Blog de Pili: una maleta en la que cabe de TODO.
Desde: Viajes, experiencias, recuerdos, aventuras, anécdotas, historias y mucho más.
Siempre habrá espacio para ir rellenando huecos, contándolo desde un punto de vista diferente, el de Pili.
No tiene exceso de contenido.
Los meses vuelan sin darnos cuenta. Sí, lo sé, he dejado
pasar muchos sin dejar huella en el blog, pero no he tenido oportunidad, o,
mejor dicho: no he sabido aprovecharla. Sí, porque el tiempo es relativo, y, a
veces, cuando lo tenemos no le sacamos el partido que deberíamos, y a veces la
falta de él es un también un gran hándicap. En mi caso ha sido una mezcla de
ambas condiciones. Sin embargo, me he planteado que hoy sí o sí tenía que
escribir y aquí estoy, dejando rastro.
Estoy en una etapa en la que quiero exprimir tanto el tiempo
y quiero hacer multitud de cosas que tengo que hacer malabares, para poder
llevarlas a cabo. Y reconozco que yo soy
algo calmada y no me gusta agobiarme, y no lo estoy, pero cuando veo como vuelan
los meses… ¡buf! Cuando pienso que el
mes está despegando ya está aterrizando.
Cuando estás ocupada, dicen que el tiempo vuela, y es totalmente cierto. Siento
no haberle dedicado unos minutitos a la maleta, y de verdad que de pensamiento
le he dedicado bastantes, pero no he tenido tiempo para abrirla y plasmar todo
lo que quiero. De hecho aún tengo pendiente algunos post como: los temáticos
sobre Japón, que tarde o temprano los veréis por aquí. Incluso los días en
Seúl, ya que aún estamos editando el vídeo en nuestros ratos. Pero, como digo,
a veces es complicado sacar horas de donde no hay.
Prometo que tarde o temprano habrá nuevos post, o esa es la
intención, porque, como digo, el tiempo vuela demasiado rápido. Nosotros
este año, como ya es habitual en nosotros desde hace un tiempo, no volaremos en
época estival, pero sí que lo haremos este año. Este 2018 será muy especial en
muchos aspectos, y el viaje que tenemos pensado también lo será, ya que iremos
a un continente que nunca hemos ido ninguno de los dos. Más adelante, cuando
cumpla mi promesa de publicar los post sobre Japón y Corea, os contaré mucho
más.
La vida está llena de etapas y antes de abrir una, hay que
cerrar otra. Así que , en cuanto termine de relatar nuestra odisea por Asia, me
pondré a contaros futuros proyectos. Y, aunque, todas las etapas son difíciles
de cerrar, va bien que se cierren, para empezar nuevas.
¡Feliz veranito a todos!
Disfrutad de las
vacaciones, quienes las tengáis, y quienes no, disfrutad del día a día con una
gran sonrisa, os puedo asegurar que saben mucho mejor los días.
Voy a intentar correr más rápido que lo que vuelan los meses…
¿lo lograré? Solamente el tiempo lo dirá.
Acabamos de darle la vuelta a la
hoja del calendario, y ya estamos en otro mes. El mes de Enero ha pasado casi
sin darnos cuenta, como hace tiempo ocurre con los días, que se van volando, y
cuando te das cuenta, estás en otro mes. Me hubiera gustado estrenar el mes con
una entrada estelar, o con cualquier post. Sin embargo, el día a día, la falta
de tiempo y la presión de querer hacer una buena entrada, para estrenar el año,
ha hecho que el mes de Enero pasase sin dejar rastro por el blog.
Sé que tengo entradas sobre
nuestro Viaje a Japón y Corea que están pendientes de publicar, y, aunque el
tiempo vuele, no renuncio a dejarlas por escrito en el blog, ya que sirven de
recuerdo. Sé que cada vez me costará plasmarlas, porque la memoria es selectiva,
pero cueste lo que cueste, lo haré. Tarde o temprano todo llega, lo que cuesta
es arrancar y ya lo estoy haciendo.
Mi nuevo teclado
Hoy os voy a hablar de mi nuevo
teclado, desde donde estoy tecleando esta entrada. Es un teclado de sobremesa,
grande y robusto, pero sobre todo es un teclado mecánico.
