Blog de Pili: una maleta en la que cabe de TODO.
Desde: Viajes, experiencias, recuerdos, aventuras, anécdotas, historias y mucho más.
Siempre habrá espacio para ir rellenando huecos, contándolo desde un punto de vista diferente, el de Pili.
No tiene exceso de contenido.
No sé si muchos de
vosotros ya os habéis ido de vacaciones, habéis hecho alguna escapadita o aún
estáis por hacerlo. Pero, de todas maneras, sea este año u otro, seguro que en
alguna que otra ocasión habéis tenido que hacer y deshacer maletas. Pero, ¿Qué
tipo de maleta utilizáis? Imagino que depende el viaje que vayáis a hacer:
- - Dependerá del
tiempo que vayas a estar fuera. Si te vas para muchos días , para meses, o para una semana...
- - La época del
año en la que vayas. No es lo mismo irte en verano, donde la ropa que tengas
que llevarte ocupe menos que en invierno que con que pongas algún jersey gordo,
ya ocupará toda la maleta.
- - Si facturas o
no. De vital importancia para viajes. Sobre todo si son compañías de bajo
coste, que miran con lupa los pesos y las medidas de tu equipaje de mano.
- - Si eres
previsor y quieres llevar un montón de “por si acaso” como si donde fueras a
estar no hubiera tiendas y no pudieras comprar lo que se te ha olvidado.
- - Si prefieres
una bolsa de equipaje, porque tan solo es una escapada de fin de semana.
- - Si vas a
hacer rutas, prefieres no facturar, o vas a hacer el Camino de Santiago,
entonces te irá bien una de esas mochilas ergonómicas y gigantonas.
- - Si la
prefieres con ruedes. Ahora incluso las hay con cuatro ruedas que son muy
cómodas de llevar.
- - Si la quieres
de tela, con muchos bolsillos y poder poner algo que se te ha olvidado en el
último minuto y colocarlo en el bolsillo de fuera. Además de tela, hasta puedes
sentarte encima para cerrarla, con el riesgo de que te quedes con la cremallera
en la mano.
- - Si la
prefieres de click antes que de
cremallera.
- - Si la
prefieres con códigos de seguridad, recuérdalos bien, para luego poder abrirla,
ó en cambio prefieres poner un candado y listos.
Será por tipos de
maletas! Hay para todos los gustos y colores.. Todas ellas diferentes. Aunque hay veces que son tan similares unas de
otras, que cuando estás esperando a que
salga tu maleta, siempre coges dos o tres, con las ansias de que sea la tuya y
poder salir ya del aeropuerto. Evitar las maletas oscuras, esas que llevan
todos, y si lo haces, al menos ponle una etiqueta o algo diferenciador, porque
no será la primera vez que alguien se haya llevado una maleta que no es la
suya. Eso sí, un consejo, que a veces aún hay gente que no lo hace, poner el
nombre, teléfono y dirección. No, ya por si alguien se lleva la tuya por
confusión, sino porque si se extravía en otro vuelo o lo que sea, siempre
podrás decir que es la tuya. Pero, por otro lado, por si alguien se lleva la
tuya y tú la suya, siempre os podéis en contacto. Esto último le paso a un
familiar mío, y cuando abrió la mochila y vió que todo lo que había dentro era ropa
de bebé fue un show, suerte que estaban los datos de contacto y pudieron hacer
el cambio.
Las mejores maletas para
mí gusto son esas que son
De policarbonato, rígida.
Con cremallera. Con cuatro ruedas, fácil de llevar, sumándole un mango
periscópico que no se vaya bajando cuando caminas y sea cómodo y fácil de
llevar. Esa es una de las últimas que me he comprado y espero que me dure
mucho. Porque a decir verdad, creo que
he utilizado todo tipo de maletas, desde mochilas, bolsos de viaje, maletas de tela y esta
última, rígida.
Aunque tuve una muy
chula, en principio también rígida, aunque era más bien de plástico, que cuando
me dí cuenta. Cuando llegue al destino, noté una manga de un polar. Pensé que
cómo había viajado así, con la maleta tan mal cerrada, era de cremallera, y
pensé que no la habría cerrado del todo.
Sin embargo, cuando fui a abrirla estaba perfectamente cerrada. Sin embargo, lo
que pasaba era que una de las cuatro ruedas había desparecido, ya me parecía a
mí, que no andaba muy fina, pero como no
la había estado llevando yo, pues no había notado tanto su cojera. Pero,
cuando vi que no tenía rueda, que mucha de la ropa estaba asomando por ahí,
suerte que era algo gordo y fue solamente eso, al no ser que fuera algo más que
se cayera por el agujero y desapareciera tanto de la maleta como de mi
recuerdo. Esto significa que, a veces,
por muy buena que te parezca la maleta, casi que es mejor una de tela, que
sabes que al no ser que casi la revientes de ropa, no le va a pasar nada, o sí…
nunca se sabe. Hay que tener en cuenta que si hacer un viaje largo en avión y
si encima haces escalas, la maleta pasa por un montón de manos que trabajan a
destajo y no me quiero ni imaginar, aunque lo hago por los ruidos que se
escuchan cuando aparecen las maletas, como las deben tratar. Por eso a veces
aparecen como la mía, otras veces se caen por ahí y ni aparecen y en otras ocasiones es cuando alguien se
confunde y se deja la suya para llevarse la tuya.
Sin embargo, qué maleta
llevarte o qué llevarte en ella, no tiene por qué ser una preocupación vital
para tu viaje. Lo importante es llevarte lo esencial, lo que creas que te puede
ser útil. A veces, casi que es mejor,
depende el destino y el tipo de turismo
que vayas a hacer, llevarla casi vacía para traerla llena de compras realizadas
en el destino vacacional. Todo depende.
Si no quieres facturar…
Si por el contrario vas a
hacer un viaje, pero no quieres facturar. Recuerda mirar las medidas aceptadas
por la aerolínea. Hay compañías aéreas que son muy extrictos con este aspecto,
y sé de gente que ha tenido problemas. Les han llegado a hacer facturar con el
tiempo límite de hacerlo y pagando unas cifras desorbitadas. Las medias son de:
55x40x20cm y el peso máximo es de 10kg.
Recuerdo que un taxista
me contó la mala experiencia que había tenido con RyanAir, una compañía que
suele ser bastante exigente con estos requisitos. Su maleta era un poco más
grande y pesaba más de lo permitido. Así que, al no entrar en una especie de
armarito que tienen para comprobar que la maleta cumple las medidas exactas. Le
dijeron que no podía volar con esa maleta, que podía facturar con una cantidad
, que ahora mismo no recuerdo, pero que el pobre hombre no llevaba encima. Así
que, si no quería perder el vuelo, no le quedó otra que dejar la maleta ahí,
dejar la ropa que menos iba utilizar o que no le importaba desprenderse y salir
corriendo con la ropa en mano para coger el vuelo. Suerte que se encontró una
señora de la limpieza que le prestó una bolsa de basura, para poder meter su
ropa. Se sintió humillado y desde entonces, no es que tenga en cuenta las
medidas a rajatabla, sino que después de tan funesta experiencia, prefiere
pagar más y viajar cómodamente que viajar en compañías de bajo coste, porque
después lo barato sale caro.
Aunque no tiene porqué
salir todo mal, si compras un maleta con las medidas exactas, si no la llenas de
“por si acaso” y llevas lo justo y necesario. Yo más que una trolley, una maleta
de ruedas, prefiero llevar como equipaje de mano alguna mochila, porque al ser
de tela, siempre puedo apurar más, hasta casi deformarla y casi a punto de
explotar, corriendo el riesgo que he comentado antes de quedarme con la
cremallera en la mano. Bueno, tampoco hace falta exagerar.
Además, esto de hacer maletas se aprende a medida que
vas viajando. Por mucho que toda tu vida hayas sido de los que te llevabas algo
por si llovía, por si nevaba o por si cualquier situación, a media que viajas y
si lo haces a menudo más, aprendes que vayas donde vayas casi con toda seguridad podrás comprar lo que
te haga falta y no lleves. No hay que cargarla de masiado, porque después la
mayoría de las cosas ni te las pones, a veces
si el viaje no es muy largo, no te da ni tiempo a deshacerla del todo, y
aquello que habías puesto “por si acaso” queda abajo del todo, arrugado y listo
para planchar a la vuelta.
Ya me contaréis qué tipo
de maleta utilizáis vosotros. Qué anécdotas tenéis con maletas: pérdidas,
confusiones, acabar destrozada, etcétera… Espero vuestras anécdotas. Porque
aunque este sea mi maleta, también me
gusta saber de quién está al otro lado de la pantalla y lee estas líneas.
¡Feliz verano! ¡No
pierdas las maletas y a seguir volando, viajando y disfrutando!
Os dejo con un monólogo de Luis Piedrahíta sobre justamente este tema las maletas y los por si acaso. Espero que os guste.
Lo maté. Sí, lo maté, lo confieso. Lo asesiné con alevosía,
con ganas, y lo mejor, dormí muy a gusto, sin remordimientos, simplemente dormí
como no había hecho desde hacía tiempo. Después de matarle fue como si me
hubiera sacado un peso de encima. Dormí de maravilla.
El verano había llegado y hacía tanto calor por las noches,
que tenía que dejar las ventanas abiertas, para que entrase algo de aire. Era
algo insoportable, un calor pegajoso y el aire de la calle era casi
inexistente, pero mucho mejor que estar encerrado entre cuatro paredes sí que
se estaba. El calor no me dejaba dormir a gusto, lo único que conseguía
era sudar y dar vueltas y más vueltas en la cama, hasta acabar deshaciéndola.
Esa noche, más bien, esa madrugada, ya estaba medio adormilado, había ganado la
batalla al insomnio y al calor, y de repente, lo escuché. Tenía un intruso en
casa, concretamente, en mi habitación. No me asusté, para nada.
Simplemente, con mi mal despertar, se iba a enterar de quién era yo. Tengo muy
mal despertar, muy mala leche, y encima si me desvelo ya no puedo volver a
dormir. Así que, no me quedó otra que hacer guardia. Sabía que el intruso, por
mucho que se escondiese seguía ahí, así que, a riesgo de volverme paranoico
estaba haciendo guardia, alerta, esperando un falso movimiento de éste para
actuar. Sabía que continuaba en mi alcoba, porque no había podido escapar. Me
puse la almohada en la espalda y me senté en la cama, con las piernas cruzadas,
como si estuviera haciendo meditación, aunque precisamente relajado no estaba.
Me quedé esperándole, como un pasmarote, en esa posición tan extraña para la
hora que era, pero sabía que tarde o temprano caería, solamente tenía que estar
muy atento. No encendí la luz, porque con la luz que se colaba de la farola ya
estaba suficientemente iluminado, una luz tenue, pero perfecta, para hacer lo
que estaba deseando realizar, sí, matarle. En cuanto tuviera la oportunidad lo
haría, en silencio, con el único testigo de esa farola, que sé que no diría
nada y si lo hacía me daba igual, solamente estaba cegado por conseguir mi
objetivo: acabar con él.
No estaba loco, estaba cabreado, enfurecido, y todo empezó a
cuadrarme: entendí que ese intruso no era la primera vez que me visitaba,
estaba convencido que otras noches había estado ahí al acecho. Entendí el
porqué de mi cansancio por las mañanas, yo no es que durmiera mal por culpa del
calor, que también, sino que, estaba siendo acosado, atacado, irrumpiendo mi
sueño y mi intimidad. Ahora que sabía todo, sabía que él era el culpable de
todos mis males se iba a enterar, era yo quien estaba tras él. Aunque ahora se
hiciera el silencioso, el invisible,
cuando menos se lo esperase, acabaría con él. Recordé que tampoco tenía
que ser muy cruel, que no tenía que mancharme las manos de sangre. No quería
ensuciarme, ni gastar mucha energía, simplemente acabar con él. Recordé que
había una solución más directa, silenciosa como él, pero efectiva. A los cuatro
vientos grité: “ ¡Quién avisa no es traidor!” Alertando al intruso para que se
fuera, más bien como un pequeño acto de compasión, aunque sabía que por mucho
que le dijera, aunque le hubiera dicho que sería su última noche con vida, no
me hubiera creído y hubiera seguido ahí, ajeno a mis voces y persistiendo en su
afán de ser lo que era, un intruso.
Rápidamente, después de mi grito, salté de la cama y con una
risa maquiavélica, abrí el cajón, saqué mi arma letal y la conecté a la
corriente. Enseguida empecé a notar el suave y dulce olor a la muerte. Nunca
más volvería a picarme, ni ese, ni otros de su calaña. Me sentí tonto por no
haber recordado hacerlo antes de abrir la ventana, pero ahora me reía muy a
gusto y estaba listo para descansar sin interrupciones.
Edward Aloysius Murphy
era un ingeniero aeroespacial estadounidense y formuló su ley en 1949. Después
de descubrir que todos los electrodos de un arnés estaban mal conectados, esos
servían para medir la aceleración desaceleración en pilotos. Con esos
experimentos y con ese infortunio, Murphy lanzó la frase de: “Si alguien puede
cometer un error, lo cometerá”.
