Blog de Pili: una maleta en la que cabe de TODO.
Desde: Viajes, experiencias, recuerdos, aventuras, anécdotas, historias y mucho más.
Siempre habrá espacio para ir rellenando huecos, contándolo desde un punto de vista diferente, el de Pili.
No tiene exceso de contenido.
Ya hemos regresado de nuestras vacaciones, aunque como decía
Gabriel García Máquez: “si se viaja en avión, el cuerpo llega puntual pero el
alma se retrasa unos días”.
Estamos físicamente en casa, pero nuestra cabeza no sé dónde
está. Estamos cansados, fatigados, con sueño durante el día e insomnio durante
la noche. No entiendo el porqué , ya que hemos viajado de este a oeste, pero
aún no hemos aterrizado. Se puede decir que aún estamos en el limbo. Por
suerte, aún tenemos unos días para recuperarnos antes de empezar a
trabajar.
Reconozco que cuando fuimos de Barcelona a Tokio la cosa fue
bastante peor, y es nuestro reloj biológico cambiaba totalmente, perdiendo
horas de sueño y viajando al futuro. Hay siete horas de diferencia, y cuando
llegamos era de día, así que teníamos que estar frescos como una rosa, pero
después de vuelos largos y escalas, como que muy radiantes no estábamos.
Además, se supone que teníamos que haber dormido en el avión, y así lo hicimos,
pero son cabezadas, que tampoco te permiten descansar en profundidad, y si a
eso le sumas que al lado teníamos un bebé, que, para ser un viaje de nueve
horas se portó bastante bien, en algún que otro momento algún arranque por
demostrar la capacidad de sus pulmones le dío y nos saccó de nuestro sopor, haciendo
que estuviéramos en alerta.
Ahora la cosa cambia, hemos regresado al pasado, pero
igualmente al pasar por tantos cambios horarios, y al haber estado tantas horas
en un avión, sin poder moverte, te sientes cansado, quizás fatigado de no hacer
nada, pero ahí está la sensación. Llegamos por la noche, pensábamos que sería
perfecto, llegar a casa para dormir en nuestra cama, pero… dormimos, y
pensábamos dormir hasta las tantas, sin embargo no sé si nuestro reloj
interior, si el horario de Asia, si… ves a saber, pero a las siete de la mañana
ya estábamos en pie. Kenzie ni siquiera nos había despertado, como si supiera
que necesitábamos dormir, nos hemos despertado antes que ella, que al ver que
estaba la persiana bajada aprovechaba para seguir roncando.
Creo que el hecho de que hayamos regresado a casa, ayudará a
que este sueño que arrastramos durante todo el día, se quede aparcado pronto.
Llevamos todo el día con sueño, no sé si es acumulación,
cansancio, cambio horario, o simplemente que sabemos que las vacaciones se
terminan y eso no nos hace mucha gracia. Sea como sea esperamos recuperarnos
pronto, cargarnos de energía y volver a la normalidad. Aunque si a ese
atontamiento le sumas que justamente este fin de semana cambian la hora, eso no
ayuda. Ayer entre los nervios por volar, las colas, retrasos en vuelo por
ciclones, esperas, y horas y horas dentro de un vuelo, con escala en el que
tuvimos que correr por los pasillos de Moscú, llegamos aquí y nos dicen entre
risas que no estábamos en España, que estábamos en la República de Cataluña.
Yo, porque me lo decía mi padre, si no ya hubiera pensado que entre todo el lío
que había en el aeropuerto de Rusia, cambiado la puerta de embarque y con unas
colas muy desordenadas y muy poca información, habría pensado que nos
habíamos equivocado de avión. Afortunadamente no fue así, porque al llegar no
tuvimos que hacer las típicas colas que hemos tenido que hacer al llegar a un
país extranjero. Eso al menos fue bueno, llegar, ir directamente a por las
maletas y poder salir sin esperas largas y tediosas. En cuanto a dónde estamos,
pues a pesar de que algo nos han comentado, no me queda muy claro dónde estoy,
lo que sí que sé es que estoy en mi casa, que ya es mucho. Lo demás,
sinceramente, llegar de unas vacaciones, de una desconexión, y que te digan que
has vuelto a otro país, parece una broma. Francamente, no tengo la cabeza para
pensar mucho, así que durante estos días en que nos vayamos centrando y
poniendo al día, veremos qué ha pasado por aquí.
Una nota, el viaje ha ido genial, en próximas entradas os
iremos contando. Ahora necesitamos descansar, poner lavadoras y organizarnos.
Hace una semana que inauguramos el mes de octubre. Se
estrenó bajo un manto de lluvia y en domingo, fue un día más que movido, fue
convulso y no pasó desapercibido para nadie. No quiero hablar de la
situación que estamos viviendo por Barcelona, porque creo que estamos más que
saturados de información, ya sea de una índole u otra, pero hay información de
sobra. Solamente diré que estamos viviendo días tensos, llenos de incertidumbre
y muy desagradables. Los interrogantes y la pasión de algunos que llevan al
radicalismo, ya sea de un extremo u otro, nunca va bien. A pesar de que la
ilusión y la pasión están muy ligadas, no va bien llevarlo al fanatismo, porque
eso ciega más que la propia ceguera. No me gusta que la gente pierda el respeto,
se altere y menos que no empatice. Todo puede llegar a buen puerto, si unos
escuchan y otros ven más allá.
Ahí queda mi reflexión con la esperanza de que el odio se
convierta en amor, que las palabras sean las únicas armas, y que todo vuelva a
la normalidad.
Oficialmente de Vacaciones
Yo llevaba tiempo deseando que llegase octubre, porque ahí
en un rinconcito de ese mes estaban las ansiadas vacaciones. Por fin, han
llegado, se han hecho de rogar, pero ya están aquí. A pesar de los momentos tan
vibrantes que estamos sintiendo, ahora es el momento de preparar la maleta y
prepararnos para el gran viaje.
Las últimas semanas se me hicieron realmente largas, veía
que la fecha estaba ahí, pero parecía que nunca llegase. Ahora puedo decir que
estamos oficialmente de vacaciones. Nos espera un viaje a Japón y Corea del Sur. Me da un
poco de vértigo, aunque lo afronto con muchas ganas de emprender esta nueva
aventura. Kenzie no nos acompañará, ella también se merece unas
vacaciones. Ella se quedará con mis padres. Realmente venir con nosotros no era
muy buena idea, y no porque ya tenga una edad, que también, si no porque,
aunque fuera más joven, no es un viaje para ella. Son demasiadas horas en un
avión, demasiado estrés y demasiado cambio, que no es necesario que lo padezca,
cuando no voy a viajar sola, y no es necesario que venga. Por supuesto
que en el fondo me encantaría que viniera, ya que me sentiría más cómoda y
segura, pero no es plan de ser egoísta. Ella también se merece un descanso y
unas merecidas vacaciones.
Los preparativos y
Kenzie
Ahora que ya empezamos con los preparativos de la maleta, se
nota que Kenzie se huele algo, porque está más rebelde de lo habitual. Intenta
guiar mal, para que esté más atenta, para que le haga caso. En casa, nos
persigue a todas partes, nos controla, y no nos quita
ojo de encima, para saber dónde estamos en cada momento. En cuanto ve que
estamos en el sofá, se viene a nuestro lado buscando mimos, incluso, como si
fuera una cachorra, nos trae juguetes, para que juguemos con ella. Sin tener
ordenador, sin tener móvil, ni agendas, sabe perfectamente que nos vamos.
He estado más nerviosa los días antes de las vacaciones,
pensando que no me daría tiempo a preparar las cosas que ahora mismo. Ahora
mismo a unas horas de volar, me da igual meter un jersey menos o un pantalón
menos. Con los viajes, he aprendido que no hace falta llevarse de todo, si se
necesita algo, siempre se puede comprar. Cierto que esto lo digo antes de
cerrar la maleta, ya veremos cuando intente cerrarla.
Hasta la vista
A la vuelta os contaré cómo ha ido por el país del Sol
naciente.
