jueves, 9 de agosto de 2018

Nuestros alojamientos en Japón


De hotel a hotel y alojándonos en un Ryokan: Nuestras estancia por Japón

Nosotros viajamos a Japón con todo el alojamiento reservado desde España, casi todo desde Booking. Empezamos a planificar el viaje, de eso se encargó Carlos que es fan de Excel y fue poniendo cuántos días íbamos a estar en cada ciudad, además de qué deberíamos ver, imperdibles de cada lugar. Sabiendo los días y la ruta qué haríamos empezar a buscar alojamiento, siempre cerca de la estación de tren. 

Empezamos por Tokio un hotel que desde el mapa parecía que estaba cerca de la estación y sí que lo estaba, porque sin maletas, como fue el caso, recién llegados y sin Internet, pudimos encontrarlo. El hotel era Horidome Villa la verdad es que no era nada del otro mundo, pero la ubicación nos gustó. Aunque, como ya contamos en el post de Tokio, la habitación era la más pequeña que habíamos visto nunca, y cuando nos trajeron la maleta ya ni la podíamos abrir, teníamos que pasar de lado para acceder a la cama, que era casi lo único que había y de armarios ya ni hablamos, porque eran inexistentes, no había. El lavabo, era como si fuera un armario, solamente cabía una persona y haciendo malabares, pero que la bañera no falte, aunque tengas que entrar haciendo equilibrios. Bueno, nos dimos cuenta que la leyenda esa de que en Japón los alojamientos son mini, no era tal leyendo, sino que era cierta e intentan aprovechar al máximo el espacio.

En Kioto estuvimos alojados en River East Nanajo que más que un hotel era un albergue, pero más bien parecía un apartamento, porque tenía: cocina, nevera, balcón, baño con televisión y una habitación con mesa y armario que era el doble que la de Tokio. La verdad es que nos encantó, por la tranquilidad, las comodidades que tenía y no estaba mal ubicado, estábamos cerca del famoso parque de los toriiis. Teníamos todo relativamente cerca. Además, de tener la oportunidad de descansar e incluso de cenar algo en la misma habitación, ya que había microondas y cocina.

En Osaka elegimos el hotel Shin Osaka, que tampoco estaba muy lejos de la estación de tren, aunque había una estación de metro más cerca, sí esa con el nombre más largo que jamás haya oído. Ese hotel no es que estuviera muy cercano a todo lo que queríamos visitar, pero si hay una parada de algún transporte, ya nos servía. Tampoco puedo valorar, como en  Kioto o Tokio, qué tal era, porque apenas estuvimos dos noches, pero ya sirvió para darnos cuenta que nada que ver con ninguno de los dos sitios anteriores. Más grande la habitación que la de Tokio era, pero nada que ver con Kioto. Las camas eran inmensas, como dos de matrimonio juntas, con el detalle del kimono y las zapatillas para descansar. Un lavabo pequeño, pero en el que no hacía falta hacer ningún espectáculo para entrar. Vistas a la calle, sin más, nada espectaculares, pero nada claustrofóbico. Armario tenía y estaba en la entrada, pero apenas deshicimos las maletas, no merecía la pena. En este hotel fue en el que notábamos olor a tabaco, y no éramos nosotros, sino que supimos que en algunas habitaciones se podía  fumar, y en los pasillos olía rancio, a tabaco, suerte que en la habitación no. 

En Hiroshima estuvimos alojados en un Ryokan, exactamente en Ikawa Ryokan que no estaba nada lejos del Parque Memorial de la Paz. Era una zona tranquila, en el que podíamos descansar, a pesar de que tuviéramos que dormir en el suelo, pero queríamos vivir la experiencia de dormir en uno de esos alojamiento s japoneses tradicionales de los que tantos nos habían habladdo. Fue bonita la experiencia, porque lo de estar pisando un tatami y dormir encima de un futón no es algo que suelas hacer. La habitación no era nada del otro mundo, pero el armario era bastante grande, hasta cabías dentro. El lavabo estaba separado del resto de la estancia, todo separado por esas puertas correderas que tanto me gustan y que sirven para aprovechar al mácimo el espacio. La habitación me pareció grande, pero todo después de lo de Tokio me parecía fantástico, y teniendo en cuenta que no había cama, solamnte una epecie de colchón individualk en el suelo, un futón, hacía que por las mañanas cuando nos despertábamos desde el suelo, todo pareciera más grande, sobre todo al llegar y encontrarnos el futón recogido, era una manera más de amortizar el espacio. Pero, todo lo teníamos tirado por el suelo, porque al no haber camas, los enchufes, los móviles, las mochilas, las maletas, todo al alcance de la mano. No cogimos el desayuno, ya que no entraba y era algo carillo, pero no hubiera estado mal probar uno de esos desayunos tradicionales japoneses. Sin embargo, optamos por encontrar un lugar cercano para hacer nuestra primera toma del día. Lo bueno, era la localización, cerca a lo más histórico, la tranquilidad y el transporte, tranvía, cerca para desplazarnos. Además de  poder vivir la experiencia de dormir al estilo tradicional.

En Fukuoka  ya fue otro cantar. Estuvimos en un hotel- apartamento, y aunque fuera solo para una, no valió la pena, ya que para mí fue un engaño, porque ponía que estaba cerca de la estación principal de tren, y lo único que estaba cerca de esa estación era la agencia, en la que te decían adónde tenías que dirigirte. Te daban un clave, y búscate la vida, estaba en la otra punta, suerte que sí que había una parada de metro cercana y gratuita con JRP. Además, de que cada dos pro tres notabas cómo pasaba el shinkansen, de hecho lo podías ver desde el balcón, pasando a toda velocidad. Por muy grande que fuera, no hicimos casi uso de ese apartamento, porque solamente lo habíamos cogido para dormir, e irnos al día siguiente al aeropuerto.
  
Sé que aparte de hoteles, albergues y Ryokan hay muchos más tipos de estancias, como por ejemplo: los famosos hotelsees cápsula, pero no vivimos esa experiencia, porque en la mayotría son individuales, y tienes que compartir baño. Ni me gusta la idea de compartir lavabo, ni la de dormir yo sola, ahí atrapada, sin maleta y si n compañía. No optamos por esa opción por eso mismo. Seguramente hay muchas más opciones y me gustaría saber qué más alojamientos concoéis de Japon y si recomendáis alguno en particular. Nosotros, sin duda de los que estuvimso nos quedamos con el de Kioto, aunque todos tenían algo especial, pero ese se llevó la palma, además de por el trato de la recepcionista, muy maja y sabiendo inglés, algo a destacar en un país en el que casi nadie habla el idioma de Shakespeare.
  
Os recomendamos ir con el alojamiento reservado, de hecho es uno de los requisitos cuando llegas a Japón, tener al menos el primer destino en el que vas a estar, ya que te lo solicitan en la tarjeta que tienes que rellenar al llegar al aeropuerto y pasar por control de inmigración. No sé si conocéis alguno de estos alojamientos que he mencionado, pero espero vuestras recomendaciones.

Ahora os dejo con la recopilación en vídeo de nuestros alojamientos por las diferentes ciudades que visitamos en Japón. Sin cortes. Con fotos y audiodescripción. Dándole un poco de movimiento a las letras.



lunes, 6 de agosto de 2018

Japón y el transporte público


El transporte en Japón

Como es obvio, para ir hasta Japón fuimos en avión. No sé si escogimos la mejor compañía aérea, ni la mejor ruta, pero llegamos al destino que es lo
importante. Hay varias compañías, normalmente con escalas que operan hasta Japón. En nuestro caso fuimos con una compañía rusa llamada aeroflot. Fuimos de Barcelona a Moscú y de Moscú a Tokio. Sé que hay gente ha viajado de forma muy cómoda con Emirates u otras, haciendo escalas en Dubai.  
A pesar de que viajar con Aeroflot no fuera un lujo, nos llevaba hasta el destino que era lo primordial. A pesar de  que, como ya relaté en el post: Nuestro vuelo a Japón, casi perdemos el vuelo y llegamos sin las maletas. Sin embargo, llegamos, por los pelos, fuimos los últimos en hacer el embarque en Rusia, pero lo logramos.  
Panel del aeropuerto: Barcelona - Moscu


        Sea como sea lo importante es llegar. Una vez en Japón, si viajas con el     famoso Japan Rail Pass, verás la comodidad de ir y coger un tren. Aunque no es tan sencillo. Primero tendrás que ir a una de las oficinas de Japan Rail Pass, que podrás encontrar en cualquier estación de tren. Después de enseñar tu preciado Pase y tu pasaporte, será cuando vayas a hacer tu primer trayecto, y cuando quieras que se active. A partir de ese día, comienza la aventura y la cuenta atrás. Desde ese día que entras en las oficinas, o bien también lo puedes activas por máquinas, es cuando ya puedes utilizar el Japan Rail Pass.

