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domingo, 29 de octubre de 2017

Después de volar: jetlag

JET LAG


Ya hemos regresado de nuestras vacaciones, aunque como decía Gabriel García Máquez: “si se viaja en avión, el cuerpo llega puntual pero el alma se retrasa unos días”.  
Estamos físicamente en casa, pero nuestra cabeza no sé dónde está. Estamos cansados, fatigados, con sueño durante el día e insomnio durante la noche. No entiendo el porqué , ya que hemos viajado de este a oeste, pero aún no hemos aterrizado. Se puede decir que aún estamos en el limbo. Por suerte, aún tenemos unos días para recuperarnos antes de empezar a trabajar.  

Reconozco que cuando fuimos de Barcelona a Tokio la cosa fue bastante peor, y es nuestro reloj biológico cambiaba totalmente, perdiendo horas de sueño y viajando al futuro. Hay siete horas de diferencia, y cuando llegamos era de día, así que teníamos que estar frescos como una rosa, pero después de vuelos largos y escalas, como que muy radiantes no estábamos. Además, se supone que teníamos que haber dormido en el avión, y así lo hicimos, pero son cabezadas, que tampoco te permiten descansar en profundidad, y si a eso le sumas que al lado teníamos un bebé, que, para ser un viaje de nueve horas se portó bastante bien, en algún que otro momento algún arranque por demostrar la capacidad de sus pulmones le dío y nos saccó de nuestro sopor, haciendo que estuviéramos en alerta. 

Ahora la cosa cambia, hemos regresado al pasado, pero igualmente al pasar por tantos cambios horarios, y al haber estado tantas horas en un avión, sin poder moverte, te sientes cansado, quizás fatigado de no hacer nada, pero ahí está la sensación. Llegamos por la noche, pensábamos que sería perfecto, llegar a casa para dormir en nuestra cama, pero… dormimos, y pensábamos dormir hasta las tantas, sin embargo no sé si nuestro reloj interior, si el horario de Asia, si… ves a saber, pero a las siete de la mañana ya estábamos en pie. Kenzie ni siquiera nos había despertado, como si supiera que necesitábamos dormir, nos hemos despertado antes que ella, que al ver que estaba la persiana bajada aprovechaba para seguir roncando.  
Creo que el hecho de que hayamos regresado a casa, ayudará a que este sueño que arrastramos durante todo el día, se quede aparcado pronto.


Llevamos todo el día con sueño, no sé si es acumulación, cansancio, cambio horario, o simplemente que sabemos que las vacaciones se terminan y eso no nos hace mucha gracia. Sea como sea esperamos recuperarnos pronto, cargarnos de energía y volver a la normalidad. Aunque si a ese atontamiento le sumas que justamente este fin de semana cambian la hora, eso no ayuda.  Ayer entre los nervios por volar, las colas, retrasos en vuelo por ciclones, esperas, y horas y horas dentro de un vuelo, con escala en el que tuvimos que correr por los pasillos de Moscú, llegamos aquí y nos dicen entre risas que no estábamos en España, que estábamos en la República de Cataluña. Yo, porque me lo decía mi padre, si no ya hubiera pensado que entre todo el lío que había en el aeropuerto de Rusia, cambiado la puerta de embarque y con unas colas muy desordenadas y muy poca información,  habría pensado que nos habíamos equivocado de avión. Afortunadamente no fue así, porque al llegar no tuvimos que hacer las típicas colas que hemos tenido que hacer al llegar a un país extranjero. Eso al menos fue bueno, llegar, ir directamente a por las maletas y poder salir sin esperas largas y tediosas. En cuanto a dónde estamos, pues a pesar de que algo nos han comentado, no me queda muy claro dónde estoy, lo que sí que sé es que estoy en mi casa, que ya es mucho. Lo demás, sinceramente, llegar de unas vacaciones, de una desconexión, y que te digan que has vuelto a otro país, parece una broma. Francamente, no tengo la cabeza para pensar mucho, así que durante estos días en que nos vayamos centrando y poniendo al día, veremos qué ha pasado por aquí.

Una nota, el viaje ha ido genial, en próximas entradas os iremos contando. Ahora necesitamos descansar, poner lavadoras y organizarnos. 




domingo, 8 de octubre de 2017

Octubre: Vacaciones!

Octubre ya está aquí

Hace una semana que inauguramos el mes de octubre. Se estrenó bajo un manto de lluvia y en domingo, fue un día más que movido, fue convulso y no pasó desapercibido para nadie.  No quiero hablar de la situación que estamos viviendo por Barcelona, porque creo que estamos más que saturados de información, ya sea de una índole u otra, pero hay información de sobra. Solamente diré que estamos viviendo días tensos, llenos de incertidumbre y muy desagradables. Los interrogantes y la pasión de algunos que llevan al radicalismo, ya sea de un extremo u otro, nunca va bien. A pesar de que la ilusión y la pasión están muy ligadas, no va bien llevarlo al fanatismo, porque eso ciega más que la propia ceguera. No me gusta que la gente pierda el respeto, se altere y menos que no empatice. Todo puede llegar a buen puerto, si unos escuchan y otros ven más allá.

Ahí queda mi reflexión con la esperanza de que el odio se convierta en amor, que las palabras sean las únicas armas, y que todo vuelva a la normalidad.

Oficialmente de Vacaciones 

Yo llevaba tiempo deseando que llegase octubre, porque ahí en un rinconcito de ese mes estaban las ansiadas vacaciones. Por fin, han llegado, se han hecho de rogar, pero ya están aquí. A pesar de los momentos tan vibrantes que estamos sintiendo, ahora es el momento de preparar la maleta y prepararnos para el gran viaje.

Las últimas semanas se me hicieron realmente largas, veía que la fecha estaba ahí, pero parecía que nunca llegase. Ahora puedo decir que estamos oficialmente de vacaciones. Nos espera un viaje a Japón y Corea del Sur. Me da un poco de vértigo, aunque lo afronto con muchas ganas de emprender esta nueva aventura.  Kenzie no nos acompañará, ella también se merece unas vacaciones. Ella se quedará con mis padres. Realmente venir con nosotros no era muy buena idea, y no porque ya tenga una edad, que también, si no porque, aunque fuera más joven, no es un viaje para ella. Son demasiadas horas en un avión, demasiado estrés y demasiado cambio, que no es necesario que lo padezca, cuando no voy a viajar sola, y no es necesario que venga.  Por supuesto que en el fondo me encantaría que viniera, ya que me sentiría más cómoda y segura, pero no es plan de ser egoísta. Ella también se merece un descanso y unas merecidas vacaciones. 

Los preparativos y Kenzie

Ahora que ya empezamos con los preparativos de la maleta, se nota que Kenzie se huele algo, porque está más rebelde de lo habitual. Intenta guiar mal, para que esté más atenta, para que le haga caso. En casa, nos persigue a todas partes, nos controla, y no nos quita ojo de encima, para saber dónde estamos en cada momento. En cuanto ve que estamos en el sofá, se viene a nuestro lado buscando mimos, incluso, como si fuera una cachorra, nos trae juguetes, para que juguemos con ella. Sin tener ordenador, sin tener móvil, ni agendas, sabe perfectamente que nos vamos. 

Maletas y Kenzie mirándonos

He estado más nerviosa los días antes de las vacaciones, pensando que no me daría tiempo a preparar las cosas que ahora mismo. Ahora mismo a unas horas de volar, me da igual meter un jersey menos o un pantalón menos. Con los viajes, he aprendido que no hace falta llevarse de todo, si se necesita algo, siempre se puede comprar. Cierto que esto lo digo antes de cerrar la maleta, ya veremos cuando intente cerrarla.  

Hasta la vista

A la vuelta os contaré cómo ha ido por el país del Sol naciente. 

¡Hasta luego!  

