tanto para ellos como para mí. Además fue la primera vez que probé un merengue y me gustó, pero no sé por qué no he vuelto a comerlos.

Los abuelos ayudan en todo lo que pueden y más a sus hijos, y a veces se convierten en segundos padres para esos nietos que quedan a su cargo. En mi caso no fue así, la distancia hacía que no los viera tanto como quisiera. Pero, las llamadas telefónicas eran todo un show, sobre todo hablar con mi abuela que era más de darle a la lengua que mi abuelo, así que sabíamos que cuando les llamábamos no era para un momento, era para contar cómo había ido durante toda la semana, y contar con pelos y señales todo, todo y todo. Con mi abuelo era otro cantar, ya que nunca ha sido de hablar tanto, es más parco en palabras: más bien hablábamos de cómo estaba el tiempo por ahí y por aquí, no es que sea un especialista en meteorología, pero hay que tener en cuenta, que por aquel entonces, él tenía su huerta, como siempre han dicho: su vida, y para él que lloviera o no, hacía mucho.  
No fue una relación en que solamente hubiera llamadas telefónicas, porque en cuanto llegaba el verano me plantaba a pasar casi todas mis vacaciones de estudiante con ellos. Me encantaba pasar el día a día con ellos, que si ir a la piscina, comer temprano- cosa que con la edad fui modificando, porque eso de comer a la una del mediodía se me hacía muy raro-, ir a la huerta del yayo, pasear, acompañarles a la compra. No vivían en un pueblo, era Logroño, una pequeña ciudad que con el tiempo se ha ido haciendo grande, pero para mí era mi pueblo particular, done estaban los míos.

Además, de las llamadas telefónicas, las visitas veraniegas y sus visitas invernales, me encantaba que se fueran de viaje y me escribieran. Sí, mi abuela era de escribir cartas, esas que hoy día han quedado relegadas a un segundo plano con las tecnologías. A veces, me costaba leerlas, porque escribía con una letra un poco peculiar, con personalidad, que costaba entender, pero mejor, porque así tenía que leer y releer la carta para descifrar lo que me contaba. Hacían casi todos los viajes que podían, gracias al INSERSO, y siempre enviaban cartas, cuando no eran cartas, eran postales, cosa que me encantaba. Las últimas cartas, contándome anécdotas de su viaje, ya  no la pude leer, porque ya no veía, pero  me la leyó mi madre, como si yo fuera pequeña, y  echamos unas risas  leyendo la carta juntas.

Ellos eran: Charo y Manuel, mis abuelos de Logroño, a pesar de no ser de ahí, pero sí vivir en esa ciudad. Hoy día ellos ya no están en esa ciudad, mi abuela falleció hace unos años y mi abuelo sí que está por aquí, pero lejos de esa ciudad que quería, sin mi abuela, sin su huerta y con bastantes más años encima, con los achaques que conllevan, pero por aquí anda siendo tan guerrero como siempre ha sido. 

No quiero olvidarme de mi abuelos por parte paterna…solamente conocí a mi abuelo, ya que cuando yo nací la madre de mi padre ya había fallecido. Así que, solamente conocí a Lorenzo, mi abuelo por parte paterna, que, como bien dice su nombre, era un Sol. Él nos dejó cuando yo era más pequeña, aún no había ni llegado a la adolescencia, pero, a pesar de eso, aún lo recuerdo. Quizás no es un recuerdo tan nítido, quizás está mitificado, quizás las fotografías, las charlas con mi padre y familiares han hecho que, afortunadamente, ese recuerdo no desaparezca. Mi abuelo sí que vivía en Barcelona y, además, muy cerquita de casa de mis padres y lo veía con más asiduidad.  Recuerdo que todos los primos lo pasábamos en grande yendo al terreno, donde él siempre estaba con sus hortalizas, si no era regando, era plantando, y si no liado con cemento  haciendo algo,  pero siempre tenía algo que hacer. Era un manitas y se hizo una barbacoa, donde hacía una paella, con la leña que recogíamos, que le salía de maravilla. Hay muchos recuerdos, algunos de mi cosecha y otros, como he dicho, de lo que han ido sembrando las fotografías y recuerdos de otros. Pero, sí que recuerdo, las navidades en su casa, mis tíos y primos, todos íbamos a su casa a pasar Nochebuena. Los primos estábamos en una habitación más pequeña, al lado del comedor, pared con pared, mientras los grandes estaban en ese comedor, claro, también eran más.  Si me pongo a pensar me van saliendo más y más recuerdos y no es plan de ponerse nostálgica.