PRECIOS DEL JAPAN RAIL PASS
CLASE TURISTA

Días
Adulto
Niño
7
229 €
115 €
14
364 €
182 €
21
466 €
233 €

Aunque estos precios puedan resultar elevados, os aconsejamos que si vuestra intención es visitar más de una ciudad, hagáis el esfuerzo. Recordamos que este pase solamente se puede adquirir fuera del país nipón, así que si tenéis pensado realizar un itinerario, valorar la posibilidad de comprarlo e ir con este pase. Allí no podréis comprarlo, y si vais comprando billetes de tren sin tenerlo, os aseguramos que os saldrá mucho más caro. Una vez lo lleves contigo, en Japón, una vez lo vayas a utilizar, primero tendrás que ir a una oficina, para que te lo activen. A partir de ese día, empezará la cuenta a atrás y las jornadas siguientes ya contarás como días, lo utilices o no. Además, este pase no es apto solamente para el tren, si no que tiene más ventajas: algunas líneas de metro, de ferry y de bus. 
Es un desembolso que no me canso de repetir, pero merece la pena muchísimo. A parte de recordar la importancia de comprarlo en el país de origen, también recordar que siempre lo tenéis que llevar con vosotros, no podéis perderlo bajo ningún concepto, es igual que el pasaporte. Además es nominativo, lleva vuestro nombre y hasta os pueden pedir el pasaporte, así que no podéis revenderlo, ni dejárselo a nadie.
Nuestros pases del Japan Rail Pass


Una vez activado, puedes ir a por tu primer tren, ya que desde el aeropuerto, ya tienes la oportunidad de estrenar el JRP y subirte en uno. Pero, no son trenes cualquiera, son trenes súper cómodos, rápidos, limpios y sin ruido. Creo que recordamos con cariño nuestros viajes en el tren bala, shinkansen, ya que era un momento para descansar, entre una etapa y otra. Los trenes, aunque sean muy largos, nosotros al no reservar, casi siempre no s colocábamos en el andén en la zona para asientos no reservados (coches del 1 al 5) y aprendimos la importancia de hacer cola diligentemente. Veíamos a gente, esperando a que llegase su tren, haciendo fila india en el lugar indicado, y nos poníamos detrás, como si fuéramos de allí mismo de toda la vida, a pesar de no tener ni idea. Mientras hacíamos cola, y a pesar de las pantallas, preferíamos preguntar a los compañeros de fila, y es cuando unos te ignoraban por miedo a no saber explicarse, o simplemente no nos entendían, otros nos señalaban la pantalla y otros que ya dominaban más el inglés nos decían que sí que ese tren iba al destino que queríamos ir , y ellos nos contaban adónde iban. Era un show subir al tren, porque al ir cargados como mulas, Carlos tenía que hacerse cargo de ayudarme a subir y también subir las dos maletas, me tengo que poner en forma o no cargar tanto la maleta.   

Pili en el andén con vías y Shinkasen

En casi todos los sitios que hemos estado había metro, un transporte que suele estar en las grandes ciudades. Y, que, a pesar de estar en una metrópoli como es Tokio, ayudaba mucho a moverse por ahí, siguiendo las líneas. Sin embargo, caminar y encontrar tu línea dentro de según qué estaciones era todo un espectáculo, parecíamos perdidos en unos grandes almacenes, y nunca mejor dicho, ya que aquello no son simplemente estaciones. En las estaciones de metro hay una segunda vida: repleta de gente de aquí para allí, tiendas de todo tipo, restaurantes  y un poquito de todo. Hay estaciones que no solamente cuentan con el servicio de metro, sino que también se puede coger el tren, y eso lía más que otra cosa. Tanta cosa concentrada, puede resultar bastante complicado. Sin embargo, si no es por un sitio, es por el otro, se trata de concentrarse, mirar bien por todas partes, seguir las indicaciones, llegar hasta allí, ver que no es por ahí, dar media vuelta y buscar de nuevo las líneas, y si no preguntar a alguien, cruzar los dedos para que os entienda y seguir sus indicaciones. Aunque sean trabajadores de la estación, el problema es que no saben inglés y cuesta un poquito el tema de la comunicación, pero intentan ayudarte en todo lo posible. 

Aparte de la estación, que como he dicho es un submundo, el metro más bien puede parecer un área de descanso. En más de una ocasión, nos encontramos dentro de uno de esos metros, modernos, limpios y silenciosos, en los que la mayoría de la gente con uniformes (ya fueran colegiales o business man) iban dando cabezadas. Además, de las cabezadas que para ellos no era sorprendente, pero para nosotros sí,  todo el mundo iba con un móvil pegado a su mano. Hoy día ya vemos a todo el mundo con un Smartphone como parte de su cuerpo, todo el mundo o casi todo el mundo va con uno, pero allí era mucho más exagerado. El metro nos resultó muy cómodo y también podíamos hacer uso de él sin necesidad de pagar, gracias al JRP, aunque no en todas las líneas. Además era gracioso, porque se pagaba una cantidad mínima y después al salir y pasar de nuevo la tarjeta, si te habías excedido en el recorrido, tenías que abonar, en la misma máquina de salir el dinero que faltaba. 
Máquina compra tickets metro menú en español


En otras ciudades como en Kioto el metro era otro cantar, y nos resultó más complicado utilizarlo, a pesar de que las estaciones no eran tan inmensas como en Tokio. Sin embargo, estaban indicadas de manera diferente. En Kioto nos dimos cuenta que la gente utilizaba más el autobús, y entendimos el porqué. A la hora de llegar a según qué sitios estaba mejor comunicado todo vía carretera que por tren, o al menso según nuestra experiencia. Creo que es donde más autobuses cogimos.

En Osaka nos pasó como en Tokio, estaba todo mucho mejor comunicado por metro y estaba todo muy bien señalizado. Así que hicimos combinaciones de metro y tren. 
Carlos en la estación de metro


En cambio, en Hiroshima el transporte que más predomina es el tranvía. Ya dije en el post de Hiroshima que estar allí es como estar en un museo ferroviario al aire libre. Todos los tranvías son diferentes, los hay más antiguos, más modernos, más pequeños, encuentras de todo, pero lo importante es saber qué línea coges y que te lleven al destino. En el autobús y en el travía se paga al finalizar tu trayecto, cuando vas a bajar tienes que pagarle al conductor. Deberá ser el mismo precio para todas las rutas, o no lo hicimos bien, nunca lo sabremos. Aunque allí no se estila como en España lo de colarse, porque la gente es muy formal y cumple las normas, pero aquí no sé yo si ese método funcionaría. 

Carlos en Hiroshima con un tranvía detrás


El ferri lo cogimos cuando fuimos de Hiroshima a Miyajima y realmente merece mucho la pena, sobre todo si llevas el JRP, ya que ese trayecto es gratuito. No es un súper barco, es un ferri pequeño, pero que te permite estar dentro o fuera, con sus lavabos, con un bar, y tampoco te dará tiempo a descubrir qué más tiene, ya que el recorrido es muy corto. Nosotros para ir fuimos fuera, para contemplar las vistas, que nos diera la brisa marina y por la emoción. A  la vuelta, fuimos dentro, sentaditos, descansando y resguardados del fesquete que ya empezaba a hacer.