        でわまた    
        

                           안녕하세요!

viernes, 15 de septiembre de 2017

Nuestro Próximo viaje

A menos de un mes para las vacaciones

Muchos son los que ya regresan de sus vacaciones, otros ya lo hicieron y otros se preparan  para la vuelta al cole. Para nosotros, sin embargo, la rutina hace tiempo que está instalada en nuestro día a día, porque no hemos tenido aún vacaciones. Pero, ahora que todos vuelven a esa rutina de volver a empezar, cuando ya estén todos instalados, nosotros nos iremos. Para irnos de vacaciones, aún faltan unas semanas, pero el tiempo pasa volando. Después de esperar más de un año a que llegasen esas ansiadas vacaciones, ahora ya se empieza a vislumbrar de forma más cercana esos días tan esperados.  Ahora ya no vemos las semanas como una más, sino como una menos, para que llegue nuestro último día y poder desconectar. Es necesario poder salir de la cotidianidad, del madrugar para darlo todo en el trabajo, de que todos los días parezcan iguales aunque no lo sean.

Vacaciones a la vuelta de la esquina y nuestros destinos

Ahora vemos que octubre está más cerca que nunca, que septiembre entre los cinco días laborables y algún que otro día festivo, pasará volando, y entonces será cuando nosotros volaremos. Este año no solamente desconectaremos en nuestras vacaciones, y, precisamente, relajarnos  lo que se dice relajarnos, no es que lo vayamos a hacer mucho. Sin duda, romperemos las normas de la rutina y nos lanzaremos a descubrir una nueva cultura. Iremos a un continente que aún no conocemos, en el que nunca hemos estado. Es hora de que diga  qué destino hemos  elegido este año. Y el destino no es uno, si no dos. Dos países asiáticos. Por un lado iremos a Japón, para visitar algunas de sus principales ciudades, y después iremos a Seúl, Corea del Sur.    




Corea del Sur banderaJapón bandera


Expectantes, ilusionados y planificando

Tenemos muchas  ganas de emprender esta nueva aventura que, aunque sean unos días, ya  es mucho, porque  nos apetece mucho conocer  aquellos países que parecen tan lejanos, con culturas tan diferentes y con un idioma que no es el nuestro. La incertidumbre, los nervios y las ganas están a flor de piel. Ahora, aunque aún quede tiempo, estamos rozando el momento de  iniciar ese viaje, estamos en el momento de los preparativos. Es decir, nosotros ya hace tiempo que tenemos los vuelos, los hoteles, entre otras cosas, pero ahora toca el momento de planificar qué visitar, qué ver y cómo administrar nuestro tiempo para exprimir a lo máximo nuestros días por allí. Esos planes pueden cambiar  por miles de motivos, por circunstancias que no controlemos, por nosotros mismos, o porque sí, pero al menos llevar una idea de qué hacer por allí. Después lo cumplamos o no, ya será otro cantar, que para eso estaremos de vacaciones.   

No sabemos cómo irá, pero de lo que no cabe duda es que estamos expectantes, ilusionados y con ganas de emprender la odisea asiática. No sabemos si el jet lag yendo en contra del reloj y llegando un día después de la salida de nuestro nos afectará, si hará buen tiempo, si nos entenderán- ya que nos dicen que el inglés no lo dominan-, si podremos pagar con tarjeta de crédito, si nos aclararemos con el cambio de moneda, si perderemos algún tren, si nos perderemos, si comeremos bien, si el alojamiento nos gustará, pero todas esas incógnitas se desvelarán en unas semanas, cuando ya estemos pisando las calles del sol naciente.  


Yendo por libre

A nosotros siempre nos ha gustado ir por nuestra cuenta. No nos gustan  los viajes organizados, y sé que  estoy hablando sin un buen juicio, ya que nunca lo hemos probado. Sin embargo, por tal y cómo somos, no nos gusta ir siguiendo a todo el mundo e ir con horarios marcados. En tal caso,  si hay horarios marcados que sean los que nos  ponemos nosotros, o, los que vuelos, trenes u otros transporten  nos imperen. No digo que esté mal ir en grupo, porque seguro que las explicaciones y la organización son magníficas. Pero, nosotros debemos ser más de ecuaciones y nos gusta más resolver las incógnitas por nosotros mismos, si no tenemos que perder, nos perderemos, pasaremos nervios, descubriremos cosas imprevistas, pero serán anécdotas que rellenarán el álbum de los recuerdos de aquel viaje. Tiene mucha más gracia, aunque  también requiere de mucho más tiempo,  el tener que planificar y organizar todo, pero también forma parte del viaje el tener que informarse de todo y empaparte de información. No seremos guías, ni recordaremos todo lo que hayamos leído, pero una vez estemos lo recordaremos  y nos hará mucha más ilusión estar en aquel sitio del que tanta información vimos, que tan poco sabíamos, o algo de lo que ni habíamos escuchado hablar, pero que nos llamará la atención. Deteniéndonos todo el tiempo que queramos en mirar un árbol, una hoja caída, en tomar un café espumoso o ir de compras. Son nuestras vacaciones, nuestro tiempo y nos lo distribuimos como queremos. Sin agobios, con relajación para poder disfrutar de todos los momentos, pero sin dormirnos en los laureles, para cumplir con  nuestros propósitos. Si éstos son muy ambiciosos  y no logramos ver todo lo que queremos, tendremos la excusa perfecta para volver.

El porqué de los destinos y la época para viajar allí

Antes de elegir destino.
A Carlos siempre le ha llamado  la atención Japón, no solamente por el tema de las consolas, ni por el anime, que también, si no porque le gusta la cultura tan diferente a la nuestra. Además a los dos nos gusta mucho su gastronomía, a pesar de que siempre fui un poco reacia a lo de comer pescado crudo, una vez pruebas el sushi te engancha. Aunque no todo es sushi, si no que hay mucho más: algas,  wasabi, soja, fideos, el ramen, mochis, etc…  

A pesar de que él siempre había querido ir, ni siquiera nos lo habíamos planteado, siempre surgía otro destino que se anteponía al de Japón. Sin embargo,  el año pasado ya empezamos a barajar la posibilidad de lanzarnos a la aventura asiática. Y, sin ir más lejos, este año  no celebré el nuevo año comiendo las famosas doce uvas como he hecho todos los años. Este año me atreví con doce guisantes de wasabi. Este aperitivo lo descubrí gracias a unas
Guisantes de wasabi
compañeras de trabajo y me encantó, no para comerlo a puñados, ni cada día, pero para de vez en cuando y alternándolo con otros frutos secos, están muy bien. Cabe decir que no solamente me comí los doce guisantes picantes, sino que  cuando eran  las doce en Canarias, la una en mi ciudad, volví a comer mis tradicionales doce uvas. Sin embargo, el comer los doce guisantes asiáticos, como si de un punto de inflexión se tratase, como si en esos últimos segundos que lo decidí, no solamente decidiera cambiar la rutina, la tradición y lanzarme a por el wasabi, fue algo más. 

Durante el año  lo fuimos hablando, perfeccionando el plan y lanzarnos a  por el viaje. Estuvimos mirando  información, precios y vimos que era asequible, que nos lo podíamos permitir, para ello era necesario hacerlo con tiempo. También deberíamos saber qué época para ir era mejor. Leímos que tanto en primavera como en otoño son las mejores  estaciones para ir, ya que la temperatura acompaña al visitante. En primavera quizás es la mejor temporada para adentrarse en Japón, ya que está la celebración del Hanami, que es la contemplación del florecer de los cerezos. Sin embargo, si queríamos organizarlo con tiempo, y teniendo en cuenta que el tiempo pasa volando, era mejor dejarlo para otoño que, aunque no  vayamos a ver cerezos en flor, sí que podemos ver otro tipo de cosas que nunca hemos visto.   

Este año aunque no fuimos al famoso festival en Japón, sí que fuimos a un festival japonés en Barcelona,  Festival Matsuri, para adentrarnos un poquito más en la cultura y tradiciones del país que vamos a visitar en breve. 

