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sábado, 16 de febrero de 2019

Volviendo a casa con Leia



Hace una semana que Leia y yo llegamos a casa. Yo llegaba a mi casa con los míos, pero para ella todo y todos eran nuevos, solamente me tenía a mí como alguien conocido. Sin embargo, los míos ya sabían que no queríamos agobios, primero porque yo estaba más que muerta y porque Leia no los conocía. Así que el recibimiento, tal y como recomiendan, fue suave.

El viaje

Debíamos salir de Leader Dogs for the Blind, Rochester, el miércoles día 6 de febrero, sin embargo y para sorpresa de muchos, nos marchamos antes de la escuela. El martes por la tarde, en nuestra última clase antes de cenar (a las 17:30h) nuestro instructor, Kevin, nos comunicó que el pronóstico del tiempo para esa madrugada había empeorado, y para asegurar que pudiéramos llegar al aeropuerto, la organización había pensado que era mejor que esa misma noche nos fuéramos a un hotel en Detroit muy cerca del aeropuerto. Nos quedamos de piedra, no podíamos imaginar que eso era una despedida, una inminente adiós. Y yo sin la maleta sin hacer, suerte que el día anterior había hecho un simulacro y la tenía a medio hacer, pero no me lo podía creer. Ya sé que tampoco hubiera cambiado nada estar unas horas más en la escuela, pero sí que lo hubiera hecho, porque hubiéramos tenido tiempo de pasar una noche más todos juntos en la sala del piano, de hacer la maleta con calma y de despedirnos de una manera más calmada.  Sin embargo, hubiera seguido siendo un adiós de una experiencia que llegaba a su fin, de unas personas maravillosas que aunque tengo la esperanza de coincidir con ellas en otra ocasión ya no será en el mismo escenario, ni bajo las mismas circunstancias. No quería decir adiós tan pronto. Un sentimiento de tristeza, de agradecimiento y un montón de emociones se agolparon en mí. 
He vivido muchas despedidas a lo largo de mi vida, ciclos que terminan y otros que empiezan, incluso había estado ahí diez años atrás, pero no sé si estaba más sensiblona de lo habitual, pero no podía parar de llorar. Sé que hoy día gracias a las tecnologías nadie está lejos, y hace que las personas estén mucho más cerca que las que tienes al lado. No obstante, toda la lógica no estaba en mi mente, solamente pensaba en rematar el equipaje, que me cupiera todo, sin excederme de peso, y sobre todo al pensar que todo se acababa…se me hacía un mundo. Ahora era el momento de arrancar y volver al mundo real con Leia, de dejar atrás a mi instructor, mi súper Kevin, quien fue mi instructor hace una década cuando fui a buscar a Kenzie, y ahora no estaría para decirme qué tal posición no era correcta u otra sí, o que algo era: “Awesome!”.  Creo que dejar la escuela me hubiera costado igual si nos hubiéramos ido el miércoles, pero al menos ya te haces a la idea. Ahora todo eran prisas y miles de emociones en la montaña rusa, con el vértigo de no llegar a tiempo, de tener que decir adiós y subirnos a un autocar hacia Detroit.

La última cena

Con la maleta casi lista, llegó la hora de cenar. Pero, ¿quién podía cenar cuando tienes un nudo en el estómago? Yo soy de tener buen apetito, incluso el menú de aquella noche era espectacular: entrecot, patatas, espárragos, gambas y pastel de queso; pero no me entraba nada. Solamente podía beber y beber agua. Eso sí, lo probé y una vez más el menú era de diez. Las gambas se las dí a Kevin y en esta ocasión solamente pude repetir de agua.  

Plato de nuestra última cena

Despedida con mi instructor


Kevin ya nos había anunciado que antes de irnos le gustaría tener un minuto con nuestros peludos, tener la oportunidad de darles un abrazo, ya que habían sido muchos meses trabajando con ellos. Fue decirnos eso y crearnos otros nudo en la garganta. Pero, el nudo se desató en cuanto llamó a la puerta de la habitación, y es que ver a alguien tan gran como él tan emocionado, bueno, y para que nos vamos a engañar yo también lo estaba. Y es que él no solamente me ha dado a Leia, no solamente hemos compartido: desayunos, comidas y entrenamientos, sino que me ha regalado a los dos mejores regalos de mi vida: Kenzie y Leia. Él me las entregó y me dio pautas para seguir adelante con ellas. Casualidades de la vida hizo que volviéramos a coincidir por el camino de la vida y encima en una de las grandes experiencias como es que te den a una parte de ti, a esa parte que te hace ganar: seguridad, confianza y seguir adelante con autonomía. Así que después de que se despidiera de Leia, fue muy emocionante escucharle hablar con ella, me dio un abrazo y solamente pude decirle GRACIAS. 

Pasillo de la escuela
Hice un último recorrido acompañada de Esther, mi compañera de aventura, por el pasillo que unía el comedor a las habitaciones. No queríamos ir a la sala del piano, sabíamos que si llegábamos allí, estaríamos todos y el viaje empezaría tomar forma. Pero, no quedaba más  remedio que ir a nuestro punto de encuentro. Las maletas ya estaban en el autocar, así que poco a poco fuimos subiendo. Nos despedimos de todos los que estaban ahí en ese momento, sin embargo nos quedó personal de la escuela de quienes me hubiera gustado darles un gran abrazo y desearles lo mejor, así que desde la distancia les mando un fuerte abrazo a: Ana, Aurora, Reina, Astrid y a todos los que contribuyeron que nuestra estancia en la escuela fuera maravillosa.  

Sin embargo, no nos dejaron abandonados a nuestra suerte, íbamos acompañados de nuestros guías, de nuestras intérpretes y de dos instructoras (Katie y Ashley). Los estudiantes americanos también venían con nosotros, porque al día siguiente también tenían que coger un vuelo para regresar a sus casas. Así que mi “smoker friend” Nicky también  venía, así que aún no me tocaba decirle adiós.  

En el autocar

El viaje en el autocar fue triste, recordando las despedidas y gastamos muchos pañuelos. No sabíamos adónde nos llevaban, pero sabíamos que nos íbamos alejando de la escuela con todas las emociones a flor de piel. Me senté con Teresa una de las traductoras y le contagié mi emoción, y es que para ella también había sido toda una experiencia en todos los sentidos, me decía que había aprendido mucho de nosotros y a mí me emocionaba que alguien que de forma voluntaria se pida una excedencia en su trabajo, para darnos todo su tiempo y conocimiento es de admirar y agradecer. Ese tipo de gestos te hace pensar que aún existe la gente buena, que aún se puede confiar en ellas y que este mundo merece la pena.

En Detroit

Llegamos a un hotel, en el que aceptaban mascotas, así que a cada rato nos avisaban de “perro extraño”. Teníamos nuestras habitaciones con dos camas, pero estuvimos poco tiempo en ellas. Porque quisimos pasar la última noche reunidos en “nuestra improvisada sala del piano”. Todos los compañeros no vinieron, estarían cansados después de tantas emociones. Pero, mi grupo de trabajo: José, Esther y Tamara estaban al pie del cañón, junto con los americanos y Ashley, una de las instructoras. Pasamos un rato divertido hablando de todo y de nada, simplemente estando juntos e intentando hacer que el hipo de Esther le cesase, pero fue imposible.  Después de unas risas y de que volviera a hacer la pregunta del millón: “¿Le habéis encontrado el ombligo a vuestros perros?” nos fuimos a la cama. Antes de ir a mi habitación fui a hacer el último cigarro de la noche con Nicky, hacía frío pero aún no había empezado a caer la famosa lluvia helada, la culpable de nuestra ida repentina de la escuela.

Miércoles día 6

 Me desperté temprano, no había podido dormir bien. Cuando me levanté casi no sabía ni dónde estaba. Le dí la ración que me habían preparado para darle a Leia, y enseguida nos llamaron a la puerta, sabía que era la hora del parktime. Sin embargo, venían las dos instructoras y nos decían que les diéramos a los perros, las traductoras nos contaron que estaba todo tan helado que era peligroso que fuéramos nosotros. En unos minutos volví a tener a Leia conmigo y me notificaron que había hecho el 1 y el 2. Se dieron una gran paliza sacando a todos los perros y en un tiempo récord. Se nota que tienen experiencia con los peludos, pero estando el handicap del suelo resbaladizo tiene aún mayor mérito que sacasen a nuestros peludos a esa velocidad.

Después de desayunar un gran waffle con sirope de arce (riquísimo, pero muy pringoso) empezamos a traer las maletas al hall del hotel. Casi sin darnos cuenta estábamos todos en un autocar diferente al que habíamos venido, conducido por alguien del hotel o de alguna compañia, que nos transportaba a todos al aeropuerto.  Entonces empezó el show: trasladarnos a todos con nuestros guías a la terminal para facturar, alguien se quedó con las maletas para agilizar el traslado. Sin embargo, después tuvieron que hacer varios viajes para traerlas, se dieron un buen trajín Tamara y Katie. 