Con el tiempo la frase
fue cambiando y se conoció en 1952 como la conocemos ahora: “Si algo puede
salir mal, saldrá”. De esta ley hay multitud de variantes, ya que, como sabéis,
hay muchas frases derivadas de la Ley de Murphy. En
definitiva es una ley cómica que explica los infortunios en todo tipo de
ámbitos. No pretende ser algo negativo, sino que, pensad que la memoria es muy
selectiva y tendemos a olvidarnos de las cosas positivas y neutras y queda un
rastro de algo que en algún momento no funcionó y fue negativo. Por tanto, si
una vez sucedió algo de forma negativa nuestra mente lo recordará y el temor a
que vuelva a ocurrir, hará que la ley aparezca y digamos la famosa frase: “Ley
de Murphy”.
¿En qué situaciones ocurre?
Las situaciones en las que nos acordaremos de Murphy y su famosa ley es cuando veamos que algo si puede salir mal, saldrá mal o incluso peor. Si algo se tiene que caer, seguro que se cae y si se puede romper, se romperá. Así de puñetera es esta ley que, como he dicho, no es que sea negativa, es real como la vida misma... si puede pasar, pasará... es cuestión de probabilidad y ahí juega un papel importante el infortunio que siempre hace de las suyas.
Después citaré unas
cuantas frases derivadas de la Ley de Murphy, aunque como hay tantas os invito a que incorporéis la
vuestra. Pero, ahora os voy a contar por qué se me ha ocurrido acordarme de este hombre y su ley. Me acordé de esta ley durante el fin de semana.
Después de estar toda la semana con un bochorno agobiante, pero sin poder ir a
la playa, deseando que llegase el fin de semana para poder ir. ¡Zas! Llega el
viernes por la noche y cae la tormenta que no había llegado durante todo el
verano. El sábado, a pesar de la lluvia nocturna, pensábamos ir a la playa, deseando que
el Sol apareciera de nuevo, pero… ¡Zas! No llovía, pero había refrescado y ni
un rayito de sol apareció. Eso sí que es que el destino, en este caso la meteorología juegue con nosotros. Basta que deseas que pase
algo, pasa todo lo contrario y encima malo. Mira que hay días en la semana para
que llueva, para que haga mal tiempo, pero no, la ley de Murphy hizo de las
suyas y si algo tenía que salir mal, salió. Salió algo mal, de todo menos el
Sol.
Así que esa fue mi propia
ley de Murphy, “Si llevas toda la semana esperando para disfrutar del Sol,
lloverá”. Suerte que hay más días para seguir disfrutando y que, a veces, el
cambio de plan, aunque no sea por propia elección, si no por cosa del destino,
tampoco está nada mal.
A continuación, os dejo
algunas frases derivadas de la Ley de
Murphy, a ver si os sentís identificados con alguna o sabéis más…
1-La tostada
siempre cae por el lado de la mantequilla.
2-La otra cola
siempre va más rápida.
3-Si duermes
con alguien que ronca, éste se dormirá antes que tú.
4-Si tienes
prisa, todos los semáforos estarán en rojo.
5-Si suena el
teléfono llegarás justo cuando han colgado.
6-Los seguros
lo cubren todo, excepto lo que sucede en ese momento.
7-La estupidez
de tu acción es directamente proporcional al número de personas que te estén
observando.
8-Si tienes
papel, no tendrás bolígrafo. Si tienes bolígrafo no tendrás papel. Y si tienes
ambas cosas no necesitarás escribir nada.
9-Si coges el
paraguas no lloverá en todo el día.
10-Si puede
romperse, se caerá.
Y seguro que se os ocurren más y mejores, así que os
invito a que dejéis comentarios, poniendo vuestra propia Ley de Murphy. Pero, recordad, pase lo que pase, después
siempre sale el Sol.
Hoy 26 de julio es el día
de los abuelos. Se conmemora este día, porque es el santo de Santa Ana y San
Joaquín, y así se llamaban los padres de la Virgen María, madre de Jesucristo.
En otros países se celebra en otras fechas. Pero, aquí, en España, se celebra
después de la gran fiesta del Apóstol. ¡Uy! Me está quedando una entrada muy
santoral y no es que yo sepa mucho del tema.
Así que, vamos al tema:
Sé que el día 26 es el día de los abuelos, porque cuando era adolescente y
pasaba el verano con mis abuelos, un día mi abuela que era su día, que
le tenía que felicitar y me explicó el porqué. Al enterarme, por supuesto que
les felicité, y además de eso les obsequié comprándoles unos merengues. Sabía
de su paladar por el dulce, y cuando pasé por una pastelería fue la ocasión
perfecta para comprarles ese dulce, tanto para ellos como para mí. Además fue
la primera vez que probé un merengue y me gustó, pero no sé por qué no he
vuelto a comerlos.
Los abuelos ayudan en
todo lo que pueden y más a sus hijos, y a veces se convierten en segundos
padres para esos nietos que quedan a su cargo. En mi caso no fue así, la
distancia hacía que no los viera tanto como quisiera. Pero, las llamadas
telefónicas eran todo un show, sobre todo hablar con mi abuela que era más de
darle a la lengua que mi abuelo, así que sabíamos que cuando les llamábamos no
era para un momento, era para contar cómo había ido durante toda la semana, y contar con
pelos y señales todo, todo y todo. Con mi abuelo era otro cantar, ya que nunca ha sido de hablar tanto, es más parco en palabras: más bien hablábamos de cómo estaba el tiempo
por ahí y por aquí, no es que sea un especialista en meteorología, pero hay que
tener en cuenta, que por aquel entonces, él tenía su huerta, como siempre han
dicho: su vida, y para él que lloviera o no, hacía mucho.
No fue una relación en
que solamente hubiera llamadas telefónicas, porque en cuanto llegaba el verano
me plantaba a pasar casi todas mis vacaciones de estudiante con ellos. Me
encantaba pasar el día a día con ellos, que si ir a la piscina, comer temprano-
cosa que con la edad fui modificando, porque eso de comer a la una del mediodía
se me hacía muy raro-, ir a la huerta del yayo, pasear, acompañarles a la
compra. No vivían en un pueblo, era Logroño, una pequeña ciudad que con el
tiempo se ha ido haciendo grande, pero para mí era mi pueblo particular, done
estaban los míos.
Además, de las llamadas
telefónicas, las visitas veraniegas y sus visitas invernales, me encantaba que
se fueran de viaje y me escribieran. Sí, mi abuela era de escribir cartas, esas que hoy día han quedado relegadas a un segundo plano con las tecnologías. A veces, me costaba leerlas, porque escribía con una letra un poco peculiar, con personalidad, que costaba entender,
pero mejor, porque así tenía que leer y releer la carta para descifrar lo que
me contaba. Hacían casi todos los viajes que podían, gracias al INSERSO, y
siempre enviaban cartas, cuando no eran cartas, eran postales, cosa que me
encantaba. Las últimas cartas, contándome anécdotas de su viaje, ya no la pude leer, porque ya no veía, pero me la leyó mi madre, como si yo fuera pequeña, y echamos unas risas leyendo la carta juntas.
Ellos eran: Charo y
Manuel, mis abuelos de Logroño, a pesar de no ser de ahí, pero sí vivir en esa
ciudad. Hoy día ellos ya no están en esa ciudad, mi abuela falleció hace unos
años y mi abuelo sí que está por aquí, pero lejos de esa ciudad que quería, sin
mi abuela, sin su huerta y con bastantes más años encima, con los achaques que
conllevan, pero por aquí anda siendo tan guerrero como siempre ha sido.
No quiero olvidarme de mi abuelos por parte paterna…solamente conocí a mi abuelo, ya que cuando yo nací la
madre de mi padre ya había fallecido. Así que, solamente conocí a Lorenzo, mi
abuelo por parte paterna, que, como bien dice su nombre, era un Sol. Él nos dejó
cuando yo era más pequeña, aún no había ni llegado a la adolescencia, pero, a
pesar de eso, aún lo recuerdo. Quizás no es un recuerdo tan nítido, quizás está
mitificado, quizás las fotografías, las charlas con mi padre y familiares han hecho que, afortunadamente, ese recuerdo no desaparezca. Mi abuelo sí que vivía
en Barcelona y, además, muy cerquita de casa de mis padres y lo veía con más
asiduidad. Recuerdo que todos los primos
lo pasábamos en grande yendo al terreno, donde él siempre estaba con sus
hortalizas, si no era regando, era plantando, y si no liado con cemento haciendo algo, pero siempre tenía algo que
hacer. Era un manitas y se hizo una barbacoa, donde hacía una paella, con la
leña que recogíamos, que le salía de maravilla. Hay muchos recuerdos, algunos
de mi cosecha y otros, como he dicho, de lo que han ido sembrando las
fotografías y recuerdos de otros. Pero, sí que recuerdo, las navidades en su
casa, mis tíos y primos, todos íbamos a su casa a pasar Nochebuena. Los primos
estábamos en una habitación más pequeña, al lado del comedor, pared con pared, mientras los grandes
estaban en ese comedor, claro, también eran más. Si me pongo a pensar me van saliendo más y
más recuerdos y no es plan de ponerse nostálgica.
Esta quiere ser una
entrada de recuerdos sí, pero también de homenaje a todos los abuelos. Como
egocéntrica que soy y por ser la autora, en especial a los míos, porque los
quiero, a pesar de la distancia, porque estuvieron ahí, porque fueron abuelos y
porque los conocí. De todas maneras, quien
no haya tenido la suerte como yo de conocer a sus abuelos, siempre les quedará el
recuerdo fotográfico y lo que los recuerdos de otros siembren en ellos.
Actualmente muchas familias
no sabrían cómo arreglárselas en el día a día, con las jornadas laborales tan largas, la jornada sin la ayuda de esos abuelos, quienes
siempre están ahí para echarnos una mano. Para dar caprichos a los nietos, para
reír con ellos y disfrutar, para educar ya están los padres y, en principio,
ellos siempre dan algún que otro capricho más que los padres. Lo hacen sin
querer, según dicen, se les cae la baba, y si no lo dicen, a algunos con solo
mirarles ya se les nota y se delatan ellos mismos. Esos nietos les dan la vida…
Así que...hoy quiero dar un gran y
fuerte aplauso para esos abuelos que siempre estuvieron ahí, continúan en
nuestro recuerdo y corazón y porque sin ellos
no seríamos nadie.
Una de las novelas más íntimas y personales de la autora...¿te atreves a descubrirla? te invito.
"Hola, ¿Te acuerdas de mí?" es la última novela de la escritora Megan Maxwell. Me lo he leído en menos y
nada, pero, confieso, que me suele pasar cada vez que uno de sus libros cae en
mis garras. Tiene una forma de contar las cosas muy de andar por casa, casi
como si quien te lo estuviera contando fuera una amiga y eso hace que el libro
sea ameno y cercano.
Megan es una escritora muy prolífica, tiene muchos libros y saca novelas en nada de tiempo. De hecho tiene otro previsto para agosto: "Un café con Sal". Así que estaré atenta para leérmelo en cuanto salga. Pero, uno de los últimos libros
que leí de esta autora fue la saga “Pídeme lo que quieras” una trilogía erótica
que engancha desde el primer libro hasta el último. Cuenta sin tabúes cómo es
la relación sexual entre unos jóvenes que se conocen ,y, bueno, entre medio,
hay romanticismo, pero mucho sexo.
Además de esa saga tiene otros libros como: "Los príncipes azules también destiñen" como veis los títulos de los libros ya son originales y divertidos, así que imaginaros lo que hay dentro...
Sin embargo, no es que no
me gustase la novela erótica, porque en casi todas sus novelas incluye algo de
picardía y un toque salado, dulce y picante, sumado a su lenguaje, como he
dicho, son muy amenos y divertiidos. Pero, esta última novela “Hola, ¿te
acuerdas de mí?" es diferente: aunque algo de picante hay y divertida lo es un rato. Empezando, porque como cuenta la escritora es muy
íntima, ya que un trozo de historia real queda enmarcada dentro de su libro. Le
he escuchado decir en entrevistas que, cuando le propuso a su madre contar
su historia, le dijo que quería contar
su historia, pero con un final de película. Es lo que tiene las novelas que
puedes incluir ficción y maquillar la realidad. De todas maneras, sabemos que,
a veces, la realidad supera la ficción.
Esta novela cuenta dos
historias paralelas, donde el tema principal es el amor. Son historias situadas en diferentes épocas y diferentes lugares, pero con muchas cosas en común, el principal es el amor.
