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domingo, 25 de marzo de 2018

Miyajima: una isla para descubrir


Excursión desde Hiroshima


Nos levantamos temprano, no tanto como hubiéramos debido, pero lo suficiente, como para buscar un lugar para desayunar y cargarnos de energía. En el Ryo kan, donde estábamos alojados, también ofrecía desayunos, sin embargo: no nos entraba con la estancia, era un poco caro, y el horario era bastante limitado y para gente más madrugadora. Así que por cuestiones del azar, acabamos en un local, pequeño, pero acogedor, de esos que te hacen sentir como en casa. El japonés que nos atendió, el único que estaba en el local, nos atendió de muy buenas maneras, intentando hablar inglés, bastante entendible y con el que se podía mantener una conversación. Optamos por un desayuno sano: un bol de leche con cereales, fruta que nos preparó con mimo y un café. Parece algo ligero, pero teniendo en cuenta que debíamos coger un ferry no queríamos ir con la barriga pesada. El japonés que nos atendió, como si unos familiares suyos fuéramos, nos preguntó que de dónde éramos, y nos contó que le gustaba mucho la música de Paco de Lucía. Me encanta saber las puertas culturales que abre la música que llega a todas partes. Nos despedimos y emprendimos la aventura del día.

Primero fuimos a por un tranvía, ya que en Hiroshima no hay metro. El tranvía es el transporte público que más se utiliza, porque hay muchas líneas, y casi que estar esperando uno ante las vías en la calle es como estar ante un museo ferroviario al aire libre, porque cada uno de los tranvías que aparecen son diferentes y bastante antiguos. Carlos previamente había mirado qué número nos convenía, pero no sabíamos que el recorrido sería tan largo. No pasaba nada, porque al menos íbamos sentados, y los 45 minutos que debimos estar dentro, tampoco se nos hizo tan eternos,, ya que estábamos todo el rato pendientes de cuándo debíamos bajarnos. Aunque con lo que no contábamos era que nos teníamos que bajar en la última parada. Al bajar había unos revisores que nos cobraron el trayecto, ya que no se pagaba al entrar, algo extraño, porque supongo que cada uno de los pasajeros debió subir en una parada diferente. Sin embargo, debía ser un precio único por trayecto. Nos indicaron hacia donde teníamos que dirigirnos, teníamos que pasar por unas barreras y ahí no tuvimos que pagar, porque una vez más enseñando nuestro preciado Japan Raíl Pass y nos dejaron pasar de forma gratuita.

Pasado ese control debíamos esperar a que llegase el ansiado ferry. No éramos
Ferry que nos llevaría hasta Miyajima
los únicos, y la mayoría éramos extranjeros, aunque nos ganaban de goleada los asiáticos de otras partes. Cuando subimos al ferry, enseguida subimos al piso de arriba, a pesar de que haría más frío, tendríamos mejores vistas y al menos no llovía.  Y ahora, redoble de tambores, redoble de tambores
 ¿A qué destino nos dirigíamos?

Desde el ferry Carlos empezó a divisar el icono de la isla que visitaríamos, el torii flotante. Una puerta espiritual, grande y roja, que estaba dentro del mar. La marea estaba alta y parecía que estuviera flotante dentro del mar, le daba un encanto espléndido. Vale, lo reconozco, no la veía, ni siquiera veía una sombra, estaba en el barco, pero era emocionante, ver a Carlos sacando fotos, a un montón de gente haciendo lo mismo, y yo preguntando impaciente que si se veía cuando era obvio que ante tanto sonido de flashes sí que se podía ver algo. Teníamos ganas de pisar tierra firme para llegar a nuestro destino.

Vistas de la isla desde el ferryç


Nuestro destino no era otro que Miyajima, una isla pequeñita situada a 50 km de Hiroshima. Una isla mágica, no ya por su símbolo más emblemático como es el torii flotante, sino porque habíamos escuchado maravillas de esa isla. Y así, fue nada más bajar y pisar suelo firme, entramos en una mini estación, ésta contaba con oficina de información turística y fuimos. Tuvimos que hacer algo de cola, pero valió la pena, porque con una amabilidad digna de una japonesa, con sonrisa incluida, poco inglés y mucha simpatía, nos dio varios mapas. Nos dijo las rutas que podíamos hacer, y sobre todo lo que más nos sorprendió, con un español de no sé dónde, nos dijo que “Be careful ciervos”. No paraba de repetir “ciervos” el nombre de ese animal con cuernos lo repetía en nuestro idioma, se reía y en inglés nos decía que vigilásemos con ellos, sobre todo porque se podían comer el mapa, nuestra comida y todo lo que tuviéramos. A nosotros nos entró la risa,, porque aunque sabíamos que habían ciervos que andaban en libertad por aquella isla, no pensábamos que íbamos a tener la suerte de encontrarnos con alguno y menos que alguien que no tiene ni un mapa ni ninguna guía en español, supiera decir ciervos en nuestro idioma.

Ciervo descansando y Pili mñirándole

Pasadas las puertas de la oficina, pudimos respirar el aire puro de la isla, mucho jaleo, gente por todas partes, y esos famosos ciervos andando a sus anchas y rodeando a todos los turistas que llegaban a su hogar sagrado. Paseaban a sus anchas, como si de perros sueltos se tratasen, te seguían, comían del suelo, no les daba miedo la gente, porque ya están muy acostumbrados a que miles de viajeros se acerquen a visitarles. Están casi como domesticados, pero, de todas maneras, a Carlos no le terminaba mucho que me acercase como si tal cosa, porque me decía que son salvajes y nunca sabemos cómo van a reaccionar. Así que me resigné y le hice caso, ya que me contagió su temor. Paseamos por el pueblecito, viendo siempre ese torii gigante, teniendo a la derecha el mar, pero aún caminando sobre cemento y gravilla. 

Pili y Carlos con el torii flotante en el mar detrás

Había tiendas de recuerdos por todas partes, que no dudamos en visitarlos, por el simple gusto de ver qué tenían. Dejamos pasar a varios grupos de adolescentes, ya que nos agobiaba ir al lado de ellos, porque armaban mucho barullo. En seguida nos alejamos de lo más céntrico, para adentrarnos por algunas de las rutas que nos había aconsejado en la oficina de turismo. Nos íbamos encontrando a gente que también tomaba el mismo camino. Subimos unas cuantas escaleras hasta que llegamos a un Santuario sintoísta llamado Santuario:  Itsukushima. Realmente la isla recibe el mismo nombre que el santuario, pero es conocida con el sobrenombre de Miyajima, ya que literalmente significa: isla del santuario. Y, es que, de esta isla, aparte de su calma y tranquilidad, a pesar de los turistas que la visitamos, sobre todo destaca por su torii flotante, ese que es la puerta espiritual del santuario mejor conservado. Éste está dividido en varias estancias que se pueden encontrar por toda la isla. 
Nosotros acabamos en uno, huyendo de las masificaciones, en el que se respiraba calma, se oía música oriental y olía a incienso. Solamente constaba de un piso, en el que, como en todos los santuarios, nos tuvimos que descalzar dejando las deportivas a la intemperie. A mí este tipo de cosas, y más viniendo de España, no me gustaba mucho, porque me daba la sensación que íbamos a salir y no iba a estar nuestro calzado, porque realmente si esto ocurriera en según qué sitios de mi ciudad, estoy convencida que me tocaría volver andando en calcetines. Sé que puede parecer desconfianza, puede sonar a chiste, pero no estamos acostumbrados y es una cuestión cultural. Dejando de lado este tipo de anécdotas, el templo era muy bonito, Carlos me lo iba describiendo todo, y a mí me entraban ganas de tocar todo lo que me decía, aunque a veces se trataba de cosas que estaban en vitrinas u imágenes, pero al escuchar que, por ejemplo, había un elefante, me imaginaba una escultura, y con cuidado hubiera ido a tocarlo, hasta que Carlos me decía que no se podía, que era un dibujo. Al igual que en otras ocasiones, había gente rezando en el suelo, y nos daba la sensación de estar invadiendo su intimidad, mientras nosotros rodeábamos la estancia, curioseábamos y hacíamos fotografías. Éramos unos intrusos que alucinábamos con todo.  Salimos, nos calzamos y nos quedamos en un banco de al lado, escuchando el sonido de unos tambores y sintiendo la tranquilidad que se respiraba en el ambiente. Seguro que había miles de estancias más que visitar, pero para ello necesitábamos coger aire y sentir que estábamos ahí, que no teníamos todo el tiempo del mundo, pero que era el ahora de ese día y queríamos disfrutar del momento con los rayitos de Sol que tanto habíamos anhelado durante días.