Esta quiere ser una entrada de recuerdos sí, pero también de homenaje a todos los abuelos. Como egocéntrica que soy y por ser la autora, en especial a los míos, porque los quiero, a pesar de la distancia, porque estuvieron ahí, porque fueron abuelos y porque los conocí.  De todas maneras, quien no haya tenido la suerte como yo de conocer a sus abuelos, siempre les quedará el recuerdo fotográfico y lo que los recuerdos de otros siembren en ellos.

Actualmente muchas familias no sabrían cómo arreglárselas en el día a día, con las jornadas laborales tan largas,  la jornada sin la ayuda de esos abuelos, quienes siempre están ahí para echarnos una mano. Para dar caprichos a los nietos, para reír con ellos y disfrutar, para educar ya están los padres y, en principio, ellos siempre dan algún que otro capricho más que los padres. Lo hacen sin querer, según dicen, se les cae la baba, y si no lo dicen, a algunos con solo mirarles ya se les nota y se delatan ellos mismos. Esos nietos les dan la vida…


Así que...hoy quiero dar un gran y fuerte aplauso para esos abuelos que siempre estuvieron ahí, continúan en nuestro recuerdo y corazón y porque sin ellos  no seríamos nadie.

¡Gracias, yayos! :)

domingo, 21 de junio de 2015

Bienvenidos al verano!

Tenía pensada una entrada diferente a la que voy a hacer. Sin embargo, hoy, esta tarde, hemos estrenado el verano y me ha hecho cambiar de idea. La entrada la dejaré para otro día, porque me parece bien que cuente la problemática con que nos encontramos las personas con discapacidad visual a la hora de encontrar trabajo.

Por unos momentos no quiero pensar en lo difícil que lo tenemos y celebrar la llegada del verano con esta entrada. Primero de todo, dejadme felicitaros el inicio de verano. ¡Ya estamos oficialmente en verano!
A pesar de que hace unos meses parece que el verano ya estaba aquí, hasta esta tarde no hemos entrado oficialmente en la nueva estación del año. Una de las estaciones más esperadas por todos, sobre todo por los niños, que han acabado los coles y tienen ganas de disfrutar de sus merecidas vacaciones. Justamente ayer paseando por el barrio, a cada paso que dábamos nos encontrábamos a niños haciendo exhibiciones. El llegado fin de curso ya estaba y todos estaban contentos: música, risas, festivales, por todas partes. Ir paseando y encontrarte a niños felices y alegres, la verdad es que es contagioso, se oía que el verano ya estaba aproximándose a pasos agigantados.

Para redondear el día de hoy, hemos quedado con unos amigos. Esos que conoces porque el destino hace que los conozcas en un país que no es ni el tuyo, ni el suyo. Ese tipo de amistad une mucho, porque ni ellos, ni nosotros, teníamos la familia cerca, y la amistad, si cabe, es aún más fuerte. Vives cosas que solamente ellos y nosotros sabemos, lo que se vive en un país extranjero allá se queda, allá, y en tu recuerdo. El destino nos ha reencontrado, esta vez en mi ciudad, Barcelona, y aprovechamos siempre que podemos para quedar, ponernos al día y hacer buenas comilonas, ya que somos de buen comer. Aunque hoy, principalmente, hemos quedado para ir a la playa, ponernos al día, tomar el Sol y pegarnos el primer baño de la temporada. Queda mal decirlo, pero yo no he sido tan valiente y no me he  remojado, bueno, sí, los pies, pero eso no cuenta. Mira, que hacía calor, sin embargo, estaba a gustito con la brisa que hacía. No me apetecía darme el baño, si te lo piensas mucho, no te atreves a dar el gran paso de tirarte y empaparte, quizás ese ha sido mi gran error, quedarme en la orilla y pensármelo demasiado. Cuando venía la brisa, me daba cosilla dar el paso, así que me he quedado sin probarla por entero, a pesar de que mis amigos dijeran que estaba muy buena. Les creo, y lo poco que la he probado, puedo decir que no estaba helada. Bueno, habrá más ocasiones de nadar y remojarse, solamente es el inicio de muchos días de playa que espero que vengan.


Con esta pequeña entrada anunciando la llegada del verano me despido. A disfrutar del verano, hagáis lo que hagáis, disfrutad mucho de una de las estaciones del año más desinhibidas, más divertidas y más  sociales. Para mí esta estación es mi preferida, te anima más a salir a la calle, estar en una terracita, ir a la playa, o cualquier actividad al aire libre es bienvenida en buena compañía.  

