martes, 19 de abril de 2016

¿Qué hora es?

¿Qué hora es?

¿Qué harías si te preguntan qué hora es?
Se supone que lo que harías, sería dirigirte a tu muñeca y echarle una ojeada a tu reloj. Si eres de los que no  llevas reloj, seguro que llevas un móvil, así que lo sacarías de tu bolsillo y con un simple vistazo sabrías qué hora es.
Sin embargo, por un momento, piensa qué harías si no vieras. No podrías mirar el reloj, ni el móvil. Pero…
¡Alto! ¡Qué no cunda el pánico! No te pongas nervioso, hay alternativas ¿o qué te pensabas que los ciegos no sabemos qué hora es? ¡Error! Sabemos perfectamente qué hora es. Sin embargo, no lo sabemos echando un vistazo a ese reloj que tú miras, sino que, existen: relojes parlantes, relojes braille, y por supuesto los móviles con un software que tienen voz.
 Así que, si nos preguntan qué hora, si llevamos un reloj parlante le daremos a un botón, y en vez de mirar qué hora es, nuestro oído será nuestro ojo que oirá la hora qué dice el reloj. Si por el contrario, es un reloj braille, nuestros dedos nos descifrarán la hora qué es. Opciones no faltan, pero ¿cuántas tenemos?
Sinceramente no muchas. Recuerdo que cuando veía utilizaba reloj, uno de esos relojes planos de una marca conocida como: Swatch, o, ¿quién no ha tenido un Casio? Y no me refiero al famoso Casio reloj- calculadora.
¿Cuántas marcas de relojes conocéis? 
Os diré unas cuantas que ahora mismo se me pasan por la cabeza: Festina, Calypso, Casio, Swatch, Omega y podría seguir, pero de qué serviría seguir mencionando marcas de reloj.
Pues, pensad: ¿cuántas de estas marcas creéis que fabrican relojes accesibles? ¿Cuántas? ¡Ninguna! ¿Por qué? No lo sé, pero me fastidia mucho, no poder optar a ninguna de estas marcas, no por el fabricante en sí, si no porque no tantas opciones para escoger, no hay tantos modelos. Si hablamos de accesibilidad, de normalización, yo debería tener la oportunidad de optar a alguna de las marcas enumeradas, pero no es así. Yo no digo que hagan multitud de relojes accesibles, pero sí que una parte de su fabricación se centrase en las personas con discapacidad, porque creo que somos como todos y también queremos saber qué hora es. Vale, que muchos de los relojes se centran en la imagen, que si la esfera es bonita, más grande, más luminosa, pero aunque no lo veamos, también queremos lucirlo, queremos tener la oportunidad de poder comprar relojes de todo tipo, pero accesibles. ¿Por qué de qué me sirve que el reloj sea muy bonito si no puedo utilizarlo? Pero, creo que estética y funcionalidad, accesibilidad, no tiene por qué estar reñido. Sé que estoy hablando por hablar, ni soy ingeniera, ni diseñadora, pero no creo que fuese tan complicado, porque de hecho sí que existen, como he comentado relojes accesibles, así que tan complicado no puede ser. Pero, no les debe apetecer embarcarse en la aventura de llegar a todos los públicos.

Si yo quiero comprar un reloj adaptado tengo que ir a una tienda específica, llámese la tienda de la ONCE, tiendas de baja visión o por Internet. Pero, ¿por qué no puedo ir a unos grandes almacenes y probarme el reloj que yo quiera? ¿Por qué no puedo ir a la relojería de mi barrio y que me aconsejen? No os creáis que no he ido a preguntar, pero cuando lo he hecho, se lamentan y me dicen que no tienen nada para mí, que en tal caso vaya  a la ONCE.
De acuerdo, me resigno y voy, no me queda otro remedio, si quiero tener un reloj al que pueda acceder. Sin embargo, cuando voy me encuentro que no hay más de seis o siete modelos diferentes. Relojes que podrán ser muy prácticos, pero lo que se dice a la moda, lo que se dice modernos y originales, como que no son, y eso que han mejorado mucho con los años. Hay relojes que funcionan con batería solar, digitales, analógicos, muchos parlantes, otros con braille.   Aquí os dejo algunos modelos que podemos encontrar: 

Reloj analógico braille



Reloj digital parlante
Talking: Uno de los primero srelojes parlantes.









El otro día una compañera de trabajo se compró un reloj de esos inteligentes, que aparte de servir como reloj, te cuentan los pasos que das, te miden el pulso y recibes las notificaciones del móvil. Es táctil, por tanto no puedo acceder a ese reloj, por mucho que me guste. Así que mi gozo en un pozo, me consuelo sabiendo todas las aplicaciones que tiene gracias a las explicaciones que me da mi compañera. Ella lo disfrutará y yo seré testigo de los pasos que ha dado ese día, porque me lo va contando. 
El único smart watch accesible que hay en el mercado es el Apple Watch, pero es un reloj de un coste elevado, así que por el momento lo descarto. Además, entre todos los relojes inteligentes que están saliendo, de momento solamente podemos optar a este, cuando la mayoría de gente puede escoger entre diferentes sistemas, modelos, precios y demás. Volvemos a lo mismo, hay que ir a una tienda específica, gastarse una pasta y elegir solamente uno en concreto.

¿Dónde está la igualdad? Si todos fuéramos iguales, todos tendríamos un hueco en esta sociedad, pensarían más en nosotros, habría más empatía y sabríamos qué hora es en el reloj que quisiéramos, sin tener que ir a sitios restringidos y concretos. 
Con esto no quiere decir que todas las personas con discapacidad visual vayamos con el mismo reloj, aunque sí que es cierto que casi muchos coincidimos con el mismo. De hecho yo ahora mismo, no llevo ni reloj, desde que hace unos cuantos meses perdí el mío. Así que si quiero saber qué hora es, no me queda otro remedio que recurrir al móvil, yendo con él a todas partes. Un móvil que también es de una marca en concreto, Iphone, sí, parece que Apple sí que le dio por pensar en la accesibilidad y facilitarnos un poco las cosas ante el mundo tecnológico táctil que ha despertado.
He intentado en varias ocasiones ir a la tienda de ONCE para comprarme un reloj en condiciones, ya que no siempre me gusta depender del móvil, pero desde hace más de seis meses no tienen. Me comentaron que tuvieron problemas con el proveedor de China, porque casi todos los relojes parlantes vienen de ahí. Sí, que tienen algunos modelos prácticos, sencillos y que te pueden sacar del apuro, pero para eso, ya tengo el móvil y ya me voy apañando.

Por supuesto, si estoy equivocada, y alguien sabe de alguna marca conocida que haga relojes para invidentes, por favor, que me lo haga saber. Para nada quiero desprestigiar estas marcas, simplemente intento reflejar una realidad que quizás es algo desconocida. Yo he preguntado, he rebuscado por Internet y no he encontrado nada. Si estoy equivocada, estaré dispuesta a saber más, porque si alguien me abre los ojos y me descubre nuevas opciones, será una maravilla.

De momento, si no llevo reloj y algún día me quedo sin batería en el móvil o me lo dejo en casa, tendré que ser yo la que pregunte: ¿qué hora es?    

"Para algunos vivir es galopar
un camino empedrado de horas, 
minutos y segundos. 
Yo, más humilde soy 
y sólo quiero que la ola que surge 
del último suspiro de un segundo, 
me transporte me cida 
hasta el siguiente." - Extremoduro (Salir)




martes, 5 de abril de 2016

Gotas de abril


MICROCUENTOS DE ABRIL


Abril ha regresado haciendo mención al refranero español:
“En abril aguas mil”

Desde el primer día que estrenamos abril, hemos tenido que sacar los chubasqueros, refugiarnos en él e intentar ir esquivando los charcos. Sin embargo, aunque a mí, particularmente, no me guste nada la lluvia, hay que reconocer que ya tocaba que cayese algo de agua, porque ya llevábamos tiempo con seguía. Y, como no estamos muy acostumbrados a la lluvia, enseguida todo se colapsa: las tuberías empiezan a oler fatal, hay más tráfico de lo habitual y la gente que va con paraguas van por debajo de los tejadillos, por mucho que tú no lleves paraguas y vayas con un perro guía ellos no se apartan, que no les caiga ninguna gota, a ver si se van a convertir en Gremlins.

Dejando de lado, la cuestión climatológica, haciendo de nuevo referencia al refranero:

“Al mal tiempo, buena cara” 

Es por eso que quiero compartir con todos vosotros algunos microcuentos, breves, pero intensos, para que los días de lluvia pasen mejor. Feliz mes de abril.

MICROCUENTOS

SUEÑOS DE PAPEL
La lluvia empapaba sus sueños. Ella los recogía, antes de que desapareciesen, los escurría y los ponía a secar.

LA LUNA
La luna sonreía al ver que era la única protagonista de esa noche oscura. Era la protagonista principal de aquellos corazones solitarios que se alumbraban al verla.

VOLAR
Quiso volar muy alto, no para desaparecer y huir, sino para conocer mundo.

CUENTO FELIZ
Quiero que seas mi cuento sin fin, no hace falta que comamos perdices, pero sí que seamos felices.

HUELLAS
Sus corazones estaban unidos por las huellas de un camino en común.

MELODÍA
Cerró los ojos y acompañado por la melodía de los sueños, se adentró en el planeta de las realidades.

CARACOLA
La caracola le susurraba los secretos del mar. Ella sonreía mientras sabía qué escondían esas olas, que parecían tan salvajes, pero en realidad no lo eran.

LLUVIA
Gotas de agua iban calando sus ideas mientras caminaba. Se quedó sin ideas, se empaparon, pero se dejó llevar por sus pasos.

EL ESCRITOR
No le gustaba ningún final, así que decidió no acabar nunca su cuento.

