sábado, 27 de agosto de 2016

Aventuras diarias con Kenzie

Anécdotas diarias con Kenzie


Ir con Kenzie siempre es toda una aventura. No, porque ir con ella sea un riesgo, todo al contrario, ya que me salva de muchas. Si no, porque gracias a ella, siempre tengo alguna que otra historia que contar. Alguien que ha querido tocarle, alguien que ha hecho un comentario, alguien que le ha preguntado algo a ela como si le fuera a contestar, algo que ha hecho Kenzie y ha despertado asombro, sonrisas o simplemente ha hecho que el día fuera diferente.

Anécdota vial: Los perros no distinguen colores. No te dice cuando cruzar

Esta semana en el famoso semáforo no acústico que está enfrente de mi puesto de trabajo siempre requiero que alguien me asegure que puedo cruzar sin jugármela. El otro día al ver una sombra cerca de mí, pregunté si me podía avisar cuando pudiera cruzar. Ahí mi gran error, y despés comprenderéis porqué. Ya que siempre pregunto o debo preguntar si me puede avisar cuando esté verde. El hombre al principio me ignoró, pero seguramente al ver que le miraba y esperaba una respuesta, me contestó que si le había dicho algo, que llevaba los auriculares. Volvía repetírselo y me dijo que sí que ya me avisaría. Hasta ahí todo correcto.
Entonces me pregunta que si es que ese semáforo no pita, le digo que no, que ya lo he reclamado al Ayuntamiento. Y, la pregunta que me hizo a continuación es la que más me sorprende, aunque no sea la primera vez que me la hagan, aunque sepa que no es culpa suya, sino de la falta de información.
-        ¿y el perro no te dice cuando cruzar?
Le contesto que no, que no distingue los colores.
-        ¡Ay, pobret! 
Me quedo alucinada con su expresión de pena, como si Kenzie tuviera alguna enfermedad y no pudiera distinguir ella los colores, mientras los demás perros sí que lo hacen. Enseguida reacciono y en acto de defensa de mi perra y queriendo aplacar esa frase llena de lástima, salté.
-        No, no es que ella no pueda distinguir los colores. Ningún perro puede distinguir los colores. 
Me imaginé a Kenzie, que seguía centrada mirando al frente, sonriendo y diciéndome: “Así se hace, Pili”. Lo único que faltaba que ahora también nos dijeran los colores, si podemos cruzar o no, qué ropa ponernos, leernos lo que queremos. Creo que ya hacen bastante, para que tuvieran que hacer nada. No me indigné. Bueno, sí, pero porque pensase que mi campeona peluda tuviera algún problema, para no distinguir los colores y decirme cuando cruzar o no. Pero, por lo de que los perros nos digan si el semáforo está favorable para nosotros o no, ya me ha pasado en otras ocasiones y es debido al desconocimiento.
Además, creo que a veces la gente no se para a prestarme ayuda, porque se piensan que mi guía me va a pasar cuando esté verde. Ya que  son muy inteligentes,, y lo son. Pero, como siempre digo, esta labor es nuestra: decidir cuándo podemos cruzar o no, igual que si llevásemos el bastón.
Si llevase el bastón, lo he podido comprobar, vendría más gente a ofrecer su ayuda que cuando vamos con un perro guía.

Seguimos con la conversación mañanera del hombre desinformado y con auriculares. Cabe decir que era a primera hora de la mañana, me había costado encontrar a alguien que pasase por ahí, que no me ignorase y que quisiera ayudarme.
Al poco me dice que podemos cruzar, pero me da la sensación que él va más lento que yo, y de repente un brazo me coge por detrás y me para. Ese brazo era el del hombre que riendo me dice que me pare, que es que ahora pasan todos. Me giro indignada y le digo que si es que no está en verde, y me dice que no, pero que como no pasaban los coches….
Nos quedamos en medio de la carretera, entre la acera y las vías del tranvía, ahí en una separación estrecha entre coches y tranvía. Él también se queda atrapado en medio de la nada, en un lugar nada seguro. Y al cabo de unos instantes ya podemos cruzar, ya se paran los coches, ya está verde.

Sé que no lo hizo con mala intención, pero no lo pasé nada bien. Sé que fue culpa mía por no accionar bien la pregunta. Ya que pides ayuda, es mejor que te avisen cuando está verde para ti. En muchas ocasiones, cuando el semáforo sí que es acústico, mucha gente pasa y me dice que puedo cruzar que no pasa ninguno, pero les digo que ya me espero a que este verde, y se deben quedar alucinados pensando que cuándo lo sabré, y les digo que ya pitará cuando esté verde. En otras, me he sentido muy tonta, perdiendo el tiempo, pero sabiendo que tampoco va de un minuto, y cruzar con seguridad.

Ahí queda la anécdota vial de la semana.  

La anécdota que despertó sonrisas: Kenzie y sus travesuras

Ayer viernes Kenzie me regaló otra anécdota que despertó sonrisas, pero que me engañó de lo lindo. Cuando íbamos de camino al trabajo, noté que el modo aspiradora se ponía en marcha y succionaba algo, pero enseguida la corregí y pensé que ya habría tirado lo que fuese que hubiera cogida. Además, hasta llegar a la oficina guió de maravilla, sin detenerse, muy centrada. Nada más llegar a mi puesto, cuando estaba ordenando unos papeles, ella se tumbó y escuché como que comía algo: “Crac, crac, crac”. Terminé de hacer lo que hacía y fui a ver si comía algo, y, efectivamente le saqué de la boca algo alargado de madera. Un lápiz pensé, deseando que no se hubiera comido la goma, que no se hubiera comido mucho, y le quité todo lo que pude: su gozo en un pozo. Todo lo que encontré lo tiré en mi papelera.
Cuando llegó mi compañero, buscaba algo y pensé que buscaba su lápiz. Le dije que si buscaba su lápiz de madera que lo sentía que Kenzie se lo había comido, él pudo comprobar los restos que habían quedado en el suelo y se quedó alucinado. Le enseñé lo que le había sacado de la boca, para que comprobase si se había comido la goma o qué. Se quedó mirándolo y riendo me dijo que no era un lápiz. Era un palo de un árbol. Un palo pequeño, de la medida de un lápiz. Eso lo había traído de la calle. Ella había estado disimulando todo el camino, guiando de maravilla, con la intención, con su único objetivo de llegar tumbarse y ponerse a comérselo. Había disimulado, escondiéndoselo en la boca, sin moverla, para que no le pillase. Una vez más me ha demostrado lo lista que es, engañándome, para poder disfrutar de su hallazgo tranquilamente.
Sin embargo, aunque tarde, le pillé y se quedo sin su tesoro. Pero, sí que consiguió su objetivo: engañarme y llevárselo hasta la oficina.

Al fin y al cabo no pasó nada, no era nada malo, fue una travesura y nos alegró el día, despertando risas y haciendo que ese viernes acumulásemos una anécdota más en el libro de nuestra vida.    


martes, 23 de agosto de 2016

Relato: Las luces que guían tu camino


Las luces que guían mi camino: las estrellas

Las estrellas habían dejado de brillar, como si alguien  le hubiera dado al interruptor de la luz.  El silencio de aquella noche retumbaba entre todos aquellos testigos que vieron lo que ocurría. Esos puntos luminosos habían desaparecido sin más y había dejado un cielo desierto. Enseguida se corrió la voz por todo el valle, vecinos de todas las edades salieron con linternas, móviles, velas y todo tipo de luces. Todos contemplaban ese asombroso fenómeno de la naturaleza.

Un niño se deshizo de los dedos de su madre, adentrándose en la profunda negrura de la noche, sin temor a la oscuridad. Solamente había dado cinco pasos, pero no quería sumergirse más allá, sabía que la oscuridad se le podía comer y hacerle desaparecer. Al menos si no hubiera sido tan valiente, si no se hubiera soltado de la seguridad que da la mano de una madre, podría con todo. A pesar de ver muchas luces a lo lejos, no era capaz de distinguir a nadie. A pesar de escuchar su nombre, él estaba muy lejos, como si ya la voz  también hubiera desaparecido de su cuerpo como habían hecho las estrellas del valle. Quería contestarles, decirles que estaba ahí, que no se alejasen, que vinieran a por él,  pero lo único que salía de su boca era grito ahogado que formaba una nube de vaho.
Los dientes de la oscuridad empezaban a hincarse en todo su cuerpo paralizándole y haciendo que un líquido caliente resbalase por sus piernas, pensó que era la sangre, pero sabía que era su propio pis, delatando el miedo que corría por todo su ser.

Mientras la madre de Diego gritaba hasta desgañitarse, cada vez que pronunciaba el nombre de su hijo se escapaba un trocito de su alma. Sabía que en una noche tan oscura, sin que las estrellas ni la Luna fueran testigos, sería más complicada una búsqueda. Además, solamente dos o tres vecinos se habían dado cuenta de su desesperación, los demás seguían absortos en el paradigma de la oscuridad.     

