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miércoles, 25 de julio de 2018

Corre, que el tiempo vuela!


El tiempo vuela sin paracaídas

Los meses vuelan sin darnos cuenta. Sí, lo sé, he dejado pasar muchos sin dejar huella en el blog, pero no he tenido oportunidad, o, mejor dicho: no he sabido aprovecharla. Sí, porque el tiempo es relativo, y, a veces, cuando lo tenemos no le sacamos el partido que deberíamos, y a veces la falta de él es un también un gran hándicap. En mi caso ha sido una mezcla de ambas condiciones. Sin embargo, me he planteado que hoy sí o sí tenía que escribir y aquí estoy, dejando rastro.  

Estoy en una etapa en la que quiero exprimir tanto el tiempo y quiero hacer multitud de cosas que tengo que hacer malabares, para poder llevarlas a cabo. Y reconozco que  yo soy algo calmada y no me gusta agobiarme, y no lo estoy, pero cuando veo como vuelan los meses… ¡buf!  Cuando pienso que el mes está despegando  ya está aterrizando. Cuando estás ocupada, dicen que el tiempo vuela, y es totalmente cierto. Siento no haberle dedicado unos minutitos a la maleta, y de verdad que de pensamiento le he dedicado bastantes, pero no he tenido tiempo para abrirla y plasmar todo lo que quiero. De hecho aún tengo pendiente algunos post como: los temáticos sobre Japón, que tarde o temprano los veréis por aquí. Incluso los días en Seúl, ya que aún estamos editando el vídeo en nuestros ratos. Pero, como digo, a veces es complicado sacar horas de donde no hay. 

Prometo que tarde o temprano habrá nuevos post, o esa es la intención, porque, como digo, el tiempo vuela demasiado rápido.  Nosotros este año, como ya es habitual en nosotros desde hace un tiempo, no volaremos en época estival, pero sí que lo haremos este año. Este 2018 será muy especial en muchos aspectos, y el viaje que tenemos pensado también lo será, ya que iremos a un continente que nunca hemos ido ninguno de los dos. Más adelante,  cuando cumpla mi promesa de publicar los post sobre Japón y Corea, os contaré mucho más. 

La vida está llena de etapas y antes de abrir una, hay que cerrar otra. Así que , en cuanto termine de relatar nuestra odisea por Asia, me pondré a contaros futuros proyectos. Y, aunque, todas las etapas son difíciles de cerrar, va bien que se cierren, para empezar nuevas. 

¡Feliz veranito a todos!
 Disfrutad de las vacaciones, quienes las tengáis, y quienes no, disfrutad del día a día con una gran sonrisa, os puedo asegurar que saben mucho mejor los días.  

Voy a intentar correr más rápido que lo que vuelan los meses… ¿lo lograré? Solamente el tiempo lo dirá. 






domingo, 4 de febrero de 2018

Tecleando: nuevo teclado, nuevos horizontes



¡ARRANCAMOS: EMPEZAMOS A TECLEAR!

Acabamos de darle la vuelta a la hoja del calendario, y ya estamos en otro mes. El mes de Enero ha pasado casi sin darnos cuenta, como hace tiempo ocurre con los días, que se van volando, y cuando te das cuenta, estás en otro mes. Me hubiera gustado estrenar el mes con una entrada estelar, o con cualquier post. Sin embargo, el día a día, la falta de tiempo y la presión de querer hacer una buena entrada, para estrenar el año, ha hecho que el mes de Enero pasase sin dejar rastro por el blog. 
Sé que tengo entradas sobre nuestro Viaje a Japón y Corea que están pendientes de publicar, y, aunque el tiempo vuele, no renuncio a dejarlas por escrito en el blog, ya que sirven de recuerdo. Sé que cada vez me costará plasmarlas, porque la memoria es selectiva, pero cueste lo que cueste, lo haré. Tarde o temprano todo llega, lo que cuesta es arrancar y ya lo estoy haciendo. 

Mi nuevo teclado
Hoy os voy a hablar de mi nuevo teclado, desde donde estoy tecleando esta entrada. Es un teclado de sobremesa, grande y robusto, pero sobre todo es un teclado mecánico.  

