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martes, 16 de octubre de 2018

La cuenta atrás



Abriendo puertas


La vida está repleta de etapas, unas se abren, otras se cierran. Y, a pesar de que a mí no me gusten demasiado los cambios, a veces son necesarios, para seguir adelante. Además, las transiciones no tienen que ser malos, sino más bien al contrario un soplo fresco de aire.

Antes de empezar los post temáticos sobre Japón, dejé una entrada sobre lo rápido que corre el tiempo. y cómo corre,  y sobre el año de cambios que estoy viviendo. A pesar de no contar mucho, algo avancé, y algo de lo que introduje fue que tendríamos un viaje muy especial.

El viaje está a punto de llegar, como siempre fuera de temporada y a un continente que no hemos estado nunca ninguno de los dos. El viaje tiene un significado especial, no por el destino en sí, porque realmente no sabía ni dónde estaba, si no el por qué del viaje. Y, es que Carlos y yo…. ¡Nos casamos!  
Sí, después de 15 años de relación damos el paso, sellaremos nuestra vida en común con una firma. En alguna que otra ocasión lo habíamos pensado, pero nos daba mucha pereza ponernos con todos los preparativos, pero este año, no sé si es que hemos madurado o no, pero hemos aparcado la desidia y nos hemos puesto a ello.   

¡NOS CASAMOS!

Brindis con pintas en un pub de Londres

La decisión 

Ni Carlos, ni yo nos lo pedimos,  hubiera quedado súper romántico explicar cómo fue la pedida, quién a quién y cómo ocurrió. Sin embargo, no hubo tal pedida, no es que seamos muy románticos…y, como digo, era un plan en el que en alguna que otra ocasión habíamos pensado y dialogado sin que llegase a más. Pero, este año llegó el momento. Puede que todo surgiera a raíz de nuestro último viaje del 2017, en el que regalé a Carlos por su cumpleaños un viaje a Londres. Allí entre: el frío, el final de temporada, las cervezas y la celebración del cumpleaños de Carlos, nos pusimos a hablar sobre el futuro, los planes y demás. Puede que ahí fuera cuando nos planteásemos de verdad que debíamos ponernos a ello, que siempre lo decíamos, pero nunca nos poníamos a mover papeles.  
A principios de año fuimos a informarnos al Registro Civil de Barcelona, y nos pusimos a recopilar toda la documentación que solicitaban. Teníamos varias maneras de hacerlo, aunque sabíamos que si lo llevábamos a cabo, sería por lo civil. No queríamos una boda multitudinaria, y podríamos haber ido con un par de testigos al Registro y ya está, sin embargo: Carlos dijo que ya que nos poníamos lo hiciéramos bien. Y, tenía razón, hoy día cuesta mucho juntar a todos los tuyos: familiares, amigos y compañeros.  
Además, las veces que habíamos ido al Registro Civil veíamos gente haciendo cola para casarse, y lo vimos un poco frío, seguro que más rápido y sin tanta parafernalia, seguro que después lo celebran con los suyos. De todas maneras, preferimos que si decíamos el: “Sí, quiero” lo dijéramos delante de los nuestros, de todos aquellos que forman parte importante en nuestras vidas, así sería mucho más especial.