Así que, como decía la canción veraniega de no sé qué año...El verano ya llegó! 

lunes, 19 de agosto de 2013

EXPRIMIENDO JULIO: Segunda parte

El viaje
Recién llegados a Barcelona de Pamplona, nos tocaba emprender otro viaje. Llegamos el lunes por la tarde, y no nos podíamos quedar dormidos en los laureles, teníamos que preparar cosas. El martes teníamos que preparar la maleta y todo lo que nos quisiéramos llevar, ya que el miércoles día 10 salía nuestro vuelo hacia Menorca.
El miércoles me despedí de Kenzie y la llevé a casa de mis padres. Nos daba mucha pena no llevarla, pero…creíamos que era lo mejor para ella. A ella le encanta la playa, pero para disfrutar de ella, no para estar con el arnés sin poder bañarse y hacer la croqueta. Así que, entre que era un sitio que no conocíamos...Preferimos dejarla en casa de mis padres, que estaría bien cuidada y seguro que no pasaría tanto calor.
Con la maleta a punto, mochilas y energía cargadas, nos fuimos al metro para dirigirnos al centro. En Plaza Catalunya cogimos el Aerobus: un bus que te lleva directo al aeropuerto, de una manera cómoda y rápida. Creo que, hicimos bien en cogerlo, mejor que el tren. Llegamos bien de tiempo. De todas maneras, nos quedaba facturar la maleta. Cuando ví la cola que había para facturar casi me da algo. En todos los mostradores de Vueling, compañía con la que viajábamos, había gente esperando. Pensé que llegaría la hora de embarcar y aún estaríamos allí. Aunque ya se sabe quien espera, desespera, y eso es lo que me pasaba. Respiré mucho más tranquila una vez ya habíamos facturado. Incluso, nos sobró algo de tiempo. No mucho, pero al  menos, no teníamos que ir corriendo por los pasillos del aeropuerto. Pasamos los controles, e incluso, tuvimos que esperar a que abriesen la puerta de embarque. Los aviones de hoy día son como autobuses, ya que salen unos, y en el mismo avión, del cual acababan de bajar, nos subimos.
Cuando teníamos que subir al avión nos fijamos que  nuestros asientos  no eran correlativos. Nos tendríamos que  sentar en asientos separados. De todas maneras, tal y como nos dijo la azafata, lo podíamos intentar. Así  lo hice, hasta que alguien reclamó su asiento, y tuve que ir al asiento que me habían asignado.  Es muy raro viajar sin nadie que conozcas al lado,  parecía que viajase sola. Bueno, a ver, que estaba en la fila de delante. Además,  afortunadamente, el viaje  no es muy largo. Así que fue cerrar los  ojos, abrirlos, y estar aterrizando.

Nuestra llegada a Menorca
Una vez aterrizados fuimos a buscar la maleta. Con la maleta recogida fuimos a la oficina del renting, para alquilar el coche que habíamos reservado. Cuál fue nuestra sorpresa al ver que el coche que habíamos reservado no estaba. Habíamos reservado un Seat, y nos dijeron que no tenían que no trabajaban con esa marca, entonces…¿para que ponen esa marca en la página web? Vale, sí, ponía Seat o similar, pero que pongan marcas con las que trabajen. Bueno, al final, nos tocó un Corsa.  Nos tocaba saber cómo funcionaba antes de sacarlo del parking del aeropuerto. Una vez con el coche, el GPS puesto, fuimos a buscar el apartamento. Estaba en la otra punta de la isla, ya que el aeropuerto está en Maón y nuestro apartamento estaba cerca de Ciudadela. De punta a punta.

El apartamento
Nuestro apartamento estaba situado en Ciudadela, en una urbanización llamada “Los Delfines”.  Cuando encontramos Cabo de baños, sitio donde estaba el apartamento y de ahí que llevase ese nombre, nos dirigimos a la recepción. Estaba cerrada. Ahí me entraron todos los males, entre el calor, el hambre, llegar y ver que no es que no hubiera nadie en la recepción, sino que estaba cerrada, me temí lo peor.  Afortunadamente, Carlos no se dejó llevar por los nervios y recordó que esos apartamentos, pertenecían a un complejo llamado “Los lentiscos”. Cargados, sudados y cansados fuimos caminando hacia ese complejo de apartamentos. Ese lugar era inmenso, y sí que había alguien en la recepción, la cual sin ninguna explicación- como si ya lo supiéramos, cuando no había ni un cartel, ni ninguna información- nos dio las llaves, la clave del wifi y nos dijo que podíamos hacer uso del mega complejo.
Con ganas de ver qué habitación nos había tocado, fuimos a nuestro hogar vacacional por unos días.  Abrimos y estaba bastante oscuro, fue descorrer la cortina e iluminarse una sonrisa. Teníamos terraza con vistas estupendas.  
Vistas desde el apartamento
Vistas desde el apartamento