MARIONETA VALIENTE
La marioneta estaba harta de ser dominada, pero no le quedaba otro remedio. Así que un día, cortó los hilos del destino, para vivir su propia vida.

PALABRAS
Hay dulces palabras que curan, son un bálsamo para almas heridas. Palabras y abrazos pueden curar la más dura de las enfermedades, la tristeza.

OSCURIDAD
Oscura y negra noche, que desapareces cobarde, en cuanto ves que aparece el astro solar. No huyas de la realidad y lucha.


Seguro que a vosotros la primavera también os inspira, así que ya sabéis que podéis dejar algún microcuento, idea, o cualquier relato creativo, para que todos podamos ser partícipes de vuestras creaciones. ¡Feliz Abril!  

martes, 22 de marzo de 2016

VIAJE FRUSTRADO


LA ILUSIÓN DE UNAS VACACIONES, DE UN VIAJE, DE UN DESTINO

Eran mis primeras vacaciones desde que estoy trabajando. Por supuesto había realizado vacaciones, pero siempre porque no tenía trabajo y tenía tiempo y disponibilidad para viajar. En este caso, me había pedido cuatro días de vacaciones en el trabajo, mis primeras vacaciones, que, aunque parezcan pocos días, sumados a los fines de semana y a los días festivos de Semana Santa eran bastantes. Así que, nos sincronizamos Carlos y yo para coincidir en las vacaciones y poder hacer alguna escapadita. Después de barajar diferentes destinos entre los que estaban Bélgica y otros, decidimos volver a Italia y visitarla junto a Kenzie.    
Vistas de Florencia

La idea era ir hasta Pisa pasar una noche y de ahí irnos al día siguiente a Florencia, la ciudad donde hice el ERASMUS y poder caminar por la ciudad del Renacimiento con Kenzie. En Florencia he estado en diversas ocasiones: la primera vez siendo adolescente en un viaje con el instituto, viendo perfectamente. La segunda vez con unas compañera de universidad, viviendo allí durante cinco meses y ya con la patología desarrollada, por tanto con el bastón, y ahora era el momento de volver, ocho años después, junto a Kenzie y Carlos. Me hacía mucha ilusión volver a la ciudad del síndrome de Stendal junto a Kenzie, mi perra guía, y sentir la libertad que me da ir con ella. Después de dos días teníamos la idea de coger un tren e ir hasta Nápoles, aunque la distancia parezca bastante, hay un tren que en tres horas te deja en la ciudad donde se creó la pizza, Nápoles. Desde Nápoles queríamos hacer varias excursiones: visitar Herculano, Pompeya y pasear por Nápoles, para ya regresar el viernes 25 de marzo, ya que los vuelos para el fin de semana subían mucho de precio. En definitiva: una escapada de cinco días por Italia, donde el recuerdo y el descubrimiento se daban la mano. Quería pasar por la ciudad donde ocho años atrás había estado, pero esta vez hacerlo con la seguridad de hacerlo con mis dos grandes apoyos: Kenzie y Carlos. Quería descubrir la antigua Pompeya, Herculano y Nápoles. Cambiar de aires y disfrutar de mis primeras vacaciones oficiales.   
Así que queríamos coger un vuelo el sábado día 19 de marzo,  pero no vimos ninguno directo, el único que salía el fin de semana era el día 20 de marzo con Vueling a las tres de la tarde y llegando a las cuatro y media de la tarde a Pisa. Así que compramos ese, para pasar el domingo por Pisa y alojarnos en un hotel ya pagado y a la mañana siguiente ir a Florencia. Además, para ir a Florencia siempre es mucho mejor ir desde Pisa que hay un tren que te deja en el estación central de Florencia, Santa María Novella. 


MALOS PRESAGIOS
La mañana del domingo 20 de marzo nos levantamos temprano, teníamos que terminar de meter la ropa en la maleta, solamente facturábamos una para los dos, suficiente para unos cuantos días. Vimos que estaba lloviendo en Barcelona, pero pensamos que en Italia no tenía por qué estar lloviendo, así que, aunque estuviera lloviendo a cántaros no nos desanimó. De todas maneras, pusimos el chubasquero de Kenzie y los nuestros en la maleta, no fuera a ser que tuviéramos unos días por Italia pasados por agua. A las once de la mañana ya estaba todo a punto, pero Carlos recibió una notificación a través de Google, donde avisaban que nuestro vuelo no saldría a las 15:00 horas, sino que lo haría a las 17:20 horas. Llamé a mis padres para comunicárselo, ya que ellos se habían ofrecido para llevarnos al aeropuerto. No sabíamos si ir más tarde al aeropuerto. Sin embargo, al cabo de un rato, llegó otra notificación diciendo que la hora de salida sería a las cuatro de la tarde. Al no estar muy clara la información, pensamos en ir como si el vuelo saliera a las tres de la tarde, la hora programada, ya que estaríamos más tranquilos una vez hubiéramos facturado. No sabíamos a qué se debía el retraso del vuelo, pero yo me imaginaba que sería la climatología que no acompañaba para volar.
A la una menos cuarto salimos de casa con las mochilas, la maleta y cargados de ilusión. Kenzie hizo sus necesidades antes de subir al coche, ya que tendría que esperar un rato hasta que llegásemos a Italia, para volver a ir a algún lavabo. Suerte que el vuelo es corto y que ella tiene mucho aguante.

EN EL AEROPUERTO
Llegamos al aeropuerto de Barcelona y nuestra sorpresa fue ver la cantidad de gente que había por todas partes. Ya se sabe que en un aeropuerto sierpe hay gente que va y que viene y casi nunca está vacía, pero daba la sensación de estar más repleto que en otras ocasiones. Lo primero que hicimos fue ir al mostrador de facturación, era la una y media del mediodía y queríamos tenerlo todo hecho. Pero, había colas exageradas en los mostradores de facturación. Sin embargo, Carlos se fijó que había un mostrador destinado para personas con discapacidad, así que teniendo esa opción fuimos por ahí, ya que además había menos cantidad de gente. Una vez facturamos, preguntamos que a qué hora salía el vuelo y el chico del mostrador nos dijo que estaba programado para las tres de la tarde, pero que debido a la huelga de controladores aéreos no se sabía cuándo saldríamos, que estuviéramos atentos a las pantallas. ¿Huelga de controladores aéreos? La primera noticia del día, y yo pensando que el retraso se debía a la climatología, pero no.  Pasamos el control de seguridad, si estábamos dentro y el vuelo salía a su hora, nos habríamos ahorrado las colas del control y estaríamos más cerca de la puerta de embarque. Queríamos estar cerca de la puerta de embarque, así que fue lo primero que hicimos ir a localizarla.

LA ESPERA
Ubicada la puerta de embarque, que daba la casualidad que no estaba muy lejos del patio que hay para los fumadores, así que una vez la teníamos controlada, fuimos a esa zona, para que nos diera el aire. Carlos aprovechó para comprar una botella de agua y comerse el bocadillo que nos habían hecho mis padres. Yo no podía comer, estaba nerviosa y prefería hacerlo ya en el avión, una vez estuviera volando. Después de tomar el aire nos dirigimos a las pantallas, para ver qué información ponía, y suerte que lo hicimos, porque habían cambiado la puerta de embarque, ahora era otra puerta que estaba un poco más alejada de la zona de fumadores. Así que, nos fuimos para allí y como ya había bastante gente en el mostrador de embarque, decidimos quedarnos. El tiempo iba pasando y no aparecía nadie de vueling. Nada de información. Ponía que embarcábamos a las cuatro y veinte de la tarde y de repente mirabas el reloj y eran las cuatro y media, justo la hora que se supone que deberíamos haber aterrizado en Pisa. De repente, comunican que cambian la puerta de embarque de nuestro vuelo y toda la cola se desmonta y todo el mundo empieza a correr por los pasillos de la terminal. Ahora ponía que embarcábamos a las cinco y veinte de la tarde, todos estábamos agolpados en el mostrador y seguía sin aparecer nadie, el personal de vueling estaba desaparecido. Finalmente aparecieron y siguiendo el protocolo, nos dejaron pasar los primeros para embarcar: bajamos unas escaleras y subimos a un autobús que nos llevaría al avión. Así que, por mucho que subiéramos los primeros, al ir en autobús, no subimos los primeros al avión, porque la gente siempre va con prisas y quieren ser los primeros. A mi peluda le dan miedo las escaleras del avión, porque la pobre se resbala, así que, al no ser finger y tener que subirlas, tuvimos que dejar que la gente fuera subiendo, para subirlas tranquilamente y sin que tuviéramos que pararnos en medio de las escaleras, ya que eso le da terror, porque se resbala. Una vez dentro del avión, en nuestros asientos: fila 5, esperamos a que llegasen todos los pasajeros, dos autobuses más. A mí ya me iba bien, porque tenía que colocar a Kenzie que casi no cabía. Normalmente nos reservan, nos bloquean un asiento en medio de los dos, para que tanto Kenzie como nosotros tengamos algo más de espacio, pero cuando fuimos a facturar, ya nos dijeron que no creían que fuera posible, porque íbamos  completo. Y así fue, asientos de tres completos, Carlos en medio, yo en ventana y Kenzie en nuestros pies sin poder moverse. Le quite el arnés, para que no se quedase atrapada y pudiera al menos tumbarse, y en cuanto la liberé del arnés, así lo hizo, se colocó entre nuestros pies, utilizando mi pie de almohada y así estirada se quedó. 
En el poco espacio del avión
Kenzie ya colocada en el avión dispuesta a volar
Cuando ya estaba todo el avión completo y parecía que ya íbamos a salir, nos pide disculpas el comandante. Yo ya había colocado la botella de agua en el asiento delantero. Al cabo de un rato comunican que debido a la huelga de controladores aéreos franceses nos impiden sobrevolar el espacio aéreo francés y que el vuelo está programado para las 20:45. La gente se empieza a indignar y muchos quieren salir del avión a tomar el aire, porque tienen claustrofobia, hace calor y los ánimos empiezan a caldearse. La tripulación comunican que como la espera es larga, ahora vendrán a buscarnos para llevarnos a la terminal y esperemos tranquilamente, en principio está programado para esa hora, pero que estemos atentos a la información de las pantallas.
Salen todos los pasajeros del avión, nosotros nos tenemos que quedar a que todos se hayan ido del avión, para poder salir y desencajar a Kenzie de su poco espacio. Nuestra sorpresa es que ya todos los autobuses se han ido. Hablo con el piloto que está en la puerta y le digo si puedo bajar a pista, para que la peluda haga sus necesidades y me comunican que por él ningún problema. Bajamos y nos están esperando los de la asistencia, no la habíamos solicitado, pero venían a buscar a otra persona que ya se había ido en el autobús. Antes de subir en su furgoneta, nos acompaña alguien del aeropuerto y nos dice que lo siente mucho, pero que no podemos quedarnos en pista, porque no llevamos chalecos y nos pueden multar. Yo indignada le digo que entonces dónde puede hacer sus necesidades, que llevamos desde la una y media del mediodía en el aeropuerto, que si podemos salir de la terminal, nos dice que sí, pero que tendríamos que pasar otra vez el control de seguridad. El chico de la asistencia nos dice que hay un patio para fumadores, que no está tan repleto de gente como en el  que habíamos estado, y quizás ahí podría hacer algo. Nos deja en la terminal. Desubicados y siguiendo las instrucciones del chico de la asistencia, vamos a ese patio, y suerte que encontramos un sitio con arbustos, donde Kenzie pudo desahogarse. Ahí hizo de todo y se liberó. Nos quedamos un poco más en el exterior tomando el aire. Después fuimos para adentro y en las pantallas no había nada de información, solamente que el vuelo estaba cerrado. Faltaba información, faltaba personal y cada vez había más y más gente por todas partes, gente tumbada en el suelo, gente que no sabía para dónde ir, así que, optamos por comprarnos algún refresco, ya que me di cuenta que me había dejado la botella de agua en el asiento de ese avión que nunca cogimos.
Estuvimos un rato en la que sería nuestra puerta de embarque, nos encontramos a más pasajeros del vuelo esperando, que tampoco entendían nada. Solamente teníamos la información que Google iba actualizando. Allí sentados en el suelo, no había ningún asiento libre, me comí el bocadillo, ya que si tenía que esperar a comérmelo en el avión iba lista. No es que tuviera mucha hambre, porque los nervios y la situación habían hecho que el estómago se me cerrase, pero algo tenía que comer. Allí no decían nada, solamente se escuchaba que anunciaban cambios de puerta de embarque, que estuviéramos atentos a nuestras pertenencias y que debido a la huelga de controladores aéreos algunos vuelos se habían visto afectados. El vuelo seguía apareciendo en la pantalla como cerrado y optamos por ir a tomar el aire de nuevo, a pesar de que la puerta de embarque estaba bastante lejos, pero queríamos, necesitábamos movernos y tomar el fresco. Aprovechamos para escribir al hotel de Pisa y comunicarles que llegaríamos más tarde, porque nuestro vuelo no salía a la hora. Más que nada, para que hubiera alguien en recepción, no sabíamos a qué hora llegaríamos.   
Vuelo a Pisa cerrado