Afortunadamente todos pudimos facturar las maletas sin problemas y sin exceso de equipaje. Me hice la última foto con Nicky, porque sabía que el momento de decirnos adiós llegaba y quería un recuerdo de mi compañera de fumar. En muchas ocasiones coincidimos en la zona reservada de la escuela, el pabellón, para fumar, y en esos ratos es cuando nos contábamos sobre nuestras vidas, a pesar de mi inglés nos entendíamos. Justo después de pasar el control de seguridad, en el que me revisaron con algo las manos (yo creo que el sirope hizo de las suyas y me las quisieron limpiar bien) llegó el momento de despedirnos de Nicky, ella se iba a otra puerta de embarque, así que tocó decirle también a ella adiós. Ashley le acompañó. Nosotros nos asentamos cerca de nuestra puerta de embarque y cuando ya estaban abriendo para embarcar, unos minutos antes, apareció Ashley corriendo, ella también quería despedirse, sobre todo de su grupo de españoles (Rubén, Juan, Pilar y su intérprete Teresa y de sus peludos). Sin embargo, aunque no hubiéramos sido de su grupo, por supuesto también tuvo unas palabras para nosotros, y como ya había tenido bastantes adiós, preferí decirle: “Hasta mañana!” así era menos dura la despedida y porque quien sabe, quizás un mañana volvamos a coincidir.

Foto de grupo en el aeropuerto con bandera de EEUU de fondo

En el avión 

Aún me sigo con quien me pregunta si el perro viaja en cabina o en bodega, pero un perro guía no es un perro cualquiera. Los perros guías y de asistencia sí pueden viajar en cabina, están ejerciendo la función de acompañarnos. 
Cuando ví dónde me tocaba sentarme con la pequeña de Leia, pensé que no sería tan complicado. Sin embargo, sentarte en un asiento de avión de tres con otros compañeros con perro y además un poquito más grandes que Leia era todo un espectáculo nada agradable. No podíamos ponernos a nuestro antojo, porque el avión estaba a tope, estábamos en los últimos asientos. Y después de varios cambios tipo Tetris, y gracias a las ocurrencias de Tamara (la experiencia de más viajes con más peludos es un grado) supimos colocarnos, de forma intercalada. Yo viajaba con Juan y su peludo y en medio Teresa, así evitábamos a tres perros tan juntos y con tan poco espacio. Los otros compañeros estaban en asientos de dos, y otros dos con personas sin perro. Fuera como fuera logramos colocarnos y volar de Detroit a Atlanta (3 horitas).   

En Atlanta 

Estar en ese aeropuerto tantos años después de aquella visita con mi padre me traía muchos recuerdos. Seguro que aquella vez que estuve con mi padre en 2003 no me hubiera imaginado que finalmente la enfermedad avanzaría, ni mucho menos que estaría ahí unos cuantos años después con mi segunda perra guía. Casualidades de la vida, hacía que volviera a estar ahí, pero ahora no para someterme a pruebas médicas, simplemente para esperar a que llegase la hora de embarcar para el segundo vuelo. El tiempo de espera no se hizo muy largo, porque entre que llevamos a los peludos al parktime (había una zona específica dentro del aeropuerto, para que los peludos pudieran hacer sus necesidades, un lavabo para ellos) y entre que es uno de los aeropuertos más transitados, en el que tienes que coger un metro para moverte de un lado a otro, el tiempo pasó volando.

Así que enseguida estábamos volando de Atlanta a Madrid, casi 8 horas de vuelo, que pasaron bastante rápido, ya que cuando no estábamos durmiendo, estábamos controlando a nuestros peludos que ni se movían, y si no, nos servían algo para comer y si no veíamos una película. Afortunadamente en este vuelo más largo, no me dolieron tanto los oídos con en el anterior, además de tener algo más de espacio. Tuvimos la suerte de viajar en asientos de tres  dos personas, es decir teníamos un asiento en medio, por tanto los peludos podían tener algo más de espacio,, sobre todo cuando pasaban con el carrito por los pasillos. A mí me daba miedo que le fueran a pillar la cola o alguna patita, e intentaba protegerla con mis pies, en verdad no sobresalía, pero la azafata también iba con mucho cuidado porque decía que al ser negritos no se veían con la moqueta del mismo color.   

En Madrid 

Muertos de sueño, con ganas de estirar las piernas y habiendo desaparecido el miércoles de nuestras vidas llegamos a Madrid. Allí nos estaban esperando de asistencia, para llevarnos a buscar las maletas. Sin embargo, cada uno venía a buscar a uno de nosotros y no se daban cuenta que íbamos en grupo. Yo me dejaba llevar, sin perder de vista a Teresa y Pilar, no fuera a ser que me quedase por ahí sola en el aeropuerto. 

Salimos y los peludos pudieron hacer sus necesidades y de ahí al coche que nos estaban esperando, para llevarnos corriendo a la Fundación ONCE del Perro Guía. La verdad es que cuando las cosas ocurren tan rápido parece que sea un sueño, porque lo recuerdo de forma muy borrosa. Estás en Rochester, en Detroit, Atlanta, en el avión y de repente llegas a Madrid te suben a un coche y apareces en Boadilla del Monte. Ahí tuvimos que escuchar charlas y firmar contratos, pero no éramos personas. Antes de todo ello nos dejaron unos minutos de tranquilidad, mientras se iban llevando a nuestros peludos, para que corriesen y se desfogasen. Después unas veterinarias junto a su pasaporte y vacunas nos iban trayendo a nuestros peludos. Ese día fue agotador, sabíamos que eran las últimas horas todos juntos, el equipo  Michigan, pero no teníamos tiempo, ni fuerzas para contarnos nada. Las reuniones venían una detrás de otra.

Despedidas, despedidas y más despedidas 

Después de comer, llegó el turno de despedirnos de nuestras ángeles de la guardia. Sí, tocaba decirles adiós a Tamara y a Teresa, quienes nos han ofrecido de forma desinteresada todo su tiempo y conocimiento, poniéndonos todo mucho más fácil, y ahora deprisa y corriendo tocaba desearles todo lo mejor y ver como se iban. Sin embargo, apenas pude decirles nada, simplemente gracias, porque una vez más la sensiblería se apoderaba de mí.  Me fastidió que nos metieran tanta prisa, porque nos estábamos aún despidiendo de nuestra traductora y ya nos decían que fuéramos al parktime, quizás no entendían nuestras emociones, quizás les daba igual, quizás tenían que irse ya y por eso nos metían prisa. Sin embargo,, fue algo triste. Aunque como le dije a Tamara, igual que a Ashley: “See you tomorrow” porque no sé dónde, ni cuándo, pero sé que volveremos a coincidir, o al menos espero volver a hacerlo, por haber compartido tanto.

Por último llegó la despedida con los compañeros, cada uno de una parte diferente de España. Le dí un entrañable abrazo a mi vecina, Pilar, ya que aunque ella no estuviera en mi grupo de entreno, era mi vecina de habitación, así que a la hora del parktime siempre coincidíamos. Y si ella no estaba le avisaba y nos contábamos  qué planes había para ese día. Yo siempre le decía que cogiera como referencia una papelera que tenía a su lado izquierdo, y creo que le fue bien, para tener alguna referencia. Ella se iba a su Asturias, patria querida con su Larkin.  Después le tocó el turno a Rubén, y como le dije sin sus bromas y comentarios esta experiencia no hubiera sido lo mismo. Y, cuando nos quisimos despedir de José, quien había formado parte del nuestro equipo, nos dimos cuenta que ya estaba subido en el coche, y es que él siempre con las prisas y las ganas de no quedarse parado, casi hace que nos fuéramos sin un abrazo y sin desearle lo mejor a él y a su perrita Nellie. Ellos tres se iban con Miguel Ángel del Club de Leones, los tres iban a diferentes puntos de Madrid.

Atocha 

Esther, Juan y yo íbamos juntos, ya que íbamos hacia el mismo punto: Estación de Atocha. Vimos como se iban los compañeros y nos quedamos esperando a que subieran nuestras maletas a la furgoneta. Más tarde de camino, me empezaron a llamar del servicio de Atendo,  para confirmar la asistencia. Me llamaron dos veces más y a la tercera me empecé a preocupar, y es que me decían que eran menos cuarto y el tren salía a en punto. Si me quedaba algo de uñas en esos instantes no podía parar de mordérmelas, y es que estaba de los nervios. El conductor me decía que no podía hacer nada, que había tráfico. Cuando estábamos llegando, les dí un beso a Juan y otro a Esther. Eso no se pudo considerar una despedida, de lo rápido que fue todo. Nada más llegar bajé corriendo, me bajaron la maleta, y me acompañaron a asistencia. No sé cómo, pero corriendo como si no hubiera un mañana, y pasando el control de seguridad de la forma más rápida, le hice hacer un Follow a Leia que no tiene precio, la de asistencia corriendo llevando mi maleta y yo siguiéndola con Leia. Subimos la maleta, le dí las gracias por la carrera y se cerraron las puertas. No sé ni dónde me tenía que sentar, pero me ayudaron unos pasajeros que me vieron con la cara desencajada y resoplando. Les dí las gracias y les conté que es que pensaba que lo  perdía. Uno de los pasajeros, me dejó el asiento, para que estuviera más cómoda, dos asientos para mí y para Leia y él se cambiaba. Ese hombre que estaba aen unos asientos cercanos, me ayudó mucho. Pasé muchos nervios, pero la ansiedad fue desapareciendo con el traqueteo del tren y el pensar que ya me acercaba a casa.