Muchos son los que ya regresan de sus vacaciones, otros ya
lo hicieron y otros se preparan para la vuelta al cole. Para nosotros,
sin embargo, la rutina hace tiempo que está instalada en nuestro día a día,
porque no hemos tenido aún vacaciones. Pero, ahora que todos vuelven a esa
rutina de volver a empezar, cuando ya estén todos instalados, nosotros nos
iremos. Para irnos de vacaciones, aún faltan unas semanas, pero el tiempo pasa
volando. Después de esperar más de un año a que llegasen esas ansiadas
vacaciones, ahora ya se empieza a vislumbrar de forma más cercana esos días tan
esperados. Ahora ya no vemos las semanas como una más, sino como una menos,
para que llegue nuestro último día y poder desconectar. Es necesario poder
salir de la cotidianidad, del madrugar para darlo todo en el trabajo, de que
todos los días parezcan iguales aunque no lo sean.
Vacaciones a la vuelta de la esquina y nuestros
destinos
Ahora vemos que octubre está más cerca que nunca, que
septiembre entre los cinco días laborables y algún que otro día festivo, pasará
volando, y entonces será cuando nosotros volaremos. Este año no solamente
desconectaremos en nuestras vacaciones, y, precisamente, relajarnos lo
que se dice relajarnos, no es que lo vayamos a hacer mucho. Sin duda, romperemos
las normas de la rutina y nos lanzaremos a descubrir una nueva cultura. Iremos
a un continente que aún no conocemos, en el que nunca hemos estado. Es hora de
que diga qué destino hemos elegido este año. Y el destino no es
uno, si no dos. Dos países asiáticos. Por un lado iremos a Japón, para visitar algunas de sus principales ciudades, y después iremos
a Seúl, Corea del Sur.
Expectantes, ilusionados y planificando
Tenemos muchas ganas de emprender esta nueva aventura
que, aunque sean unos días, ya es mucho, porque nos apetece mucho
conocer aquellos países que parecen tan lejanos, con culturas tan
diferentes y con un idioma que no es el nuestro. La incertidumbre, los nervios
y las ganas están a flor de piel. Ahora, aunque aún quede tiempo, estamos
rozando el momento de iniciar ese viaje, estamos en el momento de los
preparativos. Es decir, nosotros ya hace tiempo que tenemos los vuelos, los
hoteles, entre otras cosas, pero ahora toca el momento de planificar qué visitar,
qué ver y cómo administrar nuestro tiempo para exprimir a lo máximo nuestros
días por allí. Esos planes pueden cambiar por miles de motivos, por
circunstancias que no controlemos, por nosotros mismos, o porque sí, pero al
menos llevar una idea de qué hacer por allí. Después lo cumplamos o no, ya será
otro cantar, que para eso estaremos de vacaciones.
No sabemos cómo irá, pero de lo que no cabe duda es que
estamos expectantes, ilusionados y con ganas de emprender la odisea asiática.
No sabemos si el jet lag yendo en contra del reloj y llegando un día después de
la salida de nuestro nos afectará, si hará buen tiempo, si nos entenderán- ya
que nos dicen que el inglés no lo dominan-, si podremos pagar con tarjeta de
crédito, si nos aclararemos con el cambio de moneda, si perderemos algún tren,
si nos perderemos, si comeremos bien, si el alojamiento nos gustará, pero todas
esas incógnitas se desvelarán en unas semanas, cuando ya estemos pisando las
calles del sol naciente.
Yendo por libre
A nosotros siempre nos ha gustado ir por nuestra cuenta. No
nos gustan los viajes organizados, y sé que estoy hablando sin un
buen juicio, ya que nunca lo hemos probado. Sin embargo, por tal y cómo somos,
no nos gusta ir siguiendo a todo el mundo e ir con horarios marcados. En tal
caso, si hay horarios marcados que sean los que nos ponemos nosotros, o, los que vuelos, trenes u
otros transporten nos imperen. No digo
que esté mal ir en grupo, porque seguro que las explicaciones y la organización
son magníficas. Pero, nosotros debemos ser más de ecuaciones y nos gusta más
resolver las incógnitas por nosotros mismos, si no tenemos que perder, nos
perderemos, pasaremos nervios, descubriremos cosas imprevistas, pero serán
anécdotas que rellenarán el álbum de los recuerdos de aquel viaje. Tiene mucha
más gracia, aunque también requiere de mucho más tiempo, el tener
que planificar y organizar todo, pero también forma parte del viaje el tener
que informarse de todo y empaparte de información. No seremos guías, ni
recordaremos todo lo que hayamos leído, pero una vez estemos lo
recordaremos y nos hará mucha más ilusión estar en aquel sitio del que
tanta información vimos, que tan poco sabíamos, o algo de lo que ni habíamos
escuchado hablar, pero que nos llamará la atención. Deteniéndonos todo el
tiempo que queramos en mirar un árbol, una hoja caída, en tomar un café
espumoso o ir de compras. Son nuestras vacaciones, nuestro tiempo y nos lo
distribuimos como queremos. Sin agobios, con relajación para poder disfrutar de
todos los momentos, pero sin dormirnos en los laureles, para cumplir con
nuestros propósitos. Si éstos son muy ambiciosos y no logramos ver todo
lo que queremos, tendremos la excusa perfecta para volver.
El porqué de los destinos y la época para viajar allí
Antes de elegir destino.
A Carlos siempre le ha llamado la atención Japón, no
solamente por el tema de las consolas, ni por el anime, que también, si no
porque le gusta la cultura tan diferente a la nuestra. Además a los dos nos
gusta mucho su gastronomía, a pesar de que siempre fui un poco reacia a lo de
comer pescado crudo, una vez pruebas el sushi te engancha. Aunque no todo es
sushi, si no que hay mucho más: algas, wasabi, soja, fideos, el ramen, mochis, etc…
A pesar de que él siempre había querido ir, ni siquiera nos lo habíamos planteado, siempre surgía otro destino que se anteponía al de
Japón. Sin embargo, el año pasado ya
empezamos a barajar la posibilidad de lanzarnos a la aventura asiática. Y, sin
ir más lejos, este año no celebré el nuevo año comiendo las famosas doce
uvas como he hecho todos los años. Este año me atreví con doce guisantes de
wasabi. Este aperitivo lo descubrí gracias a unas
compañeras de trabajo y me
encantó, no para comerlo a puñados, ni cada día, pero para de vez en cuando y
alternándolo con otros frutos secos, están muy bien. Cabe decir que no
solamente me comí los doce guisantes picantes, sino que cuando eran
las doce en Canarias, la una en mi ciudad, volví a comer mis tradicionales doce
uvas. Sin embargo, el comer los doce guisantes asiáticos, como si de un punto
de inflexión se tratase, como si en esos últimos segundos que lo decidí, no solamente
decidiera cambiar la rutina, la tradición y lanzarme a por el wasabi, fue algo
más.
Durante el año lo fuimos hablando, perfeccionando el
plan y lanzarnos a por el viaje. Estuvimos mirando información,
precios y vimos que era asequible, que nos lo podíamos permitir, para ello era
necesario hacerlo con tiempo. También deberíamos saber qué época para ir era
mejor. Leímos que tanto en primavera como en otoño son las mejores
estaciones para ir, ya que la temperatura acompaña al visitante. En primavera
quizás es la mejor temporada para adentrarse en Japón, ya que está la
celebración del Hanami, que es la contemplación del florecer de los cerezos.
Sin embargo, si queríamos organizarlo con tiempo, y teniendo en cuenta que el
tiempo pasa volando, era mejor dejarlo para otoño que, aunque no vayamos
a ver cerezos en flor, sí que podemos ver otro tipo de cosas que nunca hemos
visto.
Este año aunque no fuimos al famoso festival en Japón, sí
que fuimos a un festival japonés en Barcelona, Festival Matsuri,
para adentrarnos un poquito más en la cultura y tradiciones del país que vamos
a visitar en breve.