Nuestra ruta

En principio pensamos en hacer solamente Japón, pero tenemos una buena amiga en Corea del Sur, Seúl que ha venido a visitarnos, y si a ella ha hecho un viaje tan largo para vernos es justo que nosotros también lo hiciéramos. Así que viendo que la distancia entre un país y otro no era muy grande, pensamos  en realizar los dos países. No sé si es mucho trote para tan pocos días, pero  ahí radica la aventura de visitar lo máximos posible. Al querer visitar más de una ciudad en Japón, aunque sabemos que Tokyo da para días y días, pensamos en hacer una ruta empezando por el norte, desde Tokyo e ir bajando, bajando y llegar hasta Fukuoka. En Fukuoka teníamos la idea de coger un ferry hasta Busán, una ciudad costera del sur de Corea del Sur. Ese era nuestro plan inicial, pero después descubrimos  que el ferry no era tan buena opción, ya que tardaba más de lo que pensábamos y además era mucho más caro que un vuelo directo a Seúl. Nos dejamos de aventuras marinas y nos dejamos llevar por el aire, comprando los billetes de Fukuoka a Seúl. No sería tanto ajetreo ir directamente, porque si no, tendríamos que ir subiendo desde el sur de Corea al norte hasta llegar a Seúl que es  dónde está nuestra amiga. Aprovecharíamos mucho más los días estando en la capital de Corea del Sur, que estar apenas dos días y volver para casa. 

Nuestra idea es visitar: Tokio, Kioto, Osaka, Hiroshima, Miyahima, Fukuoka y Seúl.  

Corea del Sur y Japón


Si alguien ha estado en alguno de todos estos sitios y quiere dejarnos recomendaciones serán más que bienvenidas. Si habéis estado en Japón o Corea del Sur y nos queréis contar vuestras experiencias, vuestras rutas o cualquier consejo, adelante, tde todo se aprende, y nosotros somos primerizos. He de decir que la web de japonismo nos está ayudando mucho a la  hora de informarnos y de planificar nuestro viaje.


sábado, 1 de julio de 2017

El mes de julio y la serotonina


EL VERANO
El calor, el bochorno, las vacaciones para algunos, el granizado, las terracitas, la playa, los turistas, en general: el verano ya está aquí. De hecho, ya hace un par de semanas que oficialmente estamos en verano, aunque este año la temporada estival empujaba con fuerza y se ha colado antes de tiempo. El calor ha hecho acto de presencia antes de su inauguración oficial el 21 de junio. Hemos pasado un junio digno de un julio, ¿será por el cambio climático? Sea por lo que sea, todos hemos notado que el Sol apretada de lo lindo.

ME GUSTA JULIO
Julio es un mes que siempre me ha gustado, y no solamente porque yo naciera en ese mes, que también. Si no porque no es el típico mes que todo el mundo esté de vacaciones, aún hay gente que trabaja, pero se nota que los niños ya no tienen cole, empiezan los horarios de verano para algunos, la vacaciones para otros, la época de estar en las terracitas, porque se está de maravilla, y la temporada de playas.
Las terracitas en los bares pueden estar todo el año, pero no se disfrutan de igual manera. La playa y su temporada de baño empieza antes, pero no te torras igual, ni se disfruta de igual manera en un mes que en otro. Hay mucha más aglomeración de gente, pero sin que sea un agosto en el que no cabe ni una sombrilla.

VENTAJAS DE TRABAJAR EN VERANO
Este año no tenemos vacaciones en julio, de hecho ya hace unos cuantos años que no elegimos ni julio, ni agosto, para disfrutarlas. Sin embargo, a pesar de que el Sol acompañe, también hay muchas otras ventajas para no hacerlas durante el verano. Mientras muchos están de vacaciones, nosotros aprovechamos el horario de verano, que alguna ventaja tiene que tener trabajar en verano. Es un horario reducido, en mi caso, no es que sea una gran diferencia, pero sí que es notable. Además, teniendo en cuenta que la luz solar dura más, parece que la tarde se aproveche mucho más. Además el transporte público va mucho menos lleno que en otras épocas del año, y eso es un alivio, sobre todo en según qué horas. 
Además pudidendo elegir realizar vacaciones en otro mes que no sea verano, depende el destino que elijas,no está nada mal, porque si vas en temporada baja, todo sale mejor e precio, y te lo puedes organizar con tiempo. Y, mientas algunos han vuelto y han  olvidado  sus vacaciones, tú las disfrutas en otro mes que nada tiene que ver con lo convencional, al menos pienso eso, no sé si para consolarme los meses que aún quedan hasta que lleguen las vacaciones, pero realmente es cierto. 

LA INAUGURACIÓN DE JULIO
Sea como sea, hoy 1 de julio quería dar la bienvenida al mes que me vio nacer, al  de los san fermines, al del apóstol, al del verano oficial y al del calor. ¡Bienvenido julio! A disfrutar del mes, como todos los meses, pero beneficiándonos un poquito más de la serotonina: la hormona de la felicidad. Según estudios la luz solar hace que tengamos más niveles de serotonina, por tanto que estemos más felices.

CARPE DIEM
Como dice mi tío Joaquín: “Que seas feliz hoy y todos los días del año” bueno, y si no es esa frase es otra similar, pero siempre nos quiere trasmitir que seamos felices.     

Os dejo con dos canciones, algo antiguas, pero que seguro que reconocéis. Una me recuerda, sin duda al verano: “Hace calor” y otra hace mención a la felicidad.


¡Disfrutad del verano!

sábado, 15 de abril de 2017

La Semana Santa y su cambio de fecha en el calendario

¿Por qué cambia de fecha cada año la Semana Santa?

Muchos son los que desde que empieza el año están esperando a que llegue la Semana Santa, ya sea porque son muy devotos, porque quieren ir de fiestas o simplemente porque son un paréntesis en el calendario laboral. Pero, unos años cae antes, cae en marzo y otros en abril, casi que hasta que no tenemos delante el calendario laboral, no sabemos en qué cae.

¿De qué depende que caiga en un mes u otro?  
La Semana Santa empieza el primer domingo de luna llena de la primavera. Es por eso que cada año va variando, dependiendo de las fases lunares. Si el plenilunio cae en domingo, no empezará la Pascua hasta el siguiente domingo.
La más temprana el domingo 22 de marzo. La mayoría de las veces, la Semana Santa cae durante la primera semana de abril.  


Creo que a pesar de saber que empieza la Semana Santa con la primera luna llena en el domingo del equinoccio primaveral, creo que seguiré prestando atención al calendario laboral, porque yo no soy muy de números, además de no estar muy atenta a las fases lunares. Por suerte, hoy día existen calendarios con fases lunares, incluso ya te marcan los días festivos, así que no es muy complicado. 

De todas maneras, si queréis tener previsión y queréis saber en qué caerá la Semana Santa en futuros años, aquí os dejo una web que calcula en qué caerá la próxima Pascua hasta 2490, así que solamente tenéis que introducir la fecha que os interese y ya sabréis si caerá a finales de marzo o abril.


¿Cómo vivís la Semana Santa? ¿Aprovecháis para viajar? ¿La vivís con intensidad? Hagáis lo que hagáis, disfrutadla. Y si este año no tenéis oportunidad de hacerlo, ahora ya tenéis un calendario para tener previsión de futuro y pensar qué haréis en la próxima Pascua.  


domingo, 9 de octubre de 2016

Vacaciones en Septiembre en Menorca

VACACIONES MENORQUINAS EN SEPTIEMBRE


Este año hemos elegido como destino vacacional Menorca. Habíamos estado hace tres años, pero en diferente época: ya que fuimos en Julio: temporada alta. En esta ocasión, como ya llevamos varios años, preferimos escoger vacaciones en septiembre, porque está menos saturado y porque igualmente se supone que hace buen tiempo. 

Cuatro días antes de irnos se pusieron en contacto con nosotros de Edreams para comunicarnos que habían desviado nuestra reserva. Sí, a cuatro días y sin hotel, cuando lo habíamos reservado con tiempo. Habíamos cogido el mismo apartamento, donde habíamos estado hace tres años, porque, ya se sabe, más vale conocido que algo que no conoces. No, no fue por eso, si no, porque en su momento estuvimos muy bien con ese alojamiento, nos gustaba la situación y las vistas donde se podía ver la puesta de Sol.  No vamos a dramatizar, no nos quedamos sin alojamiento, porque nos daban tres opciones: una era un hotel, así que la descartamos y entre los dos apartamentos que nos daban a elegir nos quedamos con uno de ellos según las opiniones que pudimos ver por Internet. 
Así que el apartamento que nos tocó era Sa Cala ubicado en Cala Morell. Un lugar muy tranquilo, ideal para desconectar y estar en plena naturaleza. Sí, había buenas vistas, porque se veía la Cala, pero no teníamos la suerte de ver la puesta de Sol. 

Sa Cala
El apartamento era un dúplex. Se nos hacía raro tener que subir escaleras cada dos por tres, las habitaciones y el baño estaba arriba, el comedor, cocina y terraza abajo. La cocina contaba con todo tipo de utensilios para cocinar sin que te faltase algo, además de tener horno, nevera con congelador y microondas, y lo digo como algo excepcional, porque no todos los apartamentos en los que hemos estado cuentan con todo ello. 
Se supone que había wifi, pero donde estábamos nosotros no llegaba muy bien, así que es una forma de desconectar, ya que estás de vacaciones.
Y en cuanto a la naturaleza, pues tanta que hasta convivían con nosotros. La primera tarde fuimos a comprar y compramos un fuet, lo dejamos fuera, porque no nos gusta que esté en la nevera, por la noche cuando llegamos de dar un paseo, nos lo encontramos con hormigas, solamente algunas. Yo lo hubiera tirado directamente, pero Carlos las retiró y dijo que no había más. Lo puso en un sitio más alto y cuando nos despertamos al día siguiente eso ya no era un fuet, era un fuet a la pimienta, así que esta vez sí que lo tuvimos que tirar.
Este tema de las hormigas fuimos a comunicarlo a recepción, pero nos dijeron que era normal por la época del año, ya que las hormigas estaban alimentándose para el invierno. Además, de recomendarnos que no dejásemos nada fuera de la nevera, que hasta el azúcar lo guardásemos dentro. Más tarde nos fijamos que entre las hojas de recomendaciones que había en el apartamento había una titulada: “Las hormigas nuestras amigas” con ese tipo de recomendaciones. Debe ser algo típico del lugar. Pero, nosotros que somos de ciudad y poco acostumbrados a ese tipo de insectos, se nos hacía un poco raro convivir con ellas.

Vistas desde el apartamento

Eso sí, para todo necesitas el coche, porque sí que hay un bar en la piscina, donde puedes comprar pan y cualquier cosa que no tengas en ese momento, pero no está abierto todo el día. Son las ocho y media de la tarde, no te apetece salir, no tienes pan, pues te quedes sin él, porque el bar está cerrado. No sé si en otra época del año, temporada alta, está abierto hasta más tarde, pero no sería mala idea. No solamente para comprar alguna cosa que se te haya olvidado, sino por si te apetece tomar algo fuera del apartamento sin necesidad de coger el coche. Pero, no fue nuestro caso. De todas maneras, lo mejor es salir y ver qué esconde Menorca.

La climatología
Elegimos Septiembre pensando que aún tendríamos rayos de Sol, y así fue exceptuando varios días que llovió como nunca. Y digo como nunca, porque los menorquines nos decían que llevaban meses sin recibir nada de agua y estaban deseando que lloviera. En nuestro caso que caiga una tormenta cuando vas a una isla para disfrutar de la playa, como que el agua no nos hacía mucha gracia, porque no te quedas muchas más opciones que quedarte en el apartamento y poco más, esperar a que amaine y que vuelva a salir el Sol. 




Playas y Calas

De todas maneras, aunque el tiempo no nos acompañado tanto como hubiera sido en agosto o julio, sí que hemos podido disfrutar de las playas y calas que tiene Menorca. Hay una en la que ya habíamos estado hace tres años, Cala Pilar, no queríamos irnos sin pisar esa calita, que , a pesar de su caminata y su caminos nada fáciles, merece la pena llegar al destino. Eso sí, tienes que  ir preparado con agua fresquita y comida, ya que cuando llegar a la cala no hay nada de chiringuitos,  ni duchas, ni nada de nada, porque es una cala natural. Antes de llegar tienes que pasar por la montaña, pinos y demás árboles que hacen que el sitio sea muy natural y seguro que a la vista es paradisíaco.  Lo bueno es que cuando llegas con la caminata y el esfuerzo realizado, por muy buen día que haga, terminas probando el agua. Así fue mi caso. El día estaba algo nublado y hacía bastante viento, pero el chapuzón nos lo dimos igual. 

Hay calas que no pudimos visitar por el tiempo, ya que entendimos que si el viento venía del norte era mejor era evitar las Calas de por ahí, como Cala Tortuga y otras, que deben ser maravillosas, a pesar de sus caminatas, pero que con mal tiempo no merecen la pena.

Además, como he comentado, no tuvimos todos los días Sol, en algunos casos solamente lluvia, así que no pudimos disfrutar de la playa todo lo que nos hubiera gustado.

Son Bou
Este año fuimos a una playa que nos ha encantado. La vez que estuvimos no la descubrimos, pero esta vez sí. Podría decirse que con todas las Calas que hay en Menorca es mejor no ir a una playa, pero fuimos a ver qué tal, y, como digo, nos enamoró. Es una playa de arena fina, que no cubre, que sí que hay gente, pero sin agobios, es muy larga. Si quieres paz te retiras del gentío, si quieres sombra la encuentras bajo algún árbol retirado de la orilla, o si lo prefieres puedes pagar sombrilla y hamaca, hay chiringuitos, pero sin que la música esté a tope, sin agobios.  Es una playa ideal para familias, ya que puedes ir con niños, porque no cubre y hay socorristas.  En un lado es más para extranjeros, quizás que haya un hotel rozando la playa, hace que muchos  no salgan de su área de confort,  En medio hay el final de un río y está lleno de patos que te van siguiendo y esperan a que les des algo de comida.  Para llegar a la playa hay una plataforma de madera que rodea toda la playa, y no tienes que ir caminando por la arena, además de tener duchas, fuente para lavarte los pies, todo en la plataforma, para no volverte a ensuciar.
Además la playa cuenta con un parking muy grande que es gratuito. Y si te agobias de la playa, del calor y del Sol, hasta tiene una zona de picnic bajo pinos, donde poder comer y desconectar de los rayos de Sol. Además de contar con bares, restaurantes y tiendas ya fuera de la playa, pero antes de volver al coche, puedes pasar, ya que se puede ir caminando. Un lugar para pasar el día, y así lo hicimos  y no un día, si no que repetimos, ya que nos gustó mucho y merecía la pena pasar ahí la jornada.   
Vistas de Son BOu


Vacaciones

Sea como sea las vacaciones son para descansar, para desconectar y para pasarlo bien. Sin duda, estas vacaciones han sido diferentes a las del año pasado, donde en Nueva York no paramos de caminar ni un solo momento, en esta ocasión hemos aprovechado para estar tumbados y descansar todo lo posible. Nos acompañase el tiempo o no, sí que nos ha servido para cambiar de aires, visitar una isla maravillosa llena de pura naturaleza y sin tanta gente como nos encontramos en las grandes ciudades, o nos hubiéramos encontrado en pleno agosto. Así que no nos arrepentimos de nada de haber realizado este viaje de desconexión.
Ahora toca volver a la carga, al trabajo con las pilas bien cargadas, y, aunque reiniciarse siempre cuesta, es un paso que hay que dar, para volver a la normalidad.  



domingo, 3 de julio de 2016

Ilusiones que vuelan, vuelos que no despegan

Julio:Vacaciones con vuelos cancelados 

Que nada, ni nadie, te arruine tus vacaciones. Tus escapadas son tuyas, y aunque el destino haga de las suyas, tiene solución y hay alternativas. No dejes que se salgan  con la suya y sé feliz. 


El verano ya está aquí, se nota porque el calor aprieta de lo lindo, los niños ya tienen vacaciones y julio ya ha sido inaugurado. La operación salida de las vacaciones del mes de julio ya ha empezado, muchos con viajes programados desde hace bastante tiempo y los aeropuertos a rebosar de gente. Y, la noticia de la semana ha sido que Vueling ha vuelto a hacer de las suyas cancelando y retrasando vuelos, por lo tanto arruinando los primeros días de vacaciones de muchos clientes.

Cuando llegas al aeropuerto con las maletas, los billetes y las ganas de llegar al destino, lo que menos te esperas es que vas a tener que estar atento de cuándo va a salir tu vuelo. Tienes una hora programada, la hora de salida que compraste, a veces incluso con conexiones, y todo se va al traste cuando te enteras que la compañía aérea no ha tenido previsión, no tiene suficiente personal y tu vuelo no puede despegar. Aquí, algunos enlaces de lo que ha ocurrido estos días:


Todo esto me recuerda a lo que vivimos en Semana Santa, aunque no fue realmente culpa de Vueling, ya que afectaba a todas las aerolíneas la huelga de los controladores franceses, nosotros teníamos que viajar con Vueling y se convirtió en un Viaje Frustrado
Como digo esos días no fueron culpa de Vueling, sino de Francia y sus huelgas, pero nos afectó de mala manera. La compañía no nos daba ninguna explicación, quizás porque ni ellos mismos sabían darla, pero nosotros estábamos hartos de esperar, sin saber si volaríamos o no, sin sitio para sentarnos, ya que estaba todo a tope, y teníamos que hacer uso del suelo  para sentarnos y esperar. Visitando las pantallas del aeropuerto, para ver si había alguna novedad o previsión de hora de salida, pero de cancelado no se movía, hasta que de repente y sin previo aviso, y por supuesto sin notificarlo acústicamente, el vuelo se puso en marcha con una hora de salida. Carreras para llegar al mostrador, para embarcar, para subir al avión y después de esperar y esperar dentro del avión nos sacan a todos con unas leves disculpas, sin más explicaciones que no pueden volar, y de nuevo a esperar en la terminal. Sí, me recordaba un poco a la película de Tom Hanks La Terminal, ya me veía viviendo allí….  Fuera bromas, lo pasamos bastante mal, y no solamente por la espera que agota a cualquiera, sino porque nos quedamos sin vacaciones: en tierra sin ilusión, agotados y sin poder viajar.

Después de ponerme en contacto con @VuelingClients  a través de Twitter, me indicaron cómo proceder para hacer la reclamación y que nos reembolsaran el dinero. A través de esta web puedes hacer reclamaciones, quejas, sugerencias: https://tickets.vueling.com/RetrieveBooking.aspx?culture=es-ES&event=change 
En esa web dejamos por escrito todo lo que nos había ocurrido, adjuntando los billetes y explicando todas las horas que habíamos estado en el aeropuerto, para después no poder volar. Nos contestaron, dándonos un número, código, para saber de qué incidencia se trataba, nos dijeron que en breve nos dirían algo. Pero, pasaban los días, y sé que debían estar desbordados, que no éramos los únicos afectados, pero queríamos cancelar el vuelo de vuelta antes de que llegase el día y no había manera. Nos contestaron, nos reembolsaron el vuelo de ida hasta Pisa, el cual fue afectado por la huelga de controladores aéreos, y por el cual estuvimos más de doce horas en el aeropuerto de El Prat. Sin embargo, hacían caso omiso al pago de un hotel de nuestra estancia en Italia, viaje que no pudimos realizar. Afortunadamente, todo lo demás fueron reservas sin pago. Llegaba el día en el que teníamos que regresar y no había manera de que contestasen, finalmente lo hicieron y alegaban que al ser un billete de vuelo independiente no podían hacerse caro de él, al no haberlo comprado en un pack: ida-vuelta.
No lo compramos de esa manera, porque nuestra idea era ir a Pisa, Forencia y terminar la aventura italiana en Nápoles, cogiendo el vuelo de vuelta a casa allí. En la web de vueling no te dan la opción de comprar ida desde un sitio y vuelta desde otro, siempre tienes que ir y volver desde el mismo lugar. Así que la cosa no quedó así, consultamos con varios abogados y respondieron que sintiéndolo mucho no había nada que hacer, porque el vuelo de vuelta desde Nápoles no se había visto afectado por ninguna complicación. A pesar de que contamos que nuestra idea era hacer una ruta por Italia no les servía.

No pudimos recuperar el dinero de los billetes de vuelta, pero como no hay mal que por bien no venga, nos sirvió para aprender que siempre que podamos haremos ida y vuelta desde el mismo punto, así evitaremos que ocurran este tipo de cosas.

Después de esa mala experiencia me entró mucho miedo a volar, más que nada por si volvía a suceder algo así, y estos días me he quedado alucinada. Sé que muchos viajeros, familias y turistas lo habrán pasado francamente mal, sin saber si vuelo despegaría, cansados de esperar, desesperados y sin ganas de nada. No se puede jugar así con la gente y menos con la ilusión, sin explicaciones y sin detalles. Llevamos todo el año esperando escaparnos y poder volar, para que nos toque una situación tan desagradable. Espero que todos los que están todavía esperando en el aeropuerto despeguen pronto y les esperen unos días formidables, para compensar todo el mal trago por el que habrán pasado.

Este año nos vamos de vacaciones en Septiembre y no sabíamos si ir en avión o en barco, ya que vamos a una isla. Nos hemos arriesgado y  volaremos. Ya tenemos los billetes y solamente espero que no volvamos a pasar por una situación como la que está pasando estos días en el aeropuerto de Barcelona. Por si  acaso:  hemos comprado billete de ida y vuelta desde el mismo destino origen y salida. Hemos comprado un seguro de cancelación, en el que incluye todas estas incidencias. Además de que cruzaremos muy, muy, muy fuerte los dedos, para que todo salga bien. No siempre va salir todo mal, además por el miedo de si vuelve a suceder o no, no pensamos quedarnos en casa. Se tomarán más precauciones, iremos preparados y  ya está, pero esta vez pensamos volar.

Espero, como he dicho, como he leído en las noticias que los gobiernos se pongan en contacto con esta aerolínea y resuelvan los problemas que han provocado y que no vuelvan a suceder, porque no es un mal para la empresa, sobre todo lo es para los pasajeros que se ven sin explicaciones, con una espera que no se resuelve y una incertidumbre que desespera.


A pesar de todo esto, espero que voléis o no paséis un feliz verano, y que nada ni nadie os arruine las  vacaciones. Todo, todo y todo tiene solución en esta vida.      

jueves, 12 de noviembre de 2015

NUESTRO VIAJE A NUEVA YORK

VACACIONES EN LA CIUDAD QUE NUNCA DUERME

¡Por fin está aquí la entrada sobre nuestro viaje a Nueva York!
Sí, lo sé, con  algo de retraso. Pero, desde que llegamos, no hemos parado, como sabéis el mes de octubre ha sido bastante movidito con tanto  evento, de un lado para otro, organizando y asistiendo a  jornadas  muy interesantes. Entre que octubre ha sido un mes que ha pasado volando, entre que hemos estado capturando todas las fotos y vídeos, para hacer  una recopilación de momentos vividos y mil cosas más, no he podido hacerlo antes, aunque me moría de ganas de ponerme a ello, pero para eso necesitaba algo más de tiempo y tranquilidad. Ahora me toca ponerme las pilas. Lo bueno de tener un blog es que tengo que hacer un ejercicio de memoria, pero cuento con la  ayuda de las fotografías, los vídeos,  los audios y lo más importante, lo que mi memoria selectiva quiera recordar. Así que no será  como otras entradas, al menos esa es la intención, no tan precisa, no con tanto detalle, pero sé que eso lo digo ahora y después ya  veremos qué sale, porque sin detalles, los pequeños detalles que componen los grandes momentos, no sería yo.  

NUEVA YORK

Nueva York es la ciudad soñada, la ciudad que nunca duerme, la que sale en mil películas y la que está en la mente de todos. Pero, ¿qué pasa cuándo visitas una ciudad tan visual como Nueva York sin ver?  Sí, lo sé  yo tengo algo de resto visual, pero no  me ha dado la impresión de que los edificios fueran tan altos y gigantescos, a pesar de que todo allí es grande.  Cuando decíamos a amigos y conocidos que  íbamos de vacaciones a Nueva York, miles de exclamaciones sonaban por nuestro alrededor. Diferente hubiera sido si hubiéramos dicho que íbamos a Toledo, y seguro que ahí hubiéramos comido mucho mejor. No estoy diciendo que no nos  lo hayamos pasado bien, que no haya sido un viaje para ir, que me arrepienta de haber pisado tierra americana. Pero, sí que está muy mitificado. Parte de culpa  es de las películas, las series de televisión y del capitalismo. Me refiero que hay ciudades, lugares que son menos conocidos y quizás te sorprenderán mucho más. No  quería que me pasase lo de llevarme una desilusión, por tanto no iba con grandes expectativas, para que no me sucediera, pero quieras que no, es inevitable.   