El niño recordó que su abuelo le había explicado que para orientarse era bueno saber las constelaciones, saber dónde estaba la osa mayor, pero ahora de poco le servía en una noche que había querido zamparse a todas aquellas estrellas. Pensó en su linterna y en porqué no la habría cogido, simplemente por no ser rebelde y hacer caso a su madre. Si le hubiera llevado la contraria ahora estaría iluminado, como todos aquellos fantasmas del pueblo que eran puntos de luz.

La madre odió haber sido tan madraza, y se arrepentía de haberle dicho a su hijo que dejase su linterna que con la suya ya harían, que no se soltase de su mano. No hay nada como decirle a alguien, y  más a un niño, que no hagas tal cosa, para que le entre más ganas de romper esa barrera de prohibición. Y eso es lo que  la curiosidad de Diego había hecho, arrancando sus dedos de los suyos, alejándose de su vera.

Diego empezó a temblar, tenía frío, desconsuelo y mucho miedo. Empezó a llorar como si esas lágrimas fueran la solución, como si fueran el imán que atraería a su madre, y fuera a ir corriendo como en tantas otras ocasiones había funcionado. En esa ocasión no funcionaría. Miraba hacia arriba deseando que las estrellas se encendieran, pensando quién y por qué habría apagado el mejor decorado de ese valle frío y alejado de la ciudad.

La madre miró al cielo, se puso de rodillas y suplicó a quien pudiera estar allá arriba que le diera una pista, que se lo devolviera, que le diera la luz de su vida. A ella poco le importaban las estrellas, porque sabía que si hubiera seguido viviendo en la capital seguiría sin verlas. Sin embargo, lo que sí que hacía especial ese lugar era su hijo. Diego había nacido allí, siendo el fruto de un amor verdadero, hasta que el príncipe desapareció como esa noche lo habían hecho las estrellas y su hijo. Y ella no podía quedarse sin más estrellas en su vida, porque si no perdería el norte.

A las tres y dos minutos de la madrugada como si por arte de magia alguien encendiera el árbol de Navidad, todas las estrellas, miles y miles de ellas empezaron a entonar una melodía de luces, que sumado a los flashes, a las linternas y al brillo de las miradas de los vecinos, formó un baile de luces y colores que jamás se repetiría. Nunca nadie entendió ese fenómeno, pero cada 23 de agosto se conmemora la fiesta de las estrellas en el valle de las luces perdidas.

Desde entonces hay muchos vecinos que lo recuerdan como el día que estuvieron presentes, que hicieron fotografías, que lo retrasmitieron por redes sociales, pero, sobre todo hay dos habitantes que lo vivieron de una forma muy especial. Diego, un niño que aprendió a no soltar la mano de su madre, suave, templada y que le aportaría seguridad durante toda su vida. Sabiendo que esa mano no es solamente una protección es mucho más, es un te quiero en las noches más oscuras. También aprendió que no es de valientes adentrarse en un mundo desconocido, si después no tienes el coraje de continuar siendo un explorador. Supo que las mejores estrellas no están en el cielo, porque aquella noche desde la distancia vió que las estrellas habían bajado a buscarle y eran todos los habitantes de su pueblo.  
La madre no recordaría nunca el baile de luces y de colores, porque las lagrimas le impidieron ver qué ocurría. Ella solamente recuerda el galopar de su corazón al fundirse en el abrazo que más ardía, el abrazo de su estrella. Lo tenía justo al lado, pero no supo verlo con tan poca luz: los nervios hicieron que se moviera hacia todas partes, menos hacia donde estaba su verdadera estrella, la que guiaba su vida. 

Para todos fue una noche especial, porque todos tienen estrellas que brillan a su lado, más cerca de lo que se piensan. Brillen o no, si miras bien, si miras con los ojos de tu alma verás que iluminan tu alma cuando están cerca de ti.


sábado, 20 de agosto de 2016

Mi querido gato Pichi: Siempre en el recuerdo

MI QUERIDO GATO PICHI


Siempre en el recuerdo 


Pichi tumbado en el sofá

 Esta semana, el día 16 de agosto, nuestro gato Pichi nos dijo adiós. Después de 16 años, con sus buenos y malos momentos, nos abandonó. Todavía no me hago a la idea, y el hecho de no convivir con él, me da la sensación de que aún está en casa de mis padres. Pero, cuando voy a verles, sin querer, me da la sensación de que va a aparecer sigilosamente por ahí, para ir a comer, para saludar, para cotillear a ver quién ha venido, para jugar.. sin embargo, no aparece y no es porque esté durmiendo, si no porque no aparecerá más.

Cuando me hago un poquito a la idea, resurgen sentimientos y me da mucha pena, no poder volver a verle, no poder volver a cogerle, acariciarle, notar su ronroneo cuando le peinaba, no poder jugar con él, no notar su lengua rasposa cuando me daba besos, no.. Todo son acciones que no podré volver a hacer, ni sentir con él. Son muchos años, muchos recuerdos, muchas anécdotas y vivencias en las que ha estado presente. 

Un verano del año 2000 fui con mis padres a una aldea de Guadalajara, lugar donde nació mi padre y donde nació Pichi. Allá aquel verano lo conocimos. Era un gato pequeñito, que cabía en una mano y tenía muchas ganas de jugar. Al final, nos conquistó y nos lo trajimos a Barcelona. Un viaje en el que se portó muy bien, todo el viaje durmiendo.  Era muy pequeño, blanquito, con su mancha oscura en el lomo, sus ojos verdes, sus orejas puntiagudas, su nariz marroncita aterciopelada y sus uñas como alfileres. Dormía conmigo en la cama y jugaba mucho-

Recuerdo que le cortaba las uñas, aunque no le gustaba nada que lo hiciera, pero era bueno para él y para nosotros. También recuerdo que fue perdiendo los dientes de leche y  nos lo íbamos encontrando por casa. Después le fueron creciendo otros dientes.  

Cuando perdí la vista, él fue un gran apoyo para mí y sabía saborear mis lágrimas saladas, sí, con su lengua salada me daba ánimos, para que supiera que él estaba ahí. Tuve que dejar de cortarle las uñas, porque ya no me atrevía a cortárselas, es lo que tiene no ver bien. A pesar de ello, los mayores arañazos me los llevé viendo, aún tengo alguna cicatriz, recuerdo para siempre. Después de no ver siempre tuvo mucho cuidado, aunque algún que otro mordisco o clavada de uñas me llevé, pero nada comparado con los arañazos que me hizo en su momento viendo.    

Miles de recuerdos se agolpan a mí ahora que no está. Navidades junto a él, cuando olía que había gambas frescas él salía para ver si le caía alguna. Su época de gato gordo, pensando más de ocho kilos, pero estando atlético como un campeón, subiéndose por las mesas. Los viajes con él, no le gustaba ir dentro del trasportín, pero cuando llegábamos al destino hacía de pequeño explorador. 

Pichi se sintió un poco relegado a un segundo plano cuando llegó Kenzie. No entendía cómo me había ido y al volver aparecía en caso con un cuatro patas tan grande, aparecía un perro en su casa, que lo que quería era ir a por él y olerle, eso a él no le hacía mucha gracia. Además pasaba más tiempo con Kenzie que con él y me la llevaba a todas partes. Él pensó que le había cambiado, y empezó a distanciarse un poco de mí. Sabía que si se acercaba a mí, y sobre todo si lo cogía, la peluda ladraba porque estaba celosa. Yo estaba dividida, porque quería a Pichi y no podía evitar cogerle, para darle abrazos pero entendía que Kenzie sufría.  
Pichi con Kenzie a su lado



Después al irme de casa de mis padres, él nunca me olvidó, porque sabía quién era. En cuanto lo llamaba venía, si acercaba la cara me hacía una limpieza de cutis, y a veces solamente iba para jugar con él, ya que él lo necesitaba y yo también disfrutaba viéndole jugar. Otras veces, iba y le daba una buena pasada con el peina y él lo agradecía.

Quizás, por haber estado tiempo alejada de él, por no convivir junto a él, es por ello que aún no me hago a la idea, y me da la sensación que aún está en casa de mis padres. Cuando voy a ver a mis padres, me da la sensación que debe estar durmiendo escondido en alguna habitación, en alguna silla, pero al cabo de un rato y ver que no aparece para saludar, para cotillear quién ha venido, que no sale para comer, me doy cuenta que se ha ido y no aparecerá.
Mis padres al haber estado viviendo con él lo llevan peor. Echan en falta las noches en las que no aparece para dormir con ellos, las siestas en las que no se coloca encima, los madrugones que les hacía despertar, para pedir comida. Lo buscan y no lo encuentran, porque ya no está ahí.

Poco a poco nos tenemos que ir haciendo a la idea, pero el nombre de Pichi siempre nos recordará a nuestro gato que estuvo 16 años a nuestro lado.


