miércoles, 1 de noviembre de 2017

Retazos de nuestro viaje a Japón y Corea

La aventura asiática 2017


Unas pinceladas sobre nuestro viaje a Japón y Seúl


Habría mucho que contar sobre nuestros días en Japón y en Corea del Sur, hay mucho que nos ha sorprendido, que nos ha impactado, que nos ha gustado, que nos ha disgustado, pero ante todo ha sido un gran viaje.

Un viaje que empezó en Tokio. Tokio, la capital de Japón, es una megalópolis: una gran ciudad llena de gente, edificios y una vorágine que no para en las 24 horas del día. Podría decir que es estresante, pero no lo es, a pesar de la contaminación acústica y lumínica que se vive en la gran urbe. Los japoneses son muy disciplinados, callados y organizados. Esas características de los habitantes de esa ciudad permite que haya un gran orden, en ningún momento hay choques entre personas, a pesar de cruzar todos al mismo tiempo un cruce con multitud de personas, ni que haya discusiones en el metro, ni en ningún transporte público. El respeto es impresionante y las cabezadas y el prestar ayuda al prójimo está a la orden del día en el transporte público. Nos sorprendió ver a tanta gente trajeada, niños con uniformes que iban al colegio, adolescentes con sus faldas y estética de instituto y adultos que parecían que vestían todos iguales. Entre que ya nos cuesta distinguir a los asiáticos, si encima visten de forma muy similar, cuesta más distinguirlos. 
En Tokio no hay momento para el aburrimiento. Teniendo en cuenta que los tokiotas viven para el trabajo, el poco tiempo que tienen es para gastar el dinero. El consumismo está por todas partes, y quizás por ello vemos centros comerciales por todas partes, en el metro, en edificios de más de diez plantas, tiendas escondidas, etc. 
Además, es frecuente que no se preparen tupper para comer, ya que tienen la posibilidad de comer a cualquier hora, lo que quieran y a un precio más que apto para cualquier bolsillo, casi que es más caro ir al supermercado y comprarte algo para cocinar, que ir a cualquier restaurante y comer unas raciones generosas a un bajo coste.
Los edificios de oficinas se combinan con restaurantes en la planta 12, tiendas, y pisos de viviendas. Cuando entras en cualquier edificio no sabes qué te vas a encontrar, es toda una sorpresa. Pero, también tienen sus parques, grandes parques en los que escapar del bullicio y el estrés. En esos parques o en rincones inesperados, puedes encontrar templos, algunos más grandes que otros, pero en el que respirar el aroma del incienso y sentirte en paz con el ambiente sintoísta que estos regalan. 
Hablar de Tokio no es hablar de una gran capital, es una ciudad en la que encontrar: tecnología, manga, anime, personas serias, divertidas, raros, pero es una ciudad que no te dejará indiferente.  
Pasear sin prisas por las calles de Tokio es todo un descubrimiento, porque entre las tiendas que hay, te puedes encontrar de todo: una tienda especializada solamente en ganchos, otra de peluches, otra de videojuegos, otra de manga. Sobre todo, si vas por el barrio de Akihabara,  podrás ver pequeños comercios de electrónica, otros de muñequitos de anime y otros establecimientos para los llamados otakus. Desde Shibuya, Guinza, Asakusa o Shinjuku, entre otras prefecturas forman parte de la ciudad de Tokio, todas esas áreas conocidas por una u otra razón, pero que no te puedes marchar sin visitarlas.

Rascacielos Tokio



El segundo destino que descubrimos fue Kioto, una ciudad localizada en el centro de Japón. Mucho más tradicional que Tokio, en la que encuentras paz interior enseguida, quizás porque su estilo está basado en la tradición de la antigua China, donde reina el Feng shui, una filosofía que gracias a la ocupación consciente y armónica de todos los elementos, consigue que de una sensación positiva. No sé si por el feng shui, si por su historia, por sus monumentos, por sus templos o por qué, pero realmente esta ciudad nos encandiló. A pesar de que en Kioto no tuvimos mucha suerte no la meteorología, pudimos visitar la tradición de Japón en pleno estado y con el elemento natural de la lluvia, que no cesaba de acompañarnos. Y, a pesar de que hacer turismo, acompañados de paraguas, chubasquero y en ocasiones con el frío de las gotas que iban calando, no es que sea muy agradable, y podría parecer que empañan las imágenes, los recuerdos y las anécdotas quedan ahí. El primer día fue maravilloso sin lluvia de por medio, con una temperatura excelente y con un montón de toris que nos daban la bienvenida. Esos toris los encontramos en el santuario Fushimi Inari, un recinto de visita obligada y gratuita. En el que te encontrarás toris rojos, puerta de entrada al mundo espiritual. Cabe decir que la mayoría del recorrido va acompañado de escaleras. Escalones, escalones y más peldaños, que por su antigüedad en muchas ocasiones no tienen barandilla, para ayudarte a subir, pero el esfuerzo merece la pena. Respiras naturaleza, incienso, paz y esos elementos naturales de la madera de los  toris plantados allí desde cientos de años, hacen que sigas el camino.
Kioto es una de las ciudades más antiguas de Japón, conocida por sus templos, sus monumentos, las Geishas y su famoso Protocolo de Kioto. No deja indiferente a nadie, y si te descuidas te enamorará, como nos sucedió a nosotros.

En el santuari oFusimi Inara


Osaka fue el tercer destino y la tercera ciudad más grande de Japón. Aunque por sus dimensiones podría semejar a Tokio, no me pareció nada similar. A pesar de ser muy diferente con Kioto, ya que no encuentras tantos elementos tradicionales, y sí más edificios altos y gente por todas partes. Sin embargo, no ví el orden que se respiraba en Tokio, con eso no quiere decir que nos llegásemos a chocar con nadie, pero no era igual que Tokio. En Osaka las te puedes encontrar igualmente cosas de anime, pero a un precio más razonable que lo que te encontrarías en el famoso barrio de Akihabara en Tokio. Además, de seguir viendo en cada esquina un restaurante, para deleitar la gastronomía japonesa. En Osaka, como en otras partes de Japón, es típico los famosos okonomiyakis, una especia de tortilla que lleva un poquito de todo. 
Osaka no solamente son coches, contaminación y edificios, a pesar de que la primera impresión al llegar sea esa. También tiene su famoso castillo, fundado en el siglo XVI, con su característica torre que puedes ver de lejos. Puedes entrar dentro del castillo, pero no te encontrarás un museo como tal, si no multitud de recursos multimedia que te explicarán la historia del Castillo. Está situado dentro de la ciudad, de fácil acceso con el metro, y dentro de un parque. 
Osaka no nos llamó tanto la atención como otras ciudades, no sabemos el porqué, pero no nos atrajo tanto como otras, aunque, sin duda: su castillo, sus calles comerciales y su gastronomía también sumó puntos, para que no nos desagradase.

En el castillo de Osaka


Hiroshima, una de las ciudades de Japón más conocidas tristemente por su historia. En esta pequeña ciudad, que supo resurgir de las cenizas y seguir adelante a pesar de la tragedia vivida en 1945, trasmite: silencio, respeto, magia y paz.  Pasear por el parque de la paz no deja indiferente a nadie, a pesar de que haya gente, el silencio se palpa. El respeto de niños que van de excursión impresiona, todos con la cabeza hacia el suelo, callados y quietos, en señal de respeto para quienes perecieron. La magia de una ciudad que supo seguir adelante y volver a construir de nuevo todo desde cero. La magia de árboles centenarios que aún perduran, a pesar de la gran tragedia que vivieron. La magia de un edificio que aún sigue en pie, su cúpula medio destrozada, sin ventanas, sin puertas, solamente se mantiene su estructura, pero forma parte del espíritu de fuerza y resistencia de los habitantes de Hiroshima. La magia de los ciudadanos que no olvidan, pero que perdonan y luchan por la paz, deseando que todas las armas nucleares desaparezcan, para que no se viva una desdicha como de la que tuvieron que reponerse.

Edificio con su cúpula en Hiroshima


Miyajima, Itsukushima  una pequeña isla que se encuentra a 50 km de Hiroshima, en Hatsukaichi. Se puede llegar de forma rápida y fácil, gracias a un ferry, que si tienes el Japan Rail Pass (totalmente recomendable) te saldrá gratuito. Nada más pisar la isla te toparás con uno de sus habitantes más singulares, ciervos. Bambis que se acercan a ti sin ningún reparo, no con la intención de hacerte daño, pero sí con el objetivo de comer, aunque sea el mapa que llevas en la mano, cualquier cosa les vale, para saciar su gula. Están muy cuidados, muy familiarizados con los turistas que nos acercamos a la isla. Son pacíficos, nada molestos y es toda una atracción ver ese tipo de animales sueltos y a sus anchas. Sin duda, la imagen más característica y famosa es el tori gigante, cuando la marea sube, es un tori mágico, un tori flotante. Una de esas puertas espirituales que se encuentras en el mar. Lleva miles de años, conviviendo con el mar, las algas y otros elementos. A pesar de que es de madera, aún perdura en pie y siendo un icono espiritual y lleno de luz, para quien lo visita. Quizás por ello este lugar fue proclamado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996.   
Un último consejo, aparte de no poder irte de la isla sin ver y tocar el tori gigante, ni los ciervos, te recomendamos que pruebes las ostras. Un manjar delicioso que lo preparan de multitud de maneras.

Puesta de Sol con tori  en Miyajima


Fukuoka situado en la prefectura de Kyushu, al sur de Japón, es un lugar tranquilo. Para nosotros fue un lugar de encuentro, un lugar de paso y un descanso. Sinceramente no visitamos gran cosa, la lluvia volvía a hacer de las suyas, pero tuvimos la fortuna de reencontrarnos con un viejo amigo japonés, que nos sirvió de guía. Un guía no tanto de la ciudad de Fukuoka, ya que él no vive allí, pero fue para visitarnos, sino que fue un gran anfitrión, para enseñarnos un poquito más sobre la cultura japonesa. Nos adentró en la gastronomía: probando el shabu-shabu, un plato japonés de carne, en que a tipo de fondue te preparas la carne con salsas. Toda una experiencia cocinarte la carne cruda en la mesa, mientras en las ollas hay unas salsas, una negra, otra blanca, y vas incorporando los ingredientes que gustes.  No dejó de sorprendernos y para cenar, fuimos a un yataí, puesto callejero, en el que te sientas en un taburete y te pueden servir ramen o lo que gustes. En nuestro caso, Yusuke eligió por nosotros, y así pudimos descubrir: lengua, culo, corazón de ternera, jamás hasta antes probado. Todos esos grandes descubrimientos para el paladar se sumaron a los ya conocidos yakitoris, pinchos o brochetas de pollo con diferentes ingredientes y salsas.  Por supuesto, todo ese manjar con la guinda final de un sake para brindar por los encuentros. Ese era nuestro último día en Japón, pero no el final de nuestra aventura asiática.

Pinchos con algas, brochetas


Al día siguiente viajamos de Japón a Corea del Sur. Seúl nos esperaba. La capital de Corea del Sur nos recibió sin lluvia, un gran presagio para los días que vendrían. Mientras en Japón descubríamos el porqué de tanta lluvia, y es que, tal y como nos habían comentado en algún alojamiento, se acercaba un tifón, y eso ocurría mientras nosotros ya estábamos en Seúl. En seguida descubrimos que habíamos abandonado Japón, el orden, el escándalo de las voces, y la suciedad estaba mucho más presente que en la ciudad del Sol naciente. Seúl nos recordó en la actitud de las personas, no tan serviciales, ni agradecidas, un parecido a España. Estábamos en Asia, pero era una parte diferente, sin tanto orden, sin protocolos, sin la predisposición por ayudar que caracterizaban a los nipones. Aunque ya se sabe que las comparaciones son odiosas, pero no podíamos evitar hacerlas. Cabe destacar, que en Seúl en cuanto a la barrera lingüística fue más llevadera, porque dominaban mucho más el inglés que en Japón. 
Sin embargo, para mí el olor es muy importante, es uno de los sentidos que puede hacer que algo te guste o no. Por desgracia, por la época del año que viajamos, otoño, nos encontramos con unos árboles llamados Gingko que huelen de forma horrible, como si hubieran excrementos por toda la acera. De hecho, en una de las calles que sabíamos que estaban plantados esos árboles, íbamos por la de enfrente, aunque tuviéramos que dar más rodeo, porque era muy desagradable tener que pasar por ahí. Eso sumado al olor del kimchi y de la comida picante por todas partes, hizo que el sentido del olor tuviera nostalgia de aquellos días en templos con incienso. 
Seúl es como Tokio una megalópolis, una ciudad de grandes dimensiones y con áreas de metropolitanas que hace que aún sea más amplia. Con más habitantes que Tokio, Seúl cuenta con casi 10 millones de habitantes. No nos llegó a agobiar, porque no tuvimos la valentía de ir en metro en hora punta, no era necesario, además ya lo vivimos en Tokio y no fue nada agradable. 
Seúl tiene muchos edificios altos, lleno de oficinas y trabajadores. Vimos que la cultura de trabajar, trabajar y trabajar está muy patente, solamente cuentan con 3 días de vacaciones al año, o los más afortunados con 5 días. Los supermercados están abiertos hasta las doce de la noche, para que puedas ir a comprar siempre que quieras, y si no, como sucedía en Japón, tienes las tiendas de 24 horas que son pequeñas, pero para una emergencia te puede venir bien.