En Barcelona 

En Sants me esperaba Carlos y le gustó mucho conocer a la pequeña princesa Leia. Antes de ir al coche, fuimos a ver si quería hacer algo Leia, pero parecía que no estaba por la labor y nos dirigimos a casa. Carlos estaba cansado de todo el día de trabajo y máster y yo parecía una zombi.  Los dos estábamos contentos del reencuentro, después de tantos días y encima venir con una peluda que no paraba de mover la cola.

Al llegar al barrio, Carlos subió el equipaje, mientras yo me quedaba con Leia a que volviera con Kenzie. La sorpresa es que mis padres también quisieron ver el reencuentro, aunque más que reencuentro con Kenzie fue más bien encuentro. Kenzie fue directamente a saludar a Leia, pasando totalmente de mí, a pesar de que yo la llamaba, sin embargo: primero quería averiguar con quién venía. Cuando paró de olerle, sí que intento dar un saltito para darme la bienvenida.  

¡Bienvenida a casa, Leia!
Welcome to my house! 



Foto de Leia y Kenzie juntasEntramos las tres en casa, Kenzie a un lado y Leia a otro. Ahora que llevamos una semana, parece que hicimos bien la presentación, porque parece que se llevan bien, no es que se lleven genial, porque Kenzie está algo celosa, pero sí que a veces duermen juntas y se buscan, para estar cerca. Así que, aunque a Leia todo le parezca desconocido, al menos ahora mi casa, Kenzie, Carlos y yo ya les parecemos un poquito más familiares. Y, espero que poco a poco con la fase de adaptación todo vaya a mejor, hasta que note que es una más y que no es mi casa, es su casa.  Aún no llevamos ni un mes juntas, nos toca conocernos mucho más, y seguro que será también mi sombra, bueno, mucho más.  

Ahora toca empezar y seguir caminando juntas, nuevas rutas que pronto dejarán de ser nuevas, para convertirse en rutinas. Vamos a ir creándolas y conociéndonos.


martes, 4 de septiembre de 2018

Cuánto cuesta viajar a Japón?


PRESUPUESTO PARA JAPÓN EN 15 DÍAS


Después de la entrada anterior sobre: Accesibilidad en Japón, pensaba que iba a ser el último post temático. Sin embargo, me he dado cuenta que me he dejado un tema bastante importante, para aquellas personas que aún dudan si ir o no a Japón. Y, es que, a pesar de que yo haya contado nuestra experiencia, esperando que os sirva, me he dejado en el tintero uno de los temas que me suelen preguntar con más frecuencia, y es… 
¿Cuánto cuesta viajar a Japón?
Todo el mundo de forma equivocada piensa que es un destino caro, y no lo es tanto, aunque, reconozco que yo también lo pensaba antes de ir. No vamos a decir que sea algo barato, pero merece la pena.

Empecemos a desglosar:
     
    1-    El vuelo
Puede que los billetes sean lo más caro, ya que hay que tener en cuenta: la distancia y las escalas. No puedes pretender que los billetes de avión te cuesten como un viaje a cualquier sitio de Europa, aunque si lo encontráis, no dudéis en hacérmelo saber. Es otro continente, hay muchos kilómetros de por medio y a menudo hay que coger más de un avión. Aconsejaría ir mirando con tiempo por: Skyscanner, borrando el caché, ya que las páginas web son muy listas y enseguida que sepan que estás interesado en un destino, verás como los precios se van inflando, así que lo mejor es ir borrando las huellas que dejamos.  Puedes encontrar alguna buena oferta, si es así: ¡no la dejes escapar!. Por propia experiencia comprar los billetes con mucha antelación no significa que te vaya a salir más barato, pero sí que después de buscar y buscar, te harás mejor una idea de lo que te puede costar, y seguro que encuentras una buena oferta.  Como en todas partes hay épocas más caras que otras, así que si, por ejemplo, piensas viajar para el hanami (florecimiento del cerezo) o en pleno agosto, ten claro que no encontrarás grandes chollos, ya que los precios aumentan considerablemente debido a la afluencia de visitantes.  
Los precios rondan los 450 euros por billete. Aconsejamos coger billete de ida y vuelta desde el mismo destino, te saldrá más a cuenta. En nuestro caso no fue así, ya que después de visitar Japón nos fuimos a Corea del Sur, así que la vuelta fue desde Seúl.   
Puede que el vuelo sea el desembolso más grande que hagas en la aventura a Japón, dependiendo de la oferta que encuentres, pero a veces más vale desembolsar un poquito más e ir cómodo, piensa que es un viaje de muchas horas de por medio, y la comodidad y las escalas que hagas repercutirán en tu cansancio.

Precio aproximado por persona ida y vuelta desde España a Japón: 900 euros


     2-  El alojamiento
 Puedes encontrar diferentes opciones de alojamiento, desde hoteles: de negocios, de lujo, cápsula, albergues, o Ryokan. Bueno, los diferentes tipos en los que estuvimos nosotros, está explicado en el post temático sobre Alojamiento en Japón. Sin embargo, no conté nada sobre los precios, y es que depende un poco de la época del año en la que vayas, pero para que te hagas una idea, y mirando la misma página que miramos nosotros Booking. Aquí te dejo unos precios orientativos, para hacer el presupuesto.  
Una noche en un hotel de Tokio: alrededor de 50 euros, es decir 25 euros por persona. Suponiendo que vayamos a estar 12 días saldría a 300 euros por persona.
El precio de los Ryokan suele ser más elevado, pero vives la experiencia de dormir en un tatami con su futón, al puro estilo tradicional japonés. Una noche en un buen Ryokan te puede salir por 150 euros aproximadamente, dependiendo la ciudad, la época del año y del las comodidades (si tiene onsen- baños típicos japoneses termales- o spa). Ahí depende de lo que quieras disfrutar y rascar el bolsillo.
Hay que tener en cuenta que por muy pequeñas que puedan ser las habitaciones, siempre estarán muy presentables, además de ofrecerte: zapatillas, kimonos y otros enseres
Presupuesto alojamiento para una persona durante 14 días: 450 euros  (12 días en hotel y 2 en Ryokan)

    3-  Comer en Japón
No es muy caro, puedes comer en cantidad y sano, hasta salir rodando de un restaurante mucho. Verás en el post temático sobre Comida en Japón que hay mucha variedad y que las cantidades son abundantes. El precio dependerá del sitio que elijas, pero hay cadenas como nuestra preferida de Curry: Coco Ichibanya que por 8 euros puedes comer un buen plato de arroz con curry y carne. Además cabe decir que en muchos restaurantes no tendrás que preocuparte por la bebida ya que te viene incluida. Y otra opción rápida y barata sería comer en un Convenience Store, tipo: 7- Eleven, que están abiertas casi las 24 horas, y hay comida preparada. Pero no te preocupes si en tu hotel no hay microondas, ya que ellos te lo pueden calentar en un momento. En alguna ocasión que eran horas tardías y nos entraba hambre, caímos por ahí. Además de ser nuestro sitio de referencia para muchos desayunos e ir en búsqueda de un café.
Precio aproximado por persona y día (desayuno- comida y cena): 45 euros tirando a la alza, ya que depende de donde comas, puedes encontrar precios bastante más reducidos, pero más vale pensar que te gastarás eso y después que te sobre.  Precio de 15 días comiendo por Japón por persona: 675 euros

    4-   Comprar en Japón  
Tienes que tener en cuenta que no vas a Japón para comprar, o al meno fue nuestro caso, ya que aunque pienses que la tecnología sea puntera, tienes que tener en cuenta que el enchufe no será el mismo, por tanto el voltaje tampoco, pero, vamos, esa es nuestra opinión. Además, nos sorprendió el precio de la ropa que lo vimos bastante elevado. Sin embargo, sabemos que algo comprarás, empezando por los suvenirs y terminando por algo friki que te haga gracia. Recomendamos comprar en una tienda que se llama Don Quijote, aparte de que el nombre nos haga gracia por hacer referencia a nuestra tierra, podrás encontrar de todo, sobre todo recuerdos. Y si necesitas, como fue mi caso, o quieres comprar ropa u otra cosa, recomendamos que te fije antes de entrar en las tiendas Tax Free. Son tiendas que presentando el pasaporte te hacen descuento, como en el aeropuerto.   
Reservaría 300 euros a compras, pero eso dependerá de cada uno, porque en realidad comprando el viaje: ya es todo un regalo, pero depende de si compras recuerdos- no suelen ser muy caros- o cosas de anime o videojuegos.