¿Qué es un teclado mecánico?
La diferencia principal entre los teclados convencionales y estos es el material que se utiliza. Los teclados que casi todo el mundo suele utilizar son de membrana, más suaves y ligeros. En cambio los teclados mecánicos son aquellos que surgieron con los primeros ordenadores, eran grandes, robustos y se notaban muchos las teclas. Con el tiempo, para abaratar gastos en la producción empezaron a utilizar materiales más sencillos, en los que la estética predominaba y la comodidad a la hora de escribir quedaba relegaba a un segundo plano.
Los teclados dejaban de ser tan pesados, para ser casi imperceptibles al tacto, estando las teclas muy juntas, sencillos y suaves. No se escuchaba el típico ruido que producían los antiguos teclados, similares a los que producían las máquinas de escribir. Muchos debieron agradecer la falta de sonido, pero no se dieron cuenta que la precisión y la durabilidad en los teclados de membrana se esfumaba junto el ruido de las teclas.
Los teclados mecánicos suelen producir tanto ruido, porque tienen un mecanismo parecido al de las máquinas de escribir: cada tecla funciona de forma independiente, teniendo su propio interruptor debajo de cada tecla, como si fueran botones. En cambio, en los teclados de membrana funcionan de forma electrónica.   

¿Por qué me decanté por un teclado mecánico?
Resulta que en el trabajo me querían cambiar de teclado, sin embargo yo estaba muy contenta con el que tenía. Entonces fue cuando por primera vez escuché eso de que a mí me gustaban más los teclados mecánicos. Yo ni siquiera sabía que tenía uno, pero me dijeron la diferencia, y me intentaron convencer que el que me querían poner era más nuevo, pero yo argumenté que se notaban mucho menos las teclas. Una de las principales diferencias entre uno y otro. Así que logré que me pusieran uno, pero igual que el que ya tenía, es decir: manteniendo mi teclado mecánico. Se notan mucho más las teclas, incluso el que tengo, puede parecer una tontería, pero en la tecla Windows tiene una redondita, la cual cosa la distingo a la perfección.
Siempre que íbamos a tiendas de electrónica, me encantaba pasar por la sección de teclados y ordenadores, para ver cuál se notaba más las teclas. Pero, sin intención de comprarme ninguno, simplemente por el gusto de que los dedos jugueteasen por los teclados. Sí, parece  de niña pequeña, toquiteando todo, pero el espíritu de Peter Pan me acompaña. Dejando de lado esta anécdota, finalmente me decidí darme el capricho de comprarme uno. Aunque para ello, tenía que informarme un poquito: descubrí que hay muchos tipos, dependiendo del switch, que no sabía ni lo qué era, y es el tipo de interruptor, si no estoy equivocada. Descubrí que dependiendo del switch te daba más precisión o menos. Muchos de estos teclados están orientados para Gamers, ya que necesitan mucha precisión a la hora de pulsar las teclas y no perder tiempo. No obstante, leí que uno de los swtch que también eran compatibles para escritores eran los blue, que son más ruidosos y notas el clic a la hora de teclear la letra en cuestión.
El teclado escogido fue el: STINGER RX 1000K  

Mi teclado mecánico STINGER RX1000K


Es un teclado mecánico que, aunque esté orientado, para gamers, al tener el interruptor blue también puede servir para otros usuarios, como es mi caso. Además tiene un precio que no es desorbitado, y aún te lo puedes permitir. Tiene multitud de funciones, aunque no he probado las teclas de función rápida. Está iluminado y tiene diferentes modelos de iluminación en las teclas, la cual cosa aún no he probado, ni tengo mucha intención de hacerlo, porque el hecho de que las teclas tengan luz, sinceramente a mí me trae un poco sin cuidado y no lo compré por esa razón. Además, puede parecer una nave espacial. Sin embargo, lo que me gustó es que se notan mucho las teclas, y los dedos más que escribir parecen que estén bailando con las teclas al compás del sonido del tecleo, ya casi imperceptible para mí. Las teclas no es que estén diseñadas, para los dedos, sino que están muy salidas, más de lo habitual y eso favorece que los dedos a ciegas encuentren todas las teclas sin equivocaciones, con más agilidad y facilidad.