Ferry para ir a la isla de Miyajima


Como veis  en Japón, como en casi todos los países puedes encontrar todo tipo de transporte público, pero se me olvidaba mencionar uno, al que recurrimos con frecuencia por ser algo rápido, cómodo y directo. Para no complicarnos, al ir cargados con maletas, y bajo la lluvia, en muchos destinos, sobre todo recién llegados, recurrimos al taxi. En el taxi, tal y como os dijimos en las recomendaciones, es mejor que llevéis la dirección escrita en kanji, por si las moscas. Mejor que el conductor sepa con certeza adónde queréis ir.  Una vez en marcha, sentados en la parte trasera, te sorprenderá que hay fundas para los asientos de esos como los que haría tu abuela, hechas con ganchillo, una decoración algo anticuada, pero que a ellos les gusta. Además no encontrarás ningún taxista en bermudas, todos van trajeados, como si fueran chóferes de una limusina, algunos incluso llevan guantes y gorra oficial. En muchos taxis se puede pagar con tarjeta de crédito, en otros no, pero realmente no son caros, dependiendo el trayecto, claro- por ejemplo, en Tokio al ser una gran ciudad y al haber más tráfico nos pareció mucho más caro que en otras. Sin embargo, valía la pena la experiencia, por el ahorro de tiempo y la comodidad. Además, al bajar te encontrabas con la sorpresa de, como si fiera el mismísimo coche KIT, se abría la puerta sola, sin que tú tuvieras que accionar ninguna palanca, parecía magia. Y, amablemente, todos los conductores que tuvimos en Japón nos ayudaron a descargar las maletas e incluso a indicarnos hacia donde teníamos que ir. Un encanto los japoneses. 
Lástima que entre la lluvia, lo cargados que íbamos y las prisas no hicieramos ningún vídeo, ni foto, pero queda en nuestro recuerdo. 

Así que, aunque parezcan los mismos transportes que en todas partes, tienen sus peculiaridades. Además, una vez más, y a riego de parecer pesada, recomiendo encarecidamente el Japan Rail Pass, porque te servirá para: metro, bus, ferri y, por supuesto, para la mayoría de rutas en tren. 

¡Buen viaje! ¡Pasajeros al tren!  


miércoles, 25 de julio de 2018

Corre, que el tiempo vuela!


El tiempo vuela sin paracaídas

Los meses vuelan sin darnos cuenta. Sí, lo sé, he dejado pasar muchos sin dejar huella en el blog, pero no he tenido oportunidad, o, mejor dicho: no he sabido aprovecharla. Sí, porque el tiempo es relativo, y, a veces, cuando lo tenemos no le sacamos el partido que deberíamos, y a veces la falta de él es un también un gran hándicap. En mi caso ha sido una mezcla de ambas condiciones. Sin embargo, me he planteado que hoy sí o sí tenía que escribir y aquí estoy, dejando rastro.  

Estoy en una etapa en la que quiero exprimir tanto el tiempo y quiero hacer multitud de cosas que tengo que hacer malabares, para poder llevarlas a cabo. Y reconozco que  yo soy algo calmada y no me gusta agobiarme, y no lo estoy, pero cuando veo como vuelan los meses… ¡buf!  Cuando pienso que el mes está despegando  ya está aterrizando. Cuando estás ocupada, dicen que el tiempo vuela, y es totalmente cierto. Siento no haberle dedicado unos minutitos a la maleta, y de verdad que de pensamiento le he dedicado bastantes, pero no he tenido tiempo para abrirla y plasmar todo lo que quiero. De hecho aún tengo pendiente algunos post como: los temáticos sobre Japón, que tarde o temprano los veréis por aquí. Incluso los días en Seúl, ya que aún estamos editando el vídeo en nuestros ratos. Pero, como digo, a veces es complicado sacar horas de donde no hay. 

Prometo que tarde o temprano habrá nuevos post, o esa es la intención, porque, como digo, el tiempo vuela demasiado rápido.  Nosotros este año, como ya es habitual en nosotros desde hace un tiempo, no volaremos en época estival, pero sí que lo haremos este año. Este 2018 será muy especial en muchos aspectos, y el viaje que tenemos pensado también lo será, ya que iremos a un continente que nunca hemos ido ninguno de los dos. Más adelante,  cuando cumpla mi promesa de publicar los post sobre Japón y Corea, os contaré mucho más. 

La vida está llena de etapas y antes de abrir una, hay que cerrar otra. Así que , en cuanto termine de relatar nuestra odisea por Asia, me pondré a contaros futuros proyectos. Y, aunque, todas las etapas son difíciles de cerrar, va bien que se cierren, para empezar nuevas. 

¡Feliz veranito a todos!
 Disfrutad de las vacaciones, quienes las tengáis, y quienes no, disfrutad del día a día con una gran sonrisa, os puedo asegurar que saben mucho mejor los días.  

Voy a intentar correr más rápido que lo que vuelan los meses… ¿lo lograré? Solamente el tiempo lo dirá. 






lunes, 7 de mayo de 2018

Instagram y Accesibilidad


La MALETA DE PILI en Instagram


El blog ya tiene cuenta en diferentes redes sociales como: Facebook, Twitter, Youtube y ahora, desde hace unos meses, también está en Instagram.
A pesar de que era reticente a unirme a esta plataforma, ya que hace años la tuve a nivel personal y me resultaba bastante complicado utilizarla. Además que, teniendo en cuenta que es para subir fotos, que no se pueden ampliar y teniendo una discapacidad visual, pues no la veía para nada útil, ni práctica. Así que, me borré aquella cuenta. 

Sin embargo, desde hace unos meses he puesto a @LamaletadePili en Instagram, pensando que puede ser una herramienta más para dar a conocer el blog, en el que puedo promocionar los post, además de incluir fotografías que me apetece compartir en redes sociales. Sigue siendo poco práctica para mí. Tengo compañeras de trabajo que sí que son usuarias de esta plataforma y me explicaron un poquito el mecanismo. Sin embargo, fue que a la hora de subir una fotografía de mi galería, me cuesta bastante elegirla, al no ser que la acabe de hacer. Además de otro problema de accesibilidad con el que me he encontrado, a la hora de escribir una descripción a la foto, mi lector de pantallas no me lee lo que voy escribiendo, así que es probable que pueda hacer alguna errata sin darme cuenta. No sé por qué el VoiceOver, el software que me permite manejar mi móvil, no me lee a la hora de escribir, cuando en otras aplicaciones sí que lo hace sin dificultad. Bueno, es cuestión de hacerlo a tientas, teniendo la seguridad que he tecleado correctamente, y, bueno, si está alguien cerca que me pueda echar un ojo, antes de darle a publicar, prefiero que me dé el visto y el Ok, para cerciorarme de haber escrito lo que quería.

Sin embargo, a pesar de estas dificultades con las que me puedo encontrar, quiero que el Blog tenga aún más visibilidad y Instagram, que es utilizado a diario por miles de usuarios en el mundo puede ser una gran ventana. Además, es una manera de ver imágenes de otros usuarios que comparten mismas aficiones. Sin embargo, a veces, entre que no se puede ampliar y la gente se olvida de hacer una pequeña descripción, me encuentro con esto:



Sí, para mí, que alguien no ponga qué hay en la imagen, que no escriba nada, que la deje caer como si cualquier cosa, pierde todo el interés. Sé que es una aplicación muy visual, pero eso no quita que las personas con discapacidad visual podamos utilizarla. Solamente se trata de concienciar un poquito, y que al igual que sucede con todo, que todos aprendan a ponerse en el lugar del otro. Me sucede igual en Whatsapp cuando comparten una imagen y se olvidan de poner la descripción, sé que es la falta de costumbre, pero para mí es todo un engorro no saber qué han enviado. Aunque cabe decir que en esa aplicación sí que se pueden ampliar las imágenes, pero a veces ni haciéndolas más grande descifro que han enviado. Entonces, es cuando pregunto qué es, para estar también enterada. No cuesta nada hacer una mini descripción, para que así todos tengamos acceso a la información visual.