Nuestra ruta
En principio pensamos en hacer solamente Japón, pero tenemos
una buena amiga en Corea del Sur, Seúl que ha venido a visitarnos, y si a ella
ha hecho un viaje tan largo para vernos es justo que nosotros también lo
hiciéramos. Así que viendo que la distancia entre un país y otro no era muy
grande, pensamos en realizar los dos países. No sé si es mucho trote para
tan pocos días, pero ahí radica la aventura de visitar lo máximos
posible. Al querer visitar más de una ciudad en Japón, aunque sabemos que Tokyo
da para días y días, pensamos en hacer una ruta empezando por el norte, desde
Tokyo e ir bajando, bajando y llegar hasta Fukuoka. En Fukuoka teníamos la idea
de coger un ferry hasta Busán, una ciudad costera del sur de Corea del Sur. Ese
era nuestro plan inicial, pero después descubrimos que el ferry no era
tan buena opción, ya que tardaba más de lo que pensábamos y además era mucho
más caro que un vuelo directo a Seúl. Nos dejamos de aventuras marinas y nos
dejamos llevar por el aire, comprando los billetes de Fukuoka a Seúl. No sería
tanto ajetreo ir directamente, porque si no, tendríamos que ir subiendo desde
el sur de Corea al norte hasta llegar a Seúl que es dónde está nuestra
amiga. Aprovecharíamos mucho más los días estando en la capital de Corea del
Sur, que estar apenas dos días y volver para casa.
Nuestra idea es visitar: Tokio, Kioto, Osaka, Hiroshima,
Miyahima, Fukuoka y Seúl.
Si alguien ha estado en alguno de todos estos sitios
y quiere dejarnos recomendaciones serán más que bienvenidas. Si habéis estado
en Japón o Corea del Sur y nos queréis contar vuestras experiencias, vuestras
rutas o cualquier consejo, adelante, tde todo se aprende, y nosotros somos
primerizos. He de decir que la web de japonismo nos está ayudando mucho a
la hora de informarnos y de planificar nuestro viaje.
El calor, el bochorno, las vacaciones para algunos, el granizado,
las terracitas, la playa, los turistas, en general: el verano ya está aquí. De
hecho, ya hace un par de semanas que oficialmente estamos en verano, aunque este
año la temporada estival empujaba con fuerza y se ha colado antes de tiempo. El calor ha
hecho acto de presencia antes de su inauguración oficial el 21 de junio. Hemos
pasado un junio digno de un julio, ¿será por el cambio climático? Sea por lo
que sea, todos hemos notado que el Sol apretada de lo lindo.
ME GUSTA JULIO
Julio es un mes que siempre me ha gustado, y no solamente
porque yo naciera en ese mes, que también. Si no porque no es el típico mes que
todo el mundo esté de vacaciones, aún hay gente que trabaja, pero se nota que
los niños ya no tienen cole, empiezan los horarios de verano para algunos, la
vacaciones para otros, la época de estar en las terracitas, porque se está de
maravilla, y la temporada de playas.
Las terracitas en los bares pueden estar todo el año, pero
no se disfrutan de igual manera. La playa y su temporada de baño empieza antes,
pero no te torras igual, ni se disfruta de igual manera en un mes que en otro. Hay mucha más aglomeración de gente, pero sin que sea un agosto en el que no cabe ni una sombrilla.
VENTAJAS DE TRABAJAR EN VERANO
Este año no tenemos vacaciones en julio, de hecho ya hace
unos cuantos años que no elegimos ni julio, ni agosto, para disfrutarlas. Sin
embargo, a pesar de que el Sol acompañe, también hay muchas otras ventajas para
no hacerlas durante el verano. Mientras muchos están de vacaciones, nosotros
aprovechamos el horario de verano, que alguna ventaja tiene que tener trabajar
en verano. Es un horario reducido, en mi caso, no es que sea una gran
diferencia, pero sí que es notable. Además, teniendo en cuenta que la luz solar
dura más, parece que la tarde se aproveche mucho más. Además el transporte
público va mucho menos lleno que en otras épocas del año, y eso es un alivio,
sobre todo en según qué horas. Además pudidendo elegir realizar vacaciones en otro mes que no sea verano, depende el destino que elijas,no está nada mal, porque si vas en temporada baja, todo sale mejor e precio, y te lo puedes organizar con tiempo. Y, mientas algunos han vuelto y han olvidado sus vacaciones, tú las disfrutas en otro mes que nada tiene que ver con lo convencional, al menos pienso eso, no sé si para consolarme los meses que aún quedan hasta que lleguen las vacaciones, pero realmente es cierto.
LA INAUGURACIÓN DE JULIO
Sea como sea, hoy 1 de julio quería dar la bienvenida al mes
que me vio nacer, al de los san
fermines, al del apóstol, al del verano oficial y al del calor. ¡Bienvenido
julio! A disfrutar del mes, como todos los meses, pero beneficiándonos un
poquito más de la serotonina: la hormona de la felicidad. Según estudios la luz
solar hace que tengamos más niveles de serotonina, por tanto que estemos más
felices.
CARPE DIEM
Como dice mi tío Joaquín: “Que seas feliz hoy y todos los
días del año” bueno, y si no es esa frase es otra similar, pero siempre nos
quiere trasmitir que seamos felices.
Os dejo con dos canciones, algo antiguas, pero que seguro
que reconocéis. Una me recuerda, sin duda al verano: “Hace calor” y otra hace
mención a la felicidad.
¿Por qué cambia de fecha cada año la Semana Santa?
Muchos son los que desde que empieza el año están esperando
a que llegue la Semana Santa, ya sea porque son muy devotos, porque quieren ir
de fiestas o simplemente porque son un paréntesis en el calendario laboral.
Pero, unos años cae antes, cae en marzo y otros en abril, casi que hasta que no
tenemos delante el calendario laboral, no sabemos en qué cae.
¿De qué depende que caiga en un mes u otro?
La Semana Santa empieza el primer domingo de luna llena de
la primavera. Es por eso que cada año va variando, dependiendo de las fases
lunares. Si el plenilunio cae en domingo, no empezará la Pascua hasta el
siguiente domingo.
La más temprana el
domingo 22 de marzo. La mayoría de las veces, la Semana Santa cae durante la
primera semana de abril.
Creo que a pesar de saber que empieza la Semana Santa con la
primera luna llena en el domingo del equinoccio primaveral, creo que seguiré
prestando atención al calendario laboral, porque yo no soy muy de números,
además de no estar muy atenta a las fases lunares. Por suerte, hoy día existen
calendarios con fases lunares, incluso ya te marcan los días festivos, así que
no es muy complicado.
De todas maneras, si queréis tener previsión y queréis saber
en qué caerá la Semana Santa en futuros años, aquí os dejo una web que calcula
en qué caerá la próxima Pascua hasta 2490, así que solamente tenéis que
introducir la fecha que os interese y ya sabréis si caerá a finales de marzo o
abril.
¿Cómo vivís la Semana Santa? ¿Aprovecháis para viajar? ¿La
vivís con intensidad? Hagáis lo que hagáis, disfrutadla. Y si este año no
tenéis oportunidad de hacerlo, ahora ya tenéis un calendario para tener
previsión de futuro y pensar qué haréis en la próxima Pascua.
Este año hemos elegido como destino vacacional Menorca. Habíamos
estado hace tres años, pero en diferente época: ya que fuimos en Julio:
temporada alta. En esta ocasión, como ya llevamos varios años, preferimos
escoger vacaciones en septiembre, porque está menos saturado y porque
igualmente se supone que hace buen tiempo.
Cuatro días antes de irnos se pusieron en contacto con
nosotros de Edreams para comunicarnos
que habían desviado nuestra reserva. Sí, a cuatro días y sin hotel, cuando lo
habíamos reservado con tiempo. Habíamos cogido el mismo apartamento, donde
habíamos estado hace tres años, porque, ya se sabe, más vale conocido que algo
que no conoces. No, no fue por eso, si no, porque en su momento estuvimos muy
bien con ese alojamiento, nos gustaba la situación y las vistas donde se podía
ver la puesta de Sol. No vamos a
dramatizar, no nos quedamos sin alojamiento, porque nos daban tres opciones:
una era un hotel, así que la descartamos y entre los dos apartamentos que nos
daban a elegir nos quedamos con uno de ellos según las opiniones que pudimos
ver por Internet.
Así que el apartamento que nos tocó era Sa Cala
ubicado en Cala Morell. Un lugar muy tranquilo, ideal para desconectar y estar
en plena naturaleza. Sí, había buenas vistas, porque se veía la Cala, pero no
teníamos la suerte de ver la puesta de Sol.