¿Qué es un teclado mecánico?
La diferencia principal entre los
teclados convencionales y estos es el material que se utiliza. Los teclados que
casi todo el mundo suele utilizar son de membrana, más suaves y ligeros. En cambio
los teclados mecánicos son aquellos que surgieron con los primeros ordenadores,
eran grandes, robustos y se notaban muchos las teclas. Con el tiempo, para
abaratar gastos en la producción empezaron a utilizar materiales más sencillos,
en los que la estética predominaba y la comodidad a la hora de escribir quedaba
relegaba a un segundo plano.
Los teclados dejaban de ser tan
pesados, para ser casi imperceptibles al tacto, estando las teclas muy juntas,
sencillos y suaves. No se escuchaba el típico ruido que producían los antiguos
teclados, similares a los que producían las máquinas de escribir. Muchos debieron
agradecer la falta de sonido, pero no se dieron cuenta que la precisión y la
durabilidad en los teclados de membrana se esfumaba junto el ruido de las
teclas.
Los teclados mecánicos suelen
producir tanto ruido, porque tienen un mecanismo parecido al de las máquinas de
escribir: cada tecla funciona de forma independiente, teniendo su propio
interruptor debajo de cada tecla, como si fueran botones. En cambio, en los
teclados de membrana funcionan de forma electrónica.
¿Por qué me decanté por un teclado mecánico?
Resulta que en el trabajo me
querían cambiar de teclado, sin embargo yo estaba muy contenta con el que
tenía. Entonces fue cuando por primera vez escuché eso de que a mí me gustaban
más los teclados mecánicos. Yo ni siquiera sabía que tenía uno, pero me dijeron
la diferencia, y me intentaron convencer que el que me querían poner era más
nuevo, pero yo argumenté que se notaban mucho menos las teclas. Una de las
principales diferencias entre uno y otro. Así que logré que me pusieran uno,
pero igual que el que ya tenía, es decir: manteniendo mi teclado mecánico. Se notan
mucho más las teclas, incluso el que tengo, puede parecer una tontería, pero en
la tecla Windows tiene una redondita, la cual cosa la distingo a la perfección.
Siempre que íbamos a tiendas de
electrónica, me encantaba pasar por la sección de teclados y ordenadores, para
ver cuál se notaba más las teclas. Pero, sin intención de comprarme ninguno,
simplemente por el gusto de que los dedos jugueteasen por los teclados. Sí,
parece de niña pequeña, toquiteando
todo, pero el espíritu de Peter Pan me acompaña. Dejando de lado esta anécdota,
finalmente me decidí darme el capricho de comprarme uno. Aunque para ello,
tenía que informarme un poquito: descubrí que hay muchos tipos, dependiendo del
switch, que no sabía ni lo qué era, y es el tipo de interruptor, si no estoy
equivocada. Descubrí que dependiendo del switch te daba más precisión o menos.
Muchos de estos teclados están orientados para Gamers, ya que necesitan mucha
precisión a la hora de pulsar las teclas y no perder tiempo. No obstante, leí
que uno de los swtch que también eran compatibles para escritores eran los
blue, que son más ruidosos y notas el clic a la hora de teclear la letra en
cuestión.
Es un teclado mecánico que,
aunque esté orientado, para gamers, al tener el interruptor blue también puede
servir para otros usuarios, como es mi caso. Además tiene un precio que no es
desorbitado, y aún te lo puedes permitir. Tiene multitud de funciones, aunque
no he probado las teclas de función rápida. Está iluminado y tiene diferentes
modelos de iluminación en las teclas, la cual cosa aún no he probado, ni tengo
mucha intención de hacerlo, porque el hecho de que las teclas tengan luz,
sinceramente a mí me trae un poco sin cuidado y no lo compré por esa razón. Además,
puede parecer una nave espacial. Sin embargo, lo que me gustó es que se notan
mucho las teclas, y los dedos más que escribir parecen que estén bailando con
las teclas al compás del sonido del tecleo, ya casi imperceptible para mí. Las teclas
no es que estén diseñadas, para los dedos, sino que están muy salidas, más de
lo habitual y eso favorece que los dedos a ciegas encuentren todas las teclas
sin equivocaciones, con más agilidad y facilidad.
