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domingo, 17 de septiembre de 2023

9 meses volando junto a ti

9 meses in & out 
Hoy domingo 17 de septiembre estamos de cumple mes:  Aday cumple 9 meses. Ya lleva el mismo tiempo dentro de mí que fuera. Durante estos meses le hemos visto crecer a pasos agigantados. Estamos descubriendo  un mundo nuevo, o mejor dicho: estamos conociendo a una personita. No dejamos de sorprendernos; tanto de cualquier cosa que hace como de nosotros mismos. Es un viaje imparable de emociones que brotan a cada paso. Se mezclan miles de sentimientos que llegan a abrumar, empezando; sin duda: por una felicidad que creíamos ya  olvidada, siguiendo por miles de interrogantes que se agolpan al ser primerizos y no saber si lo estamos haciendo bien o no; aunque no cabe duda que todo lo hacemos por su bienestar. 
Hasta que no nos hemos introducido en el viaje sin retorno de la paternidad no sabíamos de la importancia de dormir. Y no hablo ya por nosotros; sino que al pequeño guerrero le va mucho la fiesta y le cuesta caer roque, a pesar de que se restriegue los  ojos, se toque la oreja y se le caiga la cabeza, te lo pone difícil para dormirle; pero son retos que tras unas cuantas canciones, meneos, ruido blanco y sobre todo teta; se consigue. 
Haciendo un repaso de los nueve meses dentro y fuera: 
Durante casi todo el embarazo me lo pasé con miedo; miedo a que algo no saliese bien; quizás por eso fue muy cautelosa a la hora de gritar a los cuatro vientos la buena noticia. Al principio tuvimos algún que otro susto, en el que el garbancito demostró ser un guerrero y poder ser más grande que cualquier adversidad. Durante el segundo trimestre ya empezamos a dar la noticia y nos enteramos que sería un nene. Él empezó a hacerse notar con pataditas y a crecer considerablemente. Y fue cuando empezamos a llamarle Aday, y veíamos que le pegaba ese nombre; principalmente porque nos gustaba como quedaba, Aday el guay. Y cuando ya empiezas a llamarle con ese nombre difícilmente se lo cambiarás.  Y cuando llegó el tercer trimestre ya pesaba bastante más, pero no solo él; si no: yo. Me daba por comer y eso de que tienes que comer por dos no es así; pero costaba mucho mantenerse al margen con los ataques de hambre. El ginecólogo me dijo que dejase de lado los dulces, los frutos secos y el pan; pero yo me hinché al puro estilo muñeco Michelin. Lo del peso me preocupaba vagamente, aunque es cierto que funciones diarias como atarme las deportivas, o ponerme calcetines se volvían toda una odisea. Mi mayor preocupación era cómo actuar cuando llegase el momento que Aday quisiese salir. Sí, hice cursos de preparación al parto; pero en vez de ayudarme me ponían más nerviosa. Durante el último mes me tuvieron que ingresar por hipertensión gestacional; que afortunadamente ha desaparecido; pero me mantuvieron controlada a la espera de pruebas para descartar una preclamxia. Todo bajo control y no tuvieron que sacar al guerrero antes de tiempo. Aunque al tener ese diagnostico el Dr. dijo que era mejor no demorarlo más allá de la semana 40. Así que finalmente Aday llegó al mundo el día previsto de parto a través de una inducción. 
Así contado parece que los meses pasaron volando, y en cambio a mí entre eco y eco se me hacían mundos eternos. Y es que las eco esperas ya me habían advertido que eran una tortura y es que hasta que no vas y no ves que todo sigue bien no respiras con tranquilidad. Cada semana leíamos cómo sería, cuánto pesaría, qué fruta sería y qué órganos se estarían creando. Todo magia albergar otro ser dentro de ti. 
9 meses fuera 
Y llegó Aday a este mundo. Y empezamos a descubrir  que los pulmones los tenía a tope, porque se ponía a berrear como si le estuviesen torturando. Y llega el momento de las mil preguntas a la vez, será el pañal, será que tiene hambre, frío, calor, sueño. Y cuando has probado de todo y has ido descartando,. y no sabes cómo calmarle se te parte el alma. Y es que durante el primer trimestre el pequeño sufrió de cólicos; o al menos eso nos dijeron que eran esos llantos inconsolables por las noches..  
Durante el segundo trimestre parece que los llantos remitieron, al menos por las noches; ya que a él eso de que le muevan de sitio y que le cambien nunca le ha gustado. Sin embargo; empezó a regalarnos más sonrisas, incluso risas y a estar más despierto. Y ya no os cuento el cambio que ha dado en este último trimestre; empezando por la alimentación complementaria que se come todo lo que le ponemos y si te descuidas te coge de tu plato. Sin duda, de lo que no cabe duda es que con la alimentación nos lo ha puesto fácil, sobre todo a mí que no veo y a veces no acierto con la boca, pero él busca la cuchara y se lanza con la boca abierta a por ella. Y mientras haya pan él es feliz y te deja comer tu comida; si no cómo es normal también reclama lo suyo aunque acabe de comer.  Ahora ya le ha empezado a salir un diente abajo y está de camino otro al lado. Y se ríe mucho. Además de decir las dos palabras que más anhelábamos oir: papá y mamá. Es cierto que las dice sin intención, no las dice para llamarnos; pero a nosotros nos vale y nos suenan a música celestial después de su risa a carcajadas, esa que va seguida de un hipo incesante. 
Además desde hace un par de meses ya se mantiene sentado; y empieza a moverse como un gusanito y se vuelve a sentar él solo. No gatea, pero hace por ponerse de pie; sobre todo si se puede encaramar no dudará  en hacer de casteller y trepar o simplemente mantenerse erguido; y entonces se gira con cara de pillo y te dedica una sonrisa que remarca sus hoyuelos y te dice sin palabras: "lo he logrado". 
Y hoy aunque no sea un año lo celebramos como cada día; porque cada día es todo un regalo. Sin embargo; hoy en este cumple mes quería hacer un paralelismo del mismo tiempo de gestación y del que lleva descubriendo mundo aquí fuera. 
 