Sa Cala
El apartamento era un dúplex. Se nos hacía raro tener que
subir escaleras cada dos por tres, las habitaciones y el baño estaba arriba, el
comedor, cocina y terraza abajo. La cocina contaba con todo tipo de utensilios
para cocinar sin que te faltase algo, además de tener horno, nevera con
congelador y microondas, y lo digo como algo excepcional, porque no todos los
apartamentos en los que hemos estado cuentan con todo ello.
Se supone que había wifi, pero donde estábamos nosotros no
llegaba muy bien, así que es una forma de desconectar, ya que estás de
vacaciones.
Y en cuanto a la naturaleza, pues tanta que hasta convivían
con nosotros. La primera tarde fuimos a comprar y compramos un fuet, lo dejamos
fuera, porque no nos gusta que esté en la nevera, por la noche cuando llegamos
de dar un paseo, nos lo encontramos con hormigas, solamente algunas. Yo lo
hubiera tirado directamente, pero Carlos las retiró y dijo que no había más. Lo
puso en un sitio más alto y cuando nos despertamos al día siguiente eso ya no
era un fuet, era un fuet a la pimienta, así que esta vez sí que lo tuvimos que
tirar.
Este tema de las hormigas fuimos a comunicarlo a recepción,
pero nos dijeron que era normal por la época del año, ya que las hormigas
estaban alimentándose para el invierno. Además, de recomendarnos que no
dejásemos nada fuera de la nevera, que hasta el azúcar lo guardásemos dentro.
Más tarde nos fijamos que entre las hojas de recomendaciones que había en el
apartamento había una titulada: “Las hormigas nuestras amigas” con ese tipo de
recomendaciones. Debe ser algo típico del lugar. Pero, nosotros que somos de
ciudad y poco acostumbrados a ese tipo de insectos, se nos hacía un poco raro
convivir con ellas.
Eso sí, para todo necesitas el coche, porque sí que hay un
bar en la piscina, donde puedes comprar pan y cualquier cosa que no tengas en
ese momento, pero no está abierto todo el día. Son las ocho y media de la
tarde, no te apetece salir, no tienes pan, pues te quedes sin él, porque el bar
está cerrado. No sé si en otra época del año, temporada alta, está abierto
hasta más tarde, pero no sería mala idea. No solamente para comprar alguna cosa
que se te haya olvidado, sino por si te apetece tomar algo fuera del
apartamento sin necesidad de coger el coche. Pero, no fue nuestro caso. De
todas maneras, lo mejor es salir y ver qué esconde Menorca.
La climatología
Elegimos Septiembre pensando que aún tendríamos rayos de
Sol, y así fue exceptuando varios días que llovió como nunca. Y digo como
nunca, porque los menorquines nos decían que llevaban meses sin recibir nada de
agua y estaban deseando que lloviera. En nuestro caso que caiga una tormenta
cuando vas a una isla para disfrutar de la playa, como que el agua no nos hacía
mucha gracia, porque no te quedas muchas más opciones que quedarte en el
apartamento y poco más, esperar a que amaine y que vuelva a salir el Sol.
Playas y Calas
De todas maneras, aunque el tiempo no nos acompañado tanto
como hubiera sido en agosto o julio, sí que hemos podido disfrutar de las
playas y calas que tiene Menorca. Hay una en la que ya habíamos estado hace
tres años, Cala Pilar, no queríamos
irnos sin pisar esa calita, que , a pesar de su caminata y su caminos nada
fáciles, merece la pena llegar al destino. Eso sí, tienes que ir preparado con agua fresquita y comida, ya
que cuando llegar a la cala no hay nada de chiringuitos, ni duchas, ni nada de nada, porque es una
cala natural. Antes de llegar tienes que pasar por la montaña, pinos y demás
árboles que hacen que el sitio sea muy natural y seguro que a la vista es
paradisíaco. Lo bueno es que cuando
llegas con la caminata y el esfuerzo realizado, por muy buen día que haga,
terminas probando el agua. Así fue mi caso. El día estaba algo nublado y hacía
bastante viento, pero el chapuzón nos lo dimos igual.
Hay calas que no pudimos visitar por el tiempo, ya que entendimos
que si el viento venía del norte era mejor era evitar las Calas de por ahí,
como Cala Tortuga y otras, que deben ser maravillosas, a pesar de sus
caminatas, pero que con mal tiempo no merecen la pena.
Además, como he comentado, no tuvimos todos los días Sol, en
algunos casos solamente lluvia, así que no pudimos disfrutar de la playa todo
lo que nos hubiera gustado.
Son Bou
Este año fuimos a una playa que nos ha encantado. La vez que
estuvimos no la descubrimos, pero esta vez sí. Podría decirse que con todas las
Calas que hay en Menorca es mejor no ir a una playa, pero fuimos a ver qué tal,
y, como digo, nos enamoró. Es una playa de arena fina, que no cubre, que sí que
hay gente, pero sin agobios, es muy larga. Si quieres paz te retiras del gentío,
si quieres sombra la encuentras bajo algún árbol retirado de la orilla, o si lo
prefieres puedes pagar sombrilla y hamaca, hay chiringuitos, pero sin que la
música esté a tope, sin agobios. Es una
playa ideal para familias, ya que puedes ir con niños, porque no cubre y hay
socorristas. En un lado es más para
extranjeros, quizás que haya un hotel rozando la playa, hace que muchos no salgan de su área de confort, En medio hay el final de un río y está lleno
de patos que te van siguiendo y esperan a que les des algo de comida. Para llegar a la playa hay una plataforma de
madera que rodea toda la playa, y no tienes que ir caminando por la arena,
además de tener duchas, fuente para lavarte los pies, todo en la plataforma,
para no volverte a ensuciar.
Además la playa cuenta con un parking muy grande que es
gratuito. Y si te agobias de la playa, del calor y del Sol, hasta tiene una
zona de picnic bajo pinos, donde poder comer y desconectar de los rayos de Sol.
Además de contar con bares, restaurantes y tiendas ya fuera de la playa, pero
antes de volver al coche, puedes pasar, ya que se puede ir caminando. Un lugar
para pasar el día, y así lo hicimos y no
un día, si no que repetimos, ya que nos gustó mucho y merecía la pena pasar ahí
la jornada.
Vacaciones
Sea como sea las vacaciones son para descansar, para
desconectar y para pasarlo bien. Sin duda, estas vacaciones han sido diferentes
a las del año pasado, donde en Nueva
York no paramos de caminar ni un solo momento, en esta ocasión hemos aprovechado
para estar tumbados y descansar todo lo posible. Nos acompañase el tiempo o no,
sí que nos ha servido para cambiar de aires, visitar una isla maravillosa llena
de pura naturaleza y sin tanta gente como nos encontramos en las grandes
ciudades, o nos hubiéramos encontrado en pleno agosto. Así que no nos
arrepentimos de nada de haber realizado este viaje de desconexión.
Ahora toca volver a la carga, al trabajo con las pilas
bien cargadas, y, aunque reiniciarse siempre cuesta, es un paso que hay que dar,
para volver a la normalidad.
Que nada, ni nadie, te arruine tus vacaciones. Tus escapadas son tuyas, y aunque el destino haga de las suyas, tiene solución y hay alternativas. No dejes que se salgan con la suya y sé feliz.
El verano ya está aquí, se nota porque el calor aprieta de
lo lindo, los niños ya tienen vacaciones y julio ya ha sido inaugurado. La
operación salida de las vacaciones del mes de julio ya ha empezado, muchos con
viajes programados desde hace bastante tiempo y los aeropuertos a rebosar de
gente. Y, la noticia de la semana ha sido que Vueling ha vuelto a hacer de las
suyas cancelando y retrasando vuelos, por lo tanto arruinando los primeros días
de vacaciones de muchos clientes.