    5-     Visitas a atracciones turísticas
Seguramente la intención es visitar algún templo, algún monumento turístico o algún castillo, sobre todo si vas de turista, así que tienes que pensar que la entrada a todos estos sitios se paga, quizás por ello están tan bien conservados. Pero, no te asustes, no son precios desorbitados, son precios simbólicos de 3 o 4 euros. Además no se paga en todos los templos, por ejemplo: uno de los que más nos gustó en Kioto el Santuario Fushimi Inari repleto de toriis y con muchos kilómetros por visitar es gratuito.  
En Tokio hay un edificio relativamente nuevo, en el que hay unas vistas increíbles, ya que con un ascensor subes al mirador que está a 333 metros de altura, es el Tokyo Skytree y cuesta sobre 25 euros. Sin embargo, nosotros no fuimos y nos decantamos por otro mirador que es gratuito y está a 243 metros de altura y es el Edificio Metropolitano del Gobierno, desde ahí también tendrás buenas vistas y te ahorrarás colas interminables y un poco de dinero. Bueno, con esto quiero decir que todo es relativo, te puedes gastar mucho o poco, dependiendo de cómo lo quieras vivir. Si acercándote a un castillo o entrando dentro, cogiendo una audio guía y comprando algún recuerdo.  
El precio reservado para las actividades turísticas puede rondar los alrededor de 100 euros por persona

     6-     El transporte
 Ya comenté en el post sobre este tema la importancia del JRP. Un pase que solamente podemos comprar fuera del país nipón, y que no solamente te servirá para el tren, si no para muchas de las líneas de metro, de autobús y de ferri operadas por esta compañía. En ese post ya puse los precios del coste del pase, pero pongamos que queramos uno para 14 días sería 365 euros, y aunque pueda ser una barbaridad, te permitirá visitar otras ciudades del país, de una forma cómoda y rápida. Merece mucho la pena. El metro es  caro, un billete sencillo en Tokio puede costar: 2 euros  y el autobús, por ejemplo en Kioto, que es donde más lo utilizamos, el billete sencillo: 1,50 euros.  El taxi otro transporte que en ocasiones, sobre todo al llegar al destino cargados con las maletas y bajo la lluvia, utilizamos, vimos que había diferentes precios dependiendo la ciudad, pero, a pesar de que hubiera leído que era caro, no nos lo pareció tanto, puede que porque hiciéramos trayectos cortos, pero cuenta que cada dos kilómetros puede costar 3 euros, para que te hagas una idea orientativa. Así que el precio para 15 días por persona, puede rondar los 400 euros contando el JRP, algún billete de metro y bus que no entren en el pase, y algún taxi.

    7-     Precio final  
Ahora viene la hora del susto, pero repito que viajar es toda una inversión, porque vendrás con muchas experiencias, recuerdos y vivencias que no olvidarás. Yo no puedo decir si es caro o no, porque dependerá de la economía de cada uno. Pero, después de los precios orientativos que he ido poniendo (faltaría añadir el seguro, no viajes sin seguro nunca, ya que lo puedes pasar muy mal).
El precio final del presupuesto por persona para el viaje a Japón sería de: 2825 euros.
Hay que tener en cuenta que podrás encontrar ofertas de vuelo que te cuesten menos de lo expuesto, que estés en un hotel que sea mucho más barato del precio orientativo que he dejado, que no comas tanto como nosotros y vayas a cadenas de restaurantes que están muy bien y los precios también, que no reserves un dineral para compras y el transporte bajará considerablemente si te vas a mover por el país nipón o por el contrario prefieres centrarte en una sola ciudad. Todo es relativo según el tipo de turista que quieras ser. Pero, vuelvo a repetir que merecerá la pena y que mirándolo y planificándolo con tiempo seguro que sabes ingeniártelas, para encontrar la forma más económica de viajar (ya se sabe que no es lo mismo ir de mochilero que con maleta).  

Espero que os haya sido útil este post, y, sobre todo espero que les haya servido a quienes preguntabais precios, a quienes estéis pensando viajar, y a todos. Recuerdo que son precios orientativos, que todo puede variar. Agradecería que las personas que ya han viajado a Japón, cuenten sus experiencias y si están de acuerdo con estos precios o no. Y, si conocéis páginas web que puedan venir bien a futuros viajeros, no dudéis en compartirlas.

Con este post, ahora sí que finalizo los post temáticos, aunque podría seguir hablando sobre más cosas interesantes sobre Japón, sin embargo, no soy ningunaa entendida, y en algún momento hay que terminar con la sección sobre Japón, para poder seguir avanzando. 

Os dejo algunos links interesantes, que seguro que os vendrá muy bien a la  hora de recopilar información, a nosotros nos ayudaron mucho.  

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miércoles, 25 de julio de 2018

Corre, que el tiempo vuela!


El tiempo vuela sin paracaídas

Los meses vuelan sin darnos cuenta. Sí, lo sé, he dejado pasar muchos sin dejar huella en el blog, pero no he tenido oportunidad, o, mejor dicho: no he sabido aprovecharla. Sí, porque el tiempo es relativo, y, a veces, cuando lo tenemos no le sacamos el partido que deberíamos, y a veces la falta de él es un también un gran hándicap. En mi caso ha sido una mezcla de ambas condiciones. Sin embargo, me he planteado que hoy sí o sí tenía que escribir y aquí estoy, dejando rastro.  

Estoy en una etapa en la que quiero exprimir tanto el tiempo y quiero hacer multitud de cosas que tengo que hacer malabares, para poder llevarlas a cabo. Y reconozco que  yo soy algo calmada y no me gusta agobiarme, y no lo estoy, pero cuando veo como vuelan los meses… ¡buf!  Cuando pienso que el mes está despegando  ya está aterrizando. Cuando estás ocupada, dicen que el tiempo vuela, y es totalmente cierto. Siento no haberle dedicado unos minutitos a la maleta, y de verdad que de pensamiento le he dedicado bastantes, pero no he tenido tiempo para abrirla y plasmar todo lo que quiero. De hecho aún tengo pendiente algunos post como: los temáticos sobre Japón, que tarde o temprano los veréis por aquí. Incluso los días en Seúl, ya que aún estamos editando el vídeo en nuestros ratos. Pero, como digo, a veces es complicado sacar horas de donde no hay. 

Prometo que tarde o temprano habrá nuevos post, o esa es la intención, porque, como digo, el tiempo vuela demasiado rápido.  Nosotros este año, como ya es habitual en nosotros desde hace un tiempo, no volaremos en época estival, pero sí que lo haremos este año. Este 2018 será muy especial en muchos aspectos, y el viaje que tenemos pensado también lo será, ya que iremos a un continente que nunca hemos ido ninguno de los dos. Más adelante,  cuando cumpla mi promesa de publicar los post sobre Japón y Corea, os contaré mucho más. 

La vida está llena de etapas y antes de abrir una, hay que cerrar otra. Así que , en cuanto termine de relatar nuestra odisea por Asia, me pondré a contaros futuros proyectos. Y, aunque, todas las etapas son difíciles de cerrar, va bien que se cierren, para empezar nuevas. 

¡Feliz veranito a todos!
 Disfrutad de las vacaciones, quienes las tengáis, y quienes no, disfrutad del día a día con una gran sonrisa, os puedo asegurar que saben mucho mejor los días.  

Voy a intentar correr más rápido que lo que vuelan los meses… ¿lo lograré? Solamente el tiempo lo dirá. 






lunes, 30 de abril de 2018

10 consejos antes de viajar a Japón



POST TEMÁTICO: CONSEJOS 


Después de haber relatado en los anteriores post los lugares que visitamos en Japón. Ahora empezamos con los post temáticos. El primero de ello es esté, en el que os voy a contar qué hacer antes de ir a Japón.

10 CONSEJOS: ANTES DE VIAJAR A JAPÓN
              

                1- Si viajas desde España no es necesario visado. Simplemente tener el pasaporte vigente, mirad que no quede poco tiempo para su caducidad. 

        2- Mira vuelos en Skyscanner para ver qué vuelo sale mejor de precio. Valora las escalas, porque piensa en los días que vas a tener allí, que vas a llegar con un día menos (diferencia horaria) y con jetlag.
    
       3- Si vas a visitar más de una ciudad en Japón, valora comprar el JRP . Con estos billetes, podrás viajar de forma ilimitada en la mayoría de trenes de Japón, en algunos autobuses y ferris, además de ahorrarte bastante dinerillo. Estos pases los puedes comprar en función de los días que vayáis a estar (7, 14 o 21 días). Piensa si vas a ir a hacer ruta por Japón o solamente vas a estar en un par de ciudades, aunque igualmente creo que compensa. Por ejemplo: Viajar de Tokio a Kioto en tren sin Japan Rail Pass puede costar sobre 250 euros y con el pase, a pesar de que es un gran desembolso, no tendrás que pagar, ni sacar billetes. Recordad que este pase solamente se puede adquirir desde fuera de Japón, así que antes de viajar. El pase es intransferible, viene tu nombre, el pasaporte y la fecha en la que se ha puesto en marcha. Tendrás que tener mucho cuidado de no perderlo, de que no se moje o no le pase cualquier otra cosa, ya que no se podrá comprar otro, vamos, ni te darán otro, aunque te lo hayan robado, ya que en Japón no se puede conseguir.

