miércoles, 19 de agosto de 2015

Las maletas: tipos y situaciones vividas con ellas

Tipos de maleta...   


¡Qué me llevo! 

      No sé si muchos de vosotros ya os habéis ido de vacaciones, habéis hecho alguna escapadita o aún estáis por hacerlo. Pero, de todas maneras, sea este año u otro, seguro que en alguna que otra ocasión habéis tenido que hacer y deshacer maletas. Pero, ¿Qué tipo de maleta utilizáis? Imagino que depende el viaje que vayáis a hacer:  
-        - Dependerá del tiempo que vayas a estar fuera. Si te vas para muchos días , para meses, o para una semana...
-     -  La época del año en la que vayas. No es lo mismo irte en verano, donde la ropa que tengas que llevarte ocupe menos que en invierno que con que pongas algún jersey gordo, ya ocupará toda la maleta.
-      -  Si facturas o no. De vital importancia para viajes. Sobre todo si son compañías de bajo coste, que miran con lupa los pesos y las medidas de tu equipaje de mano.
-        - Si eres previsor y quieres llevar un montón de “por si acaso” como si donde fueras a estar no hubiera tiendas y no pudieras comprar lo que se te ha olvidado.   
-       -  Si prefieres una bolsa de equipaje, porque tan solo es una escapada de fin de semana.
-        - Si vas a hacer rutas, prefieres no facturar, o vas a hacer el Camino de Santiago, entonces te irá bien una de esas mochilas ergonómicas y gigantonas.
-      -   Si la prefieres con ruedes. Ahora incluso las hay con cuatro ruedas que son muy cómodas de llevar.
-        - Si la quieres de tela, con muchos bolsillos y poder poner algo que se te ha olvidado en el último minuto y colocarlo en el bolsillo de fuera. Además de tela, hasta puedes sentarte encima para cerrarla, con el riesgo de que te quedes con la cremallera en la mano.
-        - Si la prefieres de click antes  que de cremallera.
-       -  Si la prefieres con códigos de seguridad, recuérdalos bien, para luego poder abrirla, ó en cambio prefieres poner un candado y listos.

Será por tipos de maletas! Hay para todos los gustos y colores.. Todas ellas diferentes. Aunque hay veces que son tan similares unas de otras, que cuando estás  esperando a que salga tu maleta, siempre coges dos o tres, con las ansias de que sea la tuya y poder salir ya del aeropuerto. Evitar las maletas oscuras, esas que llevan todos, y si lo haces, al menos ponle una etiqueta o algo diferenciador, porque no será la primera vez que alguien se haya llevado una maleta que no es la suya. Eso sí, un consejo, que a veces aún hay gente que no lo hace, poner el nombre, teléfono y dirección. No, ya por si alguien se lleva la tuya por confusión, sino porque si se extravía en otro vuelo o lo que sea, siempre podrás decir que es la tuya. Pero, por otro lado, por si alguien se lleva la tuya y tú la suya, siempre os podéis en contacto. Esto último le paso a un familiar mío, y cuando abrió la mochila y vió que todo lo que había dentro era ropa de bebé fue un show, suerte que estaban los datos de contacto y pudieron hacer el cambio.

Las mejores maletas para mí gusto son esas que son

De policarbonato, rígida. Con cremallera. Con cuatro ruedas, fácil de llevar, sumándole un mango periscópico que no se vaya bajando cuando caminas y sea cómodo y fácil de llevar. Esa es una de las últimas que me he comprado y espero que me dure mucho.  Porque a decir verdad, creo que he utilizado todo tipo de maletas, desde mochilas,  bolsos de viaje, maletas de tela y esta última, rígida. 

Aunque tuve una muy chula, en principio también rígida, aunque era más bien de plástico, que cuando me dí cuenta. Cuando llegue al destino, noté una manga de un polar. Pensé que cómo había viajado así, con la maleta tan mal cerrada, era de cremallera, y pensé que  no la habría cerrado del todo. Sin embargo, cuando fui a abrirla estaba perfectamente cerrada. Sin embargo, lo que pasaba era que una de las cuatro ruedas había desparecido, ya me parecía a mí, que no andaba muy fina, pero como no  la había estado llevando yo, pues no había notado tanto su cojera. Pero, cuando vi que no tenía rueda, que mucha de la ropa estaba asomando por ahí, suerte que era algo gordo y fue solamente eso, al no ser que fuera algo más que se cayera por el agujero y desapareciera tanto de la maleta como de mi recuerdo.  Esto significa que, a veces, por muy buena que te parezca la maleta, casi que es mejor una de tela, que sabes que al no ser que casi la revientes de ropa, no le va a pasar nada, o sí… nunca se sabe. Hay que tener en cuenta que si hacer un viaje largo en avión y si encima haces escalas, la maleta pasa por un montón de manos que trabajan a destajo y no me quiero ni imaginar, aunque lo hago por los ruidos que se escuchan cuando aparecen las maletas, como las deben tratar. Por eso a veces aparecen como la mía, otras veces se caen por ahí y ni aparecen y  en otras ocasiones es cuando alguien se confunde y se deja la suya para llevarse la tuya.

Sin embargo, qué maleta llevarte o qué llevarte en ella, no tiene por qué ser una preocupación vital para tu viaje. Lo importante es llevarte lo esencial, lo que creas que te puede ser  útil. A veces, casi que es mejor, depende el destino y  el tipo de turismo que vayas a hacer, llevarla casi vacía para traerla llena de compras realizadas en el destino vacacional. Todo depende.


Si no quieres facturar…  

Si por el contrario vas a hacer un viaje, pero no quieres facturar. Recuerda mirar las medidas aceptadas por la aerolínea. Hay compañías aéreas que son muy extrictos con este aspecto, y sé de gente que ha tenido problemas. Les han llegado a hacer facturar con el tiempo límite de hacerlo y pagando unas cifras desorbitadas. Las medias son de: 55x40x20cm y el peso máximo es de 10kg.
Recuerdo que un taxista me contó la mala experiencia que había tenido con RyanAir, una compañía que suele ser bastante exigente con estos requisitos. Su maleta era un poco más grande y pesaba más de lo permitido. Así que, al no entrar en una especie de armarito que tienen para comprobar que la maleta cumple las medidas exactas. Le dijeron que no podía volar con esa maleta, que podía facturar con una cantidad , que ahora mismo no recuerdo, pero que el pobre hombre no llevaba encima. Así que, si no quería perder el vuelo, no le quedó otra que dejar la maleta ahí, dejar la ropa que menos iba utilizar o que no le importaba desprenderse y salir corriendo con la ropa en mano para coger el vuelo. Suerte que se encontró una señora de la limpieza que le prestó una bolsa de basura, para poder meter su ropa. Se sintió humillado y desde entonces, no es que tenga en cuenta las medidas a rajatabla, sino que después de tan funesta experiencia, prefiere pagar más y viajar cómodamente que viajar en compañías de bajo coste, porque después lo barato sale caro. 
Aunque no tiene porqué salir todo mal, si compras un maleta con las medidas exactas, si no la llenas de “por si acaso” y llevas lo justo y necesario. Yo más que una trolley, una maleta de ruedas, prefiero llevar como equipaje de mano alguna mochila, porque al ser de tela, siempre puedo apurar más, hasta casi deformarla y casi a punto de explotar, corriendo el riesgo que he comentado antes de quedarme con la cremallera en la mano. Bueno, tampoco hace falta exagerar.

Además,  esto de hacer maletas se aprende a medida que vas viajando. Por mucho que toda tu vida hayas sido de los que te llevabas algo por si llovía, por si nevaba o por si cualquier situación, a media que viajas y si lo haces a menudo más, aprendes que vayas donde vayas  casi con toda seguridad podrás comprar lo que te haga falta y no lleves. No hay que cargarla de masiado, porque después la mayoría de las cosas ni te las pones, a veces  si el viaje no es muy largo, no te da ni tiempo a deshacerla del todo, y aquello que habías puesto “por si acaso” queda abajo del todo, arrugado y listo para planchar a la vuelta.

Ya me contaréis qué tipo de maleta utilizáis vosotros. Qué anécdotas tenéis con maletas: pérdidas, confusiones, acabar destrozada, etcétera… Espero vuestras anécdotas. Porque aunque este sea  mi maleta, también me gusta saber de quién está al otro lado de la pantalla y lee estas líneas. 


¡Feliz verano! ¡No pierdas las maletas y a seguir volando, viajando y disfrutando! 

Os dejo con un monólogo de Luis Piedrahíta sobre justamente este tema las maletas y los por si acaso. Espero que os guste.    

domingo, 9 de agosto de 2015

Relato veraniego

EL INTRUSO  

Lo maté. Sí, lo maté, lo confieso. Lo asesiné con alevosía, con ganas, y lo mejor, dormí muy a gusto, sin remordimientos, simplemente dormí como no había hecho desde hacía tiempo. Después de matarle fue como si me hubiera sacado un peso de encima. Dormí de maravilla.

El verano había llegado y hacía tanto calor por las noches, que tenía que dejar las ventanas abiertas, para que entrase algo de aire. Era algo insoportable, un calor pegajoso y el aire de la calle era casi inexistente, pero mucho mejor que estar encerrado entre cuatro paredes sí que se estaba. El calor  no me dejaba dormir a gusto, lo único que conseguía era sudar y dar vueltas y más vueltas en la cama, hasta acabar deshaciéndola. Esa noche, más bien, esa madrugada, ya estaba medio adormilado, había ganado la batalla al insomnio y al calor, y de repente, lo escuché. Tenía un intruso en casa, concretamente, en mi habitación. No me asusté,  para nada. Simplemente, con mi mal despertar, se iba a enterar de quién era yo. Tengo muy mal despertar, muy mala leche, y encima si me desvelo ya no puedo volver a dormir. Así que, no me quedó otra que hacer guardia. Sabía que el intruso, por mucho que se escondiese seguía ahí, así que, a riesgo de volverme paranoico estaba haciendo guardia, alerta, esperando un falso movimiento de éste para actuar. Sabía que continuaba en mi alcoba, porque no había podido escapar. Me puse la almohada en la espalda y me senté en la cama, con las piernas cruzadas, como si estuviera haciendo meditación, aunque precisamente relajado no estaba. Me quedé esperándole, como un pasmarote, en esa posición tan extraña para la hora que era, pero sabía que tarde o temprano caería, solamente tenía que estar muy atento. No encendí la luz, porque con la luz que se colaba de la farola ya estaba suficientemente iluminado, una luz tenue, pero perfecta, para hacer lo que estaba deseando realizar, sí, matarle. En cuanto tuviera la oportunidad lo haría, en silencio, con el único testigo de esa farola, que sé que no diría nada y si lo hacía me daba igual, solamente estaba cegado por conseguir mi objetivo: acabar con él. 

No estaba loco, estaba cabreado, enfurecido, y todo empezó a cuadrarme: entendí que ese intruso no era la primera vez que me visitaba, estaba convencido que otras noches había estado ahí al acecho. Entendí el porqué de mi cansancio por las mañanas, yo no es que durmiera mal por culpa del calor, que también, sino que, estaba siendo acosado, atacado, irrumpiendo mi sueño y mi intimidad. Ahora que sabía todo, sabía que él era el culpable de todos mis males se iba a enterar, era yo quien estaba tras él. Aunque ahora se hiciera el silencioso,  el invisible, cuando menos se lo esperase, acabaría con él.  Recordé que tampoco tenía que ser muy cruel, que no tenía que mancharme las manos de sangre. No quería ensuciarme, ni gastar mucha energía, simplemente acabar con él. Recordé que había una solución más directa, silenciosa como él, pero efectiva. A los cuatro vientos grité: “ ¡Quién avisa no es traidor!” Alertando al intruso para que se fuera, más bien como un pequeño acto de compasión, aunque sabía que por mucho que le dijera, aunque le hubiera dicho que sería su última noche con vida, no me hubiera creído y hubiera seguido ahí, ajeno a mis voces y persistiendo en su afán de ser lo que era, un intruso. 
Rápidamente, después de mi grito, salté de la cama y con una risa maquiavélica, abrí el cajón, saqué mi arma letal y la conecté a la corriente. Enseguida empecé a notar el suave y dulce olor a la muerte. Nunca más volvería a picarme, ni ese, ni otros de su calaña. Me sentí tonto por no haber recordado hacerlo antes de abrir la ventana, pero ahora me reía muy a gusto y estaba listo para descansar sin interrupciones. 

lunes, 3 de agosto de 2015

LEY DE MURPHY

LA FAMOSA LEY DE MURPHY


Si algo puede salir mal, saldrá mal.     

Esta ley salió de Murphy, pero…  
¿Quién era Murphy?  
Edward Aloysius Murphy era un ingeniero aeroespacial estadounidense y formuló su ley en 1949. Después de descubrir que todos los electrodos de un arnés estaban mal conectados, esos servían para medir la aceleración desaceleración en pilotos. Con esos experimentos y con ese infortunio, Murphy lanzó la frase de: “Si alguien puede cometer un error, lo cometerá”.

