sábado, 16 de febrero de 2019

Volviendo a casa con Leia



Hace una semana que Leia y yo llegamos a casa. Yo llegaba a mi casa con los míos, pero para ella todo y todos eran nuevos, solamente me tenía a mí como alguien conocido. Sin embargo, los míos ya sabían que no queríamos agobios, primero porque yo estaba más que muerta y porque Leia no los conocía. Así que el recibimiento, tal y como recomiendan, fue suave.

El viaje

Debíamos salir de Leader Dogs for the Blind, Rochester, el miércoles día 6 de febrero, sin embargo y para sorpresa de muchos, nos marchamos antes de la escuela. El martes por la tarde, en nuestra última clase antes de cenar (a las 17:30h) nuestro instructor, Kevin, nos comunicó que el pronóstico del tiempo para esa madrugada había empeorado, y para asegurar que pudiéramos llegar al aeropuerto, la organización había pensado que era mejor que esa misma noche nos fuéramos a un hotel en Detroit muy cerca del aeropuerto. Nos quedamos de piedra, no podíamos imaginar que eso era una despedida, una inminente adiós. Y yo sin la maleta sin hacer, suerte que el día anterior había hecho un simulacro y la tenía a medio hacer, pero no me lo podía creer. Ya sé que tampoco hubiera cambiado nada estar unas horas más en la escuela, pero sí que lo hubiera hecho, porque hubiéramos tenido tiempo de pasar una noche más todos juntos en la sala del piano, de hacer la maleta con calma y de despedirnos de una manera más calmada.  Sin embargo, hubiera seguido siendo un adiós de una experiencia que llegaba a su fin, de unas personas maravillosas que aunque tengo la esperanza de coincidir con ellas en otra ocasión ya no será en el mismo escenario, ni bajo las mismas circunstancias. No quería decir adiós tan pronto. Un sentimiento de tristeza, de agradecimiento y un montón de emociones se agolparon en mí. 
He vivido muchas despedidas a lo largo de mi vida, ciclos que terminan y otros que empiezan, incluso había estado ahí diez años atrás, pero no sé si estaba más sensiblona de lo habitual, pero no podía parar de llorar. Sé que hoy día gracias a las tecnologías nadie está lejos, y hace que las personas estén mucho más cerca que las que tienes al lado. No obstante, toda la lógica no estaba en mi mente, solamente pensaba en rematar el equipaje, que me cupiera todo, sin excederme de peso, y sobre todo al pensar que todo se acababa…se me hacía un mundo. Ahora era el momento de arrancar y volver al mundo real con Leia, de dejar atrás a mi instructor, mi súper Kevin, quien fue mi instructor hace una década cuando fui a buscar a Kenzie, y ahora no estaría para decirme qué tal posición no era correcta u otra sí, o que algo era: “Awesome!”.  Creo que dejar la escuela me hubiera costado igual si nos hubiéramos ido el miércoles, pero al menos ya te haces a la idea. Ahora todo eran prisas y miles de emociones en la montaña rusa, con el vértigo de no llegar a tiempo, de tener que decir adiós y subirnos a un autocar hacia Detroit.

La última cena

Con la maleta casi lista, llegó la hora de cenar. Pero, ¿quién podía cenar cuando tienes un nudo en el estómago? Yo soy de tener buen apetito, incluso el menú de aquella noche era espectacular: entrecot, patatas, espárragos, gambas y pastel de queso; pero no me entraba nada. Solamente podía beber y beber agua. Eso sí, lo probé y una vez más el menú era de diez. Las gambas se las dí a Kevin y en esta ocasión solamente pude repetir de agua.  

Plato de nuestra última cena

Despedida con mi instructor


Kevin ya nos había anunciado que antes de irnos le gustaría tener un minuto con nuestros peludos, tener la oportunidad de darles un abrazo, ya que habían sido muchos meses trabajando con ellos. Fue decirnos eso y crearnos otros nudo en la garganta. Pero, el nudo se desató en cuanto llamó a la puerta de la habitación, y es que ver a alguien tan gran como él tan emocionado, bueno, y para que nos vamos a engañar yo también lo estaba. Y es que él no solamente me ha dado a Leia, no solamente hemos compartido: desayunos, comidas y entrenamientos, sino que me ha regalado a los dos mejores regalos de mi vida: Kenzie y Leia. Él me las entregó y me dio pautas para seguir adelante con ellas. Casualidades de la vida hizo que volviéramos a coincidir por el camino de la vida y encima en una de las grandes experiencias como es que te den a una parte de ti, a esa parte que te hace ganar: seguridad, confianza y seguir adelante con autonomía. Así que después de que se despidiera de Leia, fue muy emocionante escucharle hablar con ella, me dio un abrazo y solamente pude decirle GRACIAS. 

Pasillo de la escuela
Hice un último recorrido acompañada de Esther, mi compañera de aventura, por el pasillo que unía el comedor a las habitaciones. No queríamos ir a la sala del piano, sabíamos que si llegábamos allí, estaríamos todos y el viaje empezaría tomar forma. Pero, no quedaba más  remedio que ir a nuestro punto de encuentro. Las maletas ya estaban en el autocar, así que poco a poco fuimos subiendo. Nos despedimos de todos los que estaban ahí en ese momento, sin embargo nos quedó personal de la escuela de quienes me hubiera gustado darles un gran abrazo y desearles lo mejor, así que desde la distancia les mando un fuerte abrazo a: Ana, Aurora, Reina, Astrid y a todos los que contribuyeron que nuestra estancia en la escuela fuera maravillosa.  

Sin embargo, no nos dejaron abandonados a nuestra suerte, íbamos acompañados de nuestros guías, de nuestras intérpretes y de dos instructoras (Katie y Ashley). Los estudiantes americanos también venían con nosotros, porque al día siguiente también tenían que coger un vuelo para regresar a sus casas. Así que mi “smoker friend” Nicky también  venía, así que aún no me tocaba decirle adiós.  

En el autocar

El viaje en el autocar fue triste, recordando las despedidas y gastamos muchos pañuelos. No sabíamos adónde nos llevaban, pero sabíamos que nos íbamos alejando de la escuela con todas las emociones a flor de piel. Me senté con Teresa una de las traductoras y le contagié mi emoción, y es que para ella también había sido toda una experiencia en todos los sentidos, me decía que había aprendido mucho de nosotros y a mí me emocionaba que alguien que de forma voluntaria se pida una excedencia en su trabajo, para darnos todo su tiempo y conocimiento es de admirar y agradecer. Ese tipo de gestos te hace pensar que aún existe la gente buena, que aún se puede confiar en ellas y que este mundo merece la pena.

En Detroit

Llegamos a un hotel, en el que aceptaban mascotas, así que a cada rato nos avisaban de “perro extraño”. Teníamos nuestras habitaciones con dos camas, pero estuvimos poco tiempo en ellas. Porque quisimos pasar la última noche reunidos en “nuestra improvisada sala del piano”. Todos los compañeros no vinieron, estarían cansados después de tantas emociones. Pero, mi grupo de trabajo: José, Esther y Tamara estaban al pie del cañón, junto con los americanos y Ashley, una de las instructoras. Pasamos un rato divertido hablando de todo y de nada, simplemente estando juntos e intentando hacer que el hipo de Esther le cesase, pero fue imposible.  Después de unas risas y de que volviera a hacer la pregunta del millón: “¿Le habéis encontrado el ombligo a vuestros perros?” nos fuimos a la cama. Antes de ir a mi habitación fui a hacer el último cigarro de la noche con Nicky, hacía frío pero aún no había empezado a caer la famosa lluvia helada, la culpable de nuestra ida repentina de la escuela.

Miércoles día 6

 Me desperté temprano, no había podido dormir bien. Cuando me levanté casi no sabía ni dónde estaba. Le dí la ración que me habían preparado para darle a Leia, y enseguida nos llamaron a la puerta, sabía que era la hora del parktime. Sin embargo, venían las dos instructoras y nos decían que les diéramos a los perros, las traductoras nos contaron que estaba todo tan helado que era peligroso que fuéramos nosotros. En unos minutos volví a tener a Leia conmigo y me notificaron que había hecho el 1 y el 2. Se dieron una gran paliza sacando a todos los perros y en un tiempo récord. Se nota que tienen experiencia con los peludos, pero estando el handicap del suelo resbaladizo tiene aún mayor mérito que sacasen a nuestros peludos a esa velocidad.

Después de desayunar un gran waffle con sirope de arce (riquísimo, pero muy pringoso) empezamos a traer las maletas al hall del hotel. Casi sin darnos cuenta estábamos todos en un autocar diferente al que habíamos venido, conducido por alguien del hotel o de alguna compañia, que nos transportaba a todos al aeropuerto.  Entonces empezó el show: trasladarnos a todos con nuestros guías a la terminal para facturar, alguien se quedó con las maletas para agilizar el traslado. Sin embargo, después tuvieron que hacer varios viajes para traerlas, se dieron un buen trajín Tamara y Katie. 