El cambio
Eso sí, no todo iba a ser un camino de rosas, por el camino me he encontrado alguna que otra espina. Y es que mis brazos, mis muñecas, se resienten. Había leído que podía ocurrir, no sé si es por mi postura, porque es otra plataforma en la que mis dedos se apoyan y presionan, porque tengo que hacer más fuerza, porque voy más rápido o no sé el porqué, pero desde hace unos días tengo dolores en los brazos a la hora de teclear. Sin embargo, estoy convencida que esto debe ser un tema de ejercicio, de habituarse a un cambio y de darle más a las teclas. Debe ser como cuando vas los primeros días al gimnasio, al principio las agujetas pueden contigo, pero poco a poco, y la mejor manera de combatirlas es haciendo más deporte, pues en este caso será lo mismo, tendré que escribir con más frecuencia para  que mis dedos se habitúen al cambio y no lo vean como algo raro. Además de que cuando lo utilice con más frecuencia, menos diferente me parecerá. Al principio no podré estar más de una hora, después una hora se me habrá pasado como en un abrir y cerrar de ojos, o al menos eso espero.  
Lo malo, entre comillas, y lo sé, y lo reconozco, es mi postura. Aunque realmente esto me pasaría con cualquier teclado.  Intento utilizar mi resto visual, intento ver lo que escribo, a pesar de que me cueste lo mío. Así que hemos incorporado al teclado, una pantalla más grande. Así que tengo el portátil encendido, pero con un teclado mecánico y una pantalla, así que el portátil solamente es como si fuera la torre del PC, está a un lado y ni lo miro, y me centro en mi nuevo teclado, y, sobre todo, y ahí está el problema en la pantalla. Por muy grande que sea necesito tenerla cerca, pero si la tengo tan cerca como la necesitaría,  casi que no me cabe el teclado, ya que la pantalla tiene un pie bastante ancho que impide que me la acerque más, y además necesito espacio para que el teclado esté bien apoyado en la mesa, sin que se suba al pie de la pantalla, si lo hago pierde estabilidad y no puedo escribir de forma cómoda.  Finalmente consigo acercarme lo suficiente la pantalla, pero:  ni la espalda, ni los brazos están en la posición que deberían estar. Sé que debería tener los brazos estirados, relajados, y dejándome llevar y no centrándome tanto en lo que sale en la pantalla. Realmente, aunque tengo un contraste (la pantalla negra y las letras en blanco) intento escribir tan rápido que finalmente, por muy cerca que tenga la pantalla, no llego a distinguir que aparece en la pantalla. Al final son  solamente manchas blancas que se mueven en un fondo negro. Suerte que tengo de apoyo el sintetizador de voz del software que utilizo en el ordenador, ya que el magnificador que tengo, el Zoomtext también cuenta con una voz como el Jaws.

El teclado abre otro tema
Y ahora abro otro tema, que para los que vean y para los que no vean, no entenderán a los que estamos en el limbo entre el ver y no ver. Pero eso ya sería otro capítulo, no obstante, entiendo que no sea fácil entenderlo. Muchos pensaréis que si no veo lo que hay en la pantalla, para qué me la acerco tanto, más aún cuando hay un sintetizador de voz que me va cantando lo que sale en la pantalla. Otros pensaréis que no acepto mi baja visión y además estropeo mi salud por el tema postural y visual, ya  que mis ojos se pueden cansar, y así es. Sin embargo, no quiero renunciar a mi resto visual, me gusta ver esas manchas blancas que se mueven al compás del son del teclear. Me gusta poder utilizar mi resto visual. Además me gustan poco los cambios radicales.

Algo positivo para el futuro
 Además al utilizar la voz como apoyo, e intentar ir incorporando el pleno sintetizador de voz, quizás, algún día, y quién sabe, quizás gracias al nuevo teclado, me atreverá a utilizar todo tipo de comandos de teclado, sin miedo a equivocarme, haciéndolo a ciegas y con una mejor postura y estando mucho más relajada. Puede que mi miedo a la hora de no abandonar el magnificador, sea no saber si estoy escribiendo o no, a pesar de que la voz vaya hablando, a veces la inseguridad gana, además de la fuerza de no querer renunciar al resto visual, aunque mis ojos acaben llorosos.
 Se aceptan todo tipo de consejos, para todos aquellos que hayáis tenido que pasar por una transición similar, y no me refiero a cambio de teclado, ya sabéis a qué me refiero.
  