Con el tiempo la frase fue cambiando y se conoció en 1952 como la conocemos ahora: “Si algo puede salir mal, saldrá”. De esta ley hay multitud de variantes, ya que, como sabéis, hay muchas frases derivadas de la Ley de Murphy.  En definitiva es una ley cómica que explica los infortunios en todo tipo de ámbitos. No pretende ser algo negativo, sino que, pensad que la memoria es muy selectiva y tendemos a olvidarnos de las cosas positivas y neutras y queda un rastro de algo que en algún momento no funcionó y fue negativo. Por tanto, si una vez sucedió algo de forma negativa nuestra mente lo recordará y el temor a que vuelva a ocurrir, hará que la ley aparezca y digamos la famosa frase: “Ley de Murphy”.

¿En qué situaciones ocurre? 

Las situaciones en las que  nos acordaremos de Murphy  y su famosa ley es cuando veamos que algo si puede salir mal, saldrá mal o incluso peor.  Si algo se tiene que caer, seguro que se cae y si se puede romper, se romperá. Así  de puñetera es  esta ley que, como he dicho, no es que sea negativa, es real como la vida misma... si puede pasar, pasará... es cuestión de probabilidad y ahí juega un papel importante el infortunio que siempre hace de las suyas. 

Después citaré unas cuantas frases derivadas de la Ley de Murphy, aunque como hay tantas os invito a que incorporéis la vuestra. Pero, ahora os voy a contar por qué se me ha ocurrido acordarme de este hombre y su ley.  Me acordé de esta ley durante el fin de semana. Después de estar toda la semana con un bochorno agobiante, pero sin poder ir a la playa, deseando que llegase el fin de semana para poder ir. ¡Zas! Llega el viernes por la noche y cae la tormenta que no había llegado durante todo el verano. El sábado, a pesar de la lluvia nocturna, pensábamos ir a la playa, deseando que el Sol apareciera de nuevo, pero… ¡Zas! No llovía, pero había refrescado y ni un rayito de sol apareció. Eso sí que es que el destino, en este caso  la meteorología juegue con nosotros. Basta que deseas que pase algo, pasa todo lo contrario y encima malo. Mira que hay días en la semana para que llueva, para que haga mal tiempo, pero no, la ley de Murphy hizo de las suyas y si algo tenía que salir mal, salió. Salió algo mal, de todo menos el Sol.   

Así que esa fue mi propia ley de Murphy, “Si llevas toda la semana esperando para disfrutar del Sol, lloverá”. Suerte que hay más días para seguir disfrutando y que, a veces, el cambio de plan, aunque no sea por propia elección, si no por cosa del destino, tampoco está nada mal. 

A continuación, os dejo algunas frases derivadas de la Ley de Murphy, a ver si os sentís identificados con alguna o sabéis más…

1-     La tostada siempre cae por el lado de la mantequilla.
2-     La otra cola siempre va más rápida.
3-     Si duermes con alguien que ronca, éste se dormirá antes que tú.
4-     Si tienes prisa, todos los semáforos estarán en rojo.
5-     Si suena el teléfono llegarás justo cuando han colgado.
6-     Los seguros lo cubren todo, excepto lo que sucede en ese momento.
7-     La estupidez de tu acción es directamente proporcional al número de personas que te estén observando.
8-     Si tienes papel, no tendrás bolígrafo. Si tienes bolígrafo no tendrás papel. Y si tienes ambas cosas no necesitarás escribir nada.
9-     Si coges el paraguas no lloverá en todo el día.
10-  Si puede romperse, se caerá.
                        
Y seguro que se os ocurren más y mejores, así que os invito a que dejéis comentarios, poniendo vuestra propia Ley de Murphy.  Pero, recordad, pase lo que pase, después siempre sale el Sol. 

lunes, 27 de julio de 2015

Para esos abuelos

Un homenaje a los abuelos


Hoy 26 de julio es el día de los abuelos. Se conmemora este día, porque es el santo de Santa Ana y San Joaquín, y así se llamaban los padres de la Virgen María, madre de Jesucristo. En otros países se celebra en otras fechas. Pero, aquí, en España, se celebra después de la gran fiesta del Apóstol. ¡Uy! Me está quedando una entrada muy santoral y no es que yo sepa mucho del tema.

Así que, vamos al tema: Sé que el día 26 es el día de los abuelos, porque cuando era adolescente y pasaba el verano con mis abuelos, un día mi abuela que era su día, que le tenía que felicitar y me explicó el porqué. Al enterarme, por supuesto que les felicité, y además de eso les obsequié comprándoles unos merengues. Sabía de su paladar por el dulce, y cuando pasé por una pastelería fue la ocasión perfecta para comprarles ese dulce, tanto para ellos como para mí. Además fue la primera vez que probé un merengue y me gustó, pero no sé por qué no he vuelto a comerlos.

Los abuelos ayudan en todo lo que pueden y más a sus hijos, y a veces se convierten en segundos padres para esos nietos que quedan a su cargo. En mi caso no fue así, la distancia hacía que no los viera tanto como quisiera. Pero, las llamadas telefónicas eran todo un show, sobre todo hablar con mi abuela que era más de darle a la lengua que mi abuelo, así que sabíamos que cuando les llamábamos no era para un momento, era para contar cómo había ido durante toda la semana, y contar con pelos y señales todo, todo y todo. Con mi abuelo era otro cantar, ya que nunca ha sido de hablar tanto, es más parco en palabras: más bien hablábamos de cómo estaba el tiempo por ahí y por aquí, no es que sea un especialista en meteorología, pero hay que tener en cuenta, que por aquel entonces, él tenía su huerta, como siempre han dicho: su vida, y para él que lloviera o no, hacía mucho.  
No fue una relación en que solamente hubiera llamadas telefónicas, porque en cuanto llegaba el verano me plantaba a pasar casi todas mis vacaciones de estudiante con ellos. Me encantaba pasar el día a día con ellos, que si ir a la piscina, comer temprano- cosa que con la edad fui modificando, porque eso de comer a la una del mediodía se me hacía muy raro-, ir a la huerta del yayo, pasear, acompañarles a la compra. No vivían en un pueblo, era Logroño, una pequeña ciudad que con el tiempo se ha ido haciendo grande, pero para mí era mi pueblo particular, done estaban los míos.

Además, de las llamadas telefónicas, las visitas veraniegas y sus visitas invernales, me encantaba que se fueran de viaje y me escribieran. Sí, mi abuela era de escribir cartas, esas que hoy día han quedado relegadas a un segundo plano con las tecnologías. A veces, me costaba leerlas, porque escribía con una letra un poco peculiar, con personalidad, que costaba entender, pero mejor, porque así tenía que leer y releer la carta para descifrar lo que me contaba. Hacían casi todos los viajes que podían, gracias al INSERSO, y siempre enviaban cartas, cuando no eran cartas, eran postales, cosa que me encantaba. Las últimas cartas, contándome anécdotas de su viaje, ya  no la pude leer, porque ya no veía, pero  me la leyó mi madre, como si yo fuera pequeña, y  echamos unas risas  leyendo la carta juntas.

Ellos eran: Charo y Manuel, mis abuelos de Logroño, a pesar de no ser de ahí, pero sí vivir en esa ciudad. Hoy día ellos ya no están en esa ciudad, mi abuela falleció hace unos años y mi abuelo sí que está por aquí, pero lejos de esa ciudad que quería, sin mi abuela, sin su huerta y con bastantes más años encima, con los achaques que conllevan, pero por aquí anda siendo tan guerrero como siempre ha sido. 

No quiero olvidarme de mi abuelos por parte paterna…solamente conocí a mi abuelo, ya que cuando yo nací la madre de mi padre ya había fallecido. Así que, solamente conocí a Lorenzo, mi abuelo por parte paterna, que, como bien dice su nombre, era un Sol. Él nos dejó cuando yo era más pequeña, aún no había ni llegado a la adolescencia, pero, a pesar de eso, aún lo recuerdo. Quizás no es un recuerdo tan nítido, quizás está mitificado, quizás las fotografías, las charlas con mi padre y familiares han hecho que, afortunadamente, ese recuerdo no desaparezca. Mi abuelo sí que vivía en Barcelona y, además, muy cerquita de casa de mis padres y lo veía con más asiduidad.  Recuerdo que todos los primos lo pasábamos en grande yendo al terreno, donde él siempre estaba con sus hortalizas, si no era regando, era plantando, y si no liado con cemento  haciendo algo,  pero siempre tenía algo que hacer. Era un manitas y se hizo una barbacoa, donde hacía una paella, con la leña que recogíamos, que le salía de maravilla. Hay muchos recuerdos, algunos de mi cosecha y otros, como he dicho, de lo que han ido sembrando las fotografías y recuerdos de otros. Pero, sí que recuerdo, las navidades en su casa, mis tíos y primos, todos íbamos a su casa a pasar Nochebuena. Los primos estábamos en una habitación más pequeña, al lado del comedor, pared con pared, mientras los grandes estaban en ese comedor, claro, también eran más.  Si me pongo a pensar me van saliendo más y más recuerdos y no es plan de ponerse nostálgica.

Esta quiere ser una entrada de recuerdos sí, pero también de homenaje a todos los abuelos. Como egocéntrica que soy y por ser la autora, en especial a los míos, porque los quiero, a pesar de la distancia, porque estuvieron ahí, porque fueron abuelos y porque los conocí.  De todas maneras, quien no haya tenido la suerte como yo de conocer a sus abuelos, siempre les quedará el recuerdo fotográfico y lo que los recuerdos de otros siembren en ellos.

Actualmente muchas familias no sabrían cómo arreglárselas en el día a día, con las jornadas laborales tan largas,  la jornada sin la ayuda de esos abuelos, quienes siempre están ahí para echarnos una mano. Para dar caprichos a los nietos, para reír con ellos y disfrutar, para educar ya están los padres y, en principio, ellos siempre dan algún que otro capricho más que los padres. Lo hacen sin querer, según dicen, se les cae la baba, y si no lo dicen, a algunos con solo mirarles ya se les nota y se delatan ellos mismos. Esos nietos les dan la vida…


Así que...hoy quiero dar un gran y fuerte aplauso para esos abuelos que siempre estuvieron ahí, continúan en nuestro recuerdo y corazón y porque sin ellos  no seríamos nadie.

¡Gracias, yayos! :)

viernes, 17 de julio de 2015

Hola, ¿te acuerdas de mí?

Hola, ¿te acuerdas de mí? de Megan Maxwell 

Una de las novelas más íntimas y personales de la autora...¿te atreves a descubrirla? te invito.



"Hola, ¿Te acuerdas de mí?" es la última novela de la escritora Megan Maxwell. Me lo he leído en menos y nada, pero, confieso, que me suele pasar cada vez que uno de sus libros cae en mis garras. Tiene una forma de contar las cosas muy de andar por casa, casi como si quien te lo estuviera contando fuera una amiga y eso hace que el libro sea ameno y cercano. 


Megan es una escritora muy prolífica, tiene muchos libros y saca novelas  en nada de tiempo. De hecho tiene otro previsto para agosto: "Un café con Sal". Así que estaré atenta para leérmelo en cuanto salga. Pero, uno de los últimos libros que leí de esta autora fue la saga “Pídeme lo que quieras” una trilogía erótica que engancha desde el primer libro hasta el último. Cuenta sin tabúes cómo es la relación sexual entre unos jóvenes que se conocen ,y, bueno, entre medio, hay romanticismo, pero mucho sexo. 

Además de esa saga tiene otros libros como: "Los príncipes azules también destiñen" como veis los títulos de los libros  ya son originales y divertidos, así que imaginaros lo que hay dentro... 

