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miércoles, 7 de agosto de 2013

EXPRIMIENDO JULIO: Primera parte

Exprimiendo todo el jugo a Julio

Ahora que hemos empezado Agosto, puedo ver el resultado de este dulce e intenso zumo que nos ha regalado el mes de Julio. Os invito a rememorar mi fantástico mes de Julio. En el que he abierto y cerrado maletas en varias ocasiones. Sí, he viajado, con viajes planificados de antemano; y otros que han surgido sin previo aviso. Esos viajes que surgen de la nada, sin pensarlos, a veces, son los que mejor salen. Puedo decir que, he vivido con plena actividad este mes, sacándole el mayor partido, de ahí que haya sabido sacarle jugo, para que se haya convertido en un zumo suculento.   

JULIO:
El mes de Julio parecía que no iba a empezar con buen pie. Empezó siendo lunes y eso mina la moral a cualquiera. Bueno, a cualquiera que esté trabajando, pero por ese entonces yo aún no estaba en plena actividad laboral. A mí me daba igual que fuera lunes o viernes, viene a ser lo mismo cuando no trabajas. Aunque, no me da tanto igual, porque se nota el ambiente en todos aquellos que te rodean, y sientes la alegría de un viernes.

Dejando de lado el día de la semana en el que empezó el mes, julio tenía muy buena pinta. Carlos se había cogido vacaciones para ese mes, y ya teníamos reservado nuestro viaje a Menorca. Repetíamos destino: Islas Baleares. Esta vez, dejamos Ibiza, para ir a Menorca: la isla menos explotada de las Baleares. Tener presente que durante el mes nos iríamos era un gran aliciente para recibir el mes con los brazos abiertos. 

Los primeros días…
La primera semana de Julio retomé el contacto con Livia. Livia y yo nos conocimos hace cuatro años, cuando fuimos a buscar a nuestros perros guías. Las dos junto a cuatro personas más viajamos a Rochester, Michigan, para conocer a nuestros pequeños grandes guías. Ella y yo éramos las únicas chicas junto a nuestra intérprete. Ella volvió a España con su blanquito, Sam, y yo con mi amarilla, Kenzie. A lo largo de los años hemos hecho lo más difícil, seguir en contacto. Siempre que hemos podido hemos hecho alguna quedada para vernos. Ella es de Madrid, pero por circunstancias de la vida, aprobó unas oposiciones de lo suyo: fisioterapeuta en Navarra y ahora vive en Pamplona. 
Tal y como digo, un día de la primera sema de Julio, quedamos para hacer una charla por Skype y ponernos al día. A parte de actualizarnos, me comentó que sabiendo que Carlos cogía vacaciones el viernes día 5, por qué no íbamos a Pamplona para las fiestas.  Se lo comenté a Carlos, perol, aunque le hacía gracia, no quería tomar ninguna decisión hasta que definitivamente estuviera oficialmente de vacaciones.   

Y al final nos vamos!
El viernes, ante la insistencia de Livia, nos animamos a emprender el viaje a Pamplona. El sábado era el chupinazo, preludio de las grandes e internacionales fiestas: San Fermín. Sabíamos que no llegaríamos al chupinazo, nuestra idea era salir el sábado sin prisa, pero sin pausa.
Pensé en llevarme a Kenzie, así estaría con Sam. Pero, Livia, me aconsejó que no, que durante las fiestas todo se desmadraba, y que además, Sam no estaría, porque su compi de piso se lo llevaba a Madrid. La verdad, con tanta gente rondando por las calles de Pamplona, no era sitio para ellos. Durante esa semana de fiestas la población se triplica, y hay mucha más gente: alocada, y aunque no lo estén, es demasiada gente. Además, no solamente hay mucho gentío por todas partes, hay mucha basura, y aunque lo limpian cada día, no es plan de que nuestros perros colaboren con los servicios de limpieza, los conocemos, y al menos Kenzie se hubiera puesto en modo encendido para aspirar. No sólo eso, también podría haber pisado alguna botella rota y hacerse daño en sus patitas. En fin, que no era plan de que viviera San Fermín. Así que, con pena, pero sabiendo que era lo mejor, la dejé con mis padres, sus abuelos. Además, solamente era un par de días…  