Y, aunque me haya ido de tema, pero las cosas van surgiendo a medida que van saliendo, en el fondo tiene que ver.  Os dejo estas líneas, sin obviar que tengo entradas pendientes. Sin embargo, hoy quería presentaros mi nuevo instrumento de escritura. Espero que os haya gustado, a pesar de que he explicado otras cosas que poco tienen que ver, aunque al fin y al cabo forman parte de mí, y sí que en cierta manera guardan relación con el teclado mecánico: gracias a su percepción táctil, y porque estoy convencida que gracias a él, conseguiré dar el paso que me hace falta, para prescindir por completo del ratón.

¡Hasta la próxima!  






jueves, 17 de agosto de 2017

Mis mini teclados inalámbricos

TECLADOS INALÁMBRICOS CON BLUETOOTH


Fáciles de transportar, ligeros, cómodos, prácticos y que te pueden ayudar en el día a día. Si tienes una idea, una reunión o simplemente quieres escribir un mensaje rápido, tan solo tienes que sacar el teclado y ponerte a escribir en tu móvil, tablet o cualquier dispositivo que acepte bluetooth. Sin embargo, yo lo utilizo con el dispositivo que más uso a diario, el iphone, y me resulta muy cómodo a la hora de escribir notas y poder teclear sin necesidad siquiera de sacar el móvil.


Hoy me apetecía hablaros de mi nuevo teclado inalámbrico con bluetooth: Moko. Me lo regalaron para mi cumpleaños, y, a pesar de que buscaba un cambio para mi teclado, ya que quería uno más fácil de transportar, al principio me costó acostumbrarme, ya que me cuestan los cambios.

TECLADO ZOOM 9010 

En 2012 os presenté mi primer teclado inalámbrico que tuve y que me iba genial, tanto para móvil como para ipad. Ese teclado era bastante grande, aunque no muy pesado, y fácil de transportar, ya que cabía perfectamente en el bolso. Cogí tal habilidad a la hora de escribir con él, que hasta era capaz de sacarlo en el metro y ponerme a escribir de pie, eso sí, haciendo algo de malabares. Ese teclado era negro, un poquito grande y de plástico. Lo bueno era que la batería duraba mucho y sin pilas. Los teclados con pilas no me gustan nada, por eso y por el precio no me decanté nunca por el de Apple.
Con el paso del tiempo y el uso, las teclas se fueron desgastando, es decir, ya no se veían ni las  letras de las teclas. No me importaba, ya que tampoco las veía yo, me guiaba con las marcas que tienen todos los teclados en la f y en la j.  

Zoom 9010


TECLADO ULTRA DELGADO RAPOO 

Sin embargo, después de tantos viajes y ajetreos durante el 2014  encontré un recambio para el viejo teclado, que tantas páginas y tantos mensajes había escrito. Encontré por casualidad, sin buscarlo, un teclado blanco que se llama Rapoo. Es un mini teclado inalámbrico, mucho más fino que el que tenía, aunque de tamaño similar. Le compré un estuche, no tanto para protegerlo, como para llevarlo en un lugar seguro dentro del bolso y que no se ensuciase tanto. Ese teclado se enlaza con el móvil también por bluettoth y a la hora de vincularlo tenía que introducir rápidamente unos códigos que me daba el móvil, para que se conectasen los dispositivos.  
Este teclado ultra delgado de 5,6 mm de grosor tiene la parte trasera de acero inoxidable, la cual cosa hacía que el diseño fuera más bonito y sobre todo daba la sensación de que estaba más protegido. A parte de ser un teclado QWERTY como el anterior tenía más teclas de función rápida, como: subir y bajar el volumen, darle al play, bloquear la pantalla, y una tecla para que aparezca el teclado virtual del móvil, lo cual va muy bien, para cambiar de teclados, por ejemplo, si quieres poner emoticonos.