Después de todo el rollo sobre la accesibilidad, que espero que haya servido para concienciar un poquito sobre el tema y nuestra visión del tema (y nunca mejor dicho). Os dejo mi Instagram para que podáis ver lo que voy publicando. A veces tienen relación con el blog, con las entradas que publico, y en otras ocasiones son del día a día, en ese caso mi inspiración es mi guía, mi perra guía Kenzie que sabe posar como nadie, y hace que las fotos ganen mucho más con su presencia. Sé que mis imágenes no serán de calidad, pero servirá para ir compartiendo con vosotros un poco de mí. Al igual que ocurre con el blog, que no está centrado en algo en concreto, la vida se completa de pequeños instantes que hacen muy grandes esos pequeños grandes detalles.

Sé que se pueden crear: Historias, vídeos y emisiones en directo, pero todo eso, de momento, lo dejo para los expertos. Ahora mismo con colgar alguna foto, escribir qué es y compartir ya es mucho para mí. Si alguien quiere compartir su experiencia con Instagram, soy toda oídos.
  
Nos seguimos! Y ahora en Instagram @LamaletadePili  

lunes, 30 de abril de 2018

10 consejos antes de viajar a Japón



POST TEMÁTICO: CONSEJOS 


Después de haber relatado en los anteriores post los lugares que visitamos en Japón. Ahora empezamos con los post temáticos. El primero de ello es esté, en el que os voy a contar qué hacer antes de ir a Japón.

10 CONSEJOS: ANTES DE VIAJAR A JAPÓN
              

                1- Si viajas desde España no es necesario visado. Simplemente tener el pasaporte vigente, mirad que no quede poco tiempo para su caducidad. 

        2- Mira vuelos en Skyscanner para ver qué vuelo sale mejor de precio. Valora las escalas, porque piensa en los días que vas a tener allí, que vas a llegar con un día menos (diferencia horaria) y con jetlag.
    
       3- Si vas a visitar más de una ciudad en Japón, valora comprar el JRP . Con estos billetes, podrás viajar de forma ilimitada en la mayoría de trenes de Japón, en algunos autobuses y ferris, además de ahorrarte bastante dinerillo. Estos pases los puedes comprar en función de los días que vayáis a estar (7, 14 o 21 días). Piensa si vas a ir a hacer ruta por Japón o solamente vas a estar en un par de ciudades, aunque igualmente creo que compensa. Por ejemplo: Viajar de Tokio a Kioto en tren sin Japan Rail Pass puede costar sobre 250 euros y con el pase, a pesar de que es un gran desembolso, no tendrás que pagar, ni sacar billetes. Recordad que este pase solamente se puede adquirir desde fuera de Japón, así que antes de viajar. El pase es intransferible, viene tu nombre, el pasaporte y la fecha en la que se ha puesto en marcha. Tendrás que tener mucho cuidado de no perderlo, de que no se moje o no le pase cualquier otra cosa, ya que no se podrá comprar otro, vamos, ni te darán otro, aunque te lo hayan robado, ya que en Japón no se puede conseguir.

                4- Ir con alojamiento, te ahorrarás algún dolor de cabeza, dinero y además te lo pedirán cuando llegues al aeropuerto. Está muy bien eso de ir a la aventura, pero cuando vas a ir a un país tan lejano, aunque sea  reserva para los primeros días, porque cuando pases por inmigración te lo solicitarán.
         
         5- Aconsejo encarecidamente llevar Internet en el móvil. Sé que hay varias maneras, comprando una SIM u otras maneras, pero nos sorprendió el Pocket Wifi  que es como un router pequeño, que te permite tener Internet en tus dispositivos allá donde vayas. Si volviéramos a alquilarlo, lo haríamos sin límites de datos, porque te da más libertad de uso. Sabemos que desplegar un mapa puede tener su encanto, su magia, sin embargo, ir con GoogleMaps nos facilitó mucho la vida. En muchos mapas las calles estaban escritas en Kanji, por tanto descifrar aquello puede resultar un jeroglífico.

        6- Llevar dinero en efectivo. A pesar de que todo el mundo piense que Japón es un país totalmente avanzado, y que tendrán TPV  en todas partes para pagar con tarjeta de crédito, no es así. En muchos sitios no tienen, o no está bien visto. Además si quieres comprar algo en un puesto callejero, no esperes que acepten tu tarjeta de crédito. Nosotros hicimos el cambio en el Aeropuerto de Narita. Nada más llegar fue lo primero que hicimos, hay gente que sabe más del tema y sabe cuándo va a salir mejor y dónde hacer el cambio, pero no fue el caso y no salió tan mal.  
        
        7- Tanto los vuelos, como los hoteles, como todo lo que reserves desde España, llévalo impreso también en japonés. Puede parecer raro que no sepan leer nuestros caracteres y entender el nombre de un hotel, pero si nos ponemos en el otro lado, yo no sabría interpretar algo que me enseñasen en kanji. Nos pasó en Kioto, diciéndole al taxista el nombre del Hotel, hablándole en inglés, pero no nos entendía. Finalmente le enseñamos la hoja de la reserva, pero tampoco había manera de que supiera dónde queríamos ir, hasta que le enseñamos la hoja impresa en japonés, y entonces fue cuando se le iluminó la cara y nos pudo llevar a nuestro destino.

       8- Llevar un adaptador para la corriente. Los enchufes no son como en España, la corriente que utilizan es de 100V y el enchufe es de dos palancas paralelas planas, así que llevar un ladrón, te puede ayudar mucho.

       9- Hablando de baterías, nos solucionó mucho el llevarnos una batería externa. No tan solo por cargar el móvil, que al utilizar el GPS gastaba más rápidamente la carga, si no que nos vino bien para la cámara de fotos, de vídeo, el Pocket Wifi, etc. 

       10- Incluir en la maleta un chubasquero. Nunca sabes si tendrás un chaparrón, una tormenta o un seguido de días de lluvia. En nuestro caso no íbamos en la temporada de más lluvia o Tsuyu, que comprende desde Mayo, Junio y Julio. Fuimos en octubre y no tuvimos gran suerte con el clima. Por propia experiencia, podemos decir que por mucho que compres un paraguas, un chubasquero, te vendrá muy bien si llueve para hacer turismo. Aunque no olvides llevarte de recuerdo uno de esos paraguas tan típicos de Japón, uno de esos transparentes, que te harán sentir como un nipón más. Verás  lo cómodo que es ir con uno de ellos, porque te permite ir por la calle viendo lo que hay frente a ti, sin chocarte con nadie, al ser transparentes es una  de las ventajas.  


      VÍDEO BLOG: 10 CONSEJOS ANTES DE VIAJAR A JAPÓN. NUESTRAS RECOMENDACIONES: 

   





viernes, 20 de abril de 2018

Sintiendo la primavera



CITAS CÉLEBRES SOBRE LA PRIMAVERA


“¡Abril divino, que vienes cargado de sol y esencias, llena con nidos de oro las floridas calaveras!”
Federico García Lorca "Libro de poemas" (1921)

“La primavera ha venido, nadie sabe cómo ha sido.”

“Mientras haya en el mundo primavera ¡habrá poesía!”

“Si llega el invierno, ¿Puede la primavera estar lejos?.”

“El invierno está en mi cabeza, pero la eterna primavera está en mi corazón.”

“Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”

“En una rosa caben todas las primaveras!

“Cuando llegaba la primavera, incluso si era una primavera falsa, la única cuestión era encontrar el lugar donde uno pudiera ser feliz. 
Ernest Hemingway en "París era una fiesta"

“Si no tuviéramos invierno, la primavera no sería tan agradable: si no le sintiéramos a veces gusto a la adversidad, la prosperidad no sería tan bienvenida.”





jueves, 12 de abril de 2018

Despidiéndonos de Japón: último destino


NUESTROS ÚLTIMOS DÍAS EN EL PAÍS DEL SOL NACIENTE


Cuando sabes que la despedida es cercana, cuando sabes que lo bueno está por decir adiós, es el momento de sacar fuerzas de donde no las hay, para exprimir al 100% todos los minutos. Con el tiempo quedará el recuerdo, no solamente de esos últimos días, sino del viaje en global. Una de las aventuras asiáticas, la de Japón empezaba a decirnos adiós, o más bien, nosotros empezábamos a darnos cuenta que ya solamente quedaban horas allí. Y, aunque, tenemos la idea de volver algún día, no sabemos cuándo volveremos, así que era el momento de, a pesar del cansancio acumulado, disfrutar al máximo de aquel país. 