El viaje
El sábado, realmente no madrugamos, era el primer día de vacaciones de Carlos, y por mucho que fuéramos a emprender un viaje, también era mejor que el conductor fuera descansado. Ya que, no íbamos a vivir el chupinazo, la intención era salir en cuanto lo viéramos por la tele, pero hubo un jaleo con una iturriña, y no había manera de que se inaugurasen las fiestas. Realmente, cuando ví la cantidad de gente que había en la plaza me asusté y me planteé ir o no, un poco de miedo se apoderaba de mí, ¡qué agobio! Esas manchas que veía en la tele, eran cabezas esperando la llegada del chupinazo. Quizás que el inicio de fiestas cayera en fin de semana, animó a más gente de la habitual a unirse a ella.  Me alegré de no estar entre esa masa, eso hubiera sido un tremendo  agobio.  

¡Y llegamos!
Fuese como fuese, sabía y no era un descubrimiento nuevo, habría mucha gente. Nos subimos al coche sin ver el chupinazo, ya lo escucharíamos en la radio. Después de unas cuantas horas de más, ya que el GPS hizo de las suyas y nos llevó por donde le dio la gana, llegamos. Ya estábamos en Navarra, ahora faltaba encontrar el pueblo donde vive Livia: Barañain. Muy cerquita de Pamplona ciudad. Preguntando se llega a todas partes. Así que preguntamos varias veces, porque estábamos un poco perdidos, y el GPS no ayudaba nada. Nos dijeron que para llegar teníamos que pasar por Pamplona ciudad, ¡Uy, no, gracias! Así que nos indicaron otro camino, para que no tuviéramos que meternos por todo el bullicio, sin embargo, era mucho más lioso, pero más valía hacer más recorrido que meternos en medio de la marea rojiblanca.  

El encuentro…
Nos encontramos con Livia y una amiga suya: Fátima. Nos acompañaron a su casa: nos la enseñó, nos aseamos y nos engalanamos con el tradicional traje de las fiestas. Vestidos de blanco y deportivas. Para completar el vestuario, e ir oficialmente de pamplonicas: Livia nos regaló un fajín rojo y el pañuelo de las fiestas. Ya listos, nos dirigimos a la calle, para vivir el ambiente de las fiestas. Yo estaba muy emocionada, iba a vivir en primera persona las fiestas más internacionales de España: ¡San Fermín!  
Vestidos de Pamplonicas


En el centro de la ciudad se escuchaba mucho jolgorio: música, gente animada, ruido por todas partes. Todo el mundo iba vestido de blanco y rojo… me dio la sensación de que de un momento a otro nos íbamos a perder, por eso íbamos todo el rato agarrados, sobre todo cuando pasábamos por grupos enormes de gente.
Después de hacer una paradita, para comprar algo de bebida y un bocadillo para llenar el estómago. Fuimos a un parque, para ver los fuegos artificiales. En realidad, buscábamos un concierto, pero nos enteramos de que empezaba  más tarde, así que mejor hacer tiempo y disfrutar de los fuegos artificiales.   

Yo estaba embriagada por la emoción de estar ahí, parecía estar borracha, pero todavía ni había bebido. Simplemente, estaba muy contenta de estar allí y me apetecía vivirlo con plena intensidad, absorbiendo todos los momentos. 
A pesar de que a mí, personalmente, no me llaman mucho la atención los fuegos artificiales, ni los petardos. No estuvo mal, no me asusté mucho, bueno, un poquito sí, pero porque es tan estruendoso el ruido que es sin querer. Pero, me gustó escuchar a la gente con sus: “¡Ooooh!” “¡Qué bonitoooo!”,  además Carlos y los demás me los iban describiendo, porque había de diferentes colores. Yo algunos sí que los veía y parecían estrellitas que caían.  La gente estaba muy contenta y eso alegraba.  