Cuando llegas al aeropuerto con las maletas, los billetes y
las ganas de llegar al destino, lo que menos te esperas es que vas a tener que
estar atento de cuándo va a salir tu vuelo. Tienes una hora programada, la hora
de salida que compraste, a veces incluso con conexiones, y todo se va al traste
cuando te enteras que la compañía aérea no ha tenido previsión, no tiene
suficiente personal y tu vuelo no puede despegar. Aquí, algunos enlaces de lo
que ha ocurrido estos días:
Todo esto me recuerda a lo que vivimos en Semana Santa,
aunque no fue realmente culpa de Vueling, ya que afectaba a todas las
aerolíneas la huelga de los controladores franceses, nosotros teníamos que
viajar con Vueling y se convirtió en un Viaje
Frustrado
Como digo esos días no fueron culpa de Vueling, sino de
Francia y sus huelgas, pero nos afectó de mala manera. La compañía no nos daba
ninguna explicación, quizás porque ni ellos mismos sabían darla, pero nosotros
estábamos hartos de esperar, sin saber si volaríamos o no, sin sitio para
sentarnos, ya que estaba todo a tope, y teníamos que hacer uso del suelo para sentarnos y esperar. Visitando las
pantallas del aeropuerto, para ver si había alguna novedad o previsión de hora
de salida, pero de cancelado no se movía, hasta que de repente y sin previo
aviso, y por supuesto sin notificarlo acústicamente, el vuelo se puso en marcha
con una hora de salida. Carreras para llegar al mostrador, para embarcar, para
subir al avión y después de esperar y esperar dentro del avión nos sacan a
todos con unas leves disculpas, sin más explicaciones que no pueden volar, y de
nuevo a esperar en la terminal. Sí, me recordaba un poco a la película de Tom
Hanks La Terminal, ya me veía viviendo allí….
Fuera bromas, lo pasamos bastante mal, y no solamente por la espera que
agota a cualquiera, sino porque nos quedamos sin vacaciones: en tierra sin
ilusión, agotados y sin poder viajar.
Después de ponerme en contacto con @VuelingClients a través de Twitter, me indicaron cómo
proceder para hacer la reclamación y que nos reembolsaran el dinero. A través
de esta web puedes hacer reclamaciones, quejas, sugerencias: https://tickets.vueling.com/RetrieveBooking.aspx?culture=es-ES&event=change
En esa web dejamos por escrito todo lo que nos había
ocurrido, adjuntando los billetes y explicando todas las horas que habíamos
estado en el aeropuerto, para después no poder volar. Nos contestaron, dándonos
un número, código, para saber de qué incidencia se trataba, nos dijeron que en breve
nos dirían algo. Pero, pasaban los días, y sé que debían estar desbordados, que
no éramos los únicos afectados, pero queríamos cancelar el vuelo de vuelta
antes de que llegase el día y no había manera. Nos contestaron, nos
reembolsaron el vuelo de ida hasta Pisa, el cual fue afectado por la huelga de
controladores aéreos, y por el cual estuvimos más de doce horas en el
aeropuerto de El Prat. Sin embargo, hacían caso omiso al pago de un hotel de
nuestra estancia en Italia, viaje que no pudimos realizar. Afortunadamente, todo
lo demás fueron reservas sin pago. Llegaba el día en el que teníamos que regresar
y no había manera de que contestasen, finalmente lo hicieron y alegaban que al
ser un billete de vuelo independiente no podían hacerse caro de él, al no
haberlo comprado en un pack: ida-vuelta.
No lo compramos de esa manera, porque nuestra idea era ir a
Pisa, Forencia y terminar la aventura italiana en Nápoles, cogiendo el vuelo de
vuelta a casa allí. En la web de vueling no te dan la opción de comprar ida
desde un sitio y vuelta desde otro, siempre tienes que ir y volver desde el
mismo lugar. Así que la cosa no quedó así, consultamos con varios abogados y respondieron
que sintiéndolo mucho no había nada que hacer, porque el vuelo de vuelta desde Nápoles
no se había visto afectado por ninguna complicación. A pesar de que contamos
que nuestra idea era hacer una ruta por Italia no les servía.
No pudimos recuperar el dinero de los billetes de vuelta,
pero como no hay mal que por bien no venga, nos sirvió para aprender que siempre
que podamos haremos ida y vuelta desde el mismo punto, así evitaremos que
ocurran este tipo de cosas.
Después de esa mala experiencia me entró mucho miedo a
volar, más que nada por si volvía a suceder algo así, y estos días me he
quedado alucinada. Sé que muchos viajeros, familias y turistas lo habrán pasado
francamente mal, sin saber si vuelo despegaría, cansados de esperar,
desesperados y sin ganas de nada. No se puede jugar así con la gente y menos con
la ilusión, sin explicaciones y sin detalles. Llevamos todo el año esperando
escaparnos y poder volar, para que nos toque una situación tan desagradable.
Espero que todos los que están todavía esperando en el aeropuerto despeguen
pronto y les esperen unos días formidables, para compensar todo el mal trago
por el que habrán pasado.
Este año nos vamos de vacaciones en Septiembre y no sabíamos
si ir en avión o en barco, ya que vamos a una isla. Nos hemos arriesgado y volaremos. Ya tenemos los billetes y
solamente espero que no volvamos a pasar por una situación como la que está
pasando estos días en el aeropuerto de Barcelona. Por si acaso:
hemos comprado billete de ida y vuelta desde el mismo destino origen y
salida. Hemos comprado un seguro de cancelación, en el que incluye todas estas
incidencias. Además de que cruzaremos muy, muy, muy fuerte los dedos, para que
todo salga bien. No siempre va salir todo mal, además por el miedo de si vuelve
a suceder o no, no pensamos quedarnos en casa. Se tomarán más precauciones,
iremos preparados y ya está, pero esta
vez pensamos volar.
Espero, como he dicho, como he leído en las noticias que los
gobiernos se pongan en contacto con esta aerolínea y resuelvan los problemas
que han provocado y que no vuelvan a suceder, porque no es un mal para la
empresa, sobre todo lo es para los pasajeros que se ven sin explicaciones, con
una espera que no se resuelve y una incertidumbre que desespera.
A pesar de todo esto, espero que voléis o no paséis un feliz
verano, y que nada ni nadie os arruine las
vacaciones. Todo, todo y todo tiene solución en esta
vida.
¡Por fin está aquí la entrada sobre nuestro viaje a Nueva
York!
Sí, lo sé, con algo de retraso. Pero, desde que
llegamos, no hemos parado, como sabéis el mes de octubre ha sido bastante
movidito con tanto evento, de un lado para otro, organizando y asistiendo
a jornadas muy interesantes. Entre que octubre ha sido un mes que
ha pasado volando, entre que hemos estado capturando todas las fotos y vídeos,
para hacer una recopilación de momentos vividos y mil cosas más, no he
podido hacerlo antes, aunque me moría de ganas de ponerme a ello, pero para eso
necesitaba algo más de tiempo y tranquilidad. Ahora me toca ponerme las pilas.
Lo bueno de tener un blog es que tengo que hacer un ejercicio de memoria, pero
cuento con la ayuda de las fotografías, los vídeos, los audios y lo
más importante, lo que mi memoria selectiva quiera recordar. Así que no
será como otras entradas, al menos esa es la intención, no tan precisa, no
con tanto detalle, pero sé que eso lo digo ahora y después ya veremos qué
sale, porque sin detalles, los pequeños detalles que componen los grandes
momentos, no sería yo.
NUEVA YORK
Nueva York es la ciudad soñada, la ciudad que nunca duerme,
la que sale en mil películas y la que está en la mente de todos. Pero, ¿qué
pasa cuándo visitas una ciudad tan visual como Nueva York sin ver? Sí, lo
sé yo tengo algo de resto visual, pero no me ha dado la impresión
de que los edificios fueran tan altos y gigantescos, a pesar de que todo allí
es grande. Cuando decíamos a amigos y conocidos que íbamos de
vacaciones a Nueva York, miles de exclamaciones sonaban por nuestro alrededor.
Diferente hubiera sido si hubiéramos dicho que íbamos a Toledo, y seguro que
ahí hubiéramos comido mucho mejor. No estoy diciendo que no nos lo
hayamos pasado bien, que no haya sido un viaje para ir, que me arrepienta de
haber pisado tierra americana. Pero, sí que está muy mitificado. Parte de
culpa es de las películas, las series de televisión y del capitalismo. Me
refiero que hay ciudades, lugares que son menos conocidos y quizás te
sorprenderán mucho más. No quería que me pasase lo de llevarme una
desilusión, por tanto no iba con grandes expectativas, para que no me
sucediera, pero quieras que no, es inevitable.