Afortunadamente todos pudimos facturar las maletas sin problemas y sin exceso de equipaje. Me hice la última foto con Nicky, porque sabía que el momento de decirnos adiós llegaba y quería un recuerdo de mi compañera de fumar. En muchas ocasiones coincidimos en la zona reservada de la escuela, el pabellón, para fumar, y en esos ratos es cuando nos contábamos sobre nuestras vidas, a pesar de mi inglés nos entendíamos. Justo después de pasar el control de seguridad, en el que me revisaron con algo las manos (yo creo que el sirope hizo de las suyas y me las quisieron limpiar bien) llegó el momento de despedirnos de Nicky, ella se iba a otra puerta de embarque, así que tocó decirle también a ella adiós. Ashley le acompañó. Nosotros nos asentamos cerca de nuestra puerta de embarque y cuando ya estaban abriendo para embarcar, unos minutos antes, apareció Ashley corriendo, ella también quería despedirse, sobre todo de su grupo de españoles (Rubén, Juan, Pilar y su intérprete Teresa y de sus peludos). Sin embargo, aunque no hubiéramos sido de su grupo, por supuesto también tuvo unas palabras para nosotros, y como ya había tenido bastantes adiós, preferí decirle: “Hasta mañana!” así era menos dura la despedida y porque quien sabe, quizás un mañana volvamos a coincidir.

Foto de grupo en el aeropuerto con bandera de EEUU de fondo

En el avión 

Aún me sigo con quien me pregunta si el perro viaja en cabina o en bodega, pero un perro guía no es un perro cualquiera. Los perros guías y de asistencia sí pueden viajar en cabina, están ejerciendo la función de acompañarnos. 
Cuando ví dónde me tocaba sentarme con la pequeña de Leia, pensé que no sería tan complicado. Sin embargo, sentarte en un asiento de avión de tres con otros compañeros con perro y además un poquito más grandes que Leia era todo un espectáculo nada agradable. No podíamos ponernos a nuestro antojo, porque el avión estaba a tope, estábamos en los últimos asientos. Y después de varios cambios tipo Tetris, y gracias a las ocurrencias de Tamara (la experiencia de más viajes con más peludos es un grado) supimos colocarnos, de forma intercalada. Yo viajaba con Juan y su peludo y en medio Teresa, así evitábamos a tres perros tan juntos y con tan poco espacio. Los otros compañeros estaban en asientos de dos, y otros dos con personas sin perro. Fuera como fuera logramos colocarnos y volar de Detroit a Atlanta (3 horitas).   

En Atlanta 

Estar en ese aeropuerto tantos años después de aquella visita con mi padre me traía muchos recuerdos. Seguro que aquella vez que estuve con mi padre en 2003 no me hubiera imaginado que finalmente la enfermedad avanzaría, ni mucho menos que estaría ahí unos cuantos años después con mi segunda perra guía. Casualidades de la vida, hacía que volviera a estar ahí, pero ahora no para someterme a pruebas médicas, simplemente para esperar a que llegase la hora de embarcar para el segundo vuelo. El tiempo de espera no se hizo muy largo, porque entre que llevamos a los peludos al parktime (había una zona específica dentro del aeropuerto, para que los peludos pudieran hacer sus necesidades, un lavabo para ellos) y entre que es uno de los aeropuertos más transitados, en el que tienes que coger un metro para moverte de un lado a otro, el tiempo pasó volando.

Así que enseguida estábamos volando de Atlanta a Madrid, casi 8 horas de vuelo, que pasaron bastante rápido, ya que cuando no estábamos durmiendo, estábamos controlando a nuestros peludos que ni se movían, y si no, nos servían algo para comer y si no veíamos una película. Afortunadamente en este vuelo más largo, no me dolieron tanto los oídos con en el anterior, además de tener algo más de espacio. Tuvimos la suerte de viajar en asientos de tres  dos personas, es decir teníamos un asiento en medio, por tanto los peludos podían tener algo más de espacio,, sobre todo cuando pasaban con el carrito por los pasillos. A mí me daba miedo que le fueran a pillar la cola o alguna patita, e intentaba protegerla con mis pies, en verdad no sobresalía, pero la azafata también iba con mucho cuidado porque decía que al ser negritos no se veían con la moqueta del mismo color.   

En Madrid 

Muertos de sueño, con ganas de estirar las piernas y habiendo desaparecido el miércoles de nuestras vidas llegamos a Madrid. Allí nos estaban esperando de asistencia, para llevarnos a buscar las maletas. Sin embargo, cada uno venía a buscar a uno de nosotros y no se daban cuenta que íbamos en grupo. Yo me dejaba llevar, sin perder de vista a Teresa y Pilar, no fuera a ser que me quedase por ahí sola en el aeropuerto. 

Salimos y los peludos pudieron hacer sus necesidades y de ahí al coche que nos estaban esperando, para llevarnos corriendo a la Fundación ONCE del Perro Guía. La verdad es que cuando las cosas ocurren tan rápido parece que sea un sueño, porque lo recuerdo de forma muy borrosa. Estás en Rochester, en Detroit, Atlanta, en el avión y de repente llegas a Madrid te suben a un coche y apareces en Boadilla del Monte. Ahí tuvimos que escuchar charlas y firmar contratos, pero no éramos personas. Antes de todo ello nos dejaron unos minutos de tranquilidad, mientras se iban llevando a nuestros peludos, para que corriesen y se desfogasen. Después unas veterinarias junto a su pasaporte y vacunas nos iban trayendo a nuestros peludos. Ese día fue agotador, sabíamos que eran las últimas horas todos juntos, el equipo  Michigan, pero no teníamos tiempo, ni fuerzas para contarnos nada. Las reuniones venían una detrás de otra.

Despedidas, despedidas y más despedidas 

Después de comer, llegó el turno de despedirnos de nuestras ángeles de la guardia. Sí, tocaba decirles adiós a Tamara y a Teresa, quienes nos han ofrecido de forma desinteresada todo su tiempo y conocimiento, poniéndonos todo mucho más fácil, y ahora deprisa y corriendo tocaba desearles todo lo mejor y ver como se iban. Sin embargo, apenas pude decirles nada, simplemente gracias, porque una vez más la sensiblería se apoderaba de mí.  Me fastidió que nos metieran tanta prisa, porque nos estábamos aún despidiendo de nuestra traductora y ya nos decían que fuéramos al parktime, quizás no entendían nuestras emociones, quizás les daba igual, quizás tenían que irse ya y por eso nos metían prisa. Sin embargo,, fue algo triste. Aunque como le dije a Tamara, igual que a Ashley: “See you tomorrow” porque no sé dónde, ni cuándo, pero sé que volveremos a coincidir, o al menos espero volver a hacerlo, por haber compartido tanto.

Por último llegó la despedida con los compañeros, cada uno de una parte diferente de España. Le dí un entrañable abrazo a mi vecina, Pilar, ya que aunque ella no estuviera en mi grupo de entreno, era mi vecina de habitación, así que a la hora del parktime siempre coincidíamos. Y si ella no estaba le avisaba y nos contábamos  qué planes había para ese día. Yo siempre le decía que cogiera como referencia una papelera que tenía a su lado izquierdo, y creo que le fue bien, para tener alguna referencia. Ella se iba a su Asturias, patria querida con su Larkin.  Después le tocó el turno a Rubén, y como le dije sin sus bromas y comentarios esta experiencia no hubiera sido lo mismo. Y, cuando nos quisimos despedir de José, quien había formado parte del nuestro equipo, nos dimos cuenta que ya estaba subido en el coche, y es que él siempre con las prisas y las ganas de no quedarse parado, casi hace que nos fuéramos sin un abrazo y sin desearle lo mejor a él y a su perrita Nellie. Ellos tres se iban con Miguel Ángel del Club de Leones, los tres iban a diferentes puntos de Madrid.