El cambio
Eso sí, no todo iba a ser un
camino de rosas, por el camino me he encontrado alguna que otra espina. Y es
que mis brazos, mis muñecas, se resienten. Había leído que podía ocurrir, no sé
si es por mi postura, porque es otra plataforma en la que mis dedos se apoyan y
presionan, porque tengo que hacer más fuerza, porque voy más rápido o no sé el
porqué, pero desde hace unos días tengo dolores en los brazos a la hora de
teclear. Sin embargo, estoy convencida que esto debe ser un tema de ejercicio,
de habituarse a un cambio y de darle más a las teclas. Debe ser como cuando vas
los primeros días al gimnasio, al principio las agujetas pueden contigo, pero
poco a poco, y la mejor manera de combatirlas es haciendo más deporte, pues en
este caso será lo mismo, tendré que escribir con más frecuencia para que
mis dedos se habitúen al cambio y no lo vean como algo raro. Además de que
cuando lo utilice con más frecuencia, menos diferente me parecerá. Al principio
no podré estar más de una hora, después una hora se me habrá pasado como en un
abrir y cerrar de ojos, o al menos eso espero.
Lo malo, entre comillas, y lo sé,
y lo reconozco, es mi postura. Aunque realmente esto me pasaría con cualquier
teclado. Intento utilizar mi resto
visual, intento ver lo que escribo, a pesar de que me cueste lo mío. Así que
hemos incorporado al teclado, una pantalla más grande. Así que tengo el
portátil encendido, pero con un teclado mecánico y una pantalla, así que el
portátil solamente es como si fuera la torre del PC, está a un lado y ni lo
miro, y me centro en mi nuevo teclado, y, sobre todo, y ahí está el problema en
la pantalla. Por muy grande que sea necesito tenerla cerca, pero si la tengo
tan cerca como la necesitaría, casi que no me cabe el teclado, ya que la
pantalla tiene un pie bastante ancho que impide que me la acerque más, y además
necesito espacio para que el teclado esté bien apoyado en la mesa, sin que se
suba al pie de la pantalla, si lo hago pierde estabilidad y no puedo escribir
de forma cómoda. Finalmente consigo
acercarme lo suficiente la pantalla, pero: ni la espalda, ni los brazos están en la
posición que deberían estar. Sé que debería tener los brazos estirados,
relajados, y dejándome llevar y no centrándome tanto en lo que sale en la
pantalla. Realmente, aunque tengo un contraste (la pantalla negra y las letras
en blanco) intento escribir tan rápido que finalmente, por muy cerca que tenga
la pantalla, no llego a distinguir que aparece en la pantalla. Al final son solamente manchas blancas que se mueven en un
fondo negro. Suerte que tengo de apoyo el sintetizador de voz del software que
utilizo en el ordenador, ya que el magnificador que tengo, el Zoomtext
también cuenta con una voz como el Jaws.
El teclado abre otro tema
Y ahora abro otro tema, que para
los que vean y para los que no vean, no entenderán a los que estamos en el
limbo entre el ver y no ver. Pero eso ya sería otro capítulo, no obstante,
entiendo que no sea fácil entenderlo. Muchos pensaréis que si no veo lo que hay
en la pantalla, para qué me la acerco tanto, más aún cuando hay un sintetizador
de voz que me va cantando lo que sale en la pantalla. Otros pensaréis que no
acepto mi baja visión y además estropeo mi salud por el tema postural y visual,
ya que mis ojos se pueden cansar, y así
es. Sin embargo, no quiero renunciar a mi resto visual, me gusta ver esas
manchas blancas que se mueven al compás del son del teclear. Me gusta poder
utilizar mi resto visual. Además me gustan poco los cambios radicales.