Proseguimos por la montaña, bajando escalones, parándonos ante cualquier campana, escultura o algún ciervo que se nos cruzase. Sin rumbo fijo, simplemente dejándonos llevar por la naturaleza. Y, hablando de naturaleza, nuestro estómago empezaba a rugir, así que tocaba bajar al centro de la isla, donde se aglutinan los restaurantes. Al ir bajando empezamos a notar el bullicio de la gente, como si hasta entonces hubiéramos estado en plena naturaleza escondidos de la vorágine del mundo real. Íbamos mirando los menús que había, la mayoría orientados a turistas como nosotros, casi todos por la hora que era estaban con bastante comensales. Finalmente nos decantamos por uno, que tenía gente, buena señal, pero que no teníamos que esperar demasiado. Nos trajeron el menú, que también contaba con una traducción en inglés. Hay que destacar que lo más típico de la isla son las ostras, pero realmente he de reconocer que no me gustan demasiado. Recuerdo que Carlos sí que se pidió un plato que llevaba ostras cocinadas y no estaba mal, una cosa es comerlas crudas y otras preparadas con condimento, la cosa cambia mucho. Yo pedí un arroz con
Platos de comida
curry, porque me encanta cómo lo cocinan, y como me había gustado tanto las veces que lo había comido, quería seguir aprovechando la oportunidad de comer el arroz que allí preparan. Carlos esos fideos con ostras que fue muy original, y que, por supuesto, como casi siempre hacemos, compartimos. Después de reponer energía y saciarnos de agua fresquita, la ruta debía continuar.

Nada más salir, Carlos me dijo que el torii seguía con el agua hasta arriba, así que optamos por adentrarnos en el monte y subir a un teleférico, para subir a la cima de la montaña y comprobar las vistas. Esta era una de las rutas que nos habían aconsejado realizar desde la oficina de turismo cuando nos dieron el mapa. La cumbre más alta de la isla consta de 530 metros, es el monte Misen. Es considerado un monte sagrado. Así que fuimos en búsqueda del teleférico,
Vistas desde el teleférico
había que pagar 1000 yenes (casi 10 euros) y si era ida y vuelta 1800 yenes. Nosotros optamos por comprar solamente ida, a Carlos le parecía buena ida después bajar haciendo senderismo de forma tranquila. Tuvimos que hacer algo de cola, tanto para comprar los tickets, que teníamos que pagar, ya que no entraban con el Jipan Raíl Pass, como para subir. Nos tocó subirnos con dos japoneses que serían casi fotógrafos profesionales, porque llevaban unos objetivos que casi nos sacan un ojo, aprovechamos que parecían entender del tema, para que nos hicieran alguna que otra fotografía. Con ellos llegamos a la primera parada del teleférico, estación de Kayadani, allí cambiamos a otro, en el que íbamos con bastante más gente y de pie, y hicimos el tramo final y más corto hasta  la estación de Shishiiwa, de ahí fuimos caminando hasta alcanzar la cima sagrada. Según Carlos había unas vistas increíbles de la Bahía de Miyajima, no solamente del torii, sino de toda la isla, del mar interior de Seto y de los alrededores. Nos sentamos, después de comer siempre entra algo de sueño, además del cansancio acumulado de los días, además a veces apetece sentarse en algún rincón para oír el viento desde lo más alto. Sin embargo, no éramos los únicos que habían tenido esa idea, y esa idea de tranquilidad se esfumó a medida que la gente iba subiendo y se quedaba sentada intercambiando conversaciones, que enturbiaban la calma conseguida tras llegar a lo más alto. Bueno, sin ser una anti social, descansamos, disfrutamos de las vistas, del momento y de estar ahí. Ahora tocaba bajar, y es cuando le decía a Carlos que por qué no habíamos cógido ida y vuelta en teleférico, pero Carlos me decía que valdría la pena, que no teníamos prisa.

Es cierto que no teníamos porque correr, que podríamos realizar el camino de vuelta con tranquilidad, pero nada más dar unos pasos e intentar empezar a bajar, Carlos se dio cuenta de la dificultad que conllevaba ir con una persona con bajo resto visual. Empezamos con unas escaleras, casi sin barandilla, ningún problema: él se pone delante y yo me agarro a sus hombros, en los tramos en que las escaleras eran irregulares, él me iba ayudando como podía. Sin embargo, a mí la inseguridad de no pisar donde debiera, de no ir con un calzado apropiado y de ver lo lenta que iba, me desanimaba. Pronto abandonamos las escaleras, y empezamos a encontrar más dificultades, pero no podíamos volver hacia atrás, estábamos en medio del monte, no pasaba casi nadie y las piedras que resbalaban, las irregularidades del camino y los saltos cada vez eran más complicados.
No quería desanimarme, pero veía que la gente pasaba por nuestro lado como si nada, cuando a mí me costaba un montón dar un paso, porque Carlos me tenía que indicar en qué piedra poner el pie, estar atento. Los dos acabamos sudando y pasándolo muy mal. Y, son en esos momentos, en los que la fiera que hay dentro de ti sale, y dice la típica frase: “Te lo dije” y sí la pronuncié en varias ocasiones, porque le dije que deberíamos haber cogido ida y vuelta en teleférico. Sin embargo, esos instantes de mal rato, cuando superas las adversidades, cuando el tipo pasa, se olvidan fácilmente y te das cuenta de que fue toda una experiencia. Lo complicado, a veces es lo que mejor sabe. Y fue muy difícil, porque pensábamos que nunca íbamos a llegar, porque pasamos por un riachuelo que teníamos que saltar, por tramos resbaladizos, de desnivel, y porque Carlos, sin querer, me metía prisa, y no es que nos fueran a dar un premio por llegar a la meta, si no que iba viendo que esos 5 km eran el doble o el triple conmigo, que íbamos muy lentos y sobre todo que estaba oscureciendo. No es que fuera muy tarde, pero hay que tener en cuenta que era octubre y atardece más temprano, por tanto Carlos no quería que se fuera la luz y nos quedásemos ahí perdidos en el monte. El cansancio, la desesperación y las ganas por tirar la toalla en varias ocasiones se apoderaron de mí, porque lo único que quería era que alguien viniera a rescatarnos. Sin darme cuenta que quien me estaba rescatando de mis temores y de mis dificultades estaba a mí lado. Me pidió mil veces perdón, porque no sabía que el camino iba a ser, y nunca mejor dicho, tan pedregoso. Sin embargo, la alegría que sentí al llegar a suelo firme fue infinita, así que, al llegar mi cara, mi ánimo y mi enfado desapareció. Además de que Carlos estaba más atento de lo normal, complaciendo todos mis detalles, para compensar el mal rato que había pasado. He de reconocer que él también lo paso mal, y no solamente por la culpa, sino porque iba poco a poco y tenía miedo de que me pasase algo. Finalmente, aunque tardamos mucho más que otros transeúntes del camino, logramos vencer aquella senda tan salvaje, a pesar de que tardamos mucho más de lo que nos habían dicho en la oficina de turismo, pero es que, a pesar de sea una buena idea, no lo es tanto si no ves por donde pisas. 