Atocha 

Esther, Juan y yo íbamos juntos, ya que íbamos hacia el mismo punto: Estación de Atocha. Vimos como se iban los compañeros y nos quedamos esperando a que subieran nuestras maletas a la furgoneta. Más tarde de camino, me empezaron a llamar del servicio de Atendo,  para confirmar la asistencia. Me llamaron dos veces más y a la tercera me empecé a preocupar, y es que me decían que eran menos cuarto y el tren salía a en punto. Si me quedaba algo de uñas en esos instantes no podía parar de mordérmelas, y es que estaba de los nervios. El conductor me decía que no podía hacer nada, que había tráfico. Cuando estábamos llegando, les dí un beso a Juan y otro a Esther. Eso no se pudo considerar una despedida, de lo rápido que fue todo. Nada más llegar bajé corriendo, me bajaron la maleta, y me acompañaron a asistencia. No sé cómo, pero corriendo como si no hubiera un mañana, y pasando el control de seguridad de la forma más rápida, le hice hacer un Follow a Leia que no tiene precio, la de asistencia corriendo llevando mi maleta y yo siguiéndola con Leia. Subimos la maleta, le dí las gracias por la carrera y se cerraron las puertas. No sé ni dónde me tenía que sentar, pero me ayudaron unos pasajeros que me vieron con la cara desencajada y resoplando. Les dí las gracias y les conté que es que pensaba que lo  perdía. Uno de los pasajeros, me dejó el asiento, para que estuviera más cómoda, dos asientos para mí y para Leia y él se cambiaba. Ese hombre que estaba aen unos asientos cercanos, me ayudó mucho. Pasé muchos nervios, pero la ansiedad fue desapareciendo con el traqueteo del tren y el pensar que ya me acercaba a casa.

En Barcelona 

En Sants me esperaba Carlos y le gustó mucho conocer a la pequeña princesa Leia. Antes de ir al coche, fuimos a ver si quería hacer algo Leia, pero parecía que no estaba por la labor y nos dirigimos a casa. Carlos estaba cansado de todo el día de trabajo y máster y yo parecía una zombi.  Los dos estábamos contentos del reencuentro, después de tantos días y encima venir con una peluda que no paraba de mover la cola.

Al llegar al barrio, Carlos subió el equipaje, mientras yo me quedaba con Leia a que volviera con Kenzie. La sorpresa es que mis padres también quisieron ver el reencuentro, aunque más que reencuentro con Kenzie fue más bien encuentro. Kenzie fue directamente a saludar a Leia, pasando totalmente de mí, a pesar de que yo la llamaba, sin embargo: primero quería averiguar con quién venía. Cuando paró de olerle, sí que intento dar un saltito para darme la bienvenida.  

¡Bienvenida a casa, Leia!
Welcome to my house! 



Foto de Leia y Kenzie juntasEntramos las tres en casa, Kenzie a un lado y Leia a otro. Ahora que llevamos una semana, parece que hicimos bien la presentación, porque parece que se llevan bien, no es que se lleven genial, porque Kenzie está algo celosa, pero sí que a veces duermen juntas y se buscan, para estar cerca. Así que, aunque a Leia todo le parezca desconocido, al menos ahora mi casa, Kenzie, Carlos y yo ya les parecemos un poquito más familiares. Y, espero que poco a poco con la fase de adaptación todo vaya a mejor, hasta que note que es una más y que no es mi casa, es su casa.  Aún no llevamos ni un mes juntas, nos toca conocernos mucho más, y seguro que será también mi sombra, bueno, mucho más.  

Ahora toca empezar y seguir caminando juntas, nuevas rutas que pronto dejarán de ser nuevas, para convertirse en rutinas. Vamos a ir creándolas y conociéndonos.


sábado, 2 de febrero de 2019

Momentos en Leader Dogs



A pesar de que la climatología no esté contribuyendo a que podamos hacer tantas rutas exteriores como nos gustaría, estamos aprovechando el tiempo, y es que entre conocer al nuevo peludo, en este caso a la bella durmiente Leia, siempre hay clases y cosas que hacer. Primero de todo hay que seguir una rutina con los horarios del park time, y ya es una odisea levantarnos cada día a las 6:30h de la mañana para sacar a los peludos, con las temperaturas gélidas que están haciendo por aquí. Y, es que somos muy afortunados, se están registrando temperaturas tan bajas, que ni los que viven aquí las habían vivido.  Pero, de todas maneras, los instructores se las ingenian para tener algo que enseñarnos y poder llevarlo a la práctica, si no es yendo a la calle, por seguridad tanto del perro como nuestra, lo hacemos dentro de la residencia, y si no en grandes superficies  como centros comerciales. Y, a pesar de que estar en centros comerciales, pueda parecer que no sea gran trabajo, lo es y mucho. Pensar que es un sitio en el que más distracciones pueden encontrar los perros, ya que hay olores, comida por el suelo, personas que preguntan, personas que se acercan, niños y a todo esto hay que sumarle que no solamente no se tienen que distraer e ir concentrados, si no que tenemos que tener en mente donde queremos ir y guiar a pesar de todos los estímulos que van encontrando por el camino.  


Hoy, jueves 31 de enero, las temperaturas eran tan bajas, -25 grados Celsius, que hemos permanecido en la escuela, ya que colegios, universidades y vuelos estaban cerrados, así que hemos aprovechado el tiempo. Así que después de desayunar, lugar en el que el instructor nos informa de qué vamos a hacer, nos ha dicho que tendríamos un simulacro de cómo viajar con perro guía en el avión.  Y es que sí, por muchos que algunos aún me pregunten si viajo o no con mi perro guía, sí, viajo y va a mis pies.  Nos han indicado cómo pasar el control de seguridad, cómo pasar por el arco, qué ordenes hay que decirle y cómo actuar. Nos han montado una sala como si fueran los asientos de un avión, y cómo colocar a los perros en los asientos, y es que ellos van colocados tumbados en el suelo, con la cabeza mirando hacia nosotros y el cuerpo metido en el asiento delantero. Por muy grandes que parezcan nuestros peludos, se convierten en bolitas peludas  que no ocupan nada de espacio, y se comportan mejor que algunas personas. La verdad, ha sido una actividad muy divertida y provechosa, porque dentro de unos días tendremos que coger un vuelo con nuestros peludos y va bien tener en cuenta algunas indicaciones. 


Después de comer nos hemos ido a un centro comercial inmenso y pijo, pero que había bastantes pasarelas donde practicar, ya fuese a través de pasillos llenos de gente, de niños y música, asi como de ascensores, escaleras mecánicas, tiendas y pasarelas mecánicas, hemos tenido un poquito de todo. Y buena muestra de cómo ha ido son los ronquidos que está dando ahora mismo Leia, y es que para ellos, como he dicho,no solamente es guiar, sino hay que sumarle todas las distracciones que pueden encontrase en el recinto. A mí me ha tocado trabajar con mi compañera de equipo, Esther. Ella es una andaluza muy salada que también tiene algo de resto visual como yo, pero ya se sabe que el tener resto visual no es ninguna ventaja. Primero de todo, porque lo que podamos ver o no puede ser muy confuso y hacer que nos equivoquemos, por lo tanto tenemos que dejar de lado nuestro resto visual y confiar plenamente en nuestros peludos. En este caso confiar de cabeza en nuestras peludas, ya que tanto Esther como yo tenemos a princesitas peludas: Journey y Leia.  La de ella es una labradora blanquita y Leia es labradora negrita, son como primas, ya que se conocen y no se vuelven locas al verse, si no que se saludan y ya está. Trabajar juntas es un placer, porque cada una de ellas van concentradas en su trabajo, y Esther y yo tenemos mucha comunicación, algo fundamental para que el equipo pueda funcionar. Nos ponemos de acuerdo enseguida en las rutas que queremos realizar y allá que vamos, y si tenemos alguna duda preguntamos, ya que lo mejor es poder encontrar recursos para solventar las dificultades que podamos encontrar por el camino. Y en realidad muchas dificultades no hemos tenido, pero sí que hemos sacado el desparpajo en alguna ocasión, para obtener alguna foto del momento de hoy. Incluso hemos acumulado anécdotas divertidas y la risa como principal protagonista de nuestras acciones, como por ejemplo subirnos en una pasarela mecánica, como las que pueda haber en el aeropuerto, y darnos cuenta que no funcionaba cuando llevábamos un rato, y nosotras pensar que iba muy lento, y quedarnos con cara de tontas, no saber qué hacer, entrarnos la risa y seguir adelante como si tal cosa. Hubiera sido buenísimo ver las caras de las personas que transitaban por ahí, y encima no nos han dicho absolutamente nada, pero yo creo que se quedaban extrañados. y, como esa hay miles de micro anécdotas que van formando un cúmulo de momentos , historias y experiencias que hacen que todo sea diferente. Momentos únicos para recordar.


Esther, journey, leía y yo en el centro comercial


Así que, aunque queda poquito para mí estancia por Michigan, aunque el tiempo no esté acompañando demasiado, como veis, me lo estoy pasando bien, además de aprender muchas cosas.  Así que, seguiré disfrutando del momento, para exprimir al máximo todos los instantes, porque esto solo se vive una vez.


La vida está repleta de momentos y estos son para vivirlos.


Carpe Diem!