Algo positivo para el futuro
Además al utilizar la voz como apoyo, e
intentar ir incorporando el pleno sintetizador de voz, quizás, algún día, y
quién sabe, quizás gracias al nuevo teclado, me atreverá a utilizar todo tipo
de comandos de teclado, sin miedo a equivocarme, haciéndolo a ciegas y con una
mejor postura y estando mucho más relajada. Puede que mi miedo a la hora de no
abandonar el magnificador, sea no saber si estoy escribiendo o no, a pesar de
que la voz vaya hablando, a veces la inseguridad gana, además de la fuerza de
no querer renunciar al resto visual, aunque mis ojos acaben llorosos.
Se aceptan todo tipo de consejos, para todos
aquellos que hayáis tenido que pasar por una transición similar, y no me
refiero a cambio de teclado, ya sabéis a qué me refiero.
Y, aunque me haya ido de
tema, pero las cosas van surgiendo a medida que van saliendo, en el fondo tiene
que ver. Os dejo estas líneas, sin obviar
que tengo entradas pendientes. Sin embargo, hoy quería presentaros mi nuevo
instrumento de escritura. Espero que os haya gustado, a pesar de que he
explicado otras cosas que poco tienen que ver, aunque al fin y al cabo forman
parte de mí, y sí que en cierta manera guardan relación con el teclado
mecánico: gracias a su percepción táctil, y porque estoy convencida que gracias
a él, conseguiré dar el paso que me hace falta, para prescindir por completo
del ratón.
Fáciles de
transportar, ligeros, cómodos, prácticos y que te pueden ayudar en el día a
día. Si tienes una idea, una reunión o simplemente quieres escribir un mensaje
rápido, tan solo tienes que sacar el teclado y ponerte a escribir en tu móvil,
tablet o cualquier dispositivo que acepte bluetooth. Sin embargo, yo lo utilizo
con el dispositivo que más uso a diario, el iphone, y me resulta muy cómodo a
la hora de escribir notas y poder teclear sin necesidad siquiera de sacar el
móvil.
Hoy me apetecía hablaros de mi nuevo teclado inalámbrico con
bluetooth: Moko. Me lo regalaron para mi cumpleaños, y, a pesar de que buscaba
un cambio para mi teclado, ya que quería uno más fácil de transportar, al
principio me costó acostumbrarme, ya que me cuestan los cambios.
TECLADO ZOOM 9010
En 2012 os presenté mi
primer teclado inalámbrico que tuve y que me iba genial, tanto para móvil
como para ipad. Ese teclado era bastante grande, aunque no muy pesado, y fácil
de transportar, ya que cabía perfectamente en el bolso. Cogí tal habilidad a la
hora de escribir con él, que hasta era capaz de sacarlo en el metro y ponerme a
escribir de pie, eso sí, haciendo algo de malabares. Ese teclado era negro, un
poquito grande y de plástico. Lo bueno era que la batería duraba mucho y sin
pilas. Los teclados con pilas no me gustan nada, por eso y por el precio no me
decanté nunca por el de Apple.
Con el paso del tiempo y el uso, las teclas se fueron desgastando,
es decir, ya no se veían ni las letras
de las teclas. No me importaba, ya que tampoco las veía yo, me guiaba con las
marcas que tienen todos los teclados en la f y en la j.
TECLADO ULTRA
DELGADO RAPOO
Sin embargo, después de tantos viajes y ajetreos durante el
2014 encontré un recambio para el viejo
teclado, que tantas páginas y tantos mensajes había escrito. Encontré por
casualidad, sin buscarlo, un teclado blanco que se llama Rapoo. Es un mini
teclado inalámbrico, mucho más fino que el que tenía, aunque de tamaño similar.
Le compré un estuche, no tanto para protegerlo, como para llevarlo en un lugar
seguro dentro del bolso y que no se ensuciase tanto. Ese teclado se enlaza con
el móvil también por bluettoth y a la hora de vincularlo tenía que introducir rápidamente
unos códigos que me daba el móvil, para que se conectasen los dispositivos.
Este teclado ultra delgado de 5,6 mm de grosor tiene la
parte trasera de acero inoxidable, la cual cosa hacía que el diseño fuera más
bonito y sobre todo daba la sensación de que estaba más protegido. A parte de
ser un teclado QWERTY como el anterior tenía más teclas de función rápida,
como: subir y bajar el volumen, darle al play, bloquear la pantalla, y una
tecla para que aparezca el teclado virtual del móvil, lo cual va muy bien, para
cambiar de teclados, por ejemplo, si quieres poner emoticonos.