 
Yo con PIchi en brazos
Abrazando a Pichi y los 2 mirando
Carta a mi gato Pichi

Aún no me hago a la idea de que te hayas ido. Sé que has aguantado como un campeón, algo te pasaba y no supimos entenderte. Aunque hubiéramos sabido lo que te pasaba, no sé si hubiéramos podido ayudarte, porque los años ya te pesaban. Espero que, al menos te quedes con los buenos recuerdos. Nosotros así lo haremos. Yo me quedaré con las últimas veces que te ví, en las que dando unos golpes encima de la mesa con el peine, allá donde estuvieras lo escuchabas y enseguida dabas un salto y te subías a la mesa, para que te peinase y tú me regalabas esos ronroneos que significaban que te encantaba que te cepillase, sobre todo debajo de la barbilla, y tú estirabas el cuello todo lo que podías, para que siguiera rascándote con el peine y seguías ronroneando y me animaba a continuar.  
Nos has dejado un gran vacío: en ocasiones pensamos que debes estar dormido en alguna habitación, escondido, tranquilo, tal y como te gustaba a ti, pero cuando pasa un rato y no apareces volvemos a la realidad. La mama el otro día contaba que al volver de comprar y traer las bolsas y que no apareciese, se daba cuenta que ya no estabas y se le cae el mundo encima al darse cuenta. Sí, porque tú eras un cotilla de mucho cuidado, y siempre que se escuchaba algún ruido, sigilosamente te acercabas para ver qué pasaba, y sobre todo si el ruido era de bolsas venías corriendo. 
Estos últimos meses con tus maullidos incesantes, pensábamos que era tema de la edad como nos habían comentado, ya que te movías como un jovenzuelo, comías y no tenías ningún síntoma. Pero, creo que era tu manera de decirnos que no te encontrabas bien, fuese como fuese, dejando al margen esta última etapa, que espero que no nos la tengas en cuenta, espero que allá donde estés te quedes con un buen recuerdo de tu familia.
Hemos vivido muchas cosas juntos, siempre has estado ahí. Regalándonos buenos momentos y otros no tan buenos con tus travesuras, pero, ¿sabes qué? Olvidaremos todas las veces que nos despertaste, que tiraste cosas al suelo para jugar, las cosas que rompiste, los arañazos y mordiscos que nos diste, y nos quedaremos con todo lo bueno, porque ahora echamos en falta: tus carreras nocturnas, tus maullidos, tus ganas de jugar y tirar todo. De los arañazos nos quedamos con la cicatriz, pero la herida que costará cicatrizar será la de tu ausencia. A pesar de  no hablar, se te notaba, sabíamos que estabas y tú notabas cómo estábamos, dejándonos a solas cuando lo requeríamos, dándonos besos con tu lengua áspera, para que supiéramso que estabas en los momentos más bajos y durmiendo en nuestros pies.  
Ahora al menos queda el consuelo que no sufres, que te has ido al cielo de los gatos, pero que no has querido irte sin despedirte, y por eso querías que los papas estuvieran en tu último aliento, y ellos estuvieron ahí haciendo todo lo posible, para que no nos dejases, pero a veces no se puede hacer nada.

Quédate con todo el pienso que has comido, con todas las latitas, con todas las gambas que has comido y te dábamso a trocitos. Quédate con todos los abrazos, las caricias, los masajes y las pasadas de peine. Quédate con todas las veces que hemos jugado, con un hilo, con una cuerda o con una pelotita hecha de papel de plata, yo te lo tiraba y tú enseguida venías para rematar. ¿Y recuerdas? Con la cuerda hasta te ponías de pie tú solito y empezabas a darle con toda tus fuerzas como si fueras un pequeño boxeador, un campeón como lo has sido hasta el último momento.  
Quédate con todos los sueños que hemos compartido durmiendo juntos. Las siestas con papa, dormir por la mañana junto a mama cerca de su cabeza, y dormir conmigo en aquellos primeros tiempos. Siempre has estado velando por nosotros mientras dormíamos, eras el guardián de nuestros sueños. Siempre a nuestros lado.

No solamente nosotros te echamos en falta, el loro ahora te recuerda y me dicen que maúlla y seguro que el no verte pasar cerca de su jaula también se le debe hacer extraño. La Kenzie aunque no haya  ido a casa de los papas, creo que también lo sabe,  y ahora entiendo porque la última vez que estuvimos Kenzie y yo en casa, sé porque no te fuiste al verla pasar, te quedaste ahí quieto, la oliste y le diste un beso y después a mí. ¿Era tu forma de decirnos adiós? ¿Lo intuías? 

Y ahora te escribo estas líneas y me vienen mil recuerdos a la cabeza en los que tú estás presente. Y ahora que cada vez me voy haciendo a la idea, esas lágrimas saladas que tanto te gustaban se me van cayendo con cada palabra, y tú no estás para pasar tu rasposa lengua. ¿Y ahora qué?

Pues, que te tengo que dejar, para no seguir manchando el teclado. Te diría mil cosas, te pediría mil perdones por todas las trastadas que te debí hacer, por todos los momentos que no pasé contigo, aunque tú también eras de estar solo y tranquilo. Pero, ahora no puedo rebobinar, así que me quedaré con lo vivido que es mucho, todo lo que dieron tus 16 años a tu lado, con todo lo bueno que nos diste. Me quedaré con tus orejas puntiagudas siempre frías, con tus ojos verdes que brillaban por la noche, con tu pelo suave, con tus patitas, y sobre todo contigo, porque tú no eres solamente una imagen, no eras solamente un gato, eras uno más de la familia y como parte de la familia, ahora se nos hace duro estar sin ti.

Gracias por tanto y no digo que te hemos querido mucho, porque te queremos y te seguiremos queriendo, ya que permanecerás vivo en nuestro recuerdo.

Descansa en paz mi querido Pichi.  

martes, 16 de agosto de 2016

Pañuelo refrescante

El gran invento del verano para nuestros peludos: el pañuelo  refrescante 


El verano para los perros es peor que para nosotros, pasan mucho calor. No estoy contando nada nuevo, porque es obvio que entre la manta de pelo que llevan no encuentren un respiro en las épocas de más calor. Empiezan a jadear con más frecuencia, se queman las patitas, sueltan más pelo para liberarse y lo pasan francamente mal.

Este año gracias a un grupo de Facebook que se llama: Usuarios y amigos del perrro guía, donde usuarios, familias educadoras y simpatizantes compartimos experiencias, ví que habían publicado un post sobre un pañuelo refrescante. Alguien le había comprado a su perro un pañuelito refrescante. A pesar de las explicaciones, las fotos y la buena acogida que tenía, me llamaba mucho la atención, porque seguía sin saber cómo era eso de un pañuelo refrescante. Me surgían muchas dudas, y empecé a preguntar sobre el pañuelo en cuestión, sobre todo si era eficaz. Toda la gente que lo tenía respondía de forma muy positiva a este nuevo accesorio para nuestros peludos. Así que me puse a investigar por internet en los diferentes links donde lo habían comprado, para saber el precio y cómo funcionaba, a pesar de que ya me habían contestado, y muchos me decían que hasta que no lo pruebas no sabes cómo es, porque es más complicado explicarlo que llevarlo a cabo.

A finales de julio me lancé y compré el pañuelo a través de internet. La verdad es que me gustó mucho esta página web, ya que fueron muy rápidos en hacer la entrega. Aquí os dejo el enlace:

En este enlace encontrarás el precio, el modelo y una descripción del pañuelo. Lo malo es que no puedes elegir talla, es talla única, pero al ser de tela no pasa nada, porque siempre tiene solución.

Cuando me llegó el pañuelo, que como digo no tardó ni dos días, me hizo mucha ilusión, más que nada por mi peluda. Cuando lo ví, pensé que qué era ese trozo de tela sin más. Pero, seguí las instrucciones que ya me habían recomendado por el grupo, lo dejé sumergido en agua en la nevera, para que estuviera fresquita, y al cabo de una noche, eso había crecido una barbaridad. El pañuelo de tela, dentro tiene unas bolitas, tipo las bolitas de silicona que te vienen en algunos aparatos, y eso hace que crezca, como si el agua se quedase acumulada dentro. Y todo lo del alrededor del cuello se convierte en unos chorizos refrescantes. No chorrea agua, tal y como yo pensaba, un tema que me preocupaba. Ya que una vez lo sacas de la nevera, lo secas un poco y ya se lo puedes poner, no le deja el cuello mojado, como mucho algo húmedo y fresquito.

Se lo compré de color rojo con huellas, ya que la otra opción era color negro, y preferí que fuera un color vivo y que resaltase. Aunque el color es lo de menos, siempre pienso que el negro atrae más el calor, además mi peluda y el color negro no se llevan muy bien, más que nada, porque lo deja su rastro, al ser de color blanquita.