Ahora me voy a dormir, que la princesa Leia y a hace un rato que ya duerme, y eso que sus cabezadas se ha dado tanto subida en mis piernas como en las de Tamara (la intérprete). Tiene la manía de si estás en el suelo, acurrucarse encima de ti, para utilizarte de cama y da mucho gustito, es como acunar a un bebé, pero al cabo de un rato  no te sientes las piernas, se van durmiendo, pero sabe tan mal despertarla, que merece la pena caminar después con una especie de hormigueo en las piernas, solamente por sentir el momento de tranquilidad y ternura que trasmite Miss Leia.




Voy a seguir su ejemplo y voy a reponer fuerzas, mañana a las 6 toca madrugar para darle de comer antes del parktime.


Buenas noches! 

lunes, 28 de enero de 2019

En la mitad de la aventura


Los días pasan volando y poco a poco Leia y yo vamos conociéndonos un poquito mejor, pero aún tenemos que crear más vínculo y seguir trabajando y entrenando para conocernos mejor. Ahora ya sé que guiando no tira tanto como lo hacía Kenzie, se concentra mucho y no se suele distraer con facilidad, cruzaré los dedos para que la cosa siga así. Hoy es domingo y es el día libre en la escuela, aunque no nos libramos de los parktime, y es que tienen que seguir su rutina de horarios tanto de comida comocom agua y de salir a hacer el número 1 y 2.  Por tanto hemos madrugado para sacarles a las 6:30h y nos hemos dado cuenta que estaba nevando, así que nuestro plan de salir a hacer recorridos por las pistas de la escuela han sido anulados, así que me he quedado en la habitación jugando con ella.


Si cabe ahora la conozco un poco más y mejor gracias a su educador. Ayer fue el día de visitas de las familias educadoras, familias que desinteresadamente están un año con nuestros peludos, durante su primer año de vida dedican todo su tiempo a estar con ellos, a mimarles, a educarles y sociabilizarles. El lunes vinieron de perreras para decirnos quiénes eran sus padres y hermanos, su fecha de nacimiento y por quien había sido criado y si vendrían o no a verles. En mi caso, por mucho que sé que hubiera querido venir a visitarnos el educador, no pudo ser, ya que el criador es un preso y está en la cárcel,.


Desde hace unos años Leader dogs for the blind está llevando a cabo un programa de criar a futuros perros guía en prisiones. Es un programa que ayuda tanto al preso como al perro, el preso encuentra el cariño y la compañía que le hace falta y el perro tiene atenciones durante los siete días de la semana durante 24 horas. Para entrar en este programa el preso tiene que acreditar un buen comportamiento y tener la responsabilidad de educar al can durante un año en las mejores condiciones,.


Si no había sido educado por una familia y lo había hecho un preso nos daban la opción de escribirles unas líneas y no me lo pensé mucho. Necesitaba escribirle una carta  al educador de Leia para darle las grscias por toda la labor que había hecho con ella. Tamara la voluntaria e intérprete que nos ayuda colaboró en la redacción de la carta, para que tuviera sentido y estuviera en un buen inglés.  Así que se la di al instructor, para que se la hiciera llegar, ademås de preguntarle si tendrían alguna foto de Leia de cuando era pequeña, lo veo complicado porque si el educador estaba donde estaba, dudo que haya podido retratar. Kevin, el i nstructor me dijo que no sabía si habría alguna foto de Leia, pero dijo que venía en un momento. Y cuando volvió me trajo una libreta y me dijo que era del educador de Leia,. 


Me emocioné al recibir la libreta, en la que en la portada aparecía el nombre de Leia en grande, y dentro eran hojas escritas a mano, una especie de diario en el que el criador contaba la vida de él con Leia, sus avances y ayudaba a conocerla un poco mejor. Me hizo muchísima ilusión, porque los educadores no están obligados a redactar nada, ni mucho menos a llevar una especie de diario, ni mucho menos aún a dárselo a la persona que va a ser la destinataria del perro que ha estado con él durante un año.


Diario del educador de leia



Ayer después de que todos los compañeros contasen cómo les había ido al conocer a las familias educadoras de sus peludos, Tamara se ofreció para leerme la libreta. Ya la habíamos empezado a leer, pero ayer la terminamos,. Cuando terminó me emocioné como una tonta, pero no ya por lo que cuenta, si no por el detalle de redactar  semana a semana cómo le iba a la pequeña princesa Leia. La verdad es que agradezco muchísimo que me lo leyese, porque tiene mucho mérito, porque aunque ella domine el inglés, era saber interpretar qué ponía y ya se sabe que al estar en formato manuscrito a veces es más complicado, sin embargo también es más bonito, porque hoy día con las tecnologías hemos dejado de lado el escribir a mano y eso te da muchísima información del estado anímico y de la persona que lo escribe. Yo no ví la letra, así que la información que me llevé fue la de conocer un poquito más a mi peluda. Y, por ejemplo: ahora sé que a Leia le gustaba jugar con otros perros y morderles la cola, que le enseñó a cerrar puertas, que le traía la correa y que iba aprendiendo la obediencia pasos agigantados.


Me encantó poder tener tanta información de primera mano, me pareció un detalle mágico, es como recibir un regalo con postal. Sin duda, el mejor regalo fue recibir a Leia, pero si después viene con una dedicatoria como esa libreta por parte del educador, es mucho mejor.


Así que como comprenderéis si ya estaba agradecida del buen trabajo que ha hecho con Leia, al enterarme que había estado llevando a cabo un diario de sus avances, sin que nadie se lo pidiera, me encantó mucho más. Me quedé sorprendida, emocionada y contenta.


La verdad, es que leí un artículo sobre los presos que están en el programa de “Puppy raiser” y decía que estos presos se vuelven más tiernos, más empáticos y no vuelven a reincidir. Además los resultados que consiguen con los futuros perros guías son impresionantes, quizás porque se esmeran y dedican todo su tiempo a ellos.


Sea como sea estoy muy agradecida de la gran labor que llevó el educador de Leia, ya que, sin duda lo hizo fenomenal, es muy obediente, muy educada y se nota que le dedicó tiempo a la peluda.


Ahora que sé un poquito  más sobre la peluda, ahora que nos vamos conociendo un poquito mejor y estamos trabajando ya en el arnés y en escenarios de la vida real, vamos a seguir dándolo todo, para conseguir que sea un gran tándem. Ya llevamos más de una semana juntas y creo que ya me va conociendo y espero que algo de cariño ya me tenga, porque ella ya forma parte de mi vida. 


Conociéndola ya no me preocupa tanto cómo se va a llevar con su hermana Kenzie, ya que sé que no van a tener ningún problema y nos lo va a poner todo muy fácil, porque ese carácter dócil, tranquilo y juguetón, reo y espero, ayudará a que haya una buena adaptación entre las peludas. De momento seguiremos con la adaptación de conocernos la una a la otra, generando un mayor vínculo, para que la confianza sea el lazo de unión.


En breve tengo que salir a sacarla al park time, así que lo dejo por ahora. 

Vídeo del programa que realiza Leader Dogs en prisiones:    




jueves, 17 de enero de 2019

Día 0: el gran día Conociendo a la princesa

Ayer fue el gran día, el más esperado, en el que las emociones estaban a flor de piel, y es que el gran día de conocer a nuestros perros elegidos por el instructor para nosotros ya había llegado. 

Durante el desayuno el instructor nos explicó que entraría a la habitación de cada uno, y allí nos diría color, raza y nombre y él se llevaría nuestra correa para traerlo. 
De mi grupo de tres fui la primera en recibir a nuestro bebé. 

Inieron a mi habitación y me dijeron qué raza y de qué color, el sexo y el nombre. Aluciné con el nombre porque era fácil, y que vuelva a ser hembra me usta. 


Presentación: 

Os presento a ... la princesa Leia, una labradora negrita  de 17 meses y que es una monada, es una labradora negrita que es muy cariñosa, suave, pequeña, y que no para de mover el rabo. Se le ve muy tranquila, pero eso también apetece, porque además guía bien, la ruta que hemos hecho hasta ahora, y porque es muy cariñosa, no solamente porque no pare  de mover la cola, sibno porque me da unos lametazos por toda la cara. 

Os dejo una foto



miércoles, 16 de enero de 2019

A unas horas...


Y, a pesar de que la tecnología me lo esté poniendo más difícil de lo habitual... primero porque el ordenador no se conecta a la red wi fi, ya que  es una red no segura y no debe confiar en ella... aparte de haber venido con un portátil nuevo y con jaws, cuando yo aún  no lo domino del todo sin embargo, no es problema de no saber manejarme con el ordenador, ya que me han ayudado compañeros, intérprete y no hay manera de que se conecte a internet. 

Ayer hice un super post de los míos, a través del móvil, pero yo no sé donde acabó, qué ocurrió, pero ese post no está ni en borradores ni nada, después de bastante rato escribiéndola...así que como no puedo reproducir todo lo que escribí ayer, en la noche de Reyes, pues escribo ahora.