                4- Ir con alojamiento, te ahorrarás algún dolor de cabeza, dinero y además te lo pedirán cuando llegues al aeropuerto. Está muy bien eso de ir a la aventura, pero cuando vas a ir a un país tan lejano, aunque sea  reserva para los primeros días, porque cuando pases por inmigración te lo solicitarán.
         
         5- Aconsejo encarecidamente llevar Internet en el móvil. Sé que hay varias maneras, comprando una SIM u otras maneras, pero nos sorprendió el Pocket Wifi  que es como un router pequeño, que te permite tener Internet en tus dispositivos allá donde vayas. Si volviéramos a alquilarlo, lo haríamos sin límites de datos, porque te da más libertad de uso. Sabemos que desplegar un mapa puede tener su encanto, su magia, sin embargo, ir con GoogleMaps nos facilitó mucho la vida. En muchos mapas las calles estaban escritas en Kanji, por tanto descifrar aquello puede resultar un jeroglífico.

        6- Llevar dinero en efectivo. A pesar de que todo el mundo piense que Japón es un país totalmente avanzado, y que tendrán TPV  en todas partes para pagar con tarjeta de crédito, no es así. En muchos sitios no tienen, o no está bien visto. Además si quieres comprar algo en un puesto callejero, no esperes que acepten tu tarjeta de crédito. Nosotros hicimos el cambio en el Aeropuerto de Narita. Nada más llegar fue lo primero que hicimos, hay gente que sabe más del tema y sabe cuándo va a salir mejor y dónde hacer el cambio, pero no fue el caso y no salió tan mal.  
        
        7- Tanto los vuelos, como los hoteles, como todo lo que reserves desde España, llévalo impreso también en japonés. Puede parecer raro que no sepan leer nuestros caracteres y entender el nombre de un hotel, pero si nos ponemos en el otro lado, yo no sabría interpretar algo que me enseñasen en kanji. Nos pasó en Kioto, diciéndole al taxista el nombre del Hotel, hablándole en inglés, pero no nos entendía. Finalmente le enseñamos la hoja de la reserva, pero tampoco había manera de que supiera dónde queríamos ir, hasta que le enseñamos la hoja impresa en japonés, y entonces fue cuando se le iluminó la cara y nos pudo llevar a nuestro destino.

       8- Llevar un adaptador para la corriente. Los enchufes no son como en España, la corriente que utilizan es de 100V y el enchufe es de dos palancas paralelas planas, así que llevar un ladrón, te puede ayudar mucho.

       9- Hablando de baterías, nos solucionó mucho el llevarnos una batería externa. No tan solo por cargar el móvil, que al utilizar el GPS gastaba más rápidamente la carga, si no que nos vino bien para la cámara de fotos, de vídeo, el Pocket Wifi, etc. 

       10- Incluir en la maleta un chubasquero. Nunca sabes si tendrás un chaparrón, una tormenta o un seguido de días de lluvia. En nuestro caso no íbamos en la temporada de más lluvia o Tsuyu, que comprende desde Mayo, Junio y Julio. Fuimos en octubre y no tuvimos gran suerte con el clima. Por propia experiencia, podemos decir que por mucho que compres un paraguas, un chubasquero, te vendrá muy bien si llueve para hacer turismo. Aunque no olvides llevarte de recuerdo uno de esos paraguas tan típicos de Japón, uno de esos transparentes, que te harán sentir como un nipón más. Verás  lo cómodo que es ir con uno de ellos, porque te permite ir por la calle viendo lo que hay frente a ti, sin chocarte con nadie, al ser transparentes es una  de las ventajas.  



      VÍDEO BLOG: 10 CONSEJOS ANTES DE VIAJAR A JAPÓN. NUESTRAS RECOMENDACIONES: 

   





jueves, 12 de abril de 2018

Despidiéndonos de Japón: último destino


NUESTROS ÚLTIMOS DÍAS EN EL PAÍS DEL SOL NACIENTE


Cuando sabes que la despedida es cercana, cuando sabes que lo bueno está por decir adiós, es el momento de sacar fuerzas de donde no las hay, para exprimir al 100% todos los minutos. Con el tiempo quedará el recuerdo, no solamente de esos últimos días, sino del viaje en global. Una de las aventuras asiáticas, la de Japón empezaba a decirnos adiós, o más bien, nosotros empezábamos a darnos cuenta que ya solamente quedaban horas allí. Y, aunque, tenemos la idea de volver algún día, no sabemos cuándo volveremos, así que era el momento de, a pesar del cansancio acumulado, disfrutar al máximo de aquel país. 

ÚLTIMA NOCHE EN HIROSHIMA
Después de nuestra escapada a Miyajima, volvimos a pasar nuestra última noche en Hiroshima. Para volver rehicimos el camino, volviendo a coger el ferry (gratuito con el JRP) y cogiendo de nuevo el tranvía que nos dejaría cerca de nuestro alojamiento. Cuando volvimos estábamos cansados, pero aún no era tan tarde como para preparar el futón e irnos a descansar, además debíamos cenar algo, que después de un día de excursión nos merecíamos llenar el estómago. Con el wifi del Ryokan buscamos algún sitio cercano, que no estuviera mal, además nos apetecía uno de los manjares más típicos de la zona: Okonomiyaki.

LA ÚLTIMA CENA EN HIROSHIMA
Encontramos un lugar muy chiquitín, en el que solamente estábamos nosotros como comensales. De hecho te sentabas en taburetes, delante tenías una barra con la placa, en el que te servirían el okonomiyaki. Así también podías ver cómo lo preparan delante tuyo, asistiendo a un espectáculo gastronómico. Solamente había una mujer como dueña y cocinera, quien se asustó al vernos, porque no esperaría a nadie. Estaba tras la barra, con la televisión puesta y con una sonrisa muy amable, dispuesta a ofrecernos lo que fuera, aunque no tuviera ni idea de inglés, ni mucho menos de nuestro idioma. No había carta, para ver qué tenían, así que al decirle oknomiyaki, ella señaló a la pared, donde estaba anotado en kanji todo lo que tenían, así que si es como si nos hubiera dicho que eligiéramos un dibujo, porque no teníamos ni idea de lo que había escrito, ni qué significaba nada. Así que, optamos por echarlo a suertes, Carlos señaló dos diferentes, esperando que nos gustase lo que habíamos escogido, pero sin saber qué contenía. Ella asintió y se puso manos a la obra. Carlos también pidió una cerveza japonesa, pero no había manera de que la mujer le entendiera, por mucho que se lo repitiera en inglés, ella no sabía qué le decía, Carlos buscó por todas partes una botella, pero no la encontraba. Al final le pareció ver una y le dijo qué era lo que quería, y ella le trajo dos para elegir, y él eligió una grande. Yo con el vaso de agua fresquita que me había ofrecido nada más entrar, tenía más que suficiente, ya que para comer es lo mejor que hay, y más si no sabes ni lo que vas a comer.

Con parsimonia, pero con ritmo, la mujer empezó a sacar todos los ingredientes que necesitaba. Carlos me iba contando: huevos, verduras, jamón, etc.. Carlos era mi audio descriptor, y así al ver que no había ningún ingrediente peculiar, nos quedamos más tranquilos. Empezamos a ver cómo preparaba todo en la placa que, ya había puesto a calentar, y yo saqué el móvil para grabarle. Sí, mal hecho, sin pedirle permiso, pero tampoco me entendía, y la idea era grabar cómo lo cocinaba. A ella al verme con el móvil le hizo mucha gracia, no se lo tomó a mal, más bien al contrario: se divertía al ver a esa pareja extranjera, atentos a todos sus movimientos.  Nos pareció muy entrañable, porque siempre tenía una sonrisa para nosotros, y, a pesar de la barrera lingüística, hacía gestos para expresarse. Nos hubiera gustado mantener una conversación con ella, pero no había manera, por mucho que lo intentamos.


