lunes, 7 de septiembre de 2026

Retales del alma

 RETALES DEL ALMA

15 SORBITOS LITERARIOS

Septiembre es un mes de vendimias y recolecciones, de finales y comienzos.

Un mes de vueltas: a las rutinas, al colegio, al trabajo, a los horarios que durante el verano dejamos un poco de lado.

Pero también puede ser un mes para volver.

Para mí, septiembre llega este año con un retorno especial: el de La Maleta de Pili.

Después de tanto tiempo sin publicar, quizá no haya mejor manera de retomar la escritura que jugando con ella.

Hace tiempo escribía microcuentos. Pequeñas historias, pensamientos e imágenes condensadas en apenas unas líneas. Y mi mente, que llevaba demasiado tiempo acumulando palabras sin darles salida, me pedía volver a ese ejercicio.

Estoy oxidada, así que disculpad si estos retales no son especialmente lúcidos. Pero mi mente necesitaba este tipo de ejercicio, así que permitidme la licencia de ponerme a ello.

Algunos son historias. Otros, pensamientos. Otros simplemente imágenes que necesitaban encontrar su lugar sobre el papel.

Porque quizá no se trate de escribir algo perfecto.

Quizá se trate simplemente de volver a escribir.

De recuperar el baile de las palabras.

Y de comprobar que, aunque a veces nos alejemos de algo que queremos, siempre podemos regresar.

Si quieres que estos sorbitos literarios vengan acompañados de música, pulsa aquí⁠.

1. ENTRE EL AYER Y EL MAÑANA

Entre el ayer y el mañana existe un hoy, en el que dedicamos la mitad del día a pensar en los condicionales de aquel pasado y la otra mitad a planificar para lo que vendrá.

2. BALANCEO

Me balanceo entre lo que debió ser y lo que fue.

No sirve de nada y lo sé.

Sin embargo, la inercia de los pensamientos funciona por libre.

3. EL LOBO

Siempre fue el malo.

En todos los cuentos acababa devorando a Caperucitas o corderitos, hasta que crecimos y ni lo conocimos.

El verdadero antagonista éramos nosotros, que habíamos acabado con él.

4. TAN PEQUEÑITA

Tan pequeñita y con tanta fuerza.

Tan frágil y con tanta luz.

Tan valiente y tan dulce.

Tan glotona que se come la vida a mordiscos, bebiéndose los momentos.

Quizá por eso decidió llegar antes.

5. LA CARRERA

Era una carrera.

La manecilla diminuta daba saltos imperceptibles por encima de las otras. Casi que era una carrera de obstáculos, saltando los números.

O, mejor aún, una carrera de relevos, porque cuando daba la vuelta entera, entonces, y solo entonces, se movía otra manecilla.

6. NUNCA JAMÁS

Y jugábamos a ser mayores mientras, en realidad, seguíamos anclados en Nunca Jamás.

Pero el garfio del capitán del destino nos había lanzado, sin previo aviso, a una realidad con precipicios.

Suerte de la magia de las palabras, esas que siempre están y que dan alas para no caer.

7. LA NUEVA DANZA

Caminamos por la calle Nostalgia, esquina con avenida Tristeza, abrazando a la desolación por quienes dejaron de bailar el vals de la vida…

Hasta que aprendimos a seguir al compás de sus consejos y a zapatear bien fuerte, agarrando su recuerdo con el alma.

Y así, con esa nueva danza, descubrimos la plaza de la Alegría.

8. COSTURERA

Princesa sin zapatos.

Reina sin corona.

Marquesa sin título ni diploma.

Costurera de sueños que sabe bordar sonrisas, enhebrar paciencia y dulzura y coser cicatrices del ayer.

9. JAQUE MATE

Cuando pensábamos que el alfil había hecho un jaque mate… fue un movimiento tan rápido que nadie lo vio venir.

Ese alfil se cayó del tablero sin paracaídas, estrellándose contra el suelo y haciéndose añicos.

Quizá no había sido tan buena idea tener un ajedrez de cristal.

10. TEMPUS FUGIT

Tempus fugit.

Y ahora que sé que no volverán aquellos años que se consumieron, quiero exprimir los que quedan.

Intento pedalear hacia atrás, pero el engranaje suelta la cadena y no permite que nos movamos; así que la recolocamos, aceptamos lo que tenemos y ahora sí, manchados, seguimos adelante.

11. LA LUNA

Viajábamos en coche y ella siempre nos observaba.

No molestaba su indiscreción; incluso nos sentíamos huérfanos cuando no la veíamos por la ventana.

Y es que, gracias a su espionaje, nos sentíamos protegidos e iluminados.

12. ANCLADOS

Anclados en una nostalgia que no nos dejaba nadar.

Intentamos bucear para desanclarnos, pero no fue fácil.

Hizo falta cientos de noches, lunas y estrellas para que rompiesen el hechizo.

Cuando nos sentimos libres, no supimos caminar y saltamos con ansias de volar.

13. CORAZÓN DE PAPEL

Te marchaste dejándome un corazón de papel con los colores que me faltaban por descubrir.

Sin embargo, no sabía que era el presagio de un futuro incierto.

Con el tiempo, ese corazón se fue arrugando y rompiendo, y solo quedó el recuerdo de lo que había llegado a ser en aquel momento en que me lo diste.

En el que sí tenía sentido un corazón y no un trozo de papel.

14. LA ESCALERA

Anhelábamos alcanzar la luna, pero parecía un sueño inalcanzable.

Una mano, de esas que siempre están ahí, nos acercó una escalera. No hizo falta que dijese nada. Sabíamos por qué la había dejado a nuestra vera.