Estaba muy contenta con ese teclado, de hecho aún lo utilizo. Sin embargo, para poner acentos tenía que ir contando teclas, ya que no está configurado para que aparezcan en el mismo sitio que en un teclado de pc. Pero,  no era ningún inconveniente, ya que ya sabía dónde estaban los acentos y todas las teclas. 

Rapoo

¿Por qué quería otro si estaba tan contenta?  

No es un cambio que buscase, porque estaba acostumbrada a manejarme con ese teclado. Aunque es cierto, que, a veces, sobre todo de llevármelo de viaje, algunas teclas, a pesar de darle una vez salían dos veces, y otras en cambio,  era como si le diera. Es decir,  a la hora de teclear no funciona muy bien, pero nada que con un repaso no se pueda arreglar.
Ese teclado, Rapoo, siempre lo he llevado con una funda, un estuche, para que no se estropease tanto. Funciona sin pilas, solamente cargándolo con un USB, más que suficiente para que dure más de un mes en uso. Con un botón para conectar o desconectarlo, es decir que aunque lo llevase en el bolso sin ninguna protección, no hay manera de que las teclas de vayan marcando, ya que si está desconectado, bloqueado, no hay ningún problema. Cabe decir que eso también lo tenía el Zoom 9010, mi primer teclado. 

TECLADO MOKO 

El que tengo ahora tiene un diseño mucho más original, con mucha más protección y más pequeño. El Rapoo medía 20,5 cm y  este nuevo mide 5,8 cm plegado y abierto 9,8 cm.
Os cuento:
Es un teclado tríptico, por eso es tan pequeño, tan manejable y tan fácil de llevar. Si quieres utilizarlo, tan solo tienes que desplegarlo y ya podrás usarlo. Es totalmente de aluminio, por tanto no pesa casi nada y hace que al ir plegado, gracias a un imán, vaya totalmente protegido.
A diferencia de los otros, a la hora de vincularlo con el móvil, no hace falta introducir ningún código, tan solo hace falta darle a la tecla de Función y a la C de casa  y ya se conecta. No hay posibilidad de que te olvides el botón de conectar y que vayas marcando teclas a diestro y siniestro, porque siempre va plegado. No gasta batería, porque tiene un modo de auto sueño, aunque te lo dejes abierto, no gastará batería si nota que las teclas no están siendo utilizadas. A pesar de que es un QWERTY y que la ñ no aparece dibujada, sí que está en el mismo sitio que en un teclado de PC, igual sucede con los acentos que están en el mismo lugar que en un teclado convencional, sin tener que cambiar configuraciones.
Cabe decir que es más pequeño, porque la parte de arriba solamente consiste en números, que al marcar la tecla de Función tiene acceso rápido, en cambio los otros arriba de las teclas de números tenían teclas de función rápidas.
Teclado plegado



Aún estoy descubriendo algunos comandos de teclas rápidas, ya que al estar acostumbrada al otro teclado aún me cuesta localizar algunas funciones. Por ejemplo, al lado del control está la tecla de Función, y según las instrucciones si le doy a Función + Control aparecería el teclado virtual, para poder ir alternando de teclados, y poder acceder al teclad de emoticonos, pero no hay manera de que me haga caso. Podría ser problema de incompatibilidad con mi Iphone, pero si fuera eso, tampoco me funcionarían las demás teclas de función rápida y sí que reaccionan con los comandos.

Teclado desplegado


Ya llevo un mes con este nuevo teclado y estoy muy contenta. Es ligero, práctico y muy cómodo de transportar, sin necesidad de llevar funda. Además de gozar con un diseño muy original que facilita el transporte, el uso y la seguridad.  