Y termino estas líneas subrayando lo que todos nos decían: el tiempo pasa volando, aprovechad cada segundo con él. Así que os dejo para estrujarle un poquito más y comérmelo a besos antes de que crezca más.  Además, no he contado que ya ha empezado la guardería; y aunque es el más pequeño de clase y va un par de horas, creemos que le vendrá muy bien para adquirir rutinas; así que en breve a dormir. 

sábado, 27 de mayo de 2017

DANDO CARA AL BLOG

DANDO AIRE FRESCO AL BLOG
 

A veces es mejor coger aire y respirar bien fuerte para ver las cosas con claridad, en ocasiones no sirve de nada. Sirva  o no de algo a mí me apetece dar un paso más allá y traspasar este blog, sin cambiar un ápice de lo que significa y trasladarlo a la pantalla.

¿Cómo?
Últimamente me ha dado por seguir muchos canales de Youtube, y no es que quiera ser una Youtuber, porque hay verdaderas maravillas por esa plataforma, desde personas que tienen una soltura increíble, hasta otros que hacen una postproducción y edición fantástica. Sin embargo, a pesar de no tener una cámara profesional, ni de última generación, a pesar de no tener una soltura que brille e ilumine, a pesar de tener dificultades visuales, me apetece acercar y dar a conocer mi blog a las personas usuarias de Youtube. 

Quizás no se trate de subir un blog cada vez que haga una entrada, porque hay veces que hay que leer sin más. En otras ocasiones sí que puede venir bien dar imágenes de lo que cuento, para que sirva de ejemplo y se entienda un poquito más el post. En otras circunstancias simplemente me apetecerá hablar de alguna entrada en concreto, de algo que no tenga que ver, pero que estará en alguna entrada.