Sin embargo, no es que no me gustase la novela erótica, porque en casi todas sus novelas incluye algo de picardía y un toque salado, dulce y picante, sumado a su lenguaje, como he dicho, son muy amenos y divertiidos. Pero, esta última novela “Hola, ¿te acuerdas de mí?" es diferente: aunque algo de  picante hay y divertida  lo es un rato. Empezando, porque como cuenta la escritora es muy íntima, ya que un trozo de historia real queda enmarcada dentro de su libro. Le he escuchado decir en entrevistas que, cuando le propuso a su madre contar su  historia, le dijo que quería contar su historia, pero con un final de película. Es lo que tiene las novelas que puedes incluir ficción y maquillar la realidad. De todas maneras, sabemos que, a veces, la realidad supera la ficción. 
Esta novela cuenta dos historias paralelas, donde el tema principal es el amor. Son historias  situadas en  diferentes épocas y diferentes lugares, pero con muchas cosas en común, el principal es el amor.  La primera parte de la novela cuenta la historia de Carmen y Loli, madre y tía de la escritora, que durante los años 60 tuvieron que emigrar a Alemania para encontrar un futuro mejor, sobre todo para trabajar. Mucha gente en esa época lo tuvo que hacer en búsqueda de un futuro mejor.  Carmen y Loli, dos jovencitas que nunca habían salido de España, se encuentran en un país que no conocen, lejos de la familia y con la barrera del idioma- que muchas anécdotas divertidas les traerán-. Carmen y su hermana conocen a más españolas y a una alemana con la que harán muy buena piña. Las cuatro van descubriendo Alemania, trabajando y viendo las diferencias con España, como que las chicas lleven pantalones, por ejemplo. Hasta que los años van pasando y el amor aparece. Carmen y Loli, las dos hermanas, acaban enamorándose de dos americanos, y, para más inri, militares los dos. Viven y descubren una juventud alocada, tal y como es el amor con sus altibajos y locuras que les hace descubrir muchas cosas. Todo parece que va genial, hasta que algo sucede y lo cambia todo…las malditas guerras que, como siempre, lo destrozan todo.
Por otro lado, la novela pega un salto en el tiempo, y 35 años después es Alana quien tiene que ir fuera a trabajar. Alana es la hija de Carmen y por motivos de trabajo se traslada a Nueva York con una amiga y compañera de trabajo. Alana es una treintañera muy cerrada al amor, no quiere que le hagan daño, porque ya se lo han hecho en el pasado. Pero, el amor es impredecible y aunque ella no quiera el capitán  Joel Parker se fijará en ella. Ella intentará huir de ese capitán americano tan atractivo, no quiere saber nada de militares y no entiende por qué con tantos chicos en Nueva York, justo un militar se tiene que fijar en ella. Anécdotas divertidas con su amiga Isabel y su forma de tomarse la vida, el trabajo y el amor harán de su viaje a Nueva York algo increíble. Aunque, no solamente el día a día hará que sea imborrable, sino que los giros del pasado hará que muchas sensaciones, emociones y lagrimas harán que todo tenga un significado. 
La protagonista es tan cercana que a ti, como lectora o lector, tampoco te dejará indiferente, porque te arrastrará con ella hacia sus sentimientos, a veces contradictorios, como la vida misma, con miedos y valentía. Ya se sabe, a veces, somos muñecos del destino que le gusta jugar con nosotros, pero haga lo que haga ese destino, tenemos que seguir siendo unas guerreras. Guerreras como lo son las protagonistas del libro y la propia autora. 

Simplemente me ha encantado y muy recomendable. Así que, si no sabéis que leer este verano….pues, totalmente recomendable para este veranito.


Os dejo el booktrailer- me encanta, porque hay voz en off y lo he podido seguir bien-  


domingo, 21 de junio de 2015

Bienvenidos al verano!

Tenía pensada una entrada diferente a la que voy a hacer. Sin embargo, hoy, esta tarde, hemos estrenado el verano y me ha hecho cambiar de idea. La entrada la dejaré para otro día, porque me parece bien que cuente la problemática con que nos encontramos las personas con discapacidad visual a la hora de encontrar trabajo.

Por unos momentos no quiero pensar en lo difícil que lo tenemos y celebrar la llegada del verano con esta entrada. Primero de todo, dejadme felicitaros el inicio de verano. ¡Ya estamos oficialmente en verano!
A pesar de que hace unos meses parece que el verano ya estaba aquí, hasta esta tarde no hemos entrado oficialmente en la nueva estación del año. Una de las estaciones más esperadas por todos, sobre todo por los niños, que han acabado los coles y tienen ganas de disfrutar de sus merecidas vacaciones. Justamente ayer paseando por el barrio, a cada paso que dábamos nos encontrábamos a niños haciendo exhibiciones. El llegado fin de curso ya estaba y todos estaban contentos: música, risas, festivales, por todas partes. Ir paseando y encontrarte a niños felices y alegres, la verdad es que es contagioso, se oía que el verano ya estaba aproximándose a pasos agigantados.

Para redondear el día de hoy, hemos quedado con unos amigos. Esos que conoces porque el destino hace que los conozcas en un país que no es ni el tuyo, ni el suyo. Ese tipo de amistad une mucho, porque ni ellos, ni nosotros, teníamos la familia cerca, y la amistad, si cabe, es aún más fuerte. Vives cosas que solamente ellos y nosotros sabemos, lo que se vive en un país extranjero allá se queda, allá, y en tu recuerdo. El destino nos ha reencontrado, esta vez en mi ciudad, Barcelona, y aprovechamos siempre que podemos para quedar, ponernos al día y hacer buenas comilonas, ya que somos de buen comer. Aunque hoy, principalmente, hemos quedado para ir a la playa, ponernos al día, tomar el Sol y pegarnos el primer baño de la temporada. Queda mal decirlo, pero yo no he sido tan valiente y no me he  remojado, bueno, sí, los pies, pero eso no cuenta. Mira, que hacía calor, sin embargo, estaba a gustito con la brisa que hacía. No me apetecía darme el baño, si te lo piensas mucho, no te atreves a dar el gran paso de tirarte y empaparte, quizás ese ha sido mi gran error, quedarme en la orilla y pensármelo demasiado. Cuando venía la brisa, me daba cosilla dar el paso, así que me he quedado sin probarla por entero, a pesar de que mis amigos dijeran que estaba muy buena. Les creo, y lo poco que la he probado, puedo decir que no estaba helada. Bueno, habrá más ocasiones de nadar y remojarse, solamente es el inicio de muchos días de playa que espero que vengan.


Con esta pequeña entrada anunciando la llegada del verano me despido. A disfrutar del verano, hagáis lo que hagáis, disfrutad mucho de una de las estaciones del año más desinhibidas, más divertidas y más  sociales. Para mí esta estación es mi preferida, te anima más a salir a la calle, estar en una terracita, ir a la playa, o cualquier actividad al aire libre es bienvenida en buena compañía.  

Así que, como decía la canción veraniega de no sé qué año...El verano ya llegó! 

domingo, 14 de junio de 2015

MICROCUENTOS

A veces la inspiración llega cuando menos te lo esperas. Así que, hay que aprovechar esos momentos, donde las musas te silban palabras y puedes ser escribiente de sus dictados. Eso es lo que me sucede y si tengo la oportunidad escribo esas palabras en Twitter. Hoy he querido recoger algunos microrelatos que en alguna ocasión he tuiteado, aquí los dejo.  Twitter solamente te permite escribir en 140 caracteres, así que solamente puedes escribir microrelatos. Aviso que mis frases, mis microcuentos no son para nada como los Augusto Monterroso, pero son cuentos pensados sobre la marcha y plasmados en mi cuenta de Twitter.

Augusto Monterroso fue un cuentista guatemalteco muy conocido, sobre todo es conocido su microcuento más corto. “El dinosaurio” que dice así:

“Cuando despertó el dinosaurio todavía estaba allí” 

Seguro que habéis escuchado hablar sobre este microcuento, y si no, pues ya lo habéis leído. Por supuesto, tienen otros mejores. Pero éste, sin duda, es uno de los más afamados.

Otro de sus microcuentos también es éste: “Nulla Dies Sine Linea” y dice así:

“- Envejezco mal- dijo; y se murió.”

Por supuesto, tiene más microcuentos, incluso cuentos que no son hiprebreves como estos, pero como hoy el tema va sobre microcuentos, pues ahí os he dejado una muestra del gran maestro de este género.

Ahora voy a poner unos cuantos de los míos, a ver qué os parecen. Ya os digo que algunos son sin pensar, pero hay que aprovechar la inspiración. Ahí van y espero que os gusten:

LA COMETA
El niño lloró, toda la semana esperando para sacar de paseo a su cometa, y el viento no asistió a la cita.   

CARRETERAS SECUNDARIAS
El atasco en la autopista, le hizo pensar que no quería seguir el  mismo camino que todos, y se desvió por la carretera secundaria.

ENREDEDOS DEL PASADO
Se dedicó a peinar el alma de quien más quería, tenía demasiados  enredos del pasado.  

EL GUERRERO DE BARRO  
El guerrero de barro se desmoronó al ver que llovía y  supo que no sería nada.   

Tres trillizos, inseparables y redonditos, siempre caminaban juntos, rellenando  silencios y frases inacabadas…   

EL MUÑECO DE NIEVE
Disfrazado ridículamente y expuesto al azar de la climatología, seguía inmóvil, helado, con ganas de salir corriendo.


Tengo más microcuentos por ahí, pero no es plan de aturdiros con todos. Así que, es mejor ir dejándolos caer en pequeñas dosis. Por si acaso, yo seguiré aprovechando los ratos en que la melodía de las palabras susurran historias que pueden ser contadas. 


Sé que es una entrada no muy común, pero ya sabéis que en la maleta cabe de todo.  

lunes, 11 de mayo de 2015

Hace un año...


EL ESTRENO DE CON MIS OJOS...UN AÑO DESPUÉS



Hace un año se estrenaba “Con mis ojos”. Sí, ya hace un año. Cuando al tiempo le da por extender las alas y volar, vuela que da gusto.   
Recuerdo perfectamente aquel domingo, 11 de mayo. El programa empezaba a las 20:30h en La2. Media hora ante o así, quedamos en que mis amigos vendrían a casa, para el gran estreno, como lo denominaban ellas.  Todos mis amigos llegaban nerviosos y cargados de cosas para picar y beber.  Estaban muy eufóricos y nerviosos, se sorprendían que yo no lo estuviera. Yo les decía que no lo estaba, porque había pasado más nervios haciéndolo,  ahora ya estaba hecho y lo único que esperaba era que les gustase. 
Los días en los que hay tanta expectación siempre me da por pensar en la noche de fin de año. Sí, realmente, a pesar de ser por la tarde, parecía  fin de año. Todos pendientes de la tele y con emoción, esperando  a que fueran y media para que empezase. Eso sí, habíamos cambiado el cava por cervezas y las uvas por  palomitas.  

Y de repente llegó el gran momento, empezó a sonar la cabecera, esa que tantas veces había tenido que repetir haciendo la voz en off, esa que ya me sabía de memoria, esa que era el preludio de las grandes aventuras que viviríamos Kenzie y yo.  El primer programa fue el de Canarias. Qué lejos quedaba y cuántos recuerdo me venían a la cabeza.  
A pesar de haber grabado la voz en off, por lo tanto saber qué es lo que mis compañeros de programa habían elegido para el montaje final, no lo recordaba con exactitud. Me daba mucha vergüenza escucharme, eso ya me pasaba en el locutorio grabando la voz. Creo, que todos  tenemos algo de pudor al oír nuestra voz, al menos yo lo tengo. 
Casi era incapaz de saber qué momento estaban  viendo  mis amigos, porque había momentos que era todo un jolgorio y hablaban y comentaban todos a la vez, y  entre el no ver y no escuchar lo que se estaba emitiendo en la pantalla, no sabía por dónde iba, no me enteraba. Recuerdo un momento de ese programa, casi al final, cuando ya estábamos en el tramo de los carnavales, que me pongo a bailar una conga y entonces empezaron las risas y el cachondeo generalizado en casa. Me entró la risa, me puse roja y  me dio tanta vergüenza que no quería ni verme, a pesar de que  no lo hacía, pero no quería que me vieran. No sé una cosa muy tonta. Cogí y me levanté y  huí del omedorr por unos instantes, cuando  todos me decían que fuera que era muy divertido.
Cuando terminó el programa empezaron a aplaudirnos a Kenzie  y a mí. ¡Qué vergüenza! Pero, qué bien que les hubiera gustado y poder  haber compartido ese primer episodio, el estreno, con  ellos.  
Al poco de terminar empezó a sonar el teléfono fijo de casa. No sabía si cogerlo, porque estaba con invitados, pero lo cogí y eran felicitaciones de familiares. El móvil no había parado de sonar durante todo el programa, no sé cuántos mensajes llegué a recibir… ¡Buuf! Tenía tantos que  era casi imposibles leerlos con la voz sintética del móvil, y eso que me lee muy bien, porque ya estoy acostumbrada. Pero  el móvil se estaba volviendo loco. Así que, una amiga, con toda la paciencia del mundo, me leyó todos los whatsaps que tenía. Era increíble,  nunca había recibido tantos mensajes, ni para mi cumpleaños, ni para fin de año. Todos los que habían visto el programa  habían estado comentando y tenían algo que decir, querían compartir conmigo ese día: felicitándome y expresando sus opiniones.   
Después de que acabase el programa y de que mi amiga me leyera todos los mensajes, nos quedamos un rato más hablando, casi hasta las tantas. Entre tanto viaje, casi no nos habíamos visto y les contaba anécdotas de nuestras aventuras viajeras por España. Además,  aún quedaban  rodajes, los últimos, pero no por ello  había que bajar el nivel.  Así que les contaba qué destinos me quedaban y cuándo me iría otra vez. 
Esa tarde  acabó convirtiéndose en noche, en un día muy especial, donde los nervios, la emoción y ver reflejado el trabajo en la pantalla fue como un sueño. Estaba muy contenta de  ver el trabajo junto a los míos y ver que se lo pasaban tan bien como yo haciéndolo. 
A todo esto, Kenzie estaba alucinando, porque cuando salía en  la pantalla siempre había alguien que decía su nombre, o comentaba algo sobre ella, y ella al escuchar su nombre se pensaba que  la llamaban. No entendía qué estábamos  viendo, porque había tanta gente en casa y por qué estábamos tan  locos. Ella estaba  muy a gusto en su cama, ajena a todo y no sabía porque a todos les había dado por hablar  de ella. Mientras aprovechaba  para descansar, preparándose para siguiente viaje, observándonos desde su cama. Pero, estoy convencida que, de una manera u otra, ella sabía que era la gran protagonista, comoo siempre, y que estaban diciendo cosas buenas sobre ella. Por eso debía estar tan relajada y tan a gusto.