Llegamos de nuevo al centro del pueblo, visitamos algunas tiendas, compramos algunos recuerdos y unos cascabeles. Compramos dos iguales, uno para cada uno, ya que habíamos perdido los que habíamos comprado en Osaka. Fuimos saludando a todos los ciervos que seguían deambulando por ahí, incluso me atreví a tocar a alguno, después de descender de la cima sagrada, ya no me daba miedo nada. Además, cabe decir, que esos ciervos, aparte de estar más que domesticados, no tienen cuernos, parece ser que para no dañar a nadie sin querer o queriendo, se los han debido cortar para que puedan convivir con los turistas que cada día  visitan su hogar: la isla del santuario Itsukushima. Y, para nuestra sorpresa, casi atardeciendo, pudimos acercarnos más al torii flotante, y ya no era tal torii, si no que la marea había bajado tanto, que incluso se podía andar a su lado, y lo mejor para mí: tocar esos altos pilares. Nos quedamos sorprendidos, felices, andando en la arena húmeda, por la que antes había estado bañada de agua salada, ahora la naturaleza hacía que yo pudiera tocar ese famosos símbolo de la isla.  

El torii flotante con baja marea

El torri flotante es muy curioso y muy bonito verlo rodeado de agua, sin embargo, si la marea baja, que suele hacerlo a partir de las tres de la tarde, es una gozada poder pasear por la arena del mar y tocar sus grandes pilares. A mí me daba la sensación de estar bajo una portería, con esos tres palos que significan mucho. En cierta medida, puede dar esa sensación, porque al fin y al cabo es una puerta, una puerta al mundo espiritual. Es muy alto, casi 17 metros de altura. Y los dos grandes pilares, por mucho que intentara abrazarlos eran imposibles, cuenta con un diámetro de 10 metros. La parte superior del gran torii, esa que por su altura no llegamos a tocar, tiene una longitud de 24,4 metros. Esta gran símbolo pesa unas 60 toneladas. Entenderéis que dado que el torii se encuentra gran parte del tiempo bañado por agua salada, sus materiales han sufrido mucho. Aunque, el que tuvimos la suerte de ver y tocar, es la octava vez que ha sido reconstruido, y está ahí desde la última reconstrucción en 1875. Está hecho de madera, una madera natural de alcanfor (que tiene más de 600 años) y se conserva de maravilla. Cuando pasé la mano por una de las bases del torii, pude notar que había incrustaciones del fondo marino, tales como: caracolas, fósiles y musgo. Pero, me gustó notar la sensación de una madera húmeda con historia, con magia, que transmite tanto. A pesar de los años transcurridos, cada día regala al mundo una escena de la naturaleza magnífica, baja y sube la marea ye el gran torii imperceptible a las alteraciones del mar sigue erguido para dar la bienvenida al mundo espiritual a todo aquel que lo contemple.  Dejamos nuestras huellas en la arena mojada, tocamos con intensidad el gran torii, y, por supuesto, nos hicimos bastantes instantáneas para inmortalizar aquel momento. Después nos alejamos, para dejar paso a otros turistas que también querían tener la oportunidad de posar sus manos en aquellas columnas que habían estado enterradas por el mar unas horas antes, y que dentro de unas horas volvería a estarlo. 

Subimos unas pequeñas escaleras que nos separaba de la arena, y vimos un farolillo con mucho encanto, todavía no estaba encendido, pero comenzaba a oscurecer. Aún no era la hora de apagar el telón, así que seguimos paseando, contemplando los ciervos, que ya no estaban tan activos como cuando habíamos llegado, iban buscando un lecho para dormir, aunque a ellos cualquier sitio les iba bien. Aún viendo que había bastantes turistas, querían ver si podrían comer algo que les dieran, nosotros no les dimos nada, más que nada porque no teníamos nada para darles. Seguimos visitando tiendas, y buscamos por el centro la pala de arroz más grande del mundo: O-shakushi. Ésta aparece en la zona más comercial de Miyajima, y en el  mapa que te dan en la oficina de turismo, en la estación del ferry, aparece como un punto para visitar. Esta paleta de arroz tiene 7,7 metros de longitud y 2,7 metros en su punto más ancho. Pesa 2,5 toneladas. La verdad es que es algo curioso de ver, así que si vais, no dudéis en verla, no tenéis que entrar en ningún sitio, y de camino al ferry la veréis mientras paseáis.

No sé exactamente qué hora era, pero debía ser la hora en la que todo el mundo abandonaba la isla, había mucho tránsito de personas de camino al ferry. Así que, antes de embarcar, preferimos sentarnos en un banquito, en el que detrás teníamos un ciervo adormilado en el césped y delante el mar, con el gran torii rojo alumbrando la isla, y el cielo haciendo juego con la gran puesta sagrada. Era un momento relajante, en el que nos dábamos cuenta de dónde estábamos, de lo rápido que pasan de los días y de lo poco que nos quedaba ya por Japón. Así que después de quedarnos pensativos en aquel lugar mágico, decidimos dar un último paseo, hacer las últimas fotos y emprender el camino a Hiroshima.

Había sido un día lleno de emociones, de aventuras, pero sobre todo lleno de momentos que no olvidaremos fácilmente, porque aquella isla tiene algo mágico, que por suerte: lo pudimos comprobar y vivir en primera persona.
Una excursión de un día totalmente recomendable desde Hiroshima. No está muy lejos, y podrás vivir un día totalmente diferente, en el que encontraréis la calma y la magia de una isla con mucho encanto.



jueves, 31 de diciembre de 2015

UN AÑO DE MOMENTOS VIVIDOS QUE SE DESPIDE


MOMENTOS 2015


Se acaba un año repleto de momentos, algunos más buenos y dulces que otros, pero  con días en el calendario que ahora ya solamente quedarán en el recuerdo. Algunos de esos momentos nos habrán  servido para  aprender, otros para disfrutar y otros  simplemente habrán pasado.

