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viernes, 14 de julio de 2017

Miguel Ángel Blanco

20 años sigue en el recuerdo


Esta semana de julio se conmemora la muerte de Miguel Ángel Blanco. Durante esa semana de julio de 1997 toda la sociedad española se sintió Miguel Ángel Blanco. Todos nos sentimos secuestrados, aterrados y con un límite de horas para morir. El 10 de julio de 1997 tres etarras secuestraron a un joven inocente, haciendo un chantaje al gobierno español: exigían un traslado en 48 horas de todos los presos de ETA, si no lo hacían en ese plazo, Miguel Ángel sería asesinado. El 12 de julio Miguel Ángel recibió dos tiros en la nuca. El 13 de julio se confirmó la muerte de Miguel Ángel Blanco. 4 días en los que sufrimos todos por la gran injusticia que se cometía. La empatía, la solidaridad y los sentimientos estaban a flor de piel.


20 años

Hace 20 años que ETA asesinó a sangre fría a Miguel Ángel Blanco. No era la primera, ni sería la última muerte llevada a cabo por esa organización. Sin embargo, esas 48 horas nos mantuvo en vilo a toda la sociedad española. 

Salimos a la calle para: gritar, desahogarnos y pedir clemencia. Reivindicábamos una libertad de expresión. La impotencia se apoderaba de todos ante algo tan injusto.

Todo aquel que vivió esa fecha, seguro que recuerda el nombre propio de Miguel Ángel Blanco, como si aquella persona hasta entonces desconocida para muchos, se convirtiera de repente en parte de nosotros, de un familiar, de un amigo, de un vecino, alguien cercano, que sin pretenderlo se convirtió durante dos días en el centro de atención. No solamente recordamos su nombre, su cara; recordamos esos precisos momentos como si fuera ayer. Recordamos que estábamos haciendo, son de esas fechas que se quedan grabadas en el corazón de los recuerdos. Son fechas que marcan un antes y un después, pero que también por su alto nivel emocional, como ocurrió con el ataque a las torres gemelas u otros acontecimientos trágicos y que conmocionan, se nos quedan de tal manera, que recordamos qué es lo que estábamos haciendo en ese preciso momento.
Portada con fotografía de Miguel Ángel Blanco



Mi recuerdo

En mi caso yo estaba a escasos días de cumplir 13 años, y a pesar del tiempo transcurrido, aún me emociono como si Miguel Ángel Blanco fuera de la familia. No lo era, pero durante esos días de julio del 97 lo fue, porque me marcó, porque lloré por su muerte, por la injusticia, y de hecho, aún me emociona. 

Evoco con tristeza y emoción, aquella tarde de julio de 1997 en la que fui con mi tío Manolo a manifestarme al centro de Barcelona. No se podía dar ni un paso. Era la primera manifestación a la que asistía, nunca antes había ido a ningún tipo de concentración. Sin embargo, encontré un aliado en mi tío y fuimos juntos. Él sin ver, yo con 12 años, pero juntos éramos muy fuertes y gritábamos una y otra vez: “El pueblo unido jamás será vencido” “¡Basta ya!”  
Entre otro tipo de consignas, incluso recuerdo haber cantado canciones.  Era imposible moverse entre tanta masificación de personas, sin embargo encontramos un hueco para untar nuestras manos en pintura blanca y levantarlas a coro. Todos levantábamos nuestras manos blancas en señal de protesta. Fue muy emocionante. Toda la tarde estuvimos desgañitándonos, pidiendo que lo liberasen, reclamando justicia para un inocente, y liberando nuestra impotencia. Hoy día se me pone la carne de gallina al rememorarlo.