Agradezco a todos los que ese día compartieron ese gran día conmigo, elllos desde sus casas y yo desde la pantalla. Estuvieron  presentes sin saltarse la cita. Sin duda, los telespectadores más fieles que he tenido:  mi familia y amigos. 


Os dejo el link de aquel primer programa, Canarias. Para que lo recordéis también vosotros.   
http://www.rtve.es/m/alacarta/videos/con-mis-ojos/ojos-canarias/2557928/?media=tve 

jueves, 23 de abril de 2015

DÍA INTERNACIONAL DEL LIBRO

Hoy ha sido 23 de abril, Sant Jordi y día en el que se conmemora el día internacional del libro. Una celebración que intenta fomentar la lectura. Se celebra desde que en 1995 fue proclamado por la UNESCO, con la intención de que la cultura literaria se celebrase. Se eligió ese día, ya que ese día se cree que fue la fecha en la que fallecieron dos de los escritores más ilustres de la literatura universal, como: Cervantes y Shakespeare. 

Sin duda, es una jornada que huele a libros, esos que poco a poco, desgraciadamente, van quedando en desuso y reemplazándolos por los medios digitales. Sea como fuere, da igual la vía por la que leamos, lo importante es leer. Y si este día sirve, para que sea la jornada del año en la que más libros se venden, y espero que sea lean, pues, bienvenido sea. 

Además, en Caraluña, y creo que en otras comunidades también, se celebra Sant Jordi. Una tradición en que las mujeres regalan libros a sus caballeros andantes, y los hombres regalan rosas a sus princesas. Sin embargo, como forma de igualdad de género, esto ya va quedando un poco desfasado, y ahora tanto unos como otros reciben rosas y libros, sin distinción de género. Lo ideal es poder recibir algo, y si puede ser un libro que te haga viajar y trasladarte a una historia, mejor que mejor. Una forma de viajar muy barata, donde la imaginación juega un papel muy importante.

La idea era escribir una reseña de un libro que me leí, donde los libros juegan un papel muy importante, casi que son, junto con la protagonista y el escenario, los personajes principales de la historia. Sin embargo, ni voy a anunciar el título, ni voy a adelantar nada más. Queda pendiente, para la resaca literaria, porque aunque hoy sea el día de los libros, hay muchos más días en el calendario para seguir leyendo y compartiendo reseñas. 

En conclusión, antes de que se acabe una jornada como hoy, no quería dejar en blanco  esta fecha tan especial. Una mención especial, porque hayas recibido o no algún obsequio, el mejor te lo has llevado viviendo el día de hoy. Un paseo que te ha podido regalar, si te has fijado en los pequeños placeres de la vida, muchas cosas: un Sol radiante y espléndido, olor a rosas, libros y muchas sonrisas. Si te has fijado bien, te habrás percatado de ello. Y, si no, como he dicho antes, si no has tenido la opción de salir a dar un paseo, sí que tienes la oportunidad de pasear por las palabras que te brindan las páginas de un libro. Esos que te hacen vivir miles de aventuras, conocer personajes y conocer. Los libros te han pensar, imaginar y ganar libertad. Los libros en muchas ocasiones han estado prohibidos por eso mismo, porque te hacen pensar, y a algunos no les interesaba que la gente tuviera sus propias ideas, las que podían conseguir pensando y recogiendo cultura. Afortunadamente estamos en una época en la que tenemos al alcance de un click todo tipo de libros, así que aprovechemos lo que algunos, lamentablemente, se perdieron.

Justamente hoy he creado un grupo en facebook que se llama: “Saboreando libros” Un grupo que pretende ser una comunidad para compartir opiniones, sugerir lecturas y recomendar aquello que más te ha gustado de tu último libro. Una opción que, con un fin común: la lectura, pretende que la gente amante  y apasionada de las letras y las historias que nos brindan los escritores, puedan tener un espacio para sentirse cómodos y obtener más información sobre libros. Si nos unimos todos, podemos ser una comunidad literaria de la que nos podemos beneficiar. Compartir, comentar, recomendar y, sobre todo, fomentar la lectura es el fin de este grupo. Quien este interesado en formar parte de éste, lo puede hacer sin ningún problema, ya que es un grupo abierto, simplemente hay que cumplir un requisito: leer y querer compartir tus lecturas.


jueves, 2 de abril de 2015

UN GRAN DÍA

Ya estamos en plena primavera. Hemos inaugurado el mes de abril, dejando atrás marzo: con cambio de hora incluida, ganando luz solar, para que la primavera se note más en su plenitud de horas de sol. Pero todos los meses en los que no he escrito, por supuesto que han pasado cosas, he estado bastante liada. Una de las cosas por las que he estado ocupada es porque quería que el último domingo de marzo fuera muy especial para alguien que quiero mucho.

El 26 de marzo mi padre cumplió 60 años. Al ser una cifra tan redonda quería que la celebración también lo fuera. Para ello, desde finales de enero me puse manos a la obra. Quería reunir felicitaciones de familiares, amigos, conocidos y compañeros de trabajo. Puede resultar algo sencillo, pero os aseguro que no lo es. Ponerse en contacto con gente que, quizás, ni conoces y explicarle el motivo y lo que quería. Realmente hacerlo no me costó, pero después estaba la espera hasta que llegasen los vídeos de cada una de las personas a las que les había pedido la colaboración. Algunos no se hicieron de rogar, pero otros por falta de tiempo o despiste tardaron un poquito más. Una vez los tuve, quise hacer un vídeo chulo en el que fuera un viaje a través de la vida de mi padre. Hay muchas formas de viajar y una de ellas consiste en viajar a través de los recuerdos: intercalando música, fotos y los vídeos con las felicitaciones.  Eso no fue tarea fácil, pero conseguí que mi compañero de viaje de vida, Carlos, se comportase como un campeón y lo elaborase con tanto cariño, a pesar de no apasionarle el tema de los vídeos, como si se tratase de su propio padre: dedicándole horas y esfuerzo. Gracias, Carlos También recurrí a  la ayuda de mi tío que nos guió en los primeros pasos para introducirnos en este mundo. Y, sobre todo, de un buen amigo, Mikele, que entiende como profesional del tema y tuve infinita paciencia.
A todo esto, hay que añadir que todo esto lo teníamos que hacer a espaldas de mi padre, poniendo miles de excusas cuando quería quedar con nosotros, inventándonos patrañas para que no sospechase de nada.
A veces, parecía que el mes de marzo no iba a llegar nunca, y otras, cuando hubo complicaciones con formatos y otros temas no queríamos que avanzase y llegase el GD, Gran Día, porque aún faltaban retoques por finiquitar.

Entre todo esto buscamos un restaurante, donde nos ofrecieran un buen menú y que tuviera un televisor para poder emitirlo y estar todos a gusto. Queríamos que fuera algo íntimo y solamente avisamos a la familia, creíamos que quedaría todo en más confianza, sintiéndonos más cómodos si todos nos conocíamos y éramos lo que éramos. Cuando encontré el lugar idóneo para llevarlo a cabo, me puse en contacto con mis tíos para comentarles la idea.  El día, el sitio y la hora ya estaban pensados. Ahora solamente faltaba que llegase ese día y que nadie se fuera de la lengua, para no estropear la sorpresa. 
Yo, para no variar, estaba de los nervios. Siempre te da por pensar que si algo falla, que si sucederá algo que no tiene que pasar, que si….tantos condicionales absurdos que lo único que consiguen esos condicionales es aturdirte más. Aparte de estar nerviosa, estaba emocionada, ilusionada, bueno, no sé ni cómo definir tantos adjetivos juntos.   


El domingo 29, último día de marzo, denominado también como “GDE”, Gran Día de Enrique, llegó. Casi ni me creía que ya estuviera aquí el esperado y ansiado día. Pero, como todo en la vida, todo llega. A mi padre le teníamos engañado diciéndole que íbamos a tal restaurante, para compartir una comida con la familia de Carlos. Por mal camino no iba la cosa, ya que también de una manera u otra también estuvieron presentes. Además, tenía que ser algo creíble, para que él no sospechase. A mitad de camino, yo me “inventé” que me estaba meando, pero al final no resultó ser ningún invento, porque entre los nervios y demás se convirtió en realidad. Sin embargo, lo dije para que Kenzie, mi madre y yo, nada más aparcar acelerásemos el paso y fuéramos directas al restaurante, done ya estaba reunida toda la familia esperándole.  Carlos se quedó entreteniendo a mi padre, para que no se escapase y bajase enseguida, ya que necesitábamos algo de tiempo. ¿Tiempo para qué? Realmente no lo sé.  Pero, al menos que nos diera tiempo a mi madre y a mí para reunirnos con todos y esperarle con ganas. 3, 2, 1 y… ¡Sorpresa! Al unísono sonaron nuestras voces. Se quedó pasmado, de no esperarse a nadie, o esperarse a otras personas, a encontrarse con: hermanos, sobrinos, primos. Primer paso de la sorpresa superado con éxito. Me hubiera encantado verle la cara. Sin embargo, su reacción fue genial. Además, tengo una prima que, en todo momento, hizo de reportera y lo grabó todo como si fuera una profesional del periodismo de investigación. Sí, sí, ella estaba preparada con la cámara algo escondida, grabando todos los movimientos. Así que, tendré la oportunidad de ver qué cara puso. 
Nos sentamos en la mesa para comer, intercambiando conversaciones, risas y poniéndonos al día. Cuando llego el momento del café, fui a por el pastel. Un pastel personalizado para él, con su nombre y sus velas de 60 que tuvo que apagar, espero que con el correspondiente deseo. 
Las sorpresas para él no habían terminado, los nervios para mí tampoco. Tocaba el estreno del vídeo, un viaje por su vida. Les dije que tenía un programa que había hecho que nadie había visto, sí, un programa inédito y que lo había traído para que lo viesen todos, me apetecía compartirlo con todos ellos.  Carlos le dio a reproducir y el show empezó. Al empezar entre la música y demás mi padre no cayó, pero al momento lo hizo y su primera reacción fue de sorpresa. Sí, un vídeo hecho con mucho cariño para él.  Nadie lo había visto y en cambio Carlos y yo nos lo sabíamos de memoria. Nos encantaba ver, escuchar, las  risas, palabras, silencios de la familia. Era nuestro primer pase. Sobre todo me importaba cómo estaría viéndolo mi padre, algún que otro comentario hacía, pero yo creo que no se le escuchaba mucho, porque le dejamos sin palabras.

Al cabo de diez minutos de haberlo visto, haber hecho un brindis familiar y escuchar unas palabras de mi padre, fue como si mi cuerpo pesase  sesenta kilos menos. Por fin, el GD había llegado y afortunadamente había salido todo de maravilla. Sí, se puede considerar un éxito.
Estar durante mucho tiempo planificando algo, preparándolo e incluso soñando con el día, hace que no sepas ni cómo va a ir. Cuando pones tanta ilusión, ganas y esmero en algo, el miedo siempre acecha. En definitiva, no era miedo a que algo saliera mal, aunque algo sí, era emoción, excitación, alegría.
Más relajada, pude disfrutar un poquito más y contarle alguno los secretos que habíamos estado escondiendo a mi padre. El cómo habíamos contactado con tal persona, cómo lo habíamos hecho, cuándo….le rondaban demasiadas preguntas, porque estaba incrédulo de haber vivido algo así y sin darse cuenta él, con lo cotilla que es él…

No me cansaré de dar las gracias a todas las personas que han participar en el vídeo, que de una manera u otra han estado ahí para echarme una mano en todo lo que hiciera falta. A todas aquellas personas, familiares, que pudieron asistir y estar ahí en cuanto se lo pedí, a las que desde la distancia han estado enviando mensajes. A  quienes enviaron el vídeo, fotos, mensajes. Cuando necesitas la colaboración de la gente y ves que participan tan desinteresadamente, te das cuenta de lo bien rodeados que estamos, sin pedir nada a cambio, ceden algo de su tiempo, para formar parte de algo grande para ti.  Para mí era muy importante que esto saliese bien y sin ellos, sin la participación de todos quienes lo han hecho posible no lo hubiera logrado.  Han estado al pie del cañón, queriendo colaborar, guardando el secreto, siendo cómplices y ayudándome. ¡Muchas gracias a todos! 

Quizás no es uno de los mejores regalos que le podía hacer, pero, creo y espero, que, será uno de los que, aún no siendo algo material, le costará olvidar. Al menos esa es la intención. Espero que, como digo en el vídeo, se haya dado cuenta de cómo lo recordamos y, sobre todo, de lo mucho que lo queremos.  Si sirvió para dibujarle una sonrisa y hacer que fuera un Gran Día para él me basta y me sobra, porque, ya sé que hablo como hija, para mí verle a él feliz es hacerme feliz a mí.