INCERTIDUMBRE 
Carlos dijo que iba a mirar las pantallas de información, salió espitoso donde estábamos Kenzie y yo para decir que ponía embarcando, así que tuvimos que ir corriendo desde el patio hasta la puerta de embarque, corriendo por toda la terminal como alma que lleva el diablo, por si acaso ahora después de tanta espera perdíamos el vuelo. Llegamos y estaban pidiendo las tarjetas de embarque, después de coger aire, llegó nuestro turno y nos dejaron pasar. Volver a bajar las escaleras, subir a otro autobús e íbamos comentando la jugada con otros pasajeros, ya conocidos, porque habíamos entablado algo de conversación antes, y diciendo que podían haber anunciado algo, que pasar de cerrado a embarcar era indignante, que estaban jugando con nosotros, faltaba información. 

ILUSIÓN, DESILUSIÓN, DESESPERACIÓN Y DECISIÓN
Kenzie algo nerviosa por estar tanto rato quietaA las diez de la noche ya estábamos en el avión, Kenzie ya estaba colocada. Las azafatas eran muy atentas, diciendo que si Kenzie quería agua y nos dijeron que después cuando vinieran todos los pasajeros intentarían recolocarnos, porque vieron que no teníamos casi sitio, ni la peluda, ni nosotros para poner los pies. Había gente muy alterada, fue el caso de un hombre que sí o sí quería poner su equipaje de mano en un compartimento, a pesar de que estaba a tope, y él erre que erre, forzando. Al final nos pudo recolocar y al hombre que estaba al lado de Carlos lo llevaron a otro asiento libre, por tanto, Kenzie tenía algo más de espacio, con el asiento de en medio libre. Ya estábamos con los cinturones puestos, la ilusión volvía a despertar y, aunque tarde, ya nos veíamos  en Pisa, aunque esa noche ya ni cenásemos pizza, ni viéramos la torre, ya lo haríamos a la mañana siguiente, antes de coger el tren para Florencia. Nos anuncian que el vuelo está programado para las once de la noche. La gente aplaude. Anuncian las medidas de seguridad. Yo estoy casi sin batería en el móvil a un 10% pero me da igual, no lo necesito, lo pongo en modo avión. Al cabo de una hora nos dicen que reiteran las disculpas, pero que el vuelo no puede salir hasta la una de la madrugada, la gente se empieza a indignar. Anteriormente, al comunicar que saldríamos una hora más tarde me había entrado la risa nerviosa de no me lo puedo creer, pero al escuchar eso, me desmoroné y las lágrimas de impotencia empezaron a hacer de las suyas, lagrimas de impotencia, cansancio, lágrimas que no podría controlar. Al ver que la peluda ya estaba nerviosa, llevaba más de una hora dentro de un avión que no
despegaba, con un espacio mínimo, empezó a revolverse, a ponerse de pie, ya lo había hecho en varias ocasiones. Apagaron los motores, por tanto nos quedamos sin aire frío dentro del avión, el calor era insoportable, la claustrofobia, los nervios empezaron a flotar por todo el ambiente, gente gritando, otra que quería salir y otra que cancelaba todo. Las azafatas intentaban dominar la situación, ofrecieron vasos de agua, intentaban animar a los pasajeros con sus palabras, pero, de repente el silencio por parte de la tripulación se hizo patente. Algunos pasajeros fueron a preguntar y no comunicaban nada, porque no sabían qué decir. Finalmente dijeron que como el espacio aéreo francés estaba cerrado, habían optado sobrevolar el espacio aéreo de Argel, pero que para ello tendrían que repostar más combustible. Nosotros optamos por cancelar todo e irnos, no fuimos los únicos. Habían abierto la puerta para quien quisiera cancelar el vuelo, y así lo hicimos, al menos salir que nos diera el aire y que la peluda hiciera un pis, porque se le notaba con ganas, nerviosa. Al bajar las escaleras estaba la guardia civil, no sé si estaría ahí por si alguien se ponía más nervioso de lo habitual. Acompañados por la guardia civil en pista, nos dejaron ir hasta un bordillo y ahí demostró con creces las ganas que tenía de mear la pobre Kenzie. A Carlos le dije que nos íbamos llevábamos casi doce horas en el aeropuerto, nos habían dicho que viajaríamos a tal hora y nada, nos habían cambiado de puerta tres veces, habíamos subido dos veces en un avión, y ya no me creía nada. Había un autobús para llevarnos a la terminal, y de repente vemos que desalojan a todos los pasajeros y todos suben al autobús, no sé si todos decidieron abandonar, pero todos estábamos por segunda vez fuera de un avión. Empiezan a decir que se llevan las maletas, empiezan a bajarlas, y ya le digo a Carlos que empiece a anular los hoteles, que ya no viajábamos. Eran las doce y media de la noche y el desconcierto era máximo, vuelven a decir que pueden subir. Pero, nosotros ya no nos creemos nada, hemos anulado los hoteles y estamos dispuestos a abandonar y cancelar el vuelo, cancelar las vacaciones. No quiero hacer sufrir más a Kenzie que, una vez más, demostró tener más paciencia que muchos humanos, sin protestar, solamente queriendo hacer sus necesidades. Yo me sentía culpable, no era plan que la peluda lo pasase tan mal sin saber cuánto rato más íbamos a estar en un avión sin despegar, con una ruta más larga y con unas condiciones pésimas. Estuvimos cuarenta y cinco minutos esperando en un autobús esperando, cuando no era esperar en la terminal, era en el avión y si no en un autobús, pero parecía que no podíamos movernos a ningún sitio. Nos trajeron la maleta, la sacaron de la maleta y nos la dieron junto a las personas que como nosotros renunciaron a esperar más dentro de un avión que no volaba.



RECLAMACIÓN
En el aeropuerto fuimos a información de AENA para saber qué teníamos qué hacer, para recuperar nuestro dinero, que nos reembolsasen el vuelo que  no habíamos podido hacer. Nos dijeron que teníamos que ir a información de Vueling, y Carlos vino con una cara de espanto, que la cola era tremenda. Pero, la teníamos
En la cola para reclamar
que hacer si queríamos recuperar nuestro dinero, nuestro vuelo. Después de más de una hora de cola, sin sitio para sentarse, todo el rato de pie, con las mochilas, la maleta y Kenzie mirando todo el rato a la calle, renunciamos a hacer esa cola que no avanzaba. En una hora solamente habíamos avanzado unos cuantos metros. Carlos fue a informarse a AENA, para saber si había otro método, como por ejemplo llamando a un número de teléfono o por internet, ya que no queríamos cambiar de vuelo, solamente cancelarlo. Nos dijo que era mejor que esperásemos, pero nuestro cuerpo, el cansancio y el desanimo pudo con nosotros y nos fuimos. No aguantábamos estar más tiempo dentro del aeropuerto, así que después de más de doce horas en el aeropuerto nos fuimos.