¿Cómo funciona?
Como digo no hay más que dejarlo en agua un par de horas y ya se hincha de tal manera, que el agua debe quedar acumulada dentro de las bolitas del pañuelo, y ya está. Te dura más de un par de días, supongo que en función del calor que haga y del tiempo que lo lleve encima, pero en mi caso, como se lo he ido quitando, pues lo ha ido durando bastante la humedad.

¿De qué material es?
Es de tela, como un pañuelo normal, acabado en pico. Sin embargo, todo lo del alrededor del cuello tiene unas bolitas por dentro, que no sé de qué material es, pero es lo que hace que se hinche. Además tiene un belcro para poder  sujetárselo en su cuello. Como he comentado, le iba muy grande, pero, de todas maneras, se lo iba poniendo. Hasta que su abuela, mi madre, le añadió más belcro, para que le fuera más ajustadito y le refrescase más.

¿Funcionalidad?
Funciona, sí. Yo se lo pongo cuando salimos a la calle, pero cuando llegamos, por ejemplo: al trabajo, al haber aire acondicionado se lo quito, porque sé que no le va a hacer falta. Lo guardo en una bolsita, y cuando volvemos a salir se lo vuelvo a poner, para que vaya preparada ante las altas temperaturas del verano, o el bochorno que tenemos por aquí. 

¿Le gusta?
Creo que sí, y es lo que más ilusión me hace. A parte de que veo que jadea menos. Sigue jadeando cuando hace calor, porque no es algo milagroso y aunque le reduzca el calor,  sigue haciendo mucho para ellos.
El otro día lo llevaba en la bolsa, no pensaba ponérselo porque estaba medio nublado y yo creía que no hacía tanto calor (aunque yo y el pronóstico del tiempo es un caso aparte), pero sí que hacía mucho bochorno. Así que pensé que para llevarlo en el bolso, mejor ponérselo, total, daño no le iba a hacer. Me paré y busqué en el bolso en el pañuelo, ella se quedó atenta, seguro que pensando a ver si sacaba algún premio. Pero cuando le rodeé el cuello con el pañuelo, se puso muy contenta, porque debió notar el fresquito y empezó a mover la cola y a caminar más animada.

Os dejo una foto de Kenzie con el pañuelo rojo. Está muy guapa, pero qué voy a decir yo, si siempre lo está, pero creo que le favorece mucho. Eso sí, ya actualizaré, porque aquí se ve que le queda un poco grande aún. Tendré que poner otra con el pañuelo más ajustadito. 

Kenzie mirando con su pañuelo rojo
Kenzie posando con su pañuelo rojo, ponendo cara de interesante, hacia  un lado. Guapa!



Creo que es una buena opción para sofocar el calor que padecen nuestros peludos en esta época del año. Ya me contaréis qué más trucos y más accesorios conocéis para ellos. Gracias y ahí queda mi experiencia con el gran descubrimiento veraniego.  

lunes, 8 de agosto de 2016

Microcuentos Veraniegos

CREATIVIDAD EN VERANO


El mes de agosto ya está aquí, vacaciones para algunos, trabajos temporales para otros, y algunos ya de vuelta, otros esperando ansiosos las suyas, pero todos estamos en el mismo mes (disfrutándolo, sufriéndolo, aguantándolo, pero ahí estamos). De lo que no cabe duda es que es un mes caluroso, es por ello que estamos en verano, a pesar de que hoy día no se noten los cambios estacionales, ya que con el calentamiento global, parece que estemos en un continuo verano.

Para amenizar un poco los ratos libres, para entretenerme y porque siempre me gusta compartir trocitos de creatividad con vosotros, y, por supuesto, que compartáis los vuestros, os dejo algunos microcuentos, que sean veraniegos o no, están tejidos con los mejores materiales: cariño, improvisación, palabras y creatividad. Espero que os gusten. Si tenéis la oportunidad de leerlo y os gusta alguno, decidme cuál es el que más os ha gustado y por qué, además de tener la oportunidad de demostrar vuestra creatividad… Os espero.

15 MICROCUENTOS VERANIEGOS   

1-     Rozaba las estrellas, pero no las alcanzaba, hasta que se dio cuenta que eran simples agujeros y jamás podría tocarlas. 
2-     Despertares dulces, cuando al abrir los ojos veo que estás a mi lado y el sueño continua.  
3-      Pasos silenciosos que llegan a ti, no se oyen, pero retumban en el corazón, ¿o acaso son mis latidos?4-     En cada amanecer encontró la oportunidad de decir lo que no dijo, no lo decía pero lo sentía, eran palabras mudas.
5-     Con el paso del tiempo, las huellas de aquel camino que recorrió, se borraron, pero podría recordarlo, sabía dónde había llegado.
6-     La oscuridad no le daba miedo, era su fondo de pantalla y estaba más que acostumbrado a ver los iconos tras ese fondo.
7-     Aquella promesa, a pesar de ser muy seria, siempre se la tomaban a broma, hasta que un día la pudo cumplir, y borró risas.
8-     En el desierto, si tenía sed, sabías ser el agua que anhelaba Gracias por estar en el desierto y en el paraíso. Siempre a tu lado.
9-     Quiso contar todas las estrellas que brillaban en el cielo, pero su propia luz impedía que las viera.  
10-  El Sol calentaba sus ideas, hasta que se puso protector solar y empezaron a surgir nuevas y refrescantes ideas.  
11-  Los sueños son como los granitos de arena, a veces aunque los agarres con fuerza, se escurren entre los dedos. No intentes aferrarte a ellos, vívelos.
12-  A pesar de estar a miles de kilómetros, las estrellas observaban las noches de verano. Sin saber que desde la tierra también eran observadas.  
13-  Aquellas palabras fueron un bálsamo para aquella alma silenciosa y solitaria que necesitaba caricias.  
14-  Los pasos pesaban más sobre el asfalto de agosto, pero sabía que al cruzar abría una puerta al mar. 
15-  Érase una vez, una historia sin final, el inicio aún estaba por empezar.       

domingo, 7 de agosto de 2016

Hiroshima 71 años después

Hiroshima



Una ciudad recordada con otra, Nagasaki, por la gran tragedia que les sacudió,. Alguien con poder tenía la decisión de apretar aquel botón que destrozaría todo o no, pero, sucedió. Y, no solamente miles de víctimas civiles, ajenas a todo, fallecieron en el acto, otras lo hicieron con los años, sufriendo por la radiación. A pesar de que hace 71 años de aquello, no hay que dejar olvidar hechos así, por unas ciudades que existieron y se fueron recuperando, por no olvidar a las víctimas, y , sobre todo, para tener en cuenta los errores del pasado y que no vuelva a ocurrir.
 


 

Un día como hoy de hace 71 años Hiroshima fue bombardeada por la primera bomba atómica, tres días después Nagasaki también corrió con la misma desgracia. Hasta la fecha han sido los únicos ataques nucleares en la historia, y crucemos los dedos, para que no se vuelva a repetir.

Los ataques se efectuaron el 6 de agosto en Hiroshima y el 9 de agosto en Nagasaki. Era agosto de 1945 y ya quedaba poco para que terminase la Segunda Guerra Mundial, pero el presidente de Estados Unidos: Harry Truman ordenó lanzar ambas bombas. Hay que recordar que en la Segunda Guerra Mundial Japón apoyaba a los alemanes y Estados Unidos formaba parte de los aliados.

La primera bomba que cayó el 6 de agosto de 1945 en Hiroshima estaba bautizada como: Little boy, y la que cayó en Nagasaki era “Fat Man”. Little boy destrozó por completo la ciudad de Hiroshima, explotó a 590 metros de altura, liberando 13000 toneladas de TNT y dejando más de 100000 muertes.
Fat Man fue lanzada en Nagasaki tres días después, era una bomba de plutonio, que dejó resultados similares: muertes, muertes y sobre todo de civiles que no tenían ninguna culpa de nada.

Un mes antes, el 16 de julio de 1945 ya se había probado la bomba en Nuevo Méjico, dejando una nube de humo que se veía a kilómetros, además de fundir hectáreas de arena, debido al calor generado. Durante años allí no crecería nada de nada.

Se estima que hacia finales de 1945, las bombas habían matado a 166 000 personas en Hiroshima y 80 000 en Nagasaki.
246 000 muertes, aunque sólo la mitad falleció los días de los bombardeos. Entre las víctimas, del 15 al 20 % murieron por lesiones o enfermedades atribuidas al envenenamiento por radiación.5 Desde entonces, algunas otras personas han fallecido de leucemia (231 casos observados) y distintos cánceres (334 observados) atribuidos a la exposición a la radiación liberada por las bombas.
 En ambas ciudades, la gran mayoría de las muertes fueron de civiles.