 
         
Y ahora son las cinco de la mañana, pero es que cuesta mucho dormir pensando que en unas horas conoceré a un nuevo compañero peludo, y es que me muero de ganas...aunque sea renovadora, aunque n sea la primera vez...me muero de ganas. No sé aún si será peludo, peluda, blanco, negro, ni qué nombre tendráno sé nada, pero ya sin conocerle, ya lo quiero, porque ya estoy pensando en él. Puede parecer raro, pero es así....

Bueno, qué tengáis buen día de miércoles, porque os aseguró que el mío  tendrá una carga emocional bestial: emociones, nervios, esperas, conocimiento, ansiedad, novedad, conocimiento, ilusión, nervios, y no voy a seguir para no repetirme, pero os imaginaréis que no será un día fácil. Intentaré escribir , para contaros cómo se llama, pero no lo sé, porque también me apetece mucho crear un buen vínculo desde el principio. Sin embargo, aunque sea haré un post corto, si es que puedo.
Ya os contaré. Feliz día!

martes, 15 de enero de 2019

A 2 días

A dos dias


Tercer día en la escuela: Leader dogs for the blind. Ya va quedando menos para conocer a nuestros peludos y los nervios se empiezan a notar más de lo habitual, y es que en cuanto escuchamos un perro por las instalaciones todos nos alborotamos pensando que puede ser el nuestro. Pero, no, aún no sabemos ni cómo será, ni cómo se llama, ni nada de nada, sin embargo: ya queda menos  para que el gran día llegue, y es que quedan dos días, para hacer las presentaciones.


Hoy hemos empezado a hacer rutas por el exterior del edificio. Las rutas las hemos realizado por separado, cada uno de los estudiantes con intérprete y su instructor. Hoy ya hemos estrenado arnés y correa, sin embargo nuestro perro no era otro que nuestro instructor convertido en Juno, un perro imaginario, que nos va muy bien, sobre todo al instructor, para saber nuestro ritmo. Hemos practicado algunas de las órdenes principales: Forward, straight, left, right, steady, etc... 

Después de recorrer el pavimento externo de las instalaciones de la escuela, bajo  una temperatura bastante fresquita: -11 graditos. Hemos ido a comer y es que aquí a las doce y media estamos llenando el buche.  

Cabe decir que ya no nos sentamos todos los que vinimos juntos, y es que al haber dividido el grupo de 6 personas en tres y tres, cada uno se sienta en el comedor con su intérprete y su instructor. Más que nada, porque durante la comida también se habla de lo que hemos hecho, preguntamos dudas y vemos qué haremos durante el resto de día. 

Después de comer sobre la una y media nos hemos puesto todos en fila, cerca de nuestras habitaciones, para salir por una puerta que da a la calle. Allí de uno en uno, siguiendo las instrucciones que nos indicaban, hemos ido saliendo y subiéndonos en un mini autocar. Cuando estábamos todos en el vehículo, en menos de diez minutos hemos llegado al destino. El destino era llegar a otras instalaciones que tienen en el centro del pueblo: Rochester Hills. Nos han enseñado, gracias a voluntarios, a orientarnos y saber qué tenía la sala, básicamente mesas y sillas para esperar mientras los compañeros hacen ruta por el exterior. Lo he notado cambiado, aunque sigue teniendo forma de L, mesas y sillas, pero han añadido una parte de asientos como de avión, además de una plataforma para poder peinar a tu perro mientras estás esperando, y así generar más vínculo. 
   
Antes de salir a la calle, Kevin nos ha explicado un par de cosas importantes y después ha preguntado quién quería ser el primero, y yo sin dudarlo he contestado, tenía ganas de volver a recorrer aquellas calles, aunque no recordaba: ni nombres, ni calles, ni orientación, pero todo es cuestión de lanzarse. Una vez más quien nos guiaba era el famoso Juno, encabezado por Kevin, quien intentaba ponernos a prueba. Su manera de enseñar me gusta, porque no se limita a explicarnos y ya está, sino que te hace pensar y te pregunta el porqué y si no lo sabe te explica el motivo de por qué llegar hasta el bordillo, de por qué avanzar el pie derecho, entre una serie de porqués que van muy bien ir resolviendo. Además me ha comentado que han variado diversas cosas de cuando yo estuve, y es que ahora el refuerzo positivo se utiliza mucho mas y hay que ir dándole premios, sobre todo de una manera en concreto, para que no le afecte a su trabajo y no modifiquen su postura, es decir que reciban premios sin que se tengan que mover, para no alterar el movimiento, ni la orientación. 

Más tarde, los renovadores hemos ido a una charla con dos voluntarias, una que fue instructora y otra que fue usuaria y psicóloga, junto con otros estudiantes americanos, para saber cóomo hacer la transición entre un perro guía que ya no está, o está jubilado, y el perro nuevo. Ha sido interesante intercambiar experiencias, aunque básicamente a mí me interesaba absorver consejos, para saber cómo actuar con el nuevo peludo y Kenzie. Me han dicho que la presentación siempre tiene que ser fuera de casa, creo que eso ya lo había escuchado alguna vez, pero de todas maneras el instructor ya nos dirá con más detalle cómo proceder ante las diferentes situaciones, y es que ahora, si cabe, es mucho más personalizado.    

Después ha llegado el momento de la cena, y no eran ni las seis de la tarde, pero aquí llevan otro ritmo. Después de comer, siempre hacemos un poco de sobremesa como buenos españoles que somos, las tradiciones hay que cumplirlas. Y un poquito más tarde nos hemos reunido unos cuantos, con las intérpretes, en la sala del piano. Estaba cansada, tenía que redactar este post y seguro que más cosas, pero no quería desaprovechar la oportunidad de pasar tiempo con los compañeros, quienes han venido con un mismo objetivo y nos une  esta experiencia, en la que la emoción, los nervios, la incertidumbre y un montón de sensaciones se juntan y por eso se vive de una forma tan intensa. 

Y, ahora sí que sí, me despido, porque mañana toca madrugar y necesito reponer fuerzas, para seguir mañana con las rutas y poder estar centrada, corregir y estar atenta a las indicaciones que nos facilite el instructor. Y, mañana, martes, quedará mucho menos para que conozcamos a nuestros peludos. A  dos días estamos para que llegue el gran día. 

lunes, 14 de enero de 2019

En Rochester a por un perro guía



11 de enero 2019



Fechas que marcan la diferencia



Y es que si a Kenzie me la dieron un 11 de marzo de 2009, el destino ha querido que ahora fuera a buscar un hermanito peludo para ella también en un día 11, pero en esta ocasión de Enero.  Así que no podía empezar mejor el año que yendo en búsqueda de un nuevo perro guía. Y es que cuando Kenzie se jubiló, enseguida solicité un nuevo perro guía, ya que estoy muy acostumbrada a moverme con perro, y creo y espero que un peludo joven en casa le puede venir bien a Kenzie.


A pesar de que yo tenga resto visual, el hecho de tener dque volver a utilizar el bastón, tal y como conté en Volviendo a los orígenes para mí no ha sido fácil dejar a la peluda en casa y tener que volver a utilizar el bastón. Sea como sea, cuando estaba de Luna de miel en Mauricio recibí un correo electrónico, en el que me convocaban para un curso de perro guía en Rochester, Leader dogs for the Blind, misma escuela en la que vine a buscar a Kenzie.




Así que el día 11 de enero con toda la pena de mi corazón me despedí bien temprano de Kenzie y Carlos me acompañó a Sants Estación, para poder coger un tren con dirección a Madrid. Allí en Atocha había quedado un poco antes de la hora de encuentro con María, la intérprete que vino conmigo a Rochester diez años atrás, no estuvimos mucho tiempo, kpero lo justo y necesario para recordar y sobre todo para ponernos al día. La verdad es que me hizo mucha ilusión verla, sobre todo por anclar el pasado con el presente en una experiencia que me trae tantos recuerdos.  


Después empezaron a llegar compañeros de otros puntos de España, cuando ya estábamos todos los que tenían que llegar al punto de encuentro de Atocha, nos llevaron a la Fundación ONCE del perro guía.  Allí había más compañeros que habían llegado por otros medios a la escuela. Una vez estábamos todos un instructor de la escuela de Madrid, Juan, nos hizo una introducción y nos explicó que él será nuestro instructor de referencia en España. Después de una charla, vinieron el coordinador de los grupos y la directora de la escuela, para que nos presentásemos y explicar cómo estaba la situación, cuántos perros al año se entregan y el hecho de que al año entreguen 24 perros guía provenientes de EEUU se debe a que hay un convenio con el patrocinador: Club de leones.  Remarcó la gran labor que realizan las intérpretes que nos acompañan, en esta ocasión las traductoras son voluntarias de Cruz Roja, una de ellas es la tercera vez que repite la experiencia.  