Puesta de Sol desde el apartamento
Pero, aparte, estaba muy bien equipado: cocina, nevera grande, comedor, sofá, televisión, baño con jacuzzi, habitación con camas. Lo mejor la terraza con su mesa de plástico y sus sillas que nos dejaba ver el mar, y la piscina con la que contaba el recinto. Además, habíamos elegido ese sitio, porque al estar al oeste de la isla podríamos contemplar la puesta de Sol. ¡Qué vistas más privilegiadas!
Teníamos que completar el apartamento con comida. Así que, después de comer algo en el complejo gigantesco, nos fuimos a un Mercadona para comprar todo lo necesario, incluso compramos de más por si acaso.
Entre comprar, deshacer la maleta y organizarse el día se nos fue de las manos y no hicimos gran cosa. Tan sólo, que ya es mucho, disfrutar del apartamento, organizarnos y descansar. Mañana sería otro día.  
Piscina
Piscina


Monte Toro
Vistas desde Monte Toro
 Al día siguiente, como el día parecía no estar muy soleado. Preferimos no ir a la palaya. Cambiamos orilla de mar, por vistas de la isla. Nos dirigimos a un sitio, en medio de la isla- cerca de Es Mercadal, donde se podían observar unas vistas de la isla. Desde la montaña más alta de la isla se podría ver todo,  si no fuera porque las nueves no facilitaban la labor de la observación.  De todas maneras, pasamos una mañana tranquila, paseando por la montaña, haciendo fotos  e intentando averiguar lo que se veía.  


Puerto de Ciudadela
Esa misma tarde, acompañados por el atardecer  visitamos el puesto de Ciudadela. Me pareció muy bonito, con el mar, los barquitos y la puesta de Sol de fondo. Caminamos bastante, para ver a fondo el puerto, lo rodeamos, hasta que llegamos al punto central: donde había muchas tiendas, restaurantes y gente. Después de visitar algunas tiendas, aprovechamos para cenar por ahí una pizza.  Visitamos también un mercadillo que estaba en una cuesta y entre escaleras, muy mal ubicado, porque entre las escaleras y la aglomeración de gente, no hacía muy agradable pararte en los puestos. Después vimos la catedral, más puestecitos, en general, dimos un repaso al puerto. Este sitio nos encantó y lo visitamos en varias ocasiones, aparte de porque estaba cerca, porque nos gustó mucho pasear por ahí.  
Puerto de Ciudadela
Port de Ciutadella 


Cala Mitjana
Al tercer día tocó playa. Ya nos tocaba pisar la arena de la playa, y ver cómo era la costa menorquina. Pero, cuando estás en un sitio que no conoces…vas a l primer sitio que te llama la atención por la ubicación en el mapa.
Llegamos, aparcamos, y empezamos la caminata hasta llegar a  la cala. Una cala pequeñita y repleta de gente, casi no encontrábamos sitio para dejar la toalla- menos mal que no era agosto-.  Pero, de camino ya empezábamos a notar un olor desagradable, a agua estancada. Una vez en la cala, ese olor se hacía más presente. De todas maneras, algún baño nos dimos. No estaba realmente sucia el agua, así que no sé de dónde vendría ese olor tan desagradable. Estuvimos un poquito, hacía mucho calor y entre la cantidad de gente, el estar sin sombrilla y que con un poquito basta, ya teníamos más que suficiente.
La verdad es que Cala Mitjana, a pesar de su paraje natural, de la arena fina, de tener agua cristalina, no nos llamó mucho la atención. Más bien, nos desilusionó n poquito, quizás el hecho de que hubiera tanta gente también nos desalentó un poquitín.   
Cala Mitjana

BINIBEQUER
El sábado como el día despertó un poco nublado, optamos por ir a visitar un pueblo que nos habían recomendado. Un pueblo que estaba casi en la otra punta de donde estábamos, pero que valdría la pena visitar, y así fue. Llegamos, después de pasar por carreteras estrechas a un pueblecito pesquero. Una zona de costera con mucho encanto. Todas las coitas eran de color blanco. Paseamos entre las casitas, llegamos a la costa y observamos algunas barquitas. 
Barquitas en Binibequer
Barquitas en Binibèquer
Casitas blancas  Binibèquer
Casitas blancas de Binibèquer

A pesar de que el día estaba medio nublado, hacía un bochorno tremendo. Paseando entre las calles rodeados de casas blancas, empezamos a notar que caían gotitas…Antes de que empezase a apretar la lluvia, optamos por ir al coche no fuera a ser que se pusiera a llover con más intensidad. Pero, fue ponernos a conducir y caernos la tormenta mientras íbamos en el coche.  Conducir bajo la lluvia no es muy agradable, pero no quedaba más remedio que seguir adelante.   