Al ser una ciudad tan grande, no solamente nos desplazamos en metro, si no que viajamos en: autobús, tren, metro y taxi. No es una ciudad cómoda, para hacer turismo, porque todo está en un sitio distinto, y las distancias son considerables. Por fortuna, teníamos la suerte de contar con una excelente guía, Eunha, una coreana que conocimos en nuestra etapa de Dublín. Ella estuvo informándose de los sitios que visitar, que eran los mismos que teníamos apuntados en nuestra lista, de los recorrido s que teníamos que realizar para llegar a cada punto de interés. Sinceramente, ella misma nos lo reconoció, le sirvió para conocer más a fondo su ciudad, ya que visitó junto a nosotros templos que no había visto, puentes de reciente construcción, paseó con nosotros entre mercadillos como el de Nambaenbu. Además nos llevó a restaurantes, para que probásemos la comida coreana, siempre acompañada del kimchi y de algo picante. Incluso probó los famosos pulpitos vivos, que se movían y queríamos experimentar la sensación de comerlos. 
Gracias a ella descubrimos un poquito mejor la ciudad, haciéndonos de intérprete y siempre atenta a que no nos faltase de nada, y que nos llevásemos buena impresión de su ciudad. Amable y complaciente deseando que nos gustase la comida que ese día había elegido para que degustásemos. Agasajándonos con obsequios típicos de corea, para que nos quedásemos con un buen recuerdo. Sin duda, el mejor sabor nos lo llevamos por haber podido reencontrarnos con ella, por haber utilizado sus pocos días de vacaciones, para enseñarnos su ciudad. Realmente quizás si ella no hubiera estado viviendo en Corea, quizás no la hubiéramos visitado, pero nos ha servido de excusa perfecta para conocer un país más, un país cercano a Japón, pero muy diferente, quizás más semejante al país que también tienen cerca, China.

Árboles que evitábamos por su olor



Este ha sido un resumen de los lugares que hemos visitado. Por supuesto, quiero ir profundizando cada uno de los sitios visitados. Sin embargo, ha servido, para hacer un breve recorrido por los lugares en los que hemos estado durante estas vacaciones otoñales de 2017. Ha sido un descubrimiento tanto de país, de continente, de cultura, gastronomía y de sus gentes.  Estas pinceladas no forman el cuadro con todos sus detalles, pero sirve, para realizar un esbozo de lo visitado. En próximas entradas, iré centrándome un poquito más, pasito a pasito, con todo tipo de detalles, esos pequeños detalles que conforman una gran imagen de lo que fue. Esos pequeños grandes detalles que hacen que algo sea diferente y cambie por completo la percepción. Esos pequeños grandes detalles que hacen gigante lo minúsculo, que sea un recuerdo solamente tuyo, algo subjetivo, con anécdotas que quiero plasmar, para que no se quede solamente en recuerdos fotográficos y sí en palabras que dibujan momentos vividos.   

Además, también me gustaría profundizar en diferentes temas que me han sorprendido y que necesitan una entrada para explicar a fondo de qué se trata. Temas como: gastronomía, accesibilidad, transportes, idioma, etc.

Os espero en próximas entradas y de momento os dejo con el trailer de la película de nuestro viaje. 




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