La primera parte de la novela cuenta la historia de Carmen y Loli, madre
y tía de la escritora, que durante los años 60 tuvieron que emigrar a Alemania
para encontrar un futuro mejor, sobre todo para trabajar. Mucha gente en esa
época lo tuvo que hacer en búsqueda de un futuro mejor. Carmen y Loli, dos jovencitas que nunca
habían salido de España, se encuentran en un país que no conocen, lejos de la
familia y con la barrera del idioma- que muchas anécdotas divertidas les traerán-. Carmen y su hermana conocen a más españolas y a una alemana con la
que harán muy buena piña. Las cuatro van descubriendo Alemania, trabajando y
viendo las diferencias con España, como que las chicas lleven pantalones, por
ejemplo. Hasta que los años van pasando y el amor aparece. Carmen y Loli, las
dos hermanas, acaban enamorándose de dos americanos, y, para más inri, militares
los dos. Viven y descubren una juventud alocada, tal y como es el amor con sus
altibajos y locuras que les hace descubrir muchas cosas. Todo parece que va
genial, hasta que algo sucede y lo cambia todo…las malditas guerras que, como
siempre, lo destrozan todo.
Por otro lado, la novela
pega un salto en el tiempo, y 35 años después es Alana quien tiene que ir fuera
a trabajar. Alana es la hija de Carmen y por motivos de trabajo se traslada a
Nueva York con una amiga y compañera de trabajo. Alana es una treintañera muy
cerrada al amor, no quiere que le hagan daño, porque ya se lo han hecho en el pasado. Pero, el amor es impredecible y aunque ella no quiera el capitán Joel Parker se fijará en ella. Ella intentará
huir de ese capitán americano tan atractivo, no quiere saber nada de militares
y no entiende por qué con tantos chicos en Nueva York, justo un militar se
tiene que fijar en ella. Anécdotas divertidas con su amiga Isabel y su forma de
tomarse la vida, el trabajo y el amor harán de su viaje a Nueva York algo
increíble. Aunque, no solamente el día a día hará que sea imborrable, sino que
los giros del pasado hará que muchas sensaciones, emociones y lagrimas harán
que todo tenga un significado.
La protagonista es tan
cercana que a ti, como lectora o lector, tampoco te dejará indiferente, porque
te arrastrará con ella hacia sus sentimientos, a veces contradictorios, como la
vida misma, con miedos y valentía. Ya se sabe, a veces, somos muñecos del
destino que le gusta jugar con nosotros, pero haga lo que haga ese destino,
tenemos que seguir siendo unas guerreras. Guerreras como lo son las
protagonistas del libro y la propia autora.
Simplemente me ha
encantado y muy recomendable. Así que, si no sabéis que leer este verano….pues,
totalmente recomendable para este veranito.
Os dejo el booktrailer-
me encanta, porque hay voz en off y lo he podido seguir bien-
Tenía pensada una entrada diferente a la que voy a hacer.
Sin embargo, hoy, esta tarde, hemos estrenado el verano y me ha hecho cambiar
de idea. La entrada la dejaré para otro día, porque me parece bien que cuente
la problemática con que nos encontramos las personas con discapacidad visual a
la hora de encontrar trabajo.
Por unos momentos no quiero pensar en lo difícil que lo
tenemos y celebrar la llegada del verano con esta entrada. Primero de todo,
dejadme felicitaros el inicio de verano. ¡Ya estamos oficialmente en verano!
A pesar de que hace unos meses parece que el verano ya
estaba aquí, hasta esta tarde no hemos entrado oficialmente en la nueva
estación del año. Una de las estaciones más esperadas por todos, sobre todo por
los niños, que han acabado los coles y tienen ganas de disfrutar de sus
merecidas vacaciones. Justamente ayer paseando por el barrio, a cada paso que
dábamos nos encontrábamos a niños haciendo exhibiciones. El llegado fin de
curso ya estaba y todos estaban contentos: música, risas, festivales, por todas
partes. Ir paseando y encontrarte a niños felices y alegres, la verdad es que
es contagioso, se oía que el verano ya estaba aproximándose a pasos
agigantados.
Para redondear el día de hoy, hemos quedado con unos amigos.
Esos que conoces porque el destino hace que los conozcas en un país que no es
ni el tuyo, ni el suyo. Ese tipo de amistad une mucho, porque ni ellos, ni
nosotros, teníamos la familia cerca, y la amistad, si cabe, es aún más fuerte.
Vives cosas que solamente ellos y nosotros sabemos, lo que se vive en un país
extranjero allá se queda, allá, y en tu recuerdo. El destino nos ha reencontrado,
esta vez en mi ciudad, Barcelona, y aprovechamos siempre que podemos para
quedar, ponernos al día y hacer buenas comilonas, ya que somos de buen comer.
Aunque hoy, principalmente, hemos quedado para ir a la playa, ponernos al día,
tomar el Sol y pegarnos el primer baño de la temporada. Queda mal decirlo, pero
yo no he sido tan valiente y no me he remojado, bueno, sí, los pies, pero
eso no cuenta. Mira, que hacía calor, sin embargo, estaba a gustito con la
brisa que hacía. No me apetecía darme el baño, si te lo piensas mucho, no te
atreves a dar el gran paso de tirarte y empaparte, quizás ese ha sido mi gran
error, quedarme en la orilla y pensármelo demasiado. Cuando venía la brisa, me
daba cosilla dar el paso, así que me he quedado sin probarla por entero, a
pesar de que mis amigos dijeran que estaba muy buena. Les creo, y lo poco que
la he probado, puedo decir que no estaba helada. Bueno, habrá más ocasiones de
nadar y remojarse, solamente es el inicio de muchos días de playa que espero
que vengan.
Con esta pequeña entrada anunciando la llegada del verano me
despido. A disfrutar del verano, hagáis lo que hagáis, disfrutad mucho de una
de las estaciones del año más desinhibidas, más divertidas y más
sociales. Para mí esta estación es mi preferida, te anima más a salir a
la calle, estar en una terracita, ir a la playa, o cualquier actividad al aire
libre es bienvenida en buena compañía.
Así que, como decía la canción veraniega de no sé qué año...El verano ya llegó!
A veces la inspiración llega cuando menos te lo esperas. Así
que, hay que aprovechar esos momentos, donde las musas te silban palabras y
puedes ser escribiente de sus dictados. Eso es lo que me sucede y si tengo la
oportunidad escribo esas palabras en Twitter. Hoy he querido recoger algunos microrelatos
que en alguna ocasión he tuiteado, aquí los dejo. Twitter solamente te permite escribir en 140 caracteres,
así que solamente puedes escribir microrelatos. Aviso que mis frases, mis microcuentos
no son para nada como los Augusto Monterroso, pero son cuentos pensados sobre
la marcha y plasmados en mi cuenta de Twitter.
Augusto Monterroso fue un cuentista guatemalteco muy
conocido, sobre todo es conocido su microcuento más corto. “El dinosaurio” que dice así:
“Cuando despertó el dinosaurio todavía estaba allí”
Seguro que habéis escuchado hablar sobre este microcuento, y
si no, pues ya lo habéis leído. Por supuesto, tienen otros mejores. Pero éste,
sin duda, es uno de los más afamados.
Otro de sus microcuentos también es éste: “Nulla Dies Sine Linea” y dice así:
“- Envejezco mal- dijo; y se murió.”
Por supuesto, tiene más microcuentos, incluso cuentos que no
son hiprebreves como estos, pero como hoy el tema va sobre microcuentos, pues
ahí os he dejado una muestra del gran maestro de este género.
Ahora voy a poner unos cuantos de los míos, a ver qué os
parecen. Ya os digo que algunos son sin pensar, pero hay que aprovechar la
inspiración. Ahí van y espero que os gusten:
LA COMETA
El niño lloró, toda la semana esperando para sacar de paseo
a su cometa, y el viento no asistió a la cita.
CARRETERAS
SECUNDARIAS
El atasco en la autopista, le hizo pensar que no quería
seguir el mismo camino que todos, y se
desvió por la carretera secundaria.
ENREDEDOS DEL PASADO
Se dedicó a peinar el alma de quien más quería, tenía
demasiados enredos del pasado.
EL GUERRERO DE BARRO
El guerrero de barro se desmoronó al ver que llovía y supo que no sería nada.
…
Tres trillizos, inseparables y redonditos, siempre caminaban
juntos, rellenando silencios y frases inacabadas…
EL MUÑECO DE NIEVE
Disfrazado ridículamente y expuesto al azar de la
climatología, seguía inmóvil, helado, con ganas de salir corriendo.
Tengo más microcuentos por ahí, pero no es plan de aturdiros
con todos. Así que, es mejor ir dejándolos caer en pequeñas dosis. Por si
acaso, yo seguiré aprovechando los ratos en que la melodía de las palabras
susurran historias que pueden ser contadas.
Sé que es una entrada no muy común, pero ya sabéis que en la
maleta cabe de todo.
Hace un año se estrenaba “Con
mis ojos”. Sí, ya hace un año. Cuando al tiempo le da por extender las alas y
volar, vuela que da gusto.
Recuerdo perfectamente
aquel domingo, 11 de mayo. El programa empezaba a las 20:30h en La2. Media
hora ante o así, quedamos en que mis amigos vendrían a casa, para el gran
estreno, como lo denominaban ellas. Todos
mis amigos llegaban nerviosos y cargados de cosas para picar y beber. Estaban muy eufóricos y nerviosos, se
sorprendían que yo no lo estuviera. Yo les decía que no lo estaba, porque había
pasado más nervios haciéndolo, ahora ya
estaba hecho y lo único que esperaba era que les gustase.
Los días en los que hay
tanta expectación siempre me da por pensar en la noche de fin de año. Sí,
realmente, a pesar de ser por la tarde, parecía
fin de año. Todos pendientes de la tele y con emoción, esperando a que fueran y media para que empezase. Eso
sí, habíamos cambiado el cava por cervezas y las uvas por palomitas.
Y de repente llegó el
gran momento, empezó a sonar la cabecera, esa que tantas veces había tenido que
repetir haciendo la voz en off, esa que ya me sabía de memoria, esa
que era el preludio de las grandes
aventuras que viviríamos Kenzie y yo. El
primer programa fue el de Canarias. Qué lejos quedaba y cuántos recuerdo me
venían a la cabeza.
A pesar de haber grabado
la voz en off, por lo tanto saber qué es lo que mis compañeros de programa
habían elegido para el montaje final, no lo recordaba con exactitud. Me daba
mucha vergüenza escucharme, eso ya me pasaba en el locutorio grabando la voz.
Creo, que todos tenemos algo de pudor al
oír nuestra voz, al menos yo lo
tengo.
Casi era incapaz de saber
qué momento estaban viendo mis amigos, porque había momentos que era
todo un jolgorio y hablaban y comentaban todos a la vez, y entre el no ver y no escuchar lo que se estaba emitiendo en la pantalla, no sabía por dónde iba,
no me enteraba. Recuerdo un momento de ese programa, casi al final, cuando ya
estábamos en el tramo de los carnavales, que me pongo a bailar una conga y entonces
empezaron las risas y el cachondeo generalizado en casa. Me entró
la risa, me puse roja y me dio tanta vergüenza
que no quería ni verme, a pesar de que
no lo hacía, pero no quería que me vieran. No sé una cosa muy
tonta. Cogí y me levanté y huí del omedorr por unos instantes, cuando todos me decían que fuera que era muy divertido.
Cuando terminó el
programa empezaron a aplaudirnos a
Kenzie y a mí. ¡Qué vergüenza! Pero, qué
bien que les hubiera gustado y poder
haber compartido ese primer episodio, el estreno, con ellos.
Al poco de terminar
empezó a sonar el teléfono fijo de casa. No sabía si cogerlo, porque estaba con
invitados, pero lo cogí y eran felicitaciones de familiares. El móvil no había
parado de sonar durante todo el programa, no sé cuántos mensajes llegué a recibir… ¡Buuf! Tenía tantos que era casi imposibles leerlos con la voz
sintética del móvil, y eso que me lee muy bien, porque ya estoy acostumbrada.
Pero el móvil se estaba volviendo loco.
Así que, una amiga, con toda la paciencia del mundo, me leyó todos los whatsaps
que tenía. Era increíble, nunca había
recibido tantos mensajes, ni para mi cumpleaños, ni para fin de año. Todos los
que habían visto el programa habían
estado comentando y tenían algo que decir, querían compartir conmigo ese día: felicitándome y expresando sus opiniones.
Después de que acabase el
programa y de que mi amiga me leyera todos los mensajes, nos quedamos un rato
más hablando, casi hasta las tantas. Entre tanto viaje, casi no nos habíamos
visto y les contaba anécdotas de
nuestras aventuras viajeras por España. Además,
aún quedaban rodajes, los
últimos, pero no por ello había que
bajar el nivel. Así que les contaba qué destinos me quedaban y cuándo me
iría otra vez.
Esa tarde acabó convirtiéndose en noche, en un día muy
especial, donde los nervios, la emoción y ver reflejado el trabajo en la
pantalla fue como un sueño. Estaba muy contenta de ver el trabajo junto a los míos y ver que se lo pasaban tan bien como yo haciéndolo.