ÚLTIMA NOCHE EN HIROSHIMA
Después de nuestra escapada a Miyajima, volvimos a pasar nuestra última noche en Hiroshima. Para volver rehicimos el camino, volviendo a coger el ferry (gratuito con el JRP) y cogiendo de nuevo el tranvía que nos dejaría cerca de nuestro alojamiento. Cuando volvimos estábamos cansados, pero aún no era tan tarde como para preparar el futón e irnos a descansar, además debíamos cenar algo, que después de un día de excursión nos merecíamos llenar el estómago. Con el wifi del Ryokan buscamos algún sitio cercano, que no estuviera mal, además nos apetecía uno de los manjares más típicos de la zona: Okonomiyaki.

LA ÚLTIMA CENA EN HIROSHIMA
Encontramos un lugar muy chiquitín, en el que solamente estábamos nosotros como comensales. De hecho te sentabas en taburetes, delante tenías una barra con la placa, en el que te servirían el okonomiyaki. Así también podías ver cómo lo preparan delante tuyo, asistiendo a un espectáculo gastronómico. Solamente había una mujer como dueña y cocinera, quien se asustó al vernos, porque no esperaría a nadie. Estaba tras la barra, con la televisión puesta y con una sonrisa muy amable, dispuesta a ofrecernos lo que fuera, aunque no tuviera ni idea de inglés, ni mucho menos de nuestro idioma. No había carta, para ver qué tenían, así que al decirle oknomiyaki, ella señaló a la pared, donde estaba anotado en kanji todo lo que tenían, así que si es como si nos hubiera dicho que eligiéramos un dibujo, porque no teníamos ni idea de lo que había escrito, ni qué significaba nada. Así que, optamos por echarlo a suertes, Carlos señaló dos diferentes, esperando que nos gustase lo que habíamos escogido, pero sin saber qué contenía. Ella asintió y se puso manos a la obra. Carlos también pidió una cerveza japonesa, pero no había manera de que la mujer le entendiera, por mucho que se lo repitiera en inglés, ella no sabía qué le decía, Carlos buscó por todas partes una botella, pero no la encontraba. Al final le pareció ver una y le dijo qué era lo que quería, y ella le trajo dos para elegir, y él eligió una grande. Yo con el vaso de agua fresquita que me había ofrecido nada más entrar, tenía más que suficiente, ya que para comer es lo mejor que hay, y más si no sabes ni lo que vas a comer.

Con parsimonia, pero con ritmo, la mujer empezó a sacar todos los ingredientes que necesitaba. Carlos me iba contando: huevos, verduras, jamón, etc.. Carlos era mi audio descriptor, y así al ver que no había ningún ingrediente peculiar, nos quedamos más tranquilos. Empezamos a ver cómo preparaba todo en la placa que, ya había puesto a calentar, y yo saqué el móvil para grabarle. Sí, mal hecho, sin pedirle permiso, pero tampoco me entendía, y la idea era grabar cómo lo cocinaba. A ella al verme con el móvil le hizo mucha gracia, no se lo tomó a mal, más bien al contrario: se divertía al ver a esa pareja extranjera, atentos a todos sus movimientos.  Nos pareció muy entrañable, porque siempre tenía una sonrisa para nosotros, y, a pesar de la barrera lingüística, hacía gestos para expresarse. Nos hubiera gustado mantener una conversación con ella, pero no había manera, por mucho que lo intentamos.


Después se puso en marcha con el otro okonomiyaki,  y ese sí que nos pareció más raro, ya que llevaban fideos dentro. Más contundente no podía ser. Cuando estuvo listo, se quedó a la espera, para que lo probásemos, y de hecho, como nos había visto con los móviles, le dije a Carlos mediante gestos que me hiciera una foto mientras lo probaba. Nos hizo mucha gracia. Ella me lo había preparado, y no sé si se habría dado cuenta que no veía, supongo que sí, porque con Carlos no lo hizo, pero me había preparado un trozo de okonomiyakk con la paleta, y, sin decirme nada, simplemente como ella podía expresarse, se acercó
Pili probando el okonomiyaki
para acercármelo a la boca, como si fuera una niña pequeña. Ella estaba expectante, pero quemaba, sin embargo: ella quería nuestra aprobación, quería saber si estaba a nuestro gusto. Hasta que no le dijimos un ok, con el pulgar hacia arriba y vio nuestra sonrisas de satisfacción, ella no se quedó tranquila. Una vez nos vio disfrutar de la comida, ella se preparó algo para ella, y se puso a cenar mientras veía la tele. El sitio era muy pequeño, la teníamos enfrente cenando y viendo la televisión, casi como si fuéramos intrusos y nos hubiéramos metido en su casa, pero ella se sentía acompañada y a gusto de nuestra compañía, se le notaba.
Al finalizar la cena, en la que nos quedamos muy llenos, casi no podíamos ni terminar. Pero, cuando nos quedaba poco, ella empezó a rascar con la paleta, y nos lo acercó, para que nos terminásemos todo. No queríamos hacerle ningún feo y como niños buenos nos lo comimos todos, a pesar de acabar muy gordos, pero no queríamos que se lo tomase a mal, además, cabe decir, que estaban buenísimos. Nunca habíamos comido unos okonomiyakis tan ricos, deliciosos y hechos con mucho mimo. Cuando ya nos fuimos quise decirle, a riesgo de que no me entendiera, que éramos de Barcelona, pero no hubo manera de que nos entendiera. Nos hizo gesto de un momento y se fue a buscar algo, yo pensé que un diccionario, pero era una libreta. Pensamos que sería, para que le hiciéramos un dibujo o le escribiéramos lo que decíamos, pero no, nos enseñó páginas anteriores: era como un libro de visitas, en que otros turistas y comensales habían escrito para la mujer. Imagino que después alguien se lo traduciría, y si  no ella estaba súper feliz con su libreta de visitas. Carlos me estuvo leyendo lo que había escrito, casi todo en inglés y también en japonés (en ese caso no pudimos entender nada), todo el mundo destacaba lo bien que se comía y el trato de aquella mujer. Nosotros quisimos dejar nuestra huella escribiendo en nuestro idioma, no es que no supiéramos escribir en inglés, pero nos hizo gracia dejar nuestras palabras en nuestra lengua. Más que nada, por si casualidades de la vida otros españoles acaban en ese mismo rinconcito de Hiroshima, verán que otros como ellos también estuvieron allí.

Salimos muy contentos del establecimiento, no tan solo por lo bien que habíamos comido, sino por el trato de aquella japonesa que nos había tratado como si fuéramos familiares suyos. Sabemos de lo serviciales que son, sabemos que estábamos como clientes, pero no nos trató como simples clientes, si no que quería agradar, sin llegar al agobio y estaba todo el rato atenta. Cuando salimos me hice una foto en la puerta, me hubiera gustado hacerme una con aquella mujer encantadora, pero no quise abusar de su confianza y no se lo dije. Seguramente no se hubiera negado, pero tampoco era plan. 
Pili en la puerta del restaurante


 Nos fuimos a dormir, la jornada había sido totalmente redonda y debíamos reponer fuerzas.  