Después se puso en marcha con el otro okonomiyaki,  y ese sí que nos pareció más raro, ya que llevaban fideos dentro. Más contundente no podía ser. Cuando estuvo listo, se quedó a la espera, para que lo probásemos, y de hecho, como nos había visto con los móviles, le dije a Carlos mediante gestos que me hiciera una foto mientras lo probaba. Nos hizo mucha gracia. Ella me lo había preparado, y no sé si se habría dado cuenta que no veía, supongo que sí, porque con Carlos no lo hizo, pero me había preparado un trozo de okonomiyakk con la paleta, y, sin decirme nada, simplemente como ella podía expresarse, se acercó
Pili probando el okonomiyaki
para acercármelo a la boca, como si fuera una niña pequeña. Ella estaba expectante, pero quemaba, sin embargo: ella quería nuestra aprobación, quería saber si estaba a nuestro gusto. Hasta que no le dijimos un ok, con el pulgar hacia arriba y vio nuestra sonrisas de satisfacción, ella no se quedó tranquila. Una vez nos vio disfrutar de la comida, ella se preparó algo para ella, y se puso a cenar mientras veía la tele. El sitio era muy pequeño, la teníamos enfrente cenando y viendo la televisión, casi como si fuéramos intrusos y nos hubiéramos metido en su casa, pero ella se sentía acompañada y a gusto de nuestra compañía, se le notaba.
Al finalizar la cena, en la que nos quedamos muy llenos, casi no podíamos ni terminar. Pero, cuando nos quedaba poco, ella empezó a rascar con la paleta, y nos lo acercó, para que nos terminásemos todo. No queríamos hacerle ningún feo y como niños buenos nos lo comimos todos, a pesar de acabar muy gordos, pero no queríamos que se lo tomase a mal, además, cabe decir, que estaban buenísimos. Nunca habíamos comido unos okonomiyakis tan ricos, deliciosos y hechos con mucho mimo. Cuando ya nos fuimos quise decirle, a riesgo de que no me entendiera, que éramos de Barcelona, pero no hubo manera de que nos entendiera. Nos hizo gesto de un momento y se fue a buscar algo, yo pensé que un diccionario, pero era una libreta. Pensamos que sería, para que le hiciéramos un dibujo o le escribiéramos lo que decíamos, pero no, nos enseñó páginas anteriores: era como un libro de visitas, en que otros turistas y comensales habían escrito para la mujer. Imagino que después alguien se lo traduciría, y si  no ella estaba súper feliz con su libreta de visitas. Carlos me estuvo leyendo lo que había escrito, casi todo en inglés y también en japonés (en ese caso no pudimos entender nada), todo el mundo destacaba lo bien que se comía y el trato de aquella mujer. Nosotros quisimos dejar nuestra huella escribiendo en nuestro idioma, no es que no supiéramos escribir en inglés, pero nos hizo gracia dejar nuestras palabras en nuestra lengua. Más que nada, por si casualidades de la vida otros españoles acaban en ese mismo rinconcito de Hiroshima, verán que otros como ellos también estuvieron allí.

Salimos muy contentos del establecimiento, no tan solo por lo bien que habíamos comido, sino por el trato de aquella japonesa que nos había tratado como si fuéramos familiares suyos. Sabemos de lo serviciales que son, sabemos que estábamos como clientes, pero no nos trató como simples clientes, si no que quería agradar, sin llegar al agobio y estaba todo el rato atenta. Cuando salimos me hice una foto en la puerta, me hubiera gustado hacerme una con aquella mujer encantadora, pero no quise abusar de su confianza y no se lo dije. Seguramente no se hubiera negado, pero tampoco era plan. 
Pili en la puerta del restaurante


 Nos fuimos a dormir, la jornada había sido totalmente redonda y debíamos reponer fuerzas.  

DE CAMINO AL ÚLTIMO DESTINO DE JAPÓN
Al día siguiente antes de abandonar el alojamiento japonés debíamos preparar de nuevo las maletas. Con las maletas arregladas, otra vez había tocado un Tetris, pero habíamos podido cerrarlas. Hicimos el check-out y nos fuimos a desayunar. De nuevo fuimos al mismo sitio que el día anterior, aunque en esta ocasión había más gente, o nos dio esa sensación, porque entre que el sitio era pequeño e íbamos cargados con las maletas….  Pedí lo mismo que el día anterior, la leche con los cereales,, Carlos se animó y también lo pidió. Sin embargó, vimos que tardaba más de lo habitual. Finalmente se acercó y nos dijo que lo sentía, pero que no tenía leche. No sé por qué había tardado tanto en decirlo. Creemos que es el por pudor que suelen tener los japoneses a no poder ofrecer lo que queremos. Sin embargo, no lo entendimos, porque si nos lo hubiera comunicado antes, antes hubiéramos cambiado de opción, y antes hubiéramos terminado. Finalmente pedimos unas tostadas francesas, que muy bien no sabíamos qué era, pero  era algo para comer. Salimos en varias ocasiones a fumar, en una de las ocasiones que salió Carlos, él también salió y le pidió un cigarro. No tuvo ningún inconveniente en darle uno, pero nos pareció raro. Nuestro desayuno era un bol con trocitos de pan tostados y dulces, algo muy raro, pero que estaba rico. Después del café y cuando nos cobró, me dijo Carlos que nos había hecho descuento, por las molestias ocasionadas. Así que nos despedimos y nos fuimos en dirección a la estación de tren. A lo tonto, entre las maletas, el desayuno y los contratiempos se nos había hecho bastante tarde. Suerte que cogeríamos el tren que viniese, sin presión de horas de billetes y con la ventaja de que en Japón cada cinco minutos tienes la opción de coger el tren.

En la estación optamos por no reservar asientos, así con el JRP íbamos pasando de un lado para otro. Cuando llegamos a nuestra vía de tren, nos pusimos en las áreas que son para personas que no tienen asientos reservados. Al no ser muy temprano, tuvimos suerte y pudimos sentarnos, había sitio de sobra. Nuestro recorrido sería cortito, ya que nos dirigíamos hasta nuestro último destino en Japón: Fukuoka.

EL REENCUENTRO CON YUSUKE
Estábamos emocionados por ir a Fukuoka, no por la ciudad en sí, sino porque allí nos reencontraríamos con Yusuke seis años después de nuestra última vez. Yusuke, ó Whisky, tal y como se presentó la primera vez que lo vimos. A él lo conocimos en nuestra estancia en Dublín. Aquel año, aparte de aprender inglés y vivir en una ciudad extranjera, nos sirvió para conocer a personas de casi todo el mundo. Sí, conocimos a muchos coreanos, japoneses, europeos, excepto a irlandeses, quienes no estaban por la labor de relacionarse con extranjeros que vivían en su ciudad.

Con Yusuke, que no vivía en Fukuoka, sino en una ciudad cercana, habíamos quedado en la estación de tren, ya que él también llegaría en otro tren de cercanías. Quedamos en la puerta principal de la estación de tren. Una vez estuvimos ahí, le escribimos, para preguntarle su ubicación. Nos dijo que en 10 minutos estaría allí. Cuando llegó enseguida, a pesar de los años transcurridos, nos reconocimos. Nos hizo muchísima ilusión y nos hicimos la primera foto de reencuentro en la estación. Nos había traído un detalle de su ciudad natal, eran unos dulces envueltos con esmero y que deseaba que nos gustasen y aguantasen hasta nuestra llegada a España. Después del jolgorio por vernos de nuevo. Decidimos qué hacer. Cabe decir, que para no variar en nuestra estancia por Japón, estaba lloviendo de nuevo, pero poco nos importaba. No teníamos mucho que ver en aquella ciudad, solamente a Yusuke y ya estábamos con  él. 

Reencuentro con Yusuke en la estación de Fukuoka

ANTES DEL REENCUENTRO
Una vez llegamos a Fukuoka con las maletas, mochilas y demás nos fuimos a buscar nuestro alojamiento que relativamente estaba cerca de la estación. Una vez llegamos vimos que había bastante gente esperando en la recepción, cuando nos tocó nuestro turno, nos quedamos con cara de tontos, al ver que nos decía la posición de nuestro apartamento en un mapa. Nos explicó dónde estaba y la clave qué debíamos introducir al llegar. No entendíamos nada. Nosotros habíamos elegido ese alojamiento solamente por la cercanía y la comodidad de estar cerca de la estación, y ahora nos indicaban que estaba en la otra punta. Realmente no sé si en la otra punta o no, pero no estaba cerca, ni siquiera sin maletas podíamos llegar caminando. Una vez más, entre el desayuno tardío y con contratiempos y ahora esto, hacía que el reencuentro se retrasase más y más. No sabíamos cómo ir, otra vez cargados ir a la estación de tren, coger el metro y demás era demasiado, para un día lluvioso y lo perdidos que estábamos, así que optamos por lo más sencillo coger un taxi.

En un momento nos dejó cerca de unos cuantos edificios altos. Uno de ellos era nuestro apartamento de una noche. Había una portería con doble puerta, la principal se abría sin problema, pero una vez dentro había unos buzones, abrimos el nuestro, encontramos nuestra clave, y por mucho que Carlos la introducía no había manera de que la puerta se abriese. Estábamos perdidos, en una puerta sin que se abriese, sin recepción, sin nadie a quien preguntar, sin teléfono adónde llamar y cargados con las maletas. Solamente íbamos hasta allí, para dejar nuestras maletas y no podíamos acceder. Finalmente después de intentarlo en varias ocasiones, alguien desde dentro nos abrió. Nunca supimos si era alguien que trabajaba allí, si era alguien alojado o quien era, pero nos salvó el día. Nos rescató de ese enredo. Le explicamos y nos dijo cómo se hacía, bien hecho, porque si no corríamos el riesgo de quedarnos más tarde una vez más atrapados. 
Subimos a nuestro apartamento y era amplio como ninguno en los que habíamos estado. Con una cama grande, con cocina, con baño, con un balcón grande – en el que cada dos por tres se podía escuchar el Shinkansen pasando a toda velocidad-.  
Vistas desde el apartamento de las vías del Shinkansen


No quisimos demorarnos más, y después de dejar nuestros bártulos y enganchar nuestro móvil al wifi, que iba y venía, vimos que teníamos una parada de metro relativamente cerca y podríamos llegar a la estación de tren, donde habíamos quedado con Yusuke.  Eso sí, antes de irme cargada como una mula, descargué todo el contenido de mi bolso, porque no hacía falta ir con tanto, mi espalda me lo agradecería.  
De camino a la estación de metro, en un parque vimos una exhibición de niños bailando con música oriental. Nos hizo gracia y nos paramos a contemplarles, aunque más bien tampoco era nada del otro mundo, pero ya se sabe que cuando vas de turista cualquier cosa te sorprende. De hecho hasta Carlos como si de uno de los padres se tratase se puso a grabar una actuación. Después proseguimos y en el metro, el cual podíamos viajar sin necesidad de sacar billete, ya que una vez más amortizaríamos el JRP llegamos hasta la estación principal.

SHABU-SHABU
Platos, ollas y comida en la mesa. Preparados para Shabu Shabu
Después de nuestro reencuentro en la estación con Yusuke, nos dimos cuenta que deberíamos haber quedado en su ciudad y no haberle hecho trasladar hasta Fukuoka, pero él en ningún momento nos dijo nada, así que pensábamos que estaba muy cerca. Sin embargo, había tenido que coger un tren de una hora o así y nos supo muy mal, que se gastase dinero para venir a vernos. Y, además, que nos trajese un detalle. Él decía que daba igual, que era domingo y lo importante era volver a vernos. Así que, como no era su ciudad, y, aunque había estado en alguna ocasión no sabía dónde llevarnos. Era la hora de comer y empezamos a buscar adónde ir, pero sin movernos de la estación. Dentro de ésta era como un centro comercial y en la parte de arriba estaba repleta de restaurantes. Nos fue diciendo que tal sitio era coreano, otro italiano, y nosotros lo que buscábamos era algo típico japonés. Así que pensó en un restaurante, que según decía él, era el mejor y era comida típica japonesa. Así que le hicimos caso y pedimos para comer allí, teníamos que esperar en una sillas que había fuera. Sin embargo, entre que estábamos de charla y demás no ese nos hizo muy larga la espera. Una vez dentro, agradecí que Yusuke no quisiera comer en un tatami, ya que, por muy típico que sea, en una mesa estaríamos más cómodos sentados en nuestras sillas. Enseguida Yusuke nos dijo que teníamos que hacer, y me cogió y me llevó a un sitio, en el que había comida dentro de la nevera, con un plato te ponías lo que querías. Él me iba diciendo lo que había: champiñones, verdura, arroz... pensé que era para hacerme una ensalada, ya que no nos había explicado mucho de qué se trataba.
En la mesa vino una camarera y nos trajo unas salsas, una blanca y otra oscura. En medio de la mesa teníamos una olla bastante grande. Más tarde nos trajeron trocitos finos de carne cruda. Y, entonces como pudo Yusuke nos contó de qué se trataba: comeríamos un Shabu-Shabu. Los champiñones que yo había cogido no estaban cocinados, era para prepararlos en una de las ollas que teníamos en medio de la mesa. Además también podías bañar la comida en un bol con salsas, había una de color blanco y otra de color negro. Una era más sabrosa que otra, una como más dulce y otra más avinagrada, pero cualquiera de las dos contribuían a que todo recién hecho, estuviera aún más suculento. La verdad es que nos pareció muy original y todo estaba exquisito. Comimos como gordos, ya que podías repetir las veces que quisieras. Nos levantamos en varias ocasiones, para repetir de acompañamiento: cebolla, setas, tomates, arroz, etc. Y, de carne, cada vez que veía que nos quedaba poco, Yusuke decía unas palabras en japonés y enseguida nos traían más. Terminamos muy contentos con esa experiencia gastronómica, pero muy gordos. Incluso después, al finalizar podías levantarte a por el postre, y si querías podías repetir las veces que quisieras, pero nos habíamos quedado tan saciados que cogimos algún helado y ya nos quedamos de maravilla. Por el detalle que había tenido en quedar con nosotros y la ilusión que nos había hecho, quisimos invitarle, pero una vez más demostró ser un anfitrión y se nos adelantó. Se nota que estaba contento de nuestra visita y lo único que quería era que disfrutásemos. Él estaba preocupado por si no nos había gustado, le dijimos que sí, que mucho, y entonces se le iluminó una sonrisa y se dispuso a llevarnos a otro lugar. Se acordó que fumábamos y preguntó si queríamos ir a algún sitio después de comer, para saciar nuestro vicio. Dentro del mismo centro comercial había una zona para fumadores, una pecera de esas, e incluso él fumó con nosotros. 

CAFÉ: CHARLAS Y RISAS
Cuando salimos del centro comercial no sabíamos adónde ir. Ni él, ni nosotros conocíamos la ciudad, además que hacer turismo bajo el paraguas no era muy agradable. Así que caminamos un poco y se nos ocurrió ir a por un café, Carlos comentó que en Tokio habíamos descubierto una cafetería que estaba muy bien y que, además, se podía fumar. Así que buscamos por Internet la famosa cafetería: Chococro Saint Marc café, y resultó que era una cadena a nivel de todo Japón. Nos pusimos a buscarla, así nos entretuvimos, aunque creo que Yusuke no se fiaba de Google Maps, porque cada dos por tres preguntaba a alguien para ver si sabía de alguna cafetería. Sin embargo, finalmente siguiendo las indicaciones de Google Maps lo encontramos, estaba como en otro centro comercial, y nos pedimos un Capuccino cada uno. Vimos que había una sala tranquila, separada con una puerta corredera, en la que se podía fumar y de forma tranquila: sin molestar a nadie, sin olores fuertes y degustando nuestro café espumoso. Allí, más que durante la comida, sirvió para ponernos al día. Nos contó a qué se dedica qué hace, cómo es su vida y qué había pasado después de su etapa por Dublín. Nosotros también le contábamos qué hacíamos, cómo había sido volver después de un año en Irlanda. Y, aunque no estuviera, se acordó de preguntar por la peluda, Kenzie, ya que se acordaba de ella. También Carlos le contó el programa de televisión que habíamos estado haciendo Kenzie y yo, primero no lo entendía, hasta que Carlos con el wifi de la cafetería le enseñó un episodio y le hizo mucha gracia vernos. La verdad es que no sé cuánto rato estuvimos resguardados de la lluvia, pero daba igual, lo importante es que estábamos practicando inglés, pero sobre todo y lo más importante, estábamos poniéndonos al día con un viejo conocido.  

PASEOS Y ÚLTIMAS EXPERIENCIAS
Una vez salimos de la cafetería, no era plan de quedarnos todo el día sentados, ya había atardecido, estaba medio oscuro, es lo que tiene viajar en otoño, que oscurece antes. Vimos un poco de espectáculo que había en el centro comercial, estos japoneses cuando se ponen a organizar algo lo hacen a lo grande. Después, paseamos: Yusuke decía que querríamos para cenar, pero yo les dije que estaba muy llena. Carlos decía que le hacía gracia cenar en una de esas casetas que hay por la calle: yatai. Son puestos callejeros, en los que cocinan allí mismo, tienes la opción de quedarte, si hay sitio y comértelo en un taburete, o llevártelo. Así que empezamos nuestra búsqueda, porque mientras paseábamos habíamos visto bastantes. Antes de todo ello, pasamos a un supermercado, Yusuke quiso que probásemos una marca de tabaco japonesa, que la verdad no estaba nada mal. Después, escuché uno de esos semáforos acústicos y alegres de Japón y quise probar como era ir sin ir cogida, así que les dije que quería probar una cosa. Saqué el bastón y comprobé la comodidad de andar por esas calles. Aquellas aceras con raíles que tanto nos habían entorpecido nuestro andar con maletas, eran súper cómodas para ir con bastón, porque se notaba mucho el relieve con el bastón y te dejaba justo en el paso de cebra. Cuando llegué al bordillo,  crucé en más de una ocasión con el bastón al ritmo del sonido del semáforo en verde. Ya os contaré más sobre la accesibilidad en Japón en otra entrada. Sin embargo, era mi última noche en Japón y quería vivir la experiencia de caminar con el bastón blanco yo solita, sintiendo cómo era ir  por calles japonesas sin ir agarrada.

Después de caminar y hacer pausas, fuimos en serio en búsqueda de algún yatai que nos llamase la atención, ya que cada uno estaba especializado en algo, por ejemplo: había algunos en los que solamente podías pedir ramen, en otros fideos, y, realmente con todo lo que habíamos comido, y, por mucho que a Carlos le apeteciese una vez más ramen, preferimos optar por algo más ligero, pero degustando el sabor japonés. Además, realmente ni hubiéramos cenado, porque con el Shabu-Sahbu nos quedamos a tope, pero no queríamos despedirnos tan rápidamente. Encontramos un sitio, ya que estaban todos a tope, en el cupimos los tres apretujados en taburetes. En este sitio creo que también ofrecían ramen, por el olor y el calor de los fogones, pero Carlos se lo repensó y prefirió no castigar al estómago con exceso de comida. Así que dejamos que Yusuke eligiera por nosotros unos cuantos pinchos. Por supuesto, estaba mi preferido el yakitori (pincho de pollo y cebollino con una salsa deliciosa), después fuimos probando otros pinchos. Cuando los probábamos, que no nos lo decía hasta que lo habíamos comido, nos decía lo que era. Uno de ellos era culo de vaca y otro, el cual me encantó su textura, eran trocitos de lengua de vaca (muy sabroso y con una textura chiclosa). La verdad, es que nos entró mucha risa al saber qué habíamos comido. Todo esto amenizado con sake, con charlas y risas.  
Plato con Pinchos



LA DESPEDIDA
La despedida se aproximaba no solamente con Yusuke, sino que era nuestra última noche en Japón. Así que, antes de abandonar el país, y a riesgo de no encontrar ningún buzón en el aeropuerto, tuvimos que desprendernos de nuestro Pocket Wifi, habíamos cogido el sobre con el franqueo pagado, introducir el wifi pocke, que nos había acompañado por las andanzas japonesas y despedirnos. Ahora las  últimas horas estaríamos desconectados de Internet, aunque realmente ya lo estábamos porque no quedaban casi datos, casi todos gastados. A mí estas cosas de dejarlo ahí, sin dárselo a nadie me da un poco de mal rollo, pero al menos estaba Yusuke de testigo y, por si las moscas, también lo grabamos, no fuera a ser que después se perdiera, lo robasen o o cualquier cosa y nos acusaran de no haberlo devuelto a tiempo.

Sin wifi, con menos cargas, nos dirigimos a la estación: allí Yusuke tendría que coger el tren hasta su casa y nosotros el metro hasta nuestro moderno apartamento. Nos dio mucha pena despedirnos de Yusuke, porque habíamos pasado un día increíble, quedamos con que la próxima vez, y esperando que no pase tanto tiempo, tendría que venir él a vernos. Espero que pronto muy pronto podamos hacer nosotros de anfitriones con él por Barcelona. No fuimos nosotros quien le vimos marchar, sino que no se quedaba tranquilo hasta que nos acompañó hasta nuestra línea, no fuera a ser que nos perdiéramos. Así que se quedó ahí viendo como nos íbamos.

En el apartamento fue llegar y ponernos a dormir, aunque yo estaba algo nerviosa. Al día siguiente me desperté bien temprano, para recolocar todo en la maleta, aunque no habíamos sacado gran cosa, pero volvíamos a viajar, en esta ocasión volábamos. A mí me daba miedo que con tanta compra friki, el desorden de la maleta y demás pesase más de lo habitual. No teníamos manera de saber cuánto pesaba la maleta, porque normalmente no hay básculas así como así. Algún día me quiero comprar una báscula portátil para viajar, no sé dónde la ví y creo que puede resultar útil. Bien temprano, sin desayunar, cargados y nerviosos, nos pusimos a andar sin rumbo, simplemente esperando encontrar un taxi. Finalmente, Carlos pudo parar uno. Íbamos hacia el aeropuerto. No para volver a España, aún quedaba otra aventura más.  
Aquí os dejo con el vídeo que hemos  realizado (gracias a Carlos) sobre Fukuoka, nuestro último destino en Japón: 



ODISEA EN EL AEROPUERTO DE FUKUOKA
Llegamos con muchísimo tiempo al aeropuerto, pero era uno que no conocíamos y estábamos muy perdidos. Yo ya le decía a Carlos que ir con tantas horas de antelación era demasiado, pero así ya estábamos allí. Cada dos por tres íbamos preguntando en información, pero nos dijo que hasta tal hora no estaría abierto el mostrador para facturar. Lo peor es que ese aeropuerto era un poco caótico, porque fuera cual fuera la compañía y el destino, todo el mundo tenía que hacer la misma cola, como si antes de facturar tuvieras que pasar por un control de seguridad. El tiempo pasaba y los nervios se acrecentaban, finalmente pudimos ponernos en la cola, nosotros éramos los únicos occidentales. Nos sentíamos raros. Y, encima, casi nadie hablaba inglés o algún idioma que conociéramos. Cuando pasamos, teníamos que poner las maletas en un escáner. Pasamos y a la hora de ir a recoger nuestras maletas, a Carlos le dijeron que fuera. Abrieron la maleta delante de él, y lo que habían encontrado eran mecheros, resulta que, aunque no los lleves encima, no se puede viajar con mecheros. Encendedores que ni sabíamos que llevábamos, pero nos hizo dejar uno en la maleta y otros se los quedaron. Una vez sin mecheros y todo en regla, nos dimos cuenta que a las cremalleras les habían puesto unas etiquetas, como para que no se pudieran abrir. Nos dio pánico que estuvieran cerradas de esa manera.   Cuando llegamos al mostrador nos atendió una japonesa muy simpática, nos pidió el ticket, se lo enseñamos  y pesó las maletas. El miedo al exceso de peso se hizo patente, cuando colocó nuestras maletas en la báscula. Entonces nos dio la opción de ir a una zona para vaciarlas. Así que, a pesar de nos hubieran puesto esas pegatinas en las cremalleras nos dimos cuenta que se podía abrir sin problemas, y respiramos. No sabíamos que quitar. Pero exceso de equipaje no queríamos pagar. Carlos empezó a ponerse sudaderas, unas puestas, otras atadas en la cintura. Yo saqué alguna bolsa y puso calzado en bolsas de plástico, parecíamos unos pordioseros. Antes de volver al mostrador, tuvimos que pasar por el escáner, volvieron a poner esas extrañas etiquetas en las cremalleras. En el mostrador casi nos vuelven a hacer cola, a lo tonto con las horas que llevábamos allí y nos harían perder el vuelo…. Pero la chica que nos había atendido  antes y que era muy maja, nos vio y le dijo a alguien que pasásemos. Se lo agradecimos mucho. Volvió a pesar las maletas, sonrió y nos dio las tarjetas de embarque.  Pero, no había acabado la cosa, ahora faltaba pasar por el control de seguridad real, ese en el que tienes que vaciar los bolsillos, y poner todo en bandejitas. Mi mochila,  mi abrigo y demás iba en bandejas, igual que las cosas de Carlos. Mi sorpresa fue que pararon a Carlos, porque en su mochila habían encontrado algo sospechoso. ¿Qué era? Mecheros. Pero, antes de que mediera cuenta, otro guardia vino hacia a mí y me dijo que llevaba algo en la mochila, por supuesto mecheros. Me indigné mucho, porque en ningún aeropuerto había tenido problemas y pretendían dejarnos sin mecheros, como para haber comprado de souvenirs mecheros para todos nos hubiéramos quedado sin regalos. Finalmente nos dejaron uno para cada uno. Sin embargo, me sentí enfadada por: el trato y porque uno de los mecheros que se habían quedaron era un regalo. Si lo llego a saber le hubiéramos dado todos nuestros encendedores a Yusuke, antes de que se los hubieran quedado allí. Encima parecíamos criminales, como si con tanto mechero fuéramos incendiar el avión. Bueno, después de un mal rato, de mal trato, de ser criminales y mirados por todos, de diferentes cacheos, llegamos a la zona de embarque. Aún quedaba un rato, pero para nuestra sorpresa había una zona de fumadores y después de comprar agua y ver dónde tendríamos que coger el avión, entramos para fumar, aunque ahora no teníamos más que un mechero, necesitábamos saciar la ansiedad que habíamos cogido con el control de seguridad.

Carlos en el aeropuerto con un ventanal detrás

Ya estábamos a punto de volar. En esta ocasión nos tocaba ir a por la segunda aventura: de Japón a Corea del Sur. Abandonábamos un país amable, caótico pero con orden, en el que encuentras modernidad y tradición, y en el que a pesar de la climatología lo habíamos disfrutado mucho. No descartamos volver algún día al país del Sol Naciente, para ver lo que nos queda, para repetir según que sitios y para seguir disfrutando de Japón. Así que, aunque nos daba pena abandonar el país, aunque ya estábamos cansados por los días transcurridos, aún teníamos que guardar fuerzas, para seguir disfrutando de la aventura asiática. Nos fuimos con buen sabor de Japón, pero no era una despedida, porque estamos seguros de que volveremos.


VOLANDO A OTRO DESTINO
Japón se quedaba donde estaba, pero una parte de su cultura, de sus paisajes, de las anécdotas vividas, de su gente y de todos los recuerdos, se habían colado en nuestros bolsillos del alma. Una parte del encanto de lo vivido se venía con nosotros. Más tarde, con la siguiente aventura, sería imposible no hacer comparaciones. Aunque las comparaciones son odiosas, era imposible no hacerlas. El cansancio de los días vividos iba haciendo mella, sin embargo, aún nos quedaban unos cuantos días de vacaciones, que queríamos aprovechar al máximo. Además en Seúl contaríamos con una guía excepcional, quien tenía mil planes para nosotros. No teníamos que preocuparnos de nada. Así que ahora tocaba volar hacia otro destino. En menos de dos horas estaríamos en Seúl. 

Y, termino este post con una canción, que es el final de un Anime que a Carlos le gusta. Así sirve de despedida, aunque en realidad sea un: Hasta pronto!