A todo esto, Kenzie estaba alucinando, porque cuando salía en la pantalla siempre había alguien que decía su nombre, o comentaba algo sobre ella, y ella al escuchar su nombre se pensaba que la llamaban. No entendía qué estábamos viendo, porque había tanta gente en casa y por qué estábamos tan locos. Ella estaba muy a gusto en su cama, ajena a todo y no sabía porque a todos les había dado por hablar de ella. Mientras aprovechaba para descansar, preparándose para siguiente viaje, observándonos desde su cama. Pero, estoy convencida que, de una manera u otra, ella sabía que era la gran protagonista, comoo siempre, y que estaban diciendo cosas buenas sobre ella. Por eso debía estar tan relajada y tan a gusto.
Agradezco a todos los que ese día compartieron ese gran día conmigo, elllos desde sus casas y yo desde la pantalla. Estuvieron presentes sin saltarse la cita. Sin duda, los telespectadores más fieles que he tenido: mi familia y amigos.
Os dejo el link de aquel
primer programa, Canarias. Para que lo recordéis también vosotros.
Hoy ha sido 23 de abril, Sant Jordi y día en el que se conmemora
el día internacional del libro. Una celebración que intenta fomentar la
lectura. Se celebra desde que en 1995 fue proclamado por la UNESCO, con la
intención de que la cultura literaria se celebrase. Se eligió ese día, ya que
ese día se cree que fue la fecha en la que fallecieron dos de los escritores más
ilustres de la literatura universal, como: Cervantes y Shakespeare.
Sin duda, es una jornada que huele a libros, esos que poco a
poco, desgraciadamente, van quedando en desuso y reemplazándolos por los medios
digitales. Sea como fuere, da igual la vía por la que leamos, lo importante es
leer. Y si este día sirve, para que sea la jornada del año en la que más libros
se venden, y espero que sea lean, pues, bienvenido sea.
Además, en Caraluña, y creo que en otras comunidades
también, se celebra Sant Jordi. Una tradición en que las mujeres regalan libros
a sus caballeros andantes, y los hombres regalan rosas a sus princesas. Sin
embargo, como forma de igualdad de género, esto ya va quedando un poco
desfasado, y ahora tanto unos como otros reciben rosas y libros, sin distinción
de género. Lo ideal es poder recibir algo, y si puede ser un libro que te haga
viajar y trasladarte a una historia, mejor que mejor. Una forma de viajar muy
barata, donde la imaginación juega un papel muy importante.
La idea era escribir una reseña de un libro que me leí,
donde los libros juegan un papel muy importante, casi que son, junto con la
protagonista y el escenario, los personajes principales de la historia. Sin
embargo, ni voy a anunciar el título, ni voy a adelantar nada más. Queda
pendiente, para la resaca literaria, porque aunque hoy sea el día de los
libros, hay muchos más días en el calendario para seguir leyendo y compartiendo
reseñas.
En conclusión, antes de que se acabe una jornada como hoy,
no quería dejar en blanco esta fecha tan
especial. Una mención especial, porque hayas recibido o no algún obsequio, el
mejor te lo has llevado viviendo el día de hoy. Un paseo que te ha podido
regalar, si te has fijado en los pequeños placeres de la vida, muchas cosas: un
Sol radiante y espléndido, olor a rosas, libros y muchas sonrisas. Si te has
fijado bien, te habrás percatado de ello. Y, si no, como he dicho antes, si no
has tenido la opción de salir a dar un paseo, sí que tienes la oportunidad de
pasear por las palabras que te brindan las páginas de un libro. Esos que te
hacen vivir miles de aventuras, conocer personajes y conocer. Los libros te han
pensar, imaginar y ganar libertad. Los libros en muchas ocasiones han estado
prohibidos por eso mismo, porque te hacen pensar, y a algunos no les interesaba
que la gente tuviera sus propias ideas, las que podían conseguir pensando y recogiendo
cultura. Afortunadamente estamos en una época en la que tenemos al alcance de
un click todo tipo de libros, así que aprovechemos lo que algunos,
lamentablemente, se perdieron.
Justamente hoy he creado un grupo en facebook que se llama: “Saboreando
libros” Un grupo que pretende ser una comunidad para compartir opiniones,
sugerir lecturas y recomendar aquello que más te ha gustado de tu último libro.
Una opción que, con un fin común: la lectura, pretende que la gente amante y apasionada de las letras y las historias
que nos brindan los escritores, puedan tener un espacio para sentirse cómodos y
obtener más información sobre libros. Si nos unimos todos, podemos ser una
comunidad literaria de la que nos podemos beneficiar. Compartir, comentar,
recomendar y, sobre todo, fomentar la lectura es el fin de este grupo. Quien este
interesado en formar parte de éste, lo puede hacer sin ningún problema, ya que
es un grupo abierto, simplemente hay que cumplir un requisito: leer y querer
compartir tus lecturas.
Ya estamos en plena primavera. Hemos inaugurado el mes de
abril, dejando atrás marzo: con cambio de hora incluida, ganando luz solar,
para que la primavera se note más en su plenitud de horas de sol. Pero todos
los meses en los que no he escrito, por supuesto que han pasado cosas, he
estado bastante liada. Una de las cosas por las que he estado ocupada es porque
quería que el último domingo de marzo fuera muy especial para alguien que
quiero mucho.
El 26 de marzo mi padre cumplió 60 años. Al ser una cifra
tan redonda quería que la celebración también lo fuera. Para ello, desde
finales de enero me puse manos a la obra. Quería reunir felicitaciones de
familiares, amigos, conocidos y compañeros de trabajo. Puede resultar algo
sencillo, pero os aseguro que no lo es. Ponerse en contacto con gente que,
quizás, ni conoces y explicarle el motivo y lo que quería. Realmente hacerlo no
me costó, pero después estaba la espera hasta que llegasen los vídeos de cada
una de las personas a las que les había pedido la colaboración. Algunos no se
hicieron de rogar, pero otros por falta de tiempo o despiste tardaron un
poquito más. Una vez los tuve, quise hacer un vídeo chulo en el que fuera un
viaje a través de la vida de mi padre. Hay muchas formas de viajar y una de
ellas consiste en viajar a través de los recuerdos: intercalando música, fotos
y los vídeos con las felicitaciones. Eso
no fue tarea fácil, pero conseguí que mi compañero de viaje de vida, Carlos, se
comportase como un campeón y lo elaborase con tanto cariño, a pesar de no
apasionarle el tema de los vídeos, como si se tratase de su propio padre:
dedicándole horas y esfuerzo. Gracias, Carlos También recurrí a la ayuda de mi tío que nos guió en los
primeros pasos para introducirnos en este mundo. Y, sobre todo, de un buen
amigo, Mikele, que entiende como profesional del tema y tuve infinita
paciencia.
A todo esto, hay que añadir que todo esto lo teníamos que
hacer a espaldas de mi padre, poniendo miles de excusas cuando quería quedar
con nosotros, inventándonos patrañas para que no sospechase de nada.
A veces, parecía que el mes de marzo no iba a llegar nunca,
y otras, cuando hubo complicaciones con formatos y otros temas no queríamos que
avanzase y llegase el GD, Gran Día, porque aún faltaban retoques por finiquitar.
Entre todo esto buscamos un restaurante, donde nos
ofrecieran un buen menú y que tuviera un televisor para poder emitirlo y estar
todos a gusto. Queríamos que fuera algo íntimo y solamente avisamos a la
familia, creíamos que quedaría todo en más confianza, sintiéndonos más cómodos
si todos nos conocíamos y éramos lo que éramos. Cuando encontré el lugar idóneo
para llevarlo a cabo, me puse en contacto con mis tíos para comentarles la
idea. El día, el sitio y la hora ya
estaban pensados. Ahora solamente faltaba que llegase ese día y que nadie se
fuera de la lengua, para no estropear la sorpresa.
Yo, para no variar, estaba de los nervios. Siempre te da por
pensar que si algo falla, que si sucederá algo que no tiene que pasar, que
si….tantos condicionales absurdos que lo único que consiguen esos condicionales
es aturdirte más. Aparte de estar nerviosa, estaba emocionada, ilusionada,
bueno, no sé ni cómo definir tantos adjetivos juntos.
El domingo 29, último día de marzo, denominado también como
“GDE”, Gran Día de Enrique, llegó. Casi ni me creía que ya estuviera aquí el
esperado y ansiado día. Pero, como todo en la vida, todo llega. A mi padre le
teníamos engañado diciéndole que íbamos a tal restaurante, para compartir una
comida con la familia de Carlos. Por mal camino no iba la cosa, ya que también
de una manera u otra también estuvieron presentes. Además, tenía que ser algo
creíble, para que él no sospechase. A mitad de camino, yo me “inventé” que me
estaba meando, pero al final no resultó ser ningún invento, porque entre los
nervios y demás se convirtió en realidad. Sin embargo, lo dije para que Kenzie,
mi madre y yo, nada más aparcar acelerásemos el paso y fuéramos directas al
restaurante, done ya estaba reunida toda la familia esperándole. Carlos se quedó entreteniendo a mi padre,
para que no se escapase y bajase enseguida, ya que necesitábamos algo de
tiempo. ¿Tiempo para qué? Realmente no lo sé.
Pero, al menos que nos diera tiempo a mi madre y a mí para reunirnos con
todos y esperarle con ganas. 3, 2, 1 y… ¡Sorpresa! Al unísono sonaron nuestras
voces. Se quedó pasmado, de no esperarse a nadie, o esperarse a otras personas,
a encontrarse con: hermanos, sobrinos, primos. Primer paso de la sorpresa
superado con éxito. Me hubiera encantado verle la cara. Sin embargo, su
reacción fue genial. Además, tengo una prima que, en todo momento, hizo de
reportera y lo grabó todo como si fuera una profesional del periodismo de
investigación. Sí, sí, ella estaba preparada con la cámara algo escondida,
grabando todos los movimientos. Así que, tendré la oportunidad de ver qué cara
puso.
Nos sentamos en la mesa para comer, intercambiando
conversaciones, risas y poniéndonos al día. Cuando llego el momento del café,
fui a por el pastel. Un pastel personalizado para él, con su nombre y sus velas
de 60 que tuvo que apagar, espero que con el correspondiente deseo.
Las sorpresas para él no habían terminado, los nervios para
mí tampoco. Tocaba el estreno del vídeo, un viaje por su vida. Les dije que
tenía un programa que había hecho que nadie había visto, sí, un programa
inédito y que lo había traído para que lo viesen todos, me apetecía compartirlo
con todos ellos. Carlos le dio a
reproducir y el show empezó. Al empezar entre la música y demás mi padre no
cayó, pero al momento lo hizo y su primera reacción fue de sorpresa. Sí, un
vídeo hecho con mucho cariño para él.
Nadie lo había visto y en cambio Carlos y yo nos lo sabíamos de memoria.
Nos encantaba ver, escuchar, las risas,
palabras, silencios de la familia. Era nuestro primer pase. Sobre todo me
importaba cómo estaría viéndolo mi padre, algún que otro comentario hacía, pero
yo creo que no se le escuchaba mucho, porque le dejamos sin palabras.
Al cabo de diez minutos de haberlo visto, haber hecho un
brindis familiar y escuchar unas palabras de mi padre, fue como si mi cuerpo
pesase sesenta kilos menos. Por fin, el
GD había llegado y afortunadamente había salido todo de maravilla. Sí, se puede
considerar un éxito.
Estar durante mucho tiempo planificando algo, preparándolo e
incluso soñando con el día, hace que no sepas ni cómo va a ir. Cuando pones
tanta ilusión, ganas y esmero en algo, el miedo siempre acecha. En definitiva,
no era miedo a que algo saliera mal, aunque algo sí, era emoción, excitación,
alegría.
Más relajada, pude disfrutar un poquito más y contarle
alguno los secretos que habíamos estado escondiendo a mi padre. El cómo
habíamos contactado con tal persona, cómo lo habíamos hecho, cuándo….le
rondaban demasiadas preguntas, porque estaba incrédulo de haber vivido algo así
y sin darse cuenta él, con lo cotilla que es él…
No me cansaré de dar las gracias a todas las personas que
han participar en el vídeo, que de una manera u otra han estado ahí para
echarme una mano en todo lo que hiciera falta. A todas aquellas personas,
familiares, que pudieron asistir y estar ahí en cuanto se lo pedí, a las que
desde la distancia han estado enviando mensajes. A quienes enviaron el vídeo, fotos, mensajes.
Cuando necesitas la colaboración de la gente y ves que participan tan
desinteresadamente, te das cuenta de lo bien rodeados que estamos, sin pedir
nada a cambio, ceden algo de su tiempo, para formar parte de algo grande para
ti. Para mí era muy importante que esto
saliese bien y sin ellos, sin la participación de todos quienes lo han hecho
posible no lo hubiera logrado. Han
estado al pie del cañón, queriendo colaborar, guardando el secreto, siendo
cómplices y ayudándome. ¡Muchas gracias a todos!
Quizás no es uno de los mejores regalos que le podía hacer,
pero, creo y espero, que, será uno de los que, aún no siendo algo material, le
costará olvidar. Al menos esa es la intención. Espero que, como digo en el
vídeo, se haya dado cuenta de cómo lo recordamos y, sobre todo, de lo mucho que
lo queremos. Si sirvió para dibujarle
una sonrisa y hacer que fuera un Gran Día para él me basta y me sobra, porque,
ya sé que hablo como hija, para mí verle a él feliz es hacerme feliz a mí.