DE CAMINO AL ÚLTIMO DESTINO DE JAPÓN
Al día siguiente antes de abandonar el alojamiento japonés debíamos preparar de nuevo las maletas. Con las maletas arregladas, otra vez había tocado un Tetris, pero habíamos podido cerrarlas. Hicimos el check-out y nos fuimos a desayunar. De nuevo fuimos al mismo sitio que el día anterior, aunque en esta ocasión había más gente, o nos dio esa sensación, porque entre que el sitio era pequeño e íbamos cargados con las maletas….  Pedí lo mismo que el día anterior, la leche con los cereales,, Carlos se animó y también lo pidió. Sin embargó, vimos que tardaba más de lo habitual. Finalmente se acercó y nos dijo que lo sentía, pero que no tenía leche. No sé por qué había tardado tanto en decirlo. Creemos que es el por pudor que suelen tener los japoneses a no poder ofrecer lo que queremos. Sin embargo, no lo entendimos, porque si nos lo hubiera comunicado antes, antes hubiéramos cambiado de opción, y antes hubiéramos terminado. Finalmente pedimos unas tostadas francesas, que muy bien no sabíamos qué era, pero  era algo para comer. Salimos en varias ocasiones a fumar, en una de las ocasiones que salió Carlos, él también salió y le pidió un cigarro. No tuvo ningún inconveniente en darle uno, pero nos pareció raro. Nuestro desayuno era un bol con trocitos de pan tostados y dulces, algo muy raro, pero que estaba rico. Después del café y cuando nos cobró, me dijo Carlos que nos había hecho descuento, por las molestias ocasionadas. Así que nos despedimos y nos fuimos en dirección a la estación de tren. A lo tonto, entre las maletas, el desayuno y los contratiempos se nos había hecho bastante tarde. Suerte que cogeríamos el tren que viniese, sin presión de horas de billetes y con la ventaja de que en Japón cada cinco minutos tienes la opción de coger el tren.

En la estación optamos por no reservar asientos, así con el JRP íbamos pasando de un lado para otro. Cuando llegamos a nuestra vía de tren, nos pusimos en las áreas que son para personas que no tienen asientos reservados. Al no ser muy temprano, tuvimos suerte y pudimos sentarnos, había sitio de sobra. Nuestro recorrido sería cortito, ya que nos dirigíamos hasta nuestro último destino en Japón: Fukuoka.

EL REENCUENTRO CON YUSUKE
Estábamos emocionados por ir a Fukuoka, no por la ciudad en sí, sino porque allí nos reencontraríamos con Yusuke seis años después de nuestra última vez. Yusuke, ó Whisky, tal y como se presentó la primera vez que lo vimos. A él lo conocimos en nuestra estancia en Dublín. Aquel año, aparte de aprender inglés y vivir en una ciudad extranjera, nos sirvió para conocer a personas de casi todo el mundo. Sí, conocimos a muchos coreanos, japoneses, europeos, excepto a irlandeses, quienes no estaban por la labor de relacionarse con extranjeros que vivían en su ciudad.

Con Yusuke, que no vivía en Fukuoka, sino en una ciudad cercana, habíamos quedado en la estación de tren, ya que él también llegaría en otro tren de cercanías. Quedamos en la puerta principal de la estación de tren. Una vez estuvimos ahí, le escribimos, para preguntarle su ubicación. Nos dijo que en 10 minutos estaría allí. Cuando llegó enseguida, a pesar de los años transcurridos, nos reconocimos. Nos hizo muchísima ilusión y nos hicimos la primera foto de reencuentro en la estación. Nos había traído un detalle de su ciudad natal, eran unos dulces envueltos con esmero y que deseaba que nos gustasen y aguantasen hasta nuestra llegada a España. Después del jolgorio por vernos de nuevo. Decidimos qué hacer. Cabe decir, que para no variar en nuestra estancia por Japón, estaba lloviendo de nuevo, pero poco nos importaba. No teníamos mucho que ver en aquella ciudad, solamente a Yusuke y ya estábamos con  él. 

Reencuentro con Yusuke en la estación de Fukuoka

ANTES DEL REENCUENTRO
Una vez llegamos a Fukuoka con las maletas, mochilas y demás nos fuimos a buscar nuestro alojamiento que relativamente estaba cerca de la estación. Una vez llegamos vimos que había bastante gente esperando en la recepción, cuando nos tocó nuestro turno, nos quedamos con cara de tontos, al ver que nos decía la posición de nuestro apartamento en un mapa. Nos explicó dónde estaba y la clave qué debíamos introducir al llegar. No entendíamos nada. Nosotros habíamos elegido ese alojamiento solamente por la cercanía y la comodidad de estar cerca de la estación, y ahora nos indicaban que estaba en la otra punta. Realmente no sé si en la otra punta o no, pero no estaba cerca, ni siquiera sin maletas podíamos llegar caminando. Una vez más, entre el desayuno tardío y con contratiempos y ahora esto, hacía que el reencuentro se retrasase más y más. No sabíamos cómo ir, otra vez cargados ir a la estación de tren, coger el metro y demás era demasiado, para un día lluvioso y lo perdidos que estábamos, así que optamos por lo más sencillo coger un taxi.

En un momento nos dejó cerca de unos cuantos edificios altos. Uno de ellos era nuestro apartamento de una noche. Había una portería con doble puerta, la principal se abría sin problema, pero una vez dentro había unos buzones, abrimos el nuestro, encontramos nuestra clave, y por mucho que Carlos la introducía no había manera de que la puerta se abriese. Estábamos perdidos, en una puerta sin que se abriese, sin recepción, sin nadie a quien preguntar, sin teléfono adónde llamar y cargados con las maletas. Solamente íbamos hasta allí, para dejar nuestras maletas y no podíamos acceder. Finalmente después de intentarlo en varias ocasiones, alguien desde dentro nos abrió. Nunca supimos si era alguien que trabajaba allí, si era alguien alojado o quien era, pero nos salvó el día. Nos rescató de ese enredo. Le explicamos y nos dijo cómo se hacía, bien hecho, porque si no corríamos el riesgo de quedarnos más tarde una vez más atrapados. 
Subimos a nuestro apartamento y era amplio como ninguno en los que habíamos estado. Con una cama grande, con cocina, con baño, con un balcón grande – en el que cada dos por tres se podía escuchar el Shinkansen pasando a toda velocidad-.  
Vistas desde el apartamento de las vías del Shinkansen


No quisimos demorarnos más, y después de dejar nuestros bártulos y enganchar nuestro móvil al wifi, que iba y venía, vimos que teníamos una parada de metro relativamente cerca y podríamos llegar a la estación de tren, donde habíamos quedado con Yusuke.  Eso sí, antes de irme cargada como una mula, descargué todo el contenido de mi bolso, porque no hacía falta ir con tanto, mi espalda me lo agradecería.  
De camino a la estación de metro, en un parque vimos una exhibición de niños bailando con música oriental. Nos hizo gracia y nos paramos a contemplarles, aunque más bien tampoco era nada del otro mundo, pero ya se sabe que cuando vas de turista cualquier cosa te sorprende. De hecho hasta Carlos como si de uno de los padres se tratase se puso a grabar una actuación. Después proseguimos y en el metro, el cual podíamos viajar sin necesidad de sacar billete, ya que una vez más amortizaríamos el JRP llegamos hasta la estación principal.