2015 me ha enseñado mucho, quizás como cada año que pasa, ya que es la base de la experiencia, que pasen los años y sirvan de provecho, que aunque el tiempo pase, como decía la canción, nunca el tiempo es perdido.
En mi caso se podría decir que a nivel laboral  sí que he perdido el tiempo, pero no es así, porque me ha servido para  aprender: formarme, y enfrentarme a las entrevistas  laborales, porque aunque no haya tenido mucha suerte, el hecho de ir a las entrevistas, siempre te abre posibilidades y te sirve para que en la próxima te muestres con más soltura.
Además, como todo en la vida, el hecho de no trabajar significa tener más tiempo, hoy día el tiempo es un bien preciado. Y, aunque no me siento orgullosa de haber estado tanto tiempo sin trabajo, no podía quedarme de brazos cruzados, y aparte de buscar y rebuscar ofertas, también  he aprovechado ese tiempo para colaborar como secretaria en la Asociación de Usuarios de Gossos Pigall de Catalunya.  Participar activamente como secretaria de una asociación sin ánimo de lucro que defiende y lucha por los derechos de los perros guía ha sido  todo un orgullo, la verdad es que estaba muy ilusionada, ya que siempre teníamos proyecto en mente: el más ambicioso, sin duda, fe crear por primera vez unas jornadas  de divulgación, lúdicas y de aprendizaje  sobre el perro guía. Fue un éxito, aunque hubo mucho trabajo detrás, pero valió la pena, por todo lo que aprendimos, por las reacciones de los usuarios, etc…  
El hecho de tener tiempo libre me permitió ir a algún colegio a realizar alguna charla sobre perros guía. En Febrero realicé mi primera charla en un colegio, por suerte fui muy bien acompañada,  no solamente por Kenzie, si no por otra compi de la asociación y su perro guía. Las dos nos enfrentábamos a los pequeñajos que estaban con ganas de saber y saber para cubrir su curiosidad, para las dos era la primera vez y  estuvo bien ir dos, porque así si una se quedaba en blanco, la otra continuaba, además de ser una experiencia muy bonita y gratificante. El ver lo atentos que estaban, la inocencia y cómo se quedaban sorprendidos por todo, la verdad es que  nos gustó. Sobre todo nos gustó saber que si sirvió para algo nuestra charla, ya es mucho, porque ahora esos niños cuando vean a un perro guía trabajando por la calle sabrán que no hay que molestarle, ni llamarle, ni  tocarle, ni darle de comer, porque saben lo peligroso que puede ser.  

Enero 2015 lo empecé trabajando, pero eran unas sustituciones que tenían fecha de caducidad, así que muy contenta no estaba, porque sabía  que pasadas las fechas  navideñas todo se acabaría. El hecho de que contasen conmigo, me gustaba, porque significaba que siempre  que necesitan cubrir una baja me llamaban, pero el hecho de que no fuera estable y siempre tuviera que estar pendiente del teléfono era muy desesperante. 
Pero, el batacazo más grande no fuer pensar que me quedaría sin trabajo, si no que mi Kenzie no estaba muy bien de salud: los achaques de la edad hacían de las suyas y me  asusté mucho. Sin embargo, ahora con la perspectiva mágica de los meses, me ha vuelto a demostrar que es una CAMPEONA con letras mayúsculas, porque es más fuerte de los que muchos d se piensan. Me ha demostrado con creces que a pesar de los años, ella sigue estando como un toro, que está activa y que, aunque hay día que le cuestan más que otros, siempre quiere seguir, porque lo que quiere es seguir ejerciendo de perro guía para venir conmigo a todas partes. Gracias, Kenzie por tanto.    



Durmiendo con su peluche en su camaKenzie corriendo con freesbe

En cuanto a mi salud, la enfermedad sigue estando como siempre, pero gracias a ASANOL y congresos como los que realiza con grandes profesionales sirven para que se siga  investigando, divulgando y haciendo  más visible una patología rara como la nuestra.  En octubre de 2015 se celebró unas jornadas científicas en Barcelona a las que asistimos y fue genial saber más sobre la enfermedad, sobre los avances y sobre todo conocer a gente que también la padece., no estamos solos.


En febrero también me enteré de una gran  noticia,  el programa Con mis ojos, era premiado en  los premios Zapping que  otorga TAC, Telespectadores Asociados de Catalunya, y fue una  gran sorpresa y alegría poder recibir todo el esfuerzo del año  anterior. Además que sea un premio dado por los telespectadores, si  cabe, crea más emoción. Fuese como fuese, era la primera vez en mi vida que recibía un premio y estaba muy nerviosa, suerte que  Kenzie, una vez más, me daba fuerzas y me acompañaba en el evento. Cuando recogí el premio  pensé  en todos los momentos vividos durante el programa, pero sobre todo pensé  en que faltaban una gran parte, parte fundamental, del programa: el equipo, tanto los que viajaron con nosotras, como quienes estuvieron  montando, como quienes estuvieron con una paciencia infinita  escuchándome cuando hacía la voz en off, pero por motivos de agenda muchos no pudieron ir, pero  ellos ya saben que estuvieron presentes. También recordé a mis grandes fans, mi familia y amigos, que les hacía mucha gracia  vernos por la televisión y después comentaban todos los programas.  Fue toda una sorpresa recibir el premio y tener que  ir a buscar el premio y hablar, pero valió la pena.  

Gala premios ZAPPING




En Marzo llegó el GDE, Gran Día de Enrique, donde preparamos una gran sorpresa para que ese día fuera especial para mi padre, porque 60 años no se cumplen cada día, porque se lo merecía y porque me hacía mucha ilusión prepararle una gran sorpresa, para que  los sesenta en no le pesasen tanto y lo celebrarse de una forma tan redonda como la misma cifra, y sobre todo muy bien rodeado. Después de estar meses y meses recopilando vídeos, fotos y demás logramos  concluir un vídeo, donde recopilaba felicitaciones, imágenes, fotografías y música. El gran día llegó, el gran estreno, rodeados de familia, comida, bebida y lo mejor, que él no supiera nada y se encontrase a todos sus hermanos, sobrinos y primos  esperando  para darle la sorpresa. Me encantó saber que estaba engañado, asombrado, sorprendido y cuando llegó el momento de visionar el vídeo, estaba ya alucinando. Todo salió redondo, los nervios  valieron la pena.

En Abril y Mayo los días fueron pasando, sin encontrar trabajo, siguiendo con las tareas de la Asociación y poco más.

En junio contactó conmigo una chica que había estudiado conmigo en la universidad y me contó cómo le iba la vida. Resulta que ahora tiene una  aula de estudios para niños, para hacer refuerzo y para hacer  clases creativas, como era final de curso había organizado unos talleres y entre esos talleres, quería invitarme para que fuera a dar una charla sobre perros guía, Esta vez me lancé a la piscina yo sola, con Kenzie, por supuesto. Eran niños de diferentes edades que querían  saciar su curiosidad y no solamente me preguntaban temas sobre perros guía, sino cómo era mi vida diaria. La verdad, es que tipo de cosas lo podrían hacer en las escuelas, para  acercar más el mundo de la discapacidad a los niños y que no les resultase todo tan sorprendente, pero me encantó poder abrirle un poquito más los ojos. Además de poder  colaborar con  mi amiga y saber de ella después de tanto tiempo.

En Julio viajé a Madrid con el director y el productor de Con mis ojos, otra vez había sido premiado, en este caso por la Fundación Caser. Fue todo un lujo poder viajar a Madrid, recoger el premio y  recordar anécdotas del  programa con el director y el productor, parecía que hubiera pasado mucho tiempo y cuando pasa algo de tiempo todo tiene adquiere otra perspectiva y otro prisma, pero sigue siendo el mismo, una experiencia maravillosa, que si encima sirvió para animar a la gente a conocer sobre la discapacidad visual, viajar conmigo y Kenzie y sobre todo para ver que se pueden hacer multitud de cosas, creo que es un objetivo más que conseguido.