Después fuimos a comer todos los compañeros y las intérpretes. Por la tarde, sin charlas y sin nada que hacer en la FOPG sirvió para conocer a los compañeros que viajarían conmigo a Rochester con el mismo objetivo: la aventura de tener un perro guía.


Así pasó el día 11 de enero, con los nervios de conocer a quien estará conmigo en una experiencia única que marca tanto.




Día 12 de enero un día que pasó volando


Y es que el día 12 pasó sin darnos cuenta, como un abrir y cerrar de ojos, y es que entre el madrugón para que nos llevasen la FOPG al aeropuerto, coger un vuelo de Madrid a Paris, con las esperas y controles pertinentes…. En París tener que esperar otro vuelo para ir hasta Detroit las horas de vuelo, las esperas, los controles, la recogida de maletas, la ida de Detroit a Rochester, llegamos cargados de maletas, mochilas y mucha ilusión a la escuela de Rochester, en la que había estado diez años atrás.


Cuando al llegar me dieron una tarjeta con el número de habitación, pensé que podría ser la misma habitación que tuve una década atrás, pero al entrar me dí cuenta que no era así, porque no reconocía la distribución. Pero cuando salí al park time, zona para que los perros puedan hacer número 1 y 2, me dí cuenta que la que tenía en aquella época tenía que ser la que tenía al lado. Ahora tengo la habitación 25 y en aquella época tenía la 26, y al estar ahí fumando, con frío y cansada, me emocioné al recordar que volvía a estar ahí, sin los compañeros con los que estuve, sin Kenzie, pero volvía con un mismo objetivo que aquella vez.  Y aunque pueda parecer que no me haga ilusión, porque ya no soy novata y no juego con el efecto sorpresa, puedo asegurar que estoy nerviosa, con incertidumbre, con ilusión y esperando que todo salga bien. Eso sí puede que esté un pelín más tranquila que aquella vez, porque sé qué es un perro guía y sé que todo lo que me puede aportar es bueno, y quizás kpor ello estoy más tranquila, porque sé lo que es.  Pero eso no significa que al ser renovadora lo vaya a tener más fácil, ya que he adquirido vicios, manías y cosillas que me servían con Kenzie, pero ahora será un peludo totalmente diferente con un carácter que no conozco, sin un vínculo creado y es como empezar de cero.  Así que con una sonrisa y cansada me fui a dormir.




Hoy día 13 de enero , domingo


He vuelto a redescubrir cómo son los desayunos en Estados Unidos, contundentes y bien temprano. Después unos voluntarios nos han enseñado la escuela, para que supiéramos movernos por las instalaciones, además de explicarnos enchufes, televisión y demás tecnología que tenemos en la habitación. Ahora hay una televisión que es accesibleun aparato que se llama Alexa que sirve para que te hable, que te diga la hora, el tiempo, etc… aunque solamente lo hace en inglés, debe estar configurado en ese  idioma.


Justo a la hora de comer ha venido un instructor directamente hacia mí, para saludarme, y resulta que era Kevin, el mismo instructor que tuve hace 10 años, quien me entrenó, quien me trajo a Kenzie, y quien formó parte de muy importante de una experiencia que me cambió la vida.  Me ha hecho mucha ilusón, me ha emocionado. Y después de comer, me he enterado de porqué teníamos a dos intérpretes, u es que nos dividen en 2 grupos: tres y tres. Y es que cada intérprete irá con un grupo, con un instructor diferentes y por esas casualidades de la vida a mí me vuelve a tocar con Kevin, la cual cosa me gusta, porque me gustó  mucho como instructor. Y después de la primera charla introductoria, de revivir momentos y presentarnos con él, en mi caso ponernos al día, la clase ha llegado a su fin. Hemos tenido un poco de tiempo, justo para poder hablar con Carlos, y ya cenar. Después al ser españoles lo típico es hacer la sobremesa y la hemos terminado en la sala del piano, que es ya no es lo que era, porque han quitado la moqueta, pero sigue siendo un punto de encuentro y reunión.


Quería haber escrito antes, más y mejor, pero el cansancio, la poca habilidad con el jaws y lo que me ha costado configurar el wifi en el portátil, ya es todo un mérito.


Más adelante ya tendré tiempo para editar y mejorar el post, pero  no quiero perder la oportunidad de publicar ahora que es todo reciente. Mañana tendremos que madrugar, como es normal por aquí, y será uno de los últimos días sin perro, ya que el día de la entrega se acerca: el miércoles será el gran día.


Intento ir escribiendo, y si no a través de redes sociales con el #enbuscadeunperroguía


Nos leemos!

lunes, 31 de diciembre de 2018

Último post del año: 2018 nuestro año



Despidiendo el 2018 



Y ya estamos en el último día del año, un 2018 que ha significado mucho para mí, y que casi que con un chasquido de dedos se esfuma. De lo que no cabe duda es que ha pasado muy rápido, aunque realmente esto hace tiempo que me sucede, no es  como cuando era pequeña que parecía que no llegaba nunca el verano, ni las Navidades, ahora pasan los meses demasiado rápido. Casi sin tiempo para saborearlo.

Esta es una de las entradas más complicadas del año…  
En primer lugar, y a modo de empezar a enfrentarme a nuevos retos, estoy escribiendo este post sin mi gran ayuda visual: mi magnificador, Zoomtext. Estoy escribiendo a ciegas literalmente, tan solo con el sintetizador de voz: jaws. Sé que este paso lo debería haber dado hace bastante tiempo, pero en ocasiones he explicado que al tener resto visual me gusta utilizarlo, y a pesar de que utilice mucha ampliación y pueda parecer que maree la pantalla estoy muy acostumbrada a utilizarlo, sin embargo: es hora de dejar las cuatro ruedas de la bici y empezar a ir solamente con dos ruedas… este símil es parecido a lo que me ocurre delante del ordenador, ya que aunque tenga el software magnificador, en muchas ocasiones tengo que tener el soporte de la voz también. Ahora estoy sin ver la pantalla, simplemente con el soporte de audio que me ofrece el software del sintetizador: Jaws.
Pero, a parte de contaros cómo estoy redactando delante del ordenador y empezar con un reto… también es una entrada complicada porque toca hacer balance del año que ya se despide,. Y, a pesar de que este 2018 me deja muchas cosas buenas, también es época de darme cuenta que el tiempo pasa demasiado rápido (de hecho aún tengo post pendientes, que ya tendrán que ser para el nuevo año).
La verdad es que dada la edad que tengo y sin niños en casa, la fecha de las navidades que más me gusta es la de hoy, el 31 de diciembre, una fecha como otra cualquiera, pero final e inicio de etapa y hora de hacer recuento de lo bueno y malo del año.
Y es que este año no solamente me he casado, con todo lo que conlleva (decisión, preparativos, búsquedas, papeleo, invitaciones, nervios y emoción) también se ha jubilado mi fiel peluda Kenzie, mi perra guía. Por tanto han sido hechos que me han marcado mucho, porque en poco tiempo he sufrido muchos cambios, y no significan para nada que hayan sido malos, simplemente han sido transiciones. Decisiones que cuestan tomar, pero que hay que hacerlas en algún momento de la vida.
Empezaremos por el principio…

Durante el primer trimestre del 2018 Carlos y yo nos comenzamos a informar sobre qué pasos debíamos seguir para legalizar nuestra relación, así que fuimos al Registro Civil y nos dijeron toda la documentación que debíamos presentar. También nos informamos sobre qué diferencias había entre pareja de hecho y matrimonio, y a pesar de que eso depende la Comunidad Autónoma, más valía ya que iniciábamos papeleo, hacerlo bien para que constase en todas partes que éramos una pareja a todos los efectos legales. A todo esto no se lo dijimos a nadie, ni familia, ni amigos, ni conocidos. No era un secreto, pero simplemente no teníamos nada que decir aún.