Después nos fuimos al concierto de Chambao. Primero le tocó el turno al telonero, que era bastante animado, pero cuando llegó el turno del grupo esperado….la verdad es que no era muy movido. El grupo me gusta, pero, quizás para otros momentos más relajados, allí queríamos bailar, y como que la música no animaba mucho a mover el cuerpo. Estuvimos un poquito, pero enseguida nos fuimos del reciento: un parque gigantesco. Volvimos al casco antiguo y nos mezclanos con el bullicio de la gente y de los bares. Livia y yo estábamos muy animadas e íbamos lanzando cánticos al aire, de los cuales algunos eran seguidos por unos cuantos, eso nos alentaba a  seguir cantando. Después de tomar algunos “cacharos” y al vernos rodeados de extranjeros “jugábamos” a adivinar de dónde serían, después de hacer apuestas, preguntábamos de dónde eran. Entramos en algún bar a pegar algún bailoteo. Pero, sobre todo, caminamos y seguimos moviendo el esqueleto. A medida que la noche iba avanzando, Carlos y Fátima estaban de bajón, mientras ellos bajaban el ritmo, Livia y yo no parábamos. Carlos estaba cansado por el viaje, él había conducido y había sido una paliza. Yo en cambio, quería aguantar hasta la hora del encierro. Sin embargo, había tal marea de gente y faltaban aún unas cuantas horas… que intentamos llegar hasta la calle Estafeta y nos resultó complicado. Fátima me preguntaba que qué quería ver allí, si no vería nada por la multitud de personas que habría, pero yo le dije que aunque fuese ver el ambiente y tocar las maderas, la barrera. Era un poco tontería, tenía razón, ni siquiera era la hora, y había gente muy desfasada, así que entre el cansancio y el no poder pasar, optamos por ir a descansar a casa. Yo quería ir, para ver mi primer encierro, aunque sé que no hubiera visto nada, pero el ambiente hubiera sido increíble. Entre otras cosas,  podría haber escuchado el cántico que realizan antes de la carrera:
“A San Fermín pedimos,
por ser nuestro patrón,
que desde el cielo,
Nos da su bendición.
¡Viva San Fermín!
¡Vivaaaa!
¡Gora San Fermín!
¡Goraaa!”

¡7 de Julio: San Fermín!
Al día siguiente, más descansados, nos vestimos de nuevo de blanco y rojo y nos fuimos a la calle. Decidimos comer por el pueblo, ya que comeríamos mejor. Comimos y nos fuimos al centro de Iruña. Era el día grande: 7 de Julio, San Fermín. Era Domingo y se notaba menos gente que el sábado noche. Pero, nosotros aún estábamos allí para poder vivir todo lo que el patrón de la  ciudad nos quisiera obsequiar. 
Se caminaba mucho mejor por  las calles, porque el tumulto de personas parecía  haber desaparecido; pero… ¡ssshhh! Más vale no decirlo muy alto, ya que en algunas ocasiones, nos encontrábamos  apelotonados en calles estrechas, en las que ni para atrás, ni para adelante, simplemente éramos movidos por la fuerza de  la marea humana. Cuando nos encontrábamos ante esas situaciones, envueltos  de peñas que iban alegrando las calles con sus charangas, era divertido, pero realmente agobiante.  


