jueves, 17 de septiembre de 2026

Recobrando algo de rutina

Recobrando un poco de rutina, seguimos haciendo malabares

Después de un verano intenso, diferente y bastante caótico, por fin parece que poco a poco estamos recuperando algo de rutina.

Aunque quizá decir «rutina» todavía sea demasiado.

Porque seguimos aprendiendo a ser cuatro.

Spoiler: todavía estamos aprendiendo.

Y seguimos intentando hacerlo lo mejor posible.

Pero el día 8 empezó el cole.

Y, con él, una pequeña sensación de volver a poner algunas piezas en su sitio.

Un verano diferente

Este verano ha sido nuestro primer verano siendo cuatro.

Y probablemente uno de esos veranos que no olvidaremos fácilmente.

Nara llegó antes de tiempo, pasó sus primeros días en Neonatos y, mientras nosotros intentábamos recuperarnos del susto y adaptarnos a todo lo que había pasado, Aday tuvo que convertirse de repente en hermano mayor.

Las yayas y el casal fueron nuestros grandes salvadores.

Mientras nosotros estábamos entre el hospital, las visitas médicas y la llegada de Nara a casa, Aday seguía con sus excursiones, sus juegos, sus amigos y sus aventuras.

Y eso nos daba mucha tranquilidad.

Él podía seguir siendo Aday mientras nosotros intentábamos aprender a ser cuatro.

Después llegó el verano de verdad.

Y con él, el calor.

Mucho calor.

Demasiado calor.

Este verano no hubo playa

Este verano no hemos pisado la arena de la playa.

Ni hemos dejado que las olas nos acariciaran los pies.

Y no pasa nada.

Este año hacía demasiado calor.

Demasiado para una bebé recién nacida.

Demasiado para un niño que no para quieto.

Y demasiado para unos padres que, sinceramente, ya no podían con mucho más.

Así que Aday se ha tenido que conformar con la piscina.

Y tampoco está tan mal.

La playa tendrá que esperar.

Ya llegará el momento de volver a pasear por la arena, buscar piedras y conchas, hacer castillos y mojarnos los pies en el agua salada.

De dejarnos acariciar por la brisa del mar.

Pero este año tocaba otra cosa.

Tocaba cuidarnos.

Adaptarnos.

Ir más despacio.

Y hacer el verano que podíamos hacer.

Haciendo malabares

Porque ser cuatro también ha sido eso: hacer malabares.

Mientras uno se iba con Aday a la piscina, el otro se quedaba en casa con Nara, que todavía era demasiado pequeña para acompañarnos.

Y luego nos cambiábamos.

Uno con Aday.

El otro con Nara.

Y así íbamos repartiendo el tiempo.

Intentando que Aday siguiera disfrutando de su verano y que Nara tuviera todo lo que necesitaba.

No siempre era fácil.

Pero poco a poco fuimos encontrando nuestra manera.

Una manera un poco improvisada.

Un poco caótica.

Pero nuestra.

Viajar siendo cuatro

Y luego están los viajes en coche.

Porque viajar con un bebé ya tiene lo suyo.

Pero viajar con un bebé, un niño, una perra guía y todo el equipaje de una familia de cuatro es otra historia.

Dos niños, cada uno en su sillita reglamentaria.

Leia.

Su cama y sus cosas.

Las maletas.

Los juguetes de Aday.

El patinete que se engancha al carrito de Nara.

El capazo.

El carrito.

Los biberones.

Y todo aquello que parece imprescindible cuando tienes niños.

El coche acaba pareciendo un Tetris.


Coche con familia cargado de cosas y en el fondo se ve el mar


Y cuando por fin conseguimos que todo quepa, empieza la segunda parte.

Nara llora.

Y llora.

Y llora.

Está atada a su sillita y no podemos cogerla mientras estamos circulando.

Aday intenta calmarla cantándole a grito pelado.

Yo le hablo desde donde estoy.

Carlos busca ruido blanco en Spotify mientras conduce y la vigila por el espejo que ha colocado para poder verla.

Leia, mientras tanto, ronca tranquilamente a mis pies.

Y yo me río.

Porque, ¿qué otra cosa podemos hacer?

Y entonces nos miramos.

Nos miramos con complicidad.

Nos buscamos.

Nos entendemos sin decir nada.