SHABU-SHABU
Platos, ollas y comida en la mesa. Preparados para Shabu Shabu
Después de nuestro reencuentro en la estación con Yusuke, nos dimos cuenta que deberíamos haber quedado en su ciudad y no haberle hecho trasladar hasta Fukuoka, pero él en ningún momento nos dijo nada, así que pensábamos que estaba muy cerca. Sin embargo, había tenido que coger un tren de una hora o así y nos supo muy mal, que se gastase dinero para venir a vernos. Y, además, que nos trajese un detalle. Él decía que daba igual, que era domingo y lo importante era volver a vernos. Así que, como no era su ciudad, y, aunque había estado en alguna ocasión no sabía dónde llevarnos. Era la hora de comer y empezamos a buscar adónde ir, pero sin movernos de la estación. Dentro de ésta era como un centro comercial y en la parte de arriba estaba repleta de restaurantes. Nos fue diciendo que tal sitio era coreano, otro italiano, y nosotros lo que buscábamos era algo típico japonés. Así que pensó en un restaurante, que según decía él, era el mejor y era comida típica japonesa. Así que le hicimos caso y pedimos para comer allí, teníamos que esperar en una sillas que había fuera. Sin embargo, entre que estábamos de charla y demás no ese nos hizo muy larga la espera. Una vez dentro, agradecí que Yusuke no quisiera comer en un tatami, ya que, por muy típico que sea, en una mesa estaríamos más cómodos sentados en nuestras sillas. Enseguida Yusuke nos dijo que teníamos que hacer, y me cogió y me llevó a un sitio, en el que había comida dentro de la nevera, con un plato te ponías lo que querías. Él me iba diciendo lo que había: champiñones, verdura, arroz... pensé que era para hacerme una ensalada, ya que no nos había explicado mucho de qué se trataba.
En la mesa vino una camarera y nos trajo unas salsas, una blanca y otra oscura. En medio de la mesa teníamos una olla bastante grande. Más tarde nos trajeron trocitos finos de carne cruda. Y, entonces como pudo Yusuke nos contó de qué se trataba: comeríamos un Shabu-Shabu. Los champiñones que yo había cogido no estaban cocinados, era para prepararlos en una de las ollas que teníamos en medio de la mesa. Además también podías bañar la comida en un bol con salsas, había una de color blanco y otra de color negro. Una era más sabrosa que otra, una como más dulce y otra más avinagrada, pero cualquiera de las dos contribuían a que todo recién hecho, estuviera aún más suculento. La verdad es que nos pareció muy original y todo estaba exquisito. Comimos como gordos, ya que podías repetir las veces que quisieras. Nos levantamos en varias ocasiones, para repetir de acompañamiento: cebolla, setas, tomates, arroz, etc. Y, de carne, cada vez que veía que nos quedaba poco, Yusuke decía unas palabras en japonés y enseguida nos traían más. Terminamos muy contentos con esa experiencia gastronómica, pero muy gordos. Incluso después, al finalizar podías levantarte a por el postre, y si querías podías repetir las veces que quisieras, pero nos habíamos quedado tan saciados que cogimos algún helado y ya nos quedamos de maravilla. Por el detalle que había tenido en quedar con nosotros y la ilusión que nos había hecho, quisimos invitarle, pero una vez más demostró ser un anfitrión y se nos adelantó. Se nota que estaba contento de nuestra visita y lo único que quería era que disfrutásemos. Él estaba preocupado por si no nos había gustado, le dijimos que sí, que mucho, y entonces se le iluminó una sonrisa y se dispuso a llevarnos a otro lugar. Se acordó que fumábamos y preguntó si queríamos ir a algún sitio después de comer, para saciar nuestro vicio. Dentro del mismo centro comercial había una zona para fumadores, una pecera de esas, e incluso él fumó con nosotros. 

CAFÉ: CHARLAS Y RISAS
Cuando salimos del centro comercial no sabíamos adónde ir. Ni él, ni nosotros conocíamos la ciudad, además que hacer turismo bajo el paraguas no era muy agradable. Así que caminamos un poco y se nos ocurrió ir a por un café, Carlos comentó que en Tokio habíamos descubierto una cafetería que estaba muy bien y que, además, se podía fumar. Así que buscamos por Internet la famosa cafetería: Chococro Saint Marc café, y resultó que era una cadena a nivel de todo Japón. Nos pusimos a buscarla, así nos entretuvimos, aunque creo que Yusuke no se fiaba de Google Maps, porque cada dos por tres preguntaba a alguien para ver si sabía de alguna cafetería. Sin embargo, finalmente siguiendo las indicaciones de Google Maps lo encontramos, estaba como en otro centro comercial, y nos pedimos un Capuccino cada uno. Vimos que había una sala tranquila, separada con una puerta corredera, en la que se podía fumar y de forma tranquila: sin molestar a nadie, sin olores fuertes y degustando nuestro café espumoso. Allí, más que durante la comida, sirvió para ponernos al día. Nos contó a qué se dedica qué hace, cómo es su vida y qué había pasado después de su etapa por Dublín. Nosotros también le contábamos qué hacíamos, cómo había sido volver después de un año en Irlanda. Y, aunque no estuviera, se acordó de preguntar por la peluda, Kenzie, ya que se acordaba de ella. También Carlos le contó el programa de televisión que habíamos estado haciendo Kenzie y yo, primero no lo entendía, hasta que Carlos con el wifi de la cafetería le enseñó un episodio y le hizo mucha gracia vernos. La verdad es que no sé cuánto rato estuvimos resguardados de la lluvia, pero daba igual, lo importante es que estábamos practicando inglés, pero sobre todo y lo más importante, estábamos poniéndonos al día con un viejo conocido.  

PASEOS Y ÚLTIMAS EXPERIENCIAS
Una vez salimos de la cafetería, no era plan de quedarnos todo el día sentados, ya había atardecido, estaba medio oscuro, es lo que tiene viajar en otoño, que oscurece antes. Vimos un poco de espectáculo que había en el centro comercial, estos japoneses cuando se ponen a organizar algo lo hacen a lo grande. Después, paseamos: Yusuke decía que querríamos para cenar, pero yo les dije que estaba muy llena. Carlos decía que le hacía gracia cenar en una de esas casetas que hay por la calle: yatai. Son puestos callejeros, en los que cocinan allí mismo, tienes la opción de quedarte, si hay sitio y comértelo en un taburete, o llevártelo. Así que empezamos nuestra búsqueda, porque mientras paseábamos habíamos visto bastantes. Antes de todo ello, pasamos a un supermercado, Yusuke quiso que probásemos una marca de tabaco japonesa, que la verdad no estaba nada mal. Después, escuché uno de esos semáforos acústicos y alegres de Japón y quise probar como era ir sin ir cogida, así que les dije que quería probar una cosa. Saqué el bastón y comprobé la comodidad de andar por esas calles. Aquellas aceras con raíles que tanto nos habían entorpecido nuestro andar con maletas, eran súper cómodas para ir con bastón, porque se notaba mucho el relieve con el bastón y te dejaba justo en el paso de cebra. Cuando llegué al bordillo,  crucé en más de una ocasión con el bastón al ritmo del sonido del semáforo en verde. Ya os contaré más sobre la accesibilidad en Japón en otra entrada. Sin embargo, era mi última noche en Japón y quería vivir la experiencia de caminar con el bastón blanco yo solita, sintiendo cómo era ir  por calles japonesas sin ir agarrada.

Después de caminar y hacer pausas, fuimos en serio en búsqueda de algún yatai que nos llamase la atención, ya que cada uno estaba especializado en algo, por ejemplo: había algunos en los que solamente podías pedir ramen, en otros fideos, y, realmente con todo lo que habíamos comido, y, por mucho que a Carlos le apeteciese una vez más ramen, preferimos optar por algo más ligero, pero degustando el sabor japonés. Además, realmente ni hubiéramos cenado, porque con el Shabu-Sahbu nos quedamos a tope, pero no queríamos despedirnos tan rápidamente. Encontramos un sitio, ya que estaban todos a tope, en el cupimos los tres apretujados en taburetes. En este sitio creo que también ofrecían ramen, por el olor y el calor de los fogones, pero Carlos se lo repensó y prefirió no castigar al estómago con exceso de comida. Así que dejamos que Yusuke eligiera por nosotros unos cuantos pinchos. Por supuesto, estaba mi preferido el yakitori (pincho de pollo y cebollino con una salsa deliciosa), después fuimos probando otros pinchos. Cuando los probábamos, que no nos lo decía hasta que lo habíamos comido, nos decía lo que era. Uno de ellos era culo de vaca y otro, el cual me encantó su textura, eran trocitos de lengua de vaca (muy sabroso y con una textura chiclosa). La verdad, es que nos entró mucha risa al saber qué habíamos comido. Todo esto amenizado con sake, con charlas y risas.  
Plato con Pinchos



LA DESPEDIDA
La despedida se aproximaba no solamente con Yusuke, sino que era nuestra última noche en Japón. Así que, antes de abandonar el país, y a riesgo de no encontrar ningún buzón en el aeropuerto, tuvimos que desprendernos de nuestro Pocket Wifi, habíamos cogido el sobre con el franqueo pagado, introducir el wifi pocke, que nos había acompañado por las andanzas japonesas y despedirnos. Ahora las  últimas horas estaríamos desconectados de Internet, aunque realmente ya lo estábamos porque no quedaban casi datos, casi todos gastados. A mí estas cosas de dejarlo ahí, sin dárselo a nadie me da un poco de mal rollo, pero al menos estaba Yusuke de testigo y, por si las moscas, también lo grabamos, no fuera a ser que después se perdiera, lo robasen o o cualquier cosa y nos acusaran de no haberlo devuelto a tiempo.