Estaba muy contenta con ese teclado, de hecho aún lo
utilizo. Sin embargo, para poner acentos tenía que ir contando teclas, ya que
no está configurado para que aparezcan en el mismo sitio que en un teclado de
pc. Pero, no era ningún inconveniente,
ya que ya sabía dónde estaban los acentos y todas las teclas.
¿Por qué quería
otro si estaba tan contenta?
No es un cambio que buscase, porque estaba acostumbrada a
manejarme con ese teclado. Aunque es cierto, que, a veces, sobre todo de
llevármelo de viaje, algunas teclas, a pesar de darle una vez salían dos veces,
y otras en cambio, era como si le diera.
Es decir, a la hora de teclear no
funciona muy bien, pero nada que con un repaso no se pueda arreglar.
Ese teclado, Rapoo, siempre lo he llevado con una funda, un
estuche, para que no se estropease tanto. Funciona sin pilas, solamente cargándolo
con un USB, más que suficiente para que dure más de un mes en uso. Con un botón
para conectar o desconectarlo, es decir que aunque lo llevase en el bolso sin
ninguna protección, no hay manera de que las teclas de vayan marcando, ya que
si está desconectado, bloqueado, no hay ningún problema. Cabe decir que eso
también lo tenía el Zoom 9010, mi primer teclado.
TECLADO MOKO
El que tengo ahora tiene un diseño mucho más original, con
mucha más protección y más pequeño. El Rapoo medía 20,5 cm y este nuevo mide 5,8 cm plegado y abierto 9,8
cm.
Os cuento:
Es un teclado tríptico, por eso es tan pequeño, tan
manejable y tan fácil de llevar. Si quieres utilizarlo, tan solo tienes que
desplegarlo y ya podrás usarlo. Es totalmente de aluminio, por tanto no pesa
casi nada y hace que al ir plegado, gracias a un imán, vaya totalmente
protegido.
A diferencia de los otros, a la hora de vincularlo con el
móvil, no hace falta introducir ningún código, tan solo hace falta darle a la
tecla de Función y a la C de casa y ya se conecta. No hay posibilidad de que te olvides
el botón de conectar y que vayas marcando teclas a diestro y siniestro, porque
siempre va plegado. No gasta batería, porque tiene un modo de auto sueño,
aunque te lo dejes abierto, no gastará batería si nota que las teclas no están
siendo utilizadas. A pesar de que es un QWERTY y que la ñ no aparece dibujada, sí que está en el mismo sitio que en un
teclado de PC, igual sucede con los acentos que están en el mismo lugar que en
un teclado convencional, sin tener que cambiar configuraciones.
Cabe decir que es más pequeño, porque la parte de arriba
solamente consiste en números, que al marcar la tecla de Función tiene acceso rápido, en cambio los otros arriba de las teclas de números tenían teclas de función rápidas.
Aún estoy descubriendo algunos comandos de teclas rápidas,
ya que al estar acostumbrada al otro teclado aún me cuesta localizar algunas
funciones. Por ejemplo, al lado del control está la tecla de Función, y según
las instrucciones si le doy a Función + Control aparecería el teclado virtual,
para poder ir alternando de teclados, y poder acceder al teclad de emoticonos,
pero no hay manera de que me haga caso. Podría ser problema de incompatibilidad
con mi Iphone, pero si fuera eso, tampoco me funcionarían las demás teclas de
función rápida y sí que reaccionan con los comandos.
Ya llevo un mes con este nuevo teclado y estoy muy contenta.
Es ligero, práctico y muy cómodo de transportar, sin necesidad de llevar funda.
Además de gozar con un diseño muy original que facilita el transporte, el uso y
la seguridad.
Si tenéis pensado cambiar de teclado, si queréis uno, la
verdad es que hay muchos en el mercado. De hecho, creo que hasta algunos que
van en la funda del móvil, pero yo de esos no soy muy partidaria, porque no
escribo con tanta comodidad, será porque
tengo los dedos gordos, será porque no estoy acostumbrada, será porque prefiero
llevarlo aparte, o será porque prefiero un dispositivo bluetooth que no
solamente me sirva para el móvil (aunque lo cierto es que es con lo que más lo
utilizo). Sea como sea estoy muy contenta con este regalo, porque es práctico,
cómodo y original. Espero que os guste. Ya me diréis qué tipo de teclados
utilizáis vosotros, si es que utilizáis. Creo que es una forma muy cómoda de
escribir, mucho más rápida. Me encantan este tipo de chismes que, para algunos
pueden resultar una tontería, pero que tanto nos ayudan a otros.
Limpió el cuchillo que aún derramaba sangre. Lo puso bajo el
grifo de agua fría, y como si el agua se fuera a llevar todo lo que había
hecho, dejó que la sangre se fuera por el desagüe poco a poco, sin que el
tiempo pasase, solamente el agua. Después lo dejó en la pica, se secó las manos
con el delantal de toalla que siempre le acompañaba, y sin un abismo de
remordimiento miró el reloj y se sentó en la silla de la cocina. Se sentó
enfrente del reloj como si esperase, o más bien como si el tiempo fuera lo
único que le fuera a salvar, como si no se diera cuenta de la hora que era,
aunque la tuviera delante. Como si tal cosa, se levantó, miró la olla exprés y
vió que seguía su proceso, aún faltaba mucho para que estuviera a punto, aún
tenía tiempo para descansar. Prefirió quedarse en la cocina, en la misma silla
de la que se acababa de levantar, pero a Pepi le entró algo de hambre y cogió
unos pistachos, quizás por hambre, por gula, por pasar el tiempo, pero no
quitaba ojo al reloj. A pesar de que el tiempo había de preocuparle hacía
tiempo, ahora era su gran aliado. Se dormía con el tic-tac, sin prisas, sin
preocupaciones, pero ahora, sí que tenía una gran preocupación y por eso estaba
tan atenta al reloj de cocina, todo tenía que estar a punto, y para eso era
necesario calcular algo de tiempo, aunque si no, siempre quedaba la opción de
estar con los oídos alerta.
A la una y media llamaron al timbre de casa y se sobresaltó, levantándose de golpe de la silla, no esperaba a nadie y estaba tan absorta en ese
tic-tac del tiempo, que ese timbrazo le devolvió a la realidad. Con toda la tranquilidad del mundo, pero sin fijarse por dónde pisaba, se dirigió a la puerta, sin recordar que el bebedero de agua, el barreño que utilizaba para que siempre tuviera agua para beber seguía ahí, con tan mala suerte que derramó todo el agua, dejando la casa peor de la pocilga que llevaba años siendo. Hubiera mirado por la
mirilla, pero sus cataratas ya no permitían que lo hiciera, así que preguntó
que quién era, como no recibió respuesta y escuchó que llamaban a otras
puertas, maldijo por dentro a esos encuestadores o quien fuese, porque gracias a ellos ahora tenía que ir a buscar la fregona y solucionar todo el jaleo que había enredado, todo por levantase para nada. Después de secar el suelo y poner unos diarios, volvió a su silla como si nada de lo sucedido hubiera ocurrido. Antes de sentarse pensó que sería buena idea ventilar la casa,
a pesar de estar en invierno, no era buen síntoma que el olor de la sangre y
del cuerpo empezase a envolver toda la casa, así que pasó por el comedor y fue
a abrir el balcón, colocó el sillón en la puerta, para que no se cerrase de
golpe y miró todos los balcones del barrio. Un barrio obrero que tras cada
balcón habría una familia que escondía miles de secretos, como ahora lo hacía
ella. El frío le devolvió a la realidad y volvió a su cocina, a seguir comiendo
pistachos. Cuando cogió uno, se fijó que en sus dedos aún tenía entre las uñas
sangre y recordó lo que acababa de hacer. No se arrepentía, porque creía que se
lo tenía más que merecido, pero sí que se sentía sucia. Pensó en prepararse un
baño, pero ya no tenía edad para esos caprichos, ya que sabía que si lo hacía
después, sin ayuda, no podría salir. Así que optó por darse una ducha, cuando
iba por el pasillo un grito agudo le hizo retroceder y volver a la cocina. La
olla exprés ya estaba dando síntomas de estar lista. Así que estaba preparada
para hacer lo que nunca hubiera pensado que haría, pero lo tenía que hacer hoy
o nunca. Aflojó el fuego. Salió al balcón y rebuscó entre las cosas de Antonio
hasta que encontró lo que buscaba: el hacha. No sabía ni para qué tenían eso
ahí, pero ahora le daría el uso que le debió dar hace tiempo. El comedor
quedaría hecho una pocilga, y nunca mejor dicho, pero sería el mejor cocido que
jamás hubiera probado. Le sabía mal que su Antonio nunca lo probaría.
Al cabo de unas horas, exhausta, pero recién duchada y lista
para el gran manjar, le dio un beso a la urna que estaba encima de la
televisión y se sentó en el sofá a degustar el caldo.
-Por ti, Antonio. Sé que jamás hubieras martado a
Porky, pero no podía más con ese cerdo. Va por ti y no me lo tengas en
cuenta, pero con este cocido, más lo que he congelado, tendré para aguantar
todo el invierno. Además, te lo tenía dicho, ¿dónde se ha visto a un cerdo en
una casa? El trabajo que me ha dado el marrano ese, ahora me toca disfrutarlo.
El mes de agosto ya está aquí, vacaciones para algunos,
trabajos temporales para otros, y algunos ya de vuelta, otros esperando
ansiosos las suyas, pero todos estamos en el mismo mes (disfrutándolo,
sufriéndolo, aguantándolo, pero ahí estamos). De lo que no cabe duda es que es
un mes caluroso, es por ello que estamos en verano, a pesar de que hoy día no
se noten los cambios estacionales, ya que con el calentamiento global, parece
que estemos en un continuo verano.
Para amenizar un poco los ratos libres, para entretenerme y
porque siempre me gusta compartir trocitos de creatividad con vosotros, y, por
supuesto, que compartáis los vuestros, os dejo algunos microcuentos, que sean
veraniegos o no, están tejidos con los mejores materiales: cariño,
improvisación, palabras y creatividad. Espero que os gusten. Si tenéis la
oportunidad de leerlo y os gusta alguno, decidme cuál es el que más os ha
gustado y por qué, además de tener la oportunidad de demostrar vuestra
creatividad… Os espero.
15 MICROCUENTOS
VERANIEGOS
1-Rozaba las estrellas, pero no las alcanzaba,
hasta que se dio cuenta que eran simples agujeros y jamás podría tocarlas.
2-Despertares dulces, cuando al abrir los ojos veo
que estás a mi lado y el sueño continua.
3-Pasos
silenciosos que llegan a ti, no se oyen, pero retumban en el corazón, ¿o acaso son
mis latidos?4-En cada amanecer encontró la oportunidad de
decir lo que no dijo, no lo decía pero lo sentía, eran palabras mudas.
5-Con el paso del tiempo, las huellas de aquel
camino que recorrió, se borraron, pero podría recordarlo, sabía dónde había
llegado.
6-La oscuridad no le daba miedo, era su fondo de
pantalla y estaba más que acostumbrado a ver los iconos tras ese fondo.
7-Aquella promesa, a pesar de ser muy seria,
siempre se la tomaban a broma, hasta que un día la pudo cumplir, y borró risas.
8-En el desierto, si tenía sed, sabías ser el agua
que anhelaba Gracias por estar en el desierto y en el paraíso. Siempre a
tu lado.
9-Quiso contar todas las estrellas que brillaban
en el cielo, pero su propia luz impedía que las viera.
10-El
Sol calentaba sus ideas, hasta que se puso protector solar y empezaron a surgir
nuevas y refrescantes ideas.
11-Los
sueños son como los granitos de arena, a veces aunque los agarres con fuerza,
se escurren entre los dedos. No intentes aferrarte a ellos, vívelos.
12-A
pesar de estar a miles de kilómetros, las estrellas observaban las noches de
verano. Sin saber que desde la tierra también eran observadas.
13-Aquellas
palabras fueron un bálsamo para aquella alma silenciosa y solitaria que
necesitaba caricias.
14-Los
pasos pesaban más sobre el asfalto de agosto, pero sabía que al cruzar abría
una puerta al mar.
15-Érase
una vez, una historia sin final, el inicio aún estaba por empezar.
“Besos, ternura, qué
derroche de amor, ¡cuánta locura!” y, venga, otra canción con la palabra
besos. No quiero ni escuchar hablar de esa absurda palabra, y desde hace un mes la
escucho por todas partes, como si me estuviera volviendo loca. Vaya donde vaya,
sean canciones antiguas o no, en todas partes suena esa maldita palabra, la
palabra que sella el amor entre los labios, pero que cuando no es correspondido
hace mucho daño.
Mi primer beso recuerdo, ya hace bastante de eso, fue con
Juan Carlos, el vecino del cuarto, y me dio mucho asco. Tanta saliva, tanto
jugueteo con las lenguas. Fue una sensación muy desagradable, casi llego a ahogarme con su lengua, incluso le tuve que decir que parase. Desde entonces fue muy incómodo encontrarnos en el rellano, no nos mirábamos a la cara.
El segundo beso no estuvo nada mal, no fue con él, porque
después del primer beso, nuestra relación fue mucho más fría, quizás por mi
reacción o ves tú a saber. La cuestión: es que el segundo beso fue con un chico
del instituto. Aquel beso, no estuvo mal, pero nada del otro mundo,
quizás porque el chaval en cuestión solamente me hacía algo de tilín, pero no
había sentimientos de verdad. Simplemente era un chico que me atraía, además de ser uno o dos años mayor que yo, la cual cosa le daba más morbo sumado a su experiencia, fue un grado que hizo que fuera mucho mejor que la primera vez.
El tercer beso, eso ya fue otra cosa, con ese aprendí a
saborear los besos, a no desengancharme y a disfrutarlos. Quizás, porque fue un
novio que tuve en la universidad, tenía más edad, y más experiencia en todos los aspectos, y…porque estaba enamorada realmente de él. No era un simple pasatiempo, sino que cada vez que lo veía mi corazón aceleraba, si lo escuchaba me acaloraba, así que cuando los besos hacían acto de presencia eso era ya todo un espectáculo.
Pero, ahora los besos me matan. Esos que tanto me daba, esos fuegos artificiales que vivía mi alma al sentir sus labios, ya no los recibo yo. Quiero ser la destinataria de esos besos,
sin embargo no recibo respuesta alguna. Lo peor es que veo en mi propia cara
como es otra quien ahora es la afortunada de sentir sus labios, mientras yo me desangro por dentro. No puedo remediarlo, me siento engañada, dolida, y enfadada conmigo misma. Porque, a pesar de todo, aún quisiera sentir sus labios, a pesar de lo que sé, y, a pesar de lo que veo.Ya que quizás, como para creérmelo, me quedo mirándoles desde la
lejanía, siendo testigo de ese amor, en el que yo antes era protagonista. Y, mientras vivo engañada, no por su traición, sino por mí, mientras les miro, pienso que ella soy yo, y es que algún día lo fui.
Y ahora que él no quiere saber nada, y ahora que él besa a
otra, parece que las canciones sobre los malditos besos se hayan puesto de moda. Y, si no es que mis oídos solamente se fijan en esa palabra. Esos besos que tantas alegrías me habían dado, y que triste me hacen sentir ahora. ¡maldita
casualidad! ¿no podrían haberse puesto de moda cuando yo estaba con Manuel tan
a gusto? ¡No! Se tienen que poner justamente ahora. Entro en un bar y suena una, y después otra tras otra. No me queda otra que hacer como que no la escucho y meterme de
lleno en la conversación con los míos.Sin embargo, me tengo que hacer la
fuerte, ponerme la máscara y concentrarme, para anular todo sonido ambiente que tenga connotación con aquellos besos. Aunque me da la sensación que si no sellan mis labios con la palabra prohibida, me voy a volver aún más loca de lo que estoy. Y, es que yo, eso es lo que quiero, besos.