En medio del caos, de los lloros, de las canciones y del ruido blanco, estamos todos juntos.

Y quizá sean precisamente esos momentos imperfectos los que más nos unen.

No los viajes perfectos.

No las fotos bonitas.

Sino esos pequeños desastres cotidianos que vivimos juntos y que algún día recordaremos con una sonrisa.

Porque, de alguna manera, lo estamos haciendo.

Como podemos.

Juntos.

Y necesitábamos volver un poco a la normalidad

Y después de todo este verano, de todos estos cambios y de tanto caos, llegó un momento en que todos necesitábamos un poco de rutina.

Aday estaba cansado.

Incluso un poco aburrido de tanta improvisación.

Necesitaba volver a sus horarios, a sus amigos, a sus juegos, a su colegio.

Necesitaba recuperar un poco de normalidad.

Y nosotros también.

Porque tener una bebé como Nara, que demanda tanta atención como buena bebé que es, hace que a veces necesitemos también pequeños espacios para respirar.

Así que llegó el día 8.

Primer día de cole.

Y Aday entró contentísimo.

Buscando a todos sus amigos.

Con ganas de reencontrarse con ellos.

Y también de conocer a sus nuevas profesoras.

Y mientras él recuperaba su pequeño mundo, nosotros empezábamos también a recuperar el nuestro.

A tener unos momentos con Nara.

A conocerla un poco más.

A disfrutar de ella sin tener que estar pendientes de todo al mismo tiempo.

No es que de repente tengamos una rutina perfecta.

Ni mucho menos.

Seguimos haciendo malabares.

Seguimos aprendiendo.

Seguimos siendo cuatro.

Pero ahora parece que algunas piezas empiezan a encajar un poquito mejor.

Quizá eso sea la rutina.

No tenerlo todo bajo control.

Sino encontrar pequeños espacios de normalidad dentro del caos.

Y después de este verano, creo que todos necesitábamos un poquito de eso.

Un poco de normalidad.

Un poco de calma.

Y seguir aprendiendo, día a día, a ser cuatro.


lunes, 7 de septiembre de 2026

Retales del alma

 RETALES DEL ALMA

15 SORBITOS LITERARIOS


Septiembre es un mes de vendimias y recolecciones, de finales y comienzos.

Un mes de vueltas: a las rutinas, al colegio, al trabajo, a los horarios que durante el verano dejamos un poco de lado.

Pero también puede ser un mes para volver.

Para mí, septiembre llega este año con un retorno especial: el de La Maleta de Pili.

Después de tanto tiempo sin publicar, quizás no haya mejor manera de retomar la escritura que jugando con ella.

Hace tiempo escribía microcuentos. Pequeñas historias, pensamientos e imágenes condensadas en apenas unas líneas. Y mi mente, que llevaba demasiado tiempo acumulando palabras sin darles salida, me pedía volver a ello.

Estoy oxidada, así que disculpad si estos retales no son especialmente lúcidos; pero necesitaba desempolvar las palabras y volver a jugar con ellas, así que permitidme la licencia de ponerme a ello.

Algunos son historias. Otros, pensamientos. Otros simplemente imágenes que necesitaban encontrar su lugar sobre el papel.

Porque quizás no se trate de escribir algo perfecto, y simplemente de volver a escribir y recuperar el baile de las palabras.

Y de comprobar que, aunque a veces nos alejemos de algo que queremos, siempre podemos regresar.


Si quieres que estos sorbitos literarios vengan acompañados de música, pulsa aquí⁠.  


Lápiz bailarín con tutú sobre una hoja en blanco y notas musicales.



 





1. ENTRE EL AYER Y EL MAÑANA 

Entre el ayer y el mañana existe un hoy, en el que dedicamos la mitad del día a pensar en los condicionales de aquel pasado y la otra mitad a planificar para lo que vendrá.


2. BALANCEO

Me balanceo entre lo que debió ser y lo que fue.

No sirve de nada y lo sé.

Sin embargo, la inercia de los pensamientos funciona por libre.


3. EL LOBO

Siempre fue el malo.

En todos los cuentos acababa devorando a Caperucitas o corderitos, hasta que crecimos y ni lo conocimos.

El verdadero antagonista éramos nosotros, que habíamos acabado con él.

 

4. TAN PEQUEÑITA

Tan pequeñita y con tanta fuerza.