Y PARA REMATAR EL DÍA…
Fuimos a por un taxi y cuando nos indicaron que taxi debíamos coger, el taxista se niega a llevarnos por Kenzie, alegando que tiene alergia, los controladores, le dicen que por ley está obligado. Le digo que si no, nos apuntamos el número de licencia y le denunciamos, después del día que llevaba, ya estaba dispuesta todo. A ver, si ahora tampoco iba a poder volver a mi casa, porque no querían respetar nuestros derechos. Más hubiera valido la pena que ese taxista no se dedicase a esa profesión, porque si no sabe respetar las normas, las leyes y tener un buen trato, tampoco sabía conducir. La verdad, es que entre el poco espacio que teníamos los tres en la parte trasera del coche y los volantazos que iba dando, aparte de lo rápido que iba, creo que se quería ventilar nuestro servicio lo más veloz que pudiera. 
A pesar de comentar que tenía alergia los perros, en ningún momento tosió, ni estornudó, ni se puso enfermo. Así que, una artimaña más que se había inventado, para no llevarnos. La típica excusa que suelen decir, para no llevarnos, pero no se salió con la suya. Nos llevó a regañadientes y a toda mecha, pero no s llevo. Para finalizar al  llegar, que le dijimos que nos dejara antes de nuestro destino, baja la maleta y escucha un golpe, ¿a quién le había dado? A la cabeza de Kenzie, por supuesto se disculpó y sé que fue sin querer, sin embargo, eso remató el día y culpabilidad de llevarla con nosotros. El taxista se disculpó y acarició a Kenzie ¿dónde estaba ahora su alergia? 

EL FINAL DE UN VIAJE FRUSTRADO
Llegamos a casa casi catorce horas después de nuestra ida: desilusionados, cansados, con sed, con hambre, pero lo más importante sin viaje, sin destino, sin ganas de nada. No solamente habíamos perdido el tiempo, el dinero, sino que habíamos perdido la ilusión de un destino que tanta emoción nos hacía. No sabemos si ese vuelo viajó esa noche, y si lo hizo a qué hora llegó, no sabemos si hicimos bien en rendirnos, pero miramos por Kenzie, y además cuando el desanimo y el hecho de haber subido dos veces en un avión hace que todo cobre un tinte negro de desesperanza y pensar que te vas pasar doce horas más ahí. No sabemos si hicimos bien, pero como no se puede rebobinar, hicimos lo que creíamos mejor en ese momento, como para nosotros mismos.
Ahora toca reclamar, ya lo hemos hecho vía internet, pero nos han escrito que debido a causas ajenas, están saturados y tardarán en contestar en el período que suelen hacerlo. Sin embargo, seguiremos insistiendo, porque creo una compensación, aunque sea devolvernos el dinero de los billetes de avión, deberían hacerlo. Cancelar el vuelo de vuelta, ya que si no pudimos ir, no podemos volver. Un viaje frustrado que hemos pagado como si hubiéramos ido, porque el dinero del hotel de esa noche no nos lo devuelven, las dos noches en Florencia solamente la mitad, y los vuelos, esperemos que sí, pero tenemos que esperar a que contesten. Encima tuvimos que pagar a un taxista que no se lo merecía, no solamente por negarse a llevarnos, si no por su forma de conducir. Al día siguiente estábamos reventados, no solamente por el cansancio, sino por la desilusión, la rabia, la impotencia y una ilusión hecha añicos.
Nunca había hecho un viaje a ninguna parte tan largo. Un viaje que dura una hora y media se convirtió como un viaje a Nueva York. No hubo información, no nos dieron nada de comer, ni de beber, ni sabíamos a quien recurrir. La información solamente era mediante las pantallas, por tanto no te podías ir muy lejos, aparte de no ser nada accesible para las personas que no vemos. A veces, en la espera le decía a Carlos que quizás era una pesadilla, que estaba soñando con el viaje y me estaba pasando eso, pero enseguida esa pesadilla era real y seguíamos esperando. Pensé que tras la espera, ya dicen, lo bueno se hace esperar, pero finalmente solamente sirvió para regresar a casa con la cabeza gacha y sin ningún viaje programado.
Ahora aún tengo la maleta y las mochilas sin deshacer, pero hacerlo me genera mucha tristeza. Pensar que tal ropa me la había llevado para tal día en tal sitio, y ahora abrir la maleta, para colocarla de nuevo en el armario es muy triste. Siempre pagamos quienes menos nos lo merecemos.


sábado, 19 de marzo de 2016

LA PIZARRA DE RAIMUNDA


LA PIZARRA DE RAIMUNDA


   El lunes día 14 de marzo tuve el honor de ser invitada al evento que, desde hace más de diez años, celebra la Pizarra de Raimunda. Un acto donde premian a colaboradores que de una manera u otra han contribuido en la asociación. Yo tuve el honor no solamente de ser invitada, sino de ser una de las premiadas.
El año pasado, a principios de 2015, me invitaron a pasar una tarde de lunes con ellas, para contar mi experiencia con el programa “Con mis ojos”. Estuve más de una hora y media, por tanto da para contar mucho y hacerles ver que hay mucho más que el sentido de la vista, lo que significa Kenzie para mí, cómo es mi día a día y todas las inquietudes que tenían. Aunque, sin duda, se creó una confianza entre nosotras, que hizo que todas me contasen un poco de ellas, porque todas tenían cosas que contar, como siempre digo, no soy una heroína, simplemente hago lo mismo que haría, a pesar de que me haya tocado la lotería, hay que seguir para adelante, como bien saben ellas. Sin duda, aquella tarde fue muy enriquecedora, porque no fui solamente a dar una charla, sino que lo bueno de conversar e interactuar con los demás, es que casi que aprendes tú más que los demás, y si todos lo hacemos: mejor que mejor.
Aquella tarde conocí a mujeres que habían sufrido mucho por diferentes circunstancias, a veces sin que te cuenten penas, sabes que lo han hecho, pero que, a pesar de todo, siguen luchando y siguen para adelante. Hubo una mujer de más de ochenta años que tenía una vitalidad que más la quisiera alguno de veinte. Otra mujer era sorda y me contaba que me entendía, porque aunque no se note una discapacidad, no tenemos porque llevar un cartel que lo diga, y sabemos que hay más sentidos. Todas y cada una de ellas, con su atención, su escucha, su participación y su tiempo me demostraron mucho. Empezando por el cariño que, por si tenía alguna duda, ayer me lo volvieron a recordar.
El premio es algo simbólico, pero cuando se acuerdan de ti tras un año de tu intervención, eso quiere decir que les calaste, que te escucharon y que les gustó lo que dijiste. Por la Pizarra de Raimnuda, cada lunes pasa mucha gente, ya que de todo se aprende, , sin duda, a ellas ganas de aprender les sobran. Por tanto, tras un año y con toda la gente que ha pasado, que se acordasen de mí y de Kenzie fue todo un detallazo.

Por otro lado, fueron muy emotivas las palabras que la presidenta de la Asociación me dedicó, y no solamente por la presentación, sino porque; el premio que me daban era el premio colaboradora al coraje, y era el premio de su hijo. Su hijo había padecido un cáncer y estuvo luchando mucho, sin embargo, a veces el luchar sirve de algo y lo superó. Además, a pesar de que los médicos dijeron que no podría tener descendencia, la tuvo, y allí en el escenario estaba su nieta y su otro hijo esperándome para pasarme el relevo y recibir el premio. Fue muy emotivo, porque que te dediquen un premio tan especial y tan sentido tiene mayor valor.
Cabe decir que yo no considero que tenga mucho coraje, simplemente hago lo mismo que haría si viera, sabiendo que tengo unos límites y que todo no se puede hacer, pero que no te puedes quedar sentada esperando ver qué pasa, no te puedes quedar lamentándote, porque no sirve de nada. El hecho de que el programa reflejase un montón de aventuras, no significa que en mi día a día esté todo el día escalando, haciendo surf o haciendo rafting, pero sí que espero que sirviera para que la gente apreciase que, aunque tengamos alguna discapacidad podemos hacer lo mismo que otras personas, de otra manera, pero lo haremos. En el día a día vivo otro tipo de  aventuras que a veces se asemejan: escalar los prejuicios de otras personas, surfear obstáculos y hacer rafting con la montaña rusa que es la vida. Así que, a pesar de que parezca que no la vida cotidiana no sea un deporte de aventura, lo es, porque cada paso, cada semáforo, cada cruce, lo es. Así que, seguimos acumulando experiencias que nos aporta el caminar diario.
Valentía, coraje, bravura: son palabras muy grandes, porque yo no he hecho nada excepcional, simplemente seguir caminando, al igual que lo hacen miles de personas a diario. ¿El hecho de tener una discapacidad me hace más grande? Pues, sinceramente, preferiría no tener ninguna discapacidad, pero no elegimos tener o no, las cosas vienen como vienen y somos lo que somos por las circunstancias que nos rodean.

Quisiera dar las gracias una vez más a todas las socias de la Pizarra de Raimunda por acordarse de mí, por prestarme atención y por ser como son. Además, cogiendo las palabras de la presidenta, creo que su hijo también se lo dedicaría a ella, yo se lo quiero dedicar a mis padres, porque siempre han estado a mi lado apoyándome, sufriendo y modelando que sea como soy. Si soy valiente, que ya digo que no me considero nada valiente, es porque unos padres que lo pasaron muy mal, porque ser padres no es nada fácil, estuvieron y están a mi lado, para tenderme la mano cuando más lo necesitaba. Quise demostrarles y pienso demostrarles que, aunque me haya tocado cargar con esta patología, seguiré luchando, porque ellos se lo merecen y porque yo también me lo merezco. El coraje lo tienen ellos por no desmoronarse y, a pesar de que el castillo de naipes estuviera a punto de irse volando y derrumbarse, supieron ser, saben ser el soporte, el gran apoyo, para que ese castillo se mantenga en pie día a día.