NUEVA YORK CON TODOS LOS SENTIDOS

Atardecer lago y edificios
Skyline de NY al atardecer

















OLFATO
¿A qué huele Nueva York?

Nueva York  huele en todas partes a comida. Vayas por donde vayas te encontrarás que  hay carritos ambulantes, pero no solamente venden los típicos hot-dogs, sino que venden de todo. Puedes encontrar arroz al curry, unos bocadillos muy raros, sándwiches vegetales, de todo y cuando digo de todo es de todo. No sé cómo la gente puede comer por la calle cualquier cosa, y mira, nosotros hemos ido en una época del año, Septiembre, que aún se puede hacer eso de sentarse en un banco y comer cualquier  cosa, pero en invierno debe ser terrible.  El café también es para llevar, ya sea en uno de esos carritos ambulantes o bien en un Starbucks, que hay por todas partes. Hablando de café, eso en realidad no es café, es un tanque de café con agua, de ahí viene lo de un café americano, largo, largo y aguado, pero, te acabas acostumbrando y hasta le coges el gusto. No está nada fuerte, pero porque no es nada intenso, el agua se lleva toda la intensidad que pueda tener. El vaso más pequeño, parecía más que uno normal aquí, y, claro, en vaso de plástico, todo para llevar.     
Si tienes  hambre puedes caer en la tentación de comprarte algo por el simple gusto de saciar tu gula, pero si acabas de comer, la verdad es que no es muy agradable, porque además, ahora recordando, me viene a la mente que  muchos de esos puestos ambulantes, ya no es que oliesen a comida,  es que olían a  quemado, como si  esa plancha no la limpiasen y la volvieran a utilizar, hasta que ese olor les delatase. A parte de oler a comida por todas partes, ningún olor destacable. Ni en el metro olía mal, ni tuvimos que pasar por calles con un olor desagradable, así que, dentro de lo que cabe, aunque huela a comida y a café a todas horas, pues no está nada mal.   

OÍDO  
¿Qué se oye en Nueva York?

En Nueva York, sobre todo si hablamos de Manhattan, básicamente escucharás coches, el claxon de los automóviles intentando abrirse paso entre el atasco, sirenas, ruido por todas partes. La verdad, es que no supe  el descanso  que hay aquí hasta que no regresé. Realmente  noté un respiro de oídos en el aeropuerto de Barcelona al regresar, ya que en el avión con la presión, tampoco pude disfrutar del silencio. Pero, Nueva York aturde a culquiera, sobre todo si es tan importante este  sentido, como lo es para mí.  Sin embargo,   los semáforos, yo pensaba que en una ciudad como Nueva York serán acústicos, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando, no sé  si por el ruido del tráfico, de la gente, de la ciudad en sí, no escuché ningún semáforo que lo fuera. A veces cuando se ponía en verde sí que me parecía escuchar  un pitido agudo, solamente uno, pero no sabes cuando cambia, y, bueno, quizás ni era del semáforo.  La gente no habla, casi que grita, y no estoy hablando de China Town, que eso era como un mercadillo intentando vender todo al mejor postor, estoy hablando que por la calle, en según qué aceras te encontrabas  con tal cantidad de gente que era una mezcla de conversaciones agobiante. En la famosa Quinta Avenida podíamos escuchar de todo un poco, gente por todas partes, porque es una de las avenidas más concurridas y sonidos para dar y vender.  
Además, nos sorprendió que fuésemos por fuésemos había obras, por todas partes estaban construyendo algo, síntoma de que a los estadounidenses les va mejor las cosas que por aquí, ya que no eran obras que estuvieran a medias y paradas, sino que estaban a pleno rendimiento. Desde Queens hasta Manhattan y pasando por Brooklyn, por todas partes. Empezando por Queens, donde estábamos alojados, ya desde el hotel, justo enfrente y por los lados estaban en plena acción, construyendo por los alrededores más edificios y, estoy convencida que, cuanto más altos y grandes mejor. Suerte que a Nueva York precisamente a descansar no va un turista, porque si hubiéramos querido quedarnos durmiendo hasta tarde, como que no hubiéramos podido por las obras. Menos mal que cada día a las siete ya estábamos en pie, queríamos ser los primeros en coger sitio en el comedor para desayunar. Dejando bromas a un lado, la verdad, es que el rato que estábamos con el café no era nada agradable escuchar tanto ruido de buena mañana, es que vibraba hasta el suelo. Eso sumado a que estábamos alojados cerca de Queensboro Bridge, un puente por donde pasa el metro y coches, había veces, por la noche cuando las obras dormían, se escuchaba a lo lejos algún chirrido del metro frenando, es lo que tiene que esté abierto toda la noche. Pero, nada que el cansancio acumulado de todo el día no pueda vencer, así que dormir hemos dormido bien.
Recuerdo que cerca del Hudson, del río,  había un helipuerto, y, claro, al pasar por ahí, tenías que levantar la voz para mantener una conversación en condiciones. Yo creo que la gente habla con el tono más elevado de lo normal, porque en esa ciudad, ya me lo había n avisado, el sonido de todo está por encima de los decibelios normales.   
A pesar de haber dicho que en China Town todo parecía un desbarajuste, queriendo vender a toda costa, gente vendiendo, compradores regateando y encontrando de todo lo habido y por haber, también, cabe destacar que adentrándonos más por las callejuelas encontramos un rincón de tranquilidad. Más que de relax, era un rincón mágico, un parque escondido que te atrapaba. Nos atrapó porque si del mismo flautista de Hammelín se tratase, la música nos guió hasta ese parque misterioso, secreto, oculto, mágico. Era un parque repleto de gente cantando, diferentes grupos de personas que a coro cantaban música oriental. Nos fue de lujo para descansar del barullo que había por las calles principales, descansar y dejarnos llevar por ese ambiente tan oriental.
Uno de los sonidos que recuerdo con  cariño es la música que nos acompañaba en Central Park. La primera vez que pisamos Central Park y  nos encontramos que  están  tocando música clásica, música relajante. Sumado  a las canciones que tocaba un músico callejero, que la verdad, lo hacía muy bien, y de ahí que se llevase nuestros aplausos y nuestra propina.
Un domingo nos fuimos a Harlem a escuchar música Góspel, más bien, fuimos a la misa, pero  eso más que una misa, era todo  un espectáculo, emocionaba. Menudas voces que tenían. Estuvimos las dos  horas y algo que duraba, pero valía la pena, y para nada se te hacía largo. Primero, la misa es como estar en una película, sí, sí, con su reverendo  contando lo que ha sucedido durante la semana en la comunidad, todos se conocen, incluso nos dieron una gran bienvenida, con ovación incluida, que casi nos morimos de la vergüenza. Pero, de verdad, que cantaban como ángeles. 

GUSTO
¿A qué sabe Nueva York?

Dicen que es la cuna de la comida basura y… es cierto. Sí, que puedes encontrar comida buena, pero no apta para todos los bolsillos,  o al menos nosotros  como turistas, pues no hemos sabido encontrarlos.  Si queríamos aprovechar el día y comer algo rápido y barato, lo más fácil era ir a un  sitio de comida rápida, aunque realmente acabamos hartos de ese tipo de comidas y anhelábamos comer un plato de legumbres, ya fuera lentejas, judías o un plato de espinacas. Sin embargo, cuando estás fuera de casa tienes  que comer lo que tu bolsillo te permita e ir probando  lo más típico de allí, y la  verdad que allí si no es pizza, es hamburguesas, y si no bocadillos…  Así estamos, pero  hemos disfrutado comiendo. Hartos, sí, pero  todo en exceso es malo.  
A pesar de todo, siempre hay algo que te gusta más. En nuestro caso no ha sido la súper hamburguesas, ni los Hot-Dogs, ni nada de eso, sino algo que también es típico de allí y a pesar de ser un bocadillo y frío es más sano, por lo menos el que probamos, y me refiero a: bagle. Os voy a contar cómo era el nuestro, para que se os haga un poco la boca agua. El bagle es un bocadillo redondo con un agujero en medio del pan. El nuestro era así, el pan con semillas de no sé qué, pero que hacía que el pan fuera algo diferente, y llevaba: queso untado, tomates frescos y salmón ahumado. Realmente delicioso. Lástima que lo descubrimos tarde, ya que básicamente lo puedes encontrar para comer, aunque no entiendo por qué, ya que para cenar también estaría muy apetecible. 

bagle por la mitad
Nuestro bagle, partido por la mitad. Salmón ahumado, queso y tomate.