Tan frágil y con tanta luz.

Tan valiente y tan dulce.

Tan glotona que se come la vida a mordiscos, bebiéndose los momentos.

Todo un regalo sin lazo que nos llegó antes de tiempo.


5. LA CARRERA

Era una carrera.

La manecilla diminuta daba saltos imperceptibles por encima de las otras. Casi que era una carrera de obstáculos, saltando los números.

O, mejor aún, una carrera de relevos, porque cuando daba la vuelta entera, entonces, y solo entonces, se movía otra manecilla.


6. NUNCA JAMÁS

Y jugábamos a ser mayores mientras, en realidad, seguíamos anclados en Nunca Jamás.

Pero el garfio del capitán del destino nos había lanzado, sin previo aviso, a una realidad con precipicios.

Suerte de la magia de las palabras, esas que siempre están y que dan alas para no caer.


7. LA NUEVA DANZA

Caminamos por la calle Nostalgia, esquina con avenida Tristeza, abrazando a la desolación por quienes dejaron de bailar el vals de la vida…

Hasta que aprendimos a seguir al compás de sus consejos y a zapatear bien fuerte, agarrando su recuerdo con el alma.

Y así, con esa nueva danza, descubrimos la plaza de la Alegría.


8. COSTURERA

Princesa sin zapatos.

Reina sin corona.

Marquesa sin título ni diploma.

Costurera de sueños que sabe bordar sonrisas, enhebrar paciencia y dulzura y coser cicatrices del ayer. Puntada a puntada sigue remendando la vida.


9. JAQUE MATE

Cuando pensábamos que el alfil había hecho un jaque mate… fue un movimiento tan rápido que nadie lo vio venir.

Ese alfil se cayó del tablero sin paracaídas, estrellándose contra el suelo y haciéndose añicos. Y, recordó que no había sido tan buena idea tener un ajedrez de cristal.


10. TEMPUS FUGIT

Tempus fugit.

Y ahora que sé que no volverán aquellos años que se consumieron, quiero exprimir los que quedan.

Intento pedalear hacia atrás, pero el engranaje suelta la cadena y no permite que nos movamos; así que la recolocamos, aceptamos lo que tenemos y ahora sí, manchados, seguimos adelante.

 

11. LA LUNA

Viajábamos en coche y ella siempre nos observaba.

No molestaba su indiscreción; incluso nos sentíamos huérfanos cuando no la veíamos por la ventana.

Y es que, gracias a su espionaje, nos sentíamos iluminados y protegidos. 


12. ANCLADOS

Anclados en una nostalgia que no nos dejaba nadar.

Intentamos bucear para desanclarnos, pero no fue fácil.

Hicieron falta cientos de noches, lunas y estrellas para que rompiesen el hechizo.

Cuando nos sentimos libres, no supimos caminar y saltamos con ansias de volar.


13. CORAZÓN DE PAPEL

Te marchaste dejándome un corazón de papel con los colores que me faltaban por descubrir. Sin embargo, no sabía que era el presagio de un futuro incierto.

Con el tiempo, ese corazón se fue arrugando, rompiendo, y solo quedaba el recuerdo de lo que había llegado a ser en aquel momento en que me lo diste.

En el que sí tenía sentido un corazón y no un trozo de papel.


14. LA ESCALERA

Anhelábamos alcanzar la luna, pero parecía un sueño inalcanzable.

Una mano, de esas que siempre están ahí, nos acercó una escalera. No hizo falta que dijese nada. Sabíamos por qué la había dejado a nuestra vera.

Y empezamos a subir peldaño a peldaño y sabíamos que la meta estaba más cerca. 


15. PODA

Podamos aquellas hojas que estaban resecas, dejando solo las jóvenes, esas tiernas hojas verdes.

No era olvidar ni dejar de lado las que fueron, simplemente fue dejar paso al futuro.


Puede que Septiembre tenga algo de todo esto... 

De finales y comienzos.

De recuerdos que conservamos y otros que aprendemos a dejar marchar.

De caminos que seguimos recorriendo.

De palabras que permanecían guardadas esperando su momento.


Espero que hayáis disfrutado de estos 15 sorbitos literarios, que me han servido para desengrasar los dedos y las ideas, recuperar las ganas de crear y, sobre todo, empezar a darle vida al blog.