Hacía mucho calor, para estar en el norte me sorprendió encontrarme ante  esas temperaturas. Así que, después de visitar  la plaza del ayuntamiento, la plaza del castillo y, en general, hacer algo de turismo, fuimos a refrescarnos con un sorbete de limón con champán que hacían en una de las peñas. Estaba delicioso.  Me lo bebí como si fuera agua, ya que tenía muchísima sed. Saciada nuestra sed, continuamos paseando, y por fin pude ver las barreras por donde  hacen el recorrido los corredores del encierro, pasando por la famosa curva de la calle Estafeta. Acabamos nuestro recorrido, haciendo una pausa para descansar, enfrente de la Plaza de Toros, justo cuando todos entraban para ver la corrida de toros. Nosotros, sentados  bajo la sombra de un árbol, con escuchar el ambiente teníamos más que suficiente.  Con las pilas recargadas, reprendimos nuestra actividad callejera: caminando y parándonos ante espectáculos en plazas y calles.
  

Final de fiesta…
Después de no parar de ir a un lado y a otro. Cenamos un bocadillo en la calle y ya estando  en  plena actividad nocturna, nos  dirigimos  al mismo parque donde habíamos estado la noche anterior, ya que actuaba un grupo que nos gusta a Carlos y a mí:La Pegatina. Livia no los conocía, pero, de todas maneras, no dudo  en acompañarnos.  Nos llevamos una sorpresa, al ver que casi ni podíamos pasar de la cantidad de público que había. El mismo escenario que el día anterior, parecía otro sitio  por toda la gente que había. ¡Menuda diferencia!  A pesar de ser al aire libre, hacía un calor agobiante, además, estábamos a una distancia considerable, lo cual impedía que tuviéramos una buena audición…sumado a todo eso, que íbamos cargados con mochila medio rota, hielos,  y  el cansancio acumulado…Por mucho que nos gustase nos fuimos antes de que acabase No aguantábamos tanto empujón, no estábamos del todo a gusto. Por mí hubiera concluido el fin de fiesta, al  día siguiente regresábamos y teníamos que estar descansados, sobre todo el conductor. Sin embargo, Livia estaba súper animada y quería descargar adrenalina, así que fuimos a uno de los bares del día anterior, para que moviera el esqueleto, mis pies no podían seguir su ritmo.  

La vuelta
No sé qué hora sería cuando regresamos  a casa, pero cogí la cama con muchas ganas. A la mañana siguiente habíamos previsto salir a las once, sin embargo, la cosa se demoró un poquito más. Lo bueno de ir en coche, es que te da libertad y eliges tú la hora de salir.  Livia y su amiga nos acompañaron hasta Barcelona. Ellas tenían que ir hasta Sants (la estación de tren de Barcelona) para coger un tren  hacia Castellón. Y así ya que íbamos  hacia el mismo destino, pues  vinieron con nosotros en el coche. El trayecto se hizo mucho más corto,  acompañados por ellas, por Sabina y con una buena elección del trayecto -obviando las malas indicaciones del GPS-.  


Resumen: Solamente fue un fin de semana. Fue un viaje exprés. Sin embargo, fue intenso, inesperado y nos lo pasamos genial. Queremos dar las gracias a Livia por animarnos a ir, invitarnos y ofrecernos  su hospitalidad. ¡Gracias, Livia, por hacernos partícipes de las fiestas junto a ti! :)  Hacía mucho que no nos veíamos,  y reencontrarnos en un  escenario tan diferente me hizo gracia, sirvió para vernos, ponernos al día  y disfrutar de las fiestas juntas. 
Ahora puedo decir que he estado en los San Fermines, fiestas tan conocidas por: norteamericanos,  australianos, bueno, en general, conocidas en todo el mundo, y ahora también por nosotros.
Hemingway, uno de los escritores norteamericanos más reconocidos, reptitió año tras año, porque se enamoró de estas fiestas pamplonicas, y no es para menos, el ambiente que se vive es genuino.   

Fin de la primera parte de JULIO

Recomendaciones: Ir con ropa blanca vieja, que después no quieras utilizar.  Llevar calzado cómodo, tipo deportivas  y que después vayas a tirar…porque lo que llegas a pisar es mejor ni saber lo que es… (nosotros ya las hemos tirado). Y sobre todo, ir con muchas ganas de pasarlo bien, no pensar en los agobios de la gente ni nada, simplemente eres uno más de  la marea que quiere  disfrutar de las fiestas.  