En agosto hacía un calor asfixiante, pero Carlos trabajaba y yo seguía en la búsqueda de empleo, así que no  hicimos un respiro. Sin embargo, una de las épocas para estar en tu propia ciudad es agosto, está casi vacía y encuentras aparcamiento  casi sin dar muchas vueltas.

Y como todo llega, llegó nuestro momento de hacer  el descanso del año viajando y cambiando de aires. Septiembre nos regaló un viaje muy especial, el viaje que muchas personas quieren hacer, el que llevábamos  años  pensando en realizar y por  circunstancias siempre lo dejábamos aparcado, pero este año nos fuimos a Nueva York, a conocer la gran manzana, la ciudad que nunca duerme. Fue una experiencia genial, sobre todo por ir tan bien acompañada: Kenzie y Carlos, mis dos grandes guías.  Será un viaje que no olvidaremos fácilmente. 

Visitando State Island

En octubre seguí haciendo entrevistas de trabajo. En una me cogieron, pero  lamentablemente o cosas del destino hizo que no pudiera ni empezar, ya que cuando fuimos a ver  si era accesible, resultó que no lo era con el software que utilizaba ya que  utilizo mucha ampliación y era complicado  combinarlo con  los diferentes aplicativos que  había que ir utilizando a la vez.  Sin embargo, no me desmotivó y  seguí en la búsqueda.  Seguí yendo a eventos y llegaron las grandes y esperadas jornadas preparadas  por la junta, Avançant Junts.   






En Noviembre me confirmaron que estaba seleccionada  para un trabajo, pero no había que cantar victoria, hasta que no se empieza no se puede  celebrar, porque nunca se sabe, y lo malo dentro de lo bueno era que no sabía cuando empezaba, así que me tocaba esperar, y ya se sabe, quien espera, desespera.

Y de repente…
Llega diciembre la época de los calçots y lo celebramos entre amigos haciendo una gran calçotada, una buena escusa para reunirnos, vernos, comer y beber.

Y cuando menos te lo esperan…
Me avisan que empiezo a trabajar el día 1 de diciembre como recepcionista. La vida, el año, da un giro de 180º y lo que más anhelaba trabajar, encontrar trabajo, había llegado. Así que puedo decir que acabo el año trabajando , con trabajo, con unas compañeras que nos  han acogido tanto a Kenzie como a mí a las mil maravillas, con una paciencia infinita para explicarme todo, todo y todo . Estoy muy contenta y espero que  continúe durante mucho tiempo.
El hecho de encontrar trabajo y más a final de año me hizo plantearme algunas cosas, como que no podría continuar con los temas que llevaba en la asociación.  Ha sido una etapa  genial con los compañeros de la asociación, pero soy de la opinión que si no me puedo implicar al 100% en algo es mejor pedir relevos, con pena  lo tuve que dejar. Sin embargo, estoy contenta, porque este año ejerciendo de  secretaria me ha servido para aprender y llevar acabo muchos proyectos,. Es final de año y opté por finalizar algunas etapas, ya que afortunadamente empezaba otras nuevas, y a veces hay que dejar que otras personas te cojan el relevo y continúen haciéndolo de maravilla. En mi caso, a parte de un aprendizaje si no hubiera estado tan liada con temas de la asociación este 2015 no hubiera tenido  tanto sentido, porque  estar en búsqueda activa de empleo,  puede llegar a ser desesperante y  la asociación de perros guía me a mantuvo fresca, en alerta y activa. Por eso y por mucho más siempre estaré muy agradecida a esa  etapa  vivida con los compañeros de la asociación. Por eso y por mucho más les doy las gracias y les deseo  lo mejor en esta nueva andadura.

Ahora se termina el año y no sé qué me deparará el nuevo año, 201+, pero solamente pido  tres cosas: salud, dinero y amor. 



¡Feliz 2016 para todos!   

Ánimo, porque todo llega, por muy difícil que pienses que es algo, que no vas a salir de ese agujero, se puede salir, puedes lograr lo que deseas, aunque no  dependa de ti, solamente hace falta esperar, tener paciencia y sobre todo optimismo, porque ver la vida con una sonrisa hace que todo se  vea mucho mejor.


Mucha suerte para todos y nos vemos en el 2016.

jueves, 10 de diciembre de 2015

CUMPLEAÑOS FELIZ

EL CUMPLEAÑOS DE ALGUIEN MUY ESPECIAL 
Cumpleaños Feliz

    No es mi cumpleaños, pero cuando es el cumpleaños de alguien tan especial como la persona con la que compartes tus andanzas del día  a día, te hace igual ilusión o incluso más que cumplir años. Para algunos cumplir años no es nada agradable, pero  yo soy de la opinión que  cada año que cumlimos es de agradecer, ganamos experiencia y una cifra más para el saco. No es vejez es experiencia, sabiduría y  muchas vivencias. Cumplir años no es cumplir arrugas, ni ser un carca, cumplir años es ganar un poquito de todo. Pero, sobre todo lo mejor es poder ver que los que están a tu alrededor  están ahí contigo y puedes celebrarlo junto a ellos.

Hoy 10 de diciembre es el cumpleaños de Carlos, mi pareja, mi compañero de viaje, mi compañero en esta vida. Y, a pesar de que lleve viéndole cumplir años más de doce años, no me canso de hacerlo, porque cada vez acumulamos  más y más anécdotas, más y más vivencias, y nos vamos conociendo cada vez más.  A pesar de conocernos tanto,  no hay día que no nos sorprenda algo uno del otro, aunque sea averiguar lo que  al otro le hace gracia, lo que estamos pensando o chorradas de ese estilo.

Ese sagitario reservado, sabe guardar los secretos como nadie. Sabe estar a mi lado, apoyarme y escucharme como nadie, y eso que eso  a veces tiene  su guasa pero lo hace sin rechistar.

Carlos hoy se actualiza, cumple un año más u sigue sumando, y ya se sabe el resultado de sumar y sumar nunca es negativo.

Desde aquí, desde la maleta  que tantas veces hemos rellenado juntos, le quiero felicitar. Deseándole que en esta nueva etapa siga como siempre, sin preocuparse por pequeñeces y dándole importancia a lo que de verdad lo tiene.
Este es  su twitter, aquí, y por supuesto os animo a que le sigas y le felicitéis, que cada día no se cambia de cifra.  

Y, desde aquí, aparte de felicitarle, quiero dedicarte esta canción, mucho mejor  que la del cumpleaños feliz, escuchada hasta la saciedad.   




¡Y por muchos años más! ¡Por muchas maletas por rellenar! ¡Por muchos viajes más! ¡Y a seguir haciendo camino juntos!

lunes, 26 de octubre de 2015

5 years ago...

DUBLIN TIMES


Hoy hace cinco años llegábamos a un país nuevo, cambiábamos de vida por una temporada. Una nueva etapa se abría para nosotros, no teníamos billete de vuelta. Estábamos llenos de ilusión. Pero, cabe decir, que Dublín, Irlanda, su gente, nos recibió con los brazos abiertos, aunque el tiempo ya empezaba a ser frío. Las primeras semanas fueron más que duras, porque por mucho que viajes con la maleta llena de ilusión, planes e ideas, cada día teníamos que ir a visitar casas en una ciudad desconocida, con un inglés, que digamos que no muy bueno, y que por mucho diccionario que llevásemos no servía de mucho.