Siempre que alguien de los tuyos disfruta, tú lo haces. Si
ríe, ríes con él. Si todo se comparte es mucho más amable para todos. Mi padre
siempre ha estado a mi lado, y espero que durante mucho tiempo, siempre ha
estado protegiéndome, en ocasiones demasiado, pero siempre lo hacía porque se
preocupaba por mí. A medida que nos hacemos mayores, parece que los papeles
cambian y, ahora no me importa que me controle demasiado, porque yo también lo
hago con él. Las tuercas se han cambiado, y, ahora, a veces soy yo quién le
tengo que proteger, estar a su lado y ayudarle en todo lo que él necesite. Sabe
que me tiene siempre que quiera.
Básicamente, así se pueden resumir estos meses en los que he
estado sin escribir, preparando algo grande que ha durado meses y que en unas
horas terminó. Se inició con ilusión y finalizó con satisfacción. Aprovecho,
una vez más, para dar las GRACIAS A TODOS y FELICITAR A MI PADRE, quien hizo
que todos nos moviéramos por él.
El último día del mes de febrero se celebra el día de las
enfermedades raras. Se eligió ese día, el 29 de febrero, por ser un día “raro”.
Cuando el mes es bisiesto y no hay día 29, se celebra el día 28, último día del
mes.
EURORDIS: La Organización Europea para las Enfermedades
Raras eligió esa fecha en 2008. Su intención es que haya un día para las
enfermedades poco frecuentes, ya que, por el simple hecho de no ser tan
habituales, nadie habla de ellas. Solamente
las conocen familiares y afectados, y éstos se encuentran solos, porque incluso
el diagnóstico en ocasiones resulta muy complicado de hacer.
En España se considera rara una enfermedad cuando afecta a 1
de cada 2000 personas. En el mundo hay más de 7000 enfermedades raras y en
España, actualmente, hay más de tres millones de personas que sufren alguna de
ellas.
Lo más difícil cuando alguien padece una enfermedad poco frecuente
es el diagnóstico. Para ello es necesario que todo el mundo tome conciencia, y
lo más importante: que pongan medios, para que haya más investigaciones. El
conocimiento es básico para hacer un buen diagnóstico.
Lo fácil es mirar para otro lado, pero nadie es inmune.
Cualquier persona puede ser afectada, algún familiar o amigo puede ser afectado
por una patología poco frecuente. Entonces, es cuando empezamos a darnos
cuenta.
Gracias a las redes sociales, asociaciones y fundaciones,
afortunadamente cada vez parecen ser más visibles. Pero, no es suficiente se
necesitan más medios para que hayan más investigaciones. Imaginaros tener una
sintomatología de algo, y no encontrar diagnóstico, ser una cobaya humana,
mientras los médicos anda perdidos, porque no saben qué puedes tener.
A veces, te puedes sentir incomprendido, porque puedes decir
que enfermedad tienes y nadie a escuchado hablar de ella. Incluso, me ha pasado
con médicos. El desconocimiento hace mucho daño.
Sí, yo sufro una de esas enfermedades raras: NOHL. Una
neuropatía hereditaria de Leber. Una de
esas enfermedades que afecta a 1 de cada 50000 personas. Sin embargo, yo puedo
ponerle nombre, porque supieron diagnosticarla y saber qué era. Incluso, sé qué
mutación tengo afectado. Eso sí, de momento no hay tratamiento. Pero, es mucho
que pueda ponerle nombre, mientras otros aún siguen con pruebas.
Hay que seguir luchando día a día, para que se conozcan este tipo de enfermedades, para que no queden en el olvido, para que haya un diagnóstico certero, un nombre a esas patologías inexplicables, una ivestigación y un tratamiento. Hay que seguir luchando y hacerlas visibles, hablando de ellas.
No seamos ajenos a lo que pasa en este mundo. No mires para
otro lado. Hagamos visibles las enfermedades raras, no somos invisibles.
Esta noche es, sin duda, para los más pequeños, quienes
viven con más intensidad la noche más soñada del año. Llevan todo el año
portándose bien, para que los Reyes, quienes lo ven todo, les traigan muchos
regalos.
A pesar de que, lamentablemente, con los años hayamos
perdido la ilusión que tienen los niños…reconozco que algo de niñez nos queda
dentro. Sobre todo, cuando ves cómo disfrutan los Reyes del día: los niños.
Cuando ves con la ilusión que esperan ese día, lo nerviosos que están y que se
alegran tanto al ver pasar la cabalgata, eso no tiene precio.
Esta noche se supone que se tienen que ir a dormir pronto,
para dejar vía libre a los Reyes y puedan dejarles regalos. Sin embargo, es la
noche que es tan más nerviosos y les cuesta mucho coger el sueño. Lo digo por
experiencia, estaba en la cama dando vueltas y escuchaba algún ruido y me hacía
la dormida no fuera a ser que vieran que no dormía y no me dejasen nada.
Un símil con la Noche de Reyes fue cuando fui a buscar a
Kenzie. La noche anterior a conocer a nuestros guías casi que no pegas ojo.
Estaba muy nerviosa, no sabía cómo sería, ni qué raza, ni el color, ni el nombre,
nada de nada. Pero, lo más esperado estaba por llegar. A pesar de no pegar ni
ojo, el regalo de mi vida llegaría por la mañana, y el madrugón, igual que
harán los más peques de la casa mañana, es mortal. No puedes dormir, pero
madrugas como si no hubiera un mañana, porque sabes que lo mejor está pro
venir.
Yo siempre he sido de Reyes. Aunque mucha gente celebrase
también Papa Noel, yo me quedaba con las tres majestades de oriente, siempre me
han caído mejor que el abuelo gordito vestido de rojo. No sé por qué, pero el
hecho de escribir la carta, ir a la cabalgata y esperar más que otra cosa…siempre
tenía más gracia. ¿Menos tiempo para disfrutar de los regalos? Quizás, pero y
la ilusión que hace saber que te han traído algo, aunque sea carbón…
Hoy toca ir a dormir pronto, pero antes hay unos rituales
que no pueden faltar:
Para que los Reyes vean que estás en casa y sepan que es la
tuya….
Yo siempre les dejaba, y no descarto hacerlo ésta, unos
zapatos cerca del balcón, para que vieran que estaba. A veces, era tan
exagerada que no dejaba solo un par, si no que sacaba todo el calzado que tenía
y lo dejaba ahí para que fueran bien visibles y no se olvidasen de mí.
Por otro lado, dejaba un cubo de agua, para que los camellos
pudieran calmar su sed. Y, por supuesto, algo de picar y de beber para los
Reyes, y si te olvidabas de hacerlo, tus padres te lo recordaban, aunque no
solía olvidarme.
Los regalos olvidados…
No sé por qué, a veces no me traían todo lo que pedía en la
carta. No pasa nada. Y, a veces me traían cosas que no estaban escritas, pero
que no estaban nada mal. En otras ocasiones, me trajeron algo equivocado.
Durante muchos años me pedí el “Alfanova” que era para hacer
barro. Pero, nunca me lo trajeron. Un año me trajeron la “Tejenova” yo no lo
había pedido. No sé si es que debí hacer mala letra y lo confundieron o… véte a
saber!
Pero, no me puedo quejar, porque siempre caía algo.
Desde hace unos años tengo una cita esta noche. Cada noche
de Reyes escucho un programa de radio de la Cadena Ser que se llama “Cap nen
sense joguina”. Un programa que solamente lo hacen la noche de Reyes y es
mágico. Tienen diferentes objetos de personas conocidas y van haciendo una
subasta. Los oyentes, y quien quiera por Internet, puede ir licitando. Al día
siguiente con todo lo recaudado, más los juguetes que han ido dejando en la
emisora, van por todos los Hospitales y sitios donde hay niños necesitados,
para que no les falten sus regalos de reyes. Como bien dice el título de
programa: Ningún niño sin juguete. Todos, absolutamente, todos se merecen un
juguete, un regalo, una ilusión. Sus ojos y sus sonrisa lo dicen todo.
Os dejo el link del programa, por si queréis escucharlo:
Feliz Noche mágica de Reyes! Y ahora…shhhh a dormir que ya
se acercan los Reyes.
Deseo que hayáis sido buenos y os traigan muchas cosas, y
sobre todo, que nunca, nunca, nunca perdáis la inocencia que un día tuvisteis.
Si la mantenéis viviréis con más emoción e ilusión este día.
La cuenta atrás ha llegado y toca despedirnos de un año más.
Para mí, sin duda, éste será un año que no olvidaré fácilmente. Nunca había
vivido tantas experiencias en un mismo año, por eso y por otras razones sé que
no será fácil de olvidar, tampoco pretendo que se vaya el recuerdo.
Este 2014 empezó de la mejor manera: con un proyecto mágico.
Sí, digo mágico, porque inicié el año sumergiéndome en “Con mis ojos” un
proyecto televisivo que hizo que viajase por muchos sitios de nuestra
geografía, conociera muchas actividades, anécdotas y sobre todo que conociera
gente maravillosa. Si dicen que el cine es mágico, porque saben convertir algo
bonito en precioso, eso es lo que hicieron mis compañeros con las imágenes que
les llevábamos de cada viaje y supieron hacer magia. Yo misma viví algo mágico,
a veces rodábamos varias secuencias y parecía vivir más de un día en el mismo
día. Normalmente no sueles hacer tantas actividades, con tanta emoción y
nervios en una misma jornada, por eso día lo de mágico.
Eso fueron casi seis meses, intensa mitad del año llena de
aventuras. Acabó el sueño televisivo y tuve la suerte de que me llamasen para
unas suplencias. Me pasé todo el verano realizando sustituciones de
recepcionista, en el mismo sitio donde había estado antes del proyecto
televisivo.
En ese mismo verano, llego mi cumpleaños y vencí la barrera del vértigo que da llegar a
los 30 haciendo puenting. Sí, me tiré de 30 metros. Algo que siempre había
querido hacer, pero nunca me había atrevido, ví la oportunidad de hacerlo y me
tiré de cabeza al vacío. Casi me quedo sin voz, pero descargué toda mi
adrenalina en ese salto.
Septiembre llegó y con él las vacaciones. Quise experimentar
la aventura del Camino de Santiago y ahí que nos fuimos. Una vez más, Kenzie me
demostró lo buena perra guía que es, aguantando como una campeona y sin dejar
de guiar. Fui acompañada de Kenzie y Carlos, dos grandes pilares en mi vida que
han estado presentes en muchas de mis aventuras, sin duda ésta ha sido una de
ellas. Fue duro en algunos momentos, en esos en los que piensas que no puedes
con tu alma, pero los pies siguen avanzando casi sin saber cómo, pero lo haces
y lo mejor, conseguirlo y llegar a nuestra meta. Una experiencia más para el
libro de la vida y un reto más conseguido. Todo es posible.
Después estuve en búsqueda activa de empleo, algo que no es
fácil, pero que no te tiene que desanimar y sigo sin rendirme.
Acabo el año trabajando y lo empiezo de la misma manera.
Creo y espero que eso significará algo, son suplencias y espero que esa
situación cambie. Quizás por ello para el nuevo año, aparte de pedir salud para
los que me rodean y para mí, quiero
encontrar empleo más estable, es por ello que sigo buscando trabajo sin tirar
la toalla.
Ahora ya se acerca el final de un año maravilloso…Cuando un
año es tan bueno da pena decir adiós. Llega otro y no sabes cómo será, la
incertidumbre se apodera de ti, y sabiendo que este ha sido tan positivo no
quiero renunciar a él. Pero si lo acabo con tan buenas sensaciones, con muy buen
sabor de boca, no tiene porqué ser malo lo que venga. Hay que afrontarlo con
positivismo, como todo en la vida. Solamente es un cambio de calendario, pero
la vida continua.
Este nuevo año no tengo pensado propósitos, más vale dejarse
llevar y no planear, dejarse llevar por lo que el destino nos tenga preparado.
Lo que venga bienvenido sea. No queda otra. Lo mejor es dejarse sorprender y
vivir cada momento de la mejor manera.
No quiero despedirme sin dar las gracias los que, de alguna
manera u otra, habéis formado parte de año. Sin vosotros este año no hubiera
sido tan maravilloso. A veces que algo sea maravilloso es porque estás rodeada
de personas extraordinarias. Gracias a todos!
Deseo que este nuevo capítulo titulado: 2015 se inicie y
termine de la mejor manera. ¡Por un año fabuloso! ¡Porque todos vuestros sueños
no se queden en sueños y sean una realidad! ¡Mucha suerte! Y
Rompiendo barreras: Por una sociedad igualitaria.Todos somos iguales.
Hoy, 3 de diciembre, es el día de las personas con
discapacidad. Este día se celebra desde que en 1992 se decreta en la Asamblea
general de las Naciones Unidas, para que las personas con discapacidad alcancen
una igualdad y consigan una inclusión en la sociedad, siendo así más visibles.