Mi blog tiene el problema, entre comillas, que no trata una temática en concreto, pero tiene un por qué. Primero porque es un blog personal en el que cuento lo que me apetece. En segundo lugar, lo creé cuando nos fuimos a vivir a Dublín, Irlanda, y ya se ha quedado para plasmar ideas que vayan surgiendo o viviendo. En tercer lugar, como bien indica el título del blog, es una maleta, concretamente la mía, la de Pili, y en una maleta pueden caber muchas cosas, desde relatos, historias, anécdotas, vivencias, viajes, ilusiones, preocupaciones, podcast, refranes y todo lo que vaya surgiendo.

Sé que hay muchos blogs que sí que están centrados en algún tema y sé que es mucho mejor. Aunque a veces en la variedad está el gusto, y el poder elegir entradas no te condiciona. No puedo hablar de viajes tanto como me gustaría, porque me falta tiempo para viajar. No quiero hablar y centrarme solamente en libros, porque son parte importante en el equipaje de un viaje, y no pueden faltar, pero me gusta tratar también otros temas. Sobre todo, ya sabéis, que me gusta reivindicar mis derechos, hablar de mi perra guía, del día a día y mucho más.

No sé cómo será está andadura delante de la cámara, sin dejar de teclear, ya que no quiero dejar de lado el blog para nada, al revés quiero que el canal de LamaletadePili sirva para conocer el blog, y ampliar información que vaya dando en los vídeos con las entradas en el blog. Sería como un plus al blog.

¿Qué os parece la idea? ¿descabellada? ¿Pueden ser compatibles? Pues ya lo iremos viendo, y os espero como espectadores, a ver qué tal sale la idea, que a veces tienes una idea en la cabeza, pero llevarla a cabo ya es otra cosa.

Os espero, ya me iréis diciendo vuestras impresiones. Para seguir el canal he dejado al lado derecho del blog, un botón para que os podáis suscribir. De todas maneras, si le estáis en Youtube y buscáis LamaletadePili os saldrán todos los vídeos y os podréis suscribir, para seguir los vídeo s que vaya subiendo. De todas maneras, como digo, es un canal vinculado al blog, así que seguramente si seguís todas las entradas del blog, iréis viendo también los vídeos. 

Espero que os guste esta nueva iniciativa, 

Y aquí os dejo el primer vídeo del canal: 



sábado, 27 de agosto de 2016

Aventuras diarias con Kenzie

Anécdotas diarias con Kenzie


Ir con Kenzie siempre es toda una aventura. No, porque ir con ella sea un riesgo, todo al contrario, ya que me salva de muchas. Si no, porque gracias a ella, siempre tengo alguna que otra historia que contar. Alguien que ha querido tocarle, alguien que ha hecho un comentario, alguien que le ha preguntado algo a ela como si le fuera a contestar, algo que ha hecho Kenzie y ha despertado asombro, sonrisas o simplemente ha hecho que el día fuera diferente.