NUEVA YORK CON TODOS LOS SENTIDOS
Skyline de NY al atardecer
OLFATO
¿A qué huele Nueva
York?
Nueva York huele en todas partes a comida. Vayas por
donde vayas te encontrarás que hay carritos ambulantes, pero no solamente
venden los típicos hot-dogs, sino que venden de todo. Puedes encontrar arroz al
curry, unos bocadillos muy raros, sándwiches vegetales, de todo y cuando digo
de todo es de todo. No sé cómo la gente puede comer por la calle cualquier
cosa, y mira, nosotros hemos ido en una época del año, Septiembre, que aún se
puede hacer eso de sentarse en un banco y comer cualquier cosa, pero en
invierno debe ser terrible. El café también es para llevar, ya sea en uno
de esos carritos ambulantes o bien en un Starbucks, que hay por todas partes. Hablando
de café, eso en realidad no es café, es un tanque de café con agua, de ahí
viene lo de un café americano, largo, largo y aguado, pero, te acabas
acostumbrando y hasta le coges el gusto. No está nada fuerte, pero porque no es
nada intenso, el agua se lleva toda la intensidad que pueda tener. El vaso más
pequeño, parecía más que uno normal aquí, y, claro, en vaso de plástico, todo
para llevar.
Si tienes hambre puedes caer en la tentación de
comprarte algo por el simple gusto de saciar tu gula, pero si acabas de comer,
la verdad es que no es muy agradable, porque además, ahora recordando, me viene
a la mente que muchos de esos puestos ambulantes, ya no es que oliesen a comida,
es que olían a quemado, como si esa plancha no la limpiasen y la
volvieran a utilizar, hasta que ese olor les delatase. A parte de oler a comida
por todas partes, ningún olor destacable. Ni en el metro olía mal, ni tuvimos
que pasar por calles con un olor desagradable, así que, dentro de lo que cabe,
aunque huela a comida y a café a todas horas, pues no está nada mal.
OÍDO
¿Qué se oye en Nueva
York?
En Nueva York, sobre todo si hablamos de Manhattan,
básicamente escucharás coches, el claxon de los automóviles intentando abrirse
paso entre el atasco, sirenas, ruido por todas partes. La verdad, es que no
supe el descanso que hay aquí hasta que no regresé. Realmente
noté un respiro de oídos en el aeropuerto de Barcelona al regresar, ya que en
el avión con la presión, tampoco pude disfrutar del silencio. Pero, Nueva York
aturde a culquiera, sobre todo si es tan importante este sentido, como lo
es para mí. Sin embargo, los semáforos, yo pensaba que en una
ciudad como Nueva York serán acústicos, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando,
no sé si por el ruido del tráfico, de la gente, de la ciudad en sí, no
escuché ningún semáforo que lo fuera. A veces cuando se ponía en verde sí que
me parecía escuchar un pitido agudo, solamente uno, pero no sabes cuando
cambia, y, bueno, quizás ni era del semáforo. La gente no habla, casi que
grita, y no estoy hablando de China Town, que eso era como un mercadillo
intentando vender todo al mejor postor, estoy hablando que por la calle, en
según qué aceras te encontrabas con tal cantidad de gente que era una
mezcla de conversaciones agobiante. En la famosa Quinta Avenida podíamos
escuchar de todo un poco, gente por todas partes, porque es una de las avenidas
más concurridas y sonidos para dar y vender.
Además, nos sorprendió que fuésemos por fuésemos había obras,
por todas partes estaban construyendo algo, síntoma de que a los
estadounidenses les va mejor las cosas que por aquí, ya que no eran obras que
estuvieran a medias y paradas, sino que estaban a pleno rendimiento. Desde
Queens hasta Manhattan y pasando por Brooklyn, por todas partes. Empezando por
Queens, donde estábamos alojados, ya desde el hotel, justo enfrente y por los
lados estaban en plena acción, construyendo por los alrededores más edificios
y, estoy convencida que, cuanto más altos y grandes mejor. Suerte que a Nueva
York precisamente a descansar no va un turista, porque si hubiéramos querido
quedarnos durmiendo hasta tarde, como que no hubiéramos podido por las obras.
Menos mal que cada día a las siete ya estábamos en pie, queríamos ser los
primeros en coger sitio en el comedor para desayunar. Dejando bromas a un lado,
la verdad, es que el rato que estábamos con el café no era nada agradable
escuchar tanto ruido de buena mañana, es que vibraba hasta el suelo. Eso sumado
a que estábamos alojados cerca de Queensboro Bridge, un puente por donde pasa
el metro y coches, había veces, por la noche cuando las obras dormían, se
escuchaba a lo lejos algún chirrido del metro frenando, es lo que tiene que
esté abierto toda la noche. Pero, nada que el cansancio acumulado de todo el
día no pueda vencer, así que dormir hemos dormido bien.
Recuerdo que cerca del Hudson, del río, había un helipuerto,
y, claro, al pasar por ahí, tenías que levantar la voz para mantener una
conversación en condiciones. Yo creo que la gente habla con el tono más elevado
de lo normal, porque en esa ciudad, ya me lo había n avisado, el sonido de todo
está por encima de los decibelios normales.
A pesar de haber dicho que en China Town todo parecía un
desbarajuste, queriendo vender a toda costa, gente vendiendo, compradores
regateando y encontrando de todo lo habido y por haber, también, cabe destacar
que adentrándonos más por las callejuelas encontramos un rincón de
tranquilidad. Más que de relax, era un rincón mágico, un parque escondido que
te atrapaba. Nos atrapó porque si del mismo flautista de Hammelín se tratase,
la música nos guió hasta ese parque misterioso, secreto, oculto, mágico. Era un
parque
repleto de gente cantando, diferentes grupos de personas que a coro cantaban
música oriental. Nos fue de lujo para descansar del barullo que había por las
calles principales, descansar y dejarnos llevar por ese ambiente tan oriental.
Uno de los sonidos que recuerdo con cariño es la
música que nos acompañaba en Central
Park. La primera vez que pisamos Central Park y nos encontramos
que están tocando música clásica, música relajante. Sumado a
las canciones que tocaba un músico callejero, que la verdad, lo hacía muy bien,
y de ahí que se llevase nuestros aplausos y nuestra propina.
Un domingo nos fuimos a Harlem a escuchar música Góspel,
más bien, fuimos a la misa, pero eso más que una misa, era todo un
espectáculo, emocionaba. Menudas voces que tenían. Estuvimos las dos
horas y algo que duraba, pero valía la pena, y para nada se te hacía largo.
Primero, la misa es como estar en una película, sí, sí, con su reverendo
contando lo que ha sucedido durante la semana en la comunidad, todos se
conocen, incluso nos dieron una gran bienvenida, con ovación incluida, que casi
nos morimos de la vergüenza. Pero, de verdad, que cantaban como ángeles.
GUSTO
¿A qué sabe Nueva
York?
Dicen que es la cuna de la comida basura y… es cierto. Sí,
que puedes encontrar comida buena, pero no apta para todos los bolsillos,
o al menos nosotros como turistas, pues no hemos sabido
encontrarlos. Si queríamos aprovechar el día y comer algo rápido y
barato, lo más fácil era ir a un sitio de comida rápida, aunque realmente
acabamos hartos de ese tipo de comidas y anhelábamos comer un plato de
legumbres, ya fuera lentejas, judías o un plato de espinacas. Sin embargo,
cuando estás fuera de casa tienes que comer lo que tu bolsillo te permita
e ir probando lo más típico de allí, y la verdad que allí si no es
pizza, es hamburguesas, y si no bocadillos… Así estamos, pero hemos
disfrutado comiendo. Hartos, sí, pero todo en exceso es malo.
A pesar de todo, siempre hay algo que te gusta más. En
nuestro caso no ha sido la súper hamburguesas, ni los Hot-Dogs, ni nada de eso,
sino algo que también es típico de allí y a pesar de ser un bocadillo y frío es
más sano, por lo menos el que probamos, y me refiero a: bagle. Os voy a contar
cómo era el nuestro, para que se os haga un poco la boca agua. El bagle es un
bocadillo redondo con un agujero en medio del pan. El nuestro era así, el pan
con semillas de no sé qué, pero que hacía que el pan fuera algo diferente, y
llevaba: queso untado, tomates frescos y salmón ahumado. Realmente delicioso.