MAHÓN
Llegamos a Mahón y hasta que no paró la lluvia no nos atrevimos a apearnos del coche. Una vez la cosa se tranquilizó pisamos el asfalto para recorrer las calles. Era la hora de comer y una de las formas de visitar la ciudad es buscando un sitio para comer. No teníamos ni idea de dónde ir, no conocíamos el lugar, no llevábamos mapa y teníamos hambre. No valía quedarse con el primer sitio que viésemos. Vimos algunos restaurantes que no tenían mala pinta, en los que hacían platos combinados, eso no estaría mal. Sin embargo, seguimos caminando, para dar la vuelta siempre habría tiempo. Caminando y caminando llegamos al puerto, pero no era como el de Ciudadela…no tenía tanto encanto. Pasamos por una brasería que nos cautivó con el olor que desprendía, pero estaba a tope de comensales, así que seguimos caminando. En el paseo marítimo vimos  un sitio que hacían menús. ¡Menú un sábado! Habíamos caminado bastante, y como pensamos que era un sitio perfecto nos quedamos. Menú a precio asequible, con sito para come y con muchos platos para escoger. Nos quedamos en la terracita, ya que dentro hacía el mismo calor que fuera. Al menos en el exterior podríamos ver la gente que paseaba, y vimos que muchos al ver la pizarra con el menú también se quedó. Elegimos bien, porque comimos genial.
Con el estómago lleno paseamos por la ciudad, pero, para mi gusto, no tenía la magia que tiene Ciudadela. Sin embargo, eso no lo sabes hasta que no pisas la ciudad y recorres sus calles. Hicimos fotos como turistas del lugar y emprendimos el camino hacia el coche. Nos tocaba conducir un largo trecho hasta casa.
Por ese día, aún sin playa, había sido bastante completo el día. Haciendo turismo, paseando y pasando por una tormenta veraniega.

CALA PILAR
Para el domingo teníamos planeado una excursión. Nos levantamos y vimos que lucía un Sol radiante. Nos preparamos bocadillos y cogimos las botellas de agua que teníamos en el frigorífico. Preparados, subimos al coche para dirigirnos a nuestro destino: 
Teníamos especial ilusión en ir a esa cala, ya que había leído sobre ella. Cuando nos acercábamos a la cala, por el camino observamos: vacas muy cerca del camino. 
Vacas cerca de Cala Pilar
Una vez aparcamos donde nos indicaron, empezamos el camino. Antes de empezar la caminata había un cartel donde explicaba que era una ala de difícil acceso y que aproximadamente se tardaba 45 minutos. Ni eso, ni el calor, nos echaba atrás, queríamos llegar a la cala.
La excursión: Empezamos con mucha ilusión, a pesar del calor, el bochorno, lo cargados que íbamos y las piedras que nos encontrábamos. Parecía que nunca íbamos a llegar a la playa. Estábamos en un bosque encantado, lleno de árboles centenarios, inmensos (todos ellos con su respectivo nombre escrito en un cartel).  Aparte de lo lejos que estaba, de lo difícil del camino, también tardábamos porque íbamos haciendo fotos. 
Cartel en Cala Pilar
Parecía que llegábamos, porque ya se veía el mar, pero nos quedaba bajar. Mejor sin prisas, porque si no hubiéramos bajado rodando, ya que había piedras que se movías y nos podíamos resbalar.
Cuando pisamos la arena se nos dibujó una sonrisa. ¡Habíamos conseguido llegar!. valía la pena hacer esa larga caminata por la montaña. ¡Ya estábamos! No había casi gente. No estaba aglomerada de gente, estaba limpísima y podíamos elegir dónde colocarnos. Nos pusimos cerquita de la orilla.   