Con el paso del tiempo, echo la mirada atrás y cuando recuerdo nuestra etapa dublinesa, no pueda más que esbozar una sonrisa. Fue un año intenso, con muchas vivencias, con frío, con lluvia, con Sol, con paseos, yendo a clases de inglés, fiestas, muchas fiestas, conociendo a mucha gente, gente con la que aún mantenemos el contacto, y es por eso, y por mil cosas más que se me dibuja una sonrisa. Sí, porque aunque ahora no viva esos nervios que los primeros días vivimos, el cerebro es muy selectivo y sabe quedarse con lo que quiere. Y yo me quedo con que esa etapa fue totalmente una experiencia: una de esas que no se olvidan fácilmente. No solamente por las vivencias, si no por la gente que fuimos conociendo por ese caminar, y que aún siguen en ese camino, a pesar de la distancia del tiempo.  

Kenzie y yo en la puerta de casa
La puerta azul de nuestra casa
Siempre digo que fue una aventura, una aventura que viví junto a Carlos y Kenzie. Y ese tipo de experiencias tan intensas, tan condensadas, unen mucho. Además siempre recordaré la casa donde vivíamos, una casita muy cerca de Croke Park, la casita de la puerta azul. Esa la de la puerta azul era la nuestra, ese azul que yo sí que distingo.
     El piso era muy pequeño, quiénes han estado se acordarán. El comedor, por decirlo de alguna manera, solamente tenía un sofá, no había ni televisión, solamente nuestros portátiles, y al lado, ya sin la famosa moqueta, estaba la cocina con barra americana. Todo era mini. Una habitación de matrimonio, con cama y estanterías, ni un armario. Un lavabo y poco más. Pero, teníamos la suerte de tener un jardín, que teníamos que atravesar para llegar a la lavadora. Ese jardín fue testigo de cuando disfrutamos como niños esa Navidad del año 2010 cuando nevó como nunca, quedando las tuberías heladas, pero nosotros disfrutamos haciendo muñeco de nieve, tirándonos bolas y viendo caer los copos. También, ese jardín servía para dar la siesta cuando algún que otro rayo de Sol se colaba por la ciudad, y de alguna que otra barbacoa. Recuerdo que para mi cumpleaños empezaron a aparecer rostros familiares, de gente que habíamos ido conociendo en Dublín, y acabamos cenando todos en el jardín. Ese jardín asilvestrado, hasta que conseguí que el casero nos mandase a un jardinero, para arreglar toda la mala hierba y dejase de ser un bosque, para convertirse en un jardín en condiciones. 

Pueden parecer tonterías que ahora me acuerde del jardín, de la casa, de la calle, de la nieve, de la escuela de inglés, pero todo eso sumado a los amigos que conocimos, más las visitas que recibimos no se olvida fácilmente. Fue un paréntesis de un año que nos sirvió de mucho, para afianzarnos como familia, para aprender inglés, para conocer a gente que también habían ido a aprender inglés, a movernos por una ciudad nueva y sobre todo para vivir todo tipo de experiencias juntos. Me encanta el carácter afable y abierto de los irlandeses, siempre que íbamos a un pub conocíamos a alguien y hacíamos un “aslonchas” con la Guinnes alzada. No digo nada de las canciones irlandesas, depende en qué pub te encontrases te podías encontrar que por arte de magia, dos o tres personas que estaban como tú tomando algo, sacasen instrumentos y afinases la voz y se pusieran, improvisadamente, a cantar canciones irlandesas. Era algo divertido, mágico y que animaba el ambiente, sumándonos a ellos, aunque ni supiéramos la letra, dando palmas, moviendo la cabeza o bailando.  

El tiempo pasa volando, pero me gusta que haya momentos para recordar. Los recuerdos cuando son buenos quedan grabados en la memoria, y no hacen falta ni las mejores fotografías, ni vídeos, simplemente quedan grabados en la retina. Te puedes quedar con la mirada fija en algo, y sin darte cuenta, se te queda cara de tonta ¿por qué? Porque el vídeo de los recuerdos, esos que tienes grabados, se activan sin que tú hayas querido pensar en eso, simplemente, algo hace que te recuerde aquella época. A veces va bien hacer kit-kat y respirar el aire de ciudades nuevas, gente desconocida y que acaba convirtiéndose en más que conocida y sentir el ambiente del día a día de un país diferente. No es lo mismo ir a un sitio por turismo que estar viviendo allí, sintiendo todo lo que pasa en la ciudad, yendo a comprar al super, conociendo a los vecinos, eso sí que es adentrarte de lleno en un país.

La verdad, me quedo con un buen sabor de esos tiempos irlandeses. La verdad, es que tengo ganas de regresar para hacer un remember en toda regla, siempre da gusto pasear por calles conocidas y ver que el tiempo ha pasado, pero que recuerdas dónde estás, dónde estuviste y qué pasó. Así que, quién sabe, quizás muy pronto visitemos a nuestra querida Dublín.  


Os dejo con música irlandesa, de esa que por arte de magia animaba el ambiente de cualquier fiesta. Espero que os anime y os sintáis como nos sentimos nosotros, libres corriendo por prados verdes, en la isla esmeralda.  


viernes, 16 de octubre de 2015

DÍA INTERNACIONAL DEL BASTÓN BLANCO

GANANDO VISIBILIDAD


Hoy 15 de octubre es el día internacional del bastón blanco. Día en el que se reivindica el uso del bastón blanco como herramienta de movilidad, para personas ciegas o con discapacidad visual. Una jornada que sirve para que las personas con discapacidad visual o ciegas ganemos algo de visibilidad ante la sociedad. Como siempre digo, gracias a los avances tecnológicos podemos llegar a la información y realizar una vida normal, pero tiempo atrás cuando en el ámbito tecnológico no se había avanzado tanto, hay que recordar que; las personas ciegas siempre tenían que moverse con un lazarillo, acompañadas de una persona que le ayudase en  el día a día, en sus desplazamientos. No fue hasta la década de los años 30 cuando el uso del bastón blanco empezó a arraigarse y tomar fuerza, llegando a ser  un símbolo identificativo para las personas ciegas, un instrumento que servía, que sirve, para desplazarse de forma más segura y autónoma sin depender de nadie. En 1931 El Club de Leones de Illinois propuso que hubiera un bastón blanco para identificar a las personas ciegas, pero sobre todo para que tuvieran prioridad a la hora de pasar. La idea fue acogida muy bien por la sociedad en general y poco a poco se fue extendiendo la idea, hasta convertirse en un símbolo universal.
A partir de que el bastón blanco fuera más que una idea, más que un símbolo y se convirtiera en herramienta de movilidad, empezó a ser de gran utilidad para personas con dificultades visuales o ciegas. A través de un conocimiento previo del uso del bastón se puede conseguir una gran independencia, autonomía e integración en la sociedad. Gracias al bastón blanco y al perro guía las personas ciegas o con discapacidad visual pueden realizar sus desplazamientos solos, esquivando obstáculos y siendo parte de la sociedad. 
Hoy es un gran día para recordar que, hay personas que no lo tienen tan fácil para moverse, pero gracias a herramientas como el bastón blanco o el perro guía lo pueden hacer, lo podemos hacer. A pesar de las barreras arquitectónicas que nos encontramos cada día, nos enfrentamos a un nuevo día, siendo uno más en esta sociedad que, a veces es más ciega que quien lleva bastón blanco o perro guía. Aún hay mucho que hacer, pero poco a poco, gracias a los avances tecnológicos, a herramientas de movilidad y sobre todo al conocimiento estamos avanzando, y no dejaremos de hacerlo, aunque a veces tengamos que demostrar mucho más que los demás.  Aunque a veces parezca difícil, lo conseguiremos. Falta que la gente se de cuenta de que estamos ahí, de que podemos movernos, de que lo hacemos, de que luchamos y de que no nos cansamos de hacerlo.