Pero, ¿Y qué pasa durante el resto del año? ¿Durante el
resto del año somos invisibles? Sé, que hay muchas fundaciones, asociaciones y
gente concienciada con el tema. Pero, lamentablemente, aún queda mucho por
recorrer. En España hay más de cuatro millones de personas con algún tipo de
discapacidad. Pero, siempre nos quedamos relegadas a un segundo plano. Para
algunas personas, desgraciadamente, aún somos “bichos raros”. No entienden que
tendremos alguna discapacidad, pero tenemos otras capacidades. Si no tienes una discapacidad, o alguien
cercano con alguna, parece un tema muy
lejano, el desconocimiento, los
prejuicios y el mirar hacia otro lado, se convierte en algo muy habitual en
personas que no están familiarizadas con el tema., Lo ven como algo raro, como
que no podemos hacer de todo, como que no estamos capacitados para enfrentarnos
al mundo laboral, entre otras cosas, pero… ¿y si algún día les tocase a ellos?
Nadie está excluido de tener una capacidad diferente, porque nosotros no hemos
elegido nacer, desarrollar o por algún accidente de la vida, tener que vivir de
una manera diferente. Me fastidia que por haber tenido la mala suerte de tener
que enfrentarnos a este mundo de otra manera, tengamos que demostrar cada día
más, y demostrar que podemos hacer las cosas, quizás de otra manera. Sí que es
verdad, nadie dijo que esta vida fuera fácil, pero si encima nos encontramos
más trabas que los que se consideran capacitados para todo, pues lo tenemos más
complicado.
Hay varios tipos de discapacidad: intelectual, psíquica o
mental, física y sensorial. Pero, más allá de esas, hay otras que son peores,
las que sufren algunas personas que no son capaces de ver más allá, no hay más
ciego que quien no quiere ver. Quienes padecen la intolerancia, la incapacidad
de no tolerar a otras personas, personas que sin elegirlo tienen que vivir de
otra manera, hacer las cosas de un modo distinto, enfrentándose cada
día a barreras, y no me refiero a las arquitectónicas, sino a las barreras que
hay en la mente de alguna gente que no tienen la capacidad de poder ponerse en
la piel de otras y empatizar. Hay tantas
discapacidades que están allí y no se ven…la de las personas que no saben
valorar lo que tienen, la de las que no son felices, las que infravaloran a
otras por vivir de un modo distinto a ellas…
Hay tanto que hacer todavía, pero es un camino que poco a
poco, quiero pensar, se va allanando, para que el camino sea menos pedregoso.
Fácil no va a ser, porque no lo es para nadie, pero que al menos no lo sea más
de lo que ya lo es. Por ir en silla de ruedas, usar audífonos, ir con perro
guía o bastón, no tenemos porque encontrarnos más trabas. Cada día es un reto,
el reto de salir a la calle y enfrentarte a los cruces, los bordillos, obras…No
nos pongáis más barreras. La accesibilidad no se rige solamente en las barreras
arquitectónicas, en las barreras comunicativas, las peores son las de la mente.
Si hubiera una plena integración, no tendríamos ni que
utilizar esa palabra, porque quizás es la sociedad quien tiene que integrarse,
nosotros no hemos hecho nada malo, para tener que sobrevivir cada día ante
prejuicios, miradas, comentarios y, lo peor, discriminación. Si hubiera plena
igualdad no hablaría del término discriminación, desde el momento que la
educación no es integrada para todos, ya hay una discriminación. Y, un tema que
me afecta más de cerca, a la hora de encontrar trabajo, es otro cantar. Hay
trabajo para personas discapacitadas y para personas que no llevan esa
etiqueta, pero… ¿no se supone que todos somos iguales? ¡Qué más da tener un
certificado! ¿No se supone que para acceder al ámbito laboral se tiene que
valorar: formación, experiencia (si es que alguna vez te han dado la oportunidad
de demostrar tu valía), capacidades y habilidades? Pues, dejad de lado la
discapacidad y empezad a valorar las capacidades que tenemos, por favor. Por supuesto, en ocasiones, quiero pensar, no
se hace solamente para llenar el cupo de personas con discapacidad que tiene
que haber en una empresa, según la ley LISMI,
y tampoco se hace para que esas empresas se lleven un beneficio fiscal por
contratar a personas con discapacidad…Quiero pensar que muchas empresas sí que
están sensibilizadas con el tema y quieren dar el máximo de oportunidades a
todo tipo de personas, quiero pensar que aún hay gente concienciada que sabe
empatizar y que solamente ponen que buscan a personas con certificado de
discapacidad, porque son puesto de trabajo que son accesibles y pueden estar
adaptados a las necesidades que tenemos, nuestra manera de trabajar diferente.
Quiero seguir pensando bien, porque de un tiempo a esta
parte no hay que negar que la cosa ha mejorado, y quiero pensar que va a ir
mejorando. Tendremos como siempre que luchar por nuestros derechos, seguir
demostrando más que los demás, para que vean, que somos capaces de hacer todo
lo que nos propongamos, porque si ya nos ponen barreras, nosotros no tenemos
que ponérnoslas.
Nos costarán las cosas más, tardaremos más, pero llegaremos.
Y lo mejor, cuanto más cuesta algo, mayor satisfacción y mejor sabor se te
queda, porque cuando las cosas son fáciles no las valoras como debieras.
Espero que algún día la cosa llegue a un cambio. Sobre todo,
espero que poco a poco, las personas que no están familiarizadas con nosotros,
dejen de vernos como algo raro, porque somos tan normales como ellos. Somos
personas, sí, con capacidades diferentes, pero somos personas.
No prejuzgues y deja que una persona con discapacidad te
demuestre de qué es capaz, te sorprenderás. Además, nadie es ajeno a ello,
porque algún día te puede pasar a ti. Nadie elige cómo quiere vivir su vida, lo
importante es vivirla, aunque sea de un modo distinto.
Nunca se me había pasado por la cabeza hacer el Camino de Santiago. A pesar de que, familiares y gente cercana, me lo habían recomendado, porque habían
venido muy contentos de la experiencia. Pero, yo era un poco reacia a hacerlo,
más que nada por mis pies, pensaba que sufrirían mucho y no valdría la pena. Sin embargo, algo cambió en mí.
Cuando estuve grabando el programa “Con mis ojos”, enGalicia entrevisté a unos peregrinos en la Plaza del Obradoiro, recién llegados
de la caminata. Al verlos tan emocionados y con la ilusión que desprendían sus
palabras, me entraron muchas ganas de vivirlo. Los ví tan emocionados, y eran
sinceros, no era todo genial, pero sí que valía la pena, ya que servía para
conocer paisajes, gente, pero, sobre todo, conocerte a ti mismo. Mi gran
preocupación: los pies, solamente es una parte del cuerpo, y la mente es mucho
más fuerte. Quería comprobarlo por mí misma, ver si valía tanto la pena. Por mucho que te puedan contar y explicar, cada uno lo vive de una manera diferente, lo que para uno ha sido algo alucinante, quizás para ti no lo es tanto. Incluso para quien ha podido ser lo más nefasto, para ti puede ser lo más maravilloso que te ha pasado. Así que para ello, no hay nada como calzarse las botas y ponerse en marcha, para poder comprobarlo por uno mismo.
Cuando llegué a casa se lo planteé a Carlos, y él
estaba encantado con la idea. Hay que decir, que ninguno de los dos somos muy
deportistas, ni siquiera senderistas, ni grandes caminantes, pero queríamos
vivir la experiencia. Él tenía vacaciones en septiembre, así que teníamos
tiempo para prepararlo. Sí, aunque sea por España, y digan que lo mejor
que hay que hacer es llevar el menos peso posible, nos teníamos que
organizar.
Una de las primeras cosas que hicimos fue ir a informarnos a
una asociación de amigos del Camino de
Santiago, allí nos informaron de todo, con un trato muy amable. También nos
ofrecieron la credencial. La credencial es una cartulina pequeñita, donde pone
tus datos y hay unas casillas, para que en cada sitio donde estés te puedan
sellar, y así luego demostrar que has hecho los kilómetros
correspondientes, para que te puedan dar la Compostelana. Aunque, más que para que te den la Compostelana, yo creo que es un bonito recuerdo,
porque después vas recordando que en tal sitio estuviste alojado, en tal otro
comiste un pulpo delicioso y en tal otro conociste a unos peregrinos majísimos,
de todos los sitios, los sellos te traen a la memoria miles de anécdotas.
Queríamos hacer un tramo del Camino, ni muy largo, ni muy
corto, el justo para conseguir la Compostelana y para vivir la experiencia. Así
que el pueblo escogido fue: Sarria, en Lugo. Queríamos tener la experiencia de
hacer lo suficiente y llegar al gran destino: la Catedral de Santiago. Cuando
fuimos a informarnos a la Asociación de amigos del Camino nos aconsejaron coger
un tren, para ir por la noche y por la mañana ya empezar la etapa.
Sin embargo, descartamos de inmediato la idea, porque eran muchas horas de
tren de Barcelona a Galicia, y a pesar de que puedas ir durmiendo, no descansas lo mismo, además
era demasiado trote para Kenzie, muchas horas sin poder ir al lavabo, ni moverse.
Los meses se acercaban, ya teníamos el billete de avión
comprado. Solamente nos quedaba reservar los albergues. Yo prefería ir con el
alojamiento reservado, más que nada, porque así llegas al destino y ya sabes
dónde tienes que ir, y porque volvemos a lo mismo de siempre, aunque Kenzie sea
un perro guía y tenga derecho por ley a estar alojada en el sitio donde yo
elija, no quiero llevarme decepciones y prefiero que lo sepan de antemano, para
no llevarnos desagradables sorpresas. Así que comenzó la ardua labor de mirar
alojamientos, escribir correos electrónicos, llamadas…y justo unos días antes
de emprender la aventura, ya teníamos todo reservado. Teniendo alojamiento íbamos
más tranquilos. Sabiendo que al final de cada ruta no nos volveríamos locos buscando un sitio para descansar. Además no queríamos albergues en el que duermes con cuatrocientas personas a tu lado, con ronquidos, gente que se despierta a horas diferentes a las tuyas, con olores de todo tipo y personas que refresan de star de fiesta cuando tú ya estás en el tercer sueño. A parte de por todo ello, tampoco queríamos compartir habitación, ya que aunque Kenzie sea una perra guía y tenga todo el derecho del mundo de estar durmiendo justo a mi lado, si alguien venía más tarde y no sabía que había un perro se podía llevar un gran susto, porque no se espera que haya un perro, y por esa regla de tres, Kenzie también se podía asustar si le pillaban tranquila y dormida y le despertaban, ya que no es plato de buen gusto para nadie, incluida ella, que después de un día agotador te despierten.
Por supuesto, no faltó una visita al veterinario, porque si
nosotros sabíamos qué teníamos que tener en cuenta, quería saber qué medidas
había que tomar con la peluda de cuatro patas. El veterinario ante mi duda de
si Kenzie podría aguantar el tute que le íbamos a meter, me contestó que sí,
que seguro que lo aguantaría, se rió y aseguró que quizás tiraría más que nosotros. Eso sí, en una de las etapas que era de más de 30 kilómetros nos aconsejó dividirla en dos, tanto por ella como para nosotros. Me recetó una pomada para las almohadillas que
tendríamos que untarle unos diez minutos antes de empezar las caminatas, porque
hay que tener en cuenta que si a nosotros nos pueden salir ampollas, a los
perros también. Así que, con Kenzie lo que teníamos que tener en cuenta era
untarle con la crema que nos habían recetado y sobre todo, al igual que
nosotros, hidratarle mucho, ir parando y que bebiera el agua necesaria.
Todo estaba listo para iniciar la aventura. ¡Qué nervios!
¿Sabríamos llegar a Sarria? ¿Seríamos capaces de aguantar las rutas? ¿Cómo serían los
caminos? Un montón de preguntas se agolpaban en mi cabeza, tenía ganas de estar
allí y experimentarlo por mí misma, respondiendo a las preguntas. Con
nuestras mochilas en la espalda -pesadas con anterioridad, tienen que pesar
sobre un 10% de tu peso, para que puedas aguantar. Hay que tener en cuenta que, aparte de llevar nuestras mudas, también teníamos que cargar con la comida de
Kenzie para los días que íbamos a estar fuera. Con las mochilas en los hombros, las botas puestas y cargados de ilusión salimos hacia el aeropuerto.
El primer día hasta llegar a Sarria ya fue toda una
aventura, sin contar mucho con los pies, pero lo fue. Primero el madrugón para
coger el avión. Llegamos a Santiago y de allí teníamos que coger un autocar
hasta Lugo, pero el vuelo y el autocar no estaban sincronizados, así que tuvimos que esperar más de una
hora hasta que apareciera el autocar. Mientras esperamos, en la parada había
otra chica, también de Barcelona, que iba a hacer el Camino, también era su
primera vez. Se le veía muy nerviosa, porque además nos contó que pensaba empezar
ese mismo día, porque no tenía muchos días para realizar las etapas. A mí me
parecía impensable empezar a caminar, no sé cuándo llegaríamos al destino, pero
a ella le daba igual la hora, teniendo en cuenta que el tiempo jugaba en su
contra.