Curiosidades: Visitamos muchos lavabos y estaban muy limpios. El Ayuntamiento para las fiestas  pone al servicio  público  unas casetas de lavabos que están muy limpios, con una persona que va limpiándolos.  No son los típicos  váteres que ponen en Barcelona en fiestas, no son de esos individuales prefabricados. Es una caseta con varias puertas con servicios, y después tienes tu lavabo para  lavarte las manos. Me sorprendió gratamente que pusieran:  servicios públicos, gratuitos y limpios. Fantástico, porque cuando la necesidad apremia y no tienes donde ir….eso ayuda a que la ciudad esté un poquito más limpia, a parte de todos los servicios de limpieza que tienen que salir cada día, para adecentar la capital.    

En próximos días….
Exprimiré mi memoria, para seguir relatando todo lo que Julio ha dado de sí….próximamente… 



Continuará….

jueves, 27 de diciembre de 2012

Crónica de una Nochebuena anunciada

Preludio de Nochebuena 2012 

Texto escrito la tarde de Nochebuena. No lo publiqué, pero como dejé en la última entrada…había condimento y entrada prevista. Ya que está escrita, que menos que copiarla y compartirla en el blog. Así que, aquí está la entrada de la Navidad 2012. 



NI el mundo se ha terminado, ni nada de nada. Lo único que estamos en Navidad, un año más, sin más. Cada año pasa más desapercibida la Navidad, a pesar de las luces y el consumismo que reina por la ciudad. Cuando somos niños se vive con ilusión, y cuando tienes a niños que lo viven con tanta ilusión te lo trasmiten. No es mi caso. No tenemos a nuestro alrededor ningún niño, así que las fechas han llegado casi sin darnos cuenta. Casi sé que son fechas navideñas, porque la gente te felicita las fiestas, porque hemos comprado lotería y porque hoy es Nochebuena y nos reuniremos la familia.

En cuanto a lo de desear felices fiestas, a veces se dice casi sin darnos cuenta, casi por decir. De todas maneras, se diga como se diga, se dice y no está de más, lanzar al viento un buen deseo para el prójimo, por tanto me alegra y se agradece escuchar ese latiguillo final. Normalmente, esa frase se dice al final de una despedida, una buena despedida, deseando felicidad al otro. Sin embargo, ya hace tiempo que dejé de enviar postales. Esa tradición se ha perdido, no es que porque yo no lo haga ya no lo haga nadie, pero siendo realistas es mucho más efectivo un correo electrónico, que sabes que llega a su destinatario, sin pérdidas por el camino, y es mucho más inmediato. Pero, ¿y dónde quedó la gracia de abrir el buzón y encontrarte esas postales escritas a mano? Quedó relegado a años anteriores. Lamentablemente, todo aquello que la tecnología suple, va quedando para los recuerdos. Escribir postales navideñas requiere tiempo, esfuerzo y dinero, algo que se puede sustituir por diferentes medios más inmediatos: e-mail, sms, whatsap, etcétera. Da igual como se haga, aunque algunos de los medios como el tradicional guste más, la cuestión es llegar al objetivo final: felicitar las fiestas navideñas a todos los que quieres, deseándoles lo mejor.