Si tenéis pensado cambiar de teclado, si queréis uno, la verdad es que hay muchos en el mercado. De hecho, creo que hasta algunos que van en la funda del móvil, pero yo de esos no soy muy partidaria, porque no escribo con tanta comodidad, será  porque tengo los dedos gordos, será porque no estoy acostumbrada, será porque prefiero llevarlo aparte, o será porque prefiero un dispositivo bluetooth que no solamente me sirva para el móvil (aunque lo cierto es que es con lo que más lo utilizo). Sea como sea estoy muy contenta con este regalo, porque es práctico, cómodo y original. Espero que os guste. Ya me diréis qué tipo de teclados utilizáis vosotros, si es que utilizáis. Creo que es una forma muy cómoda de escribir, mucho más rápida. Me encantan este tipo de chismes que, para algunos pueden resultar una tontería, pero que tanto nos ayudan a otros.   




domingo, 6 de noviembre de 2016

Relato: Decisiones de la vida

Decisiones duras, que saben a gloria 

Limpió el cuchillo que aún derramaba sangre. Lo puso bajo el grifo de agua fría, y como si el agua se fuera a llevar todo lo que había hecho, dejó que la sangre se fuera por el desagüe poco a poco, sin que el tiempo pasase, solamente el agua. Después lo dejó en la pica, se secó las manos con el delantal de toalla que siempre le acompañaba, y sin un abismo de remordimiento miró el reloj y se sentó en la silla de la cocina. Se sentó enfrente del reloj como si esperase, o más bien como si el tiempo fuera lo único que le fuera a salvar, como si no se diera cuenta de la hora que era, aunque la tuviera delante. Como si tal cosa, se levantó, miró la olla exprés y vió que seguía su proceso, aún faltaba mucho para que estuviera a punto, aún tenía tiempo para descansar. Prefirió quedarse en la cocina, en la misma silla de la que se acababa de levantar, pero a Pepi le entró algo de hambre y cogió unos pistachos, quizás por hambre, por gula, por pasar el tiempo, pero no quitaba ojo al reloj.  A pesar de que el tiempo había de preocuparle hacía tiempo, ahora era su gran aliado. Se dormía con el tic-tac, sin prisas, sin preocupaciones, pero ahora, sí que tenía una gran preocupación y por eso estaba tan atenta al reloj de cocina, todo tenía que estar a punto, y para eso era necesario calcular algo de tiempo, aunque si no, siempre quedaba la opción de estar con los oídos alerta.

A la una y media llamaron al timbre de casa y se sobresaltó, levantándose de golpe de la silla, no esperaba a nadie y estaba tan absorta en ese tic-tac del tiempo, que ese timbrazo le devolvió a la realidad. Con toda la tranquilidad del mundo, pero sin fijarse por dónde pisaba, se dirigió a la puerta, sin recordar que el bebedero de agua, el barreño que utilizaba para que siempre tuviera agua para beber seguía ahí, con tan mala suerte que derramó todo el agua, dejando la casa peor de la pocilga que llevaba años siendo. Hubiera mirado por la mirilla, pero sus cataratas ya no permitían que lo hiciera, así que preguntó que quién era, como no recibió respuesta y escuchó que llamaban a otras puertas, maldijo por dentro a esos encuestadores o quien fuese, porque gracias a ellos ahora tenía que ir a buscar la fregona y solucionar todo el jaleo que había enredado, todo por levantase para nada.  Después de secar el suelo y poner unos diarios, volvió a su silla como si nada de lo sucedido hubiera ocurrido.  Antes de sentarse pensó que sería buena idea ventilar la casa, a pesar de estar en invierno, no era buen síntoma que el olor de la sangre y del cuerpo empezase a envolver toda la casa, así que pasó por el comedor y fue a abrir el balcón, colocó el sillón en la puerta, para que no se cerrase de golpe y miró todos los balcones del barrio. Un barrio obrero que tras cada balcón habría una familia que escondía miles de secretos, como ahora lo hacía ella. El frío le devolvió a la realidad y volvió a su cocina, a seguir comiendo pistachos. Cuando cogió uno, se fijó que en sus dedos aún tenía entre las uñas sangre y recordó lo que acababa de hacer. No se arrepentía, porque creía que se lo tenía más que merecido, pero sí que se sentía sucia. Pensó en prepararse un baño, pero ya no tenía edad para esos caprichos, ya que sabía que si lo hacía después, sin ayuda, no podría salir. Así que optó por darse una ducha, cuando iba por el pasillo un grito agudo le hizo retroceder y volver a la cocina. La olla exprés ya estaba dando síntomas de estar lista. Así que estaba preparada para hacer lo que nunca hubiera pensado que haría, pero lo tenía que hacer hoy o nunca. Aflojó el fuego. Salió al balcón y rebuscó entre las cosas de Antonio hasta que encontró lo que buscaba: el hacha. No sabía ni para qué tenían eso ahí, pero ahora le daría el uso que le debió dar hace tiempo. El comedor quedaría hecho una pocilga, y nunca mejor dicho, pero sería el mejor cocido que jamás hubiera probado. Le sabía mal que su Antonio nunca lo probaría.
Al cabo de unas horas, exhausta, pero recién duchada y lista para el gran manjar, le dio un beso a la urna que estaba encima de la televisión y se sentó en el sofá a degustar el caldo.
-        Por ti, Antonio. Sé que jamás hubieras martado a Porky, pero no podía más con ese cerdo.  Va por ti y no me lo tengas en cuenta, pero con este cocido, más lo que he congelado, tendré para aguantar todo el invierno. Además, te lo tenía dicho, ¿dónde se ha visto a un cerdo en una casa? El trabajo que me ha dado el marrano ese, ahora me toca disfrutarlo.  