Siempre que alguien de los tuyos disfruta, tú lo haces. Si ríe, ríes con él. Si todo se comparte es mucho más amable para todos. Mi padre siempre ha estado a mi lado, y espero que durante mucho tiempo, siempre ha estado protegiéndome, en ocasiones demasiado, pero siempre lo hacía porque se preocupaba por mí. A medida que nos hacemos mayores, parece que los papeles cambian y, ahora no me importa que me controle demasiado, porque yo también lo hago con él. Las tuercas se han cambiado, y, ahora, a veces soy yo quién le tengo que proteger, estar a su lado y ayudarle en todo lo que él necesite. Sabe que me tiene siempre que quiera.   

Básicamente, así se pueden resumir estos meses en los que he estado sin escribir, preparando algo grande que ha durado meses y que en unas horas terminó. Se inició con ilusión y finalizó con satisfacción. Aprovecho, una vez más, para dar las GRACIAS A TODOS y FELICITAR A MI PADRE, quien hizo que todos nos moviéramos por él.  


lunes, 2 de marzo de 2015

ENFERMEDADES RARAS: HAZLAS VISIBLES!

DÍA DE LAS ENFERMEDADES RARAS

El último día del mes de febrero se celebra el día de las enfermedades raras. Se eligió ese día, el 29 de febrero, por ser un día “raro”. Cuando el mes es bisiesto y no hay día 29, se celebra el día 28, último día del mes.

EURORDIS: La Organización Europea para las Enfermedades Raras eligió esa fecha en 2008. Su intención es que haya un día para las enfermedades poco frecuentes, ya que, por el simple hecho de no ser tan habituales, nadie habla de ellas.  Solamente las conocen familiares y afectados, y éstos se encuentran solos, porque incluso el diagnóstico en ocasiones resulta muy complicado de hacer.

En España se considera rara una enfermedad cuando afecta a 1 de cada 2000 personas. En el mundo hay más de 7000 enfermedades raras y en España, actualmente, hay más de tres millones de personas que sufren alguna de ellas.

Lo más difícil cuando alguien padece una enfermedad poco frecuente es el diagnóstico. Para ello es necesario que todo el mundo tome conciencia, y lo más importante: que pongan medios, para que haya más investigaciones. El conocimiento es básico para hacer un buen diagnóstico.
Lo fácil es mirar para otro lado, pero nadie es inmune. Cualquier persona puede ser afectada, algún familiar o amigo puede ser afectado por una patología poco frecuente. Entonces, es cuando empezamos a darnos cuenta.

Gracias a las redes sociales, asociaciones y fundaciones, afortunadamente cada vez parecen ser más visibles. Pero, no es suficiente se necesitan más medios para que hayan más investigaciones. Imaginaros tener una sintomatología de algo, y no encontrar diagnóstico, ser una cobaya humana, mientras los médicos anda perdidos, porque no saben qué puedes tener.

A veces, te puedes sentir incomprendido, porque puedes decir que enfermedad tienes y nadie a escuchado hablar de ella. Incluso, me ha pasado con médicos. El desconocimiento hace mucho daño.

Sí, yo sufro una de esas enfermedades raras: NOHL. Una neuropatía hereditaria de Leber.  Una de esas enfermedades que afecta a 1 de cada 50000 personas. Sin embargo, yo puedo ponerle nombre, porque supieron diagnosticarla y saber qué era. Incluso, sé qué mutación tengo afectado. Eso sí, de momento no hay tratamiento. Pero, es mucho que pueda ponerle nombre, mientras otros aún siguen con pruebas.

Hay que seguir luchando día a día, para que  se conozcan  este tipo de enfermedades, para que no queden en el olvido, para que haya un diagnóstico certero, un  nombre a esas patologías inexplicables, una ivestigación y un tratamiento.  Hay  que seguir luchando y hacerlas visibles, hablando de ellas. 
No seamos ajenos a lo que pasa en este mundo. No mires para otro lado. Hagamos visibles las enfermedades raras, no somos invisibles.   

¡Hazlas visibles!   



 #HazlasVisibles  

lunes, 5 de enero de 2015

Noche de Reyes

Noche de Reyes: La noche más mágica

Esta noche es, sin duda, para los más pequeños, quienes viven con más intensidad la noche más soñada del año. Llevan todo el año portándose bien, para que los Reyes, quienes lo ven todo, les traigan muchos regalos.  

A pesar de que, lamentablemente, con los años hayamos perdido la ilusión que tienen los niños…reconozco que algo de niñez nos queda dentro. Sobre todo, cuando ves cómo disfrutan los Reyes del día: los niños. Cuando ves con la ilusión que esperan ese día, lo nerviosos que están y que se alegran tanto al ver pasar la cabalgata, eso no tiene precio. 
Esta noche se supone que se tienen que ir a dormir pronto, para dejar vía libre a los Reyes y puedan dejarles regalos. Sin embargo, es la noche que es tan más nerviosos y les cuesta mucho coger el sueño. Lo digo por experiencia, estaba en la cama dando vueltas y escuchaba algún ruido y me hacía la dormida no fuera a ser que vieran que no dormía y no me dejasen nada.
Un símil con la Noche de Reyes fue cuando fui a buscar a Kenzie. La noche anterior a conocer a nuestros guías casi que no pegas ojo. Estaba muy nerviosa, no sabía cómo sería, ni qué raza, ni el color, ni el nombre, nada de nada. Pero, lo más esperado estaba por llegar. A pesar de no pegar ni ojo, el regalo de mi vida llegaría por la mañana, y el madrugón, igual que harán los más peques de la casa mañana, es mortal. No puedes dormir, pero madrugas como si no hubiera un mañana, porque sabes que lo mejor está pro venir. 

Yo siempre he sido de Reyes. Aunque mucha gente celebrase también Papa Noel, yo me quedaba con las tres majestades de oriente, siempre me han caído mejor que el abuelo gordito vestido de rojo. No sé por qué, pero el hecho de escribir la carta, ir a la cabalgata y esperar más que otra cosa…siempre tenía más gracia. ¿Menos tiempo para disfrutar de los regalos? Quizás, pero y la ilusión que hace saber que te han traído algo, aunque sea carbón…  

Hoy toca ir a dormir pronto, pero antes hay unos rituales que no pueden faltar:
Para que los Reyes vean que estás en casa y sepan que es la tuya….
Yo siempre les dejaba, y no descarto hacerlo ésta, unos zapatos cerca del balcón, para que vieran que estaba. A veces, era tan exagerada que no dejaba solo un par, si no que sacaba todo el calzado que tenía y lo dejaba ahí para que fueran bien visibles y no se olvidasen de mí.
Por otro lado, dejaba un cubo de agua, para que los camellos pudieran calmar su sed. Y, por supuesto, algo de picar y de beber para los Reyes, y si te olvidabas de hacerlo, tus padres te lo recordaban, aunque no solía olvidarme. 

Los regalos olvidados…
No sé por qué, a veces no me traían todo lo que pedía en la carta. No pasa nada. Y, a veces me traían cosas que no estaban escritas, pero que no estaban nada mal. En otras ocasiones, me trajeron algo equivocado.
Durante muchos años me pedí el “Alfanova” que era para hacer barro. Pero, nunca me lo trajeron. Un año me trajeron la “Tejenova” yo no lo había pedido. No sé si es que debí hacer mala letra y lo confundieron o… véte a saber!
Pero, no me puedo quejar, porque siempre caía algo.

Desde hace unos años tengo una cita esta noche. Cada noche de Reyes escucho un programa de radio de la Cadena Ser que se llama “Cap nen sense joguina”. Un programa que solamente lo hacen la noche de Reyes y es mágico. Tienen diferentes objetos de personas conocidas y van haciendo una subasta. Los oyentes, y quien quiera por Internet, puede ir licitando. Al día siguiente con todo lo recaudado, más los juguetes que han ido dejando en la emisora, van por todos los Hospitales y sitios donde hay niños necesitados, para que no les falten sus regalos de reyes. Como bien dice el título de programa: Ningún niño sin juguete. Todos, absolutamente, todos se merecen un juguete, un regalo, una ilusión. Sus ojos y sus sonrisa lo dicen todo.

Os dejo el link del programa, por si queréis escucharlo:  

Feliz Noche mágica de Reyes! Y ahora…shhhh a dormir que ya se acercan los Reyes.


Deseo que hayáis sido buenos y os traigan muchas cosas, y sobre todo, que nunca, nunca, nunca perdáis la inocencia que un día tuvisteis. Si la mantenéis viviréis con más emoción e ilusión este día. 


miércoles, 31 de diciembre de 2014

!GRACIAS, 2014!

DESPIDIENDO EL 2014

La cuenta atrás ha llegado y toca despedirnos de un año más. Para mí, sin duda, éste será un año que no olvidaré fácilmente. Nunca había vivido tantas experiencias en un mismo año, por eso y por otras razones sé que no será fácil de olvidar, tampoco pretendo que se vaya el recuerdo.

Este 2014 empezó de la mejor manera: con un proyecto mágico. Sí, digo mágico, porque inicié el año sumergiéndome en “Con mis ojos” un proyecto televisivo que hizo que viajase por muchos sitios de nuestra geografía, conociera muchas actividades, anécdotas y sobre todo que conociera gente maravillosa. Si dicen que el cine es mágico, porque saben convertir algo bonito en precioso, eso es lo que hicieron mis compañeros con las imágenes que les llevábamos de cada viaje y supieron hacer magia. Yo misma viví algo mágico, a veces rodábamos varias secuencias y parecía vivir más de un día en el mismo día. Normalmente no sueles hacer tantas actividades, con tanta emoción y nervios en una misma jornada, por eso día lo de mágico. 

Eso fueron casi seis meses, intensa mitad del año llena de aventuras. Acabó el sueño televisivo y tuve la suerte de que me llamasen para unas suplencias. Me pasé todo el verano realizando sustituciones de recepcionista, en el mismo sitio donde había estado antes del proyecto televisivo.

En ese mismo verano, llego mi cumpleaños y  vencí la barrera del vértigo que da llegar a los 30 haciendo puenting. Sí, me tiré de 30 metros. Algo que siempre había querido hacer, pero nunca me había atrevido, ví la oportunidad de hacerlo y me tiré de cabeza al vacío. Casi me quedo sin voz, pero descargué toda mi adrenalina en ese salto.

Septiembre llegó y con él las vacaciones. Quise experimentar la aventura del Camino de Santiago y ahí que nos fuimos. Una vez más, Kenzie me demostró lo buena perra guía que es, aguantando como una campeona y sin dejar de guiar. Fui acompañada de Kenzie y Carlos, dos grandes pilares en mi vida que han estado presentes en muchas de mis aventuras, sin duda ésta ha sido una de ellas. Fue duro en algunos momentos, en esos en los que piensas que no puedes con tu alma, pero los pies siguen avanzando casi sin saber cómo, pero lo haces y lo mejor, conseguirlo y llegar a nuestra meta. Una experiencia más para el libro de la vida y un reto más conseguido. Todo es posible.  

Después estuve en búsqueda activa de empleo, algo que no es fácil, pero que no te tiene que desanimar y sigo sin rendirme.  
Acabo el año trabajando y lo empiezo de la misma manera. Creo y espero que eso significará algo, son suplencias y espero que esa situación cambie. Quizás por ello para el nuevo año, aparte de pedir salud para los que me rodean  y para mí, quiero encontrar empleo más estable, es por ello que sigo buscando trabajo sin tirar la toalla.


Ahora ya se acerca el final de un año maravilloso…Cuando un año es tan bueno da pena decir adiós. Llega otro y no sabes cómo será, la incertidumbre se apodera de ti, y sabiendo que este ha sido tan positivo no quiero renunciar a él. Pero si lo acabo con tan buenas sensaciones, con muy buen sabor de boca, no tiene porqué ser malo lo que venga. Hay que afrontarlo con positivismo, como todo en la vida. Solamente es un cambio de calendario, pero la vida continua.

Este nuevo año no tengo pensado propósitos, más vale dejarse llevar y no planear, dejarse llevar por lo que el destino nos tenga preparado. Lo que venga bienvenido sea. No queda otra. Lo mejor es dejarse sorprender y vivir cada momento de la mejor manera.

No quiero despedirme sin dar las gracias los que, de alguna manera u otra, habéis formado parte de año. Sin vosotros este año no hubiera sido tan maravilloso. A veces que algo sea maravilloso es porque estás rodeada de personas extraordinarias. Gracias a todos!

Deseo que este nuevo capítulo titulado: 2015 se inicie y termine de la mejor manera. ¡Por un año fabuloso! ¡Porque todos vuestros sueños no se queden en sueños y sean una realidad! ¡Mucha suerte! Y  


¡Feliz 2015! 


miércoles, 3 de diciembre de 2014

DÍA INTERNACIONAL DE LA DISCAPACIDAD



Rompiendo barreras: Por una sociedad igualitaria.Todos somos iguales.


Hoy, 3 de diciembre, es el día de las personas con discapacidad. Este día se celebra desde que en 1992 se decreta en la Asamblea general de las Naciones Unidas, para que las personas con discapacidad alcancen una igualdad y consigan una inclusión en la sociedad, siendo así más visibles.