Manos blancas


Protestas y manifestaciones

A pesar del enojo de todos los españoles que salimos a la calle, el desenlace fue el que fue. El destino de Miguel Ángel Blanco ya estaba cerrado de antemano. Incluso él, que era concejal y con sentido común, conocía la situación política, sabía que estaba condenado desde un principio. Realmente, nunca sabremos si lo supo, si sabía qué pedían sus asesinos, si era consciente que habían puesto límite de 48 horas a su vida…. No podemos saber qué pasaba por la cabeza de Miguel Ángel, pero sí que sabemos que todos pensábamos en él. Rezando, suplicando piedad a los malhechores, esos que, a pesar de ver la actuación del pueblo, siguieron adelante con sus planes. Sin importarles lo que la marea humana imploraba, sin sentimientos, con crueldad y premeditación cometieron el peor asesinato.  Con esa muerte ETA no mató a Miguel Ángel Blanco, porque él sigue perdurando en el corazón de quienes le amaron, en el recuerdo de todos los españoles y  enterró el miedo que muchos tenían a manifestarse. Su secuestro fue nuestra preocupación, fue la unión de todos los españoles: unidos por una angustia, un dolor.

No sé si manifestándonos conseguimos algo, ya que el final fue el que fue. No obstante, sirvió para unirnos, gritar y repudiar ese tipo de actuaciones. Los miembros de la organización terrorista, ETA,  creo que empezaron a darse cuenta del rechazo que provocaban, ya no eran tan temidos, porque por muchas armas que tuvieran, por muchas bombas y muchas barbaries que cometiesen, no podrían con el pueblo. Por una vez no eran ellos quiénes salían a la calle a quemar contenedores, gritar consignas o matar. Esta vez eran los buenos quienes salían a la calle, sin usar la violencia de forma pacífica, y no para sembrar el pánico, sino para sembrar algo de esperanza. 



El fin de ETA

Este mes de abril la organización terrorista, ETA,  ha entregado todas sus armas, ha desaparecido, aunque el dolor generado durante años sigue estando muy presente. 20 años después se ha rendido, pero…
 ¿Cuántas muertes han tenido que ocurrir? ¿Cuántas familias destrozadas? ¿Cuántas cicatrices? ¿Cuánto dolor? ¿Y todo para qué? ¿Han conseguido algo? Bajo el diálogo se consiguen muchas más cosas, no es tan fácil como apretar un gatillo o un botón para accionar una bomba, sin embargo la victoria está asegurada tras unas buenas palabras, una buena dialéctica, un buen abrazo, un acuerdo y una sonrisa. A veces, es cierto que con las palabras no se llegan a acuerdos, sin embargo, exponiendo todos los puntos de vista, ganamos todos y nadie muere.

Dos décadas después, Miguel Ángel Blanco sigue estando muy presente, porque siempre lo estará: forma parte de nuestra memoria histórica, de nuestra vida y su nombre representa:  la unión, el coraje y la libertad. No olvidemos que existen muchas víctimas del terrorismo, porque de igual modo sus familiares y amigos no pueden hacerlo, nosotros podríamos haber sido una de esas víctimas inocentes. 







sábado, 19 de marzo de 2016

LA PIZARRA DE RAIMUNDA


LA PIZARRA DE RAIMUNDA


   El lunes día 14 de marzo tuve el honor de ser invitada al evento que, desde hace más de diez años, celebra la Pizarra de Raimunda. Un acto donde premian a colaboradores que de una manera u otra han contribuido en la asociación. Yo tuve el honor no solamente de ser invitada, sino de ser una de las premiadas.
El año pasado, a principios de 2015, me invitaron a pasar una tarde de lunes con ellas, para contar mi experiencia con el programa “Con mis ojos”. Estuve más de una hora y media, por tanto da para contar mucho y hacerles ver que hay mucho más que el sentido de la vista, lo que significa Kenzie para mí, cómo es mi día a día y todas las inquietudes que tenían. Aunque, sin duda, se creó una confianza entre nosotras, que hizo que todas me contasen un poco de ellas, porque todas tenían cosas que contar, como siempre digo, no soy una heroína, simplemente hago lo mismo que haría, a pesar de que me haya tocado la lotería, hay que seguir para adelante, como bien saben ellas. Sin duda, aquella tarde fue muy enriquecedora, porque no fui solamente a dar una charla, sino que lo bueno de conversar e interactuar con los demás, es que casi que aprendes tú más que los demás, y si todos lo hacemos: mejor que mejor.
Aquella tarde conocí a mujeres que habían sufrido mucho por diferentes circunstancias, a veces sin que te cuenten penas, sabes que lo han hecho, pero que, a pesar de todo, siguen luchando y siguen para adelante. Hubo una mujer de más de ochenta años que tenía una vitalidad que más la quisiera alguno de veinte. Otra mujer era sorda y me contaba que me entendía, porque aunque no se note una discapacidad, no tenemos porque llevar un cartel que lo diga, y sabemos que hay más sentidos. Todas y cada una de ellas, con su atención, su escucha, su participación y su tiempo me demostraron mucho. Empezando por el cariño que, por si tenía alguna duda, ayer me lo volvieron a recordar.
El premio es algo simbólico, pero cuando se acuerdan de ti tras un año de tu intervención, eso quiere decir que les calaste, que te escucharon y que les gustó lo que dijiste. Por la Pizarra de Raimnuda, cada lunes pasa mucha gente, ya que de todo se aprende, , sin duda, a ellas ganas de aprender les sobran. Por tanto, tras un año y con toda la gente que ha pasado, que se acordasen de mí y de Kenzie fue todo un detallazo.