Durante el segundo trimestre nos pasamos todos los fines de semana visitando lugares en el que poder celebrar ceremonia civil del enlace: masías, hoteles, casas rurales, restaurantes, y a todo ello íbamos haciendo un Excel con el presupuesto de cada sitio. No solamente era importante que nos gustase, si no que tampoco nos arruinásemos. Porque sí, ya habíamos decidido casarnos y todo se iba encaminando, y ya sabíamos que no lo queríamos hacer yendo al registro, firmando y ya, lo veíamos algo frío, así que pensamos que lo mejor era estar rodeados de los nuestros en un día tan especial para nosotros. Así que tocaba ponerse manos a la obra, no solamente con el papeleo que ya se sabe que las cosas de Palacio van despacio… pero nos dimos cuenta enseguida que muchos de los sitios a los que íbamos para consultar precios, disponibilidad y demás, y a estaban todos reservados. No entendíamos cómo era posible, ya que si la gente no sabe qué fecha le van a dar en el registro o en la iglesia, cómo se atrevía a reservar fecha? Pues era así. En mayo ya nos dieron la documentación final del expediente, por tanto ya podíamos elegir fecha, teniendo en cuenta que nadie lo sabía, que necesitábamos organizar y que a pesar de que habíamos visitado muchos lugares con encanto nos habíamos decidido, pero ya era hora. Decidimos el Hotel Bruc, sobre todo por la confianza y profesionalidad de la organizadora, que sin que supiéramos a ciencia cierta que iba a ser nuestro sitio escogido, enseguida estuvo dispuesta a ayudarnos y nos facilitó contacto de un juez de paz, quien podría venir a desplazarse el día del evento al hotel, además de proporcionarnos proveedores de fotografía, maquillaje, etc… además las vistas eran preciosas con la montaña de Montserrat al fondo y teniendo la posibilidad e tener habitación (algo ideal para cambiarse el mismo día in situ, para que Kenzdie pudiera evadirse de tanto jaleo y por si algún invitado quería quedarse)
Así que ya teníamos juez de paz y lugar donde celebrar el evento, sin paripe, todo real… ahora faltaba comunicarlo a todos los nuestros. Como es normal empezamos por nuestros padres, quien se quedaron sorprendidos. Normal a estas alturas ya nadie se lo imagina, pero por eso mismo nos gustaba la idea. Después los amigos. Y más adelante, tocaba decírselo a los invitados, así que preparamos un vídeo invitación, para que fuera personal y más directo y rápido y accesible que una carta de papel. Las enviamos por la aplicación de mensajería instantánea: Whatsapp, la cual cosa nos facilitó mucho la tarea, porque fue de efecto inmediato. Sorpresas, ilusión y emoción entre las personas que lo recibieron, creo que algo de incredulidad ante la sorpresa también hubo. Pero ya teníamos algo avanzado. A todo esto no he dicho que la fecha que elegimos fue el 20 de octubre, así que teníamos unos meses por delante para concluir, o más bien empezar todos los preparativos. Esa fecha fue  elegida, porque  necesitábamos margen, además la mayoría de fechas en verano estaban sin disponibilidad, pero siendo realistas tampoco nos hubiera dado tiempo de preparar todo, y octubre es un mes que es muy significativo para nosotros, porque es nuestro mes y justo este año en octubre cumplíamos 15 años juntos. La fecha nos la ofreció el hotel, y nos gustó porque es un número redondo y no era ni muy a principio ni a finales. Nos jugábamos que hiciera mal tiempo, frío y demás, pero ante la climatología no se puede luchar y no nos íbamos a guiar por ello. Era nuestro año y queríamos que fuera durante este 2018.

El tercer trimestre ya empezaba a notar los nervios, porque todo el mundo me preguntaba por el vestido, y yo no es que no lo tuviera, si no que no tenía ni idea, así que fue momento de ponerse manos a la obra. No sé cuántos vestidos llegué a probarme… pero no daba con el vestido ideal. Finalmente lo encontré, me sentía cómoda y me parecía precioso. Sumado a los preparativos de la boda se juntó que Kenzie iba a cumplir 11 años en septiembre, y en una de las revisiones al veterinario me comentó que debía plantearme jubilarla. Realmente no sé si me lo dijo él o lo comenté, porque uno de mis mayores temores a la hora de jubilarla, no es solo caminar yo sola sin ella, si no que al tener artrosis y no hacer el ejercicio habitual empeorase, pero me dijo el veterinario que no tenía por qué, pero que ella ya no estaba para muchos trotes y que me tenía que ir haciendo a la idea. 
Así que mi nivel de nervios llegó a unos extremos insoportables, con estados de ánimo alterados, pensar que no llegaba a tiempo, sentirme mal por la peluda y tener mil cosas por hacer y no encontrar tiempo para dedicarme a ello… Todo ello repercutió en quedarme si uñas, caída de pelo y perder unos cuantos kilitos.
Este trimestre fue clave, ya que después de ver que tras la lluvia Kenzie y sus articulaciones lo pasaban muy mal, era momento de iniciar papeleo para jubilarla. A todo esto llegó el cumpleaños de Kenzie, aunque no lo pudimos celebrar cómo se merecía, ya que teníamos mil cosas en la cabeza, pero al menos lo paso con nosotros y más de una chuche se llevó.

Cuarto trimestre- meses clave-
Llegó el momento de la jubilación oficial de mi perra guía, Kenzie. En mi puesto de trabajo mucha gente al enterarse vino a despedirse de la peluda y saber más sobre su futura vida, ya  les comenté que ella se quedaba conmigo, en casa con nosotros.
Después vino la boda, tanto preparativo, para que después de la tormenta saliese el sol y todo saliera de maravilla. Un día estupendo que pasó en un abrir y cerrar de ojos.
Un par de días después del evento nos fuimos de Luna de miel un viaje muy largo a un continente que no conocíamos y a una isla paradisíaca: Isla Mauricio. El post lo dejo para el 2019 para seguir saboreando ese destino con vosotros.
Sin embargo, si os digo la verdad, después de una semana de vuelta a la realidad, con el trabajo y sin la peluda, yo ya olvidé lo vivido y quedó como algo lejano, como en una nevulosa, pero es necesario volver a la realidad, aunque a veces hay épocas que es más cruda que otras, y ésta sin duda lo está siendo, porque después de tantos nervios, tanto vivido y ahora seguir volviendo a tu puesto de trabajo sin tu gran fiel peluda de cuatro patas, pues es muy complicado como ya conté en la entrada anterior.
Además de que a nivel profesional también ha habido cambios, compañeros que progresan y cambian de departamento. La cual cosa me alegra por ellos, pero hay épocas que no son las más idóneas, mucho trabajo, tener que formar y a todo esto el vínculo que diariamente se forma con los compañeros es único tanto a nivel profesional como personal, pero hay que aceptar los cambios tal y como vienen, porque hay veces que no se eligen y cuando no está en tu mano el poder de la elección, más vale conformarse con lo que tienes, que no es poco.

Punto y seguido para el 2019
Pero a todos estos cambios no hay que ponerle un punto, ya que iniciaré el nuevo año: 2019 con un nuevo capítulo. Un viaje en búsqueda de otro fiel compañero de caminos, otro peludo. Así que tendremos nuevo miembro en la familia, y me entra en la incertidumbre de saber cómo se llevará Kenzie con su nuevo hermanito/a. espero  y deseo que bien, pero ese miedo de no saber qué peludo me tocará, de no saber ni cómo se llama, ni  de qué color, ni qué raza, ni qué edad, ni cómo se portará, ni qué carácter tendrá,.,..todo eso me asusta, me da miedo no saber cómo se llevarán, cómo lo haremos con dos peludos en casa, ni cómo será la fase de adaptación. Todo son incógnitas sin resolver, pero no son ecuaciones, todo se podrá resolver, pero la mejor formula para resolverlas es el tiempo que todo lo desvela.
No sé cómo habrá sido vuestro 2018 si lo habréis vivido con tantos cambios, emociones, tempestades o con rayos de Sol, pero haya sido como haya sido quedaros con lo bueno, que en 365 días que tiene un año, seguro que hay mucho que te pueda dibujar una sonrisa. Además de lo malo también se aprende…aunque no se puedan cambiar las cosas, es lo vivido y todo queda en el recuerdo. Ahora toca empezar un nuevo año, con ilusión, con retos, con fuerza y con valentía para enfrentarnos  a todo lo que venga. Feliz 2019!
Todos los sueños se pueden cumplir, costarán más, costarán menos, pero poco a poco el tiempo será el gran filósofo que sabrá resolver todas tus preocupaciones. Sin embargo, todo dependerá de cómo lo quieras plantear tú. Déjate llevar, y verás qué nos depara el futuro, pero no dejes de sonreír, abrazar y vivir  los momentos. 



jueves, 13 de diciembre de 2018

Volviendo a los orígenes


Enfrentándome a la realidad 


Hace un mes que volvimos a la realidad plenamente dicha, es decir: volvimos a la rutina y al trabajo. Siempre es duro volver de unas vacaciones, pero si además de un descanso, de un viaje, es volver de la luna de miel (que ya os contaré la aventura de isla Mauricio), si además de todo eso le sumas volver sin mi fiel acompañante Kenzie, todo se hace más cuesta arriba.       