Es una cala muy virgen, no hay nada alrededor que no sea naturaleza. Es una cala situada al norte de la isla, entre Ferreries y Ciudadela. Tiene arena finita y de color dorado, tirando a rojiza. El agua es totalmente transparente. Está rodeada de árboles, los que hemos dejado atrás en el bosque, pero en la cala no hay ninguna sombra donde cobijarte. Fuimos preparados para hacer el camino con deportivas y agua, pero no fuimos cargados con una sombrilla, que nos hubiera venido muy bien.
Carlos disfrutó buceando. En cuanto regresó de estar sumergido bajo el agua, fuimos al agua, necesitaba refrescarme. Estaba buenísima ¡, fresquita y limpia. Después de comer los bocadillos que habíamos llevado- allí no hay ni servicios, ni chiringuito, ni nada de nada, solamente naturaleza- empecé a notar que el Sol picaba más de lo habitual.  No paraba de embadurnarme de crema para protegerme del Sol.
Sin embargo, por la tarde mis piernas cada vez que sentían el Sol se resentían. Tenía la ligera sensación de que me abía quemado.
Por la tarde decidimos emprender el camino de vuelta, el Sol ya no me resultaba agradable y ya llevábamos bastante rato. Por el bosque encantado, cada resquicio de Sol que se colaba por los árboles, me era dañino. Buscaba las sombras podía, pero el camino seguiía siendo tan largo como para ir.
Efectivamente, me había quemado, y lo primero que hicimos, antes de subir al apartamento, fue pasar por alguna tienda para comprar alguna crema que me aliviase ese dolor.
Pero, a pesar de que  mi piel no aguantase los rayos del Sol me encantó la  calita. Si ya íbamos con ilusión,  el resultado  no nos decepcionó para nada. Pero, no encontramos el baro que habíamos leído  que se podía encontrar y servir como mascarilla para el cuerpo, no sé dónde estaría.  Nos dio igual no encontrar el barro, que hubiera bichos merodeando alrededor nuestro,  nos gustó mucho la cala.
Si vais a Menorca os recomiendo que hagáis esta excursión, merece la pena la caminata.  Eso sí, llevar deportivas para la gran caminata, agua en abundancia, comida y si podéis una sombrilla y sobre todo protector solar.

Día 15 de Julio: Mi cumpleaños
El lunes cumplía años y me levanté echa polvo. No era la edad, eran los achaques del Sol. Había pasado una noche horrible: con frío, calor, dolor por el rocé de la sábana….!buff! estaba relamente quemada. Era una gamba andante.  No paraba de hidratarme con after sun, pero seguía sintiéndome con dolor.
Carlos me despertó felicitándome y tirándome de las orejas, seguido todo ello de regalitos. Los regalos fueron: ropa, bikini y unos pendientes de plata preciosos.  La ropa no me la pude probar ese día, estaba demasiado dolorida comp ara probarme ropa.
Como era mi cumpleaños elegía yo el plan del día. Estaba tan quemada que cualquier cosa menos playa. Hicimos el vago hasta que llegó la hora de comer. Fuimos a comer paella, cerca de la playa en Cala Blanca.
Restaurante Miramar
Fuimos a un restaurante que le habían recomendado a Carlos, especiazado en paellas.  Tenia una terraza, con un techo, lo cual hacía que estuviéramos en la sombra. ¡menos mal! Necesitaba  huir del Sol. El camarero nos llevó hacia la mesa, y no sé por qué, peo supo que no veía. Me extrañó que lo supiera, ya que iba sin Kenzie, y sin bastón, pero no sé porqué pero lo sabía. Tuvo muchas atenciones conmigo, e incluso nos recomendó la paella ciega: que consiste en arroz con mariscos peldos, para no enconrarte ninguna dificultad a la hora de comer.
Pedimos una ensaladita marinera y después paella: mitad la recomendada junto con otra normal- para que nos encontrásemos alguna gamba con su cabeza-.
Nos gustó mucho el sitio, por el trato amable de los camareros, por las vistas y por la comida. El restaurante tenía un protagonista indiscutible un papagayo que era del dueño. El dueño que era muy gentil, quien se había percatado que no veía, tuvo el detalle de acercármelo para que lo pudiera tocar. Le toqué la cola, era muy larga.
En el restaurante con el papagayo
  El papagayo estaba domesticado, estaba suelto e incluso chapurreaba algunas palabras.
Pasamos un buen rato en el restaurante. Después fuimos a casa a descansar. Por la tarde empezaron las llamadas de felicitación. Hubo algunas que no las pude ni contestar, porque daba la casualidad que estaba hablando con otra persona. Se juntaron todas por la tarde-noche.
Por la noche fuimos a mi sitio preferido: el Puerto de Ciudadela. Allí después de pasear, visitar tiendas y demás, terminamos cenando una pizza a la que días atrás había echado el ojo. La pizza se llamaba Pilar, como yo, y los ingredientes eran: setas, champiñones, salsa de ceps….con esos ingredientes no me pude resistir.
Así, concluyó el día de mi cumpleaños, comiendo una fabulosa pizza, con una compañía perfecta. Eso sí, faltaba alguien especial, Kenzie, peo….todo no se puede tener, y menos cuando estás lejos de los tuyos. No cabe duda que fue un cumpleaños diferente. 