Lástima que lo descubrimos tarde, ya que básicamente lo puedes encontrar para
comer, aunque no entiendo por qué, ya que para cenar también estaría muy
apetecible.
Nuestro bagle, partido por la mitad. Salmón ahumado, queso y tomate.
TACTO
¿Qué tacto tiene
Nueva York?
He tocado todo lo que he podido, suerte que siempre llevo mi
botellita de jabón para las manos, porque eso de tocar todo tiene sus riesgos: bacterias.
Pero, hay veces que no es que toque para saber cómo son las cosas, si no
porque no me queda otro remedio, como por ejemplo las barandillas del
metro, los asientos. La verdad, el metro de Nueva York me ha gustado mucho,
puedes llegar a todas partes, está abierto las veinticuatro horas al día, es
seguro, dice las paradas, es ancho. A pesar de sus años, y que en algunas
estaciones nos hemos vuelto locos para entrar, ya que era puertas
giratorias para entrar, y teníamos que hacer malabares para entrar. En
otras faltaban ascensores, y no lo digo por mí, pero, bueno, es lo que
tiene un metro
con tantos años de historia, que todo no se puede lograr. Eso sí en los andenes
te morías de calor, y eso que no hemos ido en verano, pero aquí en Barcelona
también ocurre, así que no es nada destacable, sino que a según qué horas y
como por la misma vía pasan diferentes metros con diferentes destinos, a veces
agobia un poco la cantidad de gente que nos juntábamos allí, eso sí, era todo
muy largo, espacio para todos de sobra, bancos no, pero hubieran quitado
espacio para todas las personas que esperábamos en según qué estaciones.
La Estatua
de la Libertad no la pude tocar, porque es tan alta, que no hubiera llegado
a tocarla. Pero sí que toqué el toro de Wall Street, es de bronce y todo
el mundo se hacía fotos, así que me parece que lo que le toqué fue el culo,
pero qué más da, todo era del mismo material.
Otra cosa que me sorprendió fue que en la calle hay mesas y sillas
plegables de hierro, pero no pegadas al suelo, yo creo que si alguien
quiere llevárselo se lo puede llevar, pero, la gente no es como aquí. Ya
os digo que eso lo dejan en mi barrio y no dura ni un día. La verdad es
que para hacer algún descanso, incluso para comer, tipo picnic no está nada
mal, te soluciona el encontrar un banco. Además, teniendo mesa y sillas,
para qué quieres un banco.
Los pies sí que se han resentido de nuestro capricho de
caminar por todas partes, porque no es lo mismo caminar por la montaña que por
la ciudad. Todo lo que anduvimos por ciudad, o sea que, nuestros pies han
acabado de pisar asfalto, destrozados. Quitando el día que pasamos en Central
Park, aunque cabe decir que allí, tampoco es todo césped, ni tierra, también
hay caminos de cemento, así que no había manera de librarse de caminar sobre
suelo firme y duro. Acabé comprándome unas deportivas que fueran más aptas para
caminar, porque entre todo lo que caminábamos y hacerlo por ciudad. Así que,
entre mis deportivas nuevas, las ganas de caminar y descubrir cosas, y los
bancos que nos íbamos encontrando superamos con éxito los 10 días en Nueva
York.
Los edificios que toqué no me parecieron nada del otro
mundo. ¿Por qué? Pues porque no eran maquetas que pudieran tocarlos, si
no que lo que tocaba estaba a mi altura, y tampoco era
de un material especial. Eso sí, allí resulta que se lleva mucho el
tema de Lego, que son una especie de piezas diminutas, que las vas juntando y
puedes formar lo que quieras. Y había verdaderas obras de arte. Lo
cierto, es que a fondo no toqué los edificios que había construidos con
ese material, no sé porqué pero Carlos no le hacía mucha gracia que fuera
toquiteando todo, no sé por qué será, pero, era fácil que en una de
esas sin saber dónde poner la mano, desmontase todo el edificio, y me hubiera
muerto de la vergüenza.
VISTA
¿Qué se ve en Nueva
York?
Carlos quedó impresionado con los edificios inmensos que hay
por ahí, claro, son rascacielos. A mí no me impresionaba tanto, pero sí que
notaba que era todo más oscuro, la falta de luz, tantos rascacielos juntos,
impedían que entrase la luz solar. Edificios altísimos, que yo a toda
costa, aunque no fuera a ver nada que ría subir a todos, pero en
uno de esos edificios cerca de Central Park, cuando fui a pedir
permiso para subir, y ame dijo el portero que no se podía, que eran
apartamentos. Yo creo que el hombre ya tendría anécdota para contar ese día,
una chica ciega, con su pera guía, empeñada en que quería subir a
la azotea, pero, oye, si colaba, colaba, pero no fue así. A pesar de que
todo el mundo dice que está muy bien subir al Empire State, nosotros optamos
por subir al Top of the Rock, ya que dicen que es casi la misma altura, y lo
mejor es que desde ese puedes ver el Empire State. No estuvo mal,
pero sigo pensando que muy caro y que debería haber algún tipo de descuento, ya
no digo gratis, pero sí algún tipo de descuento para las personas con
discapacidad, sobre todo discapacidad visual, ya que no lo vamos a poder
disfrutar como las personas que ven. Aunque sí que sentí el airecito que
corría ahí arriba y tenía la suerte de contar con mi personal audio
descripción, sí, la de Carlos que mientras él veía algo, me lo iba contando. Y
a él le hacía gracia ver todo, sobre todo ver los lagos de Central Park por
donde habíamos estado, ver todo desde las alturas. Pero, para Kenzie y
para mí, como si nada. Por mucho que digan que es una ciudad muy bonita,
estoy convencida que sí, pero si no ves el Skyline, y no disfrutas de las
vistas te pierdes mucho.
Recuerdo que por la tarde, sobre las siete de la tarde, ya
era de noche, oscurece antes, y
yendo por Broadway, sí que podía distinguir muchas luces, luces por todas
partes y mucho tumulto de gente, que casi que te empujaban y te arrollaban.
Llegamos a Times
Square y allí sí que había jaleo, mucha gente, mucho ruido y
muchas luces. Resulto que casi todas las luces de esa plaza son pantallas
de televisión de anuncios, están por todas partes. La verdad, es que si he
hablado de la contaminación acústica, también hay que hablar de la
contaminación lumínica que hay en esa ciudad, pero por eso se llama la ciudad
que nunca duerme. Sea la hora que sea encontrarás luces, ruido y
comida.
Revisando las fotografías que hicimos he visto una foto que
me ha gustado mucho, y que cuando estaba en el ferry de camino de
State Island no lo pude ver, y es que por la noche está iluminada la
Estatua de la Libertad, quizás por la distancia o por las otras luces que
había, o no sé porqué pero no la vi, y en cambio ahora con el zoom
he podido ver la oscuridad y a lo lejos la señora Libertad iluminando,
como si fuera un faro, la isla de Manhattan.
Estatua de la Libertad de noche: iluminada
CONCLUSIÓN
Por mucho que pueda parecer que no me lo haya pasado bien,
que no me haya gustado, sí, que lo ha hecho. Primero, porque he ido muy
bien acompañada: por Carlos y por la peluda. Porque es una experiencia
más. Porque Kenzie ha cumplido los ocho años junto a nosotros en el país
que le vio nacer. Porque hemos entablado conversaciones, practicando el
inglés y conocido más sobre esa ciudad. La gente me ha parecido muy
abierta y muy gentil. Recuerdo que... 😊 Entramos en un barco, cerca del río Hudson, yo tenía que ir al lavabo y una señora me dijo que me
acompañaba, yo pensaba que sería una camarera del bar o alguien que trabajaba allí, pero resultó que no, ni siquiera tenía que ir ella al lavabo. De todas maneras, como si de una amiga de toda la
vida se tratase, me acompañó por el simple gusto de ayudarme y acompañarme. Se lo agradecí mucho, porque sin pedir ninguna ayuda, fue ella quien sin más se ofreció. Gestos así hacen que valores cómo son los ciudadanos de un lugar, y aunque haya de todo, te das cuenta que aún hay gente buena en el mundo. 😊 El caluroso
y afectuosos recibimiento que nos dieron en la Iglesia de Harlem, cuando
no nos conocían, cuando éramos los extraños, porque éramos los únicos blancos,
nos abrieron la puerta de su casa y nos acogieron como un miembro más de la
comunidad.