Y empezamos a subir peldaño a peldaño y sabíamos que la meta estaba más cerca.

15. PODA

Podamos aquellas hojas que estaban resecas, dejando solo las jóvenes, esas tiernas hojas verdes.

No era olvidar ni dejar de lado las que fueron, simplemente fue dejar paso al futuro.


Quizá septiembre tenga algo de todo esto.

De finales y comienzos.

De recuerdos que conservamos y otros que aprendemos a dejar marchar.

De caminos que seguimos recorriendo.

De palabras que permanecían guardadas esperando su momento.

No sé si estos quince sorbitos serán el comienzo de algo o simplemente un ejercicio puntual.

Pero, de momento, me han servido para recordar algo importante:

Las palabras seguían aquí.

Solo tenía que volver a buscarlas.


jueves, 27 de agosto de 2026

Cuando una carta se cae

 2 meses de Nara: una nueva etapa

Hace unos meses estaba preparando cómo volver a abrir este blog. Tenía ideas, viajes pendientes de contar, entradas pensadas y hasta una especie de calendario imaginario de todo lo que quería escribir.

Y entonces llegó ella.

O, mejor dicho, llegó mucho antes de lo que esperábamos y cambió todos los planes.

La vida tiene esa curiosa costumbre de recordarnos que, por mucho que intentemos organizarla, no siempre admite guiones.

Han sido dos meses intensos. De esos en los que los días pasan deprisa y, al mismo tiempo, parecen no acabar nunca. Han sido momentos complicados, de incertidumbre y de aprender a vivir un día cada vez.

Hace unos días, mi prima me dijo una frase muy sencilla: «Todo pasa».

Y quizá eso es precisamente lo que estamos aprendiendo. Que incluso los momentos que parecen interminables terminan pasando y se convierten en parte del camino.

Pero ahora, cuando miro a Nara, cuesta creer todo lo que ha cambiado en tan poco tiempo.

Porque esta pequeña, que decidió llegar antes de tiempo, está creciendo a pasos gigantescos.

Cada día hay algo nuevo: una mirada diferente, un gesto, una forma de reclamar nuestros brazos, una pequeña conquista que hace que nos demos cuenta de que, aunque todavía sea tan pequeña, ella no parece tener ninguna intención de ir despacio.

Y quizá por eso he pensado en una imagen que me acompaña desde hace tiempo: un castillo de naipes.

Vamos colocando las cartas una encima de otra. Con cuidado. Haciendo planes. Imaginando cómo será la siguiente carta y convencidos de que sabemos más o menos cómo queremos construir nuestro castillo.

Hasta que, de repente, una carta se mueve.

Y entonces toca hacer malabares.

A veces una carta cae y parece que todo el castillo va a venirse abajo. Hay momentos en los que no sabes muy bien dónde apoyarte ni cómo colocar la siguiente.

Pero entonces aparecen unas manos que te agarran con el corazón.

Manos que te sostienen cuando tú no puedes.

Y poco a poco vuelves a encontrar fuerzas para sacar otra carta y ponerla en pie.

En nuestro castillo hay muchas cartas.

Está Aday, con sus tres años y medio y toda esa mezcla de hermano mayor, niño pequeño y compañero de aventuras.

Está Carlos.

Está nuestra familia, nuestros amigos, nuestras pequeñas rutinas y todo aquello que, de una manera u otra, nos ayuda a seguir.

Y ahora hay una carta nueva.

Una carta con forma de corazón.

Una carta que se llama Nara.

Y aunque sea pequeñita, tiene una fuerza enorme.

De alguna manera, ella también nos sostiene a nosotros.

Quizá este blog siempre haya sido un poco eso.

Un castillo hecho de cartas.

Al principio puse sobre la mesa los viajes. Después llegaron la accesibilidad, los perros guía, la tecnología, los libros, las canciones, las reflexiones, las historias personales y tantos otros recovecos que fueron apareciendo casi sin planearlo.

Con el tiempo entendí que La maleta de Pili dejó de ser solamente un blog de viajes.

Se convirtió en un lugar donde guardar pedacitos de vida.

Los bonitos.

Los difíciles.

Los inesperados.

Los que queremos recordar y también aquellos que nos enseñan algo aunque no los hubiéramos


Y aquí estoy otra vez.


Mamá con bebe de espaldas mirando un castillo de naipes



Sin prometer que escribiré cada semana.

Sin prometer un calendario perfecto.

Porque ya he aprendido que los planes están muy bien… hasta que una carta decide moverse.

Solo quiero volver a escribir.

Volver a abrir esta maleta.

Encontrar, aunque sean pequeños, esos momentos de refugio que siempre me ha dado escribir.

Quizá no existan los momentos perfectos. Quizá nos empeñamos demasiado en esperarlos, en planificarlos, en pensar que llegará ese momento ideal en el que todo encajará.

Y mientras esperamos, pasan los días, los meses y, sin darnos cuenta, los años.

Así que aquí estoy.

Abriendo una nueva etapa.

Colocando una carta.

Y después otra.

Y otra más.

Hasta volver a encontrar el equilibrio.

Y quizá de eso se trate esta nueva etapa.

De seguir construyendo, aunque no sepamos exactamente qué forma tendrá el castillo.

De abrir de nuevo esta maleta y volver a llenarla de historias.

Y, sobre todo, de   seguir escribiendo. 

Así que hoy vuelvo a colocar una carta.

La primera de esta nueva etapa.

Y ese as de corazones tiene nombre propio: Nara.

Gracias por desmontarnos la rutina y empujarnos, sin previo aviso, a este dulce caos de la vida.