Seis días después de la detonación sobre Nagasaki, el 15 de agosto, el Imperio de Japón anunció su rendición incondicional frente a los «Aliados», haciéndose formal el 2 de septiembre con la firma del acta de capitulación. Con la rendición de Japón, concluyó la Guerra del Pacífico
 y por tanto, la Segunda Guerra Mundial.

 Como consecuencias de la derrota, el Imperio nipón fue ocupado por fuerzas aliadas lideradas por los Estados Unidos —con contribuciones de Australia, la India británica, el Reino Unido y Nueva Zelanda— y adoptó los «Tres principios antinucleares», que le prohibían poseer, fabricar e introducir armamento nuclear.  

Hoy hace 71 años de aquella masacre, de aquella destrucción, que acabó no solamente con la vida de civiles, si no que hizo que durante años no pudiera haber vida por la radiación que había dejado. Dejando a centenares de miles de personas con enfermedades que no solamente sufrirían ellos, sino su descendencia. 

 El discurso de Obama para el 91 aniversario: 







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viernes, 29 de julio de 2016

Relato: El último portazo

EL ÚLTIMO PORTAZO


¡Pum!
El portazo retumbó por toda la casa, haciendo caer un cuadro, el que estaba más cerca del marco de la puerta. Pero, no solamente hizo caer casi los cimientos del edificio, hizo caer los de mi alma. Nunca habíamos acabado tan mal, nunca había habido portazos. Miento, sí que los había habidos, incluso yo misma en alguna ocasión había provocado alguno, por corrientes de aire, por ir con prisas o mil historias, pero ninguno ocasionado por una discusión como la que tuvimos aquel viernes noche. Dar un portazo es zanjar un tema de muy malas maneras, es huir del campo de batalla, es comportase como un adolescente malhumorado.

Aquel viernes noche fue un antes y un después en nuestra relación. Sé que le puse al límite y me culpo de ello, pero yo también estaba a punto de rebosar y lo pagué con él. Hacía tiempo que nuestra relación no funcionaba al cien por cien,  y cualquier excusa era buena para encender la chispa que nos electrocutaba. El día a día hacía de las suyas, y cuando no era porque alguno no recogía la mesa, era porque la basura estaba sin tirar. Incluso llegamos al extremo de pelearnos por abrir la puerta. Las caras de las visitas, al  ver que habíamos tardado tanto en abrir, eran todo un poema, sobre todo al ver las nuestras de pocos amigos. Seguro que pensaban que no queríamos recibirles, suerte que al cabo de unos minutos todo volvía a la normalidad y se sentían, nos sentíamos a gusto, rellenando la estancia de risas y anécdotas.   La rutina, la cotidianeidad, o ves tú a saber, hizo que el amor se fuera apagando y nos convirtiésemos en dos extraños compartiendo piso. El trabajo nos ocupaba muchas horas fuera de casa, poco tiempo para  nosotros, pero, creo que eso simplemente es una excusa, porque cuando estábamos juntos no sabíamos ni de qué hablar, es como si el tiempo se hubiera llevado las cosas en común, las conversaciones y la pasión. Suerte que su carácter no era como el mío y siempre tenía una sonrisa, una broma o cualquier tentempié para amenizar el rato, siempre hacía que las risas flotasen por allá por donde estaba, tenía una relación muy estrecha con el sentido del humor, que hacía que le quitase hierro a todo. Por eso mismo no era muy común que diera portazos, ya digo que no lo había hecho nunca antes hasta esa noche.
Aquel viernes no fue una discusión sobre tareas del hogar, sino que en un afán de egoísmo, al ver que yo estaba en la barrera de los cuarenta y veía que no avanzaba, volví a sacar el tema de arriesgarnos y ser padres. Sé que he dicho que nuestra relación no es que fuera idílica, pero eran cosas tontas las que nos ahogaban, no era nada serio. Necesitábamos un cambio. Además, no era una cuestión que quisiera plantear para solventar nuestras dificultades de pareja, aunque en parte sí. Si quería salvar nuestro matrimonio teníamos que salir de esa rutina, desde que nos habíamos casado, hacía más de diez años, que mi reloj biológico estaba al acecho, siempre he tenido ese instinto maternal, pero él parece que no quisiera ser padre, porque ya era el niño que yo quería tener. Sí, a veces su comportamiento era de niño, a sus 38 años seguía jugando a videojuegos, leyendo cómics y comportándose con una inmadurez típica de un adolescente que no sabe lo que quiere. Sin embargo, lo quería.  
Esa noche estaba tan cabreada con su comportamiento de crío consentido, que me fui a la cama. Sí, no dormí, solamente lloraba en silencio, tragándome esas lágrimas amargas. Dando vueltas en una cama que hasta el día anterior había compartido con él, me sentía sola, abandonaba y tiritaba de frío. Mi orgullo, mi cabezonería, hizo que aunque me muriera de ganas de llamarle para solucionar las cosas, no lo hiciera, pensé que quien tendría que venir arrastrándose como un cobarde que ha escuchado algo que no quería y ha huido era él.  En alguno de esos momentos, entre pensamientos contradictorios, recuerdos y tristeza, me debí dormir. Me desperté sobresaltada por el timbre agudo del móvil que descansaba en mi mesita de noche. 
Aunque dormida, sonreí pensando que habría ganado la batalla, sería él que no se atrevería a venir a casa y querría asegurarse antes de venir. Tantear el terreno, ver cómo estaba, disculparse por su comportamiento y preguntarme si podía venir. No era él, una voz de un hombre desconocido, me preguntó si era la esposa de José Luis Martínez García. Me quedé helada, porque la desilusión de no escuchar su voz se apoderó de mí, además de mil temores se llevaron mi sonrisa. Contesté que así era. Me comunicaron que estaba en el Clínico que había tenido un accidente de tráfico. Cerré los ojos y volvió a resonar el portazo y vi como cogía las llaves de su adorado Seat Ibiza. ¡Mierda! ¡Mierda! Me dijeron que estaba en cuidados intensivos. Me vestí corriendo y fui a verle, a pesar de que había horarios para poder hacerlo. Llegué y no me quedó otra que quedarme en la sala de espera, me encontré con rostros desconocidos, con miradas perdidas, tristes y todos callados. No sé cuál sería mi cara, pero creo que algo similar al resto. Pensé en si llamar a alguien, pero mis padres habían fallecido hacía tiempo, no tenía hermanos y él no se hablaba con sus padres. De todas maneras, salí fuera, me estaba mareando ante ese olor de hospital, ese calor que no sé si era real o solamente estaba en mí. Salí fuera y me fui a dar una vuelta, justamente pasé por un estanco y, a pesar de que hacía cinco años que había dejado de fumar, no me lo pensé y me compré un paquete. El primer cigarro me dio asco, pero nada comparado con la sensación que ya de por sí llevaba conmigo. Después vinieron más y más cigarros que me ayudaban a calmar los nervios. Llamé a amigos, compañeros de trabajo y por último a un primo suyo con quien sí que tenía relación, él podría ser la clave para que la familia se enterase. No sé cómo atiné a llamar a tanta gente, a ser coherente con mis palabras, con la información. Quizás no lo fui. Estaba muy nerviosa, agitada, el corazón me iba a mil. No pude ni derramar una lagrima, no sé si porque no me lo creía, no me lo quería creer, o por haber derramado tantas la noche anterior.  Miré el reloj y me di cuenta que faltaban diez minutos para que abriesen las puertas de la UCI. Entré corriendo, como si me fuera la vida en ello.
¡Pum! 
Nada más entrar, una enfermera estaba preguntando por los familiares de José Luis, fui corriendo hacia donde estaba ella y le dije que era su mujer. Me llevo a un despacho y me hizo sentar, agradezco que lo hiciera, porque no me esperaba esa noticia. Ella hablaba y hablaba y no sé qué me decía, la escuchaba, pero yo parecía drogada, no entendía que me decía. Algo de firmar un papel, pero aunque mi memoria selectiva no recuerde con exactitud las palabras, sé que lo que  me estaba diciendo no era nada bueno.
Ese fin de semana fue el peor de mi vida. El domingo celebramos el funeral. Estaban todos, sus familiares, allegados, compañeros, y todo aquel que había tenido trato con él, era muy querido. Yo no recuerdo nada, porque me dieron muchos sedantes para aguantar el tirón. Mi vecina y mejor amiga, con el paso del tiempo, me ha ido relatando todos los detalles de aquel día, quién fue, qué dijeron, los discursos. Yo soy incapaz de recordar. María dice que alguna gente incomprensiva comentaba que no entendían que no llorase, que estuviera tan fría, tan ajena a la muerte de un marido. No les culpo. Las lágrimas las derramo cada día, cuando entro en casa y veo que estoy sola, que no volverá y, sobre todo, al cerrar la puerta y  escuchar ese portazo. No siento solamente su perdida, me siento culpable de su marcha, porque no fui buena compañera de vida, porque no estuve a su lado, porque me debería haber ido con él. Ahora sé que no seré madre, pero ahora no me preocupa eso.  No podré serlo, porque él era el padre perfecto, el futuro padre de mis hijos, quien, a pesar de su comportamiento algo niño, sabría entenderlo, mimarle y hacerle reír. Ahora ya no estaba para ser padre, ni para jugar, ni para hacerme reír, ni para nada, y todo por un capricho incesante que le puso al límite y estalló.