En realidad, para mí, las ciudades no son el nombre, ni los
edificios, ni las panorámicas, para mí, una ciudad la componen sus habitantes y
si esos son amables contigo, hacen que la ciudad donde viven tenga
un mayor significado para los visitantes, porque nos sentimos bien recibidos.
Además, en ocasiones nos hemos sentido como dentro de una película,
porque recordábamos que tal película o tal otra se había grabado
aquí o allá, y nos hacía gracia estar en el mismo escenario que
protagonistas de la gran pantalla. Además, hemos visto que Nueva York
está llena de contrastes, muchos se piensan que estar en Nueva York es
estar en Manhattan, pero hay mucho más que esa isla. Me gustó mucho Brooklyn,
incluso, si quitamos las obras y el ruido, la zona de nuestro hotel también
estaba bien, la parte de Queens. No solo en Manhattan se encuentran
tiendas originales, en Brooklyn me enamoré de una tienda, una tienda de
animales gigantesca, ahí arrasé comprándole caprichos a Kenzie. No
vendían animales, si no que era todo de complementos para perros, camas,
comida, huesos, peluches, Kong, juguetes, de todo y más. Y ahí, en esa tienda,
me demostraron otra vez que por muy grande que sean la ciudad, las
tiendas y todo en sí, las personas también lo son. Nos quedaban un par de días
para marcharnos y Kenzie ya no tenía comida, así que quise
comprarle un saco pequeñito, pero pequeños no tenían, así que el
chico nos dijo que cogiéramos uno, y que después lo
devolviésemos en la tienda sin problemas, al decirle dónde estábamos
alojados y al entender que no podríamos volver, más que nada, por los pocos
días que teníamos. Le enseñé unas bolsas de la peluda que siempre voy cargada
de ellas, y nos dijo que nos esperásemos y nos preparó para los tres días. Le
dije que cuánto era, porque era comida y aunque fuera menos cantidad,
pero lo tendría que pagar, y me dijo que nada, que por esa cantidad no tenía
que darle nada. Y no era una tienda pequeñita, de esas típicas familiares
que te hacen un favor, si no que era una súper tienda, un almacén, pero
ese dependiente, nos atendió de maravilla y encima tenía un corazón tan gigante
como la tienda. Quizás, ese tipo de cosas, esos gestos, esas anécdotas es lo que,
en realidad, compone un viaje: las vivencias, la gente, las conversaciones, las
sonrisas y esos gestos. Para todo lo demás están: los documentales,
Internet, pósters, postales, cuadros
y los puzles, ahí solamente están las imágenes, pero ciudad
se nota, se siente y vibra con su gente.
Eso sí, en cuanto a gastronomía, yo creo que no nos gana nadie,
y como en España en ningún sitio.
Nueva York acabó con nuestros pies, ya que la quisimos pisar
fuerte y andamos, anduvimos por todas partes. Dar pasos por una ciudad
desconocida, mientras destrozas el mapa de tanto mirarlo y guardarlo
(¿Verdad, Carlos?), no tiene precio, ya que es como de verdad acabas
conociendo la ciudad. Mientras te paras a hacer fotografías, a
comprar algún recuerdo o charlar con alguien. La vida del turista
en una gran ciudad es así, para todo lo demás, la playa y la montaña. No
ha sido un viaje relajado, pero ya lo sabíamos. Hemos dormido en la ciudad que
nunca duerme, en la de miles de canciones, películas y de series de televisión,
hemos estado, podemos decir que hemos pisado sus calles. Y, según mi
punto de vista, aunque sea una vez en la vida hay que ir, para estar en el
escenario que siempre ha estado en tu imaginario, para sentirte
neoyorquino, para conocerla. Te aseguro que no te dejará indiferente. Muchos se
enamoran, otros acaban desencantados, porque no es lo que esperaban, pero
a nadie le pasa inadvertida esta gran urbe.
Os dejo con el vídeo que hemos estado preparando, una
recopilación de fotos, vídeos y música. Espero que lo disfrutéis y os
hagáis un poquito más a la idea de cómo es aquello. La ciudad
soñada, la de la libertad, y para nosotros la del septiembre del 2015:
Después de un año sin viajar, ya
llega el momento de las ansiadas vacaciones. Ahora estamos con los
preparativos, sí, llega el momento de sacar la maleta, abrirla y cargarla de ropa, pero sobre todo
de: emoción. Pero si ésta no cabe en la maleta,
si hace falta, la ilusión más las ganas de descubrir, ya lo llevaremos
nosotros en el equipaje de mano, o mejor dicho: en los bolsillos. Aunque eso seguro que no se nos va a
olvidar, los nervios nos delatan y cuando pensamos en el viaje nuestro rostro
dibuja una sonrisa de oreja a oreja.
Justo hoy recordaba que hace un año
de nuestra llegada a Santiago. Sí, sí, justo hace un año vivimos una de las
experiencias más mágicas, emocionantes y cansadas que hemos vivido: El Camino de Santiago. Fue algo
para no olvidar y que valió mucho la pena. Y
ahora parece que vamos a cumplir otra aventura. Sí, un viaje con el que
siempre habíamos soñado, un lugar de película, reconocido y visto hasta la
saciedad, pero queremos vivir, sentir, oler y pisar las calles de Nueva York. ¡Sí, Nueva York nos espera! Allí que nos vamos los tres. Sí,
Kenzie vuelve a su país de origen,
aunque creo que no nos querrá contar mucho, es muy tímida cuando quiere, pero
guiar, aunque no haya pisado esa ciudad, seguro que lo hace, como siempre, a
las mil maravillas. Tengo la suerte
de ir muy bien acompañada, por dos campeones, como Carlos y Kenzie, que siempre
están ahí y me guían en el camino de la vida. Ahora vamos a sumar esta aventura
que nos espera a todas las demás vividas juntos, y la guardaremos en el álbum
de los recuerdos. La vida en sí es un cúmulo de recuerdos vividos, así que sigamos
creando nuevos recuerdos.
La verdad es que ahora no puedo contar mucho, más que nada
porque aún no nos hemos ido. Estoy de los nervios, como siempre que hago un
viaje, y estamos aún con los preparativos de última hora. Así que, casi que
mejor que me reservo para la vuelta, y así podré contar cómo ha ido con más
detalles, bueno, con todos los detalles. Solamente puedo decir que me hace
especial ilusión hacer este viaje, es un destino que siempre es como muy
llamativo, aunque eso en cierta manera da un poco de miedo, porque cuando
idealizas algo siempre te desengañas. Sin embargo, voy sin ninguna idea
preconcebida. Simplemente con la especial ilusión de ir con Carlos, pero sobre
todo con la peluda Kenzie, que celebrará su octavo cumpleaños en nuestra compañía y en su país, el
país en el que nació, y es por eso y por mil razones más que me hace mucha,
mucha ilusión viajar hasta ahí. Además, cuando reservas un viaje con mucho tiempo,
o no, parece que el día para volar, llegar, nunca se acerque, pero ahora ya
casi lo estamos rozando. En
apenas dos días estaremos en la gran ciudad, la que nunca duerme, la que
más veces ha salido en la pequeña y gran pantalla, la de los rascacielos, la de
la Estatua de la Libertad, la de Central Park. ¡Sí! ¡Nos vamos a Nueva York!
Tengo muchas ganas de pisar las calles de Nueva York, oler
los aromas que rondan por esas ajetreadas avenidas, oír los pájaros de Central
park, aunque, por lo que me han dicho, sobre todo podré oír el jaleo que hay sea
la hora que sea en esa gran urbe, degustar unas gigantescas hamburguesas. Tocar
rascacielos, pero sobre todo lo que quiero es sentir Nueva York.
A la vuelta os cuento todo, todo y todo. Sin obviar ningún
detalle, porque ya me conocéis. Además de traeros, si todo va bien, algún que
otro regalito.
Cierro la maleta, tanto física como ésta, hasta que regrese
de vacaciones. Bueno, la física, si todo va bien, espero poder abrirla cuando
llegue a mi destino. ;)