MI EXPERIENCIA
Para mí el bastón blanco no fue un gran aliado, más bien lo veía como a un enemigo. Sí, un identificativo blanco con el que todo el mundo sabría que tenía dificultades visuales, cuando, quizás, yo por aquel entonces, casi que ni quería asumirlo. Así que si no asumes que no ves bien, tampoco quieres que los demás, a gran distancia, te vean, se aparten e incluso sientan pena. No lo veía como un instrumento para moverme, prefería chocarme. Sí, es duro decirlo, pero así era. Hoy día con el paso del tiempo, puedo decir que aprendí a llevarlo, y no es fácil, tienes que saber arrastrarlo bien, haciendo bien un arco en el suelo: haciendo un juego de muñeca, e incluso coges agujetas, porque vas en tensión, cosa que no hay que hacer, porque hasta te puedes hacer daño. Pero, no es fácil no ir en tensión cuando no sabes con qué te vas a encontrar, con qué se va a chocar el bastón, en qué agujero se va a meter, o si le vas a dar a alguien o no. Porque por mucho que el bastón haga ruido, por mucho que se vea a distancia, como he dicho, a veces no hay más ciego que quien no quiere ver, y unos porque no ven y otros porque están pensando en las musarañas: hay accidentes. 
Aprendí a llevar el bastón, aunque me costase, pero, al final puedo decir que me resultó útil, tanto como para no chocarme, como para localizar según que sitios, como para bajar escaleras. Al final hasta le cogí el tranquillo y aprendí que me era más útil que dañino, que la gente si te dabas con algo no te decía que mirase por dónde iba, sabían que no veía y me ayudaban. Servía no solamente para moverme, sino para que la gente me identificase como persona con dificultades visuales. Aunque me ocurre como ahora, se piensan que por llevar perro guía no veo nada, igual que si llevo el bastón blanco, pero no todo en la vida es blanco o negro, existe el gris, y yo estoy en ese punto intermedio entre ver y no ver. 

ANTES DE TENER A KENZIE
Para poder solicitar un perro guía tienes que haber utilizado el bastón blanco bastante tiempo. ¿Por qué? Porque un perro no te va a llevar dónde tú quieras, tienes que tener claro dónde quieres ir, para saber dirigirle, para darle las órdenes. Es decir, tienes que tener una buena orientación y eso te lo proporciona el bastón. Si siempre haces el mismo recorrido, sabes hasta dónde tienes que girar, sabes dónde hay un bache, aunque como me decía mi técnica de  movilidad: la calle cambia cada día, es un escenario diferente cada día, porque cuando no hay un andamio, hay alguien con una correa extensible paseando al perro y si no otra cosa que el día anterior no estaba.
Además, para cruzar la carretera, Kenzie no sabe cuándo hacerlo. Los perros guía no van a cruzar hasta que tú no se lo ordenes. Igual que con el bastón, tú tienes que estar seguro de cuándo cruzar o cuando no. Cuando no hay semáforos acústicos, o alguien que te pueda decir si es seguro hacerlo, no queda otra que afinar el oído y saber por dónde va el tráfico. 

ANÉCDOTAS
Recuerdo que una vez con el bastón blanco, yo utilizaba uno de esos que se doblan con una goma elástica y así lo puedes guardar cuando llegas a tu destino. Pues, con las prisas, mi ritmo rápido de siempre, en una acera había alguna baldosa que no estaba como las demás, y eso fue casi hacer salto pértiga. No me pasó nada, aunque algo de daño me hice en la muñeca, pero al bastón sí que le pasó algo: se rompió. Como pude, llegue al sitio donde había quedado con mis amigos y les conté lo ocurrido, todos echamos una risas, pero me quedé sin bastón. Me dí cuenta que no podía ir con ese ritmo tan acelerado, porque no era plan de prepararme para las olimpiadas, el salto de pértiga se lo dejo para otros.

DIFERENCIA ENTRE BASTÓN BLANCO Y PERRO GUÍA
Hay muchas personas que son muy fans del bastón blanco y no quieren ni  oír hablar de un perro guía, quizás se han acostumbrado desde siempre a moverse de esa manera, quizás les resulta más cómodo, quizás no quieren tener la responsabilidad de tener  un ser vivo peludo junta a ellos. Quizás…quizás hay más del porqué prefieren un bastón blanco antes que a un perro guía, pero para gustos los colores. Mientras uno se sienta seguro y cómodo, pues adelante. De lo que se trata es que cada uno encuentre su mejor manera para poder realizar su día a día de forma autónoma y segura.
En mi caso el hecho de solicitar un perro guía y tenerlo me cambió mucho la vida. A pesar de que un perro guía no se esconde, ni se guarda como un bastón, no me siento para nada cuestionada, ni observada y si lo hacen, como no me doy cuenta, pues yo sigo a lo mío. A la hora de moverme voy a mi ritmo, ahora al nuestro, porque ya somos un equipo, un tándem que nos entendemos y vamos a nuestro ritmo, cosa que con el bastón se hubiera convertido en ir con cuidado con las baldosas, bordillos o la propia gente. Con Kenzie a veces no sé ni qué es lo que me esquiva, pero me siento mucho más segura, sin esa tensión que tenía cuando llevaba el bastón, porque confío en Kenzie, aunque pueda tener sus días menos buenos.    
Cuando iba en el metro y desplegaba el bastón enseguida escuchaba miradas. ¿Cómo se escuchan las miradas? Muy fácil,  se escuchaban susurros, asombros, y pequeños sonidos que incomodan, y todo por la sorpresa de ver que una persona que no creían ciega, porque no llevaba ningún distintivo, lo era.  Era como sacar la varita mágica. Entiendo que la gente no es adivina y que pueda sorprender, pero la verdad , si ya me costaba de por sí llevarlo, eso, digamos que, no contribuía mucho a que el bastón fuera un ayudante simpático.
Además, según mi punto de vista, el perro guía despierta más simpatía, más ternura y no es tan distante como la figura del bastón. Puede que me equivoque, eso lo tendréis que decir los demás, qué impresión os da alguien con bastón y alguien con perro guía, porque aunque yo he visto ya no lo recuerdo. Y ahora hablo de un modo muy subjetivo. 
Antes era la chica ciega o con problemas visuales, para pasar a ser la chica del perro, eso puede parecer una tontería, pero es así, para la gente que no sabe tu nombre, eres la chica del perro y no la chica ciega.  