lunes, 8 de agosto de 2016

Microcuentos Veraniegos

CREATIVIDAD EN VERANO


El mes de agosto ya está aquí, vacaciones para algunos, trabajos temporales para otros, y algunos ya de vuelta, otros esperando ansiosos las suyas, pero todos estamos en el mismo mes (disfrutándolo, sufriéndolo, aguantándolo, pero ahí estamos). De lo que no cabe duda es que es un mes caluroso, es por ello que estamos en verano, a pesar de que hoy día no se noten los cambios estacionales, ya que con el calentamiento global, parece que estemos en un continuo verano.

Para amenizar un poco los ratos libres, para entretenerme y porque siempre me gusta compartir trocitos de creatividad con vosotros, y, por supuesto, que compartáis los vuestros, os dejo algunos microcuentos, que sean veraniegos o no, están tejidos con los mejores materiales: cariño, improvisación, palabras y creatividad. Espero que os gusten. Si tenéis la oportunidad de leerlo y os gusta alguno, decidme cuál es el que más os ha gustado y por qué, además de tener la oportunidad de demostrar vuestra creatividad… Os espero.

15 MICROCUENTOS VERANIEGOS   

1-     Rozaba las estrellas, pero no las alcanzaba, hasta que se dio cuenta que eran simples agujeros y jamás podría tocarlas. 
2-     Despertares dulces, cuando al abrir los ojos veo que estás a mi lado y el sueño continua.  
3-      Pasos silenciosos que llegan a ti, no se oyen, pero retumban en el corazón, ¿o acaso son mis latidos?4-     En cada amanecer encontró la oportunidad de decir lo que no dijo, no lo decía pero lo sentía, eran palabras mudas.
5-     Con el paso del tiempo, las huellas de aquel camino que recorrió, se borraron, pero podría recordarlo, sabía dónde había llegado.
6-     La oscuridad no le daba miedo, era su fondo de pantalla y estaba más que acostumbrado a ver los iconos tras ese fondo.
7-     Aquella promesa, a pesar de ser muy seria, siempre se la tomaban a broma, hasta que un día la pudo cumplir, y borró risas.
8-     En el desierto, si tenía sed, sabías ser el agua que anhelaba Gracias por estar en el desierto y en el paraíso. Siempre a tu lado.
9-     Quiso contar todas las estrellas que brillaban en el cielo, pero su propia luz impedía que las viera.  
10-  El Sol calentaba sus ideas, hasta que se puso protector solar y empezaron a surgir nuevas y refrescantes ideas.  
11-  Los sueños son como los granitos de arena, a veces aunque los agarres con fuerza, se escurren entre los dedos. No intentes aferrarte a ellos, vívelos.
12-  A pesar de estar a miles de kilómetros, las estrellas observaban las noches de verano. Sin saber que desde la tierra también eran observadas.  
13-  Aquellas palabras fueron un bálsamo para aquella alma silenciosa y solitaria que necesitaba caricias.  
14-  Los pasos pesaban más sobre el asfalto de agosto, pero sabía que al cruzar abría una puerta al mar. 
15-  Érase una vez, una historia sin final, el inicio aún estaba por empezar.       