Anécdota vial: Los perros no distinguen colores. No te dice cuando cruzar

Esta semana en el famoso semáforo no acústico que está enfrente de mi puesto de trabajo siempre requiero que alguien me asegure que puedo cruzar sin jugármela. El otro día al ver una sombra cerca de mí, pregunté si me podía avisar cuando pudiera cruzar. Ahí mi gran error, y despés comprenderéis porqué. Ya que siempre pregunto o debo preguntar si me puede avisar cuando esté verde. El hombre al principio me ignoró, pero seguramente al ver que le miraba y esperaba una respuesta, me contestó que si le había dicho algo, que llevaba los auriculares. Volvía repetírselo y me dijo que sí que ya me avisaría. Hasta ahí todo correcto.
Entonces me pregunta que si es que ese semáforo no pita, le digo que no, que ya lo he reclamado al Ayuntamiento. Y, la pregunta que me hizo a continuación es la que más me sorprende, aunque no sea la primera vez que me la hagan, aunque sepa que no es culpa suya, sino de la falta de información.
-        ¿y el perro no te dice cuando cruzar?
Le contesto que no, que no distingue los colores.
-        ¡Ay, pobret! 
Me quedo alucinada con su expresión de pena, como si Kenzie tuviera alguna enfermedad y no pudiera distinguir ella los colores, mientras los demás perros sí que lo hacen. Enseguida reacciono y en acto de defensa de mi perra y queriendo aplacar esa frase llena de lástima, salté.
-        No, no es que ella no pueda distinguir los colores. Ningún perro puede distinguir los colores. 
Me imaginé a Kenzie, que seguía centrada mirando al frente, sonriendo y diciéndome: “Así se hace, Pili”. Lo único que faltaba que ahora también nos dijeran los colores, si podemos cruzar o no, qué ropa ponernos, leernos lo que queremos. Creo que ya hacen bastante, para que tuvieran que hacer nada. No me indigné. Bueno, sí, pero porque pensase que mi campeona peluda tuviera algún problema, para no distinguir los colores y decirme cuando cruzar o no. Pero, por lo de que los perros nos digan si el semáforo está favorable para nosotros o no, ya me ha pasado en otras ocasiones y es debido al desconocimiento.
Además, creo que a veces la gente no se para a prestarme ayuda, porque se piensan que mi guía me va a pasar cuando esté verde. Ya que  son muy inteligentes,, y lo son. Pero, como siempre digo, esta labor es nuestra: decidir cuándo podemos cruzar o no, igual que si llevásemos el bastón.
Si llevase el bastón, lo he podido comprobar, vendría más gente a ofrecer su ayuda que cuando vamos con un perro guía.

Seguimos con la conversación mañanera del hombre desinformado y con auriculares. Cabe decir que era a primera hora de la mañana, me había costado encontrar a alguien que pasase por ahí, que no me ignorase y que quisiera ayudarme.
Al poco me dice que podemos cruzar, pero me da la sensación que él va más lento que yo, y de repente un brazo me coge por detrás y me para. Ese brazo era el del hombre que riendo me dice que me pare, que es que ahora pasan todos. Me giro indignada y le digo que si es que no está en verde, y me dice que no, pero que como no pasaban los coches….
Nos quedamos en medio de la carretera, entre la acera y las vías del tranvía, ahí en una separación estrecha entre coches y tranvía. Él también se queda atrapado en medio de la nada, en un lugar nada seguro. Y al cabo de unos instantes ya podemos cruzar, ya se paran los coches, ya está verde.

Sé que no lo hizo con mala intención, pero no lo pasé nada bien. Sé que fue culpa mía por no accionar bien la pregunta. Ya que pides ayuda, es mejor que te avisen cuando está verde para ti. En muchas ocasiones, cuando el semáforo sí que es acústico, mucha gente pasa y me dice que puedo cruzar que no pasa ninguno, pero les digo que ya me espero a que este verde, y se deben quedar alucinados pensando que cuándo lo sabré, y les digo que ya pitará cuando esté verde. En otras, me he sentido muy tonta, perdiendo el tiempo, pero sabiendo que tampoco va de un minuto, y cruzar con seguridad.

Ahí queda la anécdota vial de la semana.  

La anécdota que despertó sonrisas: Kenzie y sus travesuras

Ayer viernes Kenzie me regaló otra anécdota que despertó sonrisas, pero que me engañó de lo lindo. Cuando íbamos de camino al trabajo, noté que el modo aspiradora se ponía en marcha y succionaba algo, pero enseguida la corregí y pensé que ya habría tirado lo que fuese que hubiera cogida. Además, hasta llegar a la oficina guió de maravilla, sin detenerse, muy centrada. Nada más llegar a mi puesto, cuando estaba ordenando unos papeles, ella se tumbó y escuché como que comía algo: “Crac, crac, crac”. Terminé de hacer lo que hacía y fui a ver si comía algo, y, efectivamente le saqué de la boca algo alargado de madera. Un lápiz pensé, deseando que no se hubiera comido la goma, que no se hubiera comido mucho, y le quité todo lo que pude: su gozo en un pozo. Todo lo que encontré lo tiré en mi papelera.
Cuando llegó mi compañero, buscaba algo y pensé que buscaba su lápiz. Le dije que si buscaba su lápiz de madera que lo sentía que Kenzie se lo había comido, él pudo comprobar los restos que habían quedado en el suelo y se quedó alucinado. Le enseñé lo que le había sacado de la boca, para que comprobase si se había comido la goma o qué. Se quedó mirándolo y riendo me dijo que no era un lápiz. Era un palo de un árbol. Un palo pequeño, de la medida de un lápiz. Eso lo había traído de la calle. Ella había estado disimulando todo el camino, guiando de maravilla, con la intención, con su único objetivo de llegar tumbarse y ponerse a comérselo. Había disimulado, escondiéndoselo en la boca, sin moverla, para que no le pillase. Una vez más me ha demostrado lo lista que es, engañándome, para poder disfrutar de su hallazgo tranquilamente.
Sin embargo, aunque tarde, le pillé y se quedo sin su tesoro. Pero, sí que consiguió su objetivo: engañarme y llevárselo hasta la oficina.