Hace dos años de aquel viernes y estoy yendo a un psicólogo, quizás para decirle todo lo que no le dije a José Luis, quizás por mi culpabilidad, para desahogarme, y, porque quizás él pueda quitarme ese pum que me viene a la cabeza en esos momentos menos inesperados. Un pum que cambió mi vida y que ahora resuena en mi alma, en mi cabeza, y me desequilibra mi vida. Quizás es él que allá donde esté sigue enfadado conmigo y sigue dando portazos, para que los oiga y me siga acordando de él. 

lunes, 25 de julio de 2016

Seguimos Reivindicando SEMÁFOROS PARA TODOS


Seguimos reivindicando semáforos para todos


Hace ya unos cuantos meses que publiqué esta entrada: semáforos para todos. Sin embargo, sigo sin recibir respuestas positivas por parte del Ayuntamiento de Barcelona, a pesar de haber tramitado a través de la página web en varias ocasiones la petición, a pesar de haber llamado al teléfono del civismo, de haber llamado al 010, sigo a la espera de un semáforo sonoro y accesible que parece que no llega nunca.

El solicitar un semáforo acústico no es un capricho, ni siquiera lo debería pedir, ya que estamos en una ciudad moderna, en la que ya deberían estar incorporado el sistema acústico para ayudar a cruzar a personas invidentes o con alguna discapacidad visual, como es mi caso.  En otras ciudades que he visitado, no es necesario llevar un dispositivo para activar los semáforos, simplemente  son  sonoros, sin que a la gente les parezca raro, no se extrañan porque están habituados.

Cada día desde hace más de ocho meses me encuentro con la misma problemática, cruzar la Avenida Diagonal de Barcelona de forma autónoma y segura. Siempre tengo que esperar a que alguien me eche un cable, para poder llegar al otro lado, sin que una moto, coche , tranvía o ciclista nos arrollen a Kenzie y a mí. A veces, por mucho que espere, da la casualidad que no pasa nadie, así que me tengo que fiar del oído, pero me da bastante miedo, porque el tranvía es bastante silencioso y las bicis van muy alocadas, pensando que todo el mundo se tiene que retirar a su paso. 

Aquí os dejo un ejemplo de la Avenida que tengo que cruzar cada día, como veréis está la carretera, las vías del tranvía y justo cuando parece que has llegado a la acera, hay un carril de bicis, la cual cosa complica más para los peatones cruzar esta avenida.



En mi empresa saben de esta dificultad a la que me someto cada día, y es por ello que se volcaron conmigo desde un principio, llamando ellos también al teléfono del civismo, rellenando la petición de semáforo acústico, entre otras cosas. Sin embargo, siempre recibíamos la misma respuesta: “En próximas actuaciones lo llevaremos a cabo”, pero nunca sé cuándo será ese día. Así que optamos por otra iniciativa, una recogida de firmas. Una recogida en la que todos los trabajadores se volcaron de lleno, así conseguimos más de 1300 firmas. Con esa cantidad de apoyo, con la ilusión y con una instancia fui al Ayuntamiento para llevarlas y que lo tuvieran en consideración. Ahora me encuentro a la espera de la resolución. Cruzo los dedos, porque aunque sea un cruce, no es solamente un pasar, para nosotras es mucho más. Desde este humilde blog quisiera agradecer a todas aquellas personas que han contribuido con su granito de arena, dejando su firma, dándome ánimos, preguntándome cada día, ayudándome a cruzar, etc.  Te das cuenta del gran núcleo de personas que forman una empresa, que no solamente van a trabajar, sino que somos personas y nos solidarizamos con las causas de los demás, eso hace grande a las personas. 

Aquí las firmas encuadernas que presenté:



Para no extenderme mucho más, os dejo un fragmento de una entrevista que me hicieron en tve, en A punto con la 2, donde hablo del problema que me encuentro al no poder cruzar de forma segura.  



domingo, 17 de julio de 2016

Relato: Una noche tonta


¡Mierda! ¡Vaya suerte la de aquel día!  

Ana llevaba meses sin salir de fiesta, ya casi ni recordaba la última vez que lo había hecho. Había estado anclada durante años en una relación, y si salía siempre lo hacía con él. De repente se veía con 36 años, sin pareja y sin experiencia a la hora de vivir la noche. Ese día salió con la única amiga soltera, la divorciada del grupo. Esa amiga estaba más que acostumbrada a salir y tenía ya un posgrado en la noche madrileña. Así que, era la mejor opción con quien ir de marcha, pero lo que no sabía era que su amiga llevaba tal carrera que, al poco de empezar la noche, en la tercera canción, desapareció con un chico. Ella no iba a renunciar a su gran noche, ya que había dado un paso importante haciéndolo, quería sentir la fiebre del sábado noche y darlo todo. Lo decidió, se iba a quedar, aunque estuviera sola. Sin embargo, bailar le encantaba, pero eso de hacerlo sola, no iba mucho con ella…  Y enseguida fue a la barra de la discoteca, y empezó a pedir cubata tras cubata, se los bebía como si fueran agua, pero más que agua eran vodka con naranja y no eran ningún zumo, para que se los bebiera de aquella manera. El exceso de bebida, la locura de salir, y el hecho de sentirse libre después de tanto tiempo hizo que sus bailes frenéticos le llevasen hasta donde estaba un chico muy apuesto. Un chico demasiado joven para ella, pero muy atractivo e interesante. Le resultaba muy apetecible. Así que, como el chaval parecía seguirle el ritmo y no paraba de bailar con ella todas las canciones que sonaban, una cosa llevó a otra y se acabó yendo a casa de él, acabando en su cama.  

Al día siguiente cuando Ana se despertó se sobresaltó al ver que no estaba en su casa. No sabía dónde estaba, pero se asustó más al ver que al lado suyo había un torso desnudo roncando como un cerdo, al verle la cara, recordó algunos fragmentos de la noche anterior y quiso morirse. No podía creer lo que había hecho. En realidad, no sabía si había llegado a hacer algo o no, pero no quería pensarlo, simplemente el hecho de saber que estaba en una casa ajena, mejor dicho, en una cama que no era suya,  le ponían los pelos de punta. Ella nunca había sido de esas que en la primera noche se va con el primero que encuentra, con un desconocido. Aparte de estar aterrada por su comportamiento, tenía un dolor de cabeza tremendo, la resaca estaba llamando a su cabeza y ella parecía no comunicar. Le entraron muchas ganas de ir al lavabo, pero no sabía ni siquiera dónde estaba el baño. Desde la cama observó por la habitación, pero era tan pequeña y tan recargada de posters que, pensó que se había acostado con un adolescente, por un momento se le pasó por la cabeza que quizás ese chavalín le habría traído a casa de sus padres, si era así entonces sí que se moriría ahí mismo.  No aguantaba más y salió a la aventura de adentrarse en una casa que no conocía, por suerte parecía que no había nadie, al menos solamente se escuchaban los ronquidos continuos del chico. Al salir de la habitación se encontró con un comedor pequeño que se comunicaba con la cocina americana, a la izquierda había una puerta y supuso que era el lavabo, se apresuró y fue a abrirla. Afortunadamente sí que era la puerta que llevaba al lavabo, un lavabo diminuto, con una pica, una ducha en la que solamente cabía una persona y un váter. Ni bidet, ni armarios, solamente estanterías debajo del espejo de la pica.  Respiró aliviada al verse que nadie más habría en la casa y que había encontrado el lavabo. Iba descalza, solamente con unas braguitas,  y no sabía si porque habría cogido frío, si por los nervios, si por el exceso de alcohol del día anterior o por qué, pero le entró un apretón. Unos retortijones hacían que se sintiera fatal. Era una lucha entre el dejarse llevar y el sentido común, quería aguantar hasta que llegara a su casa y evacuar tranquilamente. Sin embargo, cuando la naturaleza da señales evidentes no se pueden omitir... Se resignó y se dejó llevar, no podía evitarlo. Estaba la puerta cerrada, así que el chico no tenía por qué saber lo que estaba haciendo. Miró en el pequeño habitáculo, deseó que hubiera un ambientador. Si hubiera llevado su súper bolso de diario, hubiera podido sacar una colonia fresca que siempre llevaba, pero llevaba un bolso tan diminuto que solamente cabía el monedero y poco más. Se maldijo porque no encontró ningún ambientador, pero vio un desodorante y eso le serviría para engañar el ambiente. Le alivió localizarlo, porque echaría desodorante y todo solucionado. Mientras investigaba con qué iba a perfumar la estancia, ella seguía a lo suyo sin poder remediarlo. Se moría de vergüenza por estar haciendo lo que hacía, pero no podía controlarlo. Pensó en que si el chaval por un casual se despertaba, lo primero que haría sería ir al lavabo y se encontraría que una desconocida estaría cagando en su trono, porque si el chico también iba tan borracho como ella podía ser que ni la recordase… ¡Sería terrible! Pero, y si el chico iba sereno y alguno de sus encantos le habían encandilado, se le borraría por completo con la imagen que vería. ¡Buuuf! Tenía que darse prisa antes que alguna de las dos situaciones, a cuál más patética y bochornosa, ocurriese.
Terminó y por suerte el yogurín no se había despertado, seguía escuchando la orquesta que provenía de la habitación. Echó el desodorante y tiró de la cadena, pero para su sorpresa no salió ni una gota de agua. Pensó que le habría dado mal y volvió a apretar el botón, y nada de nada. Quiso mantener la calma, aunque su cara era de pánico, no podía ser que no funcionase la cisterna. No quería estropear una casa ajena, pero levantó la tapa de la cisterna y vió que todo estaba en orden. Después de varios intentos más de darle al botón de la cadena,  y que no le hiciera ni caso, abrió el grifo del lavabo y nada, abrió el grifo del agua caliente y tampoco. Fue a la ducha, ya con desesperación, y tampoco salió nada de nada, ni siquiera un intento, ni un ruido, las tuberías parecían estar vacías. Ella nerviosísima se preguntaba que por qué había tenido que salir esa maldita noche con lo a gusto que hubiera estado viendo una película en casa, que por qué había tenido que beber tanto, que por qué había acabado ahí y por qué le tenía que pasar eso a ella. Pero, ¿Con quién se había acostado? ¿Pero quién no tiene agua en el lavabo? Todas esas preguntas y muchas más le rondaban por la cabeza, cuando las lágrimas de impotencia ya asomaban por sus ojos, se le ocurrió ir a la cocina, recordó que estaba al lado. Cruzó los dedos para que allí sí que funcionase el grifo, pero la suerte no estaba de su lado. No podía ser lo que estaba viviendo, no podía creérselo. Por un momento se quedó mirando la nevera sin saber qué hacer, y en esa nevera podría estar la solución. La abrió sin pensárselo dos veces y busco por todas partes, aunque no le costó mucho, porque estaba casi vacía, quería encontrar líquidos para echarlos en el váter. Sin embargo, con una lata de cerveza y un tetra brick de leche no podría hacer mucho, y menos sin presión. No resultaría y no era plan de hacer un mejunje y estropear más la cosa, a ver si iba a ser peor el remedio que la enfermedad. Entre tanto nerviosismo, impotencia y malestar no sabía qué hacer.