¡No os asustéis! Kenzie está estupendamente, a pesar de los achaques de la edad, pero ya no trabaja. Después de once años se merecía un descanso, y, ahora ya no guía, ha colgado el arnés y lo ha cambiado por una simple correa. Kenzie se ha jubilado. Fue una decisión bastante complicada para mí, pero si la quiero, que la quiero muchísimo, era una decisión que debía tomar. Puede que la hubiera tenido que tomar antes, pero nunca te lo planteas, o mejor dicho: no quieres planteártelo, porque no quieres ver que los años pasan. A pesar de que lleva unos años con artrosis, no era nada malo que siguiera guiando, ya que, como a las personas mayores, les va bien caminar, y el hecho de guiar la mantenía: despierta, concentrada, en activo, útil y sobre todo en forma, que es de lo que se trata a la hora de fortalecer los músculos. No significa que ahora no haga nada de ejercicio, ppero lo hace libremente, sin el arnés, sin la presión de equivocarse, sin flojeras, sin que ella quiera guiarme y vea que no puede.
Es muy duro comprobar que nos hacemos mayores, que ya no somos capaces de hacer lo que hace años hacíamos a la perfección. Y, a veces se me caía el alma cuando, sobre todo después de un día de lluvia, humedad, ella hacía todo lo posible por guiarme de maravilla, pero sus articulaciones le fallaba y era yo quien tenía que ir delante con el bastón y ella detrás sin guiarme, pero acompañándome. Otras veces, nos hemos encontrado ante la tesitura de unas escaleras que era incapaz de bajar y tenían que ayudarle, en ese momento me sentía inútil, por no poder prestarle toda la ayuda que necesitaba y por verla sufrir.
Sé que la artrosis va a ir a más, mejorar y rejuvenecer  no es posible de momento, así que me tengo que ir haciendo a la idea de que me tengo que preparar para prestarle toda la ayuda posible, ahora seré yo su fiel escudero, y estaré ahí para ser su guía a tientas si hace falta.

Lo bueno, es que ahora llego a casa con más ganas que nunca, porque sé que hay alguien esperándome. Intento abrir la puerta muy poco a poco, para que le dé tiempo a venir a saludarme. Y si vierais lo contenta que se pone al reencontrarme, eso no tiene precio, mueve la cola con una fuerza impresionante, la cual cosa es como si me sonriera de oreja a oreja. Así que con esta frase habéis entendido que ella no nos ha dejado, ni nosotros a ella. Simplemente ha dejado de ser un perro guía, para convertirse en un perro más, ha dejado la profesión, pero sigue siendo un miembro más de la familia.

Aún me sigo encontrando con personas del trabajo que me preguntan por ella, ya que era un miembro más. Cuando me preguntan por ella, aunque esbozo una sonrisa y les explico lo bien que está en casa, siento añoranza de no tenerla a mi lado. Y, es que ahora es como si yo no fuera yo, me falta una parte de mí, aunque la vea cada día afortunadamente. Pero, ahora tengo que batallar con las barreras que me encuentro en el día a día, y no es que antes no estuvieran, pero estaba Kenzie para esquivármelas. Ahora cuando no hay nada en el pavimento, puede que una baldosa esté mal colocada y haga salto de pértiga. En otras ocasiones, hay una farola, o un panel promocional, unas mesas y sillas  - y con lo que a mí me gustan las terrazas, llego a odiarlas-, después están los árboles, esos que siempre han estado y donde se paraba Kenzie a dejar su huella, pero que nunca acababa dentro, y ahora no es que acabe dentro, porque primero va el bastón, pero ya es un obstáculo más en el camino. Además están las farolas, que también han debido estar ahí siempre, pero que ahora al chocar con el bastón suenan, te suenan y te descolocan. Además de las obras, y es que ya me lo dijeron hace mucho tiempo en la ONCE, la calle cambia cada día: cuando no es  una persona, es una valla, y si no es una correa extensible de algún perro, y si no algún coche, moto o bici mal aparcada. Y, es que hay obstáculos, que ahora no esquivo, porque no lo veo, si no que tengo que rodearlos con el bastón, y ya te frenan en tu camino. Aunque he decir que hay mucha gente que  ofrece ayuda, quizás mucha más que cuando iba con Kenzie, no sé si es que la gente se piensa que los perros guía les van a morder,  o como me pasó una vez que ya se piensan que hasta van a hablar y me van a decir si puedo cruzar. Por favor, un poco de empatía, tengamos perro guía, bastón, otra discapacidad o ninguna, si solicitamos ayuda es porque la necesitamos. Siempre me han dicho, y lo he comprobado, que es mucho más fácil ofrecer ayuda que pedirla, así que encima que la pides, no juzgues y si puedes ayudar, hazlo, se agradece mucho.  
Y no solamente la echo en falta por todos esos detalles de ser mi fiel escudero y lograr esquivar miles de barreras, sino que ganaba seguridad, velocidad, agilidad, confianza y autonomía. Ir con ella hacía que casi ningún reto se me pusiera de por medio, ella me hacía más fuerte. Y, ahora parece que yo no soy yo, pero es que me falta una parte fundamental de mí. 

Así que imaginaros la situación, volver de un sueño, para chocarte literalmente, con la realidad. Y, es que aunque el bastón sea una gran ayuda, siempre lo he detestado, porque me frena y pone de manifiesto mi discapacidad. Es una tontería, porque después lo doblo y nadie sabe si veo o no. Por el contrario, aunque Kenzie se haga una bola, sigue estando ahí, y no es fácil de esconder, pero ya no soy la chica que no ve, soy la chica del perro, y prefiero mil veces ser la chica del perro que no la que no  ve.

No me arrepiento para nada de haberla jubilado, porque ganará en calidad de vida, porque se lo merece y porque es lo mejor para las dos. Sin embargo, a mí no me gustan los cambios y parece que esté año sea el año de las transiciones. Los inicios, en cualquier campo, son duros, y no es nada nuevo llevar el bastón, pero sí que es retroceder en autonomía. Sé que ella está bien, y me tengo que sentir afortunada de tenerla, pero ya no me acompaña en  mi jornada diaria, y eso es duro. Sin embargo, no podía ser egoísta, ella no podía seguir guiando, no tan solo por la artrosis, si no porque la edad hace de las suyas y ya se cansaba más de lo habitual. Y, sinceramente no la veía con ganas cuando le ponía el arnés. Es contradictorio, porque por un lado no quería trabajar, le daba pereza, pero por otro, cuando ella escuchaba que el momento de la jubilación estaba cerca, daba todo de sí, y no se convertí a en una simple guía, si no que lo hacía de maravilla y con agilidad. Por tanto, me desconcertaba, y no sabía qué era lo mejor para ella. Pero, cuando me encontré ante situaciones, en las que nos encontrábamos con limitaciones, ví que era hora de frenar y dar el paso.

La decisión estaba tomada. El veterinario redactó un informe , en el que explicaba todos los achaques que estaba padeciendo. Lo envié a la Fundación ONCE del perro guía, y me contestó un veterinario dando el ok. Más tarde, recibí una carta formal explicando que Kenzie estaba dada de baja como perro guía de asistencia. Y siguieron los papeleos, entre ellos: un contrato. Yo me quedaría con Kenzie y tendría yo la potestad, ONCE ya no la tendría y yo dejaría de ser usufructuaria, para convertirme en propietaria legal.  Después de tanto documento, llegó el momento de retirarla. Ahora se pasa gran parte del día viendo la tele y disfrutando con sus peluches. Me alegra que se quede en casa, sobre todo en días de lluvia, porque sé que a ella no le gustan nada, y cuando hay lluvia: sale, hace sus necesidades y sube rápidamente a casa, para intentar mojarse lo menos posible. 

Me encuentro con emociones encontradas: Por un lado me siento orgullosa de haber lado el paso, por otro no sé si debí hacerlo antes. Por un lado me siento contentísima de verla cada día, de que esté con nosotros y de que esté, dentro de lo que cabe bien, pero por otro me siento muy triste de no poder tenerla a todas horas conmigo, ahora ya no es mi sombra, ahora me tengo que enfrentar a las dificultades del camino  yo sola. 

Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Sin embargo, a veces no encuentro el camino, y cuesta mucho andar cuando el alma te pesa, cuando te  topas con obstáculos y parece que todo el mundo te mire. No soy el centro del universo, no soy la única que va con bastón, pero, realmente es duro volver a una época complicada: los orígenes de aceptar que tienes dificultades visuales.  

Así que, como veis,  y ya adelantaba hace unos meses en Corre, que el tiempo vuela, la vida está llena de etapas, y a veces: se tiene que cerrar una, para poder abrir otra. Sin embargo, cuando hay tantos cambios, aunque sean positivos, hacen que te descoloquen y ya no sepas para dónde tirar. Y, es que a veces llega todo seguido, sin dar tregua a asimilar lo que está ocurriendo, es lo que tienen las transiciones. De lo que no cabe duda, es que está siendo un año de cambios consecutivos.

La vida está llena de capítulos, y ahora se cierra uno, pero no del todo, porque muy pronto iniciaremos otro. Ahora seguiré andando en el día a día, que ya es mucho, pero con las ganas de llegar a casa para reencontrarme con la peluda. Y, sobre todo, ante cada obstáculo recordaré todo lo que ha hecho por mí.