La lotería, parece que todo el mundo espere al 22 de diciembre, para ver si la suerte cambia y un poco de dinero llega a sus bolsillos. Desgraciadamente, en muchos de los casos, solamente sirve, para que ese dinero desaparezca de tus bolsillos comprando décimos no premiados. Sin embargo, el azar es lo que tiene, que si no compras seguro que no te toca. Este año no nos ha tocado nada. De hecho, yo ni he comprado, así que obvio que no me haya tocado. Pero, Carlos sí que había comprado algún décimo de los que jugaba su empresa, siempre queda bien comprarlo, más que nada, porque si toca y no has comprado pasas a ser denominado como: el pringado. De esos números, hay uno, que al menos, le ha tocado la devolución, así que es como si no hubiera perdido nada. Pero, vamos, que aunque sea un número, una participación o algo, seguro que todos jugamos, aunque sea porque alguien te haya regalado algún número. Como digo, un año más no salimos de pobres, aunque ya dicen que lo importante es la salud. Además este año hay una novedad: el premio gordo de la lotería ha tocado en nuestra barriada: La Verneda. Me hizo gracia ver el establecimiento de loterías, que lleva más de 20 años allí, por la televisión, y sobre todo ver la celebración y la gente saltando de alegría. A pesar de que no creo que nadie de los que fueron agraciados estuvieran allí celebrándolo. También, me hizo gracia escuchar comentarios por los medios de comunicación, del estilo que había tocado en una barriada humilde y muy afectada por la crisis, y es que es verdad; es un barrio humilde y donde durante este año se han producido bastantes desahucios. Así que, aunque este año no nos haya tocado, al menos me alegro que haya tocado tan cerquita. No me arrepiento de no haber ido este año a comprar a esa lotería, porque aunque hubiera ido allí, ¿quién dice que hubiera cogido ese número? Yo no, porque tampoco cojo el número por n ada en especial, así que puede que sí, pero también hay bastantes probabilidades a que hubiera comprado otro número.

En cuanto a que hoy es Nochebuena, pues sí. Hoy es Nochebuena y mañana es Navidad. Es lo que tiene que sea 24 de dicembre, que cada año se repite Nochebuena y los peces y los humanos vuelven a beber. Bueno, dejando de lado los villancicos, hoy es el día, en que nos reunimos los miembros de la familia: para cenar, para vernos, para estar juntos, y ponernos al día. Sin embargo, hoy faltarán algunas personas importantes en la mesa: una de ellas es mi prima Susana, que como ya es una mujer casada y hay que repartir, pues la Nochebuena le toca pasarla con los suegros. De todas maneras, sé que en otra fecha la veré, y oye, si le toca ir a casa de los suegros le toca, no vale escabullirse. A mí me toca mañana (Navidad) ir a casa de la familia política. Aquí todos tenemos que cumplir e intentar repartirse equitativamente.
Pero, hay otra persona dentro de la familia, que faltará: mi abuelo. No, porque esté con su hijo, y no le toque pasar las fiestas con nosotros, que también. Sino que, el pobre, desde hace unos días está ingresado en el h hospital. Resulta que, llevaba unos días que le costaba bastante respirar y, el ventolín ya no le ayudaba, ni le hacía mucho. Así que, la familia con la que está le llevó de urgencias, y ese susto se convirtió en un ingreso. Ayer fui a verlo, y le daba igual que fueran fiestas, a pesar de que ya se encontrase mejor, parece que no tuviera muchas ganas de que le dieran el alta. Él estaba bastante bien, que la cena estaba muy buena y estaba a gusto. Imagino que, cuando llegas a ciertas edades ya te da igual la fecha del año que sea y lo que se haga, son demasiados años, demasiadas vivencias y parece que haya perdido la ilusión por todo y por la época del año que sea. Solamente, espero y deseo que se recupere, que aunque él crea que está muy bien en el hospital, allí no le van a dar el cariño que le espera en casa, además si está fuera del hospital, de esa habitación pequeña, significará que estará recuperado. Los achaques no hay nadie que se los pueda quitar del todo, porque vienen con la edad, y si ya tiene más de noventa…aunque le cueste asimilarlo, no es un chavalín, para que esté dando saltos, brincos y caminando sin cesar, es normal que algo le duela. Pero, en este caso, espero que no tenga tantas dificultades para respirar y le envíen para casa.

Continuará…. 

Todo lo que tiene un principio, tiene un final. Las fiestas, los banquetes, las reuniones y las celebraciones no han terminado, así que con resaca, empacho o lo que sea volveremos,  para contar más cositas. ¡Felices fiestas a todos!