Se fue corriendo a la habitación, suerte que iba descalza y no hacía casi ruido, así el chico seguiría en sus sueños sin darse cuenta de su presencia, al menos esa era su intención. Cogió deprisa su ropa desparramada por el suelo, los zapatos y el bolsito y salió de la habitación. Antes de cerrar la puerta, se le quedó mirando y vió que dormía tan plácidamente que parecía un angelito, se sintió culpable y le susurró desde la puerta que lo sentía, y salió de la habitación, pero cuando estaba cerrando la puerta poco a poco, el corazón se le paró cuando él dejó de roncar y como si le hubiera escuchado se giró, pensó que le diría algo, quería volverse invisible, esperó… 1, 2, 3 y al poco volvió a escuchar la respiración profunda de un dormilón como era aquel. Sin respirar, cerró la puerta y salió, en el comedor, respiró aliviada y con un gran suspiro pareció recobrar la serenidad, pero sin demorarse más se vistió lo más rápido posible. Los zapatos al llevar tacón prefirió ponérselos en el rellano. Con prisas cogió la puerta y la abrió. Con la única mano libre, en la otra llevaba sus zapatos y el bolsito, empezó a cerrar la puerta poco a poco, con cuidado, para que el chico no se despertara. Al cerrar la puerta, con el corazón a mil se apoyó en la puerta, para cerciorarse que no se abriera o más bien para tomar aire y apoyarse a la hora de calzarse. Con los zapatos ya puestos se dirigió al ascensor, no sabía ni en qué piso estaba, vió que en la puerta había un cartel:  
“Atención:  

Domingo 10 de julio corte del suministro del agua durante todo el día en todo el edificio. Sentimos las molestias.”  

sábado, 9 de julio de 2016

Saborea libros este verano

Lecturas en común para este verano 2016


Hace más de un año que os presentaba Saboreando Libros, un grupo de facebook, donde poder recomendar o buscar sugerencias de libros, hablar sobre noticias relacionadas sobre literatura y hacer lecturas en común. Aquí está la entrada que creé en 2015, justamente el día internacional del libro, para presentar el gurpo.
Seguro que más de una vez te has empezado a leer un libro, y te encantaría poder ir comentándolo con alguien a la vez que te lo lees, sobre qué te parece tal personaje, o qué acciones más macabras comete, o incluso sobre qué paisaje tan idílico describe el autor, ¿verdad? Pues, en este grupo de facebook, de vez en cuando, después de sugerir libros para la lectura en común, hacemos una lista con las reseñas de cada libro propuesto y después se hace una votación, para elegir el que será el libro de la lectura en común. Creamos un evento y en ese evento se habla, se comenta, la historia del libro, qué es lo que más te ha gustado, qué es lo que te llama la atención, qué resaltarías o cualquier cosa  relacionada con el libro. En muchas ocasiones, para no hacer spoiler, hemos ido dejando un margen para leerlo, y a partir de tal día lo comentamos.
Pero, en esta ocasión y para que el grupo sea más dinámico, la idea es ir comentándolo a la vez que lo vamos leyendo. Sin duda, es un reto, porque cada uno lleva un ritmo de lectura diferente, y ya se sabe que con los avatares del día a día, a veces es un poco complicado extraer algo de tiempo para leer algún capítulo. La idea era ir leyendo por capítulos, pero hay veces que en según qué libros, no te dicen  por qué capítulo vas, así que a modo de que todo sea más interactivo: se irán lanzando preguntas, o de alguna manera lo haremos, para ir tanteando por dónde va cada uno e ir comentando.

Para este verano 2016 estamos cargaditos de libros y lecturas en común, ya que en la última votación ocurrió algo insólito: hubo un triple empate, la cual cosa ha hecho que ya tengamos lecturas en común para este verano.
Hemos empezado por: “La víspera de casi todo” de Víctor del Árbol, aquí el enlace para apuntarse al evento: 

Los siguientes libros que están pendientes para las próximas lecturas en común de este verano son:
“Yo antes de ti” de Jojo Moyes
“El regalo” de Eloy Moreno   

Las dos reseñas y todas las de los libros sugeridos se pueden encontrar en el grupo de facebook: Saboreando libros 


Os invito a participar y a formar parte de la comunidad de saboreadores de libros, sed más que bienvenidos y sobre todo: ¡Feliz lectura! 

domingo, 3 de julio de 2016

Ilusiones que vuelan, vuelos que no despegan

Julio:Vacaciones con vuelos cancelados 

Que nada, ni nadie, te arruine tus vacaciones. Tus escapadas son tuyas, y aunque el destino haga de las suyas, tiene solución y hay alternativas. No dejes que se salgan  con la suya y sé feliz. 


El verano ya está aquí, se nota porque el calor aprieta de lo lindo, los niños ya tienen vacaciones y julio ya ha sido inaugurado. La operación salida de las vacaciones del mes de julio ya ha empezado, muchos con viajes programados desde hace bastante tiempo y los aeropuertos a rebosar de gente. Y, la noticia de la semana ha sido que Vueling ha vuelto a hacer de las suyas cancelando y retrasando vuelos, por lo tanto arruinando los primeros días de vacaciones de muchos clientes.

Cuando llegas al aeropuerto con las maletas, los billetes y las ganas de llegar al destino, lo que menos te esperas es que vas a tener que estar atento de cuándo va a salir tu vuelo. Tienes una hora programada, la hora de salida que compraste, a veces incluso con conexiones, y todo se va al traste cuando te enteras que la compañía aérea no ha tenido previsión, no tiene suficiente personal y tu vuelo no puede despegar. Aquí, algunos enlaces de lo que ha ocurrido estos días:


Todo esto me recuerda a lo que vivimos en Semana Santa, aunque no fue realmente culpa de Vueling, ya que afectaba a todas las aerolíneas la huelga de los controladores franceses, nosotros teníamos que viajar con Vueling y se convirtió en un Viaje Frustrado
Como digo esos días no fueron culpa de Vueling, sino de Francia y sus huelgas, pero nos afectó de mala manera. La compañía no nos daba ninguna explicación, quizás porque ni ellos mismos sabían darla, pero nosotros estábamos hartos de esperar, sin saber si volaríamos o no, sin sitio para sentarnos, ya que estaba todo a tope, y teníamos que hacer uso del suelo  para sentarnos y esperar. Visitando las pantallas del aeropuerto, para ver si había alguna novedad o previsión de hora de salida, pero de cancelado no se movía, hasta que de repente y sin previo aviso, y por supuesto sin notificarlo acústicamente, el vuelo se puso en marcha con una hora de salida. Carreras para llegar al mostrador, para embarcar, para subir al avión y después de esperar y esperar dentro del avión nos sacan a todos con unas leves disculpas, sin más explicaciones que no pueden volar, y de nuevo a esperar en la terminal. Sí, me recordaba un poco a la película de Tom Hanks La Terminal, ya me veía viviendo allí….  Fuera bromas, lo pasamos bastante mal, y no solamente por la espera que agota a cualquiera, sino porque nos quedamos sin vacaciones: en tierra sin ilusión, agotados y sin poder viajar.