TACTO
¿Qué tacto tiene Nueva York?

He tocado todo lo que he podido, suerte que siempre llevo mi botellita de jabón para las manos, porque eso de tocar todo tiene sus riesgos: bacterias. Pero, hay veces que no es que toque para saber cómo son las cosas, si no porque  no me queda otro remedio, como por ejemplo las barandillas del metro, los asientos. La verdad, el metro de Nueva York me ha gustado mucho, puedes llegar a todas partes, está abierto las veinticuatro horas al día, es seguro, dice las paradas, es ancho. A pesar de sus años, y  que en algunas estaciones nos  hemos vuelto locos para entrar, ya que era puertas giratorias para entrar, y teníamos que hacer  malabares para entrar. En otras faltaban ascensores, y no lo digo por mí, pero, bueno, es lo que tiene  un metro con tantos años de historia, que todo no se puede lograr. Eso sí en los andenes te morías de calor, y eso que no hemos ido en verano, pero aquí en Barcelona también ocurre, así que no es nada destacable, sino que a según qué horas y como por la misma vía pasan diferentes metros con diferentes destinos, a veces agobia un poco la cantidad de gente que nos juntábamos allí, eso sí, era todo muy largo, espacio para todos de sobra, bancos no, pero hubieran quitado espacio para todas las personas que esperábamos en según qué estaciones.
La Estatua de la Libertad no la pude tocar, porque es tan alta, que no hubiera llegado a tocarla. Pero sí que toqué  el toro de Wall Street, es de bronce y todo el mundo se hacía fotos, así que me parece que lo que le toqué fue el culo, pero qué más da, todo era del mismo material.
Otra cosa que me sorprendió fue que en la calle hay mesas y sillas plegables de hierro, pero no pegadas al suelo, yo creo que si  alguien quiere llevárselo se lo puede llevar, pero, la gente no es como  aquí. Ya os digo que eso  lo dejan en mi barrio y no dura ni un día. La verdad es que para hacer algún descanso, incluso para comer, tipo picnic no está nada mal,  te soluciona el encontrar un banco. Además, teniendo mesa y sillas, para qué quieres un banco. 
Los pies sí que se han resentido de nuestro capricho de caminar por todas partes, porque no es lo mismo caminar por la montaña que por la ciudad. Todo lo que anduvimos por ciudad, o sea que, nuestros pies han acabado de pisar asfalto, destrozados. Quitando el día que pasamos en Central Park, aunque cabe decir que allí, tampoco es todo césped, ni tierra, también hay caminos de cemento, así que no había manera de librarse de caminar sobre suelo firme y duro. Acabé comprándome unas deportivas que fueran más aptas para caminar, porque entre todo lo que caminábamos y hacerlo por ciudad. Así que, entre mis deportivas nuevas, las ganas de caminar y descubrir cosas, y los bancos que nos íbamos encontrando superamos con éxito los 10 días en Nueva York.
Los edificios que toqué  no me parecieron nada del otro mundo. ¿Por qué? Pues porque no eran  maquetas que pudieran tocarlos, si no que lo  que tocaba  estaba a mi altura, y tampoco  era  de un material especial.  Eso sí, allí  resulta que se lleva mucho el tema de Lego, que son una especie de piezas diminutas, que las vas juntando y puedes formar lo que quieras. Y  había verdaderas obras de arte. Lo cierto, es que a fondo no toqué los edificios que había construidos  con ese material, no sé porqué pero Carlos no le hacía mucha gracia que fuera toquiteando  todo, no sé por qué será, pero, era fácil que  en una de esas sin saber dónde poner la mano, desmontase todo el edificio, y me hubiera muerto de la vergüenza.


VISTA
¿Qué se ve en Nueva York? 

Carlos quedó impresionado con los edificios inmensos que hay por ahí, claro, son rascacielos. A mí no me impresionaba tanto, pero sí que notaba que era todo más oscuro, la falta de luz, tantos rascacielos juntos, impedían  que entrase la luz solar. Edificios altísimos, que yo a toda costa, aunque  no fuera a ver nada que ría subir a todos, pero  en uno de esos  edificios cerca de Central Park, cuando fui a pedir  permiso para subir, y ame dijo el portero que no se podía, que eran apartamentos. Yo creo que el hombre ya tendría anécdota para contar ese día, una chica ciega, con  su pera guía, empeñada en que quería subir  a la azotea, pero, oye, si colaba, colaba, pero no fue así.  A pesar de que todo el mundo dice que está muy bien subir al Empire State, nosotros optamos por subir al Top of the Rock, ya que dicen que es casi la misma altura, y lo mejor es que  desde ese puedes  ver el Empire State. No estuvo mal, pero sigo pensando que muy caro y que debería haber algún tipo de descuento, ya no digo gratis, pero sí algún tipo de descuento para las personas con discapacidad, sobre todo discapacidad visual, ya que no lo vamos a poder disfrutar como las personas que ven. Aunque sí que sentí  el airecito que corría ahí arriba y tenía la suerte de contar con mi personal audio descripción, sí, la de Carlos que mientras él veía algo, me lo iba contando. Y a él le hacía gracia ver todo, sobre todo ver los lagos de Central Park por donde habíamos estado, ver todo  desde las alturas. Pero, para Kenzie y para mí, como si nada. Por mucho que digan  que es una ciudad muy bonita, estoy convencida que sí, pero si no ves el Skyline, y no disfrutas de las vistas te pierdes mucho. 
Recuerdo que por la tarde, sobre las siete de la tarde, ya era de noche, oscurece antes,  y  yendo por Broadway, sí que podía distinguir muchas luces, luces  por todas partes y mucho tumulto de gente, que casi que te empujaban y te arrollaban. Llegamos a Times Square y allí sí que había jaleo,  mucha gente, mucho  ruido y muchas luces. Resulto que casi todas las luces de esa plaza son  pantallas de televisión de anuncios, están por todas partes. La verdad, es que si he hablado de la contaminación acústica,  también hay que hablar de la contaminación lumínica que hay en esa ciudad, pero por eso se llama la ciudad que nunca duerme. Sea la hora que sea  encontrarás luces, ruido y comida. 
Revisando las fotografías que hicimos he visto una foto que me ha gustado mucho, y que cuando estaba en el ferry  de camino  de State Island no  lo pude ver, y es que por la noche está iluminada la Estatua de la Libertad, quizás por la distancia o por las otras luces que había, o no sé porqué pero no  la vi, y en cambio  ahora con el zoom he podido ver la oscuridad y a lo lejos  la señora Libertad iluminando, como si fuera un faro, la isla de Manhattan.  
Imagen nocturna Estatua de la Libertad
Estatua de la Libertad de noche: iluminada



CONCLUSIÓN 

Por mucho que pueda parecer que no me lo haya pasado bien, que no me haya gustado, sí, que lo ha hecho. Primero, porque he  ido muy bien acompañada: por Carlos y por la peluda. Porque  es una experiencia más. Porque Kenzie ha cumplido los ocho años junto a nosotros en el país que  le vio nacer. Porque hemos entablado conversaciones, practicando el inglés y conocido más sobre esa ciudad. 
 La  gente me ha parecido muy abierta y muy gentil. Recuerdo que... 
 😊  Entramos en un barco, cerca del río Hudson, yo  tenía que ir al lavabo y una señora me dijo que me acompañaba, yo pensaba que sería una camarera del bar o alguien que trabajaba allí,  pero resultó que no, ni siquiera tenía que ir ella al lavabo. De todas maneras, como si de una amiga de toda la vida se tratase,  me acompañó por el simple  gusto de ayudarme y acompañarme. Se lo agradecí mucho, porque sin pedir ninguna ayuda, fue ella quien sin más se  ofreció. Gestos así hacen que valores cómo son los ciudadanos de un lugar, y aunque haya de todo, te das cuenta que aún hay gente buena en el mundo. 
😊 El caluroso  y afectuosos recibimiento que nos dieron  en la Iglesia de Harlem, cuando no nos conocían, cuando éramos los extraños, porque éramos los únicos blancos, nos abrieron la puerta de su casa y nos acogieron como un miembro más de la comunidad.
En realidad, para mí, las ciudades no son el nombre, ni los edificios, ni las panorámicas, para mí, una ciudad la componen sus habitantes y si esos son amables  contigo, hacen que la ciudad donde viven  tenga un mayor significado para los visitantes, porque nos sentimos bien recibidos.  Además, en ocasiones nos hemos sentido como dentro de una película, porque recordábamos que tal película o  tal otra se había grabado aquí  o allá, y nos hacía gracia estar en el mismo escenario que  protagonistas de la gran pantalla.  Además, hemos visto que Nueva York está llena de contrastes, muchos  se piensan que estar en Nueva York es estar en Manhattan, pero hay mucho más que  esa isla. Me gustó mucho Brooklyn, incluso, si quitamos las obras y el ruido, la zona de nuestro hotel también estaba bien, la parte de Queens.  No solo en Manhattan se encuentran tiendas originales,  en Brooklyn me enamoré de una tienda, una tienda de animales  gigantesca, ahí arrasé comprándole caprichos a Kenzie. No vendían animales, si no que era todo de complementos para perros, camas, comida, huesos, peluches, Kong, juguetes, de todo y más. Y ahí, en esa tienda, me demostraron otra vez que  por muy grande que sean la ciudad, las tiendas y todo en sí, las personas también lo son. Nos quedaban un par de días para  marcharnos y Kenzie  ya no tenía comida, así que quise comprarle  un saco pequeñito, pero  pequeños no tenían, así que el chico nos dijo que  cogiéramos   uno, y que después lo devolviésemos en la tienda sin problemas,  al decirle dónde estábamos alojados y al entender que no podríamos volver, más que nada, por los pocos días que teníamos. Le enseñé unas bolsas de la peluda que siempre voy cargada de ellas, y nos dijo que nos esperásemos y nos preparó para los tres días. Le dije que cuánto era, porque era comida  y aunque fuera menos cantidad, pero lo tendría que pagar, y me dijo que nada, que por esa cantidad no tenía que  darle nada. Y no era una tienda pequeñita, de esas típicas familiares que te hacen un favor, si no que era una súper tienda, un almacén,  pero ese dependiente, nos atendió de maravilla y encima tenía un corazón tan gigante como la tienda. Quizás, ese tipo de cosas, esos gestos, esas anécdotas es lo que, en realidad, compone un viaje: las vivencias, la gente, las conversaciones, las sonrisas y esos gestos. Para todo lo  demás están: los documentales, Internet, pósters, postales, cuadros  y  los puzles, ahí solamente están las imágenes, pero  ciudad se nota, se siente y vibra con su gente.

Eso sí, en cuanto a gastronomía, yo creo que no nos gana nadie, y como en España en ningún sitio.   

Nueva York acabó con nuestros pies, ya que la quisimos pisar fuerte y andamos, anduvimos por todas partes. Dar pasos  por una ciudad desconocida, mientras  destrozas el mapa de tanto mirarlo y guardarlo (¿Verdad, Carlos?), no tiene precio, ya que es como de verdad acabas conociendo  la ciudad. Mientras te paras a hacer fotografías, a comprar  algún recuerdo o  charlar con alguien. La vida del turista en una gran ciudad es así, para  todo lo demás, la playa y la montaña. No ha sido un viaje relajado, pero ya lo sabíamos. Hemos dormido en la ciudad que nunca duerme, en la de miles de canciones, películas y de series de televisión,  hemos estado, podemos decir que hemos pisado sus calles. Y, según mi punto de vista, aunque sea una vez en la vida hay que ir, para estar en el escenario que siempre ha estado en  tu imaginario, para  sentirte neoyorquino, para conocerla. Te aseguro que no te dejará indiferente. Muchos se enamoran,  otros acaban desencantados, porque no es lo que esperaban, pero a nadie  le pasa inadvertida esta gran urbe. 

Os dejo con el vídeo que hemos estado preparando, una recopilación de fotos, vídeos y música. Espero que lo disfrutéis y os hagáis  un poquito más a la idea de cómo es aquello.  La ciudad soñada, la de la libertad, y para nosotros la del septiembre del 2015:  





miércoles, 16 de septiembre de 2015

Tic-tac tic-tac

Rozando el momento de volar


      Después de un año sin viajar, ya llega el momento de las ansiadas vacaciones. Ahora estamos con los preparativos, sí, llega el momento de sacar la maleta, abrirla y cargarla de ropa, pero sobre todo de: emoción. Pero si ésta no cabe en la maleta, si hace falta, la ilusión más las ganas de descubrir, ya lo llevaremos nosotros en el equipaje de mano, o mejor dicho: en los bolsillos. Aunque eso seguro que no se nos va a olvidar, los nervios nos delatan y cuando pensamos en el viaje nuestro rostro dibuja una sonrisa de oreja a oreja.

   Justo hoy recordaba que hace un año de nuestra llegada a Santiago. Sí, sí, justo hace un año vivimos una de las experiencias más mágicas, emocionantes y cansadas que hemos vivido: El Camino de Santiago. Fue algo para no olvidar y que valió mucho la pena. Y ahora parece que vamos a cumplir otra aventura. Sí, un viaje con el que siempre habíamos soñado, un lugar de película, reconocido y visto hasta la saciedad, pero queremos vivir, sentir, oler y pisar las calles de Nueva York.  ¡Sí, Nueva York nos espera!  Allí que nos vamos los tres. Sí, Kenzie vuelve a su país de origen, aunque creo que no nos querrá contar mucho, es muy tímida cuando quiere, pero guiar, aunque no haya pisado esa ciudad, seguro que lo hace, como siempre, a las mil maravillas. Tengo la suerte de ir muy bien acompañada, por dos campeones, como Carlos y Kenzie, que siempre están ahí y me guían en el camino de la vida. Ahora vamos a sumar esta aventura que nos espera a todas las demás vividas juntos, y la guardaremos en el álbum de los recuerdos. La vida en sí es un cúmulo de recuerdos vividos, así que sigamos creando nuevos recuerdos.

La verdad es que ahora no puedo contar mucho, más que nada porque aún no nos hemos ido. Estoy de los nervios, como siempre que hago un viaje, y estamos aún con los preparativos de última hora. Así que, casi que mejor que me reservo para la vuelta, y así podré contar cómo ha ido con más detalles, bueno, con todos los detalles. Solamente puedo decir que me hace especial ilusión hacer este viaje, es un destino que siempre es como muy llamativo, aunque eso en cierta manera da un poco de miedo, porque cuando idealizas algo siempre te desengañas. Sin embargo, voy sin ninguna idea preconcebida. Simplemente con la especial ilusión de ir con Carlos, pero sobre todo con la peluda Kenzie, que celebrará su octavo cumpleaños  en nuestra compañía  y en su país, el país en el que nació, y es por eso y por mil razones más que me hace mucha, mucha ilusión viajar hasta ahí. Además, cuando reservas un viaje con mucho tiempo, o no, parece que el día para volar, llegar, nunca se acerque, pero ahora ya casi lo estamos rozando. En apenas dos días estaremos en la gran ciudad, la que nunca duerme, la que más veces ha salido en la pequeña y gran pantalla, la de los rascacielos, la de la Estatua de la Libertad, la de Central Park. ¡Sí! ¡Nos vamos a Nueva York!  
Tengo muchas ganas de pisar las calles de Nueva York, oler los aromas que rondan por esas ajetreadas avenidas, oír los pájaros de Central park, aunque, por lo que me han dicho, sobre todo podré oír el jaleo que hay sea la hora que sea en esa gran urbe, degustar unas gigantescas hamburguesas. Tocar rascacielos, pero sobre todo lo que quiero es sentir Nueva York.

A la vuelta os cuento todo, todo y todo. Sin obviar ningún detalle, porque ya me conocéis. Además de traeros, si todo va bien, algún que otro regalito.   



Cierro la maleta, tanto física como ésta, hasta que regrese de vacaciones. Bueno, la física, si todo va bien, espero poder abrirla cuando llegue a mi destino. ;)