Por otro lado, fueron muy emotivas las palabras que la presidenta de la Asociación me dedicó, y no solamente por la presentación, sino porque; el premio que me daban era el premio colaboradora al coraje, y era el premio de su hijo. Su hijo había padecido un cáncer y estuvo luchando mucho, sin embargo, a veces el luchar sirve de algo y lo superó. Además, a pesar de que los médicos dijeron que no podría tener descendencia, la tuvo, y allí en el escenario estaba su nieta y su otro hijo esperándome para pasarme el relevo y recibir el premio. Fue muy emotivo, porque que te dediquen un premio tan especial y tan sentido tiene mayor valor.
Cabe decir que yo no considero que tenga mucho coraje, simplemente hago lo mismo que haría si viera, sabiendo que tengo unos límites y que todo no se puede hacer, pero que no te puedes quedar sentada esperando ver qué pasa, no te puedes quedar lamentándote, porque no sirve de nada. El hecho de que el programa reflejase un montón de aventuras, no significa que en mi día a día esté todo el día escalando, haciendo surf o haciendo rafting, pero sí que espero que sirviera para que la gente apreciase que, aunque tengamos alguna discapacidad podemos hacer lo mismo que otras personas, de otra manera, pero lo haremos. En el día a día vivo otro tipo de  aventuras que a veces se asemejan: escalar los prejuicios de otras personas, surfear obstáculos y hacer rafting con la montaña rusa que es la vida. Así que, a pesar de que parezca que no la vida cotidiana no sea un deporte de aventura, lo es, porque cada paso, cada semáforo, cada cruce, lo es. Así que, seguimos acumulando experiencias que nos aporta el caminar diario.
Valentía, coraje, bravura: son palabras muy grandes, porque yo no he hecho nada excepcional, simplemente seguir caminando, al igual que lo hacen miles de personas a diario. ¿El hecho de tener una discapacidad me hace más grande? Pues, sinceramente, preferiría no tener ninguna discapacidad, pero no elegimos tener o no, las cosas vienen como vienen y somos lo que somos por las circunstancias que nos rodean.

Quisiera dar las gracias una vez más a todas las socias de la Pizarra de Raimunda por acordarse de mí, por prestarme atención y por ser como son. Además, cogiendo las palabras de la presidenta, creo que su hijo también se lo dedicaría a ella, yo se lo quiero dedicar a mis padres, porque siempre han estado a mi lado apoyándome, sufriendo y modelando que sea como soy. Si soy valiente, que ya digo que no me considero nada valiente, es porque unos padres que lo pasaron muy mal, porque ser padres no es nada fácil, estuvieron y están a mi lado, para tenderme la mano cuando más lo necesitaba. Quise demostrarles y pienso demostrarles que, aunque me haya tocado cargar con esta patología, seguiré luchando, porque ellos se lo merecen y porque yo también me lo merezco. El coraje lo tienen ellos por no desmoronarse y, a pesar de que el castillo de naipes estuviera a punto de irse volando y derrumbarse, supieron ser, saben ser el soporte, el gran apoyo, para que ese castillo se mantenga en pie día a día.

Con el premio en las manos
  Este premio no solamente va a esas mujeres luchadoras, a esos que no se rinden, a quienes tienen valor, sino a los que se caen y saben levantarse, pero, como he dicho, sobre todo a mis padres que han sabido estar ahí.

¡Gracias!