Después de ponerme en contacto con @VuelingClients  a través de Twitter, me indicaron cómo proceder para hacer la reclamación y que nos reembolsaran el dinero. A través de esta web puedes hacer reclamaciones, quejas, sugerencias: https://tickets.vueling.com/RetrieveBooking.aspx?culture=es-ES&event=change 
En esa web dejamos por escrito todo lo que nos había ocurrido, adjuntando los billetes y explicando todas las horas que habíamos estado en el aeropuerto, para después no poder volar. Nos contestaron, dándonos un número, código, para saber de qué incidencia se trataba, nos dijeron que en breve nos dirían algo. Pero, pasaban los días, y sé que debían estar desbordados, que no éramos los únicos afectados, pero queríamos cancelar el vuelo de vuelta antes de que llegase el día y no había manera. Nos contestaron, nos reembolsaron el vuelo de ida hasta Pisa, el cual fue afectado por la huelga de controladores aéreos, y por el cual estuvimos más de doce horas en el aeropuerto de El Prat. Sin embargo, hacían caso omiso al pago de un hotel de nuestra estancia en Italia, viaje que no pudimos realizar. Afortunadamente, todo lo demás fueron reservas sin pago. Llegaba el día en el que teníamos que regresar y no había manera de que contestasen, finalmente lo hicieron y alegaban que al ser un billete de vuelo independiente no podían hacerse caro de él, al no haberlo comprado en un pack: ida-vuelta.
No lo compramos de esa manera, porque nuestra idea era ir a Pisa, Forencia y terminar la aventura italiana en Nápoles, cogiendo el vuelo de vuelta a casa allí. En la web de vueling no te dan la opción de comprar ida desde un sitio y vuelta desde otro, siempre tienes que ir y volver desde el mismo lugar. Así que la cosa no quedó así, consultamos con varios abogados y respondieron que sintiéndolo mucho no había nada que hacer, porque el vuelo de vuelta desde Nápoles no se había visto afectado por ninguna complicación. A pesar de que contamos que nuestra idea era hacer una ruta por Italia no les servía.

No pudimos recuperar el dinero de los billetes de vuelta, pero como no hay mal que por bien no venga, nos sirvió para aprender que siempre que podamos haremos ida y vuelta desde el mismo punto, así evitaremos que ocurran este tipo de cosas.

Después de esa mala experiencia me entró mucho miedo a volar, más que nada por si volvía a suceder algo así, y estos días me he quedado alucinada. Sé que muchos viajeros, familias y turistas lo habrán pasado francamente mal, sin saber si vuelo despegaría, cansados de esperar, desesperados y sin ganas de nada. No se puede jugar así con la gente y menos con la ilusión, sin explicaciones y sin detalles. Llevamos todo el año esperando escaparnos y poder volar, para que nos toque una situación tan desagradable. Espero que todos los que están todavía esperando en el aeropuerto despeguen pronto y les esperen unos días formidables, para compensar todo el mal trago por el que habrán pasado.

Este año nos vamos de vacaciones en Septiembre y no sabíamos si ir en avión o en barco, ya que vamos a una isla. Nos hemos arriesgado y  volaremos. Ya tenemos los billetes y solamente espero que no volvamos a pasar por una situación como la que está pasando estos días en el aeropuerto de Barcelona. Por si  acaso:  hemos comprado billete de ida y vuelta desde el mismo destino origen y salida. Hemos comprado un seguro de cancelación, en el que incluye todas estas incidencias. Además de que cruzaremos muy, muy, muy fuerte los dedos, para que todo salga bien. No siempre va salir todo mal, además por el miedo de si vuelve a suceder o no, no pensamos quedarnos en casa. Se tomarán más precauciones, iremos preparados y  ya está, pero esta vez pensamos volar.

Espero, como he dicho, como he leído en las noticias que los gobiernos se pongan en contacto con esta aerolínea y resuelvan los problemas que han provocado y que no vuelvan a suceder, porque no es un mal para la empresa, sobre todo lo es para los pasajeros que se ven sin explicaciones, con una espera que no se resuelve y una incertidumbre que desespera.


A pesar de todo esto, espero que voléis o no paséis un feliz verano, y que nada ni nadie os arruine las  vacaciones. Todo, todo y todo tiene solución en esta vida.      

sábado, 25 de junio de 2016

Relato: Besos

Besos


“Besos, ternura, qué derroche de amor, ¡cuánta locura!” y, venga, otra canción con la palabra besos. No quiero ni escuchar hablar de esa absurda palabra, y desde hace un mes la escucho por todas partes, como si me estuviera volviendo loca. Vaya donde vaya, sean canciones antiguas o no, en todas partes suena esa maldita palabra, la palabra que sella el amor entre los labios, pero que cuando no es correspondido hace mucho daño.

Mi primer beso recuerdo, ya hace bastante de eso, fue con Juan Carlos, el vecino del cuarto, y me dio mucho asco. Tanta saliva, tanto jugueteo con las lenguas. Fue una sensación muy desagradable, casi llego a ahogarme con su lengua, incluso le tuve que decir que parase. Desde entonces fue muy incómodo encontrarnos en el rellano, no nos mirábamos a la cara. 

El segundo beso no estuvo nada mal, no fue con él, porque después del primer beso, nuestra relación fue mucho más fría, quizás por mi reacción o ves tú a saber. La cuestión: es que el segundo beso fue con un chico del instituto. Aquel beso, no estuvo mal, pero nada del otro mundo, quizás porque el chaval en cuestión solamente me hacía algo de tilín, pero no había sentimientos de verdad. Simplemente era un chico que me atraía, además de ser uno o dos años mayor que yo, la cual cosa le daba más morbo sumado a su experiencia, fue un grado que hizo que fuera mucho mejor que la primera vez. 

El tercer beso, eso ya fue otra cosa, con ese aprendí a saborear los besos, a no desengancharme y a disfrutarlos. Quizás, porque fue un novio que tuve en la universidad, tenía más edad, y más experiencia en todos los aspectos, y…porque estaba enamorada realmente de él. No era un simple pasatiempo, sino que cada vez que lo veía mi corazón aceleraba, si lo escuchaba me acaloraba, así que cuando los besos hacían acto de presencia eso era ya todo un espectáculo. 

Pero, ahora los besos me matan. Esos que tanto me daba, esos fuegos artificiales que vivía mi alma al sentir sus labios, ya no los recibo yo. Quiero ser la destinataria de esos besos, sin embargo no recibo respuesta alguna. Lo peor es que veo en mi propia cara como es otra quien ahora es la afortunada de sentir sus labios, mientras yo me desangro por dentro. No puedo remediarlo, me siento engañada, dolida, y enfadada conmigo misma. Porque, a pesar de todo, aún quisiera sentir sus labios, a pesar de lo que sé, y, a pesar de lo que veo.Ya que quizás, como para creérmelo, me quedo mirándoles desde la lejanía, siendo testigo de ese amor, en el que yo antes era protagonista. Y, mientras vivo engañada, no por su traición, sino por mí, mientras les miro, pienso que ella soy yo, y es que algún día lo fui.  

Y ahora que él no quiere saber nada, y ahora que él besa a otra, parece que las canciones sobre los malditos besos se hayan puesto de moda. Y, si no es que mis oídos solamente se fijan en esa palabra. Esos besos que tantas alegrías me habían dado, y que triste me hacen sentir ahora. ¡maldita casualidad! ¿no podrían haberse puesto de moda cuando yo estaba con Manuel tan a gusto? ¡No! Se tienen que poner justamente ahora. Entro en un bar y suena una, y después otra tras otra. No me queda otra que hacer como que no la escucho y meterme de lleno en la conversación con los míos.Sin embargo, me tengo que hacer la fuerte, ponerme la máscara y concentrarme, para anular todo sonido ambiente que tenga connotación con aquellos besos. Aunque me da la sensación que si no sellan mis labios con la palabra prohibida, me voy a volver aún más loca de lo que estoy. Y, es que yo, eso es lo que quiero, besos.