Con el premio en las manos
  Este premio no solamente va a esas mujeres luchadoras, a esos que no se rinden, a quienes tienen valor, sino a los que se caen y saben levantarse, pero, como he dicho, sobre todo a mis padres que han sabido estar ahí.

¡Gracias!

miércoles, 16 de marzo de 2016

ANIVERSARIO DE MAFALDA


Mafalda cumple 54 años


Mafalda sonriendo

El 15 de marzo de 1962 el dibujante Quino creó el popular personaje Mafalda. Esta niña de melena morena, ojos negros y sonriente, siempre ha tenido una frase que decir, preguntas que cuestionarse y ha dejado por escrito que odiaba la sopa. Es un personaje que no es solamente es famosa en su país de origen, Argentina, sino que es conocida a nivel mundial Sus frases aún hoy día, a pesar de sus 54 años de edad, siguen estando en plena actualidad. Siempre utilizando la ironía bien usada, atacando a la política y a los adultos ha sabido estar en la actualidad de moda, porque personajes como ella nunca dejarán de ser populares.  
Su padre, su creador, Quino de 83 años tuvo el gran acierto de crear historietas poniendo una voz viva, irónica y cómica a la niña que ha cautivado a mayores y pequeños.

¡Qué mejor homenaje que recordar algunas famosas frases de Mafalda!

¡Felicidades, Mafalda! 

pensando, meditando y tapándose los ojos


FRASES DE MAFALDA

1-     "Como siempre: lo urgente no deja tiempo para lo Importante"
2-     “Comienza el día con una sonrisa y verás lo divertido que es ir por ahí desentonando con todo el mundo"
3-      "A medio mundo le gustan los perros, y hasta el día de hoy nadie sabe qué quiere decir guau"
4-     "Dicen que el hombre es un animal de costumbres, más bien de costumbre el hombre es un animal".
5-     "Sería lindo despertar un día y encontrarse con que la vida de uno depende de uno"
6-     “Lo malo de la gran familia humana es que todos quieren ser el padre”.
7-     “Ya que amarnos los unos a los otros no resulta, ¿por qué no probamos amarnos los otros a los unos?”
8-     “Una cosa es un país independiente y otra un país in the pendiente”
9-     “¿Y por qué habiendo mundos más evolucionados yo tenía que nacer en éste?”
10-  “¿Pensaron alguna vez que si no fuera por todos nadie sería nada?”


Hay muchas más frases míticas de Mafalda, algunas las recordaréis con el dibujo incluido en la tira de la historieta, otras por citas, pero seguro que tenéis alguna en mente. Si queréis dejar vuestra frase preferida y no está recogida, por favor, dejadla en comentarios, porque creo que Mafalda se merece un cumpleaños recordando las frases que más nos han calado.  

lunes, 29 de febrero de 2016

AÑO BISIESTO


29 DE febrero de 2016


Hoy es un día especial. Puede que no lo hayas pensado en todo el día, porque es lunes y los lunes estamos en otro planeta, pero si por un momento aterrizas en la tierra te darás cuenta que no es un día cualquiera. No todos los años existe el día 29 de febrero, solamente cada cuatro años asoma la cabeza un día más en el calendario, siendo así en los años bisiestos.

Pero… ¿sabías por qué?
Quizás, al no ser que cumplas años en un día como hoy, al no ser que te guste la ciencia o seas un intelectual, no lo sabías. Yo no lo sabía, pero me he puesto a mirar por San Google y he descubierto el porqué de este fenómeno.  

Empecemos por el principio:
La tierra gira alrededor del Sol más de 365 veces durante una órbita completa. Por tanto un año completo no tiene 365 días como pensamos muchos, sino que tiene: 365 días, 5 horas y 48 minutos. 

Allá por la época romana, al emperador Julio César se le ocurrió que debíamos recuperar esas horas perdidas, para ello  “bie sextus diez ante calendas martii”, o dejando al latín de lado: el sexto días antes del calendario de marzo. Por supuesto, no es el sexto día antes de marzo, pero hay que tener en cuenta que contaban de otra manera, a partir del 24 de febrero sí que sale la cuenta. De esa manera, cada cuatro años, año bisiesto, se recuperan las casi seis horas de desfase que hay en nuestro calendario, calendario gregoriano.

¿Qué pasaría si no hubieran años bisiestos?
Pues que tendríamos un desfase horario, con lo cual cada año iríamos avanzando días, porque las horas pasan y si las horas pasan, pasan los días, y al final terminaríamos celebrando Navidad en verano, y allá donde ya lo hacen en verano lo harían en invierno. Generando todo un poco de caos, y si ya de por sí algunos días parecen caóticos, más vale que tengamos claro que gracias a los años bisiestos conseguimos que cada año son 365 días.  No ganamos un día, ganamos horas, que viene a ser lo mismo.

¿Qué es el día 29 de febrero?
Es un regalo que solamente ocurre cada cuatro años, años bisiestos. Sumamos horas a un calendario para que cada año bisiesto el mes de febrero, el mes más corto del año, sea un poco más largo y podamos disfrutar de este día especial. Es por ello oque se eligió como día internacional de las enfermedades raras, porque se puede denominar un día raro, pero yo, como Fito, prefiero decir un día diferente, especial, un regalo que nos da el mes de Febrero cada cuatro años.


¡Feliz año bisiesto!  

¡Feliz 29 de febrero!  


miércoles, 24 de febrero de 2016

ÁREA PARA PERROS

PARQUE PARA LOS CUATRO PATAS DE LA VERNEDA


El mejor amigo del hombre, el más fiel, y el que más de una ocasión tiene un comportamiento más noble que el de nosotros los humanos: los perros se merecen todo y tienen que tener momentos de diversión, carreras y libertad. Ellos nos dan todo su cariño y son los que más alegres se ponen al vernos ¿no le vamos a dar lo que quieren?
En mi caso, mi perra es mucho más que un can, por todo lo que me da y me facilita la vida, pero sigue siendo una perra con sus ganas de jugar y pasárselo bien. Después de todo lo que hace por mí ¿cómo no voy a luchar para conseguir que tenga su espacio especial para divertirse?


Desde hace tiempo llevo solicitando, al igual que los semáforos acústicos, una zona en mi barrio para que Kenzie y otros perros del barrio puedan jugar libremente. Puede resulta inútil hacer este tipo de peticiones a través de la página web del Ayuntamiento de Barcelona, pero sigo sin rendirme. Espero que en alguna ocasión, Kenzie tenga un área donde jugar de forma libre y segura. Yo, no me atrevo a ir al parque y soltarla, primero: te arriesgas a que pase la guardia urbana y te multe por llevarla suelta en una zona no habilitada y segundo: al no ver, siempre tengo que ir acompañada de una persona que sí que vea, para que me vaya contando qué hace, dónde está, se levante y recoja sus necesidades. 
Así que, desde hace tiempo optamos por ir a un parque que sí que tiene un área reservada para perros: con fuentes, bancos, y sobre todo, con la puerta, para que todo el espacio esté cerrado para ellos. Ese parque está en la Ciutadella, ubicación que no es que me quede muy cerca de casa, como para ir cada día un rato. En otras ocasiones, aprovechando que en época de no bañistas, Barcelona permite el acceso a las playas con perro, también la llevo allí, sitio que disfruta mucho, pero al que no puedo ir siempre que me gustaría, porque no está muy cerca, y necesitamos tiempo para ello. 


No es justo que solamente puedan disfrutar una vez a la semana, dos al máximo, contando que las personas que trabajamos cuando más tiempo tenemos es durante el fin de semana. Debería haber un espacio para los perros cerca, ya que con el poco tiempo del que disfrutamos diariamente, tener una zona cercana a casa, sería la salvación, tanto para el dueño como para los perros que encuentran la manera de disfrutar, sociabilizarse y tener su momento durante el día. En mi barrio hay muchos perros y necesitan su espacio: seguro, habilitado y amplio para que corran.
Al igual que hay zonas reservadas para que los niños jueguen los perros también lo necesitan. En mi caso, como he dicho, no puedo irme muy lejos, por falta de tiempo, de orientación y porque, en según qué zona, tendría que contar con alguien que me ayudase a controlar visualmente a mi pequeña peluda. Si hubiera una zona en el barrio podría tener la autonomía de ir siempre que quisiera, porque sabría que estaría en un área reservada para perros, tendría la seguridad de saber que Kenzie está en el cercado y podría soltarle, aunque fuesen 20 minutos al día, tiempo que seguro que agradecería.

Todos los perros lo necesitan: algunos porque han estado todo el día solos, porque los dueños han estado trabajando fuera de casa. Otros, porque después de paseos con correa necesitan estimular sus instintos y olfatear todo de forma libre. Y, en otros casos, como es el de Kenzie, después de una jornada de trabajo como perra guía necesita su momento de entretenimiento, diversión y sociabilización con los de su especie. Los perros guía durante la jornada laboral del usuario en la mayoría de los casos tienen que estar tranquilos y sin moverse durante tiempo y cuando lo hacen, lo hacen para prestarles su ayuda como guías: con lo que conlleva una concentración, el arnés y nada de despistes, es por eso que se merecen su recompensa: jugando de forma libre, como perros que son.