Empezamos la aventura de buscar un sitio idóneo, para realizar: ceremonia, banquete y celebración en sí. Si era posible preferíamos hacerlo todo el mismo día, porque si teníamos que volver una vez más a la administración, ya era todo más engorroso. Y eso de hacer paripé como que no, ya que lo hacíamos que fuera todo el mismo día y con validez. Sin embargo, esto de buscar un sitio puede resultar una odisea. En primer lugar, había sitios que solamente realizaban banquetes, pero ceremonia no, como mucho algo extraoficial con actores, así que descartábamos. Otros eran preciosos, pero estaban muy lejos y no ponían muchas facilidades a que viniera Kenzie, y es que casarnos sin la principal testigo de nuestro amor no sería lo mismo, necesitamos que esté ella. Y, como queríamos que estuviera Kenzie, empezamos a mirar hoteles, para que si después había música y bailoteo la pudiéramos dejar en algún sitio tranquila, y una habitación sería ideal. 
Nos encontramos que muchos sitios que visitamos ya tenían todas las fechas del 2018 reservadas, cosa que nos sorprendió, ya que nosotros solamente estábamos tanteando el terreno: no podíamos decir ninguna fecha, ya que no teníamos resolución del registro civil. Entonces, no podíamos entender cómo había gente que lo organizaba con más de un año de antelación, sin saber fechas, y ni haber iniciado papeleo. Eso sí, aunque vayas mucho más tranquilo organizándolo con tiempo, no queríamos estar años organizando un día. Así que, cuando ya nos dieron la resolución en Mayo, ya tuvimos que elegir lugar, fecha y cómo lo queríamos hacer. A partir de esa fecha podíamos casarnos cuándo quisiéramos, ahora era cuestión de encontrar disponibilidad en los lugares que habíamos visitado y valorar todas las posibilidades que nos ofrecían. 
Finalmente elegimos un hotel situado cerca de Montserrat, a primera vista es feo, para que nos vamos a engañar: aún recuerdo la frase de Carlos nada más bajar del coche: “Es feísimo” pero ya que estábamos allí lo visitamos. Por dentro no lo es tanto, y las vistas eran bonitas desde allí, pero lo que más nos atrajo fueron las facilidades y la profesionalidad que se le notaba a la coordinadora de eventos, nos proporcionó mucha seguridad y confianza. 

Elegimos la fecha, sabiendo que queríamos que fuera en octubre, pero sin tener claro qué día, ya que eso no dependía tanto de nosotros como de la disponibilidad. Ya he comentado que hay mucha gente que planifica este tipo de eventos con mucho tiempo, así que costaba encontrar fecha. Queríamos que fuera en octubre, porque es nuestro mes, es cuando es nuestro aniversario, cuando casi siempre nos vamos de vacaciones y todavía no hace mucho frío. Además si teníamos que organizar todo, necesitábamos algo de margen. Queríamos que fuera en sábado, porque siempre va mejor para los invitados, además de que es un día que nos gusta, siendo fin de semana alegra más a cualquiera. 

El día que nos ofrecieron fue el 20 de octubre sábado. Y con ese día nos quedamos. No nos desagradó para nada, una cifra redonda, octubre, sin ser principio, ni final. Así que, empezamos a arrancar, sabiendo fecha, teniendo lugar y ahora tocaba que los invitados lo supieran. Muchos sé que alucinaron, otros se quedaron como en shock, ya que a estas alturas nadie se lo espera y menos que sea con celebración y que lo queramos hacer boda, boda.  Nuestros padres al principio, creo, no supieron reaccionar con la alegría que nos imaginábamos, pero es que para ellos después de tanto tiempo juntos conviviendo, no entendían el porqué. Afortunadamente con los meses lo fueron asumiendo y están siendo unos grandes aliados en nuestra planificación. 

Ahora ya estamos a 4 días del gran día. El 20 de octubre será el día que nos casemos rodeados de los nuestros. Estamos bastantes nerviosos, con ilusión, con ganas, pero nerviosos. Nos preocupan pequeñas cosas, algunas que ni podemos controlar como si lloverá, tronará o granizará (crucemos los dedos para que salga el Sol). Haga la climatología que haga nos sentimos bien arropados, porque estaremos rodeados de los nuestros.

El viaje

Después de casarnos tenemos un destino para la Luna de Miel. Es un lugar que está en un continente en el que no hemos estado, y que reconozco que no sabía ni ubicarlo en el mapa. Y, es que nos vamos a Isla Mauricio. Barajamos diferentes sitios, pero después de informarnos en agencias de viaje, leer y hacer presupuestos, descartamos algunos. Nos propusieron Isla Mauricio, ubicada debajo de Madagascar y arriba de Isla Reunión. 
Creemos que es un buen sitio para desconectar, con buena temperatura: al estar en el hemisferio sur será principio de verano. Así que podremos disfrutar de la playa, ya que este verano con todo el jaleo, trabajando y sin vacaciones, apenas hemos pisado la arena. Tendremos playas, piscinas y excursiones. Así que desconectaremos, pero también queremos descubrir la isla, así que hemos contratado  unas cuantas excursiones, ya que tenemos  bastantes días por delante, para que haya tiempo para todo. 

Tic-Tac  

Y, la cuenta atrás ahora sí que ha llegado. Nos quedan cuatro días para casarnos, para juntarnos con los nuestros, para celebrarlo por todo lo alto y para coger las maletas y enfrentarnos a un vuelo de más de 12 horas, para descubrir una nueva isla en el continente africano. Muchas aventuras por delante, muy seguidas, así que los nervios a flor de piel y la emoción y la ilusión como compañeras de estos días me despido hasta la vuelta.



A la vuelta, os contaré cómo ha ido todo, además de terminar nuestro viaje por Seúl (si es que me acuerdo de algo después de un año) y continuaré contando la época de transiciones. Pero, como digo, la vida está repleta de etapas, unas se abren, otras se cierran, pero siempre hay que seguir adelante, porque si una puerta no se abre, se puede abrir una ventana. Pero, en este caso, vamos abriendo puertas de par en par.




jueves, 2 de abril de 2015

UN GRAN DÍA

Ya estamos en plena primavera. Hemos inaugurado el mes de abril, dejando atrás marzo: con cambio de hora incluida, ganando luz solar, para que la primavera se note más en su plenitud de horas de sol. Pero todos los meses en los que no he escrito, por supuesto que han pasado cosas, he estado bastante liada. Una de las cosas por las que he estado ocupada es porque quería que el último domingo de marzo fuera muy especial para alguien que quiero mucho.

El 26 de marzo mi padre cumplió 60 años. Al ser una cifra tan redonda quería que la celebración también lo fuera. Para ello, desde finales de enero me puse manos a la obra. Quería reunir felicitaciones de familiares, amigos, conocidos y compañeros de trabajo. Puede resultar algo sencillo, pero os aseguro que no lo es. Ponerse en contacto con gente que, quizás, ni conoces y explicarle el motivo y lo que quería. Realmente hacerlo no me costó, pero después estaba la espera hasta que llegasen los vídeos de cada una de las personas a las que les había pedido la colaboración. Algunos no se hicieron de rogar, pero otros por falta de tiempo o despiste tardaron un poquito más. Una vez los tuve, quise hacer un vídeo chulo en el que fuera un viaje a través de la vida de mi padre. Hay muchas formas de viajar y una de ellas consiste en viajar a través de los recuerdos: intercalando música, fotos y los vídeos con las felicitaciones.  Eso no fue tarea fácil, pero conseguí que mi compañero de viaje de vida, Carlos, se comportase como un campeón y lo elaborase con tanto cariño, a pesar de no apasionarle el tema de los vídeos, como si se tratase de su propio padre: dedicándole horas y esfuerzo. Gracias, Carlos También recurrí a  la ayuda de mi tío que nos guió en los primeros pasos para introducirnos en este mundo. Y, sobre todo, de un buen amigo, Mikele, que entiende como profesional del tema y tuve infinita paciencia.
A todo esto, hay que añadir que todo esto lo teníamos que hacer a espaldas de mi padre, poniendo miles de excusas cuando quería quedar con nosotros, inventándonos patrañas para que no sospechase de nada.
A veces, parecía que el mes de marzo no iba a llegar nunca, y otras, cuando hubo complicaciones con formatos y otros temas no queríamos que avanzase y llegase el GD, Gran Día, porque aún faltaban retoques por finiquitar.

Entre todo esto buscamos un restaurante, donde nos ofrecieran un buen menú y que tuviera un televisor para poder emitirlo y estar todos a gusto. Queríamos que fuera algo íntimo y solamente avisamos a la familia, creíamos que quedaría todo en más confianza, sintiéndonos más cómodos si todos nos conocíamos y éramos lo que éramos. Cuando encontré el lugar idóneo para llevarlo a cabo, me puse en contacto con mis tíos para comentarles la idea.  El día, el sitio y la hora ya estaban pensados. Ahora solamente faltaba que llegase ese día y que nadie se fuera de la lengua, para no estropear la sorpresa. 
Yo, para no variar, estaba de los nervios. Siempre te da por pensar que si algo falla, que si sucederá algo que no tiene que pasar, que si….tantos condicionales absurdos que lo único que consiguen esos condicionales es aturdirte más. Aparte de estar nerviosa, estaba emocionada, ilusionada, bueno, no sé ni cómo definir tantos adjetivos juntos.   


El domingo 29, último día de marzo, denominado también como “GDE”, Gran Día de Enrique, llegó. Casi ni me creía que ya estuviera aquí el esperado y ansiado día. Pero, como todo en la vida, todo llega. A mi padre le teníamos engañado diciéndole que íbamos a tal restaurante, para compartir una comida con la familia de Carlos. Por mal camino no iba la cosa, ya que también de una manera u otra también estuvieron presentes. Además, tenía que ser algo creíble, para que él no sospechase. A mitad de camino, yo me “inventé” que me estaba meando, pero al final no resultó ser ningún invento, porque entre los nervios y demás se convirtió en realidad. Sin embargo, lo dije para que Kenzie, mi madre y yo, nada más aparcar acelerásemos el paso y fuéramos directas al restaurante, done ya estaba reunida toda la familia esperándole.  Carlos se quedó entreteniendo a mi padre, para que no se escapase y bajase enseguida, ya que necesitábamos algo de tiempo. ¿Tiempo para qué? Realmente no lo sé.  Pero, al menos que nos diera tiempo a mi madre y a mí para reunirnos con todos y esperarle con ganas. 3, 2, 1 y… ¡Sorpresa! Al unísono sonaron nuestras voces. Se quedó pasmado, de no esperarse a nadie, o esperarse a otras personas, a encontrarse con: hermanos, sobrinos, primos. Primer paso de la sorpresa superado con éxito. Me hubiera encantado verle la cara. Sin embargo, su reacción fue genial. Además, tengo una prima que, en todo momento, hizo de reportera y lo grabó todo como si fuera una profesional del periodismo de investigación. Sí, sí, ella estaba preparada con la cámara algo escondida, grabando todos los movimientos. Así que, tendré la oportunidad de ver qué cara puso. 
Nos sentamos en la mesa para comer, intercambiando conversaciones, risas y poniéndonos al día. Cuando llego el momento del café, fui a por el pastel. Un pastel personalizado para él, con su nombre y sus velas de 60 que tuvo que apagar, espero que con el correspondiente deseo. 
Las sorpresas para él no habían terminado, los nervios para mí tampoco. Tocaba el estreno del vídeo, un viaje por su vida. Les dije que tenía un programa que había hecho que nadie había visto, sí, un programa inédito y que lo había traído para que lo viesen todos, me apetecía compartirlo con todos ellos.  Carlos le dio a reproducir y el show empezó. Al empezar entre la música y demás mi padre no cayó, pero al momento lo hizo y su primera reacción fue de sorpresa. Sí, un vídeo hecho con mucho cariño para él.  Nadie lo había visto y en cambio Carlos y yo nos lo sabíamos de memoria. Nos encantaba ver, escuchar, las  risas, palabras, silencios de la familia. Era nuestro primer pase. Sobre todo me importaba cómo estaría viéndolo mi padre, algún que otro comentario hacía, pero yo creo que no se le escuchaba mucho, porque le dejamos sin palabras.

Al cabo de diez minutos de haberlo visto, haber hecho un brindis familiar y escuchar unas palabras de mi padre, fue como si mi cuerpo pesase  sesenta kilos menos. Por fin, el GD había llegado y afortunadamente había salido todo de maravilla. Sí, se puede considerar un éxito.
Estar durante mucho tiempo planificando algo, preparándolo e incluso soñando con el día, hace que no sepas ni cómo va a ir. Cuando pones tanta ilusión, ganas y esmero en algo, el miedo siempre acecha. En definitiva, no era miedo a que algo saliera mal, aunque algo sí, era emoción, excitación, alegría.
Más relajada, pude disfrutar un poquito más y contarle alguno los secretos que habíamos estado escondiendo a mi padre. El cómo habíamos contactado con tal persona, cómo lo habíamos hecho, cuándo….le rondaban demasiadas preguntas, porque estaba incrédulo de haber vivido algo así y sin darse cuenta él, con lo cotilla que es él…

No me cansaré de dar las gracias a todas las personas que han participar en el vídeo, que de una manera u otra han estado ahí para echarme una mano en todo lo que hiciera falta. A todas aquellas personas, familiares, que pudieron asistir y estar ahí en cuanto se lo pedí, a las que desde la distancia han estado enviando mensajes. A  quienes enviaron el vídeo, fotos, mensajes. Cuando necesitas la colaboración de la gente y ves que participan tan desinteresadamente, te das cuenta de lo bien rodeados que estamos, sin pedir nada a cambio, ceden algo de su tiempo, para formar parte de algo grande para ti.  Para mí era muy importante que esto saliese bien y sin ellos, sin la participación de todos quienes lo han hecho posible no lo hubiera logrado.  Han estado al pie del cañón, queriendo colaborar, guardando el secreto, siendo cómplices y ayudándome. ¡Muchas gracias a todos! 

Quizás no es uno de los mejores regalos que le podía hacer, pero, creo y espero, que, será uno de los que, aún no siendo algo material, le costará olvidar. Al menos esa es la intención. Espero que, como digo en el vídeo, se haya dado cuenta de cómo lo recordamos y, sobre todo, de lo mucho que lo queremos.  Si sirvió para dibujarle una sonrisa y hacer que fuera un Gran Día para él me basta y me sobra, porque, ya sé que hablo como hija, para mí verle a él feliz es hacerme feliz a mí.


Siempre que alguien de los tuyos disfruta, tú lo haces. Si ríe, ríes con él. Si todo se comparte es mucho más amable para todos. Mi padre siempre ha estado a mi lado, y espero que durante mucho tiempo, siempre ha estado protegiéndome, en ocasiones demasiado, pero siempre lo hacía porque se preocupaba por mí. A medida que nos hacemos mayores, parece que los papeles cambian y, ahora no me importa que me controle demasiado, porque yo también lo hago con él. Las tuercas se han cambiado, y, ahora, a veces soy yo quién le tengo que proteger, estar a su lado y ayudarle en todo lo que él necesite. Sabe que me tiene siempre que quiera.   

Básicamente, así se pueden resumir estos meses en los que he estado sin escribir, preparando algo grande que ha durado meses y que en unas horas terminó. Se inició con ilusión y finalizó con satisfacción. Aprovecho, una vez más, para dar las GRACIAS A TODOS y FELICITAR A MI PADRE, quien hizo que todos nos moviéramos por él.  


martes, 14 de enero de 2014

!Bienvenidos al 2014!

¡Ya estamos en 2014!

Hace quince días que estamos en otro año, y aún, no había dejado escrita ninguna entrada. Sin duda, esta entrada  se merece un recibimiento al nuevo año. Aunque, ya lo hayamos inaugurado, más bien está olvidado el estreno. Pero, nunca es tarde si la dicha es buena.  Y ¿qué mejor dicha que dar la bienvenida al nuevo año como se merece?. 

Cada vez me parece increíble, aunque parezca reiterativo, lo rápido que pasa el tiempo.  Debe ser que me hago mayor. Me guste o no, el tiempo pasa.  Este año no he hecho balance del año que hemos dejado atrás, porque no me parecía  justo hacerlo,  ha pasado tan rápido que no me ha dado tiempo a asimilar que lo dejaba atrás. Ahora que, he cambiado de calendario, y poco a poco, voy  dándome cuenta que estamos en otro año, con otro número, prefiero pensar en lo qué vendrá , más que en lo qué he dejado atrás.

No sé cómo habréis empezado el año, pero espero que lo llevéis tan bien como las expectativas que teniais antes de empezarlo.  Imagino que el primer  paso para  inaugurarlo fue  comiendo las doce uvas. En España  el hecho de  comer doce uvas la noche del 31 al 1  de Enero,  es una tradición muy arraigada.  Es una costumbre que perdura con nosotros desde hace más de un siglo.  Y casi no hay  en ningún hogar  que esa noche olvide poner las doce uvas para cada comensal.

Pero, ¿Sabéis cómo surgió esta tradición?   

 Para todas las tradiciones hay un origen y esta tradición, tan emocionante y a la vez divertida, no va a ser menos.  El comer doce uvas  al son  de las campanadas, es una forma de desear que  el nuevo año, con sus doce meses, vendrán cargados de suerte. Siempre y cuando te  comas las doce uvas amarillas, con su pepita incluida, al compás de las  doce campanadas: las cuales separan un día de otro. Un fin de mes, con un inicio de mes,  introduciendo un nuevo año en tu vida.  Dicen que, a la vez que ingieres las uvas tienes que ir pensando  deseos , propósitos , para el nuevo año. Demasiado trabajo.  Porque entre la emoción, la exaltación, el jolgorio, la concentración y el hecho de comerte las doce uvas al mismo tiempo que las campanadas, en tan poco tiempo, tampoco da   lugar para mucho más.  Una de las teorías sobre  el origen de las doce uvas en fin de año, se remonta a 1897, ya que se encuentra testimonio escrito. En el semanario satírico: Gedeón encontramos lo siguiente:
 “Es costumbre madrileña comer doce uvas al dar las doce horas en el reloj que separa el año saliente del entrante”.   

De ahí podemos derivar que durante el siglo XIX ya estaba instaurada esta tradición. Pero…  
¿Por qué comer doce uvas ese día? 

En 1882 el alcalde de Madrid, José Abascal, impuso que todos aquellos que salieran la noche  que venían los Reyes, día 5 de Enero, armando jaleo, serían sancionados. Quienes incumpliesen tal norma, tendrían que pagar cinco duros, 25 pesetas. Esa privación de disfrutar de una noche de fiesta, sumado a que  los burgueses no tenían ninguna carencia de pasarlo bien, hizo mella en la gente del pueblo. La clase obrera no estaba dispuesta a aguantar que, mientras unos disfrutaban sin limitaciones, ellos tuvieran que ser castigados. Entonces, a un grupo de madrileños, se les ocurrió copiar el hecho de que el día de Noche Vieja, los  burgueses  celebrasen tal día con uvas y champán, ironizando esa situación les copiaron.  Y, bastante gente se congregó en la Plaza del Sol, enfrente del reloj de la plaza, para que cuando llegasen las doce horas pudieran tomar doce uvas y después brindar.  Una forma de rebelarse contra el sistema, quienes no dejaban celebrar la noche de reyes, como habían hecho siempre, pues, por tanto, buscaron otro día, y encima dejaban en evidencia a las familias más acomodadas. Ya que estas familias con más recursos  habían copiado  esta costumbre de  los franceses, y  la gente del pueblo se reía de esa costumbre tonta y petulante. Si ellos lo hacían todos lo podían hacer.
Muestra de los ostentosos festines, que se regalaban los acomodados, es una publicación del 1 de Enero de 1897 publicado en: La correspondencia de España
 “En la hermosa residencia particular del ilustre presidente del Consejo de Ministros se reunieron anoche casi todos sus compañeros de gabinete y algunos otros distinguidos personajes. A las doce en punto de la noche saludaron los ministros la entrada del nuevo año comiendo ricas y bebiendo champagne, pronunciándose con este motivo entusiastas y patrióticos brindis por el general Martínez Campos, por el ejército que tan valientemente pelea en Cuba y por la pronta pacificación de la isla.”
Por eso, la gente del pueblo, copiando esa  costumbre, en forma de protesta por la carencia de celebración, optaron por empezar esta tradición arraigada hasta ahora.   

Sin embargo, hay otra teoría sobre el origen de la historia de la tradición….
En esta hipótesis entra en juego la economía.  En 1909 en Alicante, Murcia, Almería y en otras huertas del país, hubo un gran excedente de uvas.  Los campesinos no querían tirarlas, era dinero, y pensaron rentabilizar esa situación. Si ese año la cosecha había sido tan prolífica era por algo, y propusieron  acabar el año vendiendo uvas de la suerte.  Esta tradición, al cabo de los años, se fue extendiendo por toda España.  Al llegar diciembre, después  de ese año, se vendían uvas de la suerte, para que al comerlas, entrásemos  en el nuevo año con suerte.  Era una manera de sacar al mercado las uvas sobrantes, y además era una forma original.

En mi opinión, no sé cuál de las dos historias es cierta, quizás las dos, no es incompatible que las dos historias, o todas las que haya sean ciertas. Pero, tal y como el mundo se rige, me da la sensación que la teoría de sacar dinero de un exceso de producción, tiene más sentido. Nunca lo sabremos, o sí, pero, de lo que no cabe duda, es que sea cual sea el origen, nosotros  año tras año, al llegar el 31 de diciembre, por costumbre, tradición, o simplemente por diversión, no faltan la docena de uvas en la mesa.

¿Os habéis comido las uvas?   

Conozco a gente que no les gustan las uvas, por tanto si no les gustan, por muchas tradición que sea no van a hacer una excepción ese día. Así que, se las ingenian para pensar qué pueden comer esa noche, para  que al compás de las campanadas puedan ingerir y desear buenos augurios para el ciclo que entra. Pues, en ocasiones, han comido piñones, lacasitos, o algún que otro fruto seco.  Hay que pensar que no puede ser algo  muy grande. Cualquier otra fruta sirve, como pudiera ser: doce gajos de mandarina. Bueno, cada uno sabrá, lo que le apetece. Incluso, con los avances que hay, ahora ya hay botes  con las doce uvas , preparadas para ingerir: sin piel y sin senilita, para que  sean más fáciles de tomar. Aunque, según mi punto de vista, eso es trampa.
Las uvas simbolizan los meses que vendrán, las doce uvas. Y los meses no son fáciles vienen con piel.  Hay meses cortos, como las uvas pequeñas. Meses muy largos, de esos que parecen que no van a terminar nunca, y ahí aparece la uva grande y gorda,  y con pepitas.  Aunque, cuando de verdad  te encuentras una semilla, incluso dos  semillas  grandes, el sabor es amargo, como los meses que no  son tan agradables: difíciles de digerir. Pero, hay algunas que son muy dulces. Hay de todo, en la variedad está el gusto, pero no vale elegir, lo que venga está bien. Al igual que no podemos escoger lo que nos depararán los siguientes doce meses, es justo que no podamos elegir las uvas. Por supuesto son uvas de la suerte, así que  por muy gordas, por mucha semilla que haya y  porque casi te atragantes, no hay problema, es suerte para lo que vendrá.