Al fin y al cabo no pasó nada, no era nada malo, fue una travesura y nos alegró el día, despertando risas y haciendo que ese viernes acumulásemos una anécdota más en el libro de nuestra vida.    


sábado, 20 de agosto de 2016

Mi querido gato Pichi: Siempre en el recuerdo

MI QUERIDO GATO PICHI


Siempre en el recuerdo 


Pichi tumbado en el sofá

 Esta semana, el día 16 de agosto, nuestro gato Pichi nos dijo adiós. Después de 16 años, con sus buenos y malos momentos, nos abandonó. Todavía no me hago a la idea, y el hecho de no convivir con él, me da la sensación de que aún está en casa de mis padres. Pero, cuando voy a verles, sin querer, me da la sensación de que va a aparecer sigilosamente por ahí, para ir a comer, para saludar, para cotillear a ver quién ha venido, para jugar.. sin embargo, no aparece y no es porque esté durmiendo, si no porque no aparecerá más.

Cuando me hago un poquito a la idea, resurgen sentimientos y me da mucha pena, no poder volver a verle, no poder volver a cogerle, acariciarle, notar su ronroneo cuando le peinaba, no poder jugar con él, no notar su lengua rasposa cuando me daba besos, no.. Todo son acciones que no podré volver a hacer, ni sentir con él. Son muchos años, muchos recuerdos, muchas anécdotas y vivencias en las que ha estado presente. 

Un verano del año 2000 fui con mis padres a una aldea de Guadalajara, lugar donde nació mi padre y donde nació Pichi. Allá aquel verano lo conocimos. Era un gato pequeñito, que cabía en una mano y tenía muchas ganas de jugar. Al final, nos conquistó y nos lo trajimos a Barcelona. Un viaje en el que se portó muy bien, todo el viaje durmiendo.  Era muy pequeño, blanquito, con su mancha oscura en el lomo, sus ojos verdes, sus orejas puntiagudas, su nariz marroncita aterciopelada y sus uñas como alfileres. Dormía conmigo en la cama y jugaba mucho-

Recuerdo que le cortaba las uñas, aunque no le gustaba nada que lo hiciera, pero era bueno para él y para nosotros. También recuerdo que fue perdiendo los dientes de leche y  nos lo íbamos encontrando por casa. Después le fueron creciendo otros dientes.  

Cuando perdí la vista, él fue un gran apoyo para mí y sabía saborear mis lágrimas saladas, sí, con su lengua salada me daba ánimos, para que supiera que él estaba ahí. Tuve que dejar de cortarle las uñas, porque ya no me atrevía a cortárselas, es lo que tiene no ver bien. A pesar de ello, los mayores arañazos me los llevé viendo, aún tengo alguna cicatriz, recuerdo para siempre. Después de no ver siempre tuvo mucho cuidado, aunque algún que otro mordisco o clavada de uñas me llevé, pero nada comparado con los arañazos que me hizo en su momento viendo.    

Miles de recuerdos se agolpan a mí ahora que no está. Navidades junto a él, cuando olía que había gambas frescas él salía para ver si le caía alguna. Su época de gato gordo, pensando más de ocho kilos, pero estando atlético como un campeón, subiéndose por las mesas. Los viajes con él, no le gustaba ir dentro del trasportín, pero cuando llegábamos al destino hacía de pequeño explorador. 