Es por ello que en reiteradas ocasiones he solicitado al Ayuntamiento de Barcelona un área en un parque es bastante amplio, con arena y solamente haría falta cercarla. Los perros ya los ponemos el vecindario, porque, como he dicho, hay de sobra para llenar el recinto. Además no estoy diciendo que todo el parque sea para canes, ya que con una zona lo suficientemente grande para que correteasen entre ellos sería más que suficiente. En ese parque hay un parquecito con su puerta para niños pequeños, si han podido ubicarlo ahí, entiendo que también hay espacio de sobra para que haya una zona para perros. 
Ese parque se llama La Palmera y desde aquí pido a todo el mundo que entre a este enlace para rellenar la solicitud con la ubicación: c/ Maresme 230 para que todos los perros del barrio puedan disfrutar de su espacio, un espacio reservado, habilitado y que se merecen de sobra.  

La Palmera
Para que veáis lo grande que es el parque y además con arena.


A veces el Ayuntamiento responde diciendo que lo estudiarán o que en próximas actuaciones lo llevarán a cabo, pero nunca, desde hace años, se ha cumplido. Espero que la insistencia, el ver lo necesario que es, y la cantidad de gente que lo solicita se den cuenta que es necesario, que se puede estudiar y llevar a cabo, que no es tan difícil y no solamente alegraría la vida a esos cuatro patas que quieren corretear y jugar, sino que lo harían a los ciudadanos dueños de perros, quienes verían felices a sus canes y eso, sin duda, es la mejor felicidad para cualquier propietario que ama a su perro. 


Rebuscando por internet hasta me he encontrado esta petición en change.org, para que veáis que no es solamente cosa mía. Os dejo el enlace, por si también queréis apoyar la petición. Sin embargo, yo soy más partidaria de llevar a cabo la solicitud a través del enlace del ayuntamiento, para que sea más formal. De todas maneras, como todo es cuestión de un par de clics, tampoco estaría mal llevar a cabo ambas acciones. Por supuesto, si hay novedades, os iré informando.  


domingo, 14 de febrero de 2016

No impidas el acceso a un perro guía

El acceso de los perros guía


Los perros guía tienen acceso a todas partes siempre que vayan acompañados de su dueño y ejerciendo su labor de perro guía. Pueden entrar a todo tipo de establecimientos: restaurantes y transporte público. El único sitio al que no pueden acceder es a quirófanos, igual que las personas no autorizadas. Así pues, hay una ley que les ampara y en el momento en el que se les niegue el paso a algún establecimiento, el usuario puede ejercer su derecho de hacer la denuncia pertinente por no dejarle acceder.

Sin embargo, en muchas ocasiones nos encontramos ante negativas, a pesar de que expliquemos que es un perro guía, que son nuestros ojos, que no es un capricho, y que nos acompañan, porque nos están ayudando. Hay personas que aún con la ley en mano se obcecan en no prestarte atención y erre que erre se piensan que es un perro normal y por ello se niegan a dejarte acceder a su establecimiento. Cuando las cosas se ponen muy mal y el diálogo no sirve, siempre está la posibilidad de llamar a la policía, no moverse del lugar de los hecho y prestar declaración ambas partes, para que la denuncia llegue a buen cauce, si no te esperas y solamente tú denuncias, es tu palabra contra la del dueño.

Esta semana hemos conocido la triste noticia de una usuaria de perro guía que fue agredida por querer acceder con su perro guía y su hijo en una tienda. Solamente quería entrar para comprar la merienda a su hijo. Al verla lo primero que le dijeron es que no podía acceder con el perro guía, cuando sus ojos son ese perro guía. Ella intentó hacer entender que era un perro guía y tenía derecho a entrar. Pero, el dueño seguía erre que erre en sus trece, hasta que ella cansada de dialogar dijo que llamaría a la policía. Cuando de repente fue atacada por otra mujer que trabajaba en la tienda, fue sacada a palos del establecimiento. La sorpresa, la impotencia y la indefensión de la usuaria fue máxime, más aún sabiendo que ella no estaba haciendo nada malo, solamente ejerciendo su derecho de acceder donde le plazca. Ella iba acompañada de su hijo pequeño que vió todo y acompañada de su hermana que le ayudó a salir fuera de la tienda, para que la agresora no continuase agrediéndoles. La agresora no entabló ni una palabra con la usuaria, solamente se limitó a usar la fuerza bruta con un bate de beisbol.
Esta noticia nos ha conmocionado a todo el colectivo de usuarios de perros guía, porque es algo intolerable. La violencia no lleva a ninguna parte, pero es que aparte la usuaria y su familia no estaba haciendo nada malo, solamente acceder e intentar ser clientes de aquel establecimiento. Por supuesto, la usuaria, después de que la llevasen a un centro de salud y le hicieran un parte de lesiones interpuso la denuncia pertinente. Ahora solamente cabe esperar que la justicia tome cartas en el asunto y la agresora y el establecimiento no queden impunes ante tal horroroso suceso. Esperemos que no quede en una falta y sin más, porque ha sobrepasado los límites de la negación, ha habido agresión, discriminación y humillación.

Sin embargo, a esta usuaria no le duelen más los daños físicos, le duelen más los psicológicos, el daño que cuesta de sanar el del alma. Aquí os dejo el texto que escribió en una red social contando lo acontecido: 
Vivi Iglesias dijo: 
"Hola a todos. Hoy estoy triste porque no puedo dejar de llorar: de rabia, impotencia y de dolor. La tarde ha sido un horror. He entrado con mi perro guía en una tienda de alimentación a por merienda para mi hijo. Os imagináis la conversación? Perros no! Que si, que este si que yo soy ciega y él es mi guía....... Los dos: el chino en sus trece y yo en las mías. Él que llama a la poli y yo también. En esto que entra una china desde la calle, nos grita y yo empiezo a recibir golpes sin saber por que. Salimos a la calle y la china sigue dándome golpes con lo que me dicen después que era como un bate de beisbol..... Así hasta que llega la policía y cesa la agresión. 

Samur. Ambulatorio para el parte de lesiones. Denuncia en comisaría. Y el alma destrozada.
Tengan precaución. Yo jamas imqaginé que por defender los derechos de mi perro recibiría una paliza en presencia de mi hijo de 6 años."



Y aquí algunos enlaces sobre la noticia en los medios de comunicación:

Creo, desde hace tiempo, que la ONCE debería hacer más campañas de sensibilización sobre los perros guía. Entiendo que haya mucho desconocimiento aún, sin embargo lo que no entra en la cabeza es que cuando lo explicas, incluso cuando enseñas la ley en mano, a veces te ignoran y algunos propietarios de hostelería, tiendas, taxistas, etcétera, siguen pensando que tienen la razón y no quieren ni escucharte. Sabemos que no todo el mundo es conocedor las leyes, pero por eso intentamos día a día educar a la gente con el diálogo y nuestros perros con su comportamiento demuestran que son más educados que algunos energúmenos.
Si se hiciera alguna campaña de sensibilización en la televisión creo que llegaría a mucha más gente, a personas que ven la televisión y se creen todo lo que la pantalla les dice, así que, esperemos que algún día lo hagan. Un mensaje claro y explícito donde se cuente la misión del perro guía y la ley que les ampara. De momento, seguiremos dando caña por las redes sociales, para llegar a otro tipo de público. Además, de demostrarlo día a día con nuestras explicaciones, con  nuestro caminar, con el diálogo y demostrando que el perro guía no es un capricho, es más que un perro, porque hace una labor estupenda y nos facilita mucho la vida, esquivándonos muchos obstáculos físicos, pero, como he dicho en otras ocasiones, a veces los más difíciles son las barreras que están en la mente, no las físicas, si no la de las personas que no saben entender.

Desde aquí quiero mostrar todo mi cariño a la usuaria, a su familia y a su perro guía. Esperando una pronta recuperación tanto física como psicológica, que sepa que todos estamos con ella, que vemos intolerable, indignante e ilógico lo que le ha sucedido, pero que tiene todo nuestro apoyo y cariño. ¡Mucho ánimo!

Esperemos que actos así nunca más se vuelvan a repetir, porque parece que en vez de estar en el siglo XXI estemos yendo para atrás y es muy triste que sucedan actos de este tipo. Ante negativas siempre el diálogo, aunque parezca no nos escuchen, y más diálogo y si no a ejercer nuestro derecho de usuarios de perros guía.

Aquí os dejo las leyes, por si queréis imprimirlas y llevarlas siempre con vosotros, aunque la policía lo sepa, no está de más y no ocupa mucho. 

En la página web change.org se ha sacado una iniciativa, para que todos los Ayuntamientos se impliquen y pongan en todos los establecimientos un distintivo, para que se sepa que un perro guía sí que es bienvenido. Si muchas veces nos encontramos con el típico distintivo de perro no, que haya otro que ponga perros guía y de asistencia sí. Para que quede bien claro, para que los propietarios se impliquen y para que se vea claramente que ellos son la excepción. Aquí os dejo el enlace, para que firméis y tome más peso la iniciativa, cuantas más firmas mejor. ¡Gracias! 

Y por último os dejo un vídeo de una campaña de sensibilización que realizó la Asociación de Perros Guía de Andalucía, donde se refleja muy bien el trabajo de los perros guía y el hecho de que pueden acceder a todas partes.  






Por favor, tengamos un poco más de empatía, sensibilidad y sobre todo sentido común. 

domingo, 7 de febrero de 2016

Semáforos para todos

Semáforos para todos ya! 

Cruzar de forma independiente y segura es un derecho que tiene todo ciudadano gracias a los semáforos, pero... ¿y cuándo no ves los colores del semáforo?   


 A pesar de la importancia que tienen los colores en un semáforo, afortunadamente hoy día, y cada vez más, hay semáforos acústicos. Los cuales nos van de fábula a las personas con discapacidad visual. Eso sí, siempre tienes que ir con el mando, un mando pequeño, del tamaño del mando de un parking. Ese mando sirve para activar los semáforos, cuando tú le das al botón del mando el semáforo, siempre y cuando esté adaptado, emite un sonido,  una señal acústica, para saber que en cuanto esté verde pitará. Si le das y está verde, no pitará hasta que se vuelva a poner en verde, asegurando a que así te de tiempo a cruzar la carretera. 
dispositivo para activar semáforos acústicos


Se supone que hoy día deberían pitar todos los semáforos, porque hay en ocasiones que he llegado a dudar, si era que no le daba bien al botón, si era que se le habían terminado las pilas o bien, que ese semáforo no me daba ninguna señal, porque no estaba adaptado. Actualmente todos los semáforos que están poniendo, si os fijáis tienen un sensor y un pequeño altavoz arriba que son los que sí que reciben la señal, pero otro en cambio siguen a la vieja usanza, con los colores, que están muy bien si ves, pero si no te quedas un poco igual.

El mando nos lo facilita la ONCE, pero si se te rompe, se te extravía o cualquier cosa el siguiente corre a tu cuenta y no es precisamente barato. Creo que, ya que solamente podemos activarlos con este dispositivo deberían ser gratis, y no una cuestión de ONCE, sino que el Ayuntamiento lo debería facilitar de forma gratuita a cualquier persona que lo necesitase, o bien adjuntando el carnet de afiliación a la ONCE, certificado de discapacidad visual, o cualquier documento que acreditase que lo necesitas, que no lo quieres para nada más que poder cruzar la calle. Si los semáforos forman parte del mobiliario urbano, y cada vez que quieres que un semáforo sea acústico y esté totalmente adaptado lo tienes que notificar al ayuntamiento, ¿por qué no este servicio?
Primero, creo que deberían pitar sin mando, porque el día que lo olvidas es un drama. Segundo, ya que funcionan activando el mando, al menos que sean todos acústicos y estén todas las calles adaptadas. Tercero, ya que tenemos que llevar este dispositivo, que nos lo faciliten de forma gratuita el Ayuntamiento, porque no es un capricho, es una necesidad. 
Igual que las personas que sí que ven no necesitan llevar ningún mando, pueden cruzar con total libertad, sin tener que jugarse la vida, sin tener que estar atentos, sin tener que preguntar. Nosotros, las personas con discapacidad visual, solamente pedimos eso, cruzar con total independencia, sin depender de la bondad y generosidad de la gente, para ello necesitamos semáforos acústicos en todas partes. Ya que no pitan cada vez que está verde, según dicen molestan a los vecinos, pues que bajen los decibelios y que suenen, pero ya que se activan con este dispositivo, qué menos que sean todos, qué menos que el dispositivo se facilite de forma gratuito.  

Este simple dispositivo no solamente sirve para activar los semáforos, tiene dos botones y uno es para semáforos acústicos y el otro es para las paradas del autobús. Sí, cuando veis una parada de autobús con pantalla, es decir, moderna y adaptada, si aprietas el botón, te da la información que aparece en la pantalla. Te dice en cuanto rato pasará el bus tal y cual. La verdad, es que no puedo contar mucho sobre la información exacta que facilita la pantalla, primero porque no veo la pantalla, y segundo y principalmente porque no soy usuaria de este transporte público, así que no lo he puesto muy en práctica.

Pero, sí que soy usuaria de semáforos y me gustaría que hubiera muchos más semáforos acústicos, para no andar esperando a que alguien me diga si puedo cruzar o no, y cuando no hay nadie, para no estar agudizando tanto el oído, porque hoy día hay coches que casi que ni hacen ruido, y la verdad, hay carreteras verdaderamente complicadas de cruzar, y no es plan que por no ver los semáforos tengamos que ir así pr la vida.

Últimamente he solicitado varios semáforos acústicos en mi barrio, los solicité en varias ocasiones hace años e hicieron caso omiso a mis peticiones. Espero que, como dicen la esperanza es lo último que se pierde, que en esta ocasión me hagan más caso. Lo hice llamando al teléfono del civismo del Ayuntamiento de Barcelona. Sí que puedo cruzar por mi barrio por otros sitios, no es que esté aislada, pero tengo que dar mucha vuelta. Y, afortunadamente, desde hace unos años, pusieron algunos, así que poco a poco se va  avanzando, pero nos tenemos que mover, porque son pequeñas grandes cosas  a las que la gente no presta atención, pero que facilitan mucho el día a día.
Cerca de mi trabajo también lo he solicitado, pero no solamente yo a nivel particular, sino que la empresa también se ha volcado y también lo ha solicitado, porque saben que es una carretera peligrosa, ya que no solamente pasan coches, sino que circula el tranvía y hay un carril para bicicletas, así que ando preguntando cada día para ver si puedo cruzar. A veces me siento ignorada, ves a saber si esa persona va con auriculares y no oye, otras irán con prisas, y otras no quieren saber nada de nadie, y me quedo ahí esperando, porque no me atrevo a poner la vida de Kenzie y la mía en peligro. Sin embargo, me encanta cuando hay personas que sin preguntarles se ofrecen para ayudarte, porque saben que es complicado, ese tipo de personas que sin esperar nada a cambio, no te cogen y te cruzan, simplemente te dicen un color: “está verde” y eso te da paso libre para continuar adelante, con seguridad, esperanza, optimismo y sonreír.  

domingo, 24 de enero de 2016

Relato: Tras el payaso

La felicidad que da un payaso 

Soy Willy y me declaro culpable, culpable de despertar sonrisas a niños que lo necesitan. Siempre he querido hacerlo y ahora que tengo cuarenta y cuatro años parece que lo he conseguido. No sé si soy feliz, porque eso es muy relativo, pero sé que cuando veo esas miradas ilusionadas, esas risas contagiosas y  esos aplausos suenan tan fuerte, parece que si algo de tristeza albergaba en mí, desaparece, aunque sea por esos momentos de felicidad contagiosa.  Saber que soy  el culpable  de esa felicidad me genera un  orgullo que nadie puede  quitarme.

Puedo tener a toda mi familia en contra por decidir ser quien soy hoy día, pero no me arrepiento de la decisión que tomé y mucho menos de acabar siendo quien soy. Para mí dedicarme a lo que me dedico es todo un orgullo y puedo decir en voz alta y gritando a los cuatro  vientos que soy un payaso, un payaso  que  lleva la cara pintada, la ropa de colores y  que con la máscara de la alegría y  mis múltiples  locuras hago que esos niños que están atados día y noche a un hospital, se olviden de dónde están, de las caras tristes de sus familiares y del dolor.  

Hubo un antes y después, para que al fin viviera sin miedos, sin inseguridades, después de aquel día en que todo cambió, me dí cuenta que ciertamente mi vocación era real, a pesar de llevar años creyéndolo. Algo hizo que  con más fuerza aún  mi alter ego de payaso  me sacase del pozo: de eso donde tanto tiempo había estado solo, pero luchaba por mi sueño, ser quien soy, a pesar de todo.  Y puedo decir bien alto que valió la pena, porque  al final el tiempo me dio la razón, y como tantas otras veces, mi profesión dio tanto y siguió ayudando.

Esa mañana como tantas otras me llamaron al teléfono de empresa, para ir al Clínico. Había un caso de un paciente que quería verme, yo sabía que normalmente en ese hospital no había niños y me extrañó mucho  que solicitasen mis servicios, sin embargo, tampoco iba  sobrado de trabajo, como para rechazar cualquier oferta laboral. Además, era todo un lujo que  quisieran que fuera especialmente yo. Cuando finalicé la llamada, me dispuse a preparar toda la ropa- no tenía coche y por muy orgulloso que estuviera de mi trabajo no me apetecía ir  ya vestido de payaso, prefería, desde que me había adentrado en este mundo, cambiarme en el lavabo de la habitación, aunque rompiera un poco el encanto y me vieran tal y cómo soy: calvo, bajito, con gafas y sin nada de pinta de ser el loco payaso Willy.  Llegué a la hora que me dijeron, casi con el tiempo justo para entrar en escena, antes de ello la enfermera, como siempre hacían, me quiso poner en antecedentes: Estábamos ante un caso de un enfermo terminal, le quedaban semanas, pero quería  evadirse del mundo. Decía que con tanta morfina estaba un poco  adormilado, pero  sino la tomaba era incapaz de soportar los dolores  que esa enfermedad le generaban.  Yo asentí y preparé el número de las ilusiones y los sueños, al menos, ya que quizás era la última vez que esa persona  iba a ver un espectáculo que fuera el más mágico y pudiera pedir los sueños que no se le habían cumplido.  
Me pareció raro que no me dijeran el nombre, ni la edad del paciente, simplemente era un varón de edad avanzada, pero con ilusión de ver un gran espectáculo y sabía que  yo era uno de los mejores.

No hay nada más triste que ver a un payaso  llorando, pero en cuanto entré por esa habitación y ví a ese  hombre en la cama, con un pijama y con la mirada perdida, por muchos años que hubieran pasado, lo reconocí. Mi padre, quien tanto  había renegado de mi profesión, quería verme actuar ante él, solo para él.  Tantos años sin querer hacerlo y su último deseo era verme en  acción. Me sentí traicionado por el tiempo perdido, por la situación y porque no sabía  si lo que quería era reírse de mí, o era cierto que estaba, aunque fuera un poco, orgulloso de mí. Principalmente lloré por saber de él, por saber  que le quedaba poco tiempo y que habíamos desperdiciado el tiempo: por rencillas, por desacuerdos, por ser cada uno como somos. Testarudos, cabezones, orgullosos, sin dar el brazo nunca a torcer, todo eso había hecho que se hubiera  abierto una brecha, donde la distancia del tiempo hizo de las suyas.  Mis lágrimas seguían haciendo de las suyas  y el maquillaje enseguida sería un borrón, una mancha que desdibujaría la sonrisa pintada con cera de color rojo. Intenté controlarme y ser un profesional, no sé si la enfermera estaba enterada de quién era yo, y no quería que mi reputación  quedase por los suelos, me jugaba más contratos. Pero sé que si me habían llamado de ese hospital había sido por ese paciente, ese que al verme, al contrario que yo, dibujó una sonrisa y abrió los brazos esperando un abrazo  que nunca llegó. Me olvidé del payaso loco y divertido que era,  de mi traje coloreado, y solamente recordé: el dolor pasado, la soledad, la incomprensión,  y solamente veía a un hombre que no había estado a mi lado y que pretendía que ahora yo le abrazase  como si el cariño, que sí que lo tenía  si no, no hubiera arrojado esas lágrimas de niño pequeño,  permaneciera  ahí como el día que me echó de casa por decirle que quería ser payaso.   Los años habían pasado, yo había cumplido mi sueño, pero con un fuerte sacrificio, por tanto no era tan completo  como hubiera deseador, la perdida de mis padres, de mi familia, de su apoyo, de su cariño, de saber qué eran unas Navidades en familia, de  saber qué era un abrazo en los momentos en  que más lo necesitas, y ahora él solamente me pedía uno de esos abrazos que tanto yo había anhelado, pero estaba paralizado.

Me tuve que quitar la nariz  de espuma, para sonarme los mocos, se estaba empapando, suerte que llevaba de repuesto. La enfermera al notar la tensión que se respiraba en la habitación y al ver que  algún vínculo nos unía, se esfumó diciendo que le parecía escuchar el timbre de otra habitación.  Casi agradecí quedarme a solas con él, el gran desconocido, el conservador e intolerante padre que nunca perdonó  que su hijo, yo, no siguiera sus pasos y se dejase llevar por su vocación. Me quedé mudo, serio, y me alegré de que las lágrimas hubieran borrado la sonrisa de mi máscara. No estaba como para sonreír, ni para hacer el numerito, pero tampoco quería echarle toda la mierda acumulada que  me hubiera gustado echarle, porque entendí que  ese hombre, mi padre, no estaba en condiciones de rebobinar y   recuperar el tiempo perdido, lo único que le faltaba era tiempo. Además, la rabia, la impotencia y el no esperar encontrármelo ahí, hizo que me convirtiese en un mimo paralizado ante la situación. Entendí que aunque  mi número no fuera  bueno, por no decir  que no había número, entendí que ese hombre  no quería vivir un último espectáculo, quería recuperar los abrazos perdidos.    Mientras yo estaba estático y observándole, y  no paraba de darle al pañuelo,  él en ningún momento se rindió, en ningún momento bajó  los brazos, ni hizo desaparecer su sonrisa, ni se apagó la ilusión de su mirada.  Al final, ante esa mirada de niño perdido en cuerpo de un anciano, me rendí y le abracé. Si  era payaso era para hacer feliz a los demás, llevaba el traje y tenía que comportarme como lo que era, un payaso que  es sumiso ante los deseos de los demás, abnegándose a los suyos.  Cedí y no sé cuánto tiempo  estuvimos abrazados como si de esa manera  pudiéramos retroceder al pasado y  recuperar todos los que no nos dimos. Me reconfortó, pero a la vez  me sentí triste por no haberlo hecho antes, por saber dónde estábamos y recordar las palabras de la enfermera, sabía que le quedaban meses, semanas ó días, quién sabe y él había querido verme.  
Cuando nos soltamos me pidió que me sentase en la cama,  me hizo saber lo mucho en falta que me  había  echado, me puso al día y  me dolió mucho enterarme que mi madre no estaba con él, porque  había fallecido hacía dos años. Mi cara era de rabia, de dolor, de incredulidad,  ¿cómo podía ser que nadie me hubiera avisado?. Al menos me hubiera gustado despedirme de ella. Tenía ganas de salir huyendo y dejarle solo, tal y cómo e´l años atrás me había dejado, no se merecía ni mi respeto, ni mucho menos mi compasión. Mi padre se estaba sincerando, demasiado, y la verdad escocía mucho, demasiado para una vida como la mía. Él relatándome  todo lo que  contaba también  iba perdiendo la voz, el cansancio, el recuerdo y  la culpabilidad de no haber sido cómo debería  haber sido para un hijo hacía que  se fuera debilitando cada vez más… y los sentimientos empezasen a aflorar. Sentía que todo  lo que  me decía lo decía de verdad,  me extrañaba ver a un hombre tan mayor llorando, pero más aún saber que ese hombre enfermo que no tenía perdón,  me lo estaba suplicando.  Yo era incapaz de mirarle a la cara, me daba pena  verle en esa situación,  pero me daba asco todo lo que me decía, porque  por mucho que  se le partiera el alma, a mí me la estaba machacando. Entre lo cansado que estaba el paciente y  lo harto que estaba de escuchar a ese loco anciano, cogí  mis bártulos y me fui, sin otro abrazo, sin una despedida y  sin mirarle. Me daba la sensación de estar perdiendo el tiempo, dedicándoselo a una persona que no se había arrepentido de nada,  y que solamente  ahora que estaba ante el abismo de la soledad y la muerte, solamente ahora era  capaz de recordar que había tenido  un hijo.

Ese día fue un shock enterarme de tantas noticias sucedidas durante tantos años en un par de horas.  Enterarme de  todo lo que me había perdido, saber que no tenía madre y que casi no me quedaba padre. Mi cabeza no paraba de darle vueltas a todo,  saber que había sido mal hijo por elegir un camino con el que mis progenitores no habían estado de acuerdo, solamente una decisión sobre mi propio  camino hizo que me desterrasen de casa, de la familia, del cariño.  Hacía  años, más de veinte que  no sabía nada de ellos, y en un acto de  redención, de culpabilidad, de irse en paz,  mi padre  contacta con mi  empresa para verme como payaso: el  hilo  que  cosió nuestra separación. 

Esa noche no pude dormir, no paraba de darle vueltas a todo lo que me había dicho, todo lo que había vivido y no sabía qué hacer. Mis ojos estaban hinchados, mi cabeza era un tambor que no paraba de retumbar palabras y yo era un manojo de nervios. En mi foro interior sabía que  como buen cristiano, como hijo, como ser humano con sentimientos, debía perdonarle, pero era todo tan  reciente, tan difícil de superar que no sabía  si  hacerlo o no, porque en cierto modo, para mí, aunque fuera mi sangre, aunque algo de cariño perdurase, era un extraño que había  hecho que me encontrase muchas espinas doloras en mi camino y  que nadie me las curase, había permitido que estuviera solo, sin familia. Y ahora egoístamente quería recuperar al hijo que alguna vez tuvo, pero del que se desprendió en cuanto quiso  ser valiente y llevarle la contraria. Ahora que  se ve solo en una cama, quiere el perdón, no quiere morir solo, pero yo soy  incapaz de  perdonar, aunque  fuese lo que tuviera que hacer. 

En algún momento de la madrugada me debí  dormir, pero me desperté como si me hubieran pegado una paliza. En cierta manera la paliza me la habían pegado  el día anterior, una de esas que no se olvidan y hacen mucho daño:  sicológicamente , moralmente y  en el corazón. Estaba  roto, no sé  ni de dónde había sacado las fuerzas  para levantarme, debieron ser las ganas de tomarme mi café matutino. Me  lo tomé a solas, en silencio  y una voz interior me dijo que me olvidase del pasado, porque ya no se podía hacer nada y que fuera a ver a ese hombre que tanto me necesitaba, si lo hacía por los niños también lo podía hacer por él, me tenía que olvidar  de quién había sido ese hombre y pensar en quien era: un hombre a punto de morir, sin familia y que quiere cariño.

Me vestí corriendo: unos tejanos y una camisa blanca, y antes de que  cambiase de idea, tenía que hacer caso a  mi conciencia, seguro que era lo mejor que podía hacer.  Subí a la séptima planta y busqué la habitación 704 pero cuando entré ya no había nadie. Había llegado demasiado tarde y me derrumbé, se había ido sin que yo aceptase su perdón, sin darle  otro abrazo y sin hacerlo feliz.  La enfermera  del día anterior entró  en la habitación y al verme casi desmayado en el suelo, se preocupó, me incorporó y  me dijo que quién era yo. Por lo visto no recordaba la  corta conversación antes de convertirme en payaso, y con ropa de calle no me reconocía.  Le conté que era el hijo de Juan Antonio, omitiendo  que era el payaso del día anterior  - si quería atar cabos que  lo hiciera ella sola-.  Entonces  se me quedó mirando cómo interrogándome con la mirada, extrañada de no haberme visto antes por ahí, después de unos segundos de sentirme muy  observado, me dijo que esperase un momento y se fue. Pensé que iba a avisar a seguridad, así que antes de que viniera alguien me escapé por el pasillo. Cuando estaba avisando al ascensor alguien me llamó por mi nombre de pila, me giré instintivamente, sin esperar a nadie conocido por ahí. En una de esas butacas enfrente del ascensor, con la luz de los grandes ventanales  que daban a la playa, estaba mi padre, con el oxigeno colgando de un palo, con el pijama y  la mirada ilusionada de quien ve a un hijo  que ha recuperado.  Mi cara fue  la de ver a un fantasma, demasiadas emociones para  quien lleva una vida tranquila como yo. Sin embargo, una vez recuperado  del shock, fui corriendo a abrazar a ese hombre que con los años había recuperado la cordura y había asumido que se había equivocado,  había querido que estuviera allí con él, no podía abandonarle.  Willy tenía que hacerle feliz, porque para eso era un payaso. 

No me arrepiento de la decisión que un día tomé, a pesar de haber sacrificado muchas cosas,  ya que me ha dado más satisfacciones que  penas. Ahora  si  cabe, valoro aún más mi profesión. A veces, cuando recuerdo aquel episodio en mi vida, ahora ya hace más de cinco  de aquella casualidad que reconcilió con la vida, pienso que tal vez el impulso de aparecer en el hospital no fuera por mi conciencia, sino que fue  mi otro yo, Willy, mi alter ego, quien habló por mí y  me guió hacia la buena obra de mi vida. La mejor que he hecho y  la que día a día, dibujando sonrisas me hace ser mejor persona.