Una vez en el autocar, se nos hizo eterno hasta llegar a
Lugo, entre curvas y carreteras que no terminaban nunca. Pero, en el asiento
delantero conocimos a un melillense que amenizó el viaje, contando que él ya
había hecho el Camino y que menuda diferencia ir en autocar que caminando. Así
que lo que para mí estaba siendo largo, para él no era nada, porque caminando
se tarda mucho más, obvio. Nos dio consejos para llevar mejor el Camino, nos
recomendó sitios y nos contó anécdotas, para él ya acababa la aventura, pero
para nosotros solamente había hecho que empezar. A él solamente le quedaban los
recuerdos y las vivencias, en cambio a nosotros nos acompañaban las preguntas y
las inquietudes de empezar algo. Así que nos vino muy bien coincidir con él.
En Lugo tuvimos que coger otro autocar, con otra espera,
para llegar a Sarria. Después de tanto viaje, con sus diferentes medios de
transporte, llegamos a Sarria. Allí fue nuestra primera despedida, con la chica
que iba a empezar la ruta fuera la hora que fuese y pegase un Sol criminal, con
el melillense y su hijo y todos los del autocar. Todos se despidieron con una
frase que escucharíamos repetidamente durante los días que vendrían: “!Buen
Camino!”
En Sarria cargados con nuestras mochilas y mucha ilusión nos
dirigimos a nuestro albergue, San
Lázaro. Allí nos acogieron con los brazos abiertos. La dueña, Marisa, al
vernos ya supo quiénes éramos. Kenzie es una gran pista, más habiendo hablado
antes con ellos y diciéndoles que iba a ir con un perro guía, esa es una gran
pista, para que supiera quiénes éramos. Enseguida nos enseñó nuestra
habitación, solamente para nosotros. Nos enseñó las instalaciones: baños
compartidos, salón para desayunar y ver la televisión y por supuesto, algo que
se ve nada más entrar, un patio con mesas donde tomar la fresca y descansar.
Ese día nos dedicamos a visitar el pueblo, comprar algunas
cosillas: como un palo para Carlos, para que le sirviera de apoyo en momentos
de subidas o bajadas, a charlar con Marisa y sobre todo a reponer fuerzas para
el día siguiente.
Primera etapa: De Sarria a Portomarín- 23Km.
Nos levantamos bien temprano, sobre las seis de la mañana,
antes de que amaneciera. Desayunamos algo ligero, sobre todo un café, para ir
bien despiertos. Antes de todo ello, nos habíamos untado bien los pies con
vaselina y puesto los calcetines al revés, para que las costuras quedasen al
otro lado, así pudimos ponernos las botas con los pies bien protegidos. Kenzie
también llevaba puesta su crema en las almohadillas. Una vez preparados,
salimos a la calle, parecía de noche, no había luz, así que Carlos tuvo que
encender la linterna. Hacía algo de fresco de buena mañana, pero… ¡zas! Primera
cuesta, la cual cosa, hizo que nada más subir, tuviéramos que desquitarnos de
prendas, porque ya habíamos entrado en calor. Esos esfuerzos de primera mañana,
hace entrar en calor a cualquiera.
A primera hora no nos encontramos a nadie por el camino,
pero, por suerte, está bien indicado con flechas que te indican el camino a seguir. Poco, después de la gran subida, nos empezamos a encontrar a otros peregrinos.
A medida que la luz matutina se hacía presente, los caminantes también iban
apareciendo.
Amaneciendo y empezando la aventura
No sé cuántas horas estuvimos caminando, porque además nos
íbamos parando a cada paso. Cuando no era para hacer un descanso, era para
beber agua, y si no, era porque nos sorprendía cualquier cosa. Por el Camino
conocimos a unas mujeres americanas que viajaban en grupo, y en las paradas que
hicimos también nos las encontramos, siempre se acordaban de nuestros nombres,
incluyendo el de Kenzie, y siempre que nos veían nos saludaban gritando
nuestros nombres, me hacía mucha gracia.
Cuando quedaba poco para llegar al destino, parecía que no
íbamos a llegar nunca, las fuerzas empezaban a flojear, el calor hacía mella en
nuestro cansancio. Hubo un momento que ni me sentía los pies, yo creo que
andaban solos, por inercia.
Kenzie estuvo guiando como la gran campeona que es. Hubo en
un momento que pasamos por un riachuelo y nos encantó la idea de soltarle,
porque además había otro perro bañándose, y con lo que le gusta el agua a
nuestra pequeña, no podíamos desperdiciar esa oportunidad. Eso sí,
después me tocó ir agarrada de Carlos, hasta que se secase del todo y pudiera
ponerle de nuevo el arnés.
¿Por qué no quería llevarla suelta por todo el Camino?
Porque Kenzie en cuanto ve algo de hierba se pone a pastorear, como si fuera
una cabra. Porque se hubiera puesto hecha una marrana, ya que tiene una fea
costumbre de restregarse en el barro y en lo que no es barro. Porque no sé que
habría comido por ahí, y eso hay que controlarlo mucho, para que después no se
encuentre mal. Porque no en todas partes había campo, hubo trozos, aunque en
esta ruta no, que había bastante carretera y eso es peligroso. Y por supuesto,
porque a mí me servía de mucha ayuda, me daba fuerza, seguridad y autonomía
poder ir del arnés de mi pequeña de cuatro patas.
Cuando Carlos me dijo que había visto el cartel de
Portomarín casi no me lo podía creer. Pero, la sorpresa estaba por llegar…. Para
llegar al pueblo, tenías que subir no sé cuántos escalones. Ese pueblo está
hecho con mala leche. No puedes con tu alma y tienes que subir escaleras,
es criminal. Eso sí, después pude comprobar que valía la pena, pero en ese
momento estaba por no subirlas.
Cuando llegamos al albergue lo primero que hicimos fue
ducharnos. Sienta de maravilla una ducha después de una gran caminata, recomforta muchísimo. Después fuimos a comer, eran casi las tres de la tarde. Aunque, yo más que hambre lo que tenía era un cansancio bestial. Estaba contenta
por haber llegado a nuestro destino, pero no me sentía el cuerpo. Hacía un
calor terrible, yo todo el rato les decía a los gallegos que era muy raro el
tiempo que estaba haciendo para estar en Galicia, aunque mucho mejor eso que
lluvia, por supuesto. Pero, estábamos a más de 25 grados, algo increíble.
Después de comer, fuimos a descansar, después de un gran
madrugón y una larga caminata, no hay nada como dar una buena siesta. Una vez
repuestos dimos una vuelta por el pueblo, que sí que era bonito de verdad, y
una vez descansados se disfruta más del pueblo y de sus gentes.
Volvimos a madrugar, como es normal, para aprovechar más el
día y para que el Sol no nos diera tanto durante el recorrido. A pesar del
madrugón hizo un día, que más que estar rozando otoño, parecía verano en puro
estado. Por la mañana, fuimos con linterna y bien abrigados, pero nos duró
poquito, porque no sé si es aposta, pero enseguida nos debimos encontrar alguna
cuesta, de esas en las que sudas sangre para llegar, y al llegar te tienes que
quitar la ropa. Esta etapa la recuerdo como de las más duras, porque había
mucho trozo sobre asfalto, por carretera, y quieras que no, es más duro.
Nosotros que no estamos acostumbrados a grandes caminatas, sumado al peso
de la mochila más el calor se hizo horrible. Sufría por Kenzie en los tramos de
carretera, porque el asfalto le debía quemar las patitas, pero ella es muy
lista, y siempre que podía me llevaba por algo de hierba que encontraba.
Parecía que no fuéramos a llegar nunca, era una etapa larga, de las más largas
que teníamos, pero es que aparte a medida que había indicaciones, cuando se
supone que estás llegando, parece que no llega el momento final.
Mis rodillas se resentían mucho, sobre todo en las bajadas,
era un dolor punzante que me impedía seguir normalidad, bajaba el ritmo y
seguía como podía. Quien parecía que no mostraba síntomas de agotamiento, ni
dolor, ni cansancio era Kenzie, pero ella nunca se queja. ¡Por fin
llegamos al destino! Fuimos a nuestro alojamiento, comimos algo por ahí cerca y
a descansar. Sin embargo, cuando desperté de la siesta me dolía todo el cuerpo
y bajar alguna cuesta, aunque fuera con mis chanclas, era algo
impensable. Así que, hicimos una visita de rigor por la farmacia, y me
hizo gracia coincidir allí con otros peregrinos que habíamos visto por el
camino. Todos íbamos a curarnos nuestras heridas de guerra. En mi caso,
fue como una visita al médico, empecé a relatarle lo que me dolía, mis
síntomas, lo que me pasaba y me dejaba de doler. Era una situación algo cómica,
pero lo que me recomendó para el dolor, era algo milagroso, una pomada que
aliviaba un montón, creo que se llamaba Voltaren. Eso sí, se nos gastó enseguida, bueno nos duró los días que
eran necesarios, pero entre el dolor de hombros por la mochila, de rodillas, de
pies,, y claro, aunque Carlos no sea tan quejica como yo, él también estaba
fastidiado y también tuvo que hacer uso de la pomada.
Con Sol y asfalto
Con el cartel de Palas de Rei
3ª Etapa: Palas de Rei – Melide 14 km.
Empezamos con muchas ganas esta ruta. Iba a ser una ruta más
corta que las demás, porque la habíamos dividido en dos. No estábamos cómo para
hacer 30 kilómetros, además nos habían hablado tan bien del pueblo de Melide
que merecía la pena quedarse para comprobarlo por nosotros mismos. Melide tiene fama
gastronómica por sus pulperías, donde hacen un pulpo al más estilo gallego, con
su olla de cobre y a un precio de lo más asequible para los bolsillos. Así que teníamos el
objetivo de llegar, para darnos un gran homenaje gastronómico. Era el premio por
llegar al destino. Aparte de eso, el hecho de que fuera una etapa más corta
ayudó a que llegásemos antes de lo que teníamos previsto. El camino fue fácil,
cómodo y agradecido, porque eran senderos de bosques. Parecía que nos
hubiéramos metido en un cuento, en bosques mágicos, solamente nos faltaban encontrarnos
meigas por el medio del camino. Caminos preciosos, más viniendo de unos
urbanitas, así que cualquier árbol, arbusto o terreno rural nos sorprendía.
Pulpo gallego
Como digo, llegamos bastante pronto. A una hora de lo más
razonable, justo para descansar, cambiarnos, tomar algo e ir a comer el ansiado
plato de pulpo. Fuimos a una pulpería, me hizo gracia el nombre. Me gustó mucho
el sitio, un sitio amplio, con mesas gigantescas de madera, con bancos de
madera, donde sentarnos para degustar las delicias gallegas. Parecía estar en
otro tiempo, en una taberna, donde compartes mesa con gente que no conoces. Al
ser un sitio tan grande, había gente, pero no compartimos mesa, no me hubiera
importado, pero tuvimos nuestro sitio para comer solos. Por supuesto pedimos
pulpo y el famoso vino blanco que sirve para acompañar un plato como ese, unos
gachelos, y de postre, cómo no, un fabuloso trozo de tarta de Santiago.
¡Me encanta!
Entre el vinito, y la comilona, qué mejor que ir a
descansar…. ¡menos mal que no teníamos que proseguir la ruta! Algunos
peregrinos que nos encontramos por el camino, tenían la idea de parar en
Melide, simplemente para almorzar, coger fuerzas y seguir con la ruta. Nosotros
no teníamos prisa, así que, según mi punto de vista, la mejor manera de
degustar un buen plato es sin prisas.
Nos sentó de maravilla la comida, pero más la siesta. Se
notaba que era nuestro tercer día, y las agujetas y los dolores parecían
remitir, más sabiendo que la ruta había sido más corta que los días anteriores.
No podíamos estar más cansados, si lo hubiéramos estado, por mal camino íbamos.
Bosque mágico, lleno de árboles
4ª etapa: Melide – Arzúa 14 km.
De Melide a Arzúa a pesar de que también había tramos muy
bonitos, en los que la naturaleza era compañera inseparable de viaje, a veces
la abandonábamos para sumergirnos en: aldeas, en carretera y en tramos algo
complicados. Sí, se supone que era la mitad, pero no íbamos tan ilusionados,
como cuando fuimos a Melide. No nos esperaba un pulpo en el pueblo que íbamos,
no sabíamos cómo sería el destino. Las fuerzas, el cansancio acumulado,
empezaban a hacer mella en nosotros. En realidad, no llegamos tan tarde al
hostal en Arzúa, justo a la hora de comer. Nos aconsejaron un sitio para comer,
pero primero hicimos un alto en el camino para tomar algo. Estábamos en una
terracita, con una temperatura estupenda, totalmente veraniega, y con un trato muy amable, así que,
optamos por quedarnos en el primer sitio donde nos habíamos aposentado, total,
estábamos cómodos y ¿para qué nos íbamos a mover? Pues ahí nos quedamos y
comimos bastante bien. No sé cómo sería el otro restaurante, el que nos habían recomendado en el hostal, pero qué más daba, lo que no queríamos era movernos.
