martes, 31 de diciembre de 2019

2019 CON NOMBRE PROPIO



DESPIDIENDO 2019

Este año que ya empieza a despedirse se puede resumir en una palabra: Leia.  
Y es que el principio del año estuvo marcado, sin duda, por la vuelta a Leader Dogs for the Blind, yendo a buscar a mi nueva perra guía: Leia.  La estancia de más de 20 días en Rochester fue una experiencia, aparte de heladora, nostálgica, porque recordaba muchas vivencias de cuando estuve allí la primera vez en 2009 y regresé a casa con Kenzie. Además de coincidir con gente maravillosa con el mismo propósito volver a casa con una gran ayuda, como es un perro guía.  Para más inri el hecho de coincidir de nuevo con el mismo instructor que había tenido diez años atrás, Kevin, sin duda era como estar de nuevo ahí, pero siendo renovadora, con otra gente y unos cuantos años más encima. 

Pili con kenzie y Leia


Al principio como digo, fue una experiencia genial, a pesar de mi miedo ante la nueva situación, porque a pesar de ser repetidora, nunca sabes qué peludo te va a tocar y cómo va a ser todo. Además, lo que más me preocupaba era saber cómo se iban a llevar, me preocupaba que Kenzie no fuera a llevarse bien con el peludo que me tocase. Afortunadamente, Leia al poco de conocerla ya me demostró que por su parte no iba a ver ningún problema, porque tiene un carácter muy tranquilo, nada dominante.  

Durante el mes que estuve en la escuela me dediqué a mimarla, a conocernos y sobre todo a no atreverme en ningún momento a compararla con Kenzie, porque las comparaciones son odiosas y son totalmente diferentes, no solamente físicamente y de carácter, sino que cada una es una diferente.

Por si me quedaba alguna duda cuando en febrero ya estuvimos en casa y comprobé que las peludas congeniaban fue cuando respiré tranquilamente. Y ahora cuando en ocasiones se ponen a dormir juntas, se dan algún lametazo o juegan entre ellas, disfruto y no me arrepiento para nada de la decisión de jubilar a Kenzie y tener a otra peluda que me ayuda cada día como anteriormente lo había hecho ella.

Los meses han ido pasando y en todos ellos Leia ha tenido un papel protagonista, y con ello no quiero decir que Kenzie haya quedado relegada a un segundo plano.  La yaya Kenzie cada día está presente, porque nos preocupa su salud, porque a pesar de que se quede sola en casa cada día al mediodía tiene que ir mi madre a sacarle y cada día me cuenta las anécdotas del día. Sin embargo, con Leia estamos en una fase de adaptación: primero ella adaptándose a un nuevo entorno, unas rutas desconocidas al principio pero que ahora ya se sabe de memoria, y conociéndonos y fortaleciendo el vínculo.
En la oficina enseguida encontró su sitio, teniendo su cama debajo de la mesa, sintiéndose protegida y durmiendo y soñando:  uno de sus grandes placeres.  Además, enseguida supo las fabulosas vistas que tenemos desde los ventanales de la oficina y nos hace mucha gracia cuando se queda sentada mirando por la ventana. 

Durante los 6 meses con ella no dejé que nadie la tocase, para que se centrase y por miedo a que fuera a crear el vínculo con otra persona que no fuera yo. No es lo mismo aparecer en el trabajo con un perro como Kenzie, que el vínculo ya estaba más que creado y éramos una sola unidad que aparecer con un cachorro que me conoce de un mes en otro ambiente.  Ahora cuando me preguntan si pueden tocarla, siempre y cuando no lleva el arnés, les digo que si Leia quiere, ya que a veces mi peluda lo que quiere es oler a la gente, pero no le gusta que gente que no conoce le toque la cabeza o la manosee mucho.  Otro rasgo que es más gato que perro, y es que a ella le gusta que le toquen, o restregarse, pero solamente cuando ella quiere, es muy suya para eso. 
Y, podría seguir enumerando multitud de características que durante estos meses he descubierto de la princesa Leia, sin embargo se supone que es un resumen de este 2019… pero, como ya he dicho al principio, este año se resumen con su llegada, con nuestro conocimiento y las vivencias del día a día.
No obstante, no quería obviar que también ha habido viajes…
Empezando por una escapada por la zona volcánica de la Garrotxa y continuando por una ruta por la costa oeste de California. Dos viajes, sobre todo el último por la distancia y la duración, que sirvió para unir un poquito más el lazo con la princesa Leia, ya que ella nos acompañó y disfrutó como una cachorra. 
Dicen que no es bueno dejar cosas pendientes para el año que entra, pero si nada cambia mañana seguirá siendo miércoles, a pesar de cambiar de mes y de año, por tanto dejo pendiente seguir narrando en siguientes entradas nuestras etapas por California, porque merecerá la pena.
Sin embargo, no me despido del año con deberes por hacer, más bien lo despido pensando que este 2020 aparte de terminar lo que quede de este año, sé que me deparará nuevos proyectos, viajes y mucho más. Además, dicen que si lo proyectas y lo piensas saldrán las cosas.


Espero que este año que ya empieza a decir adiós también haya sido muy bueno para todos vosotros, seguro que de alguna manera u otra muchos también habréis tenido el año marcado por un nombre propio, en mi caso ha sido Leia, pero todos tenemos a nuestra particular Leia.  El año tan redondo que estamos a punto de dar la bienvenida tiene muy buena pinta y espero que siga marcado positivamente por los nombres propios que me rodean, además de llenarlos con nuevos, siempre y cuando sea para que la balanza de lo positivo siempre tenga más peso.

FELIZ AÑO 2020!

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