Sin wifi, con menos cargas, nos dirigimos a la estación: allí Yusuke tendría que coger el tren hasta su casa y nosotros el metro hasta nuestro moderno apartamento. Nos dio mucha pena despedirnos de Yusuke, porque habíamos pasado un día increíble, quedamos con que la próxima vez, y esperando que no pase tanto tiempo, tendría que venir él a vernos. Espero que pronto muy pronto podamos hacer nosotros de anfitriones con él por Barcelona. No fuimos nosotros quien le vimos marchar, sino que no se quedaba tranquilo hasta que nos acompañó hasta nuestra línea, no fuera a ser que nos perdiéramos. Así que se quedó ahí viendo como nos íbamos.

En el apartamento fue llegar y ponernos a dormir, aunque yo estaba algo nerviosa. Al día siguiente me desperté bien temprano, para recolocar todo en la maleta, aunque no habíamos sacado gran cosa, pero volvíamos a viajar, en esta ocasión volábamos. A mí me daba miedo que con tanta compra friki, el desorden de la maleta y demás pesase más de lo habitual. No teníamos manera de saber cuánto pesaba la maleta, porque normalmente no hay básculas así como así. Algún día me quiero comprar una báscula portátil para viajar, no sé dónde la ví y creo que puede resultar útil. Bien temprano, sin desayunar, cargados y nerviosos, nos pusimos a andar sin rumbo, simplemente esperando encontrar un taxi. Finalmente, Carlos pudo parar uno. Íbamos hacia el aeropuerto. No para volver a España, aún quedaba otra aventura más.  
Aquí os dejo con el vídeo que hemos  realizado (gracias a Carlos) sobre Fukuoka, nuestro último destino en Japón: 



ODISEA EN EL AEROPUERTO DE FUKUOKA
Llegamos con muchísimo tiempo al aeropuerto, pero era uno que no conocíamos y estábamos muy perdidos. Yo ya le decía a Carlos que ir con tantas horas de antelación era demasiado, pero así ya estábamos allí. Cada dos por tres íbamos preguntando en información, pero nos dijo que hasta tal hora no estaría abierto el mostrador para facturar. Lo peor es que ese aeropuerto era un poco caótico, porque fuera cual fuera la compañía y el destino, todo el mundo tenía que hacer la misma cola, como si antes de facturar tuvieras que pasar por un control de seguridad. El tiempo pasaba y los nervios se acrecentaban, finalmente pudimos ponernos en la cola, nosotros éramos los únicos occidentales. Nos sentíamos raros. Y, encima, casi nadie hablaba inglés o algún idioma que conociéramos. Cuando pasamos, teníamos que poner las maletas en un escáner. Pasamos y a la hora de ir a recoger nuestras maletas, a Carlos le dijeron que fuera. Abrieron la maleta delante de él, y lo que habían encontrado eran mecheros, resulta que, aunque no los lleves encima, no se puede viajar con mecheros. Encendedores que ni sabíamos que llevábamos, pero nos hizo dejar uno en la maleta y otros se los quedaron. Una vez sin mecheros y todo en regla, nos dimos cuenta que a las cremalleras les habían puesto unas etiquetas, como para que no se pudieran abrir. Nos dio pánico que estuvieran cerradas de esa manera.   Cuando llegamos al mostrador nos atendió una japonesa muy simpática, nos pidió el ticket, se lo enseñamos  y pesó las maletas. El miedo al exceso de peso se hizo patente, cuando colocó nuestras maletas en la báscula. Entonces nos dio la opción de ir a una zona para vaciarlas. Así que, a pesar de nos hubieran puesto esas pegatinas en las cremalleras nos dimos cuenta que se podía abrir sin problemas, y respiramos. No sabíamos que quitar. Pero exceso de equipaje no queríamos pagar. Carlos empezó a ponerse sudaderas, unas puestas, otras atadas en la cintura. Yo saqué alguna bolsa y puso calzado en bolsas de plástico, parecíamos unos pordioseros. Antes de volver al mostrador, tuvimos que pasar por el escáner, volvieron a poner esas extrañas etiquetas en las cremalleras. En el mostrador casi nos vuelven a hacer cola, a lo tonto con las horas que llevábamos allí y nos harían perder el vuelo…. Pero la chica que nos había atendido  antes y que era muy maja, nos vio y le dijo a alguien que pasásemos. Se lo agradecimos mucho. Volvió a pesar las maletas, sonrió y nos dio las tarjetas de embarque.  Pero, no había acabado la cosa, ahora faltaba pasar por el control de seguridad real, ese en el que tienes que vaciar los bolsillos, y poner todo en bandejitas. Mi mochila,  mi abrigo y demás iba en bandejas, igual que las cosas de Carlos. Mi sorpresa fue que pararon a Carlos, porque en su mochila habían encontrado algo sospechoso. ¿Qué era? Mecheros. Pero, antes de que mediera cuenta, otro guardia vino hacia a mí y me dijo que llevaba algo en la mochila, por supuesto mecheros. Me indigné mucho, porque en ningún aeropuerto había tenido problemas y pretendían dejarnos sin mecheros, como para haber comprado de souvenirs mecheros para todos nos hubiéramos quedado sin regalos. Finalmente nos dejaron uno para cada uno. Sin embargo, me sentí enfadada por: el trato y porque uno de los mecheros que se habían quedaron era un regalo. Si lo llego a saber le hubiéramos dado todos nuestros encendedores a Yusuke, antes de que se los hubieran quedado allí. Encima parecíamos criminales, como si con tanto mechero fuéramos incendiar el avión. Bueno, después de un mal rato, de mal trato, de ser criminales y mirados por todos, de diferentes cacheos, llegamos a la zona de embarque. Aún quedaba un rato, pero para nuestra sorpresa había una zona de fumadores y después de comprar agua y ver dónde tendríamos que coger el avión, entramos para fumar, aunque ahora no teníamos más que un mechero, necesitábamos saciar la ansiedad que habíamos cogido con el control de seguridad.

Carlos en el aeropuerto con un ventanal detrás

Ya estábamos a punto de volar. En esta ocasión nos tocaba ir a por la segunda aventura: de Japón a Corea del Sur. Abandonábamos un país amable, caótico pero con orden, en el que encuentras modernidad y tradición, y en el que a pesar de la climatología lo habíamos disfrutado mucho. No descartamos volver algún día al país del Sol Naciente, para ver lo que nos queda, para repetir según que sitios y para seguir disfrutando de Japón. Así que, aunque nos daba pena abandonar el país, aunque ya estábamos cansados por los días transcurridos, aún teníamos que guardar fuerzas, para seguir disfrutando de la aventura asiática. Nos fuimos con buen sabor de Japón, pero no era una despedida, porque estamos seguros de que volveremos.


VOLANDO A OTRO DESTINO
Japón se quedaba donde estaba, pero una parte de su cultura, de sus paisajes, de las anécdotas vividas, de su gente y de todos los recuerdos, se habían colado en nuestros bolsillos del alma. Una parte del encanto de lo vivido se venía con nosotros. Más tarde, con la siguiente aventura, sería imposible no hacer comparaciones. Aunque las comparaciones son odiosas, era imposible no hacerlas. El cansancio de los días vividos iba haciendo mella, sin embargo, aún nos quedaban unos cuantos días de vacaciones, que queríamos aprovechar al máximo. Además en Seúl contaríamos con una guía excepcional, quien tenía mil planes para nosotros. No teníamos que preocuparnos de nada. Así que ahora tocaba volar hacia otro destino. En menos de dos horas estaríamos en Seúl. 

Y, termino este post con una canción, que es el final de un Anime que a Carlos le gusta. Así sirve de despedida, aunque en realidad sea un: Hasta pronto!