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sábado, 25 de junio de 2016

Relato: Besos

Besos


“Besos, ternura, qué derroche de amor, ¡cuánta locura!” y venga, otra canción con la palabra besos. No quiero ni escuchar hablar de esa palabra y desde hace un mes la escucho por todas partes, como si me estuviera volviendo loca. Vaya donde vaya, sean canciones antiguas o no, en todas partes sale esa maldita palabra, la palabra que sella el amor entre los labios, pero que cuando no es correspondido hace mucho daño.
Mi primer beso recuerdo ya hace bastante de eso, fue con Juan Carlos, el vecino del cuarto, y me dio mucho asco. Tanta saliva, tanto juegueteo con las lenguas, casi me ahoga con su lengua y le dije que parase, desde entonces fue muy incómodo vernos. 
El segundo beso no estuvo nada mal, no fue con él, porque después del primer beso, nuestra relación fue mucho más fría, quizás por mi reacción o véte tú a saber. La cuestión es que el segundo beso fue con un chico del instituto y eran tolerables, no estaban mal, pero nada del otro mundo, quizás porque el chaval en cuestión solamente me hacía algo de tilín, pero no había sentimientos de verdad.
El tercer beso, eso ya fue otra cosa, con ese aprendí a saborear los besos, a no desengancharme y a disfrutarlos. Quizás, porque fue un novio que tuve en la universidad más mayor que yo, tendría más experiencia, yo también, y…porque estaba enamorada de verdad de él.
Pero, ahora los besos me matan y todo porque esos besos que tanto me daba ahora no van para mí, quiero ser la destinataria de esos besos, sin embargo no recibo respuesta alguna. Lo peor es que veo en mi propia cara como es otra quien los recibe, mientras yo me desangro por dentro, y encima sin poder remediarlo, quizás como para creérmelo, me quedo mirándoles, desde la lejanía, pero me quedo siendo testigo de ese amor en el que yo solamente soy un testigo, mientras me gustaría ser protagonista de ese beso de película.

Y ahora que él no quiere saber nada, y ahora que él besa a otra, parece que las canciones sobre los malditos besos se ha puesto de moda, o que mi cabeza solamente escucha ese tipo de canciones. Pero, ¡maldita casualidad! ¿no podrían haberse puesto de moda cuando yo estaba con Manuel tan a gusto? ¡No! Se tienen que poner justamente ahora. Entro en un bar y suena una tras otra, y no me queda otra que hacer como que no la escucho y meterme de lleno en la conversación con los míos, sin embargo, me tengo que hacer la fuerte, me tengo que concentrar para anular toda la música ambiente de mi alrededor, y me da la sensación que si no me dan un beso voy a acabar aún más loca de lo que estoy.  


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