Pero, ¿Y qué pasa durante el resto del año? ¿Durante el resto del año somos invisibles? Sé, que hay muchas fundaciones, asociaciones y gente concienciada con el tema. Pero, lamentablemente, aún queda mucho por recorrer. En España hay más de cuatro millones de personas con algún tipo de discapacidad. Pero, siempre nos quedamos relegadas a un segundo plano. Para algunas personas, desgraciadamente, aún somos “bichos raros”. No entienden que tendremos alguna discapacidad, pero tenemos otras capacidades.  Si no tienes una discapacidad, o alguien cercano con alguna, parece un tema muy  lejano,  el desconocimiento, los prejuicios y el mirar hacia otro lado, se convierte en algo muy habitual en personas que no están familiarizadas con el tema., Lo ven como algo raro, como que no podemos hacer de todo, como que no estamos capacitados para enfrentarnos al mundo laboral, entre otras cosas, pero… ¿y si algún día les tocase a ellos? Nadie está excluido de tener una capacidad diferente, porque nosotros no hemos elegido nacer, desarrollar o por algún accidente de la vida, tener que vivir de una manera diferente. Me fastidia que por haber tenido la mala suerte de tener que enfrentarnos a este mundo de otra manera, tengamos que demostrar cada día más, y demostrar que podemos hacer las cosas, quizás de otra manera. Sí que es verdad, nadie dijo que esta vida fuera fácil, pero si encima nos encontramos más trabas que los que se consideran capacitados para todo, pues lo tenemos más complicado.

Hay varios tipos de discapacidad: 
intelectual, psíquica o mental, física y sensorial. Pero, más allá de esas, hay otras que son peores, las que sufren algunas personas que no son capaces de ver más allá, no hay más ciego que quien no quiere ver. Quienes padecen la intolerancia, la incapacidad de no tolerar a otras personas, personas que sin elegirlo tienen que vivir de otra manera, hacer las cosas de un modo distinto, enfrentándose cada día a barreras, y no me refiero a las arquitectónicas, sino a las barreras que hay en la mente de alguna gente que no tienen la capacidad de poder ponerse en la piel de otras y empatizar.  Hay tantas discapacidades que están allí y no se ven…la de las personas que no saben valorar lo que tienen, la de las que no son felices, las que infravaloran a otras por vivir de un modo distinto a ellas… 

Hay tanto que hacer todavía, pero es un camino que poco a poco, quiero pensar, se va allanando, para que el camino sea menos pedregoso. Fácil no va a ser, porque no lo es para nadie, pero que al menos no lo sea más de lo que ya lo es. Por ir en silla de ruedas, usar audífonos, ir con perro guía o bastón, no tenemos porque encontrarnos más trabas. Cada día es un reto, el reto de salir a la calle y enfrentarte a los cruces, los bordillos, obras…No nos pongáis más barreras. La accesibilidad no se rige solamente en las barreras arquitectónicas, en las barreras comunicativas, las peores son las de la mente.
Si hubiera una plena integración, no tendríamos ni que utilizar esa palabra, porque quizás es la sociedad quien tiene que integrarse, nosotros no hemos hecho nada malo, para tener que sobrevivir cada día ante prejuicios, miradas, comentarios y, lo peor, discriminación. Si hubiera plena igualdad no hablaría del término discriminación, desde el momento que la educación no es integrada para todos, ya hay una discriminación. Y, un tema que me afecta más de cerca, a la hora de encontrar trabajo, es otro cantar. Hay trabajo para personas discapacitadas y para personas que no llevan esa etiqueta, pero… ¿no se supone que todos somos iguales? ¡Qué más da tener un certificado! ¿No se supone que para acceder al ámbito laboral se tiene que valorar: formación, experiencia (si es que alguna vez te han dado la oportunidad de demostrar tu valía), capacidades y habilidades? Pues, dejad de lado la discapacidad y empezad a valorar las capacidades que tenemos, por favor.  Por supuesto, en ocasiones, quiero pensar, no se hace solamente para llenar el cupo de personas con discapacidad que tiene que haber en una empresa, según la ley LISMI, y tampoco se hace para que esas empresas se lleven un beneficio fiscal por contratar a personas con discapacidad…Quiero pensar que muchas empresas sí que están sensibilizadas con el tema y quieren dar el máximo de oportunidades a todo tipo de personas, quiero pensar que aún hay gente concienciada que sabe empatizar y que solamente ponen que buscan a personas con certificado de discapacidad, porque son puesto de trabajo que son accesibles y pueden estar adaptados a las necesidades que tenemos, nuestra manera de trabajar diferente.
Quiero seguir pensando bien, porque de un tiempo a esta parte no hay que negar que la cosa ha mejorado, y quiero pensar que va a ir mejorando. Tendremos como siempre que luchar por nuestros derechos, seguir demostrando más que los demás, para que vean, que somos capaces de hacer todo lo que nos propongamos, porque si ya nos ponen barreras, nosotros no tenemos que ponérnoslas. 
Nos costarán las cosas más, tardaremos más, pero llegaremos. Y lo mejor, cuanto más cuesta algo, mayor satisfacción y mejor sabor se te queda, porque cuando las cosas son fáciles no las valoras como debieras.
Espero que algún día la cosa llegue a un cambio. Sobre todo, espero que poco a poco, las personas que no están familiarizadas con nosotros, dejen de vernos como algo raro, porque somos tan normales como ellos. Somos personas, sí, con capacidades diferentes, pero somos personas.  


No prejuzgues y deja que una persona con discapacidad te demuestre de qué es capaz, te sorprenderás. Además, nadie es ajeno a ello, porque algún día te puede pasar a ti. Nadie elige cómo quiere vivir su vida, lo importante es vivirla, aunque sea de un modo distinto. 

sábado, 1 de noviembre de 2014

Nuestro primer Camino de Santiago

        El Camino de Santiago: un camino mágico                                                                                                                                          

Indicacion del camino
indicación del Camino
indicación para peregrinos
indicación para peregrinos













Nunca se me había pasado por la cabeza hacer el Camino de Santiago. A pesar de que, familiares y gente cercana, me lo habían recomendado, porque habían venido muy contentos de la experiencia. Pero, yo era un poco reacia a hacerlo, más que nada por mis pies, pensaba que sufrirían mucho y no valdría la pena. Sin embargo, algo cambió en mí.

Cuando estuve grabando el programa “Con mis ojos”, enGalicia entrevisté a unos peregrinos en la Plaza del Obradoiro, recién llegados de la caminata. Al verlos tan emocionados y con la ilusión que desprendían sus palabras, me entraron muchas ganas de vivirlo. Los ví tan emocionados, y eran sinceros, no era todo genial, pero sí que valía la pena, ya que servía para conocer paisajes, gente, pero, sobre todo, conocerte a ti mismo. Mi gran preocupación: los pies, solamente es una parte del cuerpo, y la mente es mucho más fuerte. Quería comprobarlo por mí misma, ver si valía tanto la pena. Por mucho que te puedan contar y explicar, cada uno lo vive de una manera diferente, lo que para uno ha sido algo alucinante, quizás para ti no lo es tanto. Incluso para quien ha podido ser lo más nefasto, para ti puede ser lo más maravilloso que te ha pasado.  Así que para ello, no hay nada  como calzarse  las botas y  ponerse en marcha, para poder comprobarlo  por uno mismo.    

Cuando llegué a casa se lo planteé a Carlos, y él estaba encantado con la idea. Hay que decir, que ninguno de los dos somos muy deportistas, ni siquiera senderistas, ni grandes caminantes, pero queríamos vivir la experiencia.  Él tenía vacaciones en septiembre, así que teníamos tiempo para prepararlo.  Sí, aunque sea por España, y digan que lo mejor que hay que hacer es llevar el menos peso posible, nos teníamos que organizar. 
Una de las primeras cosas que hicimos fue ir a informarnos a una asociación de amigos del Camino de Santiago, allí nos informaron de todo, con un trato muy amable. También nos ofrecieron la credencial. La credencial es una cartulina pequeñita, donde pone tus datos y hay unas casillas, para que en cada sitio donde estés te puedan sellar, y así luego demostrar que has  hecho los kilómetros correspondientes, para que te puedan dar la Compostelana. Aunque, más que para que te den la Compostelana, yo creo que es un bonito recuerdo, porque después vas recordando que en tal sitio estuviste alojado, en tal otro comiste un pulpo delicioso y en tal otro conociste a unos peregrinos majísimos, de todos los sitios, los sellos te traen a la memoria miles de anécdotas.

Queríamos hacer un tramo del Camino, ni muy largo, ni muy corto, el justo para conseguir la Compostelana y para vivir la experiencia. Así que el pueblo escogido fue: Sarria, en Lugo. Queríamos tener la experiencia de hacer lo suficiente y llegar al gran destino: la Catedral de Santiago. Cuando fuimos a informarnos a la Asociación de amigos del Camino nos aconsejaron coger un tren, para ir por la noche y por la mañana ya empezar la etapa. Sin embargo, descartamos de inmediato la idea, porque eran muchas horas de tren de Barcelona a Galicia,  y a pesar de que puedas ir durmiendo, no  descansas lo mismo, además era demasiado trote para Kenzie, muchas horas sin poder ir al lavabo, ni moverse. 

Los meses se acercaban, ya teníamos el billete de avión comprado. Solamente nos quedaba reservar los albergues. Yo prefería ir con el alojamiento reservado, más que nada, porque así llegas al destino y ya sabes dónde tienes que ir, y porque volvemos a lo mismo de siempre, aunque Kenzie sea un perro guía y tenga derecho por ley a estar alojada en el sitio donde yo elija, no quiero llevarme decepciones y prefiero que lo sepan de antemano, para no llevarnos desagradables sorpresas. Así que comenzó la ardua labor de mirar alojamientos, escribir correos electrónicos, llamadas…y justo unos días antes de emprender la aventura, ya teníamos todo reservado. Teniendo alojamiento íbamos más tranquilos. Sabiendo que al final de cada ruta no nos volveríamos locos buscando un sitio para descansar. Además no queríamos albergues en el que duermes con cuatrocientas personas a tu lado, con ronquidos, gente que se despierta a horas diferentes a las  tuyas, con  olores de todo tipo y personas que refresan de star de fiesta cuando tú ya estás en el tercer sueño. A parte de por todo ello, tampoco queríamos  compartir habitación, ya que aunque Kenzie sea una perra guía  y tenga todo el derecho del mundo de estar durmiendo justo a mi lado, si alguien venía más tarde y no sabía que había un perro se podía llevar un gran susto, porque no se espera que haya un perro, y por esa regla de tres, Kenzie también se podía asustar si le pillaban  tranquila y dormida y le despertaban, ya que no es plato de buen gusto para nadie, incluida ella, que después de un día agotador te despierten.

Por supuesto, no faltó una visita al veterinario, porque si nosotros sabíamos qué teníamos que tener en cuenta, quería saber qué medidas había que tomar con la peluda de cuatro patas. El veterinario ante mi duda de si Kenzie podría aguantar el tute que le íbamos a meter, me contestó que sí, que seguro que lo aguantaría, se rió y aseguró que quizás tiraría más que nosotros.  Eso sí, en una de las etapas que era de más de 30 kilómetros nos aconsejó dividirla en dos, tanto por ella como para nosotros. Me recetó una pomada para las almohadillas que tendríamos que untarle unos diez minutos antes de empezar las caminatas, porque hay que tener en cuenta que si a nosotros nos pueden salir ampollas, a los perros también. Así que, con Kenzie lo que teníamos que tener en cuenta era untarle con la crema que nos habían recetado y sobre todo, al igual que nosotros, hidratarle mucho, ir parando y que bebiera el agua necesaria.

Todo estaba listo para iniciar la aventura. ¡Qué nervios! ¿Sabríamos llegar a Sarria? ¿Seríamos capaces de aguantar las rutas? ¿Cómo serían los caminos? Un montón de preguntas se agolpaban en mi cabeza, tenía ganas de estar allí y experimentarlo por mí misma, respondiendo a las preguntas.  Con nuestras mochilas en la espalda -pesadas con anterioridad, tienen que pesar sobre un 10% de tu peso, para que puedas aguantar. Hay que tener en cuenta que, aparte de llevar nuestras mudas, también teníamos que cargar con la comida de Kenzie para los días que íbamos a estar fuera.  Con las mochilas en los hombros, las botas puestas y cargados de ilusión salimos hacia el aeropuerto. 

El primer día hasta llegar a Sarria ya fue toda una aventura, sin contar mucho con los pies, pero lo fue. Primero el madrugón para coger el avión. Llegamos a Santiago y de allí teníamos que coger un autocar hasta Lugo, pero el vuelo y el autocar no estaban sincronizados, así que tuvimos que esperar más de una hora hasta que apareciera el autocar. Mientras esperamos, en la parada había otra chica, también de Barcelona, que iba a hacer el Camino, también era su primera vez. Se le veía muy nerviosa, porque además nos contó que pensaba empezar ese mismo día, porque no tenía muchos días para realizar las etapas. A mí me parecía impensable empezar a caminar, no sé cuándo llegaríamos al destino, pero a ella le daba igual la hora, teniendo en cuenta que el tiempo jugaba en su contra. 
Una vez en el autocar, se nos hizo eterno hasta llegar a Lugo, entre curvas y carreteras que no terminaban nunca. Pero, en el asiento delantero conocimos a un melillense que amenizó el viaje, contando que él ya había hecho el Camino y que menuda diferencia ir en autocar que caminando. Así que lo que para mí estaba siendo largo, para él no era nada, porque caminando se tarda mucho más, obvio. Nos dio consejos para llevar mejor el Camino, nos recomendó sitios y nos contó anécdotas, para él ya acababa la aventura, pero para nosotros solamente había hecho que empezar. A él solamente le quedaban los recuerdos y las vivencias, en cambio a nosotros nos acompañaban las preguntas y las inquietudes de empezar algo. Así que nos vino muy bien coincidir con él.

En Lugo tuvimos que coger otro autocar, con otra espera, para llegar a Sarria. Después de tanto viaje, con sus diferentes medios de transporte, llegamos a Sarria. Allí fue nuestra primera despedida, con la chica que iba a empezar la ruta fuera la hora que fuese y pegase un Sol criminal, con el melillense y su hijo y todos los del autocar. Todos se despidieron con una frase que escucharíamos repetidamente durante los días que vendrían: 
 “!Buen Camino!”  

En Sarria cargados con nuestras mochilas y mucha ilusión nos dirigimos a nuestro albergue, San Lázaro. Allí nos acogieron con los brazos abiertos. La dueña, Marisa, al vernos ya supo quiénes éramos. Kenzie es una gran pista, más habiendo hablado antes con ellos y diciéndoles que iba a ir con un perro guía, esa es una gran pista, para que supiera quiénes éramos. Enseguida nos enseñó nuestra habitación, solamente para nosotros. Nos enseñó las instalaciones: baños compartidos, salón para desayunar y ver la televisión y por supuesto, algo que se ve nada más entrar, un patio con mesas donde tomar la fresca y descansar.  
Ese día nos dedicamos a visitar el pueblo, comprar algunas cosillas: como un palo para Carlos, para que le sirviera de apoyo en momentos de subidas o bajadas, a charlar con Marisa y sobre todo a reponer fuerzas para el día siguiente.

Primera etapa: De Sarria a Portomarín- 23Km.
                                       
Nos levantamos bien temprano, sobre las seis de la mañana, antes de que amaneciera. Desayunamos algo ligero, sobre todo un café, para ir bien despiertos. Antes de todo ello, nos habíamos untado bien los pies con vaselina y puesto los calcetines al revés, para que las costuras quedasen al otro lado, así pudimos ponernos las botas con los pies bien protegidos. Kenzie también llevaba puesta su crema en las almohadillas. Una vez preparados, salimos a la calle, parecía de noche, no había luz, así que Carlos tuvo que encender la linterna. Hacía algo de fresco de buena mañana, pero… ¡zas! Primera cuesta, la cual cosa, hizo que nada más subir, tuviéramos que desquitarnos de prendas, porque ya habíamos entrado en calor. Esos esfuerzos de primera mañana, hace entrar en calor a cualquiera.
A primera hora no nos encontramos a nadie por el camino, pero, por suerte, está bien indicado con flechas que te indican el camino a seguir. Poco, después de la gran subida, nos empezamos a encontrar a otros peregrinos. A medida que la luz matutina se hacía presente, los caminantes también iban apareciendo.   
Amaneciendo y empezando la aventura
Amaneciendo y empezando la aventura


No sé cuántas horas estuvimos caminando, porque además nos íbamos parando a cada paso. Cuando no era para hacer un descanso, era para beber agua, y si no, era porque nos sorprendía cualquier cosa. Por el Camino conocimos a unas mujeres americanas que viajaban en grupo, y en las paradas que hicimos también nos las encontramos, siempre se acordaban de nuestros nombres, incluyendo el de Kenzie, y siempre que nos veían nos saludaban gritando nuestros nombres, me hacía mucha gracia.
Cuando quedaba poco para llegar al destino, parecía que no íbamos a llegar nunca, las fuerzas empezaban a flojear, el calor hacía mella en nuestro cansancio. Hubo un momento que ni me sentía los pies, yo creo que andaban solos, por inercia.
Kenzie estuvo guiando como la gran campeona que es. Hubo en un momento que pasamos por un riachuelo y nos encantó la idea de soltarle, porque además había otro perro bañándose, y con lo que le gusta el agua a nuestra pequeña, no podíamos desperdiciar esa oportunidad.  Eso sí, después me tocó ir agarrada de Carlos, hasta que se secase del todo y pudiera ponerle de nuevo el arnés.
¿Por qué no quería llevarla suelta por todo el Camino? Porque Kenzie en cuanto ve algo de hierba se pone a pastorear, como si fuera una cabra. Porque se hubiera puesto hecha una marrana, ya que tiene una fea costumbre de restregarse en el barro y en lo que no es barro. Porque no sé que habría comido por ahí, y eso hay que controlarlo mucho, para que después no se encuentre mal. Porque no en todas partes había campo, hubo trozos, aunque en esta ruta no, que había bastante carretera y eso es peligroso. Y por supuesto, porque a mí me servía de mucha ayuda, me daba fuerza, seguridad y autonomía poder ir del arnés de mi pequeña de cuatro patas. 

Cuando Carlos me dijo que había visto el cartel de Portomarín casi no me lo podía creer. Pero, la sorpresa estaba por llegar…. Para llegar al pueblo, tenías que subir no sé cuántos escalones. Ese pueblo está hecho con mala leche. No puedes con tu alma y tienes que subir  escaleras, es criminal. Eso sí, después pude comprobar que valía la pena, pero en ese momento estaba por no subirlas.
Cuando llegamos al albergue lo primero que hicimos fue ducharnos. Sienta de maravilla una ducha después de una gran caminata, recomforta muchísimo. Después fuimos a comer, eran casi las tres de la tarde. Aunque, yo más que hambre lo que tenía era un cansancio bestial. Estaba contenta por haber llegado a nuestro destino, pero no me sentía el cuerpo. Hacía un calor terrible, yo todo el rato les decía a los gallegos que era muy raro el tiempo que estaba haciendo para estar en Galicia, aunque mucho mejor eso que lluvia, por supuesto. Pero, estábamos a más de 25 grados, algo increíble.
Después de comer, fuimos a descansar, después de un gran madrugón y una larga caminata, no hay nada como dar una buena siesta. Una vez repuestos dimos una vuelta por el pueblo, que sí que era bonito de verdad, y una vez descansados se disfruta más del pueblo y de sus gentes. 

El cartel de Portomarin
El cartel de Portomarin

2ª Etapa: Portomarín- Palas de Rei -24Km.  

Volvimos a madrugar, como es normal, para aprovechar más el día y para que el Sol no nos diera tanto durante el recorrido. A pesar del madrugón hizo un día, que más que estar rozando otoño, parecía verano en puro estado. Por la mañana, fuimos con linterna y bien abrigados, pero nos duró poquito, porque no sé si es aposta, pero enseguida nos debimos encontrar alguna cuesta, de esas en las que sudas sangre para llegar, y al llegar te tienes que quitar la ropa. Esta etapa la recuerdo como de las más duras, porque había mucho trozo sobre asfalto, por carretera, y quieras que no, es más duro. Nosotros que no estamos  acostumbrados a grandes caminatas, sumado al peso de la mochila más el calor se hizo horrible. Sufría por Kenzie en los tramos de carretera, porque el asfalto le debía quemar las patitas, pero ella es muy lista, y siempre que podía me llevaba por algo de hierba que encontraba. Parecía que no fuéramos a llegar nunca, era una etapa larga, de las más largas que teníamos, pero es que aparte a medida que había indicaciones, cuando se supone que estás llegando, parece que no llega el momento final. 
Mis rodillas se resentían mucho, sobre todo en las bajadas, era un dolor punzante que me impedía seguir normalidad, bajaba el ritmo y seguía como podía. Quien parecía que no mostraba síntomas de agotamiento, ni dolor, ni cansancio era Kenzie, pero ella nunca se queja.  ¡Por fin llegamos al destino! Fuimos a nuestro alojamiento, comimos algo por ahí cerca y a descansar. Sin embargo, cuando desperté de la siesta me dolía todo el cuerpo y bajar alguna cuesta, aunque fuera con mis chanclas, era algo impensable.  Así que, hicimos una visita de rigor por la farmacia, y me hizo gracia coincidir allí con otros peregrinos que habíamos visto por el camino. Todos íbamos a curarnos nuestras heridas de  guerra. En mi caso, fue como una visita al médico, empecé a relatarle lo que me dolía, mis síntomas, lo que me pasaba y me dejaba de doler. Era una situación algo cómica, pero lo que me recomendó para el dolor, era algo milagroso, una pomada que aliviaba un montón, creo que se llamaba Voltaren. Eso sí, se nos gastó enseguida, bueno nos duró los días que eran necesarios, pero entre el dolor de hombros por la mochila, de rodillas, de pies,, y claro, aunque Carlos no sea tan quejica como yo, él también estaba fastidiado y también tuvo que hacer uso de la pomada.  

  Con Sol y asfalto
Con Sol y asfalto
Con el cartel de Palas de Rei
Con el cartel de Palas de Rei













3ª Etapa: Palas de Rei – Melide  14 km.  

Empezamos con muchas ganas esta ruta. Iba a ser una ruta más corta que las demás, porque la habíamos dividido en dos. No estábamos cómo para hacer 30 kilómetros, además nos habían hablado tan bien del pueblo de Melide que merecía la pena quedarse para comprobarlo por nosotros mismos. Melide tiene fama gastronómica por sus pulperías, donde hacen un pulpo al más estilo gallego, con su olla de cobre y a un precio de lo más asequible para los bolsillos. Así que teníamos el objetivo de llegar, para darnos un gran homenaje gastronómico. Era el premio por llegar al destino. Aparte de eso, el hecho de que fuera una etapa más corta ayudó a que llegásemos antes de lo que teníamos previsto. El camino fue fácil, cómodo y agradecido, porque eran senderos de bosques. Parecía que nos hubiéramos metido en un cuento, en bosques mágicos, solamente nos faltaban encontrarnos meigas por el medio del camino. Caminos preciosos, más viniendo de unos urbanitas, así que cualquier árbol, arbusto o terreno rural nos sorprendía.
Pulpo gallego
Pulpo gallego

Como digo, llegamos bastante pronto. A una hora de lo más razonable, justo para descansar, cambiarnos, tomar algo e ir a comer el ansiado plato de pulpo. Fuimos a una pulpería, me hizo gracia el nombre. Me gustó mucho el sitio, un sitio amplio, con mesas gigantescas de madera, con bancos de madera, donde sentarnos para degustar las delicias gallegas. Parecía estar en otro tiempo, en una taberna, donde compartes mesa con gente que no conoces. Al ser un sitio tan grande, había gente, pero no compartimos mesa, no me hubiera importado, pero tuvimos nuestro sitio para comer solos. Por supuesto pedimos pulpo y el famoso vino blanco que sirve para acompañar un plato como ese, unos gachelos,  y de postre, cómo no, un fabuloso trozo de tarta de Santiago. ¡Me encanta! 
   
Entre el vinito, y la comilona, qué mejor que ir a descansar…. ¡menos mal que no teníamos que proseguir la ruta!  Algunos peregrinos que nos encontramos por el camino, tenían la idea de parar en Melide, simplemente para almorzar, coger fuerzas y seguir con la ruta. Nosotros no teníamos prisa, así que, según mi punto de vista, la mejor manera de degustar un buen plato es sin prisas. 
Nos sentó de maravilla la comida, pero más la siesta. Se notaba que era nuestro tercer día, y las agujetas y los dolores parecían remitir, más sabiendo que la ruta había sido más corta que los días anteriores. No podíamos estar más cansados, si lo hubiéramos estado, por mal camino íbamos. 

Bosque mágico, lleno de árboles
Bosque mágico, lleno de árboles 

4ª etapa: Melide – Arzúa   14 km.

De Melide a Arzúa a pesar de que también había tramos muy bonitos, en los que la naturaleza era compañera inseparable de viaje, a veces la abandonábamos para sumergirnos en: aldeas, en carretera y en tramos algo complicados. Sí, se supone que era la mitad, pero no íbamos tan ilusionados, como cuando fuimos a Melide. No nos esperaba un pulpo en el pueblo que íbamos, no sabíamos cómo sería el destino. Las fuerzas, el cansancio acumulado, empezaban a hacer mella en nosotros. En realidad, no llegamos tan tarde al hostal en Arzúa, justo a la hora de comer. Nos aconsejaron un sitio para comer, pero primero hicimos un alto en el camino para tomar algo. Estábamos en una terracita, con una temperatura estupenda, totalmente veraniega, y con un trato muy amable, así que, optamos por quedarnos en el primer sitio donde nos habíamos aposentado, total, estábamos cómodos y ¿para qué nos íbamos a mover? Pues ahí nos quedamos y comimos bastante bien. No sé cómo sería el otro restaurante, el que nos habían recomendado en el hostal, pero qué más daba, lo que no queríamos era movernos.
Por la tarde, fuimos a comprar algo de pan y embutido para cenar en el hostal. Sin embargo, no sé si fue buena idea. Era un hostal fantasma, a pesar de tener una zona para descansar, con mesas y demás, no había nadie estábamos solos. Claro, nosotros pensamos que habría más gente, televisión o algo, pero el único ruido que se escuchaba era el de una máquina de refrescos. Un poco triste. Cuando estábamos cortando el pan, apareció una señora mayor que buscaba algo para comer en la máquina. Pero, no había nada, y como buenos peregrinos ofrecimos lo que teníamos, para poder compartirlo con ella. Estaba súper agradecida, pero ella no sabe lo agradecidos que estuvimos de su presencia. Siempre te gusta compartir cosas del camino y fue la oportunidad de hacerlo. Aunque en este caso, fue ella la que tenía muchas cosas que contarnos. Venía de Estados Unidos, aunque era de Puerto Rico, estaba haciendo el Camino ella sola con más de  70 años, y a pesar de que mucha de su familia estaba preocupada por su idea, ella quería hacerlo por razones religiosas. Nunca mejor dicho la fe mueve montañas, y en su caso así es, da igual los años que tenga, lo que vaya a tardar, ella tenía la ilusión de hacerlo, aunque fuera sola y así lo estaba haciendo.

En un bosque encantado los tres
En un bosque encantado los tres

5ª etapa: Arzúa – O’ Pedrouzo 19,30 km.

Los días iban pasando y ya nos quedaba poco para llegar… ya habíamos superado el ecuador de la aventura. ¡Sí! Las agujetas iban desapareciendo, estaban casi olvidadas. Los dolores iban remitiendo, aunque no del todo. Ahora teníamos que llegar a O Pedrouzo y yo jugaba con algo de ventaja. Supimos que había un servicio en los albergues que te trasladaban la mochila de un alojamiento a otro por solo 3 euros. Así que, no fui tonta y pensé en mi espalda, no quería que mis hombros sufrieran innecesariamente, ya habían padecido bastante los días anteriores el peso de la mochila, que por fortuna, gracias a que la comida de Kenzie iba desapareciendo, pesaba menos. Sin embargo,  sabiendo que existía la posibilidad de que te trasladasen la mochila a un precio más que razonable, no lo dudé. Cargamos todo lo que pudimos en mi mochila, dimos la dirección del siguiente hostal y así Carlos, aunque con mochila, iba con mucho menos peso, y yo sin nada.  Se me hacía raro ir sin mochila, pero me sentía mucho mejor, claro, sin peso encima. Solamente agarrada del arnés de Kenzie, siguiendo el Camino. 
Al poco de iniciar nuestra penúltima ruta, se puso a llover. Ya me extrañaba a mí estar en Galicia y que no estuviera presente el agua, eso era raro. Habíamos llevado unas capelinas, porque al ser más anchas, puedes cubrir la mochila. Por supuesto, Kenzie también llevaba su chubasquero, es una perra muy fina y no le gusta mojarse, solamente si a ella se le antoja, pero eso de guiar, caminar e ir mojándose no va con ella. Normal. Los  tres bien protegidos bajo la lluvia fuimos caminando, realmente no llovía exageradamente, pero eran gotitas que poco a poco te van calando.  Cuando hicimos una pausa para almorzar, los dueños del establecimiento se reían diciendo que eso no era llover…no lo sería, pero más vale ir protegidos. En realidad, después de la pausa, ya no nos hizo falta el impermeable, así que fue una falsa alarma. Además, se caminó mucho mejor, porque estaba algo nublado y con esa temperatura es mucho más agradable caminar.
En O Pedrouzo nos costó encontrar nuestro hostal, una vez lo hicimos nos encantó la habitación era muy amplia, de las más grandes que hemos tenido. Renovados y cambiados fuimos a comer y nos encontramos con que en la mesa de al lado también había otros peregrinos, no los conocíamos, no habíamos coincidido, pero nos sonaban las conversaciones que se entrelazaban entre ellos. Comimos muy bien, menú del peregrino, bastante asequible para el bolsillo y de muy buena calidad.
Para cenar indagamos qué había por el pueblo, aunque no era para perderse, tenía dos calles y poco más. Algunos establecimientos estaban bastante llenos, más peregrinos, que parecía que ya estuvieran de fiesta. Se notaba en el ambiente que solamente nos faltaba un día para llegar a Santiago. ¡Solamente un día!
En un descanso
En un descanso...


6ª y última etapa: OPedrouzo – Santiago  20 km.

El último día había llegado, el día que si todo iba bien llegaríamos a Santiago. Estábamos algo emocionados y con muchas ganas de llegar. Queríamos cumplir nuestro reto, llegar a la meta.  Aunque al poco de empezar el camino, en medio de un bosque, yendo con linternas, empezó a caer una tromba de agua bastante fuerte. Por suerte, estábamos resguardados por los chubasqueros  y bajo los árboles. La alegría de llegar no queríamos que se viera desdibujada por el mal tiempo que hacía, pero caminar sobre fango, mojados y con resbalones no era fácil.  Después de la lluvia, salió un arcoíris, aunque yo no lo pudiera ver, era síntoma de que tras los nubarrones siempre puede aparecer el Sol. Ese parón de lluvia, ese arcoíris y esos rayos de Sol que empezaban a asomar daba muy buen rollo y muchos ánimo para continuar.  
Con el arco iris
Con el arco iris 



Cuando quedaba poco para llegar a Santiago teníamos que pasar por Monte do Gozo, donde resulta que hay buenas vistas de la ciudad, pero nosotros no vimos mucho. Vimos a bastantes peregrinos en ese monte. Resultó bastante difícil llegar hasta allí, porque es una subida considerable. Lo peor, para mí, estaba por llegar, una bajada de lo más bestia, donde mi rodilla gemía de dolor. Me hubiera gustado bajarla haciendo la croqueta y estar abajo en un periquete, pero era carretera y en ocasiones nos teníamos que apartar a un lado para que pasasen los coches. Al bajar, ya se escuchaban los típicos  sonidos de una gran ciudad: coches, camiones, motos, tráfico por todas partes. ¡Ya estábamos rozando la gran ciudad de Santiago! Algo complicado, como había sido la bajada del Monte do Gozo, sobre asfalto y siendo una bajada muy salvaje, tenía su recompensa. ¡Ya estábamos cerca! 

En la ciudad de Santiago de Compostela
En la ciudad de Santiago de Compostela
Pero, como nos había pasado en otras etapas, cuando sabes que ya queda poco para llegar, parece que los kilómetros se multiplican y parece que no vas a llegar nunca. Ya estábamos pisando la ciudad de Santiago. Aunque, desde que pisas Santiago, ves el cartel de la ciudad hasta que llegas al centro histórico, la catedral, hay un buen trecho por en medio.  Además, el camino es por ciudad y se hace realmente duro.  Yo iba sin mochila y era la que tiraba de mi equipo, Carlos no podía con su alma, le pesaba la mochila y hasta los pies, Kenzie no sabía por qué caminábamos tanto y no es que se parase, pero iba lenta y con pasos torpes.  
Estando cerca, casi en el centro histórico, parecía que las indicaciones que habíamos visto durante todo el Camino las hubieran desaparecido. No es fácil perderse y menos con tanta gente, siempre puedes preguntar. Aunque no nos hizo falta, de repente ante el tumulto, apareció una pareja, que nos conocía. Se alegró mucho de vernos,  yo no sabía quiénes eran. Habíamos coincidido con ellos el primer día, en Sarria, y nos explicaron que justo ellos había llegado a Santiago el día anterior, nos cuentan las etapas más duras y cómo había ido todo, y lo mejor: nos indicaron los pasos que debíamos dar para llegar a la Catedral. Nos dijeron por dónde ir, pero nos dejaron, para que experimentáramos lo que ellos habían vivido el día anterior, es tan emocionante que lo tenéis que vivir solos.  

Justo después de dejar a esa pareja, empezamos a escuchar un sonido de gaita y me empecé a emocionar. Carlos pensaba me estaba emocionando por la melodía de la gaita. A mí me gusta el sonido tan celta que transmite la gaita, pero no me emocionaba simplemente el sonido, sino que sabía que estábamos rozando la plaza. Yo no veía la Catedral, es lo que tiene no ver, pero el oído en múltiples ocasiones es un gran aliado, y en esta ocasión lo fue. Yo ya había estado en Santiago, unos meses atrás, y recordaba que justo en un soportal lateral de la catedral se ponían a tocar la gaita, para dar la bienvenida a los peregrinos. Bajamos unos escalones y ya estábamos en la plaza del Obradoiro, enfrente de la catedral. ¡No me lo podía creer! ¡No nos lo podíamos creer! ¡lo habíamos conseguido! ¡Habíamos llegado! 
Queríamos la foto de rigor, recién llegados a la plaza, nos hizo la foto una peregrina italiana, y sin conocerla de nada empezamos a abrazarnos. Ella también estaba emocionada, también acaba de llegar, había sufrido como nosotros y habíamos llegado a la meta. Estábamos exhaustos, emocionados y radiantes de felicidad. Nos apartamos a un lado de la plaza y nos tumbamos en el suelo, la primera en hacerlo fue Kenzie. Carlos, en ese momento, contemplando la catedral fue cuando realmente fue consciente que habíamos llegado, que después de tantos días, tanto sufrimiento, dolores, agujetas, calor, lluvia, sudor y todas las aventuras, lo habíamos conseguido.. 
Nos quedamos ahí sentados un rato, pensativos, rememorando todo lo que habíamos vivido. Se nos hacía raro no tener otra etapa, pensar que ya habíamos llegado, habíamos cumplido nuestro objetivo. Estábamos en la gran meta y era una satisfacción muy grande, un orgullo por haberlo conseguido, pero también una mezcla de tristeza por saber que todas esas aventuras por el camino se quedaban en el recuerdo, ya se había acabado.  
Recién llegados a la catedral
Recién llegados a la catedral 

Zombies perdidos, aún soñando fuimos al hotel, que lo teníamos reservado muy cerca de la catedral, en el casco histórico. Comimos allí mismo, no teníamos ganas de dar más vueltas. Nos aconsejaron que fuéramos por la tarde a por la Compostelana y que nos preparásemos para hacer cola. Por suerte no fue tanto rato el que estuvimos esperando. Con nuestra compostelana y una sonrisa que no cabía en nuestra cara nos fuimos  a buscar la Cotolaya. La cotolaya es una credencial que justamente en el 2014 dan los franciscanos. Nada más entrar a la Iglesia que nos habían dicho y ver a Kenzie, nos preguntaron su nombre y le hicieron un certificado a ella también. Me hizo mucha ilusión, porque para la Compostelana lo había preguntado y me dijeron que no podían hacerle un diploma. Ella se lo merece tanto, o incluso más, que nosotros. Por eso me hizo tanta ilusión que sin que yo dijera nada, preguntasen por su nombre y empezaran a hacerle un diploma. 

Cotolaya  de Kenzie
Cotolaya  de Kenzie

Al día siguiente nos quedamos por Santiago, pudimos entrar en la catedral, abrazar al Santo, ver el Botafumeiro  y dar una vuelta por la plaza y alrededores. Nos encantó encontrarnos con algunos compañeros de viaje, con los que habíamos coincidido en algún momento de alguna etapa, saber que ellos lo habían logrado nos hacía ilusión. Empezamos a abrazarnos como si nos conociéramos de toda la vida, a hacernos fotos y contar anécdotas.

Era el momento de decir adiós a tierras gallegas.Por la tarde cogimos el avión para casa. Todo lo bueno se acaba. Pero, ha sido una aventura mágica, ahora entiendo lo que sintieron los peregrinos que entrevisté en el programa, las buenas palabras que todo el mundo le dedicaba al camino, las recomendaciones de que lo hiciera. No me extraña. Aparte de ser toda una aventura, una experiencia, un deporte, es una búsqueda en ti mismo, el ver que todo si se quiere, con más esfuerzo o menos, con más dolor o menos, con  agujetas o sin, se consigue. De una manera u otra todo se puede conseguir. Todo esfuerzo tiene su recompensa.    


Nos ha encantado tanto la experiencia, que entiendo eso que dicen que el Camino engancha, porque a nosotros nos ha entrado el gusanillo de seguir.  Ya estamos pensando qué ruta haremos el año que viene. Hay múltiples de rutas que elegir, incluso diferentes caminos. Nosotros hemos hecho el Camino Francés, pero hay diferentes: el primitivo, el del Norte, el de la Plata. Tenemos dónde elegir, por opciones no será. Sea como fuere, y vayamos por donde vayamos, queremos seguir caminando, porque como decía Machado: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

En general, la vida en sí es un largo camino, que tenemos que recorrer día a día, sin dejar de caminar, sin que las fuerzas flaqueen y siempre siguiendo hacia adelante….Así que, solamente puedo decir:

¡Buen Camino a todos!