Pichi se sintió un poco relegado a un segundo plano cuando llegó Kenzie. No entendía cómo me había ido y al volver aparecía en caso con un cuatro patas tan grande, aparecía un perro en su casa, que lo que quería era ir a por él y olerle, eso a él no le hacía mucha gracia. Además pasaba más tiempo con Kenzie que con él y me la llevaba a todas partes. Él pensó que le había cambiado, y empezó a distanciarse un poco de mí. Sabía que si se acercaba a mí, y sobre todo si lo cogía, la peluda ladraba porque estaba celosa. Yo estaba dividida, porque quería a Pichi y no podía evitar cogerle, para darle abrazos pero entendía que Kenzie sufría.  
Pichi con Kenzie a su lado



Después al irme de casa de mis padres, él nunca me olvidó, porque sabía quién era. En cuanto lo llamaba venía, si acercaba la cara me hacía una limpieza de cutis, y a veces solamente iba para jugar con él, ya que él lo necesitaba y yo también disfrutaba viéndole jugar. Otras veces, iba y le daba una buena pasada con el peina y él lo agradecía.

Quizás, por haber estado tiempo alejada de él, por no convivir junto a él, es por ello que aún no me hago a la idea, y me da la sensación que aún está en casa de mis padres. Cuando voy a ver a mis padres, me da la sensación que debe estar durmiendo escondido en alguna habitación, en alguna silla, pero al cabo de un rato y ver que no aparece para saludar, para cotillear quién ha venido, que no sale para comer, me doy cuenta que se ha ido y no aparecerá.
Mis padres al haber estado viviendo con él lo llevan peor. Echan en falta las noches en las que no aparece para dormir con ellos, las siestas en las que no se coloca encima, los madrugones que les hacía despertar, para pedir comida. Lo buscan y no lo encuentran, porque ya no está ahí.

Poco a poco nos tenemos que ir haciendo a la idea, pero el nombre de Pichi siempre nos recordará a nuestro gato que estuvo 16 años a nuestro lado.


 
Yo con PIchi en brazos
Abrazando a Pichi y los 2 mirando
Carta a mi gato Pichi

Aún no me hago a la idea de que te hayas ido. Sé que has aguantado como un campeón, algo te pasaba y no supimos entenderte. Aunque hubiéramos sabido lo que te pasaba, no sé si hubiéramos podido ayudarte, porque los años ya te pesaban. Espero que, al menos te quedes con los buenos recuerdos. Nosotros así lo haremos. Yo me quedaré con las últimas veces que te ví, en las que dando unos golpes encima de la mesa con el peine, allá donde estuvieras lo escuchabas y enseguida dabas un salto y te subías a la mesa, para que te peinase y tú me regalabas esos ronroneos que significaban que te encantaba que te cepillase, sobre todo debajo de la barbilla, y tú estirabas el cuello todo lo que podías, para que siguiera rascándote con el peine y seguías ronroneando y me animaba a continuar.  
Nos has dejado un gran vacío: en ocasiones pensamos que debes estar dormido en alguna habitación, escondido, tranquilo, tal y como te gustaba a ti, pero cuando pasa un rato y no apareces volvemos a la realidad. La mama el otro día contaba que al volver de comprar y traer las bolsas y que no apareciese, se daba cuenta que ya no estabas y se le cae el mundo encima al darse cuenta. Sí, porque tú eras un cotilla de mucho cuidado, y siempre que se escuchaba algún ruido, sigilosamente te acercabas para ver qué pasaba, y sobre todo si el ruido era de bolsas venías corriendo. 
Estos últimos meses con tus maullidos incesantes, pensábamos que era tema de la edad como nos habían comentado, ya que te movías como un jovenzuelo, comías y no tenías ningún síntoma. Pero, creo que era tu manera de decirnos que no te encontrabas bien, fuese como fuese, dejando al margen esta última etapa, que espero que no nos la tengas en cuenta, espero que allá donde estés te quedes con un buen recuerdo de tu familia.
Hemos vivido muchas cosas juntos, siempre has estado ahí. Regalándonos buenos momentos y otros no tan buenos con tus travesuras, pero, ¿sabes qué? Olvidaremos todas las veces que nos despertaste, que tiraste cosas al suelo para jugar, las cosas que rompiste, los arañazos y mordiscos que nos diste, y nos quedaremos con todo lo bueno, porque ahora echamos en falta: tus carreras nocturnas, tus maullidos, tus ganas de jugar y tirar todo. De los arañazos nos quedamos con la cicatriz, pero la herida que costará cicatrizar será la de tu ausencia. A pesar de  no hablar, se te notaba, sabíamos que estabas y tú notabas cómo estábamos, dejándonos a solas cuando lo requeríamos, dándonos besos con tu lengua áspera, para que supiéramso que estabas en los momentos más bajos y durmiendo en nuestros pies.  
Ahora al menos queda el consuelo que no sufres, que te has ido al cielo de los gatos, pero que no has querido irte sin despedirte, y por eso querías que los papas estuvieran en tu último aliento, y ellos estuvieron ahí haciendo todo lo posible, para que no nos dejases, pero a veces no se puede hacer nada.