La anécdota de nuestra Noche Vieja:  

Como todos los días de fin de año nos reunimos toda la familia. Cenamos juntos, intercambiamos conversaciones y nos dirigimos los buenos propósitos para el nuevo año. Cuando faltaban menos de diez minutos para las campanadas, empezamos a repartir la docena de uvas para cada uno. Con el tiempo justo, miramos que todos tuviéramos nuestra copa con las uvas. Como se suele hacer, comprobar la cantidad de uvas que tenía cada uno. Entonces, uno empezó a decir que tenía 10, otra voz también tenía 10, y así se fueron sumando las voces. Yo no sé ni cuántas tenía, porque se me había caído alguna, así que incluso tenía menos de diez. ¡Fantástico! Pero, como estábamos a tiempo límite, ya no daba tiempo para más.  Todos en nuestros puestos, enfrente del televisor, preparados  para engullir las uvas al compás de las campanadas que anunciarían el inicio de un nuevo año.  Este año tendríamos más tiempo o para degustar las uvas, sin tantas prisas, ya que a todos nos faltaban alguna que otra uva. La persona que había organizado la cantidad de uvas, para cada comensal, era mi abuelo. Cuando todos “protestaban” en su número de uvas, éste como si fuera lo más normal, dijo que claro que había diez uvas. Todos nos quedamos estupefactos ante su respuesta, estaba convencido que había puesto diez, no había sido un error, sino que él pensaba que tenía que poner diez para cada uno. Bueno, nos llevamos unas risas y nos las comimos mejor. ¡Qué más da comer diez que tres! 
Incluso, yo, personalmente, no sé ni cuántas comí.  Con todo el jaleo de las uvas, el tiempo pasó enseguida y de repente escuché un silencio aterrador en el salón de mis padres, solamente se escuchaba la televisión y yo pensando que qué concentrados todos en los cuartos, porque campanadas sí que se escuchaban, pero no sé yo…normalmente se avisa cuando empiezan las campanadas. La cuestión, es que me dí cuenta de que eran  las campanadas, porque me avisaron, pero un poco tarde, así que además de tener pocas, empecé tarde, por lo  tanto fue un desmadre de año,.  Podría ser que sí el descuento, se  hubiera sumado a empezar dos campanadas después todo hubiera llegado a  buen inicio, pero me dí cuenta bastante tardé.  Así que, cuando todos empezaron a desear buenos deseos para este nuevo año, yo iba con las uvas que me habían quedado por tomar en la mano. No me las había terminado. A pesar de no haber ingerido todas las uvas, no iba a ser menos. ¡Qué más da! Lo importante es estar con los tuyos y felicitar el año  como se merece.  Puede que, no me acabase las uvas, como en otros años, pero las disfruté degustándolas una a una, todo a su debido tiempo. 
Os dejo un audio de nuestra Noche Vieja en familia: Audioboo: Feliz año en familia!2014
Así os podréis reír un poco de mi despiste…


2014

Deseo que durante este año, hayáis comido uvas o no, todos vuestros deseos, anhelos y proyectos se cumplan. Yo estoy esperando con ansia realizar un proyecto, y creo que durante este año se realizará, por lo menos ahí están las ganas, ilusión y esperanza de llevarlo a cabo.  Eso es bueno tener ganas, sobre todo, ilusión en algo. 
Además, este año se conmemoran bastantes efemérides, pero una de ellas es: los cien año de la primera guerra mundial.  Esperando recordar a los caídos, y que nunca más se cometan injusticias de ese tipo, ya que cualquier guerra es  algo injusto, para un bando u otro. Los que caen en la batalla nunca son los que proclaman la guerra, son gente de a pie, quienes no tienen culpa de nada.  Ese 1914, al morir un príncipe, se desató todo. Espero que, a pesar de, los tiempos están muy revueltos en todos los sentidos, no lleguemos nunca a cruentas  batallas de tal calibre. 

Y ahora sí, termino esta entrada, deseando los mejores pronósticos para este inicio del 2014. 

Feliz 2014!