Coves d’en Xoroi 
 El martes, como aún estaba resentida por el paso del Sol en mi cuerpo, descartamos ir a la playa. Aún no estaba preparada para pasar el día bajo el Sol. Fuimos a un sitio llamado: Coves d’en Xoroi.  Unas cuevas naturales que están más cerca de Mahón que de Ciudadela. Todo el mundo nos decían que teníamos que ir, aunque fuese para verlas. Esas cuevas las han convertido en un lugar de copas. Por la noche se convierte en discoteca, pero preferimos ir por la mañana, para poder ver algo de las vistas. Está abierto todo el día. Pero, vayas a la hora que vayas, para entrar hay que pagar. Con la entrada te viene una consumición de un refresco. Por la mañana la entrada es más barata, que por la tarde, o por la noche. Pero, nosotros, no lo hicimos por el tema económico, que también, si no que preferíamos aprovechar el día allí.
Pensé que sería un sitio más grande, pero no es muy grande. Dentro de la cueva se está fresquito, más que fuera en la terraza. Pero las vistas desde la terraza son magníficas: se ve el mar.  
Vistas desde las coves
No estuvo mal la excursión a la cueva. Pero, no me lo imaginaba así. Pensé que sería un lugar más amplio, con algún guía explicándote. Pero, era como ir a un local ambientado en una cueva, que es lo que era. Me pareció algo caro, un negocio más para sacar dinero.   

Es Castell
Después de nuestra “vista obligada” a las coves, volvimos a “casa” para comer. Por la tarde, cogimos de nuevo el coche,  para ir a un pueblo que tenía muy buena pinta. Lo malo volver a hacer kilómetros en coche, estaba en la otra punta de la isla. Pasamos de nuevo por Mahón, esta vez sin bajar del coche, simplemente un pequeño despiste del GPS que quiso que visitásemos de nuevo el pueblo. Pasamos Mahón y llegamos al destino: Es Castell.
Es Castell es un pueblo situado en la parte más oriental de la isla, tocando a Mahón. Paseamos por el pueblo y vimos que estaban de fiestas. En medio de una plaza se escuchaba música. Seguimos paseando hasta llegar a un puerto pequeñito. Bajamos para ver el muelle de más de cerca. Era un lujo pasear por ese paisaje de postal. A un lado terrazas y terrazas de restaurantes y al otro el mar con sus barcas.  El muelle se llama Cales Fonts.
Cenamos en uno de los locales. Nos tocó estar dentro, porque toda la terraza estaba al completo. Creo que, incluso estuvimos más fresquitos con el aire acondicionado. 
Después contemplamos el muelle, todo iluminado y con la luna, casi completa, amenizando la noche con su luz. Entramos en laguna tienda de lo más típico de la isla: menorquinas. 
Y, entre las tiendas de arriba, paseando entre terreno empedrado, encontramos puestos de artesanos. Uno de ellos era de collares hechos a manos. Y ahí caí, me explicaron de que estaban hechos, de dónde eran y, claro, me sedujeron. Sobre todo, uno de los collares hecho con semillas de café, y aún conserva su olor. Me encanta.
Así la noche llegó a su fin, tocaba coger el coche y emprender, entre la oscuridad de la noche, el viaje de vuelta al apartamento.  

Cala Blanca
El miércoles, un poco más recuperada de mis quemaduras, me atreví a volver a la playa. Eso sí, no quería que me diera mucho el Sol, no lo hubiera soportado. Así que, fuimos a una playa cercana, Cala Blanca- mismo sitio donde habíamos ido a degustar la paella-.  No nos pusimos cerca de la orilla, no hacía falta, preferí quedarme debajo de la sombra de un árbol. Así si quería algo de Sol me movía, y si no allí con sentir la brisa marina, tenía más que suficiente. 
La playa que se veía desde el restaurante, estaba bastante llena de gente, pero eso ya lo habíamos visto el día que estuvimos comiendo allí. Pero, estaba alrededor de restaurantes, hoteles, etcétera…eso hacía que perdiera todo el encanto que en un principio debía tener. Pero, para tomar el Sol y remojarte un poquito ya está bien.   
Para remojarnos al gusto y nadar todo lo que quisiéramos teníamos la piscina. Casi siempre estaba solitaria y estaba muy bien, no muy grande, pero suficiente para nosotros.  Para secarse, teníamos para elegir: tumbonas con sol, sin sol, con sombrilla….al gusto.

Cala Galdana 
El jueves, nuestro último día, fuimos a una cala que me habían recomendado: Cala Galdana. SI había superado el día anterior en la playa, aunque debajo de un árbol, estaba convencida que el paso de los días y mis curas habían surgido efecto para aguantar un día más en la playa. 
Cala Galdana resultó ser una cala llena de gente, demasiadas personas. Sobre todo era una playa llena de extranjeros y todos en familia, demasiados niños. Una playa que no cubría nada de nada, por eso era ideal para ir con niños. Nosotros no íbamos con niños. Pero, ya que estábamos allí…no quedaba más remedio que disfrutar como niños. Aunque éstos pasasen y te llenaran de arena, aunque tuvieras a unos centímetros a una familia de extranjeros que parecía que fuésemos con ellos.
Lo mejor de la cala, la comida. Comimos en un chiringuito que había a pie de playa, podíamos comer con el pareo y el bikini, Carlos sin camiseta, y ahí ni te decían nada por las pintas, ni eras el único con esas pintas. Cada uno iba como quería. Comimos un plato combinado. 
Después, fuimos al apartamento a descansar, a aprovechar la piscina y a empezar a hacer limpieza.
Por la noche teníamos plan: ir a cenar a un sitio, que nos habían dicho que se comía de maravilla. Pero, antes quise hacer una paradita pro Ciudadela y hacer las compras que había dejado para el último día, fuimos directos, ya que tenía las tiendas fichadas.
Ya con las compras hechas pudimos dirigirnos al restaurante: Ca Na Marga.
Un restaurante situado que lleva muchos años en la isla. Está situado dentro de Fornells, en una urbanización. La verdad es que si no sabes ir, si no te fijas, es un poco lioso, porque no se ve desde la carretera. Solamente lo abren por la noche, pero está a tope, mucha gente va con reserva. Tuvimos suerte y nos atendieron, a pesar de no haber reservado. Pero, solamente éramos dos.
Comimos de maravilla, unos entrecots de buey que estaban muy tiernos. Los postres eran una pasada, aunque ya estábamos llenos, la gula pudo y nos pedimos algo de postre.  Merece ir la pena al sitio, totalmente recomendable.          
Dulce de chocolate
Delicioso postre de chocolate con chocolate


La vuelta….
Aterrizando en Barcelona y en la vida real.
El día de despedirnos de nuestro apartamento había llegado. Tocó madrugar para terminar de hacer la maleta, que ya la teníamos casi lista del día anterior. Pero, como siempre quedan cosas, pues tocaba dejarlo todo listo.  Dejando todo limpio y listo, fuimos a dejar la llave. Ya no teníamos “casa estival”.
Sobre las 11 de la mañana emprendimos el viaje hacia el aeropuerto, en Mahón. Teníamos que devolver el coche, lo tenían que revisar y teníamos que facturar. Más valía ir con tiempo. Dejamos el coche. Facturamos. ¿Y ahora? Nos sobraba tiempo. Miramos las tiendas.
Algo que me sorprendió del aeropuerto: Había una terraza, donde podías fumar. Una manera de que la espera se haga más corta, poder respirar algo de calor natural. De todas maneras, por si hay algún despistado, colocan los avisos de los vuelos también fuera. 
Se hizo eterna la espera, por llegar con tiempo y porque el vuelo venía con retraso. La puerta de embarque no se abría nunca. Al fin, una vez lo descargaron de gente, subimos nosotros. 
El viaje es corto, se tarda más en despegar y aterrizar que otra cosa.
En el aeropuerto de Barcelona nos esperaba mi padre. Llegamos a casa y mi  madre junto con Kenzie nos estaba esperando. Kenzie cuando nos reconoció se puso muy contenta al vernos. No paraba de dar saltos , y de correr, sin parar de mover la cola. ¡Qué ilusión volver a verla! 
Y ya se acabaron nuestros viajes. En Barcelona hay mucho que hacer, y aquí estamos. Estamos trabajando en verano, y siempre que podemos hace alguna escapadita aprovechando el buen tiempo.  Además,  estoy muy ilusionada con futuros proyectos, y creo que, voy a seguir viajando mucho. Pero, sobre todo,  voy a vivir muchas experiencias.

Se han acabado los viajes estivales, pero nunca se sabe….y sé que vendrán muchos más.  ¡Vamos a seguir disfrutando con lo que queda del veranito! Aún queda mucho por exprimiendo, espero que  todo lo que exprima  salga tan delicioso como este julio.