Quédate con todo el pienso que has comido, con todas las latitas, con todas las gambas que has comido y te dábamso a trocitos. Quédate con todos los abrazos, las caricias, los masajes y las pasadas de peine. Quédate con todas las veces que hemos jugado, con un hilo, con una cuerda o con una pelotita hecha de papel de plata, yo te lo tiraba y tú enseguida venías para rematar. ¿Y recuerdas? Con la cuerda hasta te ponías de pie tú solito y empezabas a darle con toda tus fuerzas como si fueras un pequeño boxeador, un campeón como lo has sido hasta el último momento.  
Quédate con todos los sueños que hemos compartido durmiendo juntos. Las siestas con papa, dormir por la mañana junto a mama cerca de su cabeza, y dormir conmigo en aquellos primeros tiempos. Siempre has estado velando por nosotros mientras dormíamos, eras el guardián de nuestros sueños. Siempre a nuestros lado.

No solamente nosotros te echamos en falta, el loro ahora te recuerda y me dicen que maúlla y seguro que el no verte pasar cerca de su jaula también se le debe hacer extraño. La Kenzie aunque no haya  ido a casa de los papas, creo que también lo sabe,  y ahora entiendo porque la última vez que estuvimos Kenzie y yo en casa, sé porque no te fuiste al verla pasar, te quedaste ahí quieto, la oliste y le diste un beso y después a mí. ¿Era tu forma de decirnos adiós? ¿Lo intuías? 

Y ahora te escribo estas líneas y me vienen mil recuerdos a la cabeza en los que tú estás presente. Y ahora que cada vez me voy haciendo a la idea, esas lágrimas saladas que tanto te gustaban se me van cayendo con cada palabra, y tú no estás para pasar tu rasposa lengua. ¿Y ahora qué?

Pues, que te tengo que dejar, para no seguir manchando el teclado. Te diría mil cosas, te pediría mil perdones por todas las trastadas que te debí hacer, por todos los momentos que no pasé contigo, aunque tú también eras de estar solo y tranquilo. Pero, ahora no puedo rebobinar, así que me quedaré con lo vivido que es mucho, todo lo que dieron tus 16 años a tu lado, con todo lo bueno que nos diste. Me quedaré con tus orejas puntiagudas siempre frías, con tus ojos verdes que brillaban por la noche, con tu pelo suave, con tus patitas, y sobre todo contigo, porque tú no eres solamente una imagen, no eras solamente un gato, eras uno más de la familia y como parte de la familia, ahora se nos hace duro estar sin ti.

Gracias por tanto y no digo que te hemos querido mucho, porque te queremos y te seguiremos queriendo, ya que permanecerás vivo en nuestro recuerdo.

Descansa en paz mi querido Pichi.