FUTURO
Dicen que  en un futuro las personas ciegas podrán conducir un coche, así que ya no os digo más. Si hoy día nos podemos mover sin la dificultad que suponía  hace años hacerlo sin bastón blanco ó sin perro guía. Si hemos ganado mucha autonomía, a pesar de que a veces, como todos, tengamos nuestros despistes y nos desorientemos un poquito - sobre todo si es la primera vez que vamos a un sitio, sin el recurso de recurrir al cartel de en qué calle nos encontramos y no quedar otra que preguntar-. Si hemos ganado todas esas batallas y hemos ganado independencia y seguridad, no queda otra que la gente, la sociedad, nos ayude y contribuya a una plena normalidad. Utilizamos un bastón blanco o un perro guía, como otra persona puede utilizar coche o moto, pero sea como sea damos pasos adelante. Por favor, ayudadnos a no tropezar, a que el futuro sea un poco más llano, ya tenemos suficiente con las barreras arquitectónicas. Y en este caso no me refiero solamente a la hora de hacer desplazamientos, me refiero a la vida en general: incorporándonos en el mundo laboral sin tantas trabas, sin tanto prejuicio, sin miedos. Contribuyendo a que esa normalidad, ayude a la plena integración en la sociedad,  ganando una independencia económica, educativa, formativa, accediendo al ocio inclusivo y siendo parte de la sociedad en general y ayudando a nuestro crecimiento personal. Gracias a todos aquellos que nos veis. A quienes se acercan y por curiosidad nos preguntan cómo hacemos esto o aquello, porque sabéis que lo hacemos, de otra manera, pero lo hacemos. Algunos queréis saber y eso es bueno, porque el conocimiento hace posible esa gran normalidad en el mundo.  


¡Feliz día del bastón blanco!  
                                               
Safety day
Bastón blanco: Día de la seguridad

lunes, 28 de julio de 2014

CON MIS OJOS: TODO UN REGALO

LOS REGALOS DE LA VIDA

         Durante estos meses que he estado sin publicar ninguna entrada en el blog, he estado viviendo experiencias maravillosas. He abierto y cerrado un paréntesis en mi vida. Pero, a pesar de haber sido un paréntesis, ha sido algo que no olvidaré nunca. He estado realizando un programa de televisión: Con mis ojos.
Un programa que me ha dado la oportunidad para introducirme en un mundo, hasta entonces desconocido para mí, el mundo de la televisión. Hasta entonces, la televisión solamente era ese aparato que está en casa y sirve para ver cosas, a veces interesantes y entretenidas y otras no tanto. Pero, en este caso he sabido lo complicado que es hacer un programa de televisión: estar delante de las cámaras, las repeticiones. El tiempo que se tarda en hacer un programa. No es lo mismo lo que se ve en pantalla, que el tiempo que se invierte en los rodajes.
A pesar de que no ha sido un camino de rosas, porque no todo ha sido fácil, me ha servido para aprender muchas cosas, y no solamente de las cámaras y del planeta audiovisual, sino que ha servido para mucho más. He tenido la gran oportunidad de estar viajando por España, conociendo sitios que no había visitado, descubrir gente que me han enseñado miles de cosas, y realizar actividades que nunca se me hubieran pasado por la cabeza. Ha sido una experiencia única, maravillosa, y, como digo en el título de la entrada, todo un regalo que el destino me ha puesto en el camino de la vida. 

Todo esto no lo he hecho sola, una vez más Kenzie, mi perra guía, me ha acompañado en toda esta aventura. No hubiera sido lo mismo hacerlo sin ella. Ella también es protagonista del programa, sin duda alguno de los momentos más divertidos los ha dado ella. Además, como de todo se aprende, a mí me ha servido para afianzar, si cabe aún más, mi vínculo con ella. Aparte de estar contentísima por la ayuda que me genera cada día, ella ha estado en algunos de los momentos más importantes en mi vida, y, sin duda, éste ha sido uno de ellos. Ha estado, como ha siempre, para guiarme en todos sentidos.
Pero, ella no ha sido la única que me ha acompañado. Un grupo de profesionales, que desconocía, nos han escoltado durante toda esta aventura. Me han enseñado muchas cosas, han tenido paciencia con mi aprendizaje, y sobre todo; durante estos meses han formado parte de nuestra familia.  Porque no todo ha sido trabajo, también ha habido convivencia, con lo que ello supone: confianza, risas, enfados, malos y buenos momentos….pero siempre juntos. Y si he comentado que con Kenzie me ha servido para acrecentar mi vínculo, con ellos ha servido para crearlo. Hemos vivido muchas cosas juntos, han estado en momentos difíciles, en los buenos y me han ayudado mucho. Me lo han puesto fácil, porque con los meses han sabido ponerse en mi piel, entenderme y sabían mis límites. Han llegado a conocerme tanto que, alguno de ellos, sin hablar sabían lo que estaba pensando. Ahora que todo ha terminado, que el paréntesis se ha cerrado, los echo en falta. Pero sé que con alguno de ellos mantendré el contacto, porque han sido como hermanos para nosotras, y ahora ya forman parte de nuestra familia. Sé que ha sido un trabajo, aunque para mí ha sido mucho más, pero, como digo, aparte de trabajo, había convivencia, y hemos compartido muchos días juntos. Así que, si no olvidaré toda experiencia: lugares, personas y actividades que he realizado, por supuesto, tampoco los olvidaré a ellos, quienes han sido testigos directos de todas mis andanzas, guiándome, aconsejándome y estando siempre ahí.
Pero no me quiero olvidar de otra parte importante del equipo, que no viajaban físicamente con nosotros, pero sí lo hacían desde la sala de montaje, desde la sala de locución ó desde producción. El director siempre estaba atento de cada paso que dábamos, y a  la vuelta de cada viaje siempre estaba ahí para dar algún consejo y preparar el siguiente viaje. A pesar de los consejos que me pudo dar en los momentos más complicados, también tuvo la paciencia suficiente con una novata en el sector  como yo.  Me he sentido muy arropada por todos ellos, por eso y por lo que callo les estoy muy agradecida.

La vida te depara muchas sorpresas, cada día, aunque sea una palabra, un gesto o una sonrisa hace que el día te cambie la perspectiva. Sabemos que, hay épocas mejores que otras, sin duda, este año lo he empezado de la mejor manera, con un proyecto fantástico. Así que, no me queda otra que dar las gracias a la vida. Eso sí, parece que solamente sepa dar las gracias cuando todo va bien, pero es cuando mejor se ven las cosas.
Cabe decir que hemos realizado muchos viajes y muchas actividades durante poco tiempo, por eso al haber estado todo tan comprimido, ha sido más intenso. Ahora es el momento para revivirlo, pensar en todo lo que he hecho y darme cuenta de la suerte que he tenido por haber sido elegida para este proyecto. Ahora es el momento de asimilar todo, porque no he tenido ni tiempo de hacerlo. Hoy en día, cuando recuerdo algún momento vivido, ya sea malo o bueno, se me dibuja una sonrisa.   

Estos meses que he estado sin dar señales por la maleta, es cuando más la he utilizado. Hacía tiempo que no hacía y deshacía maletas con tanta rapidez. Pensándolo bien, nunca había tenido que preparar tantas maletas en tan poco tiempo. He tenido la gran suerte de no parar de viajar, de descubrir un montón de sitios y gente nueva que me han acercado a la cultura y tradiciones de los lugares que he visitado.  Todo esto ha sido gracias a un programa de televisión: Con mis ojos, donde Kenzie y yo hemos compartido con vosotros nuestras sensaciones.  
Pero, no he dejado de escribir. Después de cada viaje recogía todo lo que había ido anotando, mis impresiones,  y así me servía de recuerdo, para no olvidar ningún detalle de todas nuestras andanzas. Incluso, si queréis podéis leer mis sensaciones en la página web oficial del programa, aquí.   


¡Gracias a todos!  A Fundación ONCE, a la productora Media 3.14, a TVE, a todo mi equipo, a Kenzie, a mi familia y a todos los que habéis seguido domingo a domingo todas nuestras aventuras. ¡Gracias!