sábado, 25 de junio de 2016

Relato: Besos

Besos


“Besos, ternura, qué derroche de amor, ¡cuánta locura!” y, venga, otra canción con la palabra besos. No quiero ni escuchar hablar de esa absurda palabra, y desde hace un mes la escucho por todas partes, como si me estuviera volviendo loca. Vaya donde vaya, sean canciones antiguas o no, en todas partes suena esa maldita palabra, la palabra que sella el amor entre los labios, pero que cuando no es correspondido hace mucho daño.

Mi primer beso recuerdo, ya hace bastante de eso, fue con Juan Carlos, el vecino del cuarto, y me dio mucho asco. Tanta saliva, tanto jugueteo con las lenguas. Fue una sensación muy desagradable, casi llego a ahogarme con su lengua, incluso le tuve que decir que parase. Desde entonces fue muy incómodo encontrarnos en el rellano, no nos mirábamos a la cara. 

El segundo beso no estuvo nada mal, no fue con él, porque después del primer beso, nuestra relación fue mucho más fría, quizás por mi reacción o ves tú a saber. La cuestión: es que el segundo beso fue con un chico del instituto. Aquel beso, no estuvo mal, pero nada del otro mundo, quizás porque el chaval en cuestión solamente me hacía algo de tilín, pero no había sentimientos de verdad. Simplemente era un chico que me atraía, además de ser uno o dos años mayor que yo, la cual cosa le daba más morbo sumado a su experiencia, fue un grado que hizo que fuera mucho mejor que la primera vez. 

El tercer beso, eso ya fue otra cosa, con ese aprendí a saborear los besos, a no desengancharme y a disfrutarlos. Quizás, porque fue un novio que tuve en la universidad, tenía más edad, y más experiencia en todos los aspectos, y…porque estaba enamorada realmente de él. No era un simple pasatiempo, sino que cada vez que lo veía mi corazón aceleraba, si lo escuchaba me acaloraba, así que cuando los besos hacían acto de presencia eso era ya todo un espectáculo. 

Pero, ahora los besos me matan. Esos que tanto me daba, esos fuegos artificiales que vivía mi alma al sentir sus labios, ya no los recibo yo. Quiero ser la destinataria de esos besos, sin embargo no recibo respuesta alguna. Lo peor es que veo en mi propia cara como es otra quien ahora es la afortunada de sentir sus labios, mientras yo me desangro por dentro. No puedo remediarlo, me siento engañada, dolida, y enfadada conmigo misma. Porque, a pesar de todo, aún quisiera sentir sus labios, a pesar de lo que sé, y, a pesar de lo que veo.Ya que quizás, como para creérmelo, me quedo mirándoles desde la lejanía, siendo testigo de ese amor, en el que yo antes era protagonista. Y, mientras vivo engañada, no por su traición, sino por mí, mientras les miro, pienso que ella soy yo, y es que algún día lo fui.  

Y ahora que él no quiere saber nada, y ahora que él besa a otra, parece que las canciones sobre los malditos besos se hayan puesto de moda. Y, si no es que mis oídos solamente se fijan en esa palabra. Esos besos que tantas alegrías me habían dado, y que triste me hacen sentir ahora. ¡maldita casualidad! ¿no podrían haberse puesto de moda cuando yo estaba con Manuel tan a gusto? ¡No! Se tienen que poner justamente ahora. Entro en un bar y suena una, y después otra tras otra. No me queda otra que hacer como que no la escucho y meterme de lleno en la conversación con los míos.Sin embargo, me tengo que hacer la fuerte, ponerme la máscara y concentrarme, para anular todo sonido ambiente que tenga connotación con aquellos besos. Aunque me da la sensación que si no sellan mis labios con la palabra prohibida, me voy a volver aún más loca de lo que estoy. Y, es que yo, eso es lo que quiero, besos.