Por la tarde, fuimos a comprar algo de pan y embutido para cenar en el hostal. Sin embargo, no sé si fue buena idea. Era un hostal
fantasma, a pesar de tener una zona para descansar, con mesas y demás, no había
nadie estábamos solos. Claro, nosotros pensamos que habría más gente,
televisión o algo, pero el único ruido que se escuchaba era el de una máquina
de refrescos. Un poco triste. Cuando estábamos cortando el pan, apareció una
señora mayor que buscaba algo para comer en la máquina. Pero, no había nada, y
como buenos peregrinos ofrecimos lo que teníamos, para poder compartirlo con
ella. Estaba súper agradecida, pero ella no sabe lo agradecidos que estuvimos
de su presencia. Siempre te gusta compartir cosas del camino y fue la
oportunidad de hacerlo. Aunque en este caso, fue ella la que tenía muchas cosas
que contarnos. Venía de Estados Unidos, aunque era de Puerto Rico, estaba
haciendo el Camino ella sola con más de 70 años, y a pesar de que mucha
de su familia estaba preocupada por su idea, ella quería hacerlo por razones
religiosas. Nunca mejor dicho la fe mueve montañas, y en su caso así es, da
igual los años que tenga, lo que vaya a tardar, ella tenía la ilusión de
hacerlo, aunque fuera sola y así lo estaba haciendo.
Los días iban pasando y ya nos quedaba poco para llegar… ya
habíamos superado el ecuador de la aventura. ¡Sí! Las agujetas iban
desapareciendo, estaban casi olvidadas. Los dolores iban remitiendo, aunque no
del todo. Ahora teníamos que llegar a O Pedrouzo y yo jugaba con algo de
ventaja. Supimos que había un servicio en los albergues que te trasladaban la
mochila de un alojamiento a otro por solo 3 euros. Así que, no fui tonta y
pensé en mi espalda, no quería que mis hombros sufrieran innecesariamente, ya
habían padecido bastante los días anteriores el peso de la mochila, que por
fortuna, gracias a que la comida de Kenzie iba desapareciendo, pesaba menos. Sin
embargo, sabiendo que existía la posibilidad
de que te trasladasen la mochila a un precio más que razonable, no lo dudé.
Cargamos todo lo que pudimos en mi mochila, dimos la dirección del siguiente
hostal y así Carlos, aunque con mochila, iba con mucho menos peso, y yo sin
nada. Se me hacía raro ir sin mochila, pero me sentía mucho mejor, claro,
sin peso encima. Solamente agarrada del arnés de Kenzie, siguiendo el
Camino.
Al poco de iniciar nuestra penúltima ruta, se puso a llover.
Ya me extrañaba a mí estar en Galicia y que no estuviera presente el agua, eso
era raro. Habíamos llevado unas capelinas, porque al ser más anchas, puedes
cubrir la mochila. Por supuesto, Kenzie también llevaba su chubasquero, es una
perra muy fina y no le gusta mojarse, solamente si a ella se le antoja, pero
eso de guiar, caminar e ir mojándose no va con ella. Normal. Los tres
bien protegidos bajo la lluvia fuimos caminando, realmente no llovía
exageradamente, pero eran gotitas que poco a poco te van calando. Cuando
hicimos una pausa para almorzar, los dueños del establecimiento se reían
diciendo que eso no era llover…no lo sería, pero más vale ir protegidos. En
realidad, después de la pausa, ya no nos hizo falta el impermeable, así que fue
una falsa alarma. Además, se caminó mucho mejor, porque estaba algo nublado y
con esa temperatura es mucho más agradable caminar.
En O Pedrouzo nos costó encontrar nuestro hostal, una vez lo
hicimos nos encantó la habitación era muy amplia, de las más grandes que hemos
tenido. Renovados y cambiados fuimos a comer y nos encontramos con que en la
mesa de al lado también había otros peregrinos, no los conocíamos, no habíamos
coincidido, pero nos sonaban las conversaciones que se entrelazaban entre
ellos. Comimos muy bien, menú del peregrino, bastante asequible para el
bolsillo y de muy buena calidad.
Para cenar indagamos qué había por el pueblo, aunque no era
para perderse, tenía dos calles y poco más. Algunos establecimientos estaban
bastante llenos, más peregrinos, que parecía que ya estuvieran de fiesta. Se
notaba en el ambiente que solamente nos faltaba un día para llegar a Santiago. ¡Solamente
un día!
El último día había llegado, el día que si todo iba bien
llegaríamos a Santiago. Estábamos algo emocionados y con muchas ganas de
llegar. Queríamos cumplir nuestro reto, llegar a la meta. Aunque al poco de empezar el camino, en medio
de un bosque, yendo con linternas, empezó a caer una tromba de agua bastante
fuerte. Por suerte, estábamos resguardados por los chubasqueros y bajo los árboles. La alegría de llegar no
queríamos que se viera desdibujada por el mal tiempo que hacía, pero caminar sobre
fango, mojados y con resbalones no era fácil. Después de la lluvia, salió
un arcoíris, aunque yo no lo pudiera ver, era síntoma de que tras los
nubarrones siempre puede aparecer el Sol. Ese parón de lluvia, ese arcoíris y
esos rayos de Sol que empezaban a asomar daba muy buen rollo y muchos ánimo
para continuar.
Con el arco iris
Cuando quedaba poco para llegar a Santiago teníamos que
pasar por Monte do Gozo, donde resulta que hay buenas vistas de la ciudad, pero
nosotros no vimos mucho. Vimos a bastantes peregrinos en ese monte. Resultó
bastante difícil llegar hasta allí, porque es una subida considerable. Lo peor,
para mí, estaba por llegar, una bajada de lo más bestia, donde mi rodilla gemía
de dolor. Me hubiera gustado bajarla haciendo la croqueta y estar abajo en un
periquete, pero era carretera y en ocasiones nos teníamos que apartar a un lado
para que pasasen los coches. Al bajar, ya se escuchaban los típicos
sonidos de una gran ciudad: coches, camiones, motos, tráfico por todas partes. ¡Ya
estábamos rozando la gran ciudad de Santiago! Algo complicado, como había sido
la bajada del Monte do Gozo, sobre asfalto y siendo una bajada muy salvaje,
tenía su recompensa. ¡Ya estábamos cerca!
En la ciudad de Santiago de Compostela
Pero, como nos había pasado en otras etapas, cuando sabes
que ya queda poco para llegar, parece que los kilómetros se multiplican y parece
que no vas a llegar nunca. Ya estábamos pisando la ciudad de Santiago. Aunque,
desde que pisas Santiago, ves el cartel de la ciudad hasta que llegas al centro
histórico, la catedral, hay un buen trecho por en medio. Además, el
camino es por ciudad y se hace realmente duro. Yo iba sin mochila y era
la que tiraba de mi equipo, Carlos no podía con su alma, le pesaba la mochila y
hasta los pies, Kenzie no sabía por qué caminábamos tanto y no es que se
parase, pero iba lenta y con pasos torpes.
Estando cerca, casi en el centro histórico, parecía que las
indicaciones que habíamos visto durante todo el Camino las hubieran
desaparecido. No es fácil perderse y menos con tanta gente, siempre puedes
preguntar. Aunque no nos hizo falta, de repente ante el tumulto, apareció una
pareja, que nos conocía. Se alegró mucho de vernos, yo no sabía quiénes eran. Habíamos coincidido
con ellos el primer día, en Sarria, y nos explicaron que justo ellos había llegado
a Santiago el día anterior, nos cuentan las etapas más duras y cómo había ido
todo, y lo mejor: nos indicaron los pasos que debíamos dar para llegar a la Catedral.
Nos dijeron por dónde ir, pero nos dejaron, para que experimentáramos lo que
ellos habían vivido el día anterior, es tan emocionante que lo tenéis que vivir
solos.
Justo después de dejar a esa pareja, empezamos a escuchar un
sonido de gaita y me empecé a emocionar. Carlos pensaba me estaba emocionando
por la melodía de la gaita. A mí me gusta el sonido tan celta que transmite la
gaita, pero no me emocionaba simplemente el sonido, sino que sabía que estábamos
rozando la plaza. Yo no veía la Catedral, es lo que tiene no ver, pero el oído
en múltiples ocasiones es un gran aliado, y en esta ocasión lo fue. Yo ya había
estado en Santiago, unos meses atrás, y recordaba que justo en un soportal
lateral de la catedral se ponían a tocar la gaita, para dar la bienvenida a los
peregrinos. Bajamos unos escalones y ya estábamos en la plaza del Obradoiro,
enfrente de la catedral. ¡No me lo podía creer! ¡No nos lo podíamos creer! ¡lo
habíamos conseguido! ¡Habíamos llegado!
Queríamos la foto de rigor, recién llegados a la plaza, nos
hizo la foto una peregrina italiana, y sin conocerla de nada empezamos a
abrazarnos. Ella también estaba emocionada, también acaba de llegar, había
sufrido como nosotros y habíamos llegado a la meta. Estábamos exhaustos,
emocionados y radiantes de felicidad. Nos apartamos a un lado de la plaza y nos
tumbamos en el suelo, la primera en hacerlo fue Kenzie. Carlos, en ese momento,
contemplando la catedral fue cuando realmente fue consciente que habíamos
llegado, que después de tantos días, tanto sufrimiento, dolores, agujetas, calor,
lluvia, sudor y todas las aventuras, lo habíamos conseguido..
Nos quedamos ahí sentados un rato, pensativos, rememorando
todo lo que habíamos vivido. Se nos hacía raro no tener otra etapa, pensar que
ya habíamos llegado, habíamos cumplido nuestro objetivo. Estábamos en la gran
meta y era una satisfacción muy grande, un orgullo por haberlo conseguido, pero
también una mezcla de tristeza por saber que todas esas aventuras por el camino
se quedaban en el recuerdo, ya se había acabado.
Zombies perdidos, aún soñando fuimos al hotel, que lo
teníamos reservado muy cerca de la catedral, en el casco histórico. Comimos
allí mismo, no teníamos ganas de dar más vueltas. Nos aconsejaron que fuéramos
por la tarde a por la Compostelana y que nos preparásemos para hacer cola. Por
suerte no fue tanto rato el que estuvimos esperando. Con nuestra compostelana y
una sonrisa que no cabía en nuestra cara nos fuimos a buscar la Cotolaya.
La cotolaya es una credencial que justamente en el 2014 dan los franciscanos.
Nada más entrar a la Iglesia que nos habían dicho y ver a Kenzie, nos
preguntaron su nombre y le hicieron un certificado a ella también. Me hizo
mucha ilusión, porque para la Compostelana lo había preguntado y me dijeron que
no podían hacerle un diploma. Ella se lo merece tanto, o incluso más, que
nosotros. Por eso me hizo tanta ilusión que sin que yo dijera nada, preguntasen
por su nombre y empezaran a hacerle un diploma.
Cotolaya de Kenzie
Al día siguiente nos quedamos por Santiago, pudimos entrar
en la catedral, abrazar al Santo, ver el Botafumeiro y dar una vuelta por
la plaza y alrededores. Nos encantó encontrarnos con algunos compañeros de
viaje, con los que habíamos coincidido en algún momento de alguna etapa, saber
que ellos lo habían logrado nos hacía ilusión. Empezamos a abrazarnos como si
nos conociéramos de toda la vida, a hacernos fotos y contar anécdotas.
Era el momento de decir adiós a tierras gallegas.Por la tarde cogimos el avión para casa. Todo lo bueno se
acaba. Pero, ha sido una aventura mágica, ahora entiendo lo que sintieron los
peregrinos que entrevisté en el programa, las buenas palabras que todo el mundo
le dedicaba al camino, las recomendaciones de que lo hiciera. No me extraña.
Aparte de ser toda una aventura, una experiencia, un deporte, es una búsqueda
en ti mismo, el ver que todo si se quiere, con más esfuerzo o menos, con más
dolor o menos, con agujetas o sin, se consigue. De una manera u otra todo
se puede conseguir. Todo esfuerzo tiene su recompensa.
Nos ha encantado tanto la experiencia, que entiendo eso que
dicen que el Camino engancha, porque a nosotros nos ha entrado el gusanillo de
seguir. Ya estamos pensando qué ruta
haremos el año que viene. Hay múltiples de rutas que elegir, incluso diferentes
caminos. Nosotros hemos hecho el Camino Francés, pero hay diferentes: el
primitivo, el del Norte, el de la Plata. Tenemos dónde elegir, por opciones no
será. Sea como fuere, y vayamos por donde vayamos, queremos seguir caminando,
porque como decía Machado: “Caminante no
hay camino, se hace camino al andar”.
En general, la vida en sí es un largo camino, que tenemos
que recorrer día a día, sin dejar de caminar, sin que las fuerzas flaqueen y siempre
siguiendo